Acá subiendo actualización en unas horas libres de clase (Y no la subí el domingo porque era Puente XD) Bueno, esto ya se va acabar, así que espero que disfruten los últimos capítulos.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen.


Un largo e incómodo silencio se cirnió sobre ellos. El noruego miraba fijamente el objeto entre sus manos. De un momento a otro comenzó a fruncir el ceño y a apretar los dientes. Le entraron ganas de lanzar el broche lo más lejos posible.

—Tómalo. —Exigió con un tono frío.

—Lu... —Comenzó a decir el otro, antes de ser interrumpido.

—Tómalo y vete. —Repitió

—No lo entiendo —Dentro de la voz del danés se oyó una gran tristeza u decepción.

—Tienes razón, nunca lo entenderías, después de todo eres un idiota. —Dicho eso se paró, mientras Mathias miraba asombrado a su amigo de la infancia y ex, desconcertado, sabía claramente que no era una broma, que Lukas hablaba en serio. Tragó saliva cuando esté lo insulto, nunca había creído que aquella palabra que él había tomado como sinónimo de "molesto pero no tanto" pudiera en realidad contener tanta verdad.

—Lukas yo... —Necesitaba decir algo, cualquier cosa para que el noruego lo aceptara de nuevo. Pero no pudo.

—He dicho que te vayas. —Lukas sentía que iba a quebrarse, debatiéndose entre su mente y su corazón. La primera gritando que eso era lo correcto, mientras que la otra sollozaba por las penas de amor, gimoteando que podía darle una segunda oportunidad al danés.

Tras eso Mathias se había ido, sabiendo que en realidad era su culpa, frustrado por no poder hacer nada y sobre todo triste.

Lukas se quedó en la misma posición por horas, en su mano yacía el regalo, miraba fijamente el punto donde había desaparecido el danés, sabía que lo quería, incluso tal vez demasiado, pero había sufrido mucho y nunca fue una de esas personas que no le importará arriesgarlo todo, sin importar si podía salir herido, entregarse completamente a otra persona, sin pensar en el futuro. Muy bien podría habérsele llamado cobardía.

—¡Papá! —gritó el pequeño Emil, al ver cómo los ojos de su padre se tornaban llorosos, quería abrazarlo, pero el cinturón de seguridad se lo impedía— ¡Papá no estés triste! ¡Él todavía nos quiere, lo sé! ¡Por favor no llores!

Lukas estuvo a punto de voltear a ver a su hijo, estaba seguro de que el menor desconocía la razón del viaje que estaban realizando, al parecer se equivocaba.

—Estas ebrio. —Espetó el más bajo nada más el otro abrió la puerta.

—Buena deducción Lukas, dime ¿Qué te lo dijo? —Contestó el otro, escupiendo las palabras sarcásticas como vil veneno.

—¿Cómo te atreves a venir aquí en este estado? Emil está allá arriba, durmiendo. —Era un extraño tono entre grito y susurro, a la vez que bloqueaba el paso al danés.

—Llámalo necesito decirle algo. —Mathias a penas podía sostenerse de pie, un fuerte olor a alcohol emanaba de su boca cada vez que hablaba.

—¿¡Te volviste loco!? —Gritó para inmediatamente volver a susurrar enojado— ¡No pienso permitir que te vea así!

—Lulu... Es importante —Durante instantes, parecía haber recuperado la lucidez, detrás de esos ojos molestos se podía ver una profunda tristeza.

—Mañana ¿Si?

Exigió dulcemente, entonces sintió como una mano sobre su hombro lo empujaba, cayó, volteo a ver al danés, que lo miraba con enojo y repulsión, sintiéndose incomprendido, seguido de eso se dio vuelta y Lukas escuchó el portazo. Luego el motor de un coche, se incorporó lo más rápido que pudo, pero al salir era demasiado tarde, Mathias se había ido. Pensó en seguirlo, en tomar el otro auto y buscarlo, estaba seguro que el otro se accidentaría o peor que tal vez ya fuera muy tarde y que a la vuelta del la esquina se encontrará su cadaver. Iba a ir... Y entonces recordó a Emil, no podía dejarlo solo.

Así que había esperado y esperado, incapaz de dormir, incapaz de moverse del sillón al lado del teléfono. A las 4 de la mañana había llamado Tino, diciendo que Mathias se había quedado en un hotel cercano, que este había llamado desde ahí. Al parecer ese día le habían dado la noticia al mayor de que su madre estaba muy enferma, y que posiblemente no sobreviviera más de un mes.

Lukas no supo qué hacer, ni en ese momento, ni el siguiente día. Él sabía que el danés era mucho de beber... Lo sabía... Pero nunca tan excesivamente; solo recordaba otra vez en donde lo había visto tan mal.

—Vamonos Lukas —Decía Berwarld. Viendo a su hermano llorar porque se había roto con Abel.

—No podemos dejarlo así —El noruego estaba arrodillado junto al danés, lo trataba de consolar como si de un niño se tratase.

—Él estará bien. —Contestó firmemente el sueco, tratando de llevarse a su novio consigo, pero este se negaba, miraba tristemente a Mathias llorar mientras abrazaba una botella de cerveza.

—Vete Lukas, yo estaré bien —Pronunció con voz pesada, mientras seguía sollozando. Al menor se le partía el alma, había aprendido a aceptar que Mathias nunca se fijaría en él, y se alegraba de ver al danés tan feliz mientras estaba con otras personas, pero era en esos momentos donde prefería que eso no hubiera pasado. Prefería mil veces confesar sus sentimientos ocultos que ver sufrir al otro.

—¿Lukas...? —Berwarld mientras tanto, veía como la persona que él quería miraba fan acongojado a otro, y a nada más ni nada menos que a su hermano. Fue ahí donde para el fue claro a quién de verdad quería el noruego, y desgraciadamente no fue a él.

Después de eso, el sueco había roto con él, sin decir en realidad alguna buena razón, fue un simple "creo que esto se acabo". Unos días después recordaba aquella fiesta a la que lo había arrastrado Mathias, para recuperarse de sus corazones rotos.

Era una de esas fiestas masivas, donde ya nadie sabía quién había invitado a quien. La música estaba a tope y en realidad no se oía mucho más que esta. El danés había insistido toda la tarde en que debía ir, el noruego simplemente no podía pasar su último año de preparatoria dentro del salón del club del ocultismo, que no era normal. Tras molestarlo por aproximadamente tres o cuatro horas, Lukas había terminado sediento.

Nada más había puesto un pie dentro de la casa de los hermano alemanes, se había arrepentido el menor. Sobre todo cuando al danés se le ocurrió que era una excelente idea presentarlo a todos sus conocidos, insinuando descaradamente que Lukas era gay y que estaba disponible.

—Te despreció —Le dijo, cuando habían salido juntos a un balcón en donde la música ya no se tragaba todas sus palabras.

—Oh vamos Lukas, no te enfades —Mathias lo abrazo por detrás y el noruego comenzó a retorcerse entre sus brazos.

—Suéltame ¿Crees que es gracioso burlarte de mí? —Trataba con todas sus fuerzas de disfrazar la tristeza con enojo. No quería que el otro se diera cuenta que cada vez que parecía que a Mathias no le importaba que Lukas estuviera con otras personas, al menor le dolía, en ese lugar donde se supone está el corazón.

—Nunca me burlaría de ti —Le contestó con una sonrisa, el danés dudaba tener oportunidad con el noruego, pero verlo así, solo, sin pareja no hacía más que elevar sus ilusiones. Además era su mejor amigo, no podía tener sentimientos por su mejor amigo, no era normal, era como la máxima violación a la ley inexistente de los mejores amigos.

Y tal vez fue por qué ambos habían bebido un poco, el mayor bastante más que el menor, pero de pronto para ambos fue consiente el latido acelerado del otro, para los dos se apago la música y todo se volvió silencio al mirarse a los ojos. Lukas tenía miedo, así que se encogió un poco cuando el otro paso su mano fría por su mejilla, la acción causó que este se detuviera. Lentamente el rubor se instaló en las mejillas del noruego, que no sabía bien a dónde mirar, si a los ojos del más alto, a sus labios, al suelo, al cielo, a cualquier otro lugar.

Una pareja bastante menos lenta que ellos dos, se abrió paso por el balcón sin mirar, ni fijarse, en su vaivén desenfrenado terminaron empujando a Mathias, cuyo rostro quedo a centímetros del contrario. A punto estuvo de retirarlo, sino fuera porque sintió un fuerte agarre a su camisa; en ese instante decidió que en realidad no importaba nada, que a él le gustaba Lukas e iba a demostrárselo.

Fue una sensación que sabía familiar y a la vez completamente nueva. No era como si el noruego no hubiese besado a nadie desde aquel día en el salón de música, pero es que de cierta manera se sentía como esa vez. Y además era algo nuevo, no era un simple beso bromista, era algo más, mucho más. Pronto se encontraron enganchados el uno al otro, el danés con sus brazos rodeando fuertemente la cintura del noruego y este con las manos entrelazadas en ese cabello rebelde suyo.

Ese día se había hecho oficial algo que para muchos ya era un hecho. Que habían estado bastante extrañados de que la recién formada pareja dijera eso, porque para todos ellos, esos dos ya llevaban saliendo un buen rato.

Lukas sonrió ante el recuerdo, dio una última vuelta y se estacionó frente al hotel donde Mathias se hospedaba.


Dejen reviews :'v apoyen a los escritores deprimidos. Ok no, jeje espero que les haya gustado, y si están súper confundidos en la línea temporal, ya publicare en el siguiente capítulo la línea del tiempo (ni crean que yo me confundí *sarcasmo XD*)

Y como siempre Gracias por leer n.n