Una semana. Una maldita semana sin hablar con Sirius.
No podía dejar de pensar en él ni de arrepentirse por lo sucedido.
Cada vez que intentaba tener contacto con él, por mínimo que fuera, Sirius se marchaba o lo ignoraba, haciendo perder a Remus la cordura.
Debía tomar una decisión. Se estaba muriendo por dentro y no aguantaba más.
No soportaba la idea de pensar que no volvería a escuchar esa risa parecida a un ladrido sin la cual no valía la pena despertarse cada mañana, a ese coqueteo inconsciente y natural de los Black que hacía que se le olvidara el resto del mundo y se le llenara de mariposas el estómago, a esa mirada canina y traviesa que ponía cuando estaba preparando algo que haría que ganasen un nuevo castigo, a esos "hey, Remus, tengo chocolate" y "sonríe Moony", los guiños cada vez que le escondía a Peter los zapatos, y sobretodo, no soportaba pensar que perdería a su mejor amigo y al amor de su vida.
