Capítulo 6
En el rancho Echegarachi, Paolo estaba siendo interrogado por el inspector Megure.
Megure: supongo que sabrá que ahora no es sólo sospechoso de asesinato, sino también de maltrato.
Paolo: Sí, pero soy totalmente inocente. Si fuera el asesino, tendría una escopeta en mi rancho; y si fuera un maltratador, tendría un látigo manchado de sangre, ¿no cree?
Megure: Por eso mismo vamos a registrar su rancho. Si no encontramos nada, le pediremos disculpas y nos iremos.
Paolo: Pues dense prisa, tengo que recoger a mi caballo.
La policía buscó por todo el rancho, pero no encontraron ni la escopeta ni el látigo. Aunque sí encontraron un bote de pintura castaña, y en la brocha había pelos marrones adheridos. El inspector decidió llevársela para ver el ADN de los pelos, pero antes le preguntó al italiano por qué estaban en la brocha.
Paolo: Porque en la pared donde se pintó con esa brocha había pegados unos pelos de un caballo que se había rozado con ella. Considero que están cometiendo una tontería al sospechar de mí sólo porque en una de mis brochas hay pelos.
Megure: Gracias por su comentario, pero de todas formas los analizaremos por si son de su caballo enfermo.
Cuando Megure se marchó, Paolo cogió su móvil.
Paolo: Hola, Sr. Walter. Necesito un favor.
Walter: ¿Qué coño quieres esta vez?
Paolo: La bofia tiene la prueba de uno de mis maltratos, necesito que envíe a uno de sus mejores hombres para arrebatársela a la policía y, si quieren, deshacerse de ella.
Walter: Está bien, pero es la última vez que te salvamos el culo. ¿Cuál es la prueba?
Paolo: Una brocha que tiene unos pelos castaños pegados.
Walter: Bien, adiós. Y recuerda lo de la competición, no te olvides de darle a tu caballo la droga.
Paolo: Sí, señor.
Paolo colgó el teléfono y respiró aliviado.
En la casa de los Kudo, Conan caminaba por el campo seguido por Trébol. El caballo había recuperado algo de sus energías y ya podía andar sin ningún problema, aunque no podría correr durante unos cinco días. De repente, Trébol vio un balón de fútbol cerca de las escaleras del porche y se acercó. Durante unos segundos lo olfateó y después lo hizo rodar con el hocico. Conan observó como el animal se asustó y se apartó de la pelota al trote, entonces, el niño cogió el esférico y se lo aproximó a su amigo.
Conan: Tranquilo, esto no hace daño. Es sólo un balón.
Trébol acercó los ollares de nuevo al objeto con las orejas erectas, y cuando el pequeño comenzó a patear el balón, el corcel ya no tuvo miedo. Ran contemplaba por la ventana de la cocina la escena, pero al poco tuvo que ir al baño para vomitar. Mientras, el inspector Megure acababa de contarle a Shinichi lo ocurrido hace poco en el rancho Echegarachi.
Shinichi: Así que una brocha con pelos castaños en ella.
Megure: ¿Qué piensas de esto?
Shinichi se llevó la mano al mentón, como solía hacer cuando pensaba.
Shinichi(pensando): Si la cosa es tal y como pienso, esa persona es la responsable…
Megure: Shinichi, ¿estás ahí?
Shinichi. Ah, sí. Es que aún lo tengo que pensar un poco, pero dígame los resultados del ADN cuando los tenga, por favor.
Megure: De acuerdo. Ah, por cierto, enhora buena por el segundo embarazo de Ran.
Shinichi: Gracias.
Megure: Vaya, papá otra vez. Menuda suerte. Hasta la vista.
Shinichi: Adiós.
El chico colgó el móvil y se sentó en el sofá a pensar.
Shinichi(pensando): Estoy seguro al cien por cien de que Paolo es el que pegó a Trébol. Pero no tengo pruebas de que él sea el asesino del Sr. Wind, tendré que volver al rancho y buscar más pistas…
De repente, un deportivo y un todoterreno aparcaron delante de la cabaña, del coche salió Paolo y del todoterreno bajaron unos cuantos mozos de cuadra con cuerdas en sus manos, entre ellos estaba Rose. Shinichi salió de la casa y vio como el grupo atrapaban a Trébol con los lazos.
Conan: ¡No! ¡Dejadle en paz!
El semental se levantó sobre las patas traseras a la vez que relinchaba sonoramente, resistiéndose a las ataduras. Mientras los mozos intentaban meter a Trébol en el tráiler, Paolo se acercó a Shinichi.
Paolo: Muchas gracias por cuidar de mi caballo, ¿cómo podré compensárselo?
Shinichi: Me gustaría que me dejase volver a visitar su rancho.
Paolo: Pues claro, podrá venir cuando quiera.
El italiano subió a su deportivo y se alejó seguido por el 4x4. Shinichi observó como su hijo se ponía a sollozar y se acercó a él.
Shinichi: Tranquilo, Conan. Mañana volveremos al rancho.
El niño se secó las lágrimas.
Conan: Gracias, papá.
Una vez en el rancho, Paolo ordenó a sus hombres que metieran a Trébol en su compartimento, que ya lo habían arreglado. Después, cogió un palo grueso y con él golpeó las heridas del caballo, provocando que éste se pusiera a cocear las paredes de la cuadra, aunque esto hizo que los golpes se multiplicasen. Al final, Trébol se quedó quieto y temblando de miedo.
Paolo: Estúpido saco de huesos y pelo, la próxima vez que te escapes en vez de golpearte te pegaré un tiro.
El semental comprendió perfectamente las crueles palabras de su amo y decidió obedecerle, no quería que aquellas brutales manos le volviesen a hacer daño.
En la casa de los Wind, Victoria observaba las fotos de su marido fallecido. La mujer cogió una en la que salía Jonh junto con un potrillo pinto de ojos azules y comenzó a llorar amargamente. Si Paolo no fuese tan despreciable, aquello no tendría que haber pasado…
De vuelta en el rancho, Paolo le encomendó a Rose la tarea de vigilar a Trébol. La joven decidió cepillar el pelaje del corcel, que estaba completamente manchado de barro y de sangre seca de las heridas. Al principio, Trébol no permitió que Rose le tocase con el cepillo, pero al darse cuenta de que la chica no tenía intención de lastimarle, dejó que le acicalara.
Rose: Siento mucho lo que ha pasado, Trébol. Me gustaría ayudarte, pero no puedo hacer nada. Yo también estoy amenazada de muerte.
El caballo escuchaba todo lo que le decía la moza. Cuando terminó de limpiarle el pelo, Trébol acercó la cabeza al pecho de Rose, intentando consolarla. La muchacha entendió el gesto del animal, le acarició el cuello y lo llevó a un prado con varios caballos y yeguas. Trébol comenzó a trotar alegremente, ya que no había estado suelto con otros caballos desde que Paolo lo compró en América. Durante unas horas estuvo jugando con los sementales y hasta coqueteó con una yegua blanca de su edad llamada Queen White V. Pero la felicidad se le acabó cuando Paolo se enteró de que estaba en aquel corral y mandó que lo metieran en uno aislado.
Rose: Señor, separar a un caballo de sus compañeros no es lo más adecuado.
Paolo: ¿Te atreves a contradecir mis órdenes, mocosa?
Rose: No, pero…
Paolo: Si no quieres llevarte un disgusto será mejor que me obedezcas y mantengas el pico cerrado.
Rose(triste): Está bien.
La chica sabía perfectamente que su jefe se estaba divirtiendo haciéndoles sufrir a ella y al pobre Trébol. Pero su paciencia se estaba agotando, y estaba convencida de algún día ese hombre sin escrúpulos acabaría mal por todas sus fechorías.
