Capítulo beteado por Manue Peralta, Beta FFAD: www facebook com / groups / betasffaddiction
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Con el corazón en las manos.
Capítulo 5.
Un mes después...
Edward y yo no habíamos avanzado mucho en nuestra relación. Éramos mejores amigos,pasábamos todo el tiempo juntos, la mayor parte en su casa, y nos ayudábamos en clase. Era agradable estar con él.
Hoy era el cumpleaños de Rose. Carlisle y Esme han planeado una gran fiesta de gala en su casa. Edward no podrá venir por mí porque lo tienen de un lado a otro con los preparativos. Por mi parte me encuentro admirando las grandes luces de la cuidad desde el ventanal de mi habitación, estoy entusiasmada.
Veo el reloj de la pared y marca las siete. Corro al baño, me doy una ducha lavándome el pelo. Cuando salgo lo envuelvo en una toalla, busco el secador y lo seco rápidamente, me decido por ondas y el resultado es seximente despeinado. Mi maquillaje era sencillo pero elegante, sombra negra y delineador en mis ojos, un poco de rubor y en mis labios pintalabos rojos carmesí. Busco mi vestido, era rojo corte sirena, con toda la espalda al descubierto y por delante un gran escote en V. Me lo pongo y me queda perfecto. Tomo mis tacones negros y mi bolso de mano.
Ya lista llamo un taxi y en quince minutos estoy en la entrada de los Cullen. Toda la entrada está adornada espectacularmente, las puertas están abiertas y muchos de los invitados han llegado.
Estoy un tanto intimidada, pero rápidamente se me pasa y entro a la gran casa con paso decidido. Veo a Emmett y me dirijo hacia él. Al verme sonríe y se acerca a mí.
—Bella, qué hermosa estás –dice abrazándome.
—Gracias, Emmett. ¿Por casualidad has visto a Edward?
Él sonríe y me da la vuelta. Al girar veo a un dios griego. Edward estaba vestido con un bello esmoquin negro, corbata y su cabello despeinado. Al verme sonríe con esa sonrisa torcida suya que hace que tiemble, llega hasta nosotros y nos fundimos en un fuerte abrazo.
—Qué hermosa estás, pequeña —declara dándome un beso en la frente.
—Tu también estás muy guapo, Edward.
Entretanto llegan Alice y Jasper. Alice estaba hermosa con su vestido largo color negro, le queda de maravilla y se veía muy feliz al lado de Jasper.
Estamos reunidos riéndonos de las locuras que han pasado en la universidad cuando Carlisle sale tomado de la mano con Esme, ambos dan las gracias por todos lo que han asistido y en un momento baja Rosalie, vestida con un hermoso vestido color lila, el mismo tenía un gran escote que pronunciaba sus atributos. Su pelo se hallaba recogido en un gran peinado. Los aplausos se hicieron notar mientras ella bajaba las escaleras, Esme y Carlisle la toman por ambos brazos y ayudan a que termine de bajar los peldaños. Emmett está boquiabierto, se aparta de nosotros y va a donde esta Rosalie se dan la mano y la banda que hay en el lugar empieza a tocar.
Emmett condujo a Rose por el pasillo hasta la pista de baile y ambos empiezan a bailar. Lentamente la pista se va llenando de parejas. Edward tomó mi mano, llevándome a la pista y bailar. La canción era lenta, así que coloqué mi cabeza en su hombro.
Después del baile nos sentamos a conversar un poco con nuestros amigos, luego llega se hizo el brindis por Rose y un poco más tarde cantamos cumpleaños feliz. Todo marchaba a la perfección.
Edward y yo caminamos por el jardín tomados de la mano.
—Bella, estás muy hermosa —dice dulcemente.
—Gracias, Edward. —Me ruborizo un poco.
Continuamos caminando. Edward me detiene y me acerca a él, nuestras bocas están a un centímetro.
—Bella, te quiero.
—Yo igual, Edward.
Estamos a punto de besarnos, pero de pronto escuchamos el sonar de unas copas y y el momento se rompe, así que optamos por regresar a la fiesta.
Al llegar nos encontramos con Emmett tomado de la mano con Rosalie, los dos están en frente de Esme y Carlisle. Alice está entusiasmada tomada también de la mano de Jasper. Edward me pega a su pecho y yo lo abrazo. Emmett se aclara la garganta.
—Señor y señora Cullen, o más práctico, Carlisle y Esme, me conocen desde muy pequeño y los quiero como unos padres, los respeto y los admiro, pero estoy aquí ante ustedes para pedirles que acepten el noviazgo entre Rosalie y yo, y que pronto haya un compromiso.
Todos quedaron boquiabiertos. Por su parte, Carlisle y Esme sonríen.
—Emmett, te queremos con a un hijo, claro que les damos nuestra bendición.
Todos los invitados estallaron en aplausos. Edward me pega más a él y me besa la frente. Después de las tres de la madrugada algunos invitados se han ido, Carlisle y Esme hace rato que fueron a acostarse, pero los amigos de Rose continúan bailando en la pista.
Alice ha desaparecido con Jasper y Rose está en la pista con Emmett. Yo estoy sentada en el regazo de Edward, quien me abraza dulcemente. Siento que me estoy quedando dormida y poco después que me llevan en brazos. Abro los ojos y es Edward, quien me lleva subiendo las escaleras.
—Shh. Sigue durmiendo, Bella, te acostaré en un cuarto de invitados.
—No, Edward, quiero dormir contigo. —Al parecer la champagne hizo su efecto. Lo veo a la cara y me sonríe estando de acuerdo. Entramos a su amplio cuarto y me acuesta en la cama. Me quita los zapatos y hace lo mismo y se acuesta a mi lado.
—Te despertaré dentro de un rato, quiero que veas algo. —Apenas pude asentir antes de caer profundamente dormida.
Entre mis sueños escucho a Edward y me levanto de un brinco. Él a mí lado se ríe.
—Ven, quiero enseñarte algo. Pero antes debes quitarte ese gran vestido y ponerte cómoda —alega extendiéndome una de sus camisetas y un suéter. Los agarro sin chistar.
—Date la vuelta, por favor —le pido y él lo hace.
Como puedo me bajo el cierre que tiene de lado el vestido y lo arrojo al suelo, tomo la camisa y me la abotono y encima me pongo el abrigo.
—Listo, Edward.
Él se da la vuelta, me ve y se acerca a mí, dejando un suave beso sobre mi frente.
Me extiende la mano y la acepto. Salimos por la ventana y subimos al techo, con cuidado llegamos a lo más alto de la casa. Edward se agacha y se sienta, dejándome un espacio dentro de sus piernas. Titubeo, pero logro sentarme.
—¿Qué hacemos aquí, Edward?
Él suspira. Luego de un momento en el que ninguno dice nada, dice:
—Este era mi lugar favorito de niño, venía y me sentaba aquí a contemplar el amanecer. Es una gran vista desde aquí. Si no te molesta quiero compartir esto contigo. —Me acercó más a su pecho. Por mi parte, me acurruco más a él y permanecemos en silencio.
Después de un rato el amanecer empieza a salir, las tonalidades de morado, rojo y anaranjado son hermosas.
—Wow. Esto es hermoso.
Él me abraza más fuerte.
—Quiero siempre ver el amanecer contigo, Bella. —Me abraza y pego mi cabeza a su pecho. Al poco rato cuando el sol está tomando todo el cielo, él se levanta y me ayuda a pararme. Pero mi coordinación es nula y casi resbalo, Edward me agarró fuerte en sus brazos, pegándome completamente a su pecho. Nuestras miradas se cruzan y poco a poco nuestros labios se acercan.
Todo dentro de mí da vueltas. El beso empieza tierno, más de pronto se torna algo desenfrenado; por primera vez en mi vida quiero más. Así que lo tomo del pelo y él jadea. Cuando por fin nos separamos estamos sin aliento; Edward me sostiene de la mano y volvemos a entrar por la ventana.
Edward no ha terminado conmigo, por lo que antes de entrar me toma por el brazo y me carga, mis piernas instintivamente se enroscan en su cintura. Vuelvo a ser consciente de mi alrededor cuando me tumba en la cama y se deshace del suéter y la camisa que tenía, gracias a Dios llevaba lencería. Él se impresiona y empieza a besar mi cuerpo con mayor intensidad. Yo me estremezco y me levanto, posicionándome encima de él; le quito la correa y le bajo el pantalón. Él sonríe tomándome la cara y besándome lentamente.
De un tirón él se ha sacado el pantalón, así que los dos nos encontramos ahora en ropa interior. Recuerdo que nunca he estado con nadie y no sé cómo seguir, por lo que me detengo.
—¿Qué pasa, Bella? —pregunta mirándome confuso
—Soy virgen, Edward —digo titubeando un poco.
Edward abre los ojos como platos y se retira de encima de mí pasándose la mano por el pelo repetidas veces, eso significa que está molesto y preocupado.
—Bella, lo lamento tanto. Perdóname si hice algo que no querías.
—No, Edward. —Lo callo poniendo mi dedo sobre su boca—. Lamento no habértelo dicho antes.
—No importa, pequeña. —Suspira y se acuesta a mi lado. Toma la sábana y me arropa—. Ven, vamos a dormir un poco.
Me acurruco a su lado y, cuando estoy quedándome dormida, lo escucho:
—Te amo, Bella.
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Cuando abro los ojos tengo a un Edward bien despierto a mí lado.
—Buenas tardes, hermosa —dice besándome. Me levanto y veo el reloj, las dos en punto.
—¿Hemos dormido tanto?
Edward asiente atrayéndome hacia él. Me pego a su pecho desnudo e inspiro su aroma, me encanta. Al cabo de un rato nos levantamos y yo me dirijo al baño. Por su parte Edward se retira para conseguirme ropa limpia.
Abro la ducha y rápidamente el agua me relaja, después de un rato salgo del baño envuelta en la toalla y veo unos shorts muy cortos y una camiseta negra junto a unos converse. Le agradezco a Alice mentalmente.
Me visto rápidamente y en ese instante entra Edward ya bañado envuelto en una toalla, me doy la vuelta y me ruborizo.
—Oh. Lo siento, Bella. Es que me he bañado afuera y dejé la ropa aquí. Dame un minuto y estaré decente. —¿Cómo este dios griego puede descontrolarme en solo unos segundos?—. Ya, Bella.
Me doy la vuelta lentamente y Edward estaba ya medio vestido con unas bermudas pero sin camisa, se encuentra secando el pelo con la toalla.
—No entiendo por qué mi pelo siempre es un desastre —comenta riéndose. Yo pienso para mis adentros que es el pelo más hermoso que he visto en mi vida—. ¿Qué ves? —dice en tono burlón.
Sacudo la cabeza rápidamente.
—No es nada. —De pronto Edward me carga—. Oye, Edward, bájame —digo riéndome.
—Me encanta tu risa, Bella —expresa. Me arroja en la cama, se sienta de bruces encima de mí y empieza a hacerme cosquillas.
—¡Edward, por favor, para! —jadeo casi ahogándome de la risa.
Ambos nos encontramos riendo cuando abren la puerta. Era Esme. Rápidamente Edward se baja de mí y se sienta en la cama mientras yo hago lo mismo.
Esme permanece seria para luego estallar en risas.
—Me gusta verlos juntos —comenta en tono cálido. Mi cara instantáneamente se torna color rojiza—. ¿Tienen hambre? Carlisle está haciendo barbacoa y hay lasaña en la cocina.
Edward y yo asentimos. Me levanto de la cama y Edward me envuelve en sus brazos y deja un casto beso en mis labios, luego tira de mí para que salgamos de la habitación.
Bajamos a la cocina y me doy cuenta que estoy muerta del hambre, me siento en uno de los asientos de la gran barra de desayunos. Edward saca dos vasos con jugo de naranja y los coloca frente a mí. Tomo un sorbo y veo que en el gran horno está la lasaña, así que me levanto y sirvo para los dos. Estaba deliciosa.
Luego de recoger los platos y lavarlos decidimos salir al patio. Como andaba descalza, Edward me cargó hasta el jardín. Me sienta en una mecedora junto a él.
Alice no paraba de hablar. Ambos estábamos en silencio uno al lado del otro. Edward cuando tenía la oportunidad me pegaba a su pecho y me sonreía, yo estaba sumamente feliz por tenerlo conmigo.
Algo dentro de mí estaba seguro de que lo amaba, mientras que la otra ya tenía miedo de perderlo.
