Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc. Nadie gana ningún beneficio económico con esta historia ni se infringen deliberadamente derechos de autor.

Notas de autor: Feliz Semana Santa a todo el mundo. Seáis creyentes o no, al menos vienen bien unos días de vacaciones y esta autora va a estar muy ocupada escribiendo.^^

Dedico el capi de hoy a KhrisTB, muchas gracias por tus comentarios.


Vacaciones en Marsella

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06.

Harry observaba a Draco Malfoy y a Luna Lovegood desde algún sitio donde no era contemplado, intrigado por el ritmo de la conversación: no podían estar discutiendo, porque Luna sonreía a veces e incluso le dirigía una mirada de conmiseración al otro. ¿Y si quería marcharse ahora que Ernie había regresado a casa? Días después de la conversación en las rocas, Ernie anunció su marcha; al parecer, Ron y Hermione ya lo sabían, porque no se sorprendieron, y nuevamente se preguntó si volvía a vivir en Hogwarts donde pasaban cosas a su alrededor y él era el último en enterarse.

Al parecer, Ernie, cuya intención siempre había sido quedarse con ellos temporalmente, decidía, dos días atrás, marcharse a casa con su esposa y su otra hija.

"Barshella ya es adulta", le había dicho Hermione, algo impertérrita ante su sorpresa, "no es como si tuviéramos que vigilarla". No, de acuerdo, Ernie tampoco pintaba nada allí, si bien Harry pensó en su compañía constante durante todo el viaje. Y se lamentaba pensando el momento elegido por su ex compañero de colegio. Quizá si se hubiera ido antes, ahora él y Draco...

"¿Qué estoy pensando?", se dijo, aún oculto tras una pared para no ser visto, "Draco me rechazó. Era obvio, no es como si fuese a lanzarse a mis brazos como si yo fuera el amor de su vida". Pero aquellas noches en los pubs... y los juegos de toalla en las mañanas soleadas, y sus pullas, que encerraban ahora una constante pasión. Harry hubiera jurado la existencia de algún vínculo entre ambos, una química rodeándoles en cualquier lugar que ambos frecuentaran juntos. Draco no parecía interesado en las mujeres, no había tratado de ligar con ninguna, aunque tampoco proclamaba a viva voz que prefiriera a los hombres. Quizá su hijo Scorpius...

—Señor Potter...

—¡Joder! —¿es que en esa familia todos se movían a la velocidad de la luz y con un silencio sepulcral? Harry trató de recuperarse del susto, mientras un adolescente Scorpius, de pie ante él, observaba la misma estampa reflejada en los ojos del moreno.

—Perdón, Harry, no quería asustarte —Scorpius pasó a tutearlo, tal como se le había pedido, añadiendo una divertida sonrisa y señalando con la cabeza—. ¿Por qué te escondes? No es como si hubieras pillado a mi padre con Luna en actitud indecorosa.

Harry se rascó la nuca, nervioso. Ese Scorpius era muy peligroso, a pesar de tener la edad de Albus. Sin embargo, se dijo en cuanto las palabras brotaron de sus labios, él siempre sabía tener un diálogo con un Slytherin.

—¿Es que podría haber una actitud así entre ambos?

—¿Te decepcionaría? —Scorpius lo miraba intensamente, con esos ojos grises, demonios, ese chico llevaba lanzándole miradas de ese tipo durante todo el viaje, miradas que hicieron a Harry notar un bulto en su garganta. Trató de tragar, ¿cómo era posible que el primogénito Malfoy lo intimidara?

—Luna está casada y ella es feliz, así que no...

—No lo decía por Luna, Harry —el moreno frunció el ceño, aún más confundido, pero entonces Scorpius salió de allí y Harry volvió a su cuarto. Lo último que necesitaba era que Draco supiera que ahora andaba espiándolo; esperó que Scorpius no le dijera nada. Aún debía caerle bien, ¿no? Él era el Elegido y todo eso, el chico parecía tener una especie de admiración aún intacta.

Se sentó en la cama y acarició su varita. La varita que hubo arreglado con la Vara de Saúco. Su densidad y peso eran diferentes a aquella con la que derrotó al señor oscuro: la varita de Draco. Por lo que sabía, el rubio se había conseguido otra, porque la de Draco estaba ahora, curiosamente, de exposición en una sala del Ministerio. Seguramente no querría volver a tenerla en sus manos después de haber sido tocada por él...

"Por Merlín, parezco un adolescente despechado. Claro que Draco se consiguió una nueva varita. Sus lealtades cambiaron, y también su mentalidad, él ya no era la misma persona, no hubiera podido blandir de nuevo esa varita".

Diez minutos después, una presencia irritante y familiar lo sacó de sus cavilaciones: Draco Malfoy se acercó a la cama de Ernie y depositó una enorme maleta, que abrió y con un hechizo certero y rápido, envió toda la ropa al armario. Harry pestañeó, curioso, tragando saliva al notar su mirada establecerse durante demasiado tiempo sobre aquellas posaderas.

—Vaya. Es un buen hechizo —el rubio ni siquiera se volvió a mirarlo, cerró la puerta del armario, colocó la maleta junto a la pared y se marchó.

Harry apretó su varita, furioso.

—Genial. Ahora Draco Malfoy no me habla.


En la cena, Luna y Ron hablaban de ciertos objetos muggles y contrastaban su veracidad con Hermione, mientras Albus, Rose y Scorpius entablaban una conversación sobre el origen de Hogwarts. Los chicos de Luna charlaban con James sobre algunas travesuras vividas en el colegio, mientras Barshella reía y parecía adorar a su chico con la mirada. Draco estaba callado y sombrío, y él no se atrevía a decirle nada por miedo a que el buen rollo vacacional se esfumase de un plumazo. Poco después, James y Barshella informaron que saldrían a pasear por la playa, y Lorcan y Lysander se fueron a jugar con Albus, Rose y Scorpius un juego de magos. Harry aún no entendía cómo Draco podía comer en la misma mesa que Ron y no burlarse de él. Sabía bien el desprecio aún no disimulado hacia los Weasley; al parecer algo sospechaba respecto a su hijo y Rose, aunque no se pronunciara.

"Tampoco es como si fuera a hablar conmigo de ello", se rindió Harry, y se unió al juego de los chicos para entretenerse.

—Bueno, chicos, voy a dormir, estoy molido —informó Harry levantándose.

—Estás viejo, papá —se burló Albus, ensanchando esa hermosa sonrisa que tanto le recordaba a él. Se acercó para depositar un beso en su frente, y Albus protestó—. Eres un pegajoso. Ni siquiera mamá me besa tanto.

Scorpius, tras recoger las fichas de la mesa, añadió:

—No seas idiota, Al. Está bien que tus padres te muestren afecto. Mi madre también es muy cariñosa, y lo prefiero así —el moreno lo miró, estupefacto. ¿Pues no le hacía confesiones ahora? Ese chico nunca dejaría de sorprenderlo.

—Son formas de ser —intervino Rose, la inteligente e intrépida Ravenclaw, con las manos en las caderas—. Que no te besen no quiere decir que no te quieran. Mi padre es bastante rancio, pero nos demuestra su cariño de otra manera.

Harry sonrió. Sí, Ron no era muy dado al afecto, salvo con él y Hermione; ni siquiera a sus hermanos les prodigaba mucho contacto físico, ¿por qué sería? ¿Quizá por los peligros compartidos? La Sala de Menesteres. Draco le había abrazado entonces, en un instante en el que parecía fuera de sí. Seguramente, Draco no era consciente de cuánto lo apretaba sobre la escoba; aún recordaba el dolor en sus costillas. Y lo extrañaba. Llevaba unos días deprimido y nostálgico, ¿por qué se había fijado en ese rubio inalcanzable? No iban a tener otro final diferente a la separación, el mundo no tejía intrincados encuentros para parejas tan dispares.

Rose le besó cariñosamente en la mejilla y Harry la respondió, no sin antes escuchar cómo la muchacha le susurraba al oído "no cambies, Harry". Ese fue todo el ánimo que necesitó para ir a la cama de buen humor.

Harry se despertó, sobresaltado. Agarró su varita de forma inconsciente; aún la guardaba bajo la almohada; era difícil deshacerse de ciertos hábitos. Se incorporó enseguida cuando vio una figura entrar y ejecutó un Lumos entre la oscuridad: una figura familiar y totalmente vestida de negro se tapó la cara con los brazos.

—¡Maldita sea, Potter, vas a quemarme las retinas! —Harry bajó la varita, notando su corazón acelerarse.

—Ah... eres tú —Draco volvió a ir hacia el armario y pronunció un hechizo. Inmediatamente después, unas ropas acudieron a sus manos; las dejó sobre la cama y comenzó a quitarse las que llevaba puestas. Harry miró la varita, aún en sus manos. No le había lanzado ningún Confundus, ¿verdad? ¿Por qué Draco estaba quitándose la ropa delante de él?—. Ah... ¿qué haces?

Esta vez, Draco se volvió; aún llevaba los pantalones.

—Quiero dormir. ¿Es muy raro que quiera quitarme la ropa de la calle para dormir? —oh, vaya, seguía de mal humor.

—¿Vienes de la calle? ¿No es un poco tarde?

—Soy mayor de edad, Potter, no un ridículo adolescente —le espetó el rubio, deshaciéndose de la prenda. Unos deliciosos y apretados slips blancos se ajustaban a su cuerpo, aunque Harry no podía verlo en todo su esplendor; la habitación estaba a oscuras; mejor, se dijo, y se tapó con las sábanas de nuevo. No quería discutir, y definitivamente, no quería saber nada más de ese idiota redomado.

El sol se filtraba a través de las vaporosas cortinas del cuarto; Harry suspiró, aún sin abrir los ojos. Dormir sin pesadillas era tan maravilloso... y allí, junto a la costa, de noche, el calor no era un estorbo para descansar. Desperezándose, abrió los ojos para encontrarse con enormes orbes verdes, limpias y una sonrisa socarrona.

—Papá, eres el último. ¿Qué estuviste haciendo anoche?

Harry se giró, llevándose las sábanas consigo: la cama debía estar gloriosamente deshecha a esas alturas, el moreno deseó deshacerlas de otra manera que no fuese dormir. Albus se colocó sobre él y pronto se enzarzaron en una batalla de cosquillas; las risas llenaron el cuarto, hasta entonces silencioso y tácito. Un muchacho rubio apareció y sonrió al verlos.

—¡Scor, ayúdame a levantar a papá! Quiere estar todo el día en la cama, ¡ja,ja,ja,ja!

El rubio dudó un momento antes de coger a Harry por las piernas y depositarlo en el suelo con suavidad. Las piernas del Elegido estaban increíblemente duras, los entrenamientos de los aurores no debían ser cualquier cosa.


En la playa, desde que Ernie se marchó, Draco Malfoy se alejaba del grupo; ya no reía con Harry, ni jugaba con su toalla, ni le fastidiaba. Era tan obvio que Hermione se dio cuenta.

—¿Qué ha pasado entre tú y Malfoy? —susurró la chica a Harry mientras este leía El Quisquilloso, apoyado en el codo y aparentemente divertido por los chistes. El moreno alzó la vista, y toda alegría se esfumó de su rostro.

—Malfoy y yo nunca nos hemos llevado bien, no sé a qué viene esa sorpresa.

Harry volvió a hundir su cabeza en la lectura mientras Hermione lo observaba.

—Te gusta —cuando Harry alzó la vista, era Hermione quien miraba al infinito—. No hacías estupideces desde que te gustaba Cho y te he visto mirándole en la mesa más de lo necesario.

A Harry se le aceleró el corazón. Si ella se había dado cuenta… no quería que sus hijos supieran nada; Albus tenía esa sensibilidad de notar cosas alrededor y el adolescente Malfoy probablemente, también. ¿Y si ambos se enteraran de algo así? Tal vez se acabarían las vacaciones para todos; quizá el próximo en marcharse fuera ese rubio caliente. Decidió cerrar el periódico; de nada serviría llevarle la contraria a Hermione; al menos, agradeció que hubiera sacado el tema cuando los demás estaban bañándose en la playa o paseando, o jugando a las raquetas muggles, como su sobrina Rose y Albus.

—Sí, ¿y qué? ¿Qué tiene que ver que me guste para que adopte ese comportamiento de aislarse de todo el mundo?

—Bueno, es obvio que un cambio de comportamiento tan repentino justo cuando comenzaba a entrar en el círculo es debido a alguna acción; y a nosotros, Malfoy solo nos habla lo justo.

—Se habrá enfadado con su hijo —resolvió Harry, molesto, con cierto tono de rabia.

—Y por eso te evita a ti.

—Yo no le hice nada, demonios —Harry cambió la postura en su toalla—. Solo se lo dije, ¿es que debería haberme quedado callado? Con Draco nunca sabes cómo acertar; si te acercas a él te rechaza, sin embargo se atreve a hacer bromas conmigo; salimos a tomar algo a un pub y de repente está de lo más solícito; volvemos a casa y me insulta. Hermione, te agradecería que, si supieras cómo llevarle, me escribieras una redacción de esas que tanto esfuerzo ponías en Hogwarts. Porque, sinceramente, para mí es un enigma.

—No diré que es fácil de entender, porque mentiría; pero Harry, ¿cuándo te han gustado a ti las cosas fáciles? Creo que precisamente te atrae por su compleja personalidad. Acuérdate de lo que estudiamos en clases de Astrología: los géminis tienen cambios de humor sin causa aparente.

—¿Y esto no podría ser un cambio de humor? —quiso saber, apartando el periódico a un lado.

—No. Sus cambios de humor duran poco y con este ya van tres días en los que ni siquiera te insulta.

Harry la miró a través de sus gafas de sol. Si eso fuese así, ¿por qué se habría mudado a la cama que utilizó Ernie? A Draco Malfoy no le gustaba un pelo dormir en el mismo sitio donde hubiese dormido alguien... un momento... ¿quizá sí le apetecía dormir en la cama de Ernie por algún motivo?

—¡Arrrgh! —se desesperó, despeinándose—. Si no me quiere ni ver no entiendo por qué se ha mudado a mi cuarto: podría haber echado a Albus de su cuarto y haberlo enviado conmigo.

—Albus y Scorpius son adolescentes. Necesitan su espacio.

—Albus es mi hijo, y no es la primera vez que duermo con él.

No hubo tiempo para más; James y Scorpius llegaron junto a los gemelos Scamander y se tumbaron en las toallas para jugar a las cartas, y Harry y Hermione formaron equipo con ellos. Poco después volvieron a la casa a tomar té. Harry estaba derrengado y decidió subir a echarse un poco; no había contado con la presencia del rubio Malfoy, y ambos se chocaron a la salida.

—Perdona —se disculpó el moreno enseguida.

—No sé para qué tienes esas gafas si no ves, Potter —anda, mira, un insulto. Malfoy no estaba tan grave de lo suyo, a pesar de todo—. ¿Te ríes? ¿Te hacen gracia mis insultos?

—Es que pensaba que no me hablabas —dijo el otro sin rodeos, y Draco hizo una mueca y le dio la espalda para marcharse.

—¿Sabes qué dice mi hijo?

Harry parpadeó. No se habría chivado de haberle espiado el otro día, ¿no?

—Scorpius dice que conocerte merece la pena; que todo lo patoso que eres no hacen sino mostrarte más encantador. A veces me pregunto si es hijo mío.

El moreno sonrió sin poder evitarlo, sobre todo al notar ese deje de tristeza en la cara del otro.

—Bueno. Me alegra saber que en la historia de los Malfoy al menos uno de ellos fue capaz de sentir aprecio por mí. Siempre he dicho que mi hijo elige bien sus amistades, pero ahora estoy seguro de eso —y se giró para toparse con su cómoda cama, sin darse cuenta que Draco lo observaba con cierta sorpresa y curiosidad.

Harry sabía que oír halagos de un Malfoy era extraño, y se preguntó si la amistad con Albus había influido en la opinión de Scorpius. Obviamente, ni los Greengrass ni los Malfoy le habrían animado a sentir aprecio por el héroe, por lo que debía ser gracias a Albus y quizás a Rose. Por Merlín, si Scorpius estaba saliendo con una Weasley y adoraba a Harry Potter amenazaba el gran imperio Malfoy de decenas de generaciones. De repente, tuvo cierta simpatía por el chico, al convertirse sin duda en la oveja negra de la familia.


CONTINUARÁ

Para los que hayáis leído la mayoría de mis fics, en mi perfil he creado una encuesta, os agradecería os pasarais a comentar, solo os tomará un segundo. Me ayudará para saber qué tipo de futuros fics escribir.

Muchas gracias a todos los que leéis y me dejáis vuestras opiniones. Besos.