Hola a todos, la historia no me pertenece es de Laurann Dohner de la serie de las Nuevas Especies y cuando la leí no pude evitar querer hacer una adaptación de Inuyasha y Fairy Tail (o si es un crossover). Espero que disfruten la lectura tanto como yo. Inuyasha pertenece a Rumiko Takahashi y Fairy Tail a Hiro Mashima.
Advertencia: Alto contenido sexual y violencia. Lean bajo su propia discreción.
Capítulo Cinco
Kagome abrió la boca para hablar, pero no tenía palabras para aliviar la amargura que vio en su hermosa cara. Ella la puso allí y las excusas no podrían cambiar el pasado. Le miró fijamente y cerró la boca.
La mirada de Inuyasha bajó a su pecho. Levantó la mano y lo acarició suavemente, ella se arqueó para presionarse con más fuerza contra su palma. Su mirada regreso a ella.
-Te deseo. Lo odio, pero me duele el no estar dentro de ti, me duele el no saber cómo me sentiré cuando envuelvas mi polla y me duele el no sentir el placer que creo que podría encontrar contigo. Nunca antes había deseado tanto a otra mujer. Dime que puedo tenerte o ayudame a recordarme por qué no puedo perdonarte por lo que me hiciste. Di algo, cualquier cosa, para recordarme por qué no debería dolerme tanto el querer estar contigo, me duele tanto que se me hace difícil hasta el respirar.
La mirada de sus ojos casi detuvo el corazón de Kagome. Vio tantas emociones, deseo, anhelo, un poco de miedo y pasión. Su lengua salió para mojarse los labios. Inuyasha emitió un gruñido suave, pero no de enfado, fue un gemido. Ella le entendió. Él la quería.
Ella le asintió lentamente. Le deseaba tanto como él la deseaba a ella. Le deseo desde el primer momento en que le vio en aquella pura belleza masculina de su cuerpo y su poderosa presencia le hicieron sentirse fuertemente atraída por él.
-Dilo.- Exhortó.
-Sí.- le susurró.
Cerró los ojos durante unos largos segundos antes de mirarla de nuevo.-Rodéame con las piernas.
Kagome le envolvió con las piernas y apoyó los talones en sus muslos. Inuyasha se levantó un poco y la punta gruesa de su polla se colocó contra su coño. Su entrada ya estaba mojada por el deseo y empujó un poco para empezar a penetrarla. Se deslizó con facilidad entre pliegues, pero no entró en ella. Kagome era demasiado estrecha. Se apoyó con un brazo en la cama, levantó su cuerpo y con la otra mano se agarró el pene para mantenerlo firme junto a su entrada. La miro a los ojos y le dijo.-Eres mucho más pequeña que nuestras mujeres. Tratare de no hacerte daño.
¿Hacerle daño? Ella era consciente de la diferencia de tamaño entre ellos, nunca se había considerado pequeña, pero en ese momento se dio cuenta de que lo era, en comparación con él. Ella abrió la boca para preguntarle qué quería decir, la punta de su polla la penetro un poco cuando Inuyasha dejó caer el peso de su cuerpo sobre ella. Los ojos de Kagome se abrieron ante el shock. Sentía como el grosor de su pene obligaba a su cuerpo a estirarse para acogerlo. El pánico la inundó cuando él se empujó más profundo dentro de su coño.
-Eres demasiado grande.- Jadeó.
Él se quedó inmóvil cuando sus miradas se encontraron. Sus ojos se estrecharon hasta convertirse casi en rendijas y su respiración se volvió áspera.-"Puedes tomarme", gruñó.
-Iré mas despacio.
Se retiró hasta casi salirse de su cuerpo y volvió a empujarse dentro. Con cada empuje conseguía avanzar en su interior un poco más, se detenía y esperaba hasta que los músculos de su cuerpo se estiraban y acomodaban el grosor de su pene. Continuó moviéndose hasta estuvo completamente dentro de su canal ajustado. Hizo una pausa para permitirle adaptarse a su tamaño. Kagome respiraba con fuerza, pero la sensación de estar tan llena era increíblemente. Se retiró unos centímetros, poco a poco y luego empujó hacia adentro. Ella gimió. Era tan grande y se sentía tan bien. Sus cuerpos se ajustaban a la perfección.
Se tensó y un suave gemido salió de los labios entreabiertos de Inuyasha. Se miraron a los ojos.
-Sabía que sería así de increíble.- le dijo con voz ronca.-Demasiado bueno.- La ira le hizo apretar los labios durante unos segundos.-Maldita seas por afectarme tan fuertemente Kagome.
Un gruñido salió de sus labios entreabiertos y luego se movió de nuevo, se retiró un poco antes de deslizarse de nuevo en el interior de su coño. Ella volvió a gritar de placer cuando su polla increíblemente rígida entro completamente en ella, haciéndola arder.
Él se retiró de nuevo y se empujó más duro. Kagome gritó cuando golpeó su eje contra su hinchado clítoris. Su cuerpo estaba completamente excitado, su coño estaba muy mojado y sabía que no iba a durar mucho tiempo. Le sorprendía cómo su cuerpo respondía a su toque.
Ella siempre había necesitado de un montón de estímulos para correrse cuando follo con otros hombres, pero, es que Inuyasha no era otro hombre.
Inuyasha se movió más rápido y el placer aumentó en Kagome hasta no poder soportarlo. Su vagina se apretó alrededor de su eje y ella juró que su polla se puso más dura en su interior, gritó cuando el clímax se apoderó de su cuerpo. Sus músculos se contrajeron y ordeñaron su polla mientras Inuyasha continuaba bombeando dentro de ella.
Se salió de su cuerpo, rugió con su propia liberación, su rostro cayó sobre su pecho. Sus dientes afilados suavemente la mordieron, mientras temblaba, los chorros calientes de su semen cayeron sobre su muslo mientras se corría. Se había retirado a propósito de ella.
Kagome se sintió un poco decepcionada y vacía cuando Inuyasha no se corrió dentro de ella. Le dolió saber que él no quería compartir ese tipo de intimidad con ella. Ella abrió los ojos y miró su cabeza oscura, su cara todavía estaba apretada contra su pecho, su calor y su pesada respiración acariciaban su piel. Deseó poder envolver sus brazos alrededor de sus hombros y abrazarlo con fuerza.
Inuyasha se había retirado de ella porque no quería perjudicarla con lo que le habían metido en el cuerpo dentro de las instalaciones de pruebas. Aún estaba asombrado por haber reunido el suficiente control de su cuerpo para no vaciarse dentro de ella. En el instante en que entró en su cuerpo, se sintió en el cielo y se quiso llenarla con su esencia.
Marcarla con su olor. Tocarla, hacerle el amor y saborearla fue mucho mejor de lo que se había imaginado. Demonios, podría volverse un adicto a ella. Le advirtió una pequeña parte de su mente. Ella era humana, tenía que recordar eso. Por mucho que deseara poder mantenerla atada a su cama, hacerle el amor hasta agotarla, él no podía hacerlo. En algún momento alguien la buscaría cuando se dieran cuenta de que había desaparecido. Él sabía lo que era estar encerrado. Podría haberla metido en su cama una vez, pero no la obligaría a permanecer allí. Eso sería imperdonable. Llegaría a odiarlo. Y no podía soportar la idea.
La frustración floreció en su pecho cuando sintió otra oleada de placer. La había marcado con su semilla en su muslo, maldita sea, ella era suya. Le perteneció a él desde el momento en que entró en su celda, desde que le tocó, desde el momento en que mató a Goshinki para protegerlo. Sólo que no podía conservarla.
Le enfurecía saber que no podía tenerla ahora que creía que no tuvo la intención de ser cruel al culparlo de la muerte del técnico.
Luchó contra la Furia y mantuvo su cara contra su piel para ocultarla. Cuando la rabia comenzó a ceder, olió la sangre. Sus ojos se abrieron de golpe, se lamió los labios y la saboreo en ellos. Se horrorizo cuando se dio cuenta de lo que le había hecho.
-Joder.-Gruñó ferozmente.
Eso es exactamente lo que él piensa que hemos hecho, pensó Kagome. Pero para ella había sido más que sólo sexo. Su cabeza se levantó de su pecho y le fue más fácil de recuperar el aliento. Su polla todavía rígida chocó contra su coño. Kagome se dio cuento de lo sensible que estaba. Y de que había pasado mucho tiempo desde la última vez que tuvo sexo.
Inuyasha se empujó con las manos para levantar las caderas y se inclinó sobre ella La mantuvo atrapada entre sus brazos y con las piernas abiertas.
-Maldita sea.-Suspiró. -Lo siento. Nunca quise hacerte daño, Kagome.
¿Daño? Eso la confundió. Lo que habían compartido era increíble. Acababa de darle el orgasmo más intenso de toda su vida y ¿él se disculpaba? Siguió el camino de su mirada y observó su pecho derecho. Tuvo que levantar la cabeza para verlo mejor y se sorprendió cuando vio una pequeña mancha de sangre en el lado de su pecho derecho.
Su mirada voló hacia él y vio el pesar en su hermoso rostro. Se preguntó qué le había causado el sangrado.
Abrió la boca, pero no salió nada. La furia regresó al rostro de Inuyasha, saltó de la cama y entró en el cuarto de baño.
Ella cerró cuidadosamente sus piernas. Sí, estaré dolorida por un tiempo, se dijo en silencio. Sentía su sexo un poco hinchado y sensible. Él era muy grande y ella no había tenido sexo desde su divorcio, había renunciado a los hombres después de esa pesadilla.
Experimentó una ligera vergüenza por haberse encendido tan fácilmente bajo el toque de Inuyasha. Aunque le había deseado desde la primera vez que le vio. Nunca habría imaginado que tendría la posibilidad de estar con él, atada en una cama, en un lugar diferente.
Tampoco había terminado como ella esperaba. El sonido del agua que llegó desde la otra habitación la alejó de sus pensamientos.
Inuyasha volvió a aparecer en cuestión de segundos y se sintió orgulloso de que ella estuviera tan tranquila, a pesar de las estresantes circunstancias. Se negó a mirarla a la cara y trató de concentrarse en su pecho. Llevaba una toalla mojada en la mano, se sentó en el borde de la cama.
-Permíteme atenderte Realmente no tenía la intención de hacerte daño.
-No me lastimaste.- Ella le habló en voz baja, pero sabía que la había escuchado.-Suéltame las manos.
-Te voy a limpiar.- Suspiró.-Estás herí con mis dientes, pero no te mordí. Es sólo un rasguño, pero es lo suficientemente profundo como para sangrar.- Mi sangre. Por lo menos, no le dolió.-Deja que me vaya y me ocuparé de ello.
-No.- Él le limpió cuidadosamente la sangre del pecho derecho, la seco con ternura.
Vaciló y luego limpio el semen de su muslo.
El sexo caliente se había convertido en un desastre, pensó Kagome. Su pasión se enfriò, dejándole un sabor amargo en la boca. Inuyasha no la había abrazado después del sexo, no le dijo palabras tiernas, solo le ofreció una jodida disculpa por hacerla sangrar. La frialdad con la que limpiaba el semen de su muslo, le hizo que desear salir corriendo de allí y olvidar lo que había pasado entre ellos.
Ella trató de ocultar la vergüenza que le hizo sentir cuando comprendió que probablemente Inuyasha todavía la odiaba. Todo había sido sólo un acto de venganza, pensó, a pesar de que le había dicho lo mucho que la deseaba. Quería alejarse de él antes de que se viniera abajo. Y eso pasaría pronto. Esperaba que él se hubiera quedado satisfecho con su venganza.
-Estamos a la paz ahora, ¿no?-Ella luchó de nuevo contra las lágrimas que amenazaban con brotar de sus ojos. No llores, maldita sea, se repitió un par de veces.
Sus emociones estaban demasiado cerca de la superficie y se sentía vulnerable. No quería que Inuyasha confundiera su dolor emocional con el físico. Podía ver el arrepentimiento en su ojos y ya tenían bastantes malentendidos entre ellos. No quería añadir otro.
Su oscura mirada se levantó hacia ella. Él la miró durante un largo rato y una emoción que no pudo leer, brilló en sus ojos. Abrió la boca para decir algo, pero no salieron las palabras. El fuerte ruido en la puerta rompió el silencio.
-Maldita sea.-gruñó Inuyasha. Le vio levantarse de la cama y de repente, se encontraba junto a la puerta del baño. Kagome se sorprendió de lo rápido que se movió. Él tiró la toalla húmeda en el cuarto de baño. Se dio la vuelta, volvió a la cama y se agachó para coger la manta del suelo.
La extendió sobre ella y la cubrió desde el pecho hasta los pies. Después todo lo que vio, fue la puerta cerrarse de golpe cuando salió de la habitación.
Kagome se pregunta si debía gritar para pedir ayuda. Si lo hacía y alguien la encontraba desnuda, atada a la cama y con la lesión de dientes. Probablemente asumirán que él la había asaltado sexualmente. Y no quería que le arrestaran por un crimen que no había cometido. Así que permaneció en silencio para que no la oyeran. Prefería enfrentarse de nuevo a Inuyasha antes que meterlo en un problema. Estaba segura de que ahora la liberaría cuando regresara.
La puerta de la habitación se abrió de repente de par en par. Y la sangre abandonó el rostro de Kagome cuando Jerall entró pisando fuerte en el dormitorio. Llevaba una camiseta amarilla y pantalones vaqueros azules ,el pelo largo lo llevaba recogido en una coleta, por lo que pudo ver lo cabreado que estaba. El horror en el rostro de Jerall le dijo lo que pensaba. Después de un aturdido momento, avanzó, gruñó y se detuvo a un lado de la cama. Inuyasha bloqueaba la puerta de la habitación, estaba pálido y en silencio. No la miro a los ojos, mantuvo la cabeza agachada, se quedó mirando al suelo.
Jerall cogió la manta y se la arrancó de nuevo. Kagome gritó horrorizada cuando su cuerpo quedó totalmente expuesto a un extraño. Otro gruñido brotó de la garganta de Jerall. Volvió a cubrir su desnudez ,se sentó en el borde de la cama y su mirada se fijó en Inuyasha. Jerall levantó un brazo, tiró de un lazo que sujetaba su muñeca, lo rompió.-¿Cómo pudiste hacerle esto?.- Gruñó Jerall con voz muy áspera. Se levantó, rodeó la cama, liberó el otro brazo de Kagome y colocó su cuerpo entre ella y Inuyasha.
Kagome se sentó en la cama, se aseguro de que la manta cubriera sus pechos y se frotó las muñecas. No podía ver a Inuyasha, el cuerpo del otro macho se lo impedía.
-¿Cómo pudiste hacerle esto, Inuyasha? ¿Cómo? Ella nos salvó. Ella puso su vida en peligro por ayudarnos. Estás vivo independientemente de lo que te hizo. ¡Sigues respirando! Estamos tratando de demostrarle a los seres humanos que somos más que animales y ¿tu la fuerzas? ¿la has violado en tu cama como si fueras un perro rabioso? ¡Maldita sea! Ellos te van a encerrar por esto. Yo no creo que pueda protegerte y no sé si quiero hacerlo en este momento. ¿Cómo pudiste hacer esto? ¿Sabes lo que está en juego? ¡Nuestra gente necesita orientación y protección! Eres mi segundo al mando. Si caes, ¿quien me ayudara?-La Voz de Jerall se calmó. -Estás rompiendo mi corazón. Le has hecho daño a esta mujer. Puedo oler su sangre, su herida causará innumerables problemas para nosotros. ¿Qué diablos creías que estabas haciendo? ¿Has perdido el juicio? Esto sólo refuerza la creencia de que somos unos estúpidos animales y que somos demasiado peligrosos como para vivir en libertad.
La vergüenza quemó a Inuyasha mientras observaba la mirada sorprendida de Jerall. Sabía que dañaría a su pueblo en el momento en que secuestró a Kagome y había permitido que sus sentimientos por esta mujer le hiciera hacer cosas que dejarían mal a su gente. La había elegido por encima de su pueblo, después de haberles jurado que junto a Jerall lucharía por sus derechos.
-Lo siento.- susurró Inuyasha. Jerall gruñó suavemente.- ¿Qué coño te pasa? ¿Te volviste loco? No puedo y no te permitiré que salgas impune de esto. Debes ser severamente castigado para que des ejemplo.
-No espero nada menos.- Inuyasha respiró profundamente. Sabía que sería castigado por ello antes de haberla tocado y también había aceptado las consecuencias. La quiso más que a su pueblo.
Cuando las nuevas especies fueron liberadas, muchos de ellos quisieron una guerra contra los seres humanos, pero Jerall los hizo entrar en razón. Ellos sabían que para que su pueblo pudiera sobrevivir tenían que trabajar con los humanos que los habían liberado. Cuándo les ofrecieron el Homeland para vivir, Jerall le pidió que le ayudara a integrarlos en su nueva forma de vida. Y él rápidamente aceptó ayudarlo.
Se había hecho cargo de la formación de los equipos de seguridad y les había enseñado a controlar sus bestias interiores. Que irónico. No controlo a su animal, ni se resistió a las ganas de tenerla, Sabiendo que no debería poseerla, la llevó a su casa y la sedujo sin importarle el costo.
No lo lamentaba. El corto tiempo que había pasado con ella, recompensaba todo el dolor que tendría que soportar. Él la había saboreado, tocado, había estado cerca de ella. Y si ahora volvían a encerrarle, su imagen y su voz quedarían en su memoria para siempre. La visión de sus hermosos ojos, estaba grabada en su alma. Él siempre podría cerrar los ojos y escucharla, verla.
-¿Estás bien?-Jerall miró de nuevo a Kagome.
-Sí.-Ella se aclaró la garganta.
Jerall volvió su atención a Inuyasha y su mirada le decía que tendrían que distanciarse de las nuevas especies para que los humanos no culparan a todos por lo que él había hecho. Jerall también pagaría por su acción. La decepción que vio en los ojos de Jerall, le hirió profundamente. Sabía que por su culpa, también caería su mejor amigo.
-No puedo hacer esto solo Inuyasha.-le dijo Jerall en voz baja, con una expresión de dolor en su rostro.-Necesitaba que lo enfrentáramos juntos. El Director José bloquea cada paso que damos para impedirnos tomar el control del Homeland. Le dijo al Presidente que no somos capaces de dirigir nuestras propias vidas. Cree que somos más animales que humanos, tu desprecio hacia ella fue tan fuerte que le fue imposible ignorarlo.
-Lo siento.
-Eso no te justifica. Tenemos que trabajar el doble para demostrarles que somos iguales a ellos y que somos una raza de personas inteligentes y responsables. Te volviste loco en el peor momento.
-Me doy cuenta de que se reflejará negativamente en la ONE. Asumiré todas la responsabilidades, les asegurare que yo soy el único responsable y tu me castigarás con severidad.
Jerall estudió a su amigo.-Tú no eres tú mismo. ¿Por qué?
La mirada de Inuyasha se desvió hacia la cama, pero todavía no podía ver a Kagome, se mantenía detrás Jerall.
-Creo que sé por qué. Hay algo en ella que no puedo ignorar. No es sólo ira. Hay más.
Los hombres de la especies llegaron experimentar una abrumadora necesidad de aparearse con una determinada hembra, mientras los mantuvieron encerrados, pero ninguno de ellos se dejó llevar por los instintos. Los mantenían encerrados y siempre estaban separados. Solo tomaban a las mujeres que le llevaban para la cría. Inuyasha sentía esa gran necesidad de aparearse con ella y no quería dejarla ir.
Jerall le miró con preocupación y con comprensión - ¿Qué tan malo es?
-Abrumador. He luchado contra ello con uñas y dientes.-Sus hombros se hundieron.
-Siento las molestias que te he causado, pero …- cerró la boca sin decir el resto.
No lo lamentaba, aún sabiendo cuán profundo era el agujero que se había cavado. Alzó la vista para tratar de verla de nuevo, pero Jerall seguía bloqueándola. La había tenido una vez. Nunca sería suficiente, pero por lo menos, tendría su recuerdo.
Kagome vio su ropa en el suelo junto a la cama. Inuyasha debió de haberla dejado allí cuando la desnudo, pensó. Su Tarjeta de identificación y sus zapatos también estaban. Se movía con lentitud ya que todavía estaba dolorida por el sexo, pero deslizó su trasero hasta el borde de la cama. Ella mantuvo la manta a su alrededor. Cogió su ropa y empezó a ponérsela. Ellos no dejaban de mirarse.
-Los guardias encargados de la seguridad humana están buscándola por todas partes.-Jerall hizo una pausa.-Encontraron su mp3 roto en el estanque y piensan que algo le ha sucedido. Cuando me enteré me dirigí aquí de inmediato, esperaba que no hubieras hecho algo estúpido. Debemos informarles que está aquí. Ella necesita atención médica y tú tienes que enfrentarte a la pena por tu crimen. Tendrás que enfrentarte a sus leyes y aceptar su castigo. No luches si te arrestan. Sé que el impulso de luchar será fuerte si te encadenan.
-No lucharé.-Inuyasha juró en voz baja.-Llamaré ahora.
Kagome terminó de vestirse. Ella se puso los zapatos y se levantó. El movimiento le resultó incómodo porque su camisa se frotó contra su pecho dolorido. Ella no se miró el rasguño mientras se vestía, pero lo haría cuando llegara a casa. Dio unos pasos hacia la puerta.
-Disculpe.- Ella se aclaró la garganta. Jerall volvió la cabeza para mirarla a los ojos. Kagome no miro a Inuyasha.-Me voy a casa, por favor no llames a nadie. Les diré que estaba visitando a un amigo. No involucre a la seguridad en esto. Inuyasha y yo... No habrá más problemas entre nosotros.-Se obligó a mirar a Inuyasha y vio cómo sus palabras aflojaron su hermoso rostro. -¿Estamos en paz hora?-Él negó con la cabeza y frunció el ceño. El shock le aflojó las rodillas, pero Jerall la atrapó antes de que cayera al suelo. Sus fuertes manos la agarraron por la cintura, equilibrándola hasta que recuperó el control y se enderezó. Le soltó en el instante en que ella le apartó las manos. Ella miró boquiabierta a Inuyasha.-¿No? ¿Qué más quieres de mí?- Las lágrimas fluyeron libremente por sus mejillas. Ya no era capaz de ocultarlas.-¡Lo siento! Pensé que estarías a salvo, maldita sea. Te estoy diciendo la verdad. No tuve otra opción. Hice por ti todo lo que pude. No te dije lo que iba hacer, porque no creí que confiaras en mí. No podía arriesgarme.
Inuyasha parpadeó y el dolor se reflejó en sus ojos.-No estamos aún en paz, porque ahora estoy en deuda contigo. No debí hacerte daño con los dientes.
Kagome utilizó el dorso de sus manos para limpiarse las lágrimas, ya que tenía su tarjeta en la palma. Inuyasha nunca dejaba de asombraría.
-Lo sé y te creo. No es nada. Estamos en paz Inuyasha. Me tengo que ir.-Ella se mordió el labio.-Por favor, sal de mi camino.
Inuyasha se apartó de la puerta. Kagome pasó a su lado sin tocarle. Casi se tambaleó cuando salió de la habitación, pero, camino por el pasillo y cruzó la amplia sala de estar. Vio la puerta de la entrada y se dirigió directamente hacia ella. Alzó la cabeza cuando la abrió y el fresco aire golpeó su cara. Miró hacia su reloj para saber cuánto tiempo había transcurrido. Joder, pensó que se habría quedado en la habitación de Inuyasha. Pero no de ninguna manera volvería para buscarlo.
Ella identificó su ubicación. Sus zapatos se resbalaron varias veces sobre la hierba húmeda hasta que llegó a la acera que llevaba a los dormitorios. Una mano sobre su hombro, la hizo girar. Kagome miró con temor a Jerall. Él la había seguido desde la casa.
-¿Por qué no quieres que le arresten? ¿Qué diablos pasó entre ustedes dos?-el apretón de Jerall se suavizó, pero su confusión era evidente en su mirada.
Kagome estudió sus bonitos ojos gatunos. Su estructura facial no era completamente humana, los huesos de su cara estaban fuertemente pronunciados y su nariz era más ancha y más plana. Sus rasgos eran ...diferentes a los de Inuyasha. Dio un paso atrás y su mano cayó a un lado.
-Tengo que volver al dormitorio y decirle a seguridad que estoy bien para que ellos suspendan la búsqueda. Lo que ocurrió en allí no es lo que tu piensas. No me violo o daño de ninguna manera.
-¿Qué pasó entre tú y Inuyasha en el centro de pruebas? Dímelo.- Le exigió.
Miró a su alrededor, las ventanas y la puerta de la casa de Inuyasha estaban cerradas. Y no le veía por ningún lado. Su mirada regresó a Jerall.
-¿Por qué le permites hacerte daño cómo te ha hecho y no quieres venganza? Se niega a compartir conmigo vuestra historia. Será castigado por lo que te hizo. Y continúa negándose a hablarme de ti.
Kagome parpadeó para contener las lágrimas, odiaba la idea de que Inuyasha sufriera porque ella no admitiera su crimen. -Es su historia, no la mía.
-No lo hará. Soy su mejor amigo. Él está actuando como un loco. Hazme entenderlo o tendré que encerrarlo y obligarlo a contarme lo que ha sucedido. No estará bien si es enjaulado. Si te preocupas por él, cuéntamelo.
Ella vaciló, pero no quería que Inuyasha sufriera más por lo que había sucedido. Se quedó mirando la camisa de Jerall. -No lo usaras en su contra.- Levantó su mirada - Júramelo.
-Le quiero como a un hermano. La familia lo es todo para mí. Prefiero cortarme la mano antes que hacerle daño.
Ella creyó en la sinceridad que veía en sus ojos exóticos. -Un técnico llamado Goshinki disfrutaba haciéndole daño a las nuevas especies, Inuyasha un día le dio un codazo en la cara.
Le rompió la nariz. Y se la tenía jurada. Ese día yo había robado los archivos desde el ordenador de un médico y me los había tragado para poder sacarlos. Fui a la sala de observación para ver como estaba Inuyasha. Y escuche a Goshinki decirle que iba a matarlo. Vi como dio la orden de que apagaran la cámara de la celda. Y corrí hacia allí lo más rápido que pude.-Ella vaciló.
-Adelante.
Su mirada bajó hasta su camisa,era incapaz de mirarle a los ojos mientras le contaba el resto.-Había drogado a Inuyasha y le había tendido en el suelo, le había encadenado. Le estaba haciendo cosas... viles. Ataqué a Goshinki y le mate.-Su voz se quebró.
-Inuyasha y yo deberíamos estarte agradecidos por eso.-Jerall le agarró la barbilla y la obligó a mirarle.-¿Qué no me estás diciendo? ¿Por qué cree que le hiciste daño si le salvaste de ese destino?
Se aclaró la garganta. -Llevaba las suficientes evidencias dentro de mi estómago como para que un juez finalmente emitiera la orden de allanamiento a Industrias Tártaros. Si descubrían que había matado a ese técnico no me habrían permitido salir. Inculpe a Inuyasha del asesinato del técnico. Unté la sangre de ese imbécil en sus manos, mientras yacía indefenso en el suelo, no podía moverse, volví a clavarle la aguja para que pareciera que estaba recién drogado, que tuvo tiempo de avanzar lo suficiente como para hacerlo, estaba demasiado asustada como para explicarle el por que tenia que hacerlo.
Esperó a que el tipo que se enojara cuando él la miró con sus ojos entrecerrados inteligentes. -Hay más que no me estás diciendo. Te culpa de algo mas. De algo condenadamente personal para Inuyasha.
Ella apretó los dientes. -Cuando entré, me encontré con que ese hijo de puta iba a violar a Inuyasha, ¿de acuerdo?-Ella parpadeó para contener las lágrimas y bajó de nuevo los ojos a la camisa. -Ya le había hecho cosas horribles, le violó con una porra, fue muy traumático, ¿de acuerdo? Inuyasha pensó que yo nunca le haría daño y acabé inculpándole del asesinato. Me dijo que le torturaron después. Ellos le dieron una paliza y le lastimaron por algo que yo hice. Tiene motivos para estar enfadado conmigo. Él sólo quería un poco de venganza y la consiguió.- Jerall no dijo nada. Y ella no se atrevía a mirarle a la cara, temía ver su disgusto o algo mucho peor, rabia. Después de todo, ella había admitido que le hizo algo horrible a su amigo.-Él me sacó del parque para enseñarme cómo se siente cuando estás indefenso y alguien controla tu cuerpo. Sufrió eso y mucho más por mi culpa- Ella hizo una pausa. -No me obligo a tener relaciones sexuales con él. Él no me golpeo. Él solo decidió seducirme y yo accedí a ello. Inuyasha y yo estamos en paz, él ya tiene su venganza y yo solo necesito dejar esto correr.
-¿Y la sangre que olí? ¿Estuviste de acuerdo con el que te lastimara?
-Fue un accidente. No es más que un rasguño.
Jerall suspiró ruidosamente. -Ya veo- Le soltó la cara y dio un paso atrás.
Kagome se dio la vuelta y huyó por la acera. No se atrevió a mirar por encima de su hombro para comprobar si Jerall se había marchado. No se detuvo hasta que se encontró con un guardia de seguridad. Ella le mintió,le juró que había estado visitado a alguien y le aseguró que nada malo le había pasado. Ella se negó a darle un nombre, pero le dio a entender que fue un encuentro sexual dado su estado desordenado aspecto.
Ella no se perdió la sonrisa de guardia, ni la forma en que miró de reojo sus pechos cuando llamo para informar que ella estaba a salvo. En el momento en que ella entró en el edificio deseo poder llegar a su habitación para derrumbarse.
Kagome vio a cuatro mujeres de las nuevas especies viendo la televisión cuando pasó junto la sala de estar. Llegó hasta el ascensor y esperó a que la puerta se abriera.
La mujer sentada más cerca de ella, se levantó. Su nariz se ensanchó mientras olfateaba el aire y le frunció el ceño.
-¿Estás bien?
A Kagome le sorprendió que se preocupara por su estado emocional.- Estoy bien, gracias por preguntar. Buenas noches.- Se giró hacia las puertas del ascensor para romper el contacto visual.
El ascensor tardaba demasiado. Kagome cerró los ojos y se abrazó a su pecho. Intentó hacer caso omiso de la sensibilidad de su sexo ante el roce de sus pantalones.
Necesitaba un baño, una bebida fuerte o tal vez las dos cosas.
El ascensor sonó cuando las puertas se abrieron. Kagome abrió los ojos y entró, pulso el botón de su piso y se quedó sin aliento. Las cuatro mujeres entraron en el pequeño espacio con ella y cuatro pares de ojos se estrecharon mientras la miraban. Aspiraban con fuerza, sus miradas barrían su cuerpo y se acercaron un poco más. Kagome retrocedió hasta la esquina.
Su repentino interés sobre su bienestar le alarmó. Todas eran hembras altas, musculosas y más fuerte que las mujeres humanas. Había quedado atrapada dentro del ascensor con cuatro mujeres apoyadas en la otra esquina. Una se volvió y apretó el botón del tercer piso. Kagome intentó recordar sus nombres.
La mujer con el pelo rojo, había sido alterada con genes de gato y tenía los ojos anaranjados. Le dijo a Kagome.-Hueles a sangre, miedo y sexo. Todo tiene un aroma.
-Hueles a uno de los nuestros.-Declaró la mujer que estaba a su izquierda. Era extraña la apariencia de esa mujer, pensó Kagome. Parecía que tenía los genes de un gato, pero su pelo multi-color eran más parecidos a los rasgos felinos. Esta la olió de nuevo. -Perro, creo. Nuestro sentido del olfato no es tan grande como el de los hombres. Nuestros machos pueden oler e identificar cualquier olor al instante. Nosotras tenemos más dificultades para identificarlos.
-No nos llames eso.- Replicó la pelirroja, sus ojos amarillentos mostraron su enfado.- Yo no soy un perro. Tengo genes caninos.
La mujer de aspecto felino se encogió de hombros y su mirada se estrechó sobre Kagome.-Te han atacado.-Ella la olió.
-Estoy bien.- Kagome tragó duro. -Gracias por vuestra preocupación.
Las cuatro mujeres se quedaron mirándola en silencio. El ascensor sonó al llegar a la tercera planta. Kagome trató de pasar alrededor de ellas, pero las mujeres continuaron bloqueando su camino. Se mordió el labio con fuerza y las miró.
-Me gustaría irme a mi habitación.
Se separaron para permitirle salir. Kagome pasó entre las mujeres, con cuidado de no tocarlas y huyó por el pasillo. La habían asustado. Ella no sabía que su sentido del olfato era tan fuerte o que pudieran oler las emociones. Corrió los últimos pasos hasta su habitación y sacó su tarjeta.
La luz cambió a verde, tiró con fuerza de la puerta y entró,cuando iba a cerrar la puerta, las mujeres se lo impidieron y entraron en su apartamento. Tuvo miedo de sus expresiones sombrías. Ella retrocedió lentamente, alarmada tras este giro de los acontecimientos. La puerta se cerró firmemente detrás de ellas.
-Ultear, por favor prepara el baño.-dijo la mujer de cabello rojizo y la más alta. Ultear se trasladó hacia el baño sin decir palabra.-Soy Enju-le informó en voz baja. -Somos muchas y no sé si sabes nuestros nombres. Ultear es la que está en el baño.- Ella asintió con la cabeza hacia la pelirroja. -Esta es Rusty y esa es Janis, ella irá a buscarte algo cómodo para usar después del baño. "
Janis fue al armario. Kagome miró a Enju en estado de shock, mientras la mujer le fruncía a ella.
-Huelo a sangre, a sexo y tienes marcas en las muñecas, te han inmovilizado. También nos obligaron a tener sexo con los hombres.-Sus ojos se oscurecieron.-Los machos humanos nos herían de vez en cuando. Nuestros hombres siempre trataron de no hacernos daño.-Hizo una pausa. -Hemos sido castigadas y forzadas a ver los castigos en ellos cuando nos oponíamos a tener sexo. Nuestros hombres son incapaces de dañar a una mujer, pero uno te hizo daño. ¿Por qué?
Kagome miró a Enju en silencio, sufría por ellas, lo que les habían hecho durante su cautiverio, era horrible. Kagome maldijo en silencio a todos los que les hicieron daño.
-Estoy bien.-Le juró ella.-Nadie me obligó.
Enju le gruñó, le mostró sus rasgos caninos.- No mientas. ¿Quién te hizo esto? Le haremos sufrir mucho por lo que te ha hecho. Un varón no tiene el derecho de forzar a una mujer. Somos libres ahora. Quien te hizo eso, debe pagar. Él te hizo daño y eso es imperdonable.
Janis dejó la ropa en la cama y se colocó detrás de Kagome. Kagome giró la cabeza y la vio oliéndole la espalda. Janis agarró la camisa de Kagome y la subió hacia arriba. Kagome se mantuvo inmóvil y en silencio, la nariz de la mujer rozó su piel desnuda e inhalo profundamente. La camisa volvió a bajar cuando la mujer se irguió y dijo-No reconozco el olor de él. Es bastante débil, creo que no la monto. Debe de haberla tomado su lado humano.
Kagome se apartó un poco de entre las dos mujeres, se sentía atrapada entre ellas. De repente Enju la agarró de la parte delantera de la camisa y de un tirón la deslizó hacia abajo. Dejó sus pechos expuestos. Enju le olfateo estómago antes de que ella pudiera protestar. La otra mujer levantó la cabeza con una expresión sombría.
-La tomo como humano, sudó sobre ella. No reconozco este olor tampoco.-Ella le frunció el ceño a Kagome.- ¿Por qué le proteges? ¿Sabes su nombre? Descríbenoslo, le encontraremos y se lo haremos pagar. Tu eres de las nuestras y él no debería haberte dañado.
Kagome abrió la boca. Obligó a su mente a trabajar. En el último minuto la habían olido dos veces. Si podían oler el sudor de Inuyasha en su estómago ¿podrían oler el semen de su muslo? Ella cerró la boca y apretó los muslos. A continuación, intentó comprender su última frase.
-¿Soy de las vuestras? Creía que me odiaban.
Ultear salió del cuarto de baño.-No te odiamos. Tu eres nuestra mascota.
-Ultear.- Enju sacudió la cabeza.-No le digas eso. La vas a ofender.
Ultear se encogió de hombros.-Lo es. Es tan pequeña y linda. Ella ladra por ahí tratando de complacernos como ... ¿cómo se llaman? ¿Un Yorkie?
Rusty suspiró. -Ya habíamos decidido que es más similar a un lindo caniche con el pelo negro.-Ella esbozó una sonrisa a Kagome. -No lo tomes ofensivamente por favor. Nos gusta tenerte cerca y que te preocupas por nosotras.
-Necesito sentarme.-Kagome murmuró aturdida, joder ¿le estaban diciendo que la veían como su mascota? Se sentó en el borde de la cama. Se quedó sin aliento cuando se sentó, todavía sentía molestias en su sexo.- Maldita sea.- Ella cerró los ojos. Ellas me ven como a una mascota. La comparación con un caniche la dejó confundida.
-Ahora está más triste.- Gruñó Enju. -Disculpate.
-Lo siento.-Le dijo Ultear instante. -Es con cariño. Me gustan las mascotas. Ser una mascota no es malo ¿verdad? La gente las ama.
Kagome abrió los ojos y se obligó a sonreír. -Bueno, necesitare algún tiempo para acostumbrarme, pero gracias. Me alegra que yo os guste. Eso es lo importante.
-Sí.-Le aseguró Rusty. -Ahora dinos cuál de nuestros hombres te hizo daño y nos ocuparemos de mandarle a la mierda. Por el olor podemos diferenciar si es un hombre o una mujer, incluso si son primates, felinos o caninos, pero no nos dice la persona. Es necesario que nos digas todo lo puedas sobre ese hombre, eso nos ayudará a averiguar quién fue.
Enju cerró sus manos en puños, los nudillos se le volvieron blancos.-Te permitiremos mirar. Te hará sentir mejor verlo sangrar.-Ella miró a las demás. -No podemos matarlo. Le daremos tal paliza que le dolerá toda la semana.
Kagome echó un vistazo a cada una de las mujeres. No estaba segura de si debía estar agradecida o preocupada. -Os agradezco la preocupación. No tenéis ni idea de lo mucho que esto significa para mí. Me van a hacer llorar. Estoy muy conmovida, pero no es lo que piensan. No me obligaron.
-Entonces ¿por qué la seguridad comprobó tu habitación y después nos informó que faltabas? Afirmaron que había señales de una lucha en el parque.-Kagome miró a Enju.-Somos inteligentes así que por favor, no nos insultes. Entraste con olor a sexo, miedo y sangre. Tienes marcas rojas en las muñecas, eso nos dice que te ataron. Sabemos que a algunos humanos les gusta atar o ser atados cuando tienen sexo. Pero nosotros no usamos ese tipo de juegos sexuales ya que nos recuerdan a las instalaciones de prueba. Dinos quien fue Kagome. Tu eres nuestra mascota y nunca más abusara de ti.
Esta era la conversación más extraña que Kagome había tenido en toda su vida. Ellas la veían como su mascota y no como la encargada de la casa. Ella se resistió a pestañear.
Ella siempre había odiado su pelo rizado e inmanejable, los caniches no tenían ese problema porque no tenían rizos. Tal vez debería añadir a su lista de compras un champú anti-rizos.
Estaban siendo protectoras con ella y eso significaba mucho. Ella había estado segura de todas las mujeres que vivían allí la odiaban. Este era el primer paso para llegar a conocerlas y tal vez, enseñarles lo que sabía. Era una buena cosa.
-Estoy bien. Por favor, sólo déjenlo estar. Es un asunto privado. No me hizo ninguna herida, la sangre que huelen fue por culpa de un accidente sin importancia.
Ultear se acercó a inspeccionar a Kagome.-Tiene demasiado miedo para nombrarlo.- Ella se inclinó hacia abajo, le subió la camisa y pego su nariz contra su estómago. Ella olfateó y luego se apartó. El horror se reflejó en su mirada.
-Inuyasha.-Jadeó. Ella se tambaleó hacia atrás.-Inuyasha no. ÉL.-Ella se quedó en silencio.
Rusty lanzó una maldición. Se dirigió hacia Kagome, la agarró y la empujó sobre la cama. El miedo golpeó a Kagome como un ladrillo cuando de un tirón le arrancó la camisa y la olio.
Rusty gruño, se echó hacia atrás,se apartó, se acercó a la esquina y estrelló sus manos contra la pared con tanta fuerza que Kagome retrocedió.-Inuyasha.-confirmó Rusty con una voz temblorosa.-Definitivamente fue él.
Enju parecía que era la única que mantenía la calma. Miró a Rusty y Ultear.-Pensé que habías dicho que era un protector. Dijiste que de todos los hombres fue el único trato de protegerte muchas veces contra el dolor y el sufrimiento ¿Estás segura de que es su esencia?
Rusty asintió con la cabeza mientras sollozaba. Se volvió de pronto y miró a Kagome con confusión.-¿Por qué haría esto? ¿Por qué?
-No te está culpando.-Agregó Ultear rápidamente. Sonaba triste, como si estuviera a punto de llorar también. -Estamos tratando de entender por qué te hizo esto. Siempre fue el más cuidadoso con nosotras. Siempre se aseguro de no hacernos daño cuando nos obligaban a tener sexo Cuando una de nosotras se negaba a tener relaciones sexuales con él, se llevaba todos los golpes y no nos tocaba. Él sufría aun cuando no tenía que hacerlo. Habría muerto antes que hacernos daño. Tratamos de entenderlo.
Kagome se sujetó a la cama para levantarse. -Por favor, no es lo que piensan. Sé que él no quería herirme, sólo es un rasguño. Es un asunto privado. Nosotros, uh. . . maldita sea. No sé cómo explicaros esto. Él no quiere que nadie lo sepa y esta noche tuve que decírselo a Jerall cuando me encontró en su casa. Lo que os hicieron en las instalaciones de pruebas. ¡Dios! Kagome se sentó de nuevo, se olvidó de la ternura e hizo una mueca.
-No saldrá de esta habitación.-Le juró Enju suavemente.-Tienes nuestra palabra, nunca repetiremos lo que nos digas. Ellas solo están molestas de que fuera él el que te hizo daño, Inuyasha significaba mucho para nosotras. Cuéntanos lo que pasó. Te protegeremos de él.
Kagome se quejó. Miro a cada mujer. Enju la miraba severamente con los brazos cruzados esperando a que le contara su historia. Ultear y Rusty estaban pálidas y a punto de llorar. Por el dolor. La mirada de Janis sólo era de curiosidad. No podía permitir que pensaran mal de Inuyasha.
Dos de ellas, obviamente, le conocían muy bien. Kagome odio el ataque de celos que le entró cuando pensó que probablemente Inuyasha habría tenido relaciones sexuales con dos de ellas. Sabía que no tuvieron otra opción y eso le alivio un poco. Ella respiró hondo y comenzó desde el principio. Terminó diciéndole que entre ellos ahora todo estaba bien.
Se enjugó las lágrimas mientras miraba a cada mujer. Temía que pudieran odiarla ahora que le había confesado lo que le había hecho. Ultear y Rusty se habían sentado en el suelo mientras Kagome les contaba la historia. Enju se quedó junto a la puerta y Janis se había sentado en la cama, junto a Ella. Kagome miró a los ojos a Enju.
-Sólo quiero tomar un baño, irme a la cama y nunca hablar de esto otra vez ¿de acuerdo? No me forzó y no me lastimo para hacerme daño, solo es un rasguño.
Enju asintió con la cabeza y le sonrió tristemente. -Eres una buena mujer, Kagome. La mayoría de las mujeres se vengarían de lo que te paso esta noche. Habrían ... - Ella suspiró.-Ellas habrían mentido, diciendo que no fue consentido. No te merecías su furia. Lo sabes ¿verdad? Le salvaste la vida. Es el macho el que quiere la revancha. Está equivocado. Siento tu vergüenza por lo que le hiciste, pero entiendo la razón. Yo habría hecho lo mismo. -Ella tomó un profundo aliento. -No se acercara a ti otra vez...Te cuidaremos por turnos.
-Eso no es necesario. Estamos en paz,no se acercará a mí.-Kagome las miró a todas.-Gracias por cuidarme y por vuestra comprensión. Temía que me odiarais por lo que tuve que hacer. Yo sólo quería salvarlo de Goshinki. Nunca pensé que le harían daño. Pero ahora estoy bien y me sentiré mil veces mejor mañana. Sólo quiero dejar esto atrás.
-Ve a tomar tu baño y tiranos la ropa. La lavaremos para eliminar su olor.-Se ofreció Janis en voz baja.-Hiciste lo que tenías que hacer. De todas las cosas horribles que nos hicieron, esa es la más suave. Podrías haber muerto tú, en vez del técnico.
-Sé que no significa mucho, pero Inuyasha es un buen hombre.- Ultear le dio una sonrisa triste.
-Sé que él no tenía la intención de herirte de ninguna manera. Siempre fue muy atento con nosotras.
Kagome asintió, su suposición sobre la historia sexual de Inuyasha con las dos mujeres acababa de ser confirmada y trató de no guiarse por los celos. Entró en el baño, pero dejó la puerta entreabierta. La bañera estaba llena de agua caliente, se desvistió, le entregó la ropa a Ultear y se metió en el baño. Ella hizo una mueca cuando el agua cubrió la herida de su pecho. Se levantó el seno y vio las dos marcas de sus dientes. Maldita sea.
Ella cerró los ojos y se relajó. Al menos no tendría que temer que Inuyasha quisiera ponerle las manos encima otra vez. . .Ahora viviría con su recuerdo. Sabía que nunca lo olvidaría.
Su ex marido la había lastimado lo suficiente como para hacerla renunciar al amor. Se había prometido que no volvería a amar a otro hombre, pero entonces, vio a Inuyasha. Algo que ella creía muerto en su interior, volvió a la vida. Salvarle se había convertido en su obsesión. Después, hacer las paces con él por lo que le había hecho.
Inuyasha era demasiado importante para ella. Lo que alguna vez llego a sentir por su ex, no podía compararse a lo que sentía por Inuyasha. Nada en absoluto. El recuerdo del toque de Inuyasha le perseguiría durante el resto de su vida.
Si hubieran tenido una oportunidad real de estar juntos. . .habría corrido el riesgo de que le rompiera el corazón.-Maldita sea.-Murmuró Kagome en voz alta. -Ojalá las cosas fueran diferentes, pero no lo son.
-¿Inuyasha?
Se sobresaltó al oír su nombre en voz baja. Volvió la cabeza y miró a Miroku.-¿Qué?
-Tu obsesión por la humana empieza a asustarme. ¿Tengo que informar de esto a Jerall?
Mierda.- No.-Inuyasha estaba observando el centro de mujeres, Kagome estaba sentada en un sofá con ellas, estaba riendo por algo que una había dicho y él deseaba saber qué fue lo que la hizo sonreír.-Sólo estaba observándola.
-Tienes que dejarla ir. Nos dijo por qué trabajó para Tártaros. Entiendo tu necesidad de buscar venganza, pero ella no es nuestro enemiga.
Inuyasha se mordió la lengua. Era mejor que su amigo pensara que esa era la razón por la que se escondía detrás de un árbol al otro lado de la calle para mirar a la mujer que le fascinaba. No podía pensar en nada más que en ella. El sonido de sus gemidos, el dulce sabor de su deseo y el recuerdo de su cuerpo,se repetía una y otra vez en su mente. Su polla se endureció dolorosamente por el recuerdo.
Le había dañado, hecho sangre y ahora no tenía ni idea de cómo solucionarlo. Le habían ordenado que permaneciera lejos de ella, que no la intimidara, pero,no le dijeron que no podía observala desde la distancia ¿verdad? Ella no lo sabia y por lo tanto, no podía sentirse amenazada.
-¿Me has oído?-Miroku se acercó.
-Sí.- pero mantuvo su enfoque en Kagome. Su mano se levantó para echar hacia atrás su pelo negro y él deseó tocar su cara. -Te he oído.
-¿Eres un peligro para ella? Se honesto conmigo. Somos amigos.
Eso le hizo apartar la mirada de ella.-No voy a hacerle daño.
Se miraron el uno al otro durante un largo momento y luego Miroku suspiró y miró hacia el edificio de las mujeres.-A nuestras mujeres le gusta estar con ella.
A él también, aunque se abstuvo de admitirlo. Estaba obsesionado,no podía dejar de pensar en ella. Llenaba todos sus sueños cuando conseguía dormir.
-Vas a mantenerte lejos de ella, ¿verdad?-Miroku espero su confirmación.
-Sí.-dijo Inuyasha, con la esperanza de hacerlo de verdad.
-Te dejo entonces.- Miroku se giró sobre sus talones y desapareció en la oscuridad.
La mirada de Inuyasha regresó a Kagome. Él sabía que tenía que dejar de atormentarse. Espiarla cada noche después de su turno le estaba destrozando,pero no era capaz de hacerlo. A veces, se acercaba al edificio y trataba de encontrar los fallos en la seguridad que le permitieran subir hasta el tercer piso donde ella dormía. Quería saberlo todo sobre ella.
Cerró los ojos y respiró profundo. Él daría cualquier cosa por tenerla, por inhalar su aroma y tocarla. Un suave gruñido salió de sus labios entreabiertos, su polla le dolió más y supo que esta, iba a ser otra larga noche dando vueltas en la cama. No podía olvidar a Kagome.
