Hola... les traigo un nuevo capítulo... hay algo de Pezberry, espero no molestar a quien es totalmente devoto de Faberry... sin mas, espero que disfruten este capitulo... Muchas Gracias a quienes se dan el tiempo de dejar Reviews...
Glee no me pertenece (solo Dianna Agron en mis sueños), le pertenece a Ryan Murphy.
CAPITULO 6. Extraños Dejavús
— Cabo San Lucas es precioso, no crees Santana?
— Opino lo mismo que tú, estamos teniendo un día muy agradable.
— Creo que por hoy hemos hecho suficiente turismo, que te parece si vamos a la playa eh?, tengo ganas de tomar el sol y darme un baño en el mar.
— Me parece una idea excelente!, quieres que vayamos las dos solas o le decimos al resto que nos acompañe.
— Mmmm, déjame pensar... pues ahora que lo has dicho mejor vamos tú y yo a solas— Rachel dio una voz sugerente a sus palabras.
— Creo que las olas se derretirán contigo, nena. —
Santana y Rachel jugaban entre el agua, se zambullían mientras ríen y bromeaban, el roce de sus cuerpos mojados hace estremecer a la morena, siente que su piel quiere traspasar la de la latina, los labios de ambas pasan cercanos entre juegos y Santana desea vencer esos milímetros que separan sus bocas.
Tumbada sobre la arena Rachel dormitaba mientras Santana la observaba en la orilla, se le veía muy bella, parece una sirena cuando los rayos del sol se cuelan entre su pelo llenándolo de vida y color; se inspira en esa escena, mientras que con sus manos mojadas le hace un castillo de arena.
La latina se acerca hasta ella y suavemente besa sus labios, Rachel despierta sintiendo que entra en un sueño que ya ha vivido, ese beso tan dulce le hace sentir como si en otra vida alguien ya lo hubiese hecho, como si alguien le hubiera despertado en la misma situación y de igual forma; a pesar del pequeño flash, Rachel se entrega a los labios de su chica, se siente radiante de alegría.
— Eres preciosa Rach, ya no puedo callar mis sentimientos hacia ti, estoy enamorada de ti desde… siempre, y esto esta matándome—.
— Yo también siento algo por ti, llevo tiempo queriendo probar tus labios, y ahora que lo he hecho no quiero separarme de ellos—
— Mira hacia la orilla, ahí tienes tu castillo—.
Rachel palidece al escuchar esa frase, al ver el castillo junto la orilla, lleva tiempo notando extrañas sensaciones, sucesos que siente vividos y que le hacen ver una silueta alrededor de sus pupilas, una sombra de alguien que le hace sentir encogido a su corazón, se siente llena al lado de Santana, pero esa sensación le paraliza y le inunda de fantasías sobre un amor pasado al que no le encuentra el rastro.
— Rach… te encuentras bien?
— Si... tranquila, solo me dio un repentino dolor de cabeza, ya estoy bien, no te preocupes.
— Perdona si he hecho o dicho algo que...
— No hermosa, lo único que has hecho ha sido llenarme el corazón. — Le dice sin dejarle terminar la frase.
— ¿Me dejarías hacerte feliz Rachel?, cuidar de ti, amarte...
— Mmm, diciéndomelo así... creo que no tengo otra opción... dejaré que me ames—.
Terminan la conversación fundidas en un profundo beso.
Venecia, Italia.
Ciertamente Italia era una ciudad perfecta para el amor, se alojaron en un acogedor apartamento que tenían los padres de Brenda en Venecia, desde la ventana se podían ver los canales y el viajar de las góndolas; Brenda arreglaba la casa mientras que Quinn tenía la mente sumida en el momento, volvió a tomar consciencia de la realidad a través de los brazos que le rodeaban la cintura, sintió la barbilla de la bailarina posada sobre sus hombros, y un brazo que despegó de su sitio para inclinarlo hacia el cristal señalando a la rubia un restaurante muy bonito que se veía al otro lado del canal.
Brenda quería conquistar a Quinn, sabía que había conseguido llegar a rozar su corazón, pero intuía que en la rubia quedaban restos de algo, o mejor dicho, de alguien, y que tendría que esforzarse para que no rechazara la invitación que quería proponerle, la chica quería formalizar su relación con ella, pero antes de pedírselo necesitaba deducir de una forma completa que era lo que pasaba en el corazón de Quinn.
— ¿Nos marchamos ya? —
— Si, ya estoy lista B—.
— Ya verás cómo te gustara la pasta, además Luiggi aparte de un maravilloso cocinero es un estupendo amigo—.
— Solo espero no llenarme mucho, quiero reservarme para el postre— Dice la rubia, de manera sugerente a su acompañante.
Brenda se vuelve loca cuando escucha a Quinn hablarle así, al sentirse dibujada en su rostro mientras le guiña un ojo pícaramente; es preciosa, delicada, su persona irradia un círculo mágico capaz de engancharla y transportarla a otro planeta.
— La cena ha sido sensacional, muchas gracias por traerme aquí y mostrarme los secretos italianos—.
— Ah si?, pues déjame decirte que todavía no has descubierto ningún secreto, sólo has probado la pasta... en Italia los secretos se cuentan entre las luces de una vela—.
— Vaya!, pues en América los secretos se susurran al oído amando entre las sabanas...
— Mmm, creo que me gustaría descubrir esa manera de descubrir los secretos de una americana—.
— Pues a mí me falta el postre—.
Pasó el otoño y llego de nuevo al invierno, las hojas marchitas se desacomodaron de las ramas para vestirse por una fina capa de nieve, de nuevo las chimeneas saludaban con su humo desde los tejados, las calles un año más se volvían a transformar en senderos de luces que se preparaban para el comienzo de otro año; Rachel y Santana disfrutaban de su amor en el apartamento de la morena, mismo que ahora compartía con su profesora, ahora su novia; la relación marchaba bien entre ambas, se estaban descubriendo la una a la otra de una forma sana y compenetrada, este año Rachel no acudiría sola a la comida de navidad con su familia, la latina estaría a su lado, como consecuencia de una relación formalizada que hacía que el rostro de la pequeña Diva se convirtiera en una clara señal de felicidad, y que hacía a su vez que los padres de la morena sintieran que su hija se había recuperado por completo, que su niña había vuelto a caminar por buen sendero.
La tristeza de las pasadas fiestas era un ingrato recuerdo en el álbum familiar, un grisáceo tiempo del que Rachel no tenía constancia, una circunstancia paralizada en el silencio, mientras que aquello no fuera nombrado la felicidad vencía sobre los acontecimientos y sobre los miembros que lo compartían.
Tras la cena, las clásicas conversaciones en la sala de estar de los Berry en Lima, los brindis y las sonrisas que se prestaban en todos los rostros, era tarde y los padres de Rachel insistieron que ambas se quedaran a dormir, pues la noche era muy fría y de seguro la habitación de hotel que pensaban alquilar no les proporcionaría el mismo abrigo que un hogar; Rachel tomó la mano de la latina y le subió a su habitación de niña, con la puerta cerrada bailaron entre los besos que les iban desabrochando una pasión antes callada, Rachel se sentía plena para amarle por completo, tenía ganas de fundirse en la piel de su amante, introducirse en su cuerpo y despojarse a sus sentimientos.
Tumbadas sobre la cama poco a poco se desprendieron de la ropa que las cubría, Santana la acariciaba entre las sabanas...
— ¿Estás segura Rach?, si quieres podemos esperar más tiempo...
— No, amor, no necesito más tiempo para saber que quiero hacerlo contigo, necesito sentirte dentro de mí para explotar todos los sentimientos que ahora me inundan—.
— Me alegra que quieras compartirlo conmigo, pero antes quisiera hacerte una pregunta Rachel... ¿alguna vez has hecho el amor? —.
La morena se quedó pensativa... a pesar de que su mente retenía secuelas de un posible amor sin rostro ni recuerdos, no sabía hasta que punto aquel amor bailó en su cuerpo, nunca se lo había replanteado y ahora que por primera vez lo pensaba no sabía que contestarse, y mucho menos qué decirle a su novia.
— No lo sé, quiero decir.. que no lo recuerdo, pero no importa, lo único que cuenta es el presente, y tú estás dentro de él—.
Santana le sonrió y continuó desvistiéndola; se entregaron a besos y caricias, susurros y sonrisas, sus cuerpos desnudos representaban un paisaje entre ambas, un paso del amor entre sus cuerpos; la latina se posicionó sobre Rachel, lentamente entreabrió sus piernas para acariciar su intimidad, rosaba su clítoris de una manera deliciosa haciendo estremecer de placer a la morena, que solo gemía ante las caricias de Santana, la latina fue bajando lentamente sobre su cuerpo dejando besos, mordiscos y ligeros apretones por donde pasaban sus manos mientras le dejaba saber lo hermosa que se miraba, así tan entregada, tan frágil…, Rachel sabía lo que pasaría a continuación, tenso un poco su cuerpo al sentir el aliento de su novia cerca de su intimidad.. — No tengas miedo mi amor— Susurro Santana mientras se aferraba a los muslos de su morena, Rachel sintió morir al primer toque de la lengua de su novia en la entrada de su vagina, Santana daba largos y pausados lametones a su intimidad concentrándose en su hinchado y rosado clítoris haciendo que su vista se nublase; una vez logro la humedad que necesitaba, muy delicadamente la penetro con dos de sus dedos , Rachel notó como Santana entraba dentro de ella después de sentir un leve dolor, la latina movía su mano con mucho cuidado mientras acariciaba el rostro de la morena, Rachel sentía como aquellas punzadas le dolían, pero pensó en este acontecimiento del amor como si fuera una rosa; antes de alcanzar los pétalos a veces se sienten primero las espinas; cerró los ojos y entre las tinieblas de sus pupilas apareció la sombra de una silueta, la sentía reflejada en un espejo, un rostro recogido de la cera de una vela, amontonado en la llama de su ceguera, le pareció escuchar una voz que le susurraba... "me encanta amarte princesa, si tuviera que elegir un lugar para vivir, sin duda elegiría hacerlo dentro de ti", "déjame enredar tu alma con la mía, deja que me vierta en tus labios para bucear en el océano de tu cuerpo"... sintió el aire de aquel susurro mientras su cuerpo se estremecía, se anudaba a una sensación vivida en aquella cama, no era aquella princesa la que cabalgó su cuerpo, no eran esas las manos que en su momento supieron dibujarla, no eran aquellos nervios los mismos que alguien amainó con una mirada... no... De nuevo se le mostraba aquella silueta que le representaba una sensación volátil transportándola a un lago de gotas palpitantes, escuchaba su sonido dentro de ella pero se sentía incapaz de descifrar aquel mensaje, incapaz de ver a través del vidrio el líquido que bañaba su piel y su alma.
— Quinn... ¿por qué te escondes detrás de mi corazón? —
Un ligero dolor que aumentaba y disminuía fue lo que le hizo abrir los ojos para encontrarse con la brillante mirada de su novia, solo acertó a sonreírle cuando ella escuchó aquellas palabras, le pareció haber escuchado un nombre, su morena había dejado escapar de sus labios algo que no le fue al cien por ciento perceptible, ni ella misma era consciente de ello, la chica misma quiso confundirse en una posible equivocación, no era momento de ataviarse a falsos miedos, su novia estaba allí, mirándole, sonriéndole, en resumen estaba bajo su cuerpo entregándose a su amor, aquel nombre era solo un fallo de pronunciación, solo eso, un invisible error.
Al terminar, unas gotas de sudor y una mezcla de dolor y placer en las facciones de su morena pintó una sonrisa en el rostro de Santana, aquella señal significaba que su novia nunca había hecho el amor, que ella era la primera que cruzaba la línea de su alma, ¿aquel nombre?, no, imposible..., su hermosa estrella no se había entregado a nadie, imposible que lo hiciera con otra mujer.
Después de aquella importante demostración de amor entre ambas, quedaron dormidas y exhaustas , el amanecer se iba desperezando con sus bostezos en forma de color, Rachel despertó y se sentó en el borde de la cama, se sentía muy emocionada a la vez que silenciosa, pasó su mano por la nuca para recogerse los cabellos que rebeldes caían por su cara, de repente uno de sus pendientes cayó al suelo, se agachó a buscarlo y lo vio bajo la cama, un pensamiento infantil le invitó a meterse debajo, recordó lo mucho que le gustaba hacerlo cuando era pequeña, era el rinconcito que la protegía de todo, como si fuera el abrazo capaz de arroparla de cualquier daño.
Un flash cruzó la horizontalidad de su pensamiento, giró su rostro como si junto a ella debajo de la cama le acompañara otra persona, otra que en tiempos pasados de sonrisas y secretos era su cómplice debajo del colchón; se tumbó boca arriba, de nuevo aquella extraña sensación se acaramelaba en su estómago haciéndole vibrar sin sentido; optó por dejar aquellos pensamientos y centrarse en lo sucedido la noche anterior recreándose en la emoción de haber traspasado aquella barrera que el amor retuvo entre sus cuerpos, ahora se sentía más madura, mas mujer... más cerca de su novia... esos pensamientos se interrumpieron cuando se percató de que junto a ella ,en una de las maderas de la cama, había un nombre grabado: Quinn.
Los Ángeles, California.
— Cariño despierta ya!, que vamos a perder el avión—
— Mmm... Déjame dormir un poquito más—.
— Vaya con la nena dormilona, ¿ves lo que te pasa cuando por las noches estás tan traviesa? —.
— Jejeje, ¿Traviesa yo?, no amor... eres tú la que me hace ser así, si no me hicieras desearte no me ocurriría nada de esto, hasta que no me des un beso de buenos días no tengo intención de abandonar las sabanas—. Decía la rubia aun desnuda entre las suaves sabanas de aquella cama que fue testigo mudo de una apasionada noche.
Brenda miraba con ternura a una soñolienta rubia que se removía entre las sabanas de una cama que presentaba indicios de haber tenido unas ocupantes bastante ocupadas explorando sus cuerpos, la chica se acerca a ella para despertar a su rubia se ve tan tierna, ¡cómo te amo Quinn!, pensó mientras le daba un reclamado y esperado beso, jugaron un poco sus manos antes de preparar las maletas para el viaje que en unas horas les llevaría a Lima, Ohio, pasarían las navidades con la familia de Quinn, la rubia quería presentarle a sus padres a la persona que ahora ocupaba su corazón, un paso más que serviría para terminar de formalizar su relación; fue una agradable sorpresa para Brenda, pues Quinn siempre evitaba dar ese paso, y la bailarina a veces sentía que su relación era solo temporal, le podía el miedo cuando pensaba que su chica no tenía intención de dar ese paso porque no se sentía segura, aquello era muy importante para ella, eso significaba que su novia le abría las puertas de su vida, para ella era un gesto clave, lo suyo iba en serio.
Lima, Ohio.
Quinn... ¿quién era Quinn?, su mente se comportó como un nudo atascado incapaz de decirle nada al respecto; ¿por qué bajo su cama alguien había escrito ese nombre?, tal vez ella misma fue quien lo escribió pero le atraía mas la idea de que fue otra la persona que lo hizo; ¿qué relación tenía con esa tal Quinn?, no recordaba a ninguna amiga con ese nombre, pensó que tendría que haber existido entre ambas una buena relación, muy cómplice, pues un detalle como lo es el tener grabado un nombre bajo su cama no se tiene con cualquier persona, entonces... ¿qué pasó con su amiga?, ¿por qué no la recordaba?, pensó que el accidente tendría que ver en el extravío de ese recuerdo, ¿tal vez lo que hubiera pasado con ella era algo malo y por eso su mente prefería no recordarlo?, ¿sería una amiga de la infancia?, en la universidad no existía ninguna chica con ese nombre, y entre sus amigos de siempre nunca se mencionó tampoco, ¿le habría sucedido algo a su amiga?, pensó que tal vez había muerto y en su círculo de personas habían decidido callar para que ella no sufriera aprovechando que no recordaba nada, casi como algo mecánico le vino de nuevo a la mente la silueta sin rostro, ¿tendrían aquellas sensaciones algo que ver con todo esto?, anoche cuando hacía el amor con Santana tuvo una especie de sueño, como si tiempo atrás hubiera dado ese paso con otra persona, se escuchó a sí misma decir el nombre de Quinnie... ¿Quinnie?... ese apelativo cariñoso encajaba perfectamente con el nombre que acababa de encontrar... y la sensación que le unía a la sombra no era precisamente un sentimiento de amistad... sino de algo más profundo... amor.
La cabeza de Santana asomó debajo de la cama sacándola de sus pensamientos.
—¿Qué haces ahí escondida eh?, me das un beso amor?, hoy me siento la mujer más feliz de la tierra ¿Sabes?. — Exclamo la latina con una enorme sonrisa en su rostro contagiando a Rachel con su felicidad.
— Jejeje, quería despedirme de mi niñez, pues hoy yo también me siento la mujer más completa—. Rachel dijo aquello sin saber la certeza de esas palabras, sin saber si solo le correspondía o si en verdad lo sentía así.
— ¿Te parece que te traiga el desayuno a la cama? —
— Te lo agradecería mucho, ya de paso súbeme el teléfono tengo que llamar a Kurt para quedar con él, también esta Lima y se lo prometí—.
— O.k amor, ahora vuelvo—.
Unas horas después.
Sentados en la única cafetería de su ciudad natal, conversaban Kurt, Santana, Rachel y Blaine.
— Mañana podríamos ir a ver una presentación del nuevo Club Glee del señor Shue, me han dicho que la actuación merece la pena—. Espeto un emocionado Kurt
— Han mejorado mucho desde la última vez que los vimos, son los favoritos para ganar las nacionales este año, no es Genial?.. Mckinley no tiene un trofeo de las nacionales desde nosotros Rach! – Exclamo Blaine, viendo directamente los ojos de su hermana.
— Por mí encantada de conocer un poco más de las pasiones de mi chica, según Sugar y Leroy a Rachel le encantaba ese Club, entonces para mí sería un placer ir a verlos, tal vez encontremos algunos talentos para NYADA — Exclamo Santana.
— Me parece una buena idea Kurt, tenemos que aprovechar estos días libres, y no hay nada mejor que unas buenas dosis de buenos mash ups de Shuester, tengo recuerdos de eso, y me producen una sensación de felicidad, así que de seguro mi hermana y papi tienen razón—.
El celular de Kurt sonó a mitad de la conversación, justo cuando Blaine se había dispuesto a ir a los servicios; Santana y Rachel aprovecharon para mirarse como dos enamoradas que comparten su complicidad.
— ¿Si? —
— Hola Hummel, que hay de nuevo en Lima! —
— Quiiiin! cuánto tiempo sin saber de ti! — Kurt no pudo contener su alegría.
¿Quinn? - pensó Rachel; el mismo nombre que esa mañana había encontrado grabado debajo de su cama, el mismo nombre que ella misma había pronunciado la noche anterior con un diminutivo cariñoso, su mirada se tornó confusa y exaltada.
— Jejeje, yo también te he extrañado, estoy en Lima, he venido a pasar unos días, tengo muchas ganas de verte y presentarte a mi novia—.
— Oh qué bueno!, ¿nos podemos ver ahora? —
— Eso quería proponerte, te llamo desde el parque, le estoy mostrando a Brenda la ciudad, dime dónde estás y voy hacia allá—.
— Estoy en el café del Centro, no tardes—.
— En un momentito me tienes allí para darte un abrazo, no te muevas que ya llego—.
Kurt se sentía ilusionado por ver de nuevo a su amiga, llevaba mucho tiempo sin saber de la rubia y no pudo contener la emoción de saber que la iba a volver a ver, se percató de su descuido cuando observó una extraña mirada por parte de Rachel, intentó disimularlo, luego pensó que no recordaba nada de Quinn, no sabría de quién se trataba, pero algo en su interior le decía que aquello era peligroso, además, Quinn si sabía quién era Rachel y pensó que la situación le podía hacer daño a la rubia, ¿qué hacía?, no podía salir con prisa del café para esperar fuera a Quinn, estaba con su novio también y además Rachel se extrañaría demasiado, cuando iba a tener un segundo pensamiento al respecto, sintió el abrazo de Quinn por detrás suyo.
Continuará…..
