Todo se movía confuso en su sitio. Creía que se iba a quedar sin respiración en pleno baile. Podía escuchar la voz de Tina imponiéndose sobre la sala, y los movimientos de sus compañeros sobre el escenario.
También fue consciente de como todos se deslizaban con facilidad, pero ella solo era capaz de centrarse en no tambalearse. Sentía la fragilidad del momento, con los escalofríos apoderándose de todo su cuerpo. Tragó saliva, nerviosa, intercalando su mirada entre varios de sus compañeros, hasta que dio con ella.
La rubia bailaba con facilidad, sonriendo coqueta de vez en cuando al frente. La castaña se quedó un instante perpleja sobre todos esos andares de la animadora, quedándose su boca seca. Creía que en cualquier momento acabaría cayendo al suelo por el puro dolor que estaba sintiendo en su interior.
Y sucedió. Sus miradas se cruzaron. Y la risa que se apoderaba de Kitty por el entusiasmo se desvaneció al percatarse de la palidez que estaba presentando la castaña.
No hubo tiempo para mucho más.
Marley perdió el equilibrio, cayendo al suelo justamente en el momento en el que la canción se acababa. El frío tacto del suelo contra restaba el alto calor que se apoderaba poco a poco de su cuerpo, además de los gritos de sus compañeros al percatarse de que había caído.
Lo último que la muchacha vio fueron aquellos ojos verdes que tanto le llegaban a fascinar.
―Vamos… llevadla.
La voz de Finn resonaba nerviosa. La castaña se movió, confusa, sintiendo como dos chicos tiraban de ella por completo. En frente suyo caminaban Kitty y Tina, las que se giraron para observar con preocupación a la muchacha. Todo había sucedido más deprisa de lo normal. Aún podía sentir que su cuerpo se encontraba en frente de todos los demás. Y también como la rubia la observaba, analizándola con preocupación, algo que mejoró el estado de ánimo de la cantante. Se estremeció por completo, apartando la vista para sentarse donde le indicaban Joe y Ryder, los que le habían ayudado a llegar hasta allí.
―Voy a por un botellín de agua―indicó la animadora, dirigiéndose hasta su bolsa y sacando su botella, la que siempre llevaba para ocasiones especial, volviendo y tendiéndosela a la chica―. Bebe un poco; te sentará bien.
La aludida asintió, aún sin saber muy bien qué era lo que había sucedido. Sintió la frialdad del agua sobre sus labios y eso la calmó, encontrándose con la mirada de casi todos sobre su figura, aunque le importaba bien poco que todos se fijasen en ella. Solo le importaba la mirada de Kitty, y por supuesto, su estado. No parecía ser la chica alegre que estaba bailando en medio del escenario con risas de por medio, disfrutando del momento.
Ni siquiera parecía la Kitty Wilde que se metía con ella. Nunca se lo había parecido. Sus ojos verdes centelleaban por completo, apartando la vista cada vez que la castaña quería clavar sus pupilas azules sobre las suyas. Y es que, la animadora no era capaz de mirarla a la cara sin sentirse mal consigo misma. Lamentaba lo que había llegado a ocurrir, y más que hubiese sufrido algo del estilo. Sabía lo que era eso, y no se lo deseaba a nadie.
Era la peor persona del mundo. Era en lo único que llegaba a pensar la rubia mientras que sus compañeros caminaban de un lado a otro, nerviosos. Tina parecía molesta, sin poder creerse que hubiesen perdido las regionales por la estupidez que había sucedido. "¿En qué estaría pensando Marley?" Se preguntaba la oriental, sin atreverse, al igual que la rubia, a mirarla. SI lo hacía, se lo echaría en cara, y no era el mejor momento para ella.
― ¿Qué ha ocurrido? ¿Hemos ganado?
Todos se quedaron en silencio ante la pregunta de Rose, quedándose esta con mal sabor de boca al comprender que no, que no habían ganado. Por su culpa. Bajó su rostro, ocultándolo entre sus manos.
Quinn y Santana llegaron al aula con paso rápido, haciéndose paso entre sus compañeros. La rabia que destilaba la latina, dirigiendo su mirada hacia la animadora, acercándose a ella con paso firme y sin dudar, llamando así su atención.
― Estarás contenta, ¿verdad? Ya has conseguido lo que querías.
―No sé de qué me estás hablando.
―Ya tienes lo que deseabas. Ya has conseguido que sea una chica bulímica y sexy. ¿Contenta?
― ¿Qué? No―dejó claro Kitty, tragando saliva mientras miraba a Marley, sintiendo que todo había sido culpa suya.
―Lo que está claro es que es culpa de Marley―aventuró Tina, dejando así clara su incomodidad en que Santana defendiese a la cantante―. ¡Hemos perdido por su culpa!
―Eso no es verdad―interrumpió Kitty para sorpresa de todos―. Ella no tiene la culpa de nada, ¿de acuerdo? Así que déjala en paz, Chang―soltó con fiereza, defendiéndola y cruzándose de brazos.
Brittany sonrió disimuladamente ante ese gesto, mientras que Ryder asentía con orgullo, percatándose que había conseguido que la rubia por fin acercase algo de posturas con Rose. La castaña fijó su mirada sobre el rostro de la rubia, analizando posiblemente las razones por las que la muchacha la defendía, y para su sorpresa, lo que encontró fue un cierto abismo de arrepentimiento.
Wilde se giró, saliendo de la habitación seguida de una Quinn Fabray que parecía curiosa sobre el comportamiento de su chica. Santana suspiró, frustrada, echando a todos de allí para poder consolar mejor a Marley. Ryder le dedicó a la castaña una sonrisa de alivio y apoyo, al igual que Jacob. Ambos salieron de la habitación, seguidos de sus compañeros, que se quejaban un poco aunque comprendían que algo malo debía de haber sucedido para que la muchacha hubiese caído desmayada al suelo.
La morena clavó sus ojos negros sobre el rostro de la castaña, sentándose a su lado a la vez que intentaba calmarla, dedicándole una suave sonrisa que dejó desconcertada a la muchacha. Esperaba que la latina le echase en cara el haber acabado desmayada en el suelo.
― ¿Estás mejor?
―Hemos perdido por mi culpa… ¿Cómo quieres que esté?
―Marley…No es culpa tuya que Kitty sea una zorra que se ha aprovechado de tu mayor debilidad―señaló con seriedad, posando su mano en el hombro de la chica―. Sé que yo soy mala, pero se ha pasado de la raya. Ha sido su culpa. Ella misma es consciente de ello. Lo he visto en sus ojos.
―Yo también lo he visto―admitió, dejando escapar un suspiro a la vez que se encogía de hombros, dedicándole una sonrisa a su mentora―, pero sé que no es lo que pretendía. La he visto asustada.
―Está claro que ella no se esperaba que acabarías desmayada en el suelo, pero no te deseaba tampoco ningún bien.
Santana se detuvo, quedándose en silencio mientras miraba al frente. Le recordaba a ella y a Quinn. Ambas dispuestas a todo con tal de conseguir lo que querían. Ella hizo de todo para evitar que saliese a flote su homosexualidad, y Fabray para evitar que Berry consiguiese aquello que ella tenía pero que no era suyo en verdad. Era consciente de ello, y aunque al final estaban viviendo aquello que más les gustaba, eso no quitaba el mero hecho de que habían sido malas personas en su tiempo. Y esa animadora también lo era. Lo que se preguntaba es si sufriría las consecuencias, como las sufrieron ellas. ¿Sería cierto toda esa tontería del karma?
―Creo que no me iba a hacer nada hasta que me vio con Jake.
― ¿El hermano de Puck? ¿Qué tiene que ver ese chaval en todo esto?
―Era el novio de Kitty―admitió, comprendiendo al fin Santana todo aquello. Aunque algo faltaba. La latina lo sabía, pero prefirió hacer caso omiso de ese comentario.
―Bueno, pero eso no le da derecho a tratarte así, Marley. Y tú tampoco te deberías dejar.
―Yo…―pensó por un instante en el plan de su amigo y supo que no tenía que arrepentirse sobre ello.
―Pero tampoco seas como ella, ¿vale? Mereces mucho más que estar devolviéndole la jugada a una niña estúpida como ella.
Marley rio un poco ante esa comparación, acomodándose mejor en la silla del auditorio. Pensó en un momento en las palabras de Santana, en la mirada de la rubia cuando estaba a punto de perder el conocimiento, y la misma cuando levantó la vista después de despertarse. Un brillo de preocupación. Un sentimiento distinto a los que había reconocido en ella. Un algo que le había conquistado el corazón por completo.
Sus ojos azules chispearon con total intensidad, cerrando los párpados y disfrutando de la calidez que desprendía su propio cuerpo. Santana la observó con curiosidad, pensando en que era una buena chica consciente de todos esos detalles, y que no hacía falta que ella le recordase que era mucho mejor que la animadora. Sin embargo, y bien era cierto, no estaba mal que alguien te lo recordase antes de que todo fallase. Sonrió. Sin lugar a dudas, esa era la nueva Rachel.
Kitty se miraba al espejo, intentando reconocer en ella misma a esa chica de diez años que defendía a su mejor amiga cuando los demás la insultaban. ¿Dónde quedó esa pequeña que luchaba por la injusticia? Aquella que había mostrado el lado más humano que jamás hubiese llegado a conocer. Ahora solo quedaba una adolescente de dieciséis años que solo era capaz de meterse con los demás, hacerles sentir mal y ser igual que su madre frente al resto del universo, cuando lo único que sentía hacia su madre era de todo menor amor y cariño; algo que una hija debería sentir hacia una madre.
Quinn abrió la puerta del baño, sonriendo al encontrar allí a su sucesora en las porristas. No pudo evitar compadecerse al encontrarse con una rubia asustada, que solo era capaz de avergonzarse ante aquellas personas que sabían la razón por la cual la castaña se había desvanecido en medio del escenario. Por su culpa. Porque era una mala persona, al igual que lo era su madre. Porque no se merecía ni la compasión de su mayor ídolo.
― ¿Estás bien? ―Comenzó Fabray, dando un paso al frente mientras que la otra sonreía, intentando aparentar.
―Sí. Gracias, Quinn, pero puedes irte; necesito estar sola―susurró con suavidad, mirándola de soslayo a la vez que dejaba escapar un suspiro, volviendo a fijar su mirada en el espejo.
―Sé que es difícil. Entiendo por lo que estás pasando…Mucha gente lo vive―logró pronunciar, clavando sus pupilas sobre las verdes de Kitty, que parecía conmocionada ante la revelación de la rubia.
― ¿Sabes por lo que estoy pasando? ―Fue capaz de analizar y procesar, negando con la cabeza―Dudo mucho que lo entiendas.
―Claro que lo puedo entender…No es fácil admitir lo que sientes y es normal, pero no puedes seguir así, Kitty.
La aludida frunció el ceño, girándose para encontrarse con el rostro serio de Quinn. ¿A qué se refería? Claro que no era fácil asimilar como era sentirse ante el hecho de ser igual que su madre. Ante la realidad de que tu madre no te quería. Era algo que Fabray no podía saber en muchos aspectos, y aunque sabía la historia con su padre, no sabía si era comparable. Pero también era consciente de que Quinn no hablaba de eso precisamente.
Entonces…
¿De qué?
―Quinn…
―Sé que no es fácil asumir que te gusta una chica, pero…
―Espera―pidió Wilde, clavando sus ojos verdes sobre los de Fabray―. ¿Qué? ¿De dónde sacas eso?
―Bueno…No hace falta ser muy lista. Te he visto cómo te preocupabas por ella.
― ¡Como hubiese hecho con cualquiera!
― ¿De verdad? ¿De verdad estarías tan angustiada si hubiese sido otra chica?
―Por supuesto. Soy una zorra, pero si hubiese sido otra persona, estaría igual de alterada.
― ¿Pues sabes qué? Que no me lo creo―afirmó Fabray, sonriendo un poco antes de salir del baño, dejando allí sumergida a una confusa Kitty, que solo pensaba en cómo había llegado a esa situación de tal calibre.
Lolacaracola: ¡Hola! Me alegra de que te guste el enfoque por ahora. Sí, es una pareja muy nueva, y es una pena que la gente no eche un vistazo, porque creo que esta pareja no está nada mal ^^ No sé si voy a meter faberry...Tengo claro que si metiese, no tendría mucho protagonismo más que el que pueda tener cuando salga Quinn, así que...No sé. Es que me estoy centrando más en Karley xDDD Igualmente, por ahora, atención a estas dos petardas xDDD Un besazo y gracias por comentar ^^
