Bueeeno chicos, aquí os traigo uno nuevo. Como os dije, esta semana tenía más tiempo libre y pude subir otro nuevo. Aun así, este finde me voy a la playa con unos amigos, asi que si no subo el capítulo nuevo el domingo por la tarde-noche, lo haré poco después.
"Lealtad" no subiré hasta octubre porque estoy ahora mismo confusa en un detallito de la historia, espero pensarlo en breves ^^
A mi defensa diré, que este capítulo es laargo. Lo es comparado con los otros capítulos que habitualmente suelen ser entre 3900-4200; sin embargo este supera las 54000 ^^
En este capítulo habrá violencia, avisado quedan los sensibles :'))
De nuevo dar las gracias a mi amiga Nat que me corrige mis fallitos (a veces fallotes) en la historia :') (y me ayudará con el lemmon que he de decir que en mi vida he escrito... pero en fin, para todo hay una primera vez.)
Fairy Tail ni sus personajes me pertenecen
CAPÍTULO 5 - NO TE HARÉ DAÑO
Mirajane había alzado de nuevo el muro interior que guardaba sus sentimientos. Caminaba erguida hacia la plaza, expectante por saber cómo sus hermanas menores habían sobrellevado la situación con Erza. Se sintió mal por haberla dejado sola en un momento que, por la actitud que había mostrado en el camino, no debió de ser agradable. Se prometió que, de ahora en adelante, trataría de apoyarla lo máximo posible.
Seguir con su vida, avanzando, era la prioridad de Mirajane. Algo que le parecía imposible cuando su mirada volvía a posarse sobre aquella casa. Con cada paso que daba, sentía como la conexión que siempre había compartido con su hijo durante la temporada que vivieron juntos, se iba marchitando. Ella sabía que nunca la olvidaría, pues seguiría habiendo algo de aquella unión, aunque no tan estrecha como cuando él aún estaba en su vientre.
Mirajane sacudió su cabeza pues ya casi había llegado a la plaza que a pesar de ser las dos de la madrugada, continuaba con los festejos. Atisbando la multitud, no pudo distinguir a sus hermanas con la facilidad con la que pensaba que las encontraría. Aún había demasiada gente, para la sorpresa de la albina. "Sí que acudieron hombres por Erza", pensó sintiéndose aún más culpable por abandonar a su hermana. Ella había esperado que esta destacara entre la multitud, pues sin duda estaría donde más hombres se arremolinaran. Sin embargo, todos los hombres se distribuían equitativamente a lo largo de la plaza.
Paseó su mirada entre la multitud hasta toparse con dos hombres sentados en la barra, sin duda los únicos no sobrios que podía encontrar en esos momentos. Se encontraban escrutando la multitud con lentitud y una mirada seria, profesional. Mirajane pensó que, a unos hombres como ellos dos, no se les pasaría que las tres princesas amazonas estuviesen allí.
Caminó hacia ellos pensando en el porqué de la visita de aquellos forasteros. Ya que no parecían formar parte de los gargarios por su estilo, debían de ser de fuera. Uno de ellos era rubio y robusto, pero aun así parecía elegante. Aunque también tenía un aire peligroso con aquella cicatriz en el ojo derecho en forma de rayo. A Mirajane le atraían las cicatrices faciales, eso fue lo primero que le atrajo de Sting quien, por lo que le había contado, era el único gargario con una de ellas.
La albina empujó sus pensamientos de lujuria hacia otro lado para enfocar su mirada analítica en el acompañante del rubio, un hombre de pelo azul. Tenía una extraña marca en el ojo derecho que le daba un toque misterioso. También parecía bastante musculado, pero sin duda no tanto como el rubio. El tono de su pelo que hacía que sus ojos esmeraldas brillasen.
Mientras se dirigía/caminaba hacia los desconocidos, observó cómo varias mujeres, que Mirajane identificó con facilidad como amazonas, se les habían acercado, insinuantes, para hacerles varias preguntas. Supuso que tendrían las mismas intenciones que toda amazona que visita a los gargarios durante la época de apareamiento tiene. Sin podérselo creer, varios pensamientos la invitaron a correr a lanzarse encima de una muchacha que había posado una de sus manos encima del bíceps del rubio para hablar con él. Pero todas eran rechazadas, para la sorpresa de la albina. No se veían como hombres pudorosos, si no que parecían entrar dentro del tipo de hombre mujeriego que hacia suspirar a cualquier jovencita.
"Concéntrate, Mirajane. Antes tienes que encontrar a tus hermanas, luego podrás continuar con tu misión.". El peliazul fue quien la vio antes. No pareció sorprenderse, pues si lo estuvo, lo disimuló muy bien. El rubio posó sus ojos en ella después, para recorrerla completamente con la mirada y sin pudor. Mirajane no se sonrojaba por aquellas ojeadas que muchos hombres le lanzaban, sabía que entraba en los parámetros de belleza de la mayoría de ellos. Sin embargo, algo en aquella mirada hambrienta la hacía temblar, "¿Cómo me hizo sentir eso?" se preguntó Mirajane mientras se refugiaba en su capa para disimular su inseguridad ante los ojos del rubio.
Miró a su alrededor en busca de otro hombre que estuviera tan atento a la multitud y le pudiese dar esa información, pues ya no se sentía tan cómoda preguntándole a ellos. Pero no había ninguno, casi todos estaban borrachos, seguramente se lanzarían sobre ella antes de escuchar si quiera la pregunta. Cuadró hombros y continuó su camino hacia ellos, convenciéndose de que solo tendría que compartir con ellos unas pocas palabras.
-Buenas noches,-dijo Mirajane, posando la mirada en el peliazul ya que si la posaba en el rubio, acabaría coqueteando como todas las amazonas que se habían acercado. Ambos la miraban fijamente.- ¿no habréis visto por casualidad alguna pelirroja, una rubia y una peliazul juntas?
Ella sabía que aquellos hombres debían conocer la identidad de las mujeres que estaba mencionando. Es más, ellos debían saber su propia identidad. Mirajane estaba acostumbrada a que a donde fuese, todos supieran sobre ella y sus hermanas.
Por otra parte, esperaba que todas sus hermanas permanecieran juntas. Porque si llegasen a separarse… "Ares nos ayude", rezó Mirajane al recordar sus temperamentos. Podían crear muchos problemas en solitario; sin embargo, cuando estaban juntas, tendían a controlarse mutuamente.
-No.- negó el rubio con una voz hosca y ronca. Mirajane no pudo evitar compartir una mirada electrificada con él que sonrió torcidamente al notarla. Para él, ella cumplía todas y más de las expectativas que se había imaginado sobre ella, gracias a los comentarios de los habitantes sobre la muchacha.
Pero lo que realmente no llegaba a entender Laxus era como podían llamarla demonio. Se veía delicada, dulce, risueña… "Sería la imagen perfecta de una ama de casa con sus hijos", pensó Laxus mientras recorría de nuevo a la albina con una expresión más hambrienta, "Nuestros hijos". Él se alegró pues de tenerla como objetivo, haría su trabajo mucho más ameno. "Y satisfactorio", añadió mientras su cabeza volaba a cierta habitación.
Mirajane suspiró pesadamente, girándose para irse.
-Gracias.
-¿Te das cuenta, Jellal?- le preguntó Laxus por lo bajo mientras la albina se alejaba.- Scarlet está por los alrededores del pueblo, no en la plaza. Ocúpate de encontrarla, yo me haré cargo de entretener a esta.
Jellal se sintió confuso por no ser él quien daba las órdenes, pero la decisión que los ojos de Laxus reflejaban mientras le hablaba, le hizo asentir, agarrar su capa negra e irse por la dirección contraria a la que Erza se había ido hace casi una hora. Varias mujeres le siguieron entre risas.
El rubio se bebió de un trago el resto de cerveza que le quedaba en el vaso, para poder llevar a cabo con su ahora más que feliz plan. Había seguido en todo momento el contoneo de las caderas de Mirajane que se adivinaban debajo de su capa escarlata. Estaba mirando con una preocupación que se reflejaban en unos ojos que escrutaban minuciosamente la multitud.
Sin prisas, se dirigió a la amazona que continuaba paseándose por la plaza. Recibiendo codazos, algún que otro manoseo, empujones y muchas interrupciones de hombres ebrios. Mirajane no tuvo problemas en rechazarlos. Le daban tanto asco como los gusanos que cuidaba (y decía que domesticaba) Lucy en su cuarto cuando eran pequeñas. Se rio ante el recuerdo de la noche en que Erza y ella se entrometieron en su cuarto, en mitad de la noche, para "liberarlos". Solo que los liberaron en el armario de Juvia. "Lo que no recuerdo es cómo pasamos del cuarto de Lucy al cuarto de Juvia", pensó Mirajane.
Una mano no le dejó continuar su búsqueda ni su hilo de recuerdos. Se giró para encontrarse con el rubio. Luego miró la mano, firme y decidida, que aún estaba agarrada a su brazo.
-Laxus- se presentó tras varios segundos en silencio.
-¿Qué quieres, Laxus?- se soltó de su mano, aunque realmente no quisiera perder aquel contacto que le transmitía seguridad. Una seguridad reconfortante tras sentirse tan culpable por haber abandonado a sus hermanas.
-Quería ayudarte, se te ve bastante perdida y preocupada.-dijo entre gritos pues se encontraban entre un gentío que gritaba y bailaba a su alrededor.
-Puedo hacerlo yo sola.
-Vamos, te puedo proteger de cualquier borracho que se te tire encima.- dijo intentando coquetear con la muchacha, pero solo recibió una sonrisa... Una sonrisa que desde el punto de vista de Laxus, era un tanto… Escalofriante.
-¿Crees que no me puedo defender por mí misma?
-No te estoy diciendo eso… Eres amazona, sois salvajes y eso…
-¿Salvajes?- preguntó manteniendo aquella sonrisa. Laxus comenzó a sudar en frío, él nunca había tenido tantos problemas a la hora de llevarse a una mujer a la cama. "Diablos, sólo suelo necesitar dos o tres palabras y ya se tiran a mis brazos."
-No, no, no. No me refiero salvajes a… compararos con animales. Sino más bien… Eeeeh… - se quedó pesando en como expresar lo que quería decir, revolviéndose el cabello.
-¿No tener marido para ti es ser una mujer asalvajada? ¿Necesitamos dueño para que nos domestiquen? ¿Cómo animales domésticos? -preguntó Mirajane, pero sin dejarlo responder- Mira, déjalo, tengo cosas que hacer y no puedo gastar mi tiempo con hombres como tú.
Mirajane desechó de su cabeza cualquier idea que tenía sobre mantener alguna relación ya sea sexual o de amistad con aquel hombre. Podía resultar completamente sexy y arrebatador, pero había resultado ser un completo machista, y ella no aguantaba a los hombres como él. "¿Qué pasaría si volviese a tener un hijo y lo educase con esa mentalidad?", se preguntó Mirajane mientras ignoraba aquella extraña conexión que la empujaba a los brazos de aquel robusto hombre.
-Te vas del asunto, sólo quiero ayudarte.- respondió divertido, siguiendo a la albina.
Laxus se enfrentaba a un nuevo reto: ligar con la mujer más bella que había conocido, y también la más fuerte y respondona. Algo en su interior se arremolinó emocionado. Sería un reto difícil. "Con una recompensa muy dulce", pensó Laxus antes de recibir una cachetada muy fuerte de Mirajane.
-¡Que me dejes sola!
-Te estoy diciendo que dejes de mancharme mientras comes-le pidió una rubia que apoyó la frente en sus palmas, lastimosa. Había perdido de vista a todas sus hermanas, y en vez de salir a buscarlas, se encontraba tomando pollos asados (sí, en plural por el gran apetito de aquel hombre que se hacía llamar Natsu) con él. Parecía buena persona para la vista de Lucy, pues la había hecho reír en varias ocasiones aunque estuviera triste. Pero de modales sabía bien poco-. Oye, Natsu… Cuando acabes eso, me ayudaras a buscar a mis hermanas, ¿verdad?
-Cdfbsdfbardfbsd Lukjiobugi.
-¡Te estoy diciendo que me llamo Lucy!- le respondió Lucy que misteriosamente había entendido todo lo que había dicho el pelirosa.
-Oye, ¿pero que tenemos aquí?- preguntó un hombre misterioso rubio que se acercó a la rubia por detrás, rodeándola con el brazo. Lucy le miró con asco pero este le sonrió, mostrando una boca llena de dientes marrones.- ¿Querrá la princesa amazonas bailar conmigo?
-No, gracias, estoy con un amigo.- le respondió Lucy, alejando su rostro del hombre, quien se había acercado demasiado, invadiendo su espacio personal. "Huele demasiado fuerte a alcohol", pensó Lucy asqueada.
-Oh, vamos, insisto.- el hombre volvió a acercarse, dejando de nuevo su rostro a la misma distancia que anteriormente- Te aseguro que yo tengo más experiencia… En todos los sentidos, respecto a este crío.
-No, lo siento.- Lucy casi iba a perder el equilibrio tras haberse alejado tanto del hombre buscando espacio.
-No seas testaruda, deja que…
-Te está diciendo que no.-interrumpió Natsu quien había dejado la comida para agarrar el hombro del hombre y empujarlo lejos de Lucy. Esta miró con admiración la mirada seria y decidida del muchacho. "Parece un hombre totalmente distinto", pensó maravillada.
-¿Qué te crees, niño?- preguntó el hombre que se acercó amenazante, cuadrando hombros contra Natsu.
-Alguien que te puede dejar en el suelo de un solo puñetazo.- le respondió crujiéndose los nudillos. Lucy posó una mano en el bíceps de Natsu, para intentar pararlo. Mas sólo consiguió que dejase de andar hacia el hombre y se plantase amenazante justo al lado de Lucy.
-Oh, a ver si dices lo mismo cuando te deje llorando por tu mami en el suelo.
Varios hombres se habían parado para observar divertidos la escena, y se arremolinaban a su alrededor. Pero la diversión fue corta.
El hombre levantó un puño que Natsu sujetó con facilidad, como si el atacante no ejerciera fuerza alguna. Luego lanzó un gancho derecho con la otra mano libre que le quedaba. El gargario cayó al suelo en el momento, de un solo golpe, confundido por el dolor y desorientado por culpa del alcohol. Natsu se agachó para darle otro puñetazo que lo mandó al mundo de la inconsciencia.
-Ya no despertará hasta mañana.- le dijo Natsu a Lucy sonriente antes de volverse hacia su comida.
-Natsu, grac…
-¡Estas aquí!- gritó Mirajane abalanzándose sobre su hermana entre lágrimas.-Estaba muy preocupada, ¿y las demás?
Lucy casi no podía respirar por el fuerte agarre de su hermana, pero tampoco puso objeción alguna pues se alegraba de volver a estar con ella. Ahora solo deberían de encontrar a Erza y Juvia.
-Eh, Natsu.- le llamó Laxus quien había aparecido tras la albina, mirando con desaprobación al hombre inconsciente antes de fulminar a Natsu con l mirada. Este dejó de comer y miró a Laxus con sorpresa. No captó el aura peligrosa de Laxus, por lo que esbozó una sonrisa.
-¡Ei, Laxus! ¿Qué tal te va la noche con Jellal?- preguntó con toda la naturalidad y despreocupación que lo caracterizaba. Laxus suspiró, definitivamente no había hecho caso alguno a Jellal cuando explicaba los pasos que deberían seguir para que la misión fuese un éxito.
-Juvia, por favor, quítate de encima.- le pidió por vigésima vez aplicando un poco de fuerza sobre sus hombros para separarla, sin resultado alguno pues era casi como una caricia para la amazona.
-Juvia no puede vivir sin Gray-sama.- respondió la peliazul que nunca se había sentido más cómoda como se sentía entre los brazos de Gray.
-Lo sé, Juvia, lo sé. Ya me lo has dicho.- A Gray nunca le habían dicho aquellas palabras, ni había encontrado a alguien tan abierto en lo que sus sentimientos se respectan. Sin embargo, el tiempo que había pasado con esa muchacha, había equivalido a toda una vida llena de palabras empalagosas y cursis.- Pero, de verdad, llevo sin poder moverme casi una hora porque no te quitas de encima. Tengo las piernas entumecidas.
Juvia apartó a regañadientes y con tristeza para que su amado se levantase del taburete donde lo había abrazado por primera vez. Primera y única, pues en esa hora no se había separado de él.
-Si le dolían las piernas de estar Juvia encima, debería habérsela quitado.
-No quería empujarte y hacerte daño.- dijo mientras se masajeaba los muslos. Un rubor apareció en el rostro de Juvia. "Se preocupa por Juvia, siente algo por Juvia", pensó con el corazón acelerado.
-Gray-sama es tan considerado.- dijo mientras se lanzaba para apretarlo de nuevo entre sus brazos. Entonces, una mano la agarró de un puñado por su capa, haciendo que se elevara del suelo.
-¡Juvia!-la llamó Mirajane con una de esas sonrisas que te hacían correr por salvar tu vida.-Lucy me contó cómo te has portado en mi ausencia… No está bien, hermanita. Lo sabes, ¿no?
Juvia miró asustada a su hermana, permitiéndose únicamente asentir. Gray suspiró aliviado al ver a Natsu siendo casi arrastrado por Laxus.
-Bien, solo nos falta encontrar a Erza.- dijo Mirajane mientras Juvia hacia pucheros mirando a Gray.
-Mira, Juvia no puede separarse de su amado…
-Juvia, mañana volveremos, tranquilízate.- Mirajane suspiró ante la nueva actitud de su hermana. Nunca la había visto aferrarse tanto a alguien, mas esta no debía de ser el momento. Su otra hermana estaba ilocalizable, y no en la mejor de las situaciones posibles.- Debemos de encontrar a Erza.
Juvia tardó varios minutos en recapacitar sobre las palabras de su hermana, dándose realmente cuenta de la verdadera situación en la que se encontraban. Había abandonado a su hermana aun siendo este un mal momento para ella. Un sentimiento de culpabilidad, muy parecido al de Lucy y Mirajane, recorrió a Juvia de pies a cabeza.
-Juvia lo siente, Gray-sama. –dijo Juvia mirando tristemente al muchacho-Mañana Juvia volverá y lo buscará.
-¿Esto es una despedida? Os dije que os íbamos a ayu…
-¡Ya!- le cortó Mirajane. Miró firmemente al rubio, con una mezcla de tristeza y preocupación.- Necesitamos encontrar a nuestra hermana y solo nos ralentizáis.-marcó estas palabras mirando al pelirosa quien sonrió.- Está claro que por más que busquemos, en la plaza no está… Vamos a buscar en los alrededores, no nos sigáis.
-Pero…- comenzó a decir Natsu, pero la mirada de Lucy lo calló al momento.
-Es urgente.-cortó esta.
-¿Mañana volveréis?- preguntó Laxus directamente a Mirajane. Durante el tiempo que habían estado hablando cuando buscaban a sus hermanas, había descubierto que no resultaba ser un hombre simple, machista. Tenía un trasfondo que salía a deslumbrar cuando tocaba algunos temas sensibles para el rubio.
La amazona reconoció a un hombre con una faceta de chico duro. No podía resistir querer saber que había llevado a aquel hombre a tener que construir aquella faceta.
Las dos mayores asintieron al unísono, al contrario que la menor que asintió varias veces seguidas, mirando a Gray. Se despidieron de los muchachos y se alejaron de la plaza en cuanto pudieron.
-Es culpa de Juvia, si Juvia no hubiera salido corriendo… Erza no se hubiera quedado sola.- dijo Juvia con tristeza.
Iban en camino de la fuente más cercana, era una de las zonas que debían de rastrear en busca de su hermana. Además, a Lucy le venía bien quitarse algún que otro rastro de suciedad que el pelirosado había dejado en su ropa.
-No, Juvia no es tu culpa. – dijo Lucy quien a su vez se culpaba de haber salido corriendo detrás de Juvia sin procurar que su otra hermana la siguiese.- Es mía también…
-Venga, chicas. Erza es fuerte, no le habrá pasado nada, estamos hablando de la Reina Scarlet.
Mirajane le sonrió a ambas, mas en su mente se formaban ideas totalmente distintas. Ella había abandonado la primera a sus hermanas, todo a pesar de que Erza se encontraba totalmente ida. Ella era la responsable y la mayor; la que debía de llevarse toda la culpa.
Anduvieron hasta la fuente, que no estaba muy lejos de la plaza, cuando para su sorpresa encontraron cierto objeto que las hizo imaginar lo peor.
-Mirajane, Juvia… Mirad.- cogió el trozo de tela que flotaba en la fuente. Lucy se había acercado a limpiarse cuando se dio cuenta de que un pequeño trozo de tela azul oscuro flotaba.- Esta es justo la tela y el color de la falda de Erza.
-Está manchada de sangre.- dijo Juvia cubriéndose la boca de espanto y con los ojos rebosantes de lágrimas.
-Hay un rastro de sangre.- Mirajane miraba el suelo con el ceño fruncido. Sin espera alguna, sus otras dos hermanas la siguieron.
Habían pasado diez minutos desde que Kagura entró en la casa. Erza había insistido en que la muchacha llevase su capa puesta para que sintiera la fuerza de su pueblo con ella mientras se enfrentaba a su última prueba antes de la libertad. Tras ponérsela y darle palabras para que recuperase su confianza, la muchacha entró.
Erza se prometió que no entraría ni aunque escuchase gritos de pelea, pues comprendía que eso era un paso que solo Kagura podía dar. Aun así había algo que no iba a dejar pasar, se mantenía pendiente por si escuchaba algún grito de auxilio o sonido de algún golpe. No dudaría en entrar.
La amazona sabía que Kagura no estaba en condiciones de pelear, ni siquiera estaba segura si sabía cómo golpear sin hacerse ella misma daño al dar el golpe. Había visto los movimientos de aquel hombre, eran toscos y bruscos. No sabía pelear. Si a eso le sumabas el hecho de que estaba claramente borracho, confiaba en que no le diera muchos problemas a su ahora nueva amiga.
Sin embargo, Erza no conocía aquel hombre. Por eso se pegó a la puerta, pendiente de cualquier ruido.
Al principio solo fueron voces, luego fueron gritos. Erza se enorgullecía de que los gritos de Kagura contra las palabras de su marido fueran casi tan fuertes como las del propio hombre. "Eso es, alza tu voz", la animaba Erza. Escuchaba como armarios y cajones se cerraban. "Está haciendo las maletas y él no ha llegado a las manos.", sintió más tranquilidad pues el tiempo había pasado y solo llegaban a las voces. Fue entonces cuando lo escuchó. Un golpe seco. Luego, silencio.
Echó la puerta abajo con la ayuda de su propio peso. Todo estaba hecho un desastre. Erza comprendió que no estaba haciendo las maletas cuando escuchaba tanto ruido, estaban revolviendo todos los muebles. Aunque eso tenía pinta de haber sido un arrebato de furia de él. Se encontraba en el fondo de lo que en su momento fue el salón. El animal se volvió furioso hacia la amazona
-¡Tu!- dijo señalándola y acercándose sin resto alguno del miedo que sintió en la calle en su último encuentro.- ¡Tú tienes la culpa de esto! ¡Tú, zorra amazona!
Erza no lo pensó más.
Corrió hacia él y comenzaron a luchar. El puño de la amazona voló hacia su costado, haciendo gemir al hombre que se mantenía ocupado agarrando un afilado cuchillo de una estantería. Sonrió triunfante ante lo que creía él que era el objeto de la victoria adjudicada.
Erza se mantenía atenta a los cortes que el hombre daba al aire, en busca de un poco de la carne de la pelirroja. Mas no obtuvo resultado. Por su parte, la amazona se dedicó a dar golpes en todos y cada uno de los puntos ciegos del hombretón. Con el paso del tiempo, él sólo consiguió infligir ciertos moratones a su rival a causa de los empujones que le daba contra los muebles de la casa. Sin embargo, ella utilizó una de sus estampidas para propinarle una patada desde el suelo en su brazo. El cuchillo voló peligrosamente por el aire. Incorporándose rápidamente, se tiró encima del hombre para golpearlo sin detenimiento. Fue en ese momento en el que ninguno dudó sobre la superioridad de la amazona en el arte de la lucha.
El hombre aprovechó el momento en el que se separaron para escapar.
En cuanto se aseguró de cerrar bien la puerta, se miró en busca de heridas. Sólo había sufrido un corte en su mano al intentar doblarle la muñeca que sostenía el cuchillo. El corte era lo suficiente profundo como para necesitar varios puntos, cierta mujer peliviolácea no estaría nada feliz cuando volviese aquella noche.
Acordándose de Poluchka, Erza corrió por la casa en busca de Kagura. Buscó en lo que debía de ser el baño, la cocina, el almacén y al fin, dio con la habitación de matrimonio donde Kagura se encontraba inconsciente. La causa había sido un golpe en la cabeza tan fuerte que le había hecho perder la consciencia. La amazona corrió a comprobarle el pulso para certificar que aún estaba viva. Sonrió feliz al notar las pulsaciones regulares de la muchacha. Agarró la capa negra de mujer que había a su lado, junto a una bolsa llena de las pocas pertenencias que había reunido Kagura. Tras haberse puesto la capa que resultó ser mucho más gruesa que las que solía llevar, y coger a caballito a Kagura. Salió de la casa, por el camino por donde vino.
Tenía mucha prisa por volver al pueblo, pero todas las calles le parecían las mismas. Fue entonces cuando algún dios de arriba decidió darle un golpe de suerte a la amazona.
-¡Erza!- escuchó los gritos de sus hermanas al final de la calle.
Tres figuras escarlatas comenzaron a correr en su busca. Cuando estuvieron lo suficiente cerca, Erza pudo ver sus lágrimas. Fueron a abrazarla con fuerza cuando vieron la figura encapuchada con la capa de su hermana en su espalda. La miraron confusas, expectantes por la explicación. Sin embargo, no había tiempo que perder.
-Se llama Kagura, será una nueva hermana en Terma.- y no necesitó darle más explicaciones pues se acercaron para verla con más claridad y pudieron observar sus heridas y moratones.
Mirajane y Lucy se ofrecieron a portarla con delicadeza dado que Erza necesitaba vendarse aquella mano para que dejase de sangrar. Habían iniciado su vuelta a casa, serpenteando por aquellas calles, cuando varias voces interrumpieron el interminable parloteo que Juvia había iniciado sobre las cualidades de Gray.
Todas se volvieron para ver la figura de cuatro hombres que se acercaban decisivos hacia ellas. Erza reconoció a uno de ellos como el marido de Kagura. "Fue a por ayuda", susurró la amazona muy bajo para que ninguna de sus hermanas la oyese.
Sus hermanas miraron aún más confusas a Erza, en busca de alguna explicación del porqué aquellos hombres parecían tan enfadados y se acercaban tan amenazadoramente a ellas.
-Id adelantándose, Kagura necesita atención de Poluchka urgentemente.- les dijo sonriéndoles, mostrándoles tranquilidad. Mirajane fue a protestar, pero Erza la interrumpió al momento- Cuatro hombres, aún desarmada, no son mucho para mí. Sólo necesito saber el camino de vuelta.
Sus hermanas vacilaron, pues aunque les preocupaba la situación de Erza, ella era su Reina. Aquellos individuos no tenían nada que hacer contra la Reina amazonas.
-Sigue recto esta calle, llegarás al bosque. Giras a la izquierda nada más sales y rodeas la ciudad hasta encontrar una piedra con cuatro símbolos raros, ahí esperara Juvia para guiarte por el bosque.
-¿Por qué no quieres que Juvia se quede contigo, Erza? De todas maneras, Juvia esperara por ti allí.
-Es mejor no tenerte por aquí, Juvia. Esos hombres son rencorosos y no quiero que te asocien a este acontecimiento. Con que me recuerden a mi, es suficiente.
-Pero a Juvia no le importa lo que piensen aquellos hombres.- dijo Juvia apenada.
Erza no iba a involucrar a su hermana en ello, ¿qué si la perseguían como a ella? ¿Cambiaría la ilusión de Juvia por ver los gargarios cada año cuando recibese las amenazas de aquellos hombres en el momento más inesperado de su visita?
Aunque Juvia fuese una amazona, no imaginaba a su hermanita teniendo que luchar en aquellas fiestas donde las amazonas guardaban las hachas de guerra y se divertían por una vez al año. Todas menos Erza, el hacha venía casi incluida en su mano. Nada ni nadie le harían esconder su hacha de guerra, o al menos eso pensaba. Por eso, a Erza no le importaba aquella situación.
-Ve- le impuso como su Reina. Todas obedecieron y abandonaron a la pelirroja en aquel combate.
-Esta es la que se llevó a mi Kagura.- escupió el hombre aún con las heridas abiertas de su anterior encuentro.
-¿Dónde está?- preguntó uno de los hombres, el más delgado de todos.
Erza no respondió. Ella no hablaba con animales, y ese no iba a ser el primer día. Y a este ritmo, nunca hablaría con ningún hombre. Todos parecían animales para Erza.
-Ya nos lo dirás cuando te estemos follando por cada agujero que tengas en ese lindo cuerpo tuyo.- rio otro sopesando su cuchillo.
-¿Te vas a ofrecer o tendremos que darte lo tuyo?- preguntó el último que quedaba por hablar.
Erza hizo oídos sordos a los comentarios sobre como la iban a violar cuando acabaran con ella, pues lo consideraba una manera de autoconvencimiento de su propia fuerza. Su manera de subir su ego para la pelea. Uno que estaba demasiado alto para su situación. Y pronto se lo haría comprender.
El primero que atacó fue el que había mencionado su preferencia por ser el primero en violarla. Este esperaba que aún fuese virgen debido a que era su primer día de su primera época de apareamiento. Portaba un cuchillo carnicero que cortó la mejilla de Erza superficialmente tras varios intentos. Sin duda, tenía un dominio del cuchillo superior al marido de Kagura. Aun así, la capucha de Erza no cayó hacia atrás por poco, aunque prácticamente le daba igual pues todos los presenten conocían su identidad.
Agarró el codo del brazo con el que había extendido el cuchillo y le dio un golpe seco. Le hizo gemir y luego gritar, pues le dio una patada en la entrepierna. Dejando a este en el suelo, se dispuso a recibir al siguiente que se acercaba por detrás para amenazarle con el cuchillo en el cuello.
Se giró rápidamente, para la sorpresa de este, dándole una patada en el costado que lo hizo estamparse contra la pared. Para la felicidad de Erza, se había golpeado tan fuerte la cabeza que había quedado inconsciente al momento.
El tercer hombre llegó demasiado rápido sorprendiendo a Erza, y consiguió atraparla. La estampó contra la pared cercana a donde yacía el hombre inconsciente. Presionándola contra la pared, hizo que su daga recorriera su cuello y fuera bajando lentamente; creando un hilo de sangre por donde pasaba pero sin conseguir quejido alguno de la amazona. Su daga empezó a romper la tela que cubría la parte delantera de su blusa, dejando ver un poco de escote.
El marido de Kagura y el primer atacante, se levantaron para unirse a su otro amigo, felices de haber concluido su misión de atrapar a la amazona. Sin embargo, Erza aprovechó que toda la atención del hombre estuviese en su escote para hacer una llave que su madre le había enseñado poco antes de morir. Se alegró de estar tan bien en forma, pues la llave había necesitado de todas sus habilidades físicas.
El hombre cayó por los aires, golpeándose la cabeza y quedando inconsciente. Erza sonrió, pues con otro hábil movimiento noqueó al marido de Kagura, dándole en un punto especialmente doloroso a sabiendas, justo donde le hizo caer la vez anterior. Una vez en el suelo, le propinó un puñetazo que le rompió la mandíbula y la nariz. El momento de disfrute de Erza al ver la cara sangrante del hombre tuvo su parte negativa para la amazona pues el hombre que quedaba en pie, el de la patada en la entrepierna, aprovechó el momento de despiste para hacer lo que el otro no pudo, poner una daga en su cuello.
-Levántate muy despacito.- le ordenó el hombre con una sonrisa de victoria.
Se levantó lentamente, aún espaldas al hombre. Intentó pensar en alguna manera de escapar de aquella situación.
-Pon tus manos en tu lindo trasero, pero no detrás de la capa, por encima.-continuó ordenándole a la muchacha. El tiempo corría y Erza aún pensaba en alguna táctica.- Eso es. Ahora quiero que…
-Será mejor que la sueltes.- dijo una voz grave y suave pero que emanaba fuerza.
-¿Quién eres tú?
-Suéltala.
Hizo lo que ordenó al sentir que la mano que le había agarrado el brazo con la cual mantenía sujeta la daga, no le dejaba moverse. Además, tenía otra daga en su cuello. En cuanto soltó la suya, esta cayó al suelo, creando un tintineo. Al retirarla, también fue liberado de la amenaza de la otra daga, lo que aprovechó para huir despavorido por donde vino. Huyó sin ver la identidad del rescatador, sentía demasiado miedo para volverse a ver la cara de aquel individuo.
Erza, por su parte respiró aceleradamente agradeciendo que aún portara su capucha, a pesar de la pelea. Sin duda, el tejido de la capucha de Kagura era mucho más pesado que el de Erza con diferencia y gracias a ellos, aquel desconocido no sabía su identidad.
-Se fue, puede darse la vuelta, no le voy a hacer daño.-dijo suavemente su rescatador, mientras se preguntaba que hacía una muchacha de los gargarios a tales horas por las calles. Que él supiera, solo había amazonas, pero estas portaban una capa escarlata, no una negra. Y sin duda alguna se trataba de una mujer, pues aquellas manos eran inconfundiblemente femeninas.-Mi nombre es Jellal Fernandes, a su servicio.
Espero que no me odiéis mucho por como lo dejé jjajjjaja
Y aquí vienen las contestaciones a las reviews que en serio, ayudan mucho y animan :)
Rikket: Cuando leí tu review te juro que me reí un montón, habías acertado totalmente con lo de Kagura jajajajaja En un principio iba a hacer que hubiera pelea y tal, pero luego pensé mejor en como iba a desarrollar el siguiente capítulo y vi suficiente pelea en este con lo cual no me merecía poner pelea en ese. Pero vamos, acertaste de lleno jajajajaja De Lucy y Natsu deberas esperar aun un poco, estos capítulos están orientados a que las parejas tengan su primerencontronazoflechado (?) jajajaja Y pues, queda todavía historia para ver como Natsu utiliza sus "técnicas" para ligarse a Lucy jajajajaaja También tendrás que esperar al siguiente sobre el encuentro xD Y muchas gracias por lo de mis exámenes y la review^^
kat-dreyar: Pues si, eso ha sido una escapada romántica para Natsu jjajajajajja Pues si, la relacion mira/laxus avecina se sangrienta cuando Mira muestre su lado demonio jajajajaja
Tobitaka97: Sii, esta es mi semana de libertad ^^ Me alegro que quieras más y te haya gustado el anterior capítulo :3
AmeliaCipri: De nada! El jerza se hace de rogar jajajajajajaja Pero en el siguiente capítulo habrá algo ^^
Muuchas gracias por las reviews, por leer, por seguir, por favs, etc... ~
