iNTROMISIONES

VI: IMPREVISTO

Terrenos del Santuario de Athena

Esa noche, los santos de Athena habían ofrecido el templo norte para que Anika y Valentine se quedaran a descansar. Después de todo, la amazona tenía otros dos días de vida, y a pesar de haber muerto, ahora tenía un cuerpo que se podía cansar como cualquier otro.

Ambos se sentaron a cenar esa noche. Valentine se cruzó de brazos, fastidiado.

-¿En serio piensas cenar con esa máscara?- dijo el espectro.

-Soy una amazona, Valentine- dijo Anika- las reglas dicen que…-

-Las reglas aplicaban a ti cuando estabas viva- dijo Valentine en un tono fastidiado, haciendo un gesto de exasperación- de todos modos, no sería el primer hombre que vea tu rostro. Fue ese santo dorado, ¿verdad?-

-Re… realmente no es de tu incumbencia lo que yo…-

-Quiere decir que tengo razón- gruñó el espectro- y que no solo eso, sino que él era tu asunto pendiente, ¿no es así?-

Anika parpadeó, sorprendida, y sacudió la cabeza.

-Tienes razón, no es mi asunto- continuó Valentine, bajando la mirada y moviendo su atención a la cena- muero de hambre, espero que no te moleste…-

Anika miró alternadamente el plato de comida, y a Valentine. Realmente el espectro tenía razón. ¿Para qué se molestaba en ocultar su rostro? Si ya estaba muerta, y eso la liberaba de su juramento a Athena y de las reglas de las amazonas, y aunque no fuera así, Shura ya había visto su rostro. ¿Qué importaba ya?

Un ruido metálico sobre la mesa hizo que Valentine levantara la vista, y sonrió levemente al ver que Anika se había quitado la máscara.

-Listo. ¿Contento?- dijo ella.

-No, pero eso es suficiente por ahora- dijo el espectro, tomando un bocado y haciendo un gesto de sorpresa- come. Es una buena noticia saber que los santos de Athena saben cocinar-

Anika rió en voz baja, y tomó su tenedor para comenzar a comer, y no pudo evitar notar que Valentine sonrió levemente.

-Aún no lo entiendo- dijo Anika.

-¿Qué no entiendes?-

-¿Porqué te preocupas tanto por mí?- dijo ella, entrecerrando los ojos sospechosamente.

-No me preocupo- dijo Valentine con sequedad- entre más rápido logremos que superes esto, más rápido podré regresar al Inframundo a continuar mi trabajo-

Anika sonrió levemente, y sintió sus mejillas un poco calientes. ¿Podía ser posible que un espectro, uno de los enemigos más temidos de los santos de Athena, fuera tan amable con ella, y estuviera tan preocupado por su bienestar? No, seguro se hacía ideas. Quizá era cierto lo que decía, que quería deshacerse de ella lo más pronto posible para poder volver a su calmada vida. Aún así, estaba agradecida.

-Gracias, Valentine- dijo ella, sonriendo y ruborizándose levemente. El espectro parpadeó, confundido. Era la primera vez que veía su sonrisa. Sacudió la cabeza, y se levantó de la mesa.

-Ya no tengo hambre. Me iré a dormir. Buenas noches- dijo el espectro.

La chica sonrió mientras Valentine se retiraba a su habitación, y apoyó los codos en la mesa. Parpadeó un par de veces tras encontrarse mirando la puerta tras la cual el espectro había desaparecido, y terminó de cenar.

Eso había sido interesante.

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Museo Arqueológico de Atenas

A la mañana siguiente

Cecy ya se había resignado a que Evelyn trabajara en el museo con ella. Sí, era ruidosa, y era demasiado amigable para su gusto, pero poco a poco le había tomado confianza a su compañera de trabajo. Sabía que en el fondo era buena, y se preocupaba por ella.

Esos días, Cecy había estado más ansiosa de lo habitual, con los preparativos para su boda, y digamos que Kanon no era de mucha ayuda, sugiriendo que podían invitar a más personas, y casi precipitando varias crisis. Saga estaba furioso con su gemelo, y al parecer Satu también, pues Cecy lo había visto dormir en el sofá los últimos días.

Suspiró cansada. Todo ese estrés la tenía agotada.

-¡Cecilia!- escuchó la voz del jefe desde la oficina.

Evelyn alzó las cejas, y Cecy puso los ojos en blanco. Ese no había sido un buen día, había tenido que correr de un lado al otro para conseguir fotocopias. El jefe volvió a llamarla, y Cecy no tuvo otra opción más que acudir, llevando consigo el libro que estaba revisando.

Cuando la chica entró a la oficina, vio que su jefe no estaba solo. Había un par de hombres, extranjeros al parecer, que la miraron fijamente. Cecy se sintió un poco incómoda por la atención, pero respiró hondo, intentando aclarar su mente, y se volvió a su jefe.

-¿Sí, señor?- dijo la chica sin muchas ganas.

-Los señores vienen de Palermo- dijo el jefe, señalando a los dos extranjeros- y vienen a preguntar por una pieza muy valiosa. La máscara de oro de Agamenon. Tu eres la más familiarizada con esa pieza-

Cecy alzó las cejas.

-Por supuesto, está en la exhibición en el museo- dijo la chica- seguramente no necesitaba llamarme para eso, y…-

-No solo quieren verla- la interrumpió su jefe- quieren comprarla-

Cecy abrió la boca, asustada, y dejó caer al suelo lo que tenía en sus manos. ¿Comprar uno de los tesoros del museo? ¡Claro que no! Eso era imposible.

-El precio es lo de menos, signorina- dijo uno de los hombres, sacando una chequera de su bolsillo- ¿cuánto cree que sea su valor? Un millón, dos millones…-

Hizo un esfuerzo sobrehumano para mantener la compostura, además de lo mucho que le inquietaba hablar con desconocidos.

-Señores- dijo Cecy por fin, tras pasar un rato para articular las palabras- es una máscara de oro, pero su valor intrínseco no es nada comparado con su valor histórico. Vender algo tan valioso está fuera de discusión…-

-Oh, ya entiendo- dijo uno de los dos hombres- serán cinco millones por la pieza para el museo, más un millón para ti y uno para tu jefe, ¿qué te parece?-

Cecy se puso roja de enojo. ¿De qué rayos estaba hablando ese idiota? Al demonio el hecho de que sea introvertida.

-¿Qué rayos le pasa?- dijo la chica- ¡es un objeto histórico invaluable! Por supuesto que venderlo está fuera de discusión, no sé porqué sacaron el tema. Estoy segura de que NADIE en este museo va a siquiera considerar su oferta… señor- añadió, intentando no sonar tan agresiva.

Los dos italianos sonrieron como si nada, mientras que el jefe se frotaba la frente repetidamente, apenado por no haber tenido la decencia de decir que no él mismo en primer lugar.

-Lamentamos quitarle el tiempo, señorita- dijo uno de los italianos, y se despidieron para salir. Una vez que se quedaron solos, Cecy se volvió al jefe.

-¿Es en serio?- dijo ella.

-Era solo curiosidad científica- dijo el jefe, encogiéndose de hombros.

Cecy lo fulminó con la mirada y regresó a su escritorio, dejándose caer, molesta. Evelyn la miró, alzando las cejas.

-No preguntes- dijo Cecy, fastidiada. Evelyn asintió, y tras hacer a un lado su taza de té, y le alcanzó a la chica una taza con café. Lo iba a necesitar.

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Aeropuerto de Verona-Villafranca

Minos y Aria habían amanecido con mejores ánimos que la noche anterior, y ambos se habían presentado en el aeropuerto de Verona muy temprano. Finalmente, y tras discutirlo la noche anterior, ambos decidieron que continuarían sus vacaciones en Estocolmo, y Aria pensaba en el fondo que usaría la ocasión para convencer a Minos de ir a Narvik a visitar a su familia.

Cuando ambos llegaron al aeropuerto bajo una lluvia torrencial que había comenzado en la madrugada, al documentar su equipaje les sorprendió que el oficial en el mostrador pareciera un tanto sospechoso, ya que revisó dos o tres veces los pasaportes. Ambos se miraron entre sí, pero no dijeron nada.

-¿Qué fue eso?- dijo ella.

-No lo sé- dijo Minos- quizá fui yo, no puede pronunciar mi apellido-

Los dos caminaron hacia el área de revisión. El oficial tomó las identificaciones de los dos, y las revisó con el mismo cuidado que los otros dos. Minos alzó las cejas. ¿Era porque era albino, o porque era noruego?¿O qué era lo que estaba pasando?

Sin previo aviso, el hombre hizo sonar la alarma, y pronto Minos y Aria se vieron rodeados de oficiales. El espectro puso los ojos en blanco. ¿Qué rayos?

-Lo siento, señor, ambos tienen que acompañarnos- dijo el oficial.

-¿Ah, sí?¿Porqué?- dijo Minos, irguiéndose de manera amenazante y apretando los puños.

-Por favor, no haga esto más difícil para nosotros- dijo el oficial- es solo un chequeo aleatorio de rutina…-

-Claro…- dijo Minos en un tono sarcástico.

-No, Minos, está bien- dijo Aria, tomando el brazo del chico- sé que estaremos bien-

Minos miró a la chica con aprensión, pero finalmente asintió. Era solo una revisión, no quería causar problemas, y sabía muy bien que si algo pasaba con Aria, él podía hacer pedazos ese pequeño aeropuerto y mantenerla a salvo.

-De acuerdo- dijo el espectro, lanzando a los oficiales una mirada de advertencia.

Los oficiales lo entendieron.

-Eh… señor, si es tan amable- dijo el oficial, señalándole una puerta- señorita, usted por allá- añadió, señalándole la puerta del lado contrario.

Aria le sonrió a Minos, y caminó a donde le habían señalado. El espectro se encogió de hombros y se dirigió a la habitación, dentro de la cual había un par de sillas, y lo esperaban otro par de oficiales con una sonrisa amigable.

-Buenos días, señor- dijo uno de ellos- no tiene porqué alterarse, esto eso solo un par de preguntas-

Mientras tanto, Aria cruzó el umbral de la puerta del lado contrario, y casi dio un brinco de sorpresa cuando lo hizo. Además de haber un par de sillas, no solo estaban los oficiales, sino también una persona conocida.

-Señorita Rossini, mucho gusto en volverla a ver- dijo el hombre que estaba con los oficiales.

-Señor Pastrana- dijo Aria, entre confundida y un poco molesta- ¿qué significa esto?-

-Nada malo. Escuché que estaba en una revisión de rutina, y decidí acompañarla en caso de que necesitara algo- dijo Giovanni Pastrana, sonriendo inocentemente.

Aria entrecerró los ojos. Había algo en todo ese asunto que le daba una muy mala espina, pero no lo quería admitir. Ignoró un poco al chico, y se volvió a los oficiales, contentado todas las preguntas que le hicieron. Al final, cuando la dejaron ir, Giovanni Pastrana la detuvo.

-Espera un momento, Aria- dijo el hombre- hay algo que te quiero preguntar…-

-Con todo respeto, señor Pastrana, tengo prisa, esto ya me hizo perder bastante tiempo, y nuestro vuelo…-

-Se canceló- dijo Giovanni Pastrana- el vuelo a Estocolmo está cancelado, tendrán que tomar el de mañana-

Eso le gustó cada vez menos a Aria. ¿Cómo sabía que ella y Minos iban a Estocolmo? Además, ¿cómo estaba al tanto? Y si ya lo sabía, ¿porqué los habían separado y hecho pasar por esa revisión? Habría sido mejor que les dijeran desde el mostrador.

-¿Cómo…?-

-Ya te lo dije, tu familia es importante, tu mamá es la mejor amiga de la mía. No quería que pasaras un mal rato- dijo acercándose a ella. Aria dio un paso atrás, molesta- espero poder volver a verte mañana con tus padres-

-Nosotros no…-

-Espero que no te moleste, me tomé la libertad de pagar otra noche de hotel, para ti y Minos- añadió el hombre.

-No es necesario, yo…- dijo Aria, pero el hombre sacudió la cabeza sin escucharla, y salió de ahí, dejándola con las dos oficiales.

La chica no respondió, y salió de ahí, confundida y enojada por lo que acababa de pasar, pues no entendía absolutamente nada. Una vez que salió, se encontró con un muy molesto Minos, quien acababa de ser entrado de que el vuelo se había cancelado. Aria se apresuró a abrazarlo.

-Lo siento mucho- dijo él- Estocolmo tendrá que esperar-

-Lo sé, ya me lo dijeron- dijo Aria- todo está bien, Minos. Encontraremos algo que hacer hoy, y mañana viajamos-

Minos sonrió y rodeó a su chica con su brazo, mientras con el otro tomaba su maleta y la de ella, para salir del aeropuerto y dirigirse de regreso al hotel.

Mientras ambos salían, dos pares de ojos los observaban con atención. Giovanni Pastrana tomó su chequera y comenzó a escribir.

-Espero que esté satisfecho con el resultado, señor Pastrana- dijo el oficial que estaba de pie junto a él.

-Sí, has hecho bien- dijo Giovanni Pastrana- no quiero que se enteren que era mentira el cambio de vuelo. Como prometí, un millón de euros- añadió, tomando un cheque y entregándolo al oficial.

-Gracias, señor, ya sabe que estamos para servirle-

Giovanni Pastrana sonrió maliciosamente mientras que se guardaba la chequera en el bolsillo interior de su traje. En un principio no le había gustado ese asunto, pero poco a poco comenzaba a tomarle gusto. Aria era hermosa, y no iba a desperdiciar la oportunidad de dar su merecido a un espectro de Hades. Iba a ser interesante después de todo.

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Terrenos del Santuario de Athena

Esa mañana, Anika se levantó y dejó a un lado su máscara para salir a pasear a los terrenos del Santuario. La mañana estaba fresca y agradable, con el pasto cubierto de rocío, y a la chica no le disgustaba salir a disfrutarlo. Le quedaban dos días de vida, tenía que aprovecharlos.

Valentine salió detrás de ella, mirándola con curiosidad. Esta vez la siguió al cementerio del Santuario, y entre las tumbas encontró la suya relativamente rápido. Las flores que Shura y Mac habían dejado para ella aún estaban frescas. Anika sonrió tristemente al ponerse de rodillas frente a la tumba y tocar los pétalos con la punta de sus dedos.

-Debieron tenerte cariño- observó Valentine al ver las flores.

-O culpa- dijo Anika, cruzándose de brazos.

Valentine alzó las cejas.

-No pude evitar notar que esa chica y el santo dorado te pidieron perdón- dijo el espectro- ¿puedo preguntar que fue lo que pasó?-

Anika asintió levemente. No sabía si se podía animar a confiarle algo tan personal al espectro, pero finalmente decidió confiar en él, ya que a él le debía el hecho de estar ahí.

-Hubo un incidente, un día atacaron el Santuario para rescatar a unos prisioneros, y casi muero asfixiada en el intento por detenerme- continuó Anika- esa vez Shura detuvo a los intrusos y me salvó. Y vio mi rostro…-

-Oh- dijo Valentine entendiendo la situación, pero comenzando a sentirse algo incómodo por el tema, arrepintiéndose por haber preguntado.

-Me enamoré de él- aceptó Anika- pero en ese entonces no podía decirlo. Simplemente no podía. Una parte de mí sabía que Shura no pensaba así de mí-

Valentine entrecerró los ojos aún más. ¿Bromeaba? Si bien la maldita máscara causaba muchos problemas, Anika era una chica preciosa, y el santo de Capricornio tendría que haber sido muy estúpido al no darse cuenta de que ella le quería. En fin.

-¿Y qué tiene que ver eso con…?-

-Para allá iba- dijo Anika- cuando me decidí a decirle a Shura, él ya se había enamorado sin remedio de Mac. Y de hecho, él me envió a protegerla. Y entones así fue como morí, protegiendo a mi rival-

El espectro parpadeó, lleno de simpatía. ¿Cómo le había sucedido algo tan horrible? Anika se cubrió el rostro con las manos, haciendo un claro esfuerzo por no echarse a llorar. ¡Así jamás lograría resolver su asunto pendiente! De pronto, sintió un par de manos en sus hombros, y se volvió hacia atrás, encontrando que había sido Valentine quien lo había hecho, y se sorprendió.

-Pues es claro lo que tienes que hacer- dijo Valentine sin dejar de fruncir el entrecejo- tienes que decirle lo que sientes-

Anika se ruborizó y sacudió la cabeza repetidamente. Valentine puso los ojos en blanco. Si Anika no lo hacía, no solucionaría su asunto pendiente. La tomó del brazo, un poco bruscamente, y la hizo levantarse del suelo.

-¿Qué haces?- dijo ella.

-Vamos a que resuelvas este asunto de una vez por todas- dijo Valentine en un gruñido.

-¿Qué?¡No!- dijo Anika, resistiéndose a que la llevara con él- ¡no quiero ir!-

-No te estoy preguntando- dijo Valentine- vas a resolver este asunto de una vez por todas-

-¡No quiero!- dijo ella.

Valentine se echó a la chica en el hombro y comenzó a caminar en la misma dirección donde la noche anterior había encontrado al santo de Capricornio y a Mac. Anika pataleó con todas sus fuerzas y se retorció para soltarse, mientras que el espectro iba caminando. Los movimientos bruscos de la chica lo hicieron tropezar, y ambos cayeron en el pasto y rodaron colina abajo. Cuando por fin se detuvieron, Valentine gruñó.

-Mira lo que provocaste- dijo el espectro.

Anika estaba sorprendida, pero miró a su alrededor y se echó a reír, más por nervios que por otra cosa. Valentine estaba tan sorprendido que no sabía que pensar.

-¿Qué?- gruñó él.

-Nada- rió ella, y entendió su mano hacia él- tienes varias hojas secas en el cabello-

-Deja, estoy bien- dijo Valentine, aplanándose el cabello con ambas manos. Anika siguió riendo, y es espectro finalmente suavizó la mirada, pero no sonrió- en serio, tienes que hablar con el individuo, o este viaje no va a servir de nada-

La chica hizo una expresión mortificada, y se mordió el labio, pero sabía que el espectro tenía razón. Hora de ponerse valiente.

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Giudecca, Inframundo

Esa mañana

Mientras que Radamanthys y Aiacos estaban encargados de los juicios, incluidos los de Minos, con la ayuda de Lune y Violate, Victoria había llevado a Lucy a Giudecca, donde había pensado en charlar un rato con Perséfone. La reina del Inframundo aún estaba dormida, y solo estaban Hypnos y Pasithea, acompañados de Pandora.

-Bienvenida- dijo Pandora, mientras que extendía los brazos y Lucy se lanzaba a ellos.

-Titaaaa- dijo Lucy en voz alta.

-Hola, nena- dijo Pandora sonriendo a la pequeña- eres un encanto, ¿verdad?-

Lucy aplaudió un par de veces y abrazó a Pandora. Mientras lo hacía, Hypnos sonrió y le dio un leve codazo a Pasithea para que viera a la hermana de Hades con la pequeña. La diosa sonrió.

-Te ves muy bien con la pequeña, Pandora- dijo Pasithea.

Pandora parpadeó, un poco ruborizada, pero continuó sonriendo y se volvió a la pequeña, abrazándola y haciéndole caras para hacerla reír. Hypnos amplió su sonrisa, y hubiera abrazado a la chica si supiera que no se iba a cohibir.

-¿Alguien sabe como están Minos y Aria?- dijo Hypnos.

-No, nada- dijo Lucy- supongo que esos dos se la están pasando genial-

-Yo tengo mis dudas- dijo Pandora, aunque sin quitar su mirada de Lucy- saben que la familia de Aria no quiere ni un poco a Minos-

-Bah, los suegros de Minos no pueden ser tan malos como los míos- dijo la alegre voz de Hades, entrando a la sala, acompañado de Perséfone, y le sonrió- sin ofender, cariño-

-Para nada- rió Perséfone. Ella sabía lo molesta que había sido su madre, Deméter, se portaba terrible cuando se trataba de Hades.

-Espero que no la esté pasando mal- dijo Hypnos, pensativo, y haciendo la nota mental de llamar a Minos y revisar como estaban él y Aria. Con la familia de pesadilla que tenía la chica, nunca se podía ser demasiado cuidadoso.

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Templo de Géminis, Santuario de Athena

¡ZAPE!

-¡Ay, ay!- se quejó Kanon, llevándose las manos a la cabeza.

Se iba a quejar más por el repentino golpe, pero fue lo bastante sabio para no hacerlo. Tenía un par de miradas furiosas sobre él, la de su gemelo y la de Satu. La chica lo miraba con una expresión furiosa, sus brazos cruzados y sus mejillas enrojecidas, que la hacían verse adorable. Claro, si no estuviera mirándolo así a él.

Saga, por su parte, estaba lívido.

-¡Vuelves a hacer eso, y te parto!- dijo Saga, furioso.

Kanon tragó saliva. Sabía muy bien los problemas de ansiedad que tenía Cecy, y sabía que quizá no había sido la mejor idea molestarla diciéndole que llenarían el Santuario de personas desconocidas durante su boda. Y aunque la chica no tuvo una recaída por su culpa, bien cerca estuvo, y eso era lo que tenía a Saga y a Satu tan molestos con él. Saga había esperado a que Cecy se fuera al museo a trabajar, mirando a su gemelo como si se le quisiera lanzar a la yugular, para poder golpearlo.

-Lo lamento, Saga, yo solo pensé que… ¡ay!- dijo Kanon, justo antes de que su gemelo lo golpeara de nuevo.

-Tarado- dijo Satu, intentando darle un zape también, pero golpeándolo en el hombro porque no alcanzó a golpearlo en la cabeza.

-Lo lamento, en serio- dijo Kanon- no lo volveré a hacer, lo prometo-

Saga le lanzó una mirada venenosa, y dando pisotones se metió a su habitación, cerrando la puerta tras de sí. Satu lo miró, molesta, y le dio la espalda también. El gemelo menor extendió su brazo hacia ella para detenerla, pero Satu se volvió hacia él con una mirada furiosa.

-¿Sofá otra vez?- dijo Kanon, derrotado.

-¿Tú que crees?- siseó Satu, tomando a Elsita de la mano y saliendo de ahí. Kanon se rascó la cabeza, y fue a tumbarse al sofá. Suspiró. ¿Qué pasaba con todos que estaban tan enojados? Bueno, entendía la molestia de Saga, ¿pero Satu? El gemelo se encogió de hombros, y decidió aceptar su destino.

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Muchas gracias a todos por seguir leyendo. ¡Un abrazo a todos!

Abby L.