Capítulo VI: El Baile de los Fawley
Tres leves golpes en la puerta de su habitación despertaron a Draco Malfoy aquella mañana.
-Adelante –logró modular mientras bostezaba.
Su madre entró con una sonrisa en el rostro y una bandeja en las manos:
-Te he traído el desayuno –le anunció, sentándose a los pies de su cama, mientras Draco se acomodaba.
-Gracias –su madre hacía aquello en contadas ocasiones: cuando volvía de Hogwarts, cuando a él le daban sus ataques de ansiedad o cuando ella quería pedir algo. Era bastante obvio que esta vez se trataba de lo último-. Bien… ¿qué es lo que quieres pedir? –le preguntó mientras recibía la bandeja.
-¡Oh! –exclamó Narcissa- Sólo quería conversar contigo después del incidente del otro día.
-¿Y bien? –volvió a preguntar Draco mientras decidía qué comer primero.
-¿Qué es lo que realmente te molesta de aquella chiquilla Weasley? –preguntó su madre sin más.
-Madre, si pudieses escoger entre cualquier… sangresucia y mi padre, ¿a quién escogerías? –preguntó Draco mientras untaba una de sus tostadas con mantequilla.
-¡A tu padre, por supuesto! –Narcissa ni siquiera tuvo que pensarlo.
-Pues en este caso es lo mismo con Potter y conmigo. Esa chiquilla Weasley que tú llamas no lo dudaría ni por un segundo, madre.
-¿Significa eso que tú no tendrías inconveniente… -Narcissa iba a decir "en casarte con ella", cuando vio cómo el semblante de Draco comenzaba a cambiar, así que decidió cambiar de táctica- en… pasar tiempo con ella?
-¿A qué te refieres, madre? –preguntó él, sin entender lo que ella quería.
-Cariño, Ginevra Weasley no fue criada en cuna de oro como tú, creo que eso es bastante obvio para todos. Que ahora sea la heredera de una cuantiosa cantidad de dinero no cambia el hecho de que no sepa comportarse en sociedad. Si tú estuvieses en la misma situación, ¿no te gustaría tener alguien a tu lado en quién confiar y a quien preguntarle todas las cosas que no te atreves a preguntarle a nadie más?
Draco la miró por varios segundos, su madre era muy astuta:
-¡No si esa persona es un maldito ex mortífago! –le espetó- Madre, ¡por Merlín! Detente un poco y piensa lo que estás diciendo. Tú también perdiste una hermana en esta guerra. Tía Bella puede no haber sido lo que alguna vez fue al momento de su muerte, pero debió haber un tiempo en el que la amaste.
-¿Qué tiene que ver tu tía Bella en todo esto? –preguntó ella, comenzando a enojarse.
-En que la gente ha perdido mucho más que sus fortunas después de la guerra, madre, y esas son cosas que se quedan contigo para siempre y no las va a cambiar un simple gesto de amabilidad de mi parte –a Draco lo impresionaba a veces la capacidad de su madre de encerrarse en una burbuja y no querer ver más allá de su propia comodidad.
-Lo único que quiero es que limpies tu nombre, Draco –algo había tocado la fibra de su madre, Draco podía verlo en su cara-. Si nadie te ha tomado siquiera como su amigo no es sólo porque fuiste un mortífago, sino porque sigues comportándote como tal. ¡Sigues juntándote con la misma clase de gente con la que te juntabas cuando ibas al colegio y aquello no te pinta más que como un hombre que no se arrepiente de sus estúpidas decisiones! Si no quieres ir a ofrecerle tu amistad a la maldita Weasley al menos podrías intentar de juntarte con gente decente.
-La gente decente no quiere juntarse conmigo –le espetó Draco, que ya había perdido el apetito.
-¡Por supuesto que no! –le gritó Narcissa- Por algo son gente decente, ¡por Merlín!
Abrió la puerta y desapareció tras ella antes de que Draco pudiese pensar en alguna respuesta.
-¡Estoy rodeada de idiotas! –la oyó gritar desde el pasillo.
-Maldición –susurró Draco mientras cerraba los ojos e intentaba tranquilizarse. Sabía, por supuesto, que su madre tenía razón. Pero no creía que ella entendiese la vergüenza que él había sentido al estar siquiera en el mismo salón repleto de gente que Ginny Weasley, ¿cómo podía explicarle aquello a su madre si en realidad ella no lo quería entender?
Tomó otra tostada y la untó con mermelada, sin muchas ganas ya de seguir comiendo.
-Supongo que tendré que hacer algo al respecto… -susurró, muy seguro de que se terminaría arrepintiendo de todo aquello.
Ginny estaba paseándose por los pasillos del segundo piso cuando el gran reloj del salón anunció las siete de la tarde. Un momento después golpearon la puerta. Inspiró una gran bocanada de aire mientras intentaba tranquilizarse: «Recuerda el plan… recuerda el plan» se repitió así misma, pues ya no había forma de librarse de aquello.
Theodore Nott le había enviado un hermoso vestido azul dos días antes del baile, con una pequeña nota:
"Me tomé la libertad de encargar este vestido para ti. No tienes que usarlo, pero a mí no me servirá de nada si me lo devuelves.
Theodore."
A Ginny aquel gesto no le auguraba nada bueno y no le gustaba para nada que Nott se tomara la libertad de escoger un vestido para ella. En cualquier otro momento Ginny se hubiese aparecido en la mansión Nott para dejarle bien en claro que ella no era una muñeca que él pudiese decidir cómo vestir, pero sabía que no podía hacerlo, aquella era su oportunidad de descubrir algo y era bastante consciente de que jamás encontraría un vestido mejor que el que le estaba regalando Theodore.
La voz de Nott saludando a la señora Longbottom la volvió a la realidad y supo que ya era tiempo de bajar. Se alisó el vestido una vez más, a pesar de que sabía que estaba en perfectas condiciones, y se dispuso a bajar las escaleras lo más lento que fue capaz.
Theodore Nott notó su presencia de inmediato y se permitió observarla con atención: el vestido que había escogido para ella era, sin duda, hermoso, con una tela azul transparente que hacia arriba se metalizaba con encajes y pequeños cristales que destellaban cuando se encontraban con algún rayo de luz; llevaba también un recatado escote que cubría gran parte de su pecho pero que dejaba en descubierto parte de sus hombros, y donde el vestido terminaba nacían pequeñas mariposas hechas de tela azul que aleteaban cuando Ginny caminaba. Sin duda había escogido el vestido perfecto para ella y no tenía duda de que llamaría la atención una vez llegaran al baile. Aun así, le había sorprendido que ella decidiera usarlo; sabía que estaba tentando a su suerte cuando le había enviado el vestido, y una parte de él había esperado que apareciera en la puerta de su mansión los días posteriores, pero Ginevra Weasley había decidido usarlo de todas formas.
-Señorita Weasley –Theodore hizo una pequeña reverencia para mostrar cortesía y le sonrió.
-Señor Nott –dijo Ginny cuando bajó el último escalón, inclinó levemente la cabeza, y le devolvió la sonrisa.
-¡Ginevra, te ves espléndida! –exclamó Augusta.
-Gracias, señora Longbottom –Ginny sintió cómo se sonrojaba un poco y no sabía qué más decir.
-Por un momento temí que me dijeran que te habías lastimado –dijo Theodore de pronto y Ginny agradeció que no fuese un alago, no hubiese sabido cómo reaccionar ante aquello además de un escueto "Gracias".
-Pensé descender con mi escoba desde el segundo piso hasta el jardín y fingir que me había caído del balcón –mintió Ginny, aun sonriendo-, pero entonces escuché el carruaje y ya no me dio tiempo de planear nada más.
-Prométeme que no saltarás del balcón de los Fawley, pensarán que yo mismo te tiré y no es buena propaganda –le pidió Theodore.
-Haré lo mejor que pueda –respondió ella.
Nott le tendió su brazo y ella lo tomó. Le parecía casi una broma tener que ir con él al baile, en especial porque ni siquiera se conocían realmente, y tenía muy claro que para él, ella no era sólo un proyecto de obra social.
-Buenas noches, señora Longbottom –se despidió Nott.
-Buenas noches, Theodore. Cuídala mucho -la señora Longbottom parecía complacida de que Ginny estuviese haciendo contactos con la alta sociedad, aun cuando los detestara tanto-Buenas noches, querida, que tengan una linda velada.
-Buenas noches, señora Longbottom –se despidió ella también.
Nott abrió la puerta y ella sintió como un golpe el frío viento de otoño, y casi deseó que Nott hubiese tenido el gesto de regalarle también una chaqueta que hiciese juego con aquel vestido.
-No te preocupes, en el carruaje se está mejor –le aseguró él, como si hubiese podido leer sus pensamientos.
-¡Wow! –exclamó Ginny sin querer. Aquel carruaje no se parecía a nada que ella se hubiese imaginado jamás, ni menos aún, que hubiese visto. El carruaje era negro, excepto por las ruedas, de un plateado que casi brillaba por sí solo, y por las decoraciones en el techo y en los bordes. Dos caballos negros tiraban de él, pero no se veía a nadie para manejarlo. A los costados tenía unas hermosas lámparas para iluminar el camino y en la puerta Ginny pudo distinguir lo que parecía ser el escudo de la familia Nott. Ginny hubiese preferido mil veces tener que aparecerse en la fiesta mediante magia que subirse a aquel carruaje que debía costar más que todas las posesiones de ella y sus hermanos juntos, pero también prefería no arriesgarse a destruir aquel vestido mientras lo hacía.
Theodore evitó reírse de la auténtica sorpresa de Ginny ante su carruaje, no por deferencia, sino porque sabía que debía ser muy cuidadoso con ella. Un paso en falso y todo lo que había planeado se iría a la mierda.
-Es un carruaje muy bonito –dijo Ginny por fin.
-Debes tener más cuidado con tus reacciones –la reprendió él-. Yo sé que no estás acostumbrada a cosas como estas, y todo el mundo en la fiesta lo sabe también. Pero es tu deber no darles el placer de verlo por sí mismos. Si hubieses tenido esta reacción con cualquier otra persona, lo que escucharías el resto de la noche sería: "Ginevra Weasley jamás ha visto un carruaje en su vida".
-Está bien –respondió ella, mordiéndose los labios para no soltar que en realidad jamás había visto un carruaje en su vida. Luego recordó que los estudiantes de Beauxbatons habían llegado en uno a Hogwarts en su tercer año y se sintió mejor: ya había conocido dos carruajes en su vida, aparte de los de Hogwarts que eran tirados por Thestrals, pero no sabía si aquello contaba-. A todo esto, gracias por el vestido –dijo Ginny, a quien en realidad no le había gustado aquel gesto, por muy bien intencionado que fuese, pero sabía que de todos modos debía agradecerlo.
-No pensé que lo usarías esta noche, pero me complace haberme equivocado.
-No tenía nada mejor que usar, la verdad –aquello era cierto. Sabía que no tenía nada más a la altura de aquel vestido.
-No te preocupes –dijo él mientras la ayudaba a subir al carruaje-. Ya habrá tiempo de solucionar eso.
Ginny estuvo a punto de preguntar a qué se refería, pero entonces vio el interior del carruaje y olvidó lo que iba a decir. Aquel lugar era más grande que su pieza en la madriguera.
-Esto es una broma –dijo ella mientras se sentaba y Theodore se metía dentro del carruaje. ¡Aquella cosa incluso tenía una licorera!
Theodore apuntó con su varita hacia los caballos y susurró: "Mansión Fawley". Ginny podía ver en su rostro la gracia que le hacía tenerla allí sentada en su carruaje.
-¿Por qué querías venir a este baile conmigo? -preguntó Ginny- Estoy segura de que nadie espera que asistas a esta clase de cosas.
-Quiero comprobar una teoría –respondió él, con tranquilidad, como si fuera de lo más normal ir invitando gente a bailes elegantes para comprobar teorías.
-¿Y bien? –exigió Ginny.
Theodore sonrió, pero esta vez no era aquella sonrisa de falsa simpatía, esta vez tenía un toque de maldad. Supuso que no valía la pena ocultarle la razón principal por la que la había invitado, acabaría por descubrirlo ella sola de todas maneras:
-El día de tu presentación vi a Draco Malfoy correr despavorido del baile. Estoy seguro de que él no tenía ni la menor idea de que tú eras la nueva sucesora y, al verte, recordó su pasado y se asustó tanto que salió corriendo. Ahora, Draco Malfoy no suele faltar a esta clase de eventos, aunque te aseguro que los disfruta aún menos que tú. Mi teoría es que cuando tú entres en el salón, lo veremos escabullirse como la rata que es.
A Ginny le impresionó la sinceridad de Theodore, pero más le impresionó el hecho de que él pensara que a Draco le asustara la presencia de ella.
-¿Tiene esto que ver con el hecho de que Malfoy le pidiera matrimonio a tu novia? –le preguntó Ginny entonces, incapaz de callarse la pregunta.
Theodore la observó por un momento, y Ginny estuvo casi segura de que la iba a tirar del carruaje, pero se contuvo y respondió:
-Sí.
-Ya veo –dijo ella, aliviada de seguir allí dentro-. Entonces nos podremos ir una vez compruebes o deseches tu teoría, ¿cierto?
-No –la respuesta de Theodore no daba pie a alegatos-. También te llevo para que puedas aprender.
-¿Aprender qué? –quiso saber Ginny. Dudaba que pudiese aprender algo de toda aquella gente.
-A sobrevivir en este mundo. Ahora mismo tienes la ventaja de haber pertenecido al Ejército de Dumbledore y ser la heredera de una gran fortuna, pero créeme que lo único que quiere esta gente es verte caer.
-¿Qué hay de ti? ¿Acaso no quieres lo mismo?
-No. No me interesan esa clase de cosas. Me da lo mismo lo que pueda pensar la gente de ti, Ginevra –sonrió Theodore y Ginny sabía que decía la verdad-. Pero creo que tú me puedes ayudar tanto como yo a ti. Yo llevo toda una vida haciendo esto, tú ni siquiera llevas una semana en sociedad.
Ginny suspiró, con la seguridad de que todo aquello sólo sería divertido para Nott.
El baile de los Fawley estaba repleto de gente y de bandejas que levitaban solas ofreciendo aperitivos y pequeñas muestras de comida a los asistentes. Draco Malfoy no había considerado por ningún segundo faltar a aquel evento, a pesar de que hubiese preferido mil veces poder quedarse en casa. «Ya no puedo darme esos lujos» pensó él mientras tomaba de una copa de champagne que había conseguido de una de las bandejas.
-Las Fawley están perdiendo su toque, ¿no lo crees? –Draco reconoció la voz a su espalda casi de inmediato, y apuró otro sorbo de champagne antes de voltearse a saludar a Pansy Parkinson.
-Dudo que hayan tenido el toque alguna vez –le respondió él con una sonrisa-. Te ves muy bien, Pansy –y como era costumbre entre las personas del status de Pansy y el suyo, le tomó la mano para besarla.
-Gracias, Draco –sonrió ella, satisfecha-. Tú luces cada año peor, así que estoy bastante agradecida de que ya no me vinculen contigo.
Draco no le hizo caso:
-Escuché que te vas a casar. ¡Felicitaciones!
-Oh, gracias –sonrió aún más-. Tampoco es que sea un gran logro conseguir que alguien te ponga un anillo –respondió ella-. Excepto, claro, si eres un ex-mortífago.
Draco sonrió. Pansy tenía misteriosas maneras de regodearse ante la gente sobre sus logros, por muy pequeños que estos fueran.
-¿Quién es el afortunado? –continuó él, como si nada.
-Un millonario sangrepura estadounidense que se dedica a los negocios. ¿Puedes creer que allá los sangrepura trabajan? Uno pensaría que la gente es más cuidadosa con la fortuna de su familia, pero ya ves, en todas partes se acaba el dinero, así que no te sientas mal por estar a meses de la banca rota, cariño. Si sé de algún trabajo para ti en su empresa, te pondré en buenos términos.
-Te lo agradezco, Pansy –Draco bebió otro sorbo de su champagne-, aunque tampoco creo que me agrade mucho la idea de trabajar.
-Oh, cariño, no te culpo. Supongo que Blaise te dio la noticia –Draco notó una leve ansiedad en los gestos de Pansy cuando mencionó a Blaise.
-Yo diría que me enteré por accidente –Draco no estaba dispuesto a darle esa satisfacción a Pansy, en especial porque Blaise realmente parecía afectado por la situación.
-¡Ay, por favor! Yo sé que está ignorando mi invitación –refunfuñó Pansy-. Dile que se está comportando como un imbécil, todo el mundo sabe que así es como funcionan las cosas en este mundo. ¿Tú irás?
-Para ser sincero, no he recibido ninguna invitación –le respondió él, aunque sabía muy bien que ella lo había hecho a propósito.
-Por supuesto que no, todo el mundo sabe que salimos juntos, pensé que sería extraño invitarte –le soltó ella, como si fuese la cosa más obvia del mundo-; pero realmente quiero que todos estén presentes para que me vean ir al altar con un hombre millonario. En especial ustedes dos.
-Estaré ahí si eso es lo que quieres –concedió él.
-¡Muy bien! –Pansy se alegró al escuchar aquello- Y lleva a Blaise, estoy segura de que no será tan terrible cómo él piensa que será.
-Lo intentaré –sonrió él.
-Bien. Te dejo ahora, cariño –le dijo ella con una sonrisa-, me ha costado mucho desvincularme de tu nombre y no quiero que vuelvan a haber rumores.
-Adiós, Pansy, que tengas una linda velada –se despidió él.
Pansy había dado ya la vuelta cuando algo la detuvo, dudó un momento y luego se giró nuevamente hacia él.
-Draco –su expresión había cambiado, al igual que su tono de voz-, realmente lamento lo de Daphne y Astoria. Sé que, a pesar de la situación de vuestra relación, eran importantes para ti.
Draco asintió, incapaz de decir algo más porque no sabía si realmente se merecía aquellas condolencias.
Pansy se alejó en silencio y Draco se quedó ahí parado, bebiendo el último sorbo de su champagne. Era bastante consciente de que él era uno de los principales motivos de la ruptura en la amistad de Daphne y Pansy. Hace mucho que él y Pansy habían terminado su relación, pero había cosas que Pansy no perdonaba, y una de ellas era que una de sus amigas tuviese intenciones de casarse con uno de sus ex novios. Era una cosa de orgullo más que sentimentalismo. Para Pansy, él era un trofeo, y no le agradaba la idea de que alguien más lo tuviese.
Draco dejó su copa vacía en una bandeja que pasaba a su lado y miró a su alrededor; no valía la pena retrasar más su trabajo aquella noche: presentarse ante la mayor cantidad de mujeres que hubiesen asistido a aquella fiesta y bailar con las que pudiesen tener una gran fortuna a su haber.
Apenas se bajaron del carruaje, Ginny supo que Theodore había planeado muy bien todo aquello. Había una gran fila de carruajes esperando llegar frente a la puerta principal y Ginny estaba calculando cuánto tendrían que esperar cuando Theodore abrió la puerta del carruaje para bajar:
-Vamos –le dijo, tendiéndole una mano para ayudarla.
Ginny no tenía experiencia en nada de lo que a bailes se refería, pero estaba muy segura de que aquello no era lo que se suponía que se debía hacer, y lo confirmó cuando Theodore se escabulló tras unos matorrales mientras le indicaba con la mano que hiciera lo mismo.
-¡Por Merlín, Nott! –susurró Ginny cuando llegó a su lado.
-Hay una puerta por aquí –le informó él, mientras rodeaba la mansión.
-Hay una gran puerta principal por allá –replicó Ginny, que estaba segura de que se caería en cualquier momento-, en caso de que no lo hayas notado.
-Acá está –exclamó Theodore, cuando al fin la encontró-. Ven, entra.
Y antes de que Theodore pudiese sacar su varita para iluminar el lugar, Ginny ya había murmurado "Lumos". Theodore se ahorró los comentarios de lo rápido que aquello había sido y decidió encaminarse por el pasillo después de cerrar la puerta.
-Hay una escalera hacia el segundo piso, por acá –le dijo, mientras apuraba el paso-. Ah, aquí está –y desapareció por una angosta escalera de caracol antes de que ella tuviese ocasión de decirle que esperara.
Ginny subió con mucho cuidado, pues no estaba acostumbrada a los zapatos de tacón y aquella escalera de piedra no tenía ninguna baranda en la cual sujetarse si llegaba a perder el equilibrio.
-Ya casi llegamos –le informó Nott, que la esperaba al final de la escalera.
-Uno pensaría que estas grandes mansiones gozan de mayor seguridad –comentó Ginny, cuando llegó a su lado.
-Sí que la tienen –respondió él.
-Entonces, ¿cómo…?
-Vamos –la apuró él, mientras se encaminaba hacia otro pasillo.
Ginny lo siguió de mala gana, aún con la varita en alto, iluminando el lugar. A mitad de camino comenzó a escuchar el murmullo de las personas de la fiesta conversando.
-Ya casi llegamos –le informó Theodore, y se detuvo al final del pasillo para volverse hacia ella-. Espera aquí y cuenta hasta treinta. Caminarás derecho, yo te estaré esperando.
-¿Por qué…? –comenzó Ginny, que no tenía un buen presentimiento ante aquella idea.
-Porque si te ven salir conmigo desde un pasillo a oscuras tendrás a toda esta gente cotilleando al respecto en menos de una hora.
-De todas maneras van a estar cotilleando por el hecho de que esté contigo en la fiesta –reclamó Ginny.
-Confía en mí –le dijo él, y antes de que ella pudiese reclamar nuevamente, él ya había desaparecido en el pasillo.
-Maldición –susurró Ginny, y decidió que lo mejor que podía hacer era contar hasta treinta. Cuando iba en veintiuno se dio cuenta de que tenía que apagar la varita y volver a esconderla en su pierna derecha, en un sutil encaje que Augusta le había obsequiado para que siempre tuviese su varita consigo en esa clase de eventos. Se alisó el vestido una vez más y apresuró el paso por el pasillo en que había visto desaparecer a Theodore.
De inmediato vio a la gente conversando animadamente a lo lejos, y un poco más allá se encontraba Theodore con la mirada hacia el primer piso, buscando a alguien.
A pesar de lo que dijera su entrenadora, Ginny tenía una excelente visión periférica, y casi de inmediato captó a quien Theodore se empeñaba en buscar, y sin poder contenerse, fijó su mirada hacia abajo, mientras seguía caminando hacia Theodore, abriéndose paso entre las personas que conversaban en el segundo piso.
Draco Malfoy había captado los murmullos de la gente a su alrededor y se había dado vuelta para ver quién se encontraba a punto de bajar por la gran escalera que conectaba el gran salón con el segundo piso. Ginny hubiese podido jurar de que antes de que se voltease, Malfoy estaba sonriendo, pero a penas sus ojos se encontraron con los de Theodore sus labios se cerraron, formando una línea. Ginny tuvo la sensación de que ambos se encontraban luchando por no sacar sus varitas y arreglar todos los asuntos pendientes que tenían ahí mismo; entonces, casi como si Malfoy lo hubiese adivinado en el rostro de Theodore, sus ojos se posaron en los de ella. Hubo un breve momento en que Ginny no supo reconocer la expresión en el rostro de Malfoy, pero sólo duro un instante, y luego el pánico se apoderó de su rostro, Ginny lo vio muy bien. Sus ojos se abrieron desmesuradamente y sus labios se separaron, y supo entonces que Theodore tenía razón: por algún motivo, Draco Malfoy temía su presencia.
Se obligó entonces a mirar hacia Theodore, quien todavía miraba fijamente a Malfoy, pero ahora con una sonrisa de satisfacción en sus labios, como si acabase de ganar una gran apuesta. Aquello le bastó para comprender por qué habían dado todo aquel rodeo para lograr entrar en la mansión, Theodore Nott no quería que se esparciera el rumor de que él y Ginny Weasley acababan de llegar, no quería darle a Draco el tiempo de huir antes de poder ver su reacción. Y lo había logrado. Cuando Ginny volvió a dirigir su mirada hacia Draco, él ya no estaba.
-Ven –Theodore estiró su mano hacia ella-, vamos a bailar.
Ginny sopesó por un momento la idea de irse de allí, pero luego recordó que no había ido para pasar un momento grato, sino para intentar conseguir información, así que aceptó la mano que Theodore le ofrecía y bajaron juntos las escaleras. A pesar de que mantuvo su vista fija en un cuadro del salón, no fue ajena a las miradas que la gente les dedicaba a ambos.
-Es gracioso, ¿no lo crees? –le preguntó Theodore, mientras sus ojos se desviaban de los de ella para mirar a su alrededor.
-¿Qué es gracioso? –preguntó Ginny, sin saber a qué se refería. Él le sonrió y casi parecía que se estuviese burlando de ella y de la manera en que no podía ver las cosas que otros veían en aquel mundo que aún era tan extraño para ella.
-La manera en que te vigilan, en la que te rodean y tú ni siquiera te das cuenta. Te observan, porque eres un gran partido, pero hacen como que no existes porque no pueden aceptar que alguien de tan baja cuna posea más que ellos.
Ginny apretó los dientes:
-No creo que sea gracioso –le respondió ella.
Theodore la había guiado a la pista de baile y ella ni siquiera se había dado cuenta la ir discutiendo con él. Así que cuando él tomó su posición y la música comenzó a sonar, ella no tuvo más remedio que bailar.
-Todos aquí quieren creer que son mejor que tú porque siempre han vivido en este mundo –continuó él mientras daban los primeros pasos-, pero la verdad es que no lo son, y es eso lo que lo hace tan gracioso: ver cómo todos se tendrán que tragar el orgullo en algún momento.
-¿No significa aquello burlarte de ti mismo también? –preguntó ella, sin poder contenerse, y para su sorpresa, él volvió a sonreír.
-Todo este mundo es algo que le importaba a mi padre, por eso es que lo aborrezco tanto. Así que de vez en cuando me aparezco en algún baile para recordarles lo ridículos que son.
-¿Cómo es que aún te invitan? –se sorprendió ella.
-Porque sigo teniendo más dinero y más estatus que ellos, y cuando aquello pasa, la gente te quiere tener de su lado.
-¿Por eso bailas conmigo ahora? ¿Yo soy tu manera de burlarte de ellos?
-Creo que no te has dado cuenta de que yo soy tu manera de que ellos no se burlen de ti. Al menos no frente a ti –al ver que Ginny fruncía el ceño, sin entender, Theodore se explicó-. En la despedida de Daphne no eras más que una aparecida con un título. Ahora no sólo tienes un título y una cuantiosa herencia esperando a por ti, también tienes un aliado de tu parte.
-¿Qué significa eso? –no sabía si darle las gracias o una patada en las canillas.
-Significa que desde ahora en adelante, siempre que sea tu deseo, gran parte de tu educación estará a cargo mío.
-¿Y qué ganas tú con eso? –a Ginny todo aquello le daba muy mala espina y sabía que a Neville tampoco le gustaría escucharlo.
-Mientras yo esté cerca de ti, Draco Malfoy lo pensará dos veces.
-¿A qué te refieres? –preguntó Ginny sin entender qué tenía que ver Malfoy en todo aquello.
-¿No te lo ha explicado Augusta? –preguntó Theodore extrañado.
-¿Explicarme qué?
Theodore no le respondió de inmediato, pues el vals que estaban bailando se había acabado. Se separó de ella con delicadeza e hizo una pequeña reverencia, y Ginny se apresuró a responderle con una inclinación también. Dos segundos después comenzó a tocar un nuevo vals y Theodore volvió a ofrecerle su mano para que bailara con él.
-Draco Malfoy –le respondió entonces- está al borde de la ruina.
Ginny recordó entonces uno de los artículos que había leído sobre Theodore, en los que se hablaba del triángulo amoroso de él, Daphne Greengrass y Draco Malfoy.
-Por eso es que le propuso matrimonio a Daphne –prosiguió él-, era su manera más rápida de asegurarse de no perderlo todo.
-¿Y ella lo sabía? –preguntó Ginny, extrañada.
-Sabía que Malfoy tenía problemas económicos, y también era consciente de la gran fortuna que ella misma iba a heredar; pero su vanidad era más grande y a ella le gustaba pensar que al fin había conquistado el corazón de Draco Malfoy.
-Hay algo que no entiendo –confesó Ginny, después de pensarlo un poco-: ¿por qué crees que castigas a Malfoy apadrinándome a mí?
-¿Aún no lo entiendes? –preguntó él, y a Ginny le parecía que estaba intentando no reírse- Casarse con el futuro Lirio sigue siendo la forma más rápida de conseguir una gran fortuna.
El impacto que tuvieron en Ginny aquellas palabras la hicieron olvidar que estaba bailando y Theodore por poco tropieza con ella.
-¿Estás insinuando que Draco Malfoy quiere casarse conmigo? –si hubiese podido gritarlo, lo hubiese hecho, pero aún era consciente de la cantidad de gente que los rodeaba y no tenía ninguna intención de armar un escándalo.
Theodore la miró con severidad y volvió a retomar la posición de baile que ella había arruinado:
-Si paras de bailar como lo has hecho ahora –la reprendió Theodore- estarás comunicándole a todo el mundo de que estamos hablando de un asunto tan importante que algo de lo que he dicho te ha alarmado.
-¡Pero si es lo que acaba de suceder! –respondió ella, que ya comenzaba a enojarse.
-No importa si lo sea, jamás debes demostrarlo. Y con respecto a lo de Malfoy, no creas ni por un segundo de que él no lo ha considerado.
-Eso es ridículo. Él jamás se atrevería –respondió Ginny, que después de ver huyendo a Draco Malfoy esa noche sabía que él tenía un mínimo de vergüenza.
-La pobreza es un modo de vida muy difícil para alguien que se ha criado toda su vida creyendo que crecerá para ser el dueño del mundo, Ginevra.
-Malfoy sabe muy bien lo que todos nosotros pensamos de él –replicó Ginny, que ya se estaba cansando del tema-. Él y su familia se han pasado la vida insultando a la mía, sin mencionar todo el daño que nos han hecho. Jamás se atrevería a acercarse a mí siquiera.
Theodore sólo se limitó a asentir, no para darle la razón, sino para acabar con la discusión. Sabía que ya había logrado sembrar en ella la duda y la desconfianza hacia Malfoy, y aquello era suficiente.
En algún momento, y él estaba seguro de ello, Malfoy intentaría acercarse a ella, y cuando lo hiciese, Nott pensaba infligir el mayor dolor posible.
Draco Malfoy se había apresurado hacia la primera habitación vacía que pudo encontrar cuando recordó que había traído el carruaje de la familia para aquella ocasión. Maldijo en voz alta y supo que no le quedaba más opción que irse en él, era casi una vergüenza pedir que trajeran su coche cuando los invitados aún estaban llegando, pero se alegró de no tener que aparecerse en la pequeña mansión de Blaise usando su magia.
Draco tenía muy claro que Nott había hecho todo aquello para molestarlo y para ponerlo en evidencia, y lo que más le molestaba era que hubiese funcionado. Cuando salió de su carruaje y tocó a la puerta de Blaise, no estaba menos furioso que cuando se marchó de la mansión de los Fawley.
-¿Qué sucede ahora? –preguntó Blaise apenas abrió la puerta.
-¡El muy maldito la invitó al baile! –gritó Draco, cruzando enojado el gran salón.
-¿Qué maldito invitó a quién al baile? –Blaise nunca se enteraba de lo que irritaba a Draco, y casi siempre prefería no hacerlo.
-¡Nott! –gritó Draco, exasperado- El maldito Theodore Nott invitó a Ginny Weasley al baile.
Blaise abrió la boca para decir algo y luego la cerró, incapaz de decir ninguna otra cosa que no fuese un "¿qué?"
-¡Maldito rencoroso! ¿Cómo se atreve? –siguió gritando Malfoy.
-Draco –lo llamó Blaise, mientras Draco iba de un lado a otro elevando sus brazos y gritando.
-¡Piensa que yo le he quitado a Daphne y ahora lo único que quiere es humillarme!
-Draco, por Merlín, siéntate de una vez –le pidió Blaise, que temía por la seguridad de sus cosas. Lo más seguro era que si Draco se acercaba a algo que pudiese elevar con facilidad, lo lanzaría al otro lado de la mansión.
-¡No me pidas que me siente! ¡Ese maldito me quiere arruinar! –le advirtió Draco mientras elevaba un dedo hacia él.
-¡No seas ridículo! Eso ya lo hizo tu padre –lo próximo que Blaise vio fue la varita de Draco apuntándolo a la cara.
-No vuelvas a hablar así de mi padre –le advirtió Draco, y Blaise tuvo que contenerse para no darle un puñetazo ahí mismo por ser el estúpido más grande que haya pisado la Tierra.
-Baja eso, Draco –le ordenó Blaise, que ya se estaba cansando de las rabietas de Malfoy. Draco bajó su varita y la guardó-. La próxima vez que me apuntes con tu varita te irás de esta casa y no volverás a entrar.
Draco asintió, pero no pidió disculpas.
-Harías bien en recordar que ni yo ni Theodore Nott te hemos puesto en la situación en la que te encuentras –le recordó Blaise-. Ahora siéntate y explícame lo que sucedió.
Draco obedeció y le contó a Blaise cómo Theodore había aparecido en aquel baile en compañía de Ginny Weasley.
-¿Estás seguro de que venía con ella? –preguntó Blaise, que sabía lo paranoico que se ponía Draco con respecto a algunas cosas.
-¡Por supuesto que sí! –respondió Draco, impaciente- Le hubieses visto la cara de satisfacción cuando me vio. El muy imbécil cree que se saldrá con la suya, que podrá atormentarme como desee, pero no lo logrará…
-Dime entonces: ¿qué mierda haces acá? –a Blaise le hubiese gustado que Draco se callara más sobre sus reacciones y que dejara que las acciones hablaran por sí solas, pero a Draco le gustaba alardear, incluso cuando no era consciente de que lo hacía.
-¿A qué te refieres? –preguntó Draco, confuso.
-Si pretendes demostrarle que no puede atormentarte, ¿por qué has salido corriendo a penas lo has visto?
-No me he ido por él –confesó Draco, pues era cierto. Podía manejar el hecho de que Theodore estuviese cerca y podía defenderse también en el caso de que él intentase algo, pero había algo en la presencia de Ginny Weasley que lo atormentaba.
-¿Por qué te has ido entonces? –Blaise seguía sin comprender.
-Soy capaz de afrontar cualquier cosa que él pueda decirme, pero no puedo hacer lo mismo si ella decide humillarme.
-Ya veo… -dijo Blaise- ¿Es por Potter, entonces?
-Es… es por todo lo que ella representa. Bien podría ser el rostro mismo de toda la guerra, y no puedo defenderme ante eso.
Blaise comprendía muy bien que lo que le impedía a Draco estar en el mismo lugar que Ginny Weasley era la vergüenza, y no importaba lo que él le dijera, aquello no cambiaría a menos que Ginny Weasley en persona le dijera que a ella no le importaba, y ambos sabían que aquello no sucedería.
-Descubrí algo –dijo Blaise de pronto, no sabía si aquello cambiaría en algo la actitud de Draco, pero prefería intentarlo-. Varias de mis clientas me han asegurado de que Ginny Weasley ya no es novia de Potter.
-¿Qué? –preguntó Draco, sin comprender nada.
-Al parecer Potter está haciendo una pasantía con Weasley en algún lugar perdido de Sudamérica, y antes de irse, él y Ginny Weasley pusieron fin a su relación.
-¿Cómo… cómo es que tus clientas saben estas cosas siquiera? –Draco ni siquiera sabía que Potter se encontraba fuera del país, en primer lugar.
-Te sorprendería saber los altos cargos que tienen algunas –sonrió Blaise, muy satisfecho consigo mismo-. Así que al menos no tendrás que preocuparte por Potter apareciendo de la nada a una de las fiestas que tanto te gusta frecuentar.
Draco trató de sonreír, pues sabía que aquello era algo bueno, pero cuando lo intentó pareció más una mueca que una sonrisa.
-Creo que debería marcharme ya –dijo por fin.
-Sí –concordó Blaise-. Tienes un pésimo hábito de interrumpirme en mis noches libres –se quejó él.
-A todo esto –dijo Draco mientras se ponía de pie-, Pansy nos quiere a los dos en su boda.
-¿Qué? –gritó Blaise a un Draco que ya se acercaba a la salida.
-Dice que nada le haría más feliz que vernos las caras mientras ella se casa con un millonario –continuó Draco, sin parar de caminar hacia la puerta.
-¿Pero qué se ha creído? –bramó Blaise.
-Buenas noches, Blaise –se despidió Draco, tratando de ocultar su sonrisa mientras abría la puerta.
-¡Draco! –lo llamó Blaise, pero él ya había desaparecido- ¡Maldita sea!
Blaise no tenía más intenciones de ir a aquella boda que el día en que se enteró de ella, pero sabía muy bien que Draco iría de todas formas, aunque aquello significara tener a Pansy restregándole su ventajoso matrimonio cada dos por tres; y también sabía que Draco intentaría llevarlo con él.
Y decidió que esta vez no sería arrastrado hacia los deseos de Draco Malfoy, no si podía impedirlo.
Ya era entrada la noche y Ginny se encontraba bailando con un completo desconocido de quien no podía siquiera recordar el nombre; Theodore le había dicho que si quería comenzar a aprender cómo comportarse en aquel mundo debía, de vez en cuando, bailar con desconocidos; le había dicho además que la estaría observando, pero Ginny sabía que aquello era mentira: lo había visto escabullirse entre la multitud cuando pensaba que ella estaba demasiado concentrada en no hacer el ridículo, y ella había decidido esperar a que la música terminara para perseguirlo. Cuando aquello al fin sucedió, Ginny se separó rápidamente de su pareja:
-Es usted un excelente bailarín, señor –dijo Ginny con una pequeña reverencia, sintiéndose como una idiota-. Tendrá que disculparme ahora, incluso una dama debe ir al baño.
La cara de aquel hombre pasó de una sonrisa a una mueca en menos de dos segundos y Ginny tomó nota mental de que en un futuro no debía desprenderse de sus parejas con ningún argumento que tuviese la palabra "baño" en él.
Se abrió paso entre la multitud y cuando al fin llegó al pasillo por el que había visto a Theodore escabullirse, se desprendió de sus tacones y echó andar lo más rápido que aquel vestido le permitía. Comenzaba a pensar que estaba perdida cuando al fin escuchó la voz de Nott tras una de las puertas:
-Estoy hartándome de tus excusas –escuchó decir a Theodore-, más te vale encontrarlos y rápido.
-Tal vez si te dedicaras a ayudarnos en vez de apurarnos las cosas se harían más rápido -protestó la otra persona con la que Theodore estaba discutiendo.
-Nuestras misiones son diferentes, Oxley, así que te sugiero que te ocupes de la tuya y no critiques la mía.
-Te necesitamos –le dijo el hombre llamado Oxley.
-No será por mucho más tiempo, confía en mí –le aseguró Nott.
-¡Los ataques seguirán y lo sabes! -replicó Oxley –Tal vez no sean tan grandes como el del Lancaster, ¡pero seguirán! -Su voz estaba cargada de miedo cuando lo dijo, y Ginny sintió miedo también- ¡Y ahora ni siquiera somos la mitad de lo que éramos antes!
-¿Y tú crees que no lo sé? –se exasperó Theodore- Lo único que podemos hacer en este momento es atenernos al plan y esperar lo mejor, ¿me has entendido?
El desconocido no respondió, pero Ginny se imaginó que habría asentido con la cabeza, pues Theodore dijo:
-Bien. Ahora vete antes que alguien… -Ginny no se quedó para escuchar cómo terminaba aquella oración, pues echó a correr lo más rápido que pudo en dirección al baile, rogando para que ninguno de los dos la viera. Se puso sus tacones apenas avistó a las primeras personas, y cuando al fin logró hacerse paso entre la multitud le preguntó a un desconocido si quería bailar aquella pieza con ella. El desconocido parecía confundido pero alagado, así que accedió a su petición, y cuando Ginny volvió a ver a Theodore, ella ya se encontraba bailando.
Intentó parecer cómoda y luchó por no dirigir su mirada hacia Nott, si lo hacía, él sabría que ella lo había estado observando, y no quería causar ninguna sospecha en él. Tanto fue su afán de no mirarlo que no vio venir a la persona que se acercaba con paso decidido hacia ella.
-Vaya –dijo una voz femenina a su lado-. Así que es verdad.
Cuando Ginny se volteó, se encontró cara a cara con Pansy Parkinson, y casi sintió ganas de reír ante la ironía. Antes de saludarla, Ginny volvió a dirigirse al desconocido que había aceptado bailar con ella:
-Muchas gracias –le dijo, mientras se inclinaba con educación.
-¡Tienes pésima postura! –rió Pansy, y el desconocido se escabulló con rapidez, sin intenciones de formar parte de aquel encuentro.
-Y tú un alma purulenta, pero se me ocurrió que ese era tu problema y no el mío –respondió Ginny. La cara de Pansy cambió de inmediato y por un momento Ginny pensó que se lanzaría sobre ella.
-¿Qué demonios haces aquí, Weasley? Tú y yo sabemos que este no es lugar para alguien como tú.
-Quienquiera que me haya invitado pensaba lo contrario, así que vine –respondió Ginny, dispuesta a irse, pues no pensaba caer en la trampa de Pansy.
-¿No ves que eres una burla para todos los demás? ¿Es que acaso no te das cuenta cómo la gente se ríe de ti porque tienes que contar los pasos que das para no estropearlo todo?
Ginny estaba a punto de responderle cuando una voz conocida interrumpió:
-Parkinson, tan amable como siempre –saludó Theodore Nott, mientras se paraba a su lado.
-Theodore –Pansy parecía sorprendida de verlo, y aún más en compañía de ella.
-Verás, Pansy, en estos momentos Ginevra Weasley tiene más estatus que tú, así que en realidad es ella quien debería preguntarte qué haces aquí, pero como fue criada con educación, no lo hace.
-¿Y qué demonios haces tú en compañía de esta? –Pansy parecía realmente molesta de que ella se encontrara en compañía de Theodore Nott- ¿Es que acaso no tienes vergüenza? ¿Ni siquiera han encontrado el cuerpo de Daphne y tú ya invitas gentuzas a fiestas como estas?
A Ginny le bastó sólo un segundo para mirar a Theodore y ver la furia en sus ojos:
-Pansy –le dijo Ginny con la voz más calma que pudo sacar-, Theodore Nott ha decidido ayudarme en mi educación a petición de Augusta Longbottom, y si tú no llevas tu presencia a otro lugar en este instante, por Merlín que apareceré en tu mansión cualquiera de estos días y la llenaré de ranas y a ti de mocomurciélagos, así que lárgate antes de que decida que el lugar es aquí y ahora.
Ginny sabía que si Pansy la conocía siquiera un poco, se largaría de allí en aquel instante, y así lo hizo, no sin antes dedicarles una mirada llena de ira a ambos.
-Creo que también sería conveniente que nos fuéramos –le dijo Ginny a Theodore cuando perdió de vista a Pansy-, porque realmente pienso llenarla de mocomurciélagos si vuelvo a verla.
-No –respondió Theodore-. No le hagas caso. Pansy se pasa la vida intentando provocar a los demás. Está molesta de que estés aquí porque cree que eres una aparecida, en especial porque a ella le gustaría estar heredando lo que tú heredarás.
-Es ridícula –sentenció Ginny.
-Lo sé –respondió él mientras le tendía la mano para que aceptara bailar con él. Ginny la aceptó casi a regañadientes, había esperado que por fin pudiese irse a casa. Recordaba haber disfrutado de la idea de los bailes cuando era más pequeña, pero ahora no lograba ni siquiera entretenerse. Cada vez que bailaba estaba demasiado consiente en la cantidad de pasos que debía dar, en cuándo debía esperar una vuelta, en cuándo sonreír, y en cómo dar las gracias. Se encontraba demasiado concentrada en no fallar como para poder disfrutarlo.
-Quiero hacerte una pregunta–habló Theodore de pronto, y ella perdió la cuenta de los pasos.
-¿Qué pregunta?- quiso saber ella, temiendo que de alguna forma Theodore supiera que lo había perseguido hasta su encuentro con aquel hombre desconocido.
-¿Quieres ser respetada en este lugar? –aquello la tomó por sorpresa, y casi se sintió aliviada de que no fuera con respecto a ella espiándolo.
-No me importa lo que ellos piensen de mí, es verdad que no pertenezco a este lugar, pero eso no quiere decir que me iré porque ellos no me quieran aquí –contestó Ginny-. Además, lo único que realmente me preocupa en estos momentos es no estar haciendo el ridículo mientras cuento mis pasos para este baile.
Theodore le sonrió, pero Ginny lo ignoró:
-Te ayudaré si me dejas hacerlo –insistió Nott.
-¿Y por qué quieres ayudarme? Ni siquiera me conoces realmente, y francamente, no confío en ti –dijo Ginny, incapaz de ocultar el hecho de que sabía que todo lo que rodeaba a Nott estaba teñido de misterio y mentiras-. Me has traído a este lugar por el simple hecho de que querías hacer sentir mal a Draco Malfoy, y yo no puedo dejar que me vuelvas a usar para hacerle daño. Es cruel incluso para él.
Theodore abrió la boca para responder a aquella acusación, pero Ginny no lo dejó:
-No digas una mentira. No importa cuánto creas tú que puedes ayudarme, en el fondo sólo quieres ver a Malfoy hundirse en su miseria, y yo no puedo permitir que lo hagas a través de mí, aun cuando sé lo mucho que puedes ayudarme. No sería correcto.
Theodore sólo la miró mientras ambos bailaban al compás de un vals que ella jamás había escuchado antes, y por aquellos instantes Ginny pensó que él ya no volvería a hablarle.
-Es difícil… -Ginny sintió cómo Theodore susurraba en su oído y por un momento pensó que se lo había imaginado- Es difícil no querer hacerle daño –prosiguió él-, por qué sé lo mucho que alguna vez significó para Daphne. Me duele saber que tal vez ella, a horas de desaparecer… que ella tal vez haya decidido que pasaría el resto de su vida con alguien que jamás la amó.
Ginny se sintió abrumada ante aquella verdad, ante lo humano y vengativo que Nott podía llegar a ser, y sintió miedo, no por ella, sino por el imbécil de Draco Malfoy, quien vivía su vida tomando una mala decisión tras otra.
-Yo puedo prometerte que te ayudaré en este viaje, pero no puedo prometer que no intentaré hacerle daño nuevamente -concluyó él.
-Yo… -comenzó Ginny. Quería decirle que ella no podía ser parte de aquello, que aunque entendía sus razones no podía aceptar el fin.
-Lo sé –la interrumpió él-. No ha estado bien ponerte en esta situación, y no volverá a ocurrir. Pero a pesar de que estoy dispuesto a ayudarte, yo también necesito de tu ayuda.
-Nott, no puedo…
-No con respecto a Malfoy, con respecto a otros asuntos-aclaró él antes de que Ginny pudiese negarse.
-¿Qué asuntos? -quiso saber ella.
Él le sonrió, era una sonrisa vacía, ella podía notarlo y aquello le asustó.
-Ya habrá ocasión para discutirlo –dijo él mientras la seguía guiando en aquel baile-. Y también habrá tiempo para que decidas si aceptas ayudarme o no.
-Está bien -aceptó ella. No quería abusar de su suerte y sabía que terminaría exasperando a Nott si seguía insistiendo en el tema.
El vals terminó y Ginny estaba preparándose para tomar posición nuevamente, pensando que seguirían bailando, cuando Theodore movió su cabeza en negación:
-No, es hora de que conozcas a algunas personas –informó él, mientras le ofrecía su brazo para que Ginny entrelazara el suyo y así dejar en claro que venían juntos. Y el resto de la velada Theodore se comportó como un verdadero caballero, llevándola por todo el salón y presentándola con gente a la que ella jamás había conocido aunque algunos aseguraban de que ya habían sido presentados en la ceremonia de despedida de Daphne Greengrass. En algunas ocasiones Theodore hablaba de negocios con sus interlocutores, y se aseguraba de pedirle la opinión a Ginny cada vez que lo hacía, aunque ella no sabía si era porque realmente le interesaba su opinión o para poner a prueba su capacidad de prestar atención. Ginny se inclinaba más por la última. Cuando le preguntaban si ella tenía experiencia alguna en negocios, ella respondía que por una temporada había estado ayudando a uno de sus hermanos en la empresa Sortilegios Weasley, de la cuál su hermano era dueño. Otros tantos le preguntaban por Harry, y ella les respondía con una gran sonrisa lo bien que él se encontraba y cómo estaba muy ocupado en sus estudios como Auror. A los últimos a quienes saludaron fueron los Fawley, a quienes les agradecieron por la hermosa fiesta y la grata velada que ambos habían pasado. El señor y la señora Fawley estaban más que complacidos de haberlos tenido a ambos en la fiesta, y Ginny podía notar que el entusiasmo era sincero; si ya tener a Ginny Weasley en aquella fiesta era difícil, tener a Theodore Nott lo era aún más. Al parecer Theodore había hecho un muy buen trabajo desvinculándose de las acciones de su difunto padre como mortífago y había decidido llevar una vida como filántropo; durante toda aquella noche Ginny conoció algunos de los artistas de los cuáles Nott era mecenas, y todos parecían encantados de verlo aparecer en público nuevamente. Algunas personas de la prensa mágica incluso pidieron fotos de ambos juntos o con más personas, y Theodore se aseguró de preguntarle cada vez si ella estaba de acuerdo, así que al final de la noche al menos veinte personas tenían fotos de ellos dos juntos o con otras personas en sus cámaras.
Cuando al fin se marcharon y se subieron al carruaje, Ginny preguntó algo que no acaba de comprender:
-¿Cómo es que los Malfoy perdieron en juicio casi toda su fortuna y tú aun pareces ser millonario? –sabía que era una pregunta privada y probablemente también irrespetuosa, pero también sabía que Nott le dejaría muy en claro si ésta era una pregunta si debía o no hacer.
Para su sorpresa, Theodore sonrió.
-Mi padre pagó sus crímenes en guerra –informó Nott-, murió en la última batalla.
Ginny no sabía si era correcto decir lo siento aunque no lo sintiese, pero no tuvo que hacerlo, pues Theodore continuó hablando:
-En cuanto a mí, tuve la sensatez de volver con Slughorn a luchar para defender el castillo en la última batalla.
Ginny se sorprendió al escuchar aquello y un montón de preguntas se arremolinaron en su mente, pero sólo fue capaz de articular una:
-¿No luchaste al lado de tu padre?
-No –respondió Theodore, tajante-. Aquella no era la vida que quería tener, así que esa noche decidí que era momento de luchar por mi libertad. Si no lo hubiese hecho, habría terminado igual que Draco Malfoy. El Señor Oscuro me hubiese obligado a convertirme en un mortífago tal como mi padre.
Algo en la mirada de Ginny debió demostrar incredulidad, pues Theodore sonrió y se lo aclaró:
-No creas que no lo deseé –le aseguró Nott-. Para personas como Draco Malfoy y yo aquello era un honor, una especie de premio, la distinción máxima de un sangre pura que ha sido criado creyendo que todos los demás son inferiores a él, y cuando supimos de su regreso al final del Torneo de los Tres Magos, estaba seguro de que aquel era el rumbo que debía tomar mi vida.
Ginny apenas se movía en su asiento, había algo en ella que se emocionaba cuando Nott hablaba con la verdad, y todos sus sentidos querían comprender tantas cosas sobre él que no podía evitar quedarse quieta y escucharlo.
-Supongo que debería agradecerle a Malfoy por sacarme de mi error –sonrió él, casi como si se burlara-. El muy estúpido tenía demasiadas cosas que probar y todo aquello lo llevó a la ruina.
Ginny no dijo nada con la esperanza de que Nott siguiera hablando, pero él no lo hizo, y sólo hubo silencio hasta que Theodore la acompañó hasta la puerta de la mansión de El Lirio:
-No te sientas mal por él –le dijo entonces, como si aquellos minutos de silencio jamás hubiesen existido, y tal vez en su cabeza no existieran, quizás había seguido pensando en Draco durante todo el camino- Todo lo que le ha ocurrido ha sido por decisión de él, y si hubiese tenido éxito en cualquiera de las misiones que le encomendaron, el mundo sería un lugar muy diferente.
Ginny asintió, pero no dijo nada al respecto:
-Gracias por todo…
-Theodore –la interrumpió él-, puedes llamarme Theodore si así lo deseas –Ginny le sonrió, ya estaba cansada y necesitaba contarle a Neville todo lo que había descubierto.
-Buenas noches, Theodore –se inclinó levemente y él hizo lo mismo.
-Buenas noches, Ginevra –y esperó hasta que Ginny entró en la mansión para marcharse.
Recordaba haber besado alguna vez a Daphne en aquella misma puerta, y le parecía casi una broma que ahora él tuviese que llevar a otra persona a las puertas de aquella mansión que sólo debió pertenecerle a Daphne. A veces sentía ganas de gritar, de destrozar cosas o de huir de todo aquello, a veces lo conseguía y lo reprimía todo muy dentro, pero en otras todo venía de golpe y no podía luchar contra ello y se dejaba vencer por la ira y la tristeza, y recorría su mansión buscando rastros de Daphne, algunos destacaban, mientras que otros eran muy sutiles, pero todos lo llenaban por un momento para dejarlo vacío al siguiente. Ella jamás regresaría, y Draco Malfoy se había llevado los últimos momentos de felicidad cuando se atrevió a proponerle matrimonio, y eso él jamás lo perdonaría.
-¿Cómo te ha ido? –le preguntó Neville apenas la vio entrar en la biblioteca. Había decidido que ya que no podía acompañar a Ginny a la fiesta, lo mejor era mantenerse cerca e investigar un poco más.
-Bien –Ginny había decidido cambiar su vestido por un cómodo pijama antes de ir a la biblioteca para encontrarse con Neville-. He logrado escuchar algo.
Ginny le contó cómo había perseguido a Nott hasta una habitación cerrada, y lo que alcanzó a escuchar de su conversación con aquel desconocido.
-¡O sea que sí sabe algo! –casi gritó Neville.
-Sí –afirmó Ginny-. Y están seguros de que vendrán más ataques.
-Yo también lo creo –confesó Neville mientras alcanzaba una ruma de periódicos-. He estado buscando en los periódicos desde que te fuiste, y creo que he encontrado muchos casos que hemos pasado por alto. No han ocurrido en Inglaterra, sino en otros lugares del mundo.
-¿Cómo dices? –preguntó Ginny, a pesar de que había escuchado muy bien.
-Que puede que estemos pasando por alto un número bastante grande de casos que no han ocurrido en Inglaterra, sino en otras partes -Neville se pasó la siguiente media hora mostrándole distintos recortes de periódicos, algunos mostraban una breve noticia en su idioma, y Neville se había encargado de buscar aquella misma noticia en algún diario del país en que había ocurrido. Neville no había logrado traducirlas todas, pero al menos las había encontrado-. ¡Debe haber muchos más! –concluyó Neville cuando terminó de darle a Ginny los últimos recortes- Muchos ataques pequeños de los que no sabemos nada porque apenas han tenido una línea o dos en los países en los que ha ocurrido.
-Esto es… -comenzó Ginny, demasiado sorprendida ante todo aquello- esto es como los ataques de los mortífagos… pero… en vez de la marca tenebrosa, simplemente no hay magia.
-Sí –convino Neville. Él también lo había pensado, y el miedo que ahora embargaba a Ginny era el mismo que lo había estado embargando a él a medida que encontraba más ataques.
-No podemos entrar en guerra con los muggles –susurró Ginny, llena de temor con el simple hecho de pensarlo-. No podemos.
-Lo sé –respondió Neville, también en un susurro. Aquello era más grande de lo que habían pensado, y sabía que no serían capaces de sobrellevarlo los dos solos.
-¿Cómo nos repondremos de otra guerra? ¿Cómo… cómo seremos capaces de luchar otra guerra? –aquellas eran todas preguntas que Ginny se hacía, sin percatarse que el miedo la llevaba a decirlas en voz alta.
-No lo sé, Ginny… Pero Nott sabe algo de lo que sea que esté sucediendo.
Pero ella no contestó y Neville supo que estaba recordando algo.
-¿Qué sucede? –le preguntó, al ver que seguía callada y pensativa.
-¿Qué? –Ginny se encontraba tan absorta que no había escuchado lo que Neville le había dicho- Disculpa, no te he escuchado.
-¿Sucedió algo? –volvió a preguntar Neville.
-No –respondió Ginny por instinto, pero se arrepintió casi de inmediato cuando vio la expresión de incredulidad en el rostro de Neville-. Nott ha dicho algo que me ha quedado dando vueltas: Me ha contado cómo Draco sedujo a Daphne con el fin de casarse con ella y heredar su fortuna.
-Supongo que está desesperado –respondió Neville, a quién no le sorprendía escuchar aquello-, he oído que están al borde de la ruina.
-No es sólo eso –continuó ella-, Nott me ha dicho que la manera más fácil para los Malfoy de no caer en bancarrota es que Draco se atenga al plan.
Neville se demoró un poco en captar lo que Ginny quería decirle, no porque no lo comprendiera, sino porque la simple idea era ridícula:
-¡Él no se atrevería! –casi bramó Neville- Si tiene un mínimo de vergüenza… ¿acaso no ha aprendido nada?
-Es lo que le he dicho a Nott –reconoció Ginny-, pero yo sé que en el fondo está convencido de que en algún momento Malfoy decidirá acercarse a mí, y creo que esa es la única razón por la que me ha ofrecido su ayuda.
-¿Quiere llegar a Malfoy a través de ti? ¿Es que acaso hay alguien cuerdo entre toda esta gente? –Neville estaba furioso, Ginny podía notarlo en la manera en que levantaba los brazos y fruncía el ceño –Ginny –le dijo, y se inclinó hacia ella para quedar a su altura-, ten cuidado. Yo sé que nada de lo que te diga te va a sacar de cualquier decisión que hayas tomado, pero te puedo asegurar de que en algún momento quedarás en fuego cruzado.
-Lo dices como si creyeras que Malfoy es capaz de acercarse a mí –alegó Ginny, a quien la idea aún le parecía un disparate.
-Malfoy intentó matar a Dumbledore con el fin de mantener a su familia con vida, ¿realmente crees que no va a intentar acercarse a ti que eres todo lo que se interpone entre la ruina y el bienestar de su familia? –preguntó Neville, para quien la impresión de Malfoy no había mejorado con el tiempo.
-¿Acaso me crees capaz de entablar una…? –comenzó a alegar Ginny, pero Neville la interrumpió.
-¡No! –respondió él de inmediato y Ginny sabía que decía la verdad- Pero sabes bien que hay otros medios, magia oscura, pociones… ¡maldición, Ginny! Malfoy sería capaz de cualquier cosa.
Ginny sintió un escalofrío recorrer su espalda y de pronto se dio cuenta de lo desprotegida que estaba, y cuando posó sus ojos en los de Neville supo que él estaba tan asustado como ella de todos los peligros que crecían a su alrededor. Antes de pensarlo dos veces se abalanzó hacia Neville que aún estaba en cuclillas a su lado y lo aprisionó en un abrazo, y él la rodeó con fuerza para que le quedara claro que él también se encontraba ahí, y que no había forma de que la abandonara: eran un equipo, igual como lo habían sido todos aquellos meses de tormento en su último año en Hogwarts.
-Escúchame una cosa, Ginny Weasley –dijo él, aún atrapado en el abrazo de ella-: no estás sola en esto. Yo estaré aquí, contigo. Y si llega el momento en que debamos luchar, entonces lucharemos lado a lado, ¿me entiendes?
Neville sintió como Ginny asentía junto a su cabeza y susurraba un leve "Sí".
-Vamos –le dijo él, soltándose despacio de su abrazo-. Es hora de que vayas a descansar, nos espera un largo día.
-¿Volverás a tu hogar? –preguntó Ginny, aun sentada en su asiento.
-No, mi abuela me ha preparado una habitación. Le he dicho que vamos a practicar bailes y cosas de la alta sociedad, pero dudo mucho que se lo haya creído - sonrió Neville-. De todas maneras debe sentir que necesitas de compañía, de lo contrario hubiese dicho algo al respecto.
Ginny sonrió, el hecho de tener a Neville a unos cuantos pasos la hacía sentir mucho más segura de todo, pero entonces recordó una cosa:
-Si Nott sigue viniendo por las noches, entonces se dará cuenta de que…
-No te preocupes, he realizado un encantamiento a las ventanas de mi habitación. No será capaz de ver nada a través de ellas, ni siquiera la luz.
-¿En qué momento te volviste tan inteligente? –se burló Ginny mientras se paraba de su asiento.
Neville rió y pasó su brazo detrás de los hombros de Ginny para abrazarla mientras salían de la biblioteca:
-Algo se te queda cuando te rodeas de brujas extraordinarias –reconoció él con una sonrisa.
Y se encaminaron juntos por los oscuros pasillos de aquella mansión que les era tan ajena.
Hola! Tuve que publicar el capítulo de nuevo porque me acabo de dar cuenta de que salía raro con códigos y esas cosas que deberían ser invisibles al ojo humano. Me alegró mucho poder terminar por fin el capítulo! Llevaba meses atrasándolo y siempre que lo retomaba no lograba terminarlo, lo siento mucho! Si todavía lo leen, me harán muy feliz haciéndomelo saber con un review :)
Espero que estén teniendo un buen fin de semestre, un excelente fin de año y unas bonitas fiestas. 3
~Banshee.
