Hola a todos y mil disculpas por la tardanza. Sé que he dicho que tratare de actualizar pronto, pero siempre se presenta algo que te impide trabajar como quieres. Una vez más repito…haré lo posible por actualizar seguido y espero que me tengan un poquito de paciencia. Besos a todos y…

Que empiece el show.

Capitulo 6.

Toda la familia regresó a la cocina en absoluto silencio, cada uno tratando de entender lo que había pasado y de encontrarle alguna solución. A la mente de los chicos volvían todas las ocasiones en las que su padre debió haber explotado de esa manera. Razones siempre hubo, pero la gran mayoría las trataba con el líder del grupo a solas en su habitación, ellos nunca hablaron de temas importantes con él… ¿Acaso siempre se portaba así? ¿Siempre gritaba tan fuerte frente a Leonardo? ¿Le gritaba a él?

Después de dos horas de estar pensando en lo que pasó, el grupo decidió preparar la comida, más por necesidad de tener algo en el estomago que por el placer de disfrutar de un buen platillo en compañía de todos los amigos. Al poco rato, Rafael llevó una charola con comida al cuarto de Leonardo, mientras avanzaba, el chico de ropas rojas pensó que se lo encontraría dormido, pero no fue así. Este seguía despierto, con la mirada tan perdida, como la del resto de la familia. Las ideas y las dudas no lo dejaron descansar a pesar de estar agotado. Antes de entrar, Rafael se anunció.

- Aquí está la comida.- nadie contestó a su llamado. Rafa entró y dejó la charola en la mesita de noche de su hermano, luego fue a sentarse con él en su cama.

- Abril hizo estofado, no estuvo tan mal…al menos no creo que nos haga daño.- le informó, pero nada de nuevo. Leonardo seguía acostado de lado, dándole la espalda y mirando fijamente a la pared. Rafael continuó haciendo conversación a pesar de todo.

- Don y Abril tienen el mismo problema al cocinar, quieren hacer de todo una ciencia. Si pudieran, volarían la cocina...les falta sazón.- una vez más, apenas cerró la boca, todo quedó en silencio. Alterado por la falta de respuesta, volvió a hablarle levantando la voz.- ¡¡Oh vamos Leonardo!! No puedes quedarte callado y metido en la cama sin hacer nada. Tienes que levantarte.- consiguiendo una breve respuesta, Leo solo dijo.

- ¿Para qué?- este sonaba muy bajo, pero fue lo suficientemente claro para ser entendido.

- ¿Para qué? ¿Cómo que para qué? Para demostrarle a Splinter que no eres toda esa sarta de estupideces que vino a escupir esta tarde.- respondió en un tono que dejaba en claro, la lógica de sus palabras. Pero estas no hicieron reaccionar al joven de ropas azules, por el contrario. Un leve gesto pareció mostrarse un su rostro. El cual quería decir "Eso no sirve de nada." Al verlo, Rafa reclamó.

- ¡¿Qué?! ¿Acaso no quieres probarle lo contrario?- la insistencia de Rafa, obligó a Leonardo a expresar su opinión con palabras y no solo con gestos.

- Rafael…llevo cerca de 10 años…levantándome de la cama…para demostrarles a todos ustedes…que merezco ser el líder del grupo…que no soy una vergüenza…que no soy débil… ¿Y sabes cuantas veces lo he logrado?- para está última pregunta, la voz de Leonardo se quebró por completo. Forzándolo a esconder su rostro en la cobija.- Estoy cansado de levantarme de la cama…para nada…- el llanto de Leonardo se escuchaba apagado gracias a la manta con la que se cubría el rostro. Rafael dejó la ira de lado, para preguntar en un tono más tranquilo.

- ¿Por qué nunca nos dijiste nada? ¿Por qué no dijiste que te sentías mal?- el mayor de los quelonios, logró calmarse un poco para contestar.

- ¿Decirlo…? ¿A quien? Ustedes jamás han escuchado mis consejos o mis peticiones ¿Por qué habrían de oír mis penas?...y con Splinter…hablar…- Leonardo guardó silencio y siguió mirando la pared tratando de controlarse.- Es imposible…-

- ¿Siempre te ha gritado de esa manera?- preguntó curioso Rafael.

- No siempre grita…dice lo mismo, pero sin levantar la voz…- luego de esto, ambos guardaron silencio.

Ninguno de los dos hermanos dijo algo por varios segundos. Rafael repasaba las palabras de Leo en su mente, al parecer era lógico que no los buscara para hablar, él nunca fue alguien dispuesto a escuchar, nunca ha tenido la paciencia de sentarse junto a uno de sus hermanos para oír sus problemas, eso siempre lo había hecho Leonardo. Pero, quizás si se lo propone…pero no sé…pensaba. Al menos en algo estaba seguro y de inmediato llamó su atención para hacerle ver lo equivocado que estaba.

- ¡Vamos! Siempre hay alguien con quien conversar…solo es cuestión de…- Rafa ya no supo como continuar, desgraciadamente sus palabras no le revelaban nada nuevo a su hermano, al contrario, Leo lo miraba con desgano, para luego preguntar y cortar la conversación de tajo.

- ¿Qué más necesitas Rafael? Ya trajiste la comida, ya te puedes ir.- el joven de bandana roja, miró con el ceño fruncido a Leo y agregó molesto.

- Aún no terminó contigo…no me gusta que pienses que no puedes contar con nosotros.- Leo no contestó.- Somos familia, sabes que estamos ahí para lo que necesites.- la tortuga de bandana azul, se le quedó viendo un par de segundos antes de decir.

- Eres un mentiroso…- Rafael abrió los ojos a todo lo que podía dar, y antes de que este reclamara, Leo dijo...- Apenas terminan las lecciones de Splinter, cada uno sale corriendo a diferentes lugares dejándome solo en el dojo…cuando necesito que se queden a entrenar extra conmigo. Siempre me dan un pretexto…cuando tenemos una misión que cumplir y necesito de todo su apoyo para llevarla con éxito…ustedes al final hacen lo que se les viene la gana… ¿Por qué habría de confiarles mis problemas? ¡Jamás me han tomado en serio!- el temperamental muchacho volvió a callar.

Un incomodo silencio invadió el cuarto en cuestión de segundos. Nunca imaginó que su hermano se sintiera así, que algo como quedarse extra en el dojo fuera tan importante para él. Rafael buscaba algo más que decir, algo para hacerlo sentir mejor, hasta que…

- Yo…bueno, ninguno pensó que fuera tan importante para ti, el continuar entrenando después de clases…de haber sabido, nos habríamos quedado más tiempo.- Leonardo giró lentamente la cabeza en dirección de su hermano. Rafa pudo ver que estás palabras le habían entristecido.

- ¿Quedarse más tiempo? ¿A quién quieres engañar, Rafael?…yo…creí que era obvio el porque quería que se quedaran…- luego volvió a su posición inicial, mirando a la pared.- No tengo otra opción…no puedo hacer nada más…- extrañado con estas palabras, Rafa preguntó.

- ¿Qué quieres decir?- Leo no contestó de inmediato, antes se tomó un par de minutos para levantarse y sentarse al centro de la cama. Sus piernas quedaron cubiertas con la manta, lo que lamentó, pues sintió algo de frío en los brazos y pecho, pero deseaba cambiar de posición.

- Que solo puedo…que yo no… ¡Aahh! Que más da…no importa.-

- ¡Explícate!- exigió un disgustado hermano menor, al mayor de la familia, el cual no sabía como explicarle que, como líder. Siempre debe estar al pendiente de su entrenamiento, que su padre y sensei no le permite distraerse con cualquier cosa…que solo entrenando junto a sus hermanos, puede convivir un poco con ellos y no sentirse tan solo todo el día, pero...

- ¿Para qué? Jamás lo entenderías.- ignorando el desconcierto y la molestia de Rafael. Leo dirigió su mirada a su muñeca, la cual aún llevaba el vendaje rasgado por su padre. Apenado, dijo más para si que para su acompañante.- He vuelto a decepcionar a papá… ¿Cómo haré para…?-

- ¡¿Cómo puedes pensar en eso ahora?!- reclama Rafael disgustado.- ¡Después de todas las estupideces que te dijo!-

- ¿Y en qué más puedo pensar? No tengo nada más que esto.- señaló con un leve gesto la pared con armas enfrente de su cama.- No pudo pensar en otra cosa, no puedo hacer lo mismo que ustedes.- Rafa comprendió que se refería a las diversas actividades en las que tanto él como sus hermanos se veían ocupados.

- No haces nada más, porque no quieres. Hay muchas cosas en que entretenerse si te dedicas a buscar algo que te guste.- Leo vio con resignación a Rafa, pues ya lo sabía…

- No lo comprendes Rafael…- este le miró extrañado.- No es que me falte interés en algo…por el contrario, no puedo dedicarme a eso…por...esto.- señaló con la mirada las armas ninjas. Rafa continuó en esa línea, pues había escuchado que algo más que el ninjutsu interesaba a su hermano y deseaba saber que era lo que llamaba su atención, entre otras cosas que les importaba a los demás.

- ¿Qué es?-

- ¿Eh?-

- ¡Si! ¿Qué es eso que te interesa?- Leo no contestó de inmediato, bajo la mirada, en señal de que ese "Algo" estaba claro en su mente. Luego dando un largo suspiro, para desecharlo, dijo…

- No tiene caso pensar en ello, solo me distrae y…prefiero ignorarlo.- Rafael no quedó conforme con la respuesta y siguió preguntando.

- ¡Vamos! Dime… ¿Qué es? ¿Por qué no habrías de hacerlo? ¿Quién te lo impide…Splinter?- nada, Leonardo no continuó con ese tema a pesar de la insistencia, por lo que Rafael tuvo que tocar otro punto importante.

- Entonces dime ¿Porqué te hiciste eso?- contrario a lo anterior, Leo solo dijo sin darle mucha importancia.

- Tenía que hacerlo…-

- ¡¿Qué?!- preguntó casi en un grito el temperamental quelonio. Leonardo miró un momento sus viejas heridas, pasó un dedo por ellas, al tiempo que retiraba el vendaje rasgado.

- Solo eso…no hay nada que explicar, tenía que hacerlo.-

- No lo entiendo.-

- Lo sé, no tienes porque entenderlo, esto es asunto mío y es todo.- contestó el mayor de los hermanos de manera desganada y cansada. Mirando fijamente sus piernas. Furioso por la falta de seriedad a semejante problema, Rafa estalló.

- ¡¿Así nada más?! ¡¿No debimos verlo?! ¡¿Aquí no pasó nada?! ¡¡Todos vuelvan a sus lugares, porque ¿la vida sigue?!!- el chico de azul por respuesta al sarcasmo, solo dijo "Sí" con un lento movimiento de cabeza. Disgustando más a Rafael.

- ¡¡¡ ¿Acaso estás loco?!!! ¿Pretendes que ignoremos lo que ocurre? ¿Qué cada quien siga en lo suyo y ya?- una vez más Leonardo solo movió la cabeza diciendo "Sí."- ¡¡ ¿Qué estupideces estás pidiendo?!!- reclamó en un grito el ninja de rojo, sin tomar en cuenta que alguien más, pudiera subir a donde están. Leonardo sin cambiar su triste semblante, respondió…

- Yo no te pido nada para mí, Rafael…si quieres seguir sin prestar atención, hazlo. Esto es algo que no te incumbe ni a ti o a ningún otro.-

- ¡Claro que me importa!-

- ¿Por qué?- la sorpresa se dibujo en el rostro del ninja de rojo al escuchar semejante pregunta.

- ¡¿Por qué?! ¿Cómo que por qué? ¡Porqué eres mi hermano! ¡Quiero saber porqué carajos te dejaste los brazos y las piernas como trepadera de mapache! ¡Es obvio ¿No?!-

- No…no lo es…- Rafael no se esperaba semejante respuesta, no podía creer lo que estaba escuchando, ¿Cómo es que Leonardo llegó tan lejos? ya había leído al respecto y le costaba comprender que alguien de su familia y en especial él, que siempre se vio optimista, estuviera atrapado en algo tan complicado. En busca de aclarar lo anterior, Rafa preguntó.

- ¿Qué quieres decir?- tratando de sonar sereno. El chico contestó…

- Cientos de veces me haz dicho que no soy nada ni nadie, para decirte lo que debes hacer…que te tengo harto, que soy un fastidio.- en este punto, el niño tuvo que pasar saliva, ya que sentía que se formaba un nudo en su garganta.- Esto me da a entender que tu interés es solo una mal sana curiosidad o un simple compromiso para con los demás.- Rafael no daba crédito a lo que su hermano decía ¿En que concepto lo tenía? Bueno…en el que él mismo se había puesto, para ser sinceros.

- ¡¿Cómo puedes creer eso?! ¡Eso solo lo dije, por decir…digo...! Sí, sé que he sido grosero pero…- Leo dirigió su mirada rumbo a la pared en señal de no querer continuar esa farsa. De alguna manera, Rafael comprendió lo que tal gesto quiso decir.- De acuerdo…admito que he sido muy…atrevido contigo…pero aún tienes a Donny y a Mickey para hablar con ellos.- Leonardo movió su cabeza, negando tal opción.

- ¿Por qué no? si yo no sirvo para confidente ¿Por qué no buscas consuelo con los otros dos sonsos?-

- Porque cada uno tiene su propio mundo, ninguno de ustedes es capaz de entenderme… y yo…soy…él que debe ser fuerte para ustedes…no ustedes para mi…soy quien debe estar listo para cuando necesiten ayuda…no al revés.- el ninja de ropas rojas guardó silencio por unos segundos mientras repasaba cada palabra de su hermano, ya que había descubierto al causante de todo esto…ó al menos a un gran culpable.

- Ya entiendo…ahora lo veo…Splinter es el autor de todo esto ¿No es así? Él es quien te ha metido todas esas estúpidas ideas de ser omnipotente y no depender de nadie ¿Verdad?- Este descubrimiento por parte de su hermano, no sorprendió a Leonardo en lo más mínimo, sin mostrar pena o vergüenza, el chico siguió mirando a la pared, luego sin mucho interés contestó…

- Él quiere que me convierta en un líder fuerte…inteligente, confiable…quiere que la familia y el legado del clan Hamato estén en buenas manos…él quiere que todos estén a salvo…pero…- el tono en la voz del chico volvió a revelar su llanto.- Pero he vuelto a fallar…he defraudado a todos…no…no entiendo, porqué… ¿Por qué no consigo ser el mejor? ¿Qué estoy haciendo mal?-

- Leo…- susurró Rafael. Sin escucharlo, Leonardo siguió revelando las dudas que en muchas ocasiones, impidieron que el sueño llegara a él.

- ¡He hecho todo lo que está en mis manos! ¡He dado todo lo que tengo para ser el mejor! ¡¡He renunciado a todo lo que me importa!!- comienza a levantar la voz y a alterarse.- ¡¡ ¿Por qué?!! ¡¡ ¿Por qué no obtengo lo que quiero?!! ¡¡ ¿Por qué fallo una y otra vez?!! ¡¡ ¿Dime por qué?!!-

- ¡Ya Leo, tranquilízate!-

- ¡¡No!!-

- ¡¡Leo!!-

- ¡¡No!! ¡¡Tengo que saber lo que estoy haciendo mal!! ¡¡He hecho todo lo necesario, para continuar trabajando!!- confiesa, mostrando las heridas en sus muñecas.- ¡¡Todo mi tiempo y esfuerzo!! ¡¡He cumplido con todas las órdenes de Splinter!!- Leonardo había abandonado su postura, para estar frente a frente con Rafael sobre sus rodillas aún dentro de la cama, el ninja de rojo trataba de apaciguarlo.

- ¡Cálmate! ¿De qué errores estás hablando? Tú no cometes errores ¿Y qué quieres decir con renunciar a lo que más te importa? ¿Por eso te hiciste los cortes, para seguir trabajando? ¡Explícame!- pedía, ahora que Leo estaba hablando. En un cambio drástico de humor. El chico de azul confesó eufórico.

- ¡¡Fue tan fácil!! Si no podía levantarme de la cama o no quería hacerlo, solo debía…- termina haciendo el ademán de cortarse las venas.- También me ayudó cuando estaba triste, frustrado, molesto o distraído…siempre me sirvió para levantarme y cumplir con mis tareas, para que no me regañaran…pero…ahora, ahora ya no…- la energía había terminado, Leo ya no pudo continuar contando, pues las pocas fuerzas que tenía, se esfumaron por completo. Su vista comenzó a nublarse y su cuerpo a caer lentamente. Obligando a Rafael a sostenerlo.

- ¡Leo!- al sostenerlo, el joven de ropas rojas, sintió que el cuerpo de su hermano estaba caliente, la fiebre que tuvo en la carretera, había vuelto repentinamente.- ¡Vamos! Recuéstate.- le ayudó sin que este protestara. Mientras era cubierto con una manta, Leo logró recuperar algo de lo perdido, solo para continuar preguntándose a si mismo.

- ¿Qué me…está pasando…? ¿Por…qué, no…puedo seguir…?…por qué…ya…no puedo…seguir…ya no…puedo…ser…lo que…quieren…que…sea…-Rafael terminó de arropar a su hermano, el cual aun balbuceaba algunas preguntas. En un pobre intento de tranquilizarlo, Rafa dijo…

- Ya lo has demostrado, hermano…y en muchas ocasiones, somos nosotros los que olvidamos decírtelo. Ahora descansa…- quizás lo escuchó o solo fue casualidad, pero Leonardo comenzó a caer en un profundo sueño.

Al salir de la recamara, Rafael se tomó su tiempo en el pasillo del segundo piso, para reflexionar lo dicho por Leonardo. A su mente llegaban las diversas situaciones en las que los cuatro hermanos tomaban lecciones con Splinter, como Leo destacaba en una kata o en una patada, y en lugar de felicitarlo, lo llamaba con diversos sobrenombres como el famoso "Splinter jr." o "Mascota del profesor" por mencionar solo los más suaves. Y bueno, no solo con Leonardo se ha portado mal…también ha sido abusivo con Donatello y Miguel Ángel, pero con ellos tenía en común el que Splinter también los ignorara, cuando el roedor se centraba más en el primogénito, provocaba que ellos en varias ocasiones estuvieran en contra del mayor… ¿Es ese un pretexto? ¿Tan malo he sido con mis hermanos? Se cuestionaba.

Por fin, después de varios minutos, Rafael volvió a la cocina con la charola de Leo, intacta. Apenas entró en la pequeña estancia, todos lo observaron con atención en espera de que les dijera lo ocurrido en la habitación, pues hasta ahí, escucharon que conversaban. El semblante triste del chico de rojo, inquietó a los amigos y hermanos, quienes de inmediato preguntaron hasta los más mínimos detalles. Rafa tardó un momento en contestar…

- ¡Vamos Rafa! Dinos ¿Qué pasó? ¿Y por qué esa cara tan larga?- preguntó Casey primero.

- ¿Qué le dijiste? ¿Por qué gritó?- le siguieron los demás quelonios al tiempo que Rafa tomaba una lata de soda de la mesa, con la mente más clara y después de refrescar su garganta, contestó.

- Estuvimos hablando de lo que le dijo Splinter, lo que piensa hacer, lo que ha hecho en el pasado con…bueno…con todo y se alteró...-

- ¿De que hablaron exactamente?- preguntó Don.

- ¿De qué más va a ser? Le pregunté de todo lo que pude…sobre sus heridas, como se siente, él me habló de sus obligaciones…de varias metas que no ha podido cumplir…de Splinter.- Rafael tuvo que contar cada detalle y punto tratado con su hermano mayor, pues el resto del grupo no lo dejaría en paz, hasta que no soltara cada palabra.- Luego colapsó, la fiebre le había vuelto y tuve que dejarlo descansar.- terminó de narrar la conversación completa. Dejando a los muchachos en completo silencio. Mickey rompió el silencio preguntando…

- ¿Nos queda medicina para la fiebre Don?-

- Si, ahora subo a dársela.-

Así como Rafael, Miguel Ángel y Donatello se quedaron pensando en el pasado, en la manera en la que se tratan unos a otros, igual se preguntaban si se habían convertido en los verdugos de su propia familia, como en un articulo de Internet venía escrito. ¿Cuántas veces en lugar de apoyarse unos a otros, mejor les ponemos un alto? ¿Cuántas veces en lugar de decir algo amable, mejor nos burlamos o decimos algo estúpido? ¿Cuántas veces se necesitan para destruir a alguien? ¿Una o cien? Algo era seguro…Splinter ya había excedido el límite.

Pasaron los primeros 5 días del tratamiento con el antidepresivo, los cuales fueron muy tranquilos, ya que Leonardo aún se recuperaba de sus heridas y del fuerte resfriado, pescado en la tormenta. Por lo que solo se mantenía recostado y dormido. Hasta ahora ninguno de los jóvenes quelonios le había dicho nada, sobre la pastilla extra que tomaba, pues no sabían como decirle y este apenas si se mantenía consciente. Todos estaban ansiosos de que pronto pasara este percance y volver a empezar desde el principio.

El clima fuera de la guarida, era tan frío como dentro de esta. La ciudad se preparaba para recibir el invierno y los muchachos aún mantenían una gran distancia con su padre. Prácticamente evitaban estar mucho tiempo con Splinter en la misma habitación. El único lugar donde se toleraban unos a otros, era en el dojo y el comedor. Y de hablarse, era apenas lo necesario. El viejo roedor aún les impartía las clases, pero parecía que les hacía un favor al hacerlo, al menos eso sentían los chicos al estar junto a este. Su sensei se comportaba como un ser muy generoso al continuar instruyéndolos y estos debían agradecérselo. Splinter tendría que esperar sentado para que eso pasara…pensaban todos.

Cada movimiento, cada ayuda hacia Leonardo por parte de los muchachos, era mal visto por el anciano. Pues pensaba que este estaba exagerando sus síntomas y que solo buscaba pretextos para no continuar con sus deberes. Estaba seguro de que sus últimas palabras con su primogénito, lo sacarían de la cama, pero al correr el tiempo y al no verlo por el dojo. Su molestia para con el líder del grupo, iba en aumento. Este se volvía una vergüenza para su "Pobre padre."

Una tarde, Donatello preparaba una charola de comida para Leo, con la ayuda de Miguel Ángel. Splinter y Rafael aún estaban a la mesa terminando sus respectivos platos. El viejo roedor no quitaba la vista de la actividad de sus hijos y Rafael a la vez, vigilaba cada gesto y movimiento de su padre. Como si hablaran sobre el clima, Splinter preguntó.

- ¿Hasta cuando piensa bajar Leonardo?-

- Hasta que se le venga en gana.- sin pena contestó Rafael la pregunta. Consiguiendo que Splinter lo asesinara con la mirada.

Antes de ser testigo de una terrible guerra ó algo peor. Donatello tomó la charola de comida y se retiró a la habitación de Leonardo, dejando atrás los sonidos de una posible reprimenda por parte de su padre. Al llegar a la habitación, se encontró a su hermano dormido y cubierto con la colcha hasta la cabeza. Don dejó su carga en la mesita y comenzó a despertarlo.

- Hey Leo…a comer.- al no recibir respuesta, Don empezó a jalarle la manta para destaparlo.- Leo vamos a comer.- el cambio de temperatura al ir perdiendo la colcha, hizo que Leo fuera despertando, sin desearlo. Al verlo un poco más despabilado, Donny le sonrió y dijo…- ¡Arriba! Ya te traje la comida y espero que esta vez si te acabes todo el plato.- sin tener más opciones. Leo comenzó a levantarse para sentarse en la cama.

A pesar de llevar puesto un pijama grueso (Especial para tiempo de invierno) el chico experimento un escalofrío. Pues la temperatura estaba muy por debajo de lo normal. Curiosamente, el clima en la calle era más agradable que dentro de la guarida. Los muchachos, incluso el maestro Splinter, que cuenta con una gruesa capa de pelo para protegerse, llevaban puestos unos cómodos y gruesos suéteres.

- Hace frío.- susurra Leo.

- Si, ya revisé la calefacción pero sigue igual.- contestó Don al tiempo que coloca la charola (La cual tiene unas patitas a modo de mesa) sobre las piernas de su hermano para que empiece a comer.- Creo que tendremos un muy frío invierno ¿No crees?-

- ¡Mmm!- contestó el chico de ropa azul sin mucho interés, al tiempo que miraba su plato sin nada de apetito. Donny continuó haciendo plática.

- Quizás debamos traer calentadores a los cuartos para no tener tanto frío.- un lento movimiento de cabeza en forma afirmativa, fue todo lo que obtuvo Donny por respuesta, pero no le molestó, pues Leo se llevaba un pedazo de pan a la boca.- Y ¿Cómo sigues...aún sientes el cuerpo cortado?- El chico de bandana azul movió la cabeza una vez más para decir que no. Donatello vio que Leo llevaba la cuchara de un lado para otro del plato que contiene caldo de pollo y verduras.

- Ya no la pienses más y come ó no probarás el postre.- amenazó mostrándole el gran pedazo de pastel de chocolate, el cual, a pesar de su delicioso aroma y apetitosa cobertura. No logró tentar al joven líder.

- No soy un niño pequeño…no me trates como a uno.- apenado, Don contestó.

- Disculpa…no quise incomodarte, pero…debes admitir que tampoco eres un anciano.-

- Ahora mismo me siento como uno.-

- Es porque estás débil y has perdido mucho peso…cuando te recuperes te sentirás mejor.-

- …Mmm…- respondió Leo sin mucho entusiasmo, al tiempo que tomaba un trozo de zanahoria con la cuchara, Don hizo una pregunta que deseaba hacer desde hace mucho.

- …Leo…-

- ¿Mmm?-

- ¿Dónde está la tele y el DVD?- después de pasar su bocado, el chico de azul contestó.

- En el armario.- Don se levantó de su asiento y fue hasta el closet, al abrirlo se encontró en el piso, todos los aparatos que faltaban en la habitación.

- ¿Por qué los guardaste aquí?-

- Me distraían…en mi entrenamiento…- el cuarto era amplio y sin nada tirado en el piso, por lo que seguramente, Leo usaba su recamara como dojo.

- ¿Quieres que los devuelva a su lugar?- el chico de azul se negó con otro movimiento de cabeza.- ¿Por qué no? podrías entretenerte con la tele, ahora que no puedes levantarte.

Leonardo dejó la cuchara en el plato y volvió a negarse con un movimiento lento, pues ya tenía mucho tiempo de no ver televisión. No gustaba de algún programa en especial y a la vez de no tener interés…temía algún reproche por parte de su padre, si lo descubría viendo TV desde la cama.

Respetando la decisión de su hermano, Donatello cerró las puertas del armario y regresó a su lado, encontrándose con solo la mitad del plato terminada. Lo mismo el pan y el vaso de jugo, solo el postre estaba intacto.

- ¿Ya no quieres esto o prefieres otra cosa?-

- No gracias…no tengo hambre.-

- Mmm…bueno… ¿Qué tal si al menos te comes todo el pastel?- Leo vio de reojo la pieza de pan, la cual fue comprada en una pastelería de muy buena calidad. Pero, desgraciadamente, sus dulces encantos no cautivaron al joven líder.

- No me apetece.- Donny vio con tristeza la apatía que tenía cautivo a Leonardo, cualquier otro en su lugar y a su edad, ya habría devorado el pastel completo…habría sido lo primero que tomara de la charola, pero no su hermano…y eso le dolía.

- Está bien…descansa y mantente abrigado. Iré por el calentador, no tardo.-

Leonardo afirmó y después de retirada la charola, se volvió a recostar. Donatello salió rumbo a la cocina, donde aún encontró al resto de la familia. Por suerte Splinter ya se había retirado y los demás limpiaban el lugar.

- ¡No me vengas con tonterías!- reclamaba Rafael a su pequeño hermano mientras éste, lavaba los platos y Mickey limpiaba la mesa.- Anoche hiciste mucho escándalo en la cocina… ¿Acaso no te llenas con todo lo que tragas en la cena?- extrañado, el menor se defendió.

- ¿Yo?...creí que tú habías asaltado la cocina a media noche.- Rafael se quedó viendo fijamente a Migue, esperando poder atraparlo en la mentira, pero no. este también esperaba que Rafa admitiera su crimen, en eso llegó Donatello con la charola casi llena.

- Ya vine… ¿Qué sucede?- unos segundos después de hecha su pregunta, Rafa inició la explicación.

- ¿Escuchaste el ruido de platos anoche?- Donatello movió la cabeza para responder que "Sí."- Pues Splinter nos reclamó por el escándalo, además de nuestros malos hábitos al comer tan tarde.-

- Sí…- agregó Mickey.- Dijo que castigaría severamente al que volviera a bajar a la cocina por golosinas a media noche.-

- ¿Fuiste tú?- gruñó Rafa al joven genio, que de inmediato lo negó.

- ¡Claro que no! yo anoche me quedé dormido, después de que le di el medicamento a Leonardo. Alcancé a escuchar algunas cacerolas sonando en la cocina, pero creí que era Mickey en busca de un bocadillo nocturno…- el silencio se hizo de nuevo.

Los quelonios no tenían idea de que había ocasionado ese ruido, al menos ninguno de ellos lo había provocado. Y ni como acusar a Casey y Abril, pues ellos ya se habían retirado a sus respectivos apartamentos. Estos tenían muchas cosas que hacer y otras más por recuperar, después de su famosa aventura. El cuarto de Leo ya no albergaba a tantos huéspedes. Ahora solo se quedaban sus hermanos para cuidarle de noche.

- Entonces… ¿Quién fue?- la pregunta de Migue deja pensativos a ambos hermanos, hasta que el ninja de bandana roja observa la charola de comida.

- ¿Crees que sea Leonardo?- comprendiendo a qué se refiere, Don contesta sin dudarlo.

- ¡Claro que no! Leonardo solo puede levantarse para lo realmente necesario…si tuviera hambre, se acabaría todo lo que le servimos.-

- Pero siempre deja la mitad del plato y antes acostumbraba hacer una ronda antes de dormir. Quizás volvió a las andadas y le de hambre.- Miguel Ángel parecía convencido con la deducción de su hermano mayor, Don por el contrario, los miraba casi rogando al cielo por un poco de paciencia.

- Si los dos quisieran trabajar de detectives, con esas deducciones, se morirían de hambre y empeorarían los casos.- ambos guerreros se miraron uno al otro en silencio, para luego volver a Donny.- Leonardo no tiene la fuerza suficiente para bajar a la cocina y hacer escándalo con los trastes…ó son ustedes o una rata que no es de la familia, la que deambula en la cocina.- dicho esto, deja la charola para que la limpien y comienza a retirarse del lugar.

- ¿A dónde vas?- pregunta Mickey.

- Al cuarto de trebejos por los calentadores, hace mucho frío para Leo y le llevaré uno a su recamara.- satisfechos con la respuesta, todos regresan a sus actividades.

Los tres hermanos, cada uno por su parte, se quedaron meditando sobre el misterioso sonido de media noche. Al estar juntos en la habitación de Leonardo, llegaron a creer que se trataba de Splinter, pero ahora que este les ha reclamado…y no solo se trataba de los platos, también varios aparatos eléctricos se encendían ya pasadas las 12 de la noche…era desconcertante, pero de alguna manera darían con el culpable…eso pensaban los muchachos sin saber que vivían el principio de una terrible pesadilla.

Fin del capitulo 6.