Capitulo 6

EL ENSAYO

Una espectral risita se oyó cuando todo de repente ya se había calmado. La mesita que antes había estado acosándonos estaba completamente inmóvil a un escaso metro de nosotros.

− ¿Acaso el fantasma esta riéndose de nosotros?− murmuro McCarty, haciendo que de nuevo apareciera la risita, una risita que yo concia muy bien.

− ¿A-Alice?

Edward se tenso a mi lado, camino hasta la ventana y la abrió de par en par, donde se veía la coronilla de una cabeza rubia.

− ¡Jasper!− chillo Edward, obviamente molesto.

Whitlock miro a Edward divertido y entro a la habitación de un salto. Alice salio de detrás del armario, toda sucia y llena de polvo, sosteniendo en su manito varias cuerdas que se conectaban a todo lo que se había movido en la habitación y antes ninguno de nosotros los había visto.

La mire con la mejor mirada asesina que pude darle y ella me dedico una sonrisa de falsa inocencia.

− Puedes soltarme, McCarty.

El chico me había sujetado por ambos hombros y temblaba peor que una lavadora. Cuando vio que Alice y Jasper eran los que habían causado todo, me soltó bruscamente y lanzo un gruñido en dirección a los dos tramposos.

− ¿Les gusto nuestra bromita?

Yo sentía la sangre hervirme bajo la piel.

− ¡No solo finges que estas lastimada, si no que me das el peor susto de mi vida!− grite, con las lagrimas acumulándose en mis ojos ¿Por qué yo tenía que llorar por todo?

Di media vuelta y camine hacia la puerta, olvidándome de que la casa seguía igual de aterradora que antes, pero nada ya podría asustarme esa noche.

− ¡Quitate!− le grite a Emmett que se atravesaba en mi camino.

El niño me miro ofendido mientras yo me fijaba en una gran mancha oscura entre las piernas de su pantalón.

− Te hiciste en los pantalones, McCarty.− Dije con maldad, desquitando injustamente parte de mi rabia con él. Lo rodeé para salir de la habitación. No me quede a escuchar las risas de los otros niños, pero mientras bajaba las escaleras corriendo, Emmett me paso corriendo mas rápido por un lado.

En la calle a mitad del camino ya había empezado a llorar, a penas y pude reconocer la casa de los Cullen de las otras. Entre atropelladamente y subí corriendo a buscar mi bolso, después baje y al verme impotente por no poder irme de allí hasta el otro día me eche a llorar a un mueble. Ni rastro de McCarty ni de los otros, genial.

Hundí mi rostro en un suave almohadón de Esme, manchándolo con mis lágrimas. Me sentí un poco culpable al pensar en ello, pero aunque aleje mi cara un poco, no pude evitar seguir llorando. Que noche más horrenda, justamente este seria el peor día de mi vida, cuando mi mejor amiga me había asustado tanto que casi me hacía hacerme en los pantalones... hipe cuando reí un poco por pensar que McCarty si que había llegado a ese punto.

Mi corazón aún seguida desbocado y mi piel seguía tensa a causa del susto cuando una mano un tanto insensible me golpeo en el hombro.

− Oye, Swan, ya para de llorar.

Solloce más fuerte cuando Cullen dijo eso.

− ¿Acaso dije algo malo?− pregunto confundido.

− ¿Qué haces aquí?− logre pronunciar entre lagrimas, sollozos e hipidos.

− Vine a consolarte.

Otro torrente de lágrimas salió de mí. ¿Quién necesitaba que lo consolaran? ¡Yo no! Y muchísimo menos de Edward Cullen. Tuve la intención de preguntarle por Alice, pero al pensar en ella me dieron más ganas de llorar, por lo que seguí recostada en el mueble con la cabeza hundida en el almohadón lo suficiente para no asfixiarme. ¿Dónde se había metido Edward? Ciertamente no lo había visto, pero sabía que andaba cerca.

− ¿Por qué lloras exactamente?− pregunto desde algún lado de la habitación.

No quise contestar a esa extraña pregunta. ¿Por qué estaba llorando? ¡Porque había recibido el susto de mi vida y había sido una cruel broma! Que bueno que a las niñas como yo no nos podían dar paros cardiacos, porque seguro de tener un año más me daba uno... Solloce más fuerte cuando iba a decirle al insensible de Edward Cullen porque estaba llorando.

Estaba frotando mi rostro en el almohadón cuando una solitaria nota de piano sonó en el silencio sepulcral de la casa. Levante la vista buscando el origen del bello sonido y me encontré en medio de la oscuridad a Edward sentado en frente de un piano.

Lo mire sorprendida, olvidándome de llorar, con la nota resonando todavía en mis odios.

Otra nota le siguió a la primera, formando una lenta, sencilla y hermosa melodía. Cerré los ojos inconscientemente, dejando que la música me llenara por completo, sintiendo como algo cálido me bañaba por dentro, como de fácil el bello sonido me hacía sentir mejor. Olvide por completo quien era el Edward que tocaba esa canción para mí, y se sentía bien.

Abrí los ojos cuando termino la canción y el acorde final resonaba todavía en el ambiente, dejando el eco de la música en mí.

Edward me miraba expectante desde el piano.

− Am... yo... t-tu... lo haces muy bien− balbucee sorprendida. Nunca me hubiese imaginado que Edward Cullen, el pequeño diablillo que me atormentaba a diario, fuese capaz de hacer algo tan bello. Ahora me sentía infinitamente inferior a él.

− Gracias− dijo con una media sonrisa− pero no soy muy bueno aún...

− Aún− afirme, mirándolo como si lo mirara por primera vez en la vida. Aquello calido que me llenaba pareció hacerse más grande cuando mirándome directamente a los ojos, el niño se levanto y camino hacía mí.

− ¿Recuerdas cuando nos tomamos de las manos allá?− Dijo parándose en frente de mi, de alguna manera yo había terminado sentada completamente derecha en el mueble, y Edward me toco la mano por segunda vez en la noche.

Asentí, sintiendo algo más caliente aún en las mejillas.

− Me gusto− dijo simplemente− me recordó a aquel día en que tu y yo...

Coloco su otra mano sobre mi mejilla caliente, dejando claramente lo que estaba pensado... o mejor dicho, recordando. Yo también recordaba los sucesos de hacía un año, pero desde una perspectiva un tanto diferente y actualmente en una situación muchísimo más rara.

Se inclino y acerco su rostro al mío. Yo estaba tensa, alarmada, complacida... ¿Ansiosa?. Edward estaba cada vez más cerca.

− ¿Te encuentras bien?− dijo el mismo niño, mirándome todavía desde el banquito del piano. ¿Acaso estaba alucinando?

− Amm... yo, si.

− Genial, porque para el lunes quiero que me hagas la tarea de sociales.

Lo mire atónita.

− ¿Qué?

− Como lo oyes, cinco paginas de porque es importante la comunicación.

La sangre empezó a hervirme por motivos diferentes. ¿Acaso era el mismo niño que tocaba el piano tan bien? ¿Acaso eso también había sido una ilusión?

− ¿Y por qué tengo que hacerlo?− chille molesta, parándome del mueble al igual que él.

− Por que si no les diré a todos lo cobarde que te portaste en la casa embrujada.

− Te recuerdo que tu también gritaste como niñita y además... tu... tu me tomaste de la mano por que tenias miedo.

Edward giro la vista y se concentro en mirar a la pared en vez de a mi.

− ¿Y a quien le van a creer? ¿A ti, la que le huye a las pelotas en gimnasia, o a mi?

Yo sabía sacar cuentas.

− ¡Yo también tengo que hacer un ensayo!− grite molesta.

− Pues harás dos ahora− dijo dándose la vuelta para salir.

A pesar de mi rabia y de las lagrimas que amenazaban con salir de nuevo, pude hallar mi voz para pedirle que se detuviera antes de salir.

− ¿Qué?− pregunto fastidiado.

− ¿Cómo se llama la canción que tocaste?− de alguna manera tenía que saber que era cierto, porque muy adentro de mí quería que esa parte no fuese una ilusión también, que mi subconsciente que jugara ese tipo de bromas con los labios de Cullen era horrible... ¡Iugh!

− No tiene nombre, la hice yo.− Se dio la vuelta y camino.

Abrí tontamente la boca, impactada.

− Soy un niño genio, un prodigio.− añadió arrogante, lanzándome una sonrisa burlona antes de irse.

...

El lunes me costo pararme más de lo normal, había durado todo el fin de semana haciendo el ensayo de Cullen y solo algunas pocas horas dedicadas a mi ensayo. Uno era casi perfecto, el otro mejor que se lo hubiese comido un perro.

Sociales era una clase fácil y tenia nota sobre nota en todo, lo que cambiaria cuando entregara el patético ensayo que había redactado para mi. Se me hizo un nudo en la garganta por eso.

Evite todo el camino al colegio pensar en el chantaje y en lo mala persona que era Cullen, pero me hacía sentir como una tonta que yo hubiese caído en su juego... simplemente no podía dejar que todo el colegio se riera de mí, aunque mi fama de guerrera podía hacer flaquear a algunos, intimidar a todo el colegio iba a ser un poco difícil.

Alice no me había llamado en todo el fin de semana, seguramente por hacer su ensayo o el de Jasper, ya que ellos parecían un paquete de dos.

Me sentía como una idiota por una segunda razón: Haber llorado tanto solo porque Alice me hubiese asustado. Ya cuando el susto paso −y la rabia de que Cullen me chantajeara− me había dado cuenta de lo vergonzoso que fue haber hecho tal drama.

La tercera razón de lo idiota que era fue por la alocada alucinación que había tenido con Cullen en su sala... definitivamente había sido horrible ¿Cómo de repente pude haber sentido algo más que odio por él? Asco. Los niños nunca cambiarían y Edward era el mejor ejemplo de eso.

Cuando vi a mi pequeña amiguita saludarme con un abrazo, supe que estaba arrepentida. Al principio intente hacerme la fuerte con ella, ser un poco mas insensible que siempre y no tan efusiva, pero sin embargo en menos de una hora ya se me había olvidado el asunto y volvíamos a ser las de siempre. ¿No se supone que así siempre son las amistades? Sobre todo cuando tenemos diez años y nunca tenemos buenos motivos para nada. El día prometía ser normal, Jasper estaba con sus amigos y yo con mi amiga. Cullen sorpresivamente no me había dicho nada, lo sorprendí mirándome una vez por entre las barras del castillo de tubos, nada especial, pero todo trascurría tan pacíficamente que me ponía nerviosa.

Ya en la clase de sociales Cullen había llegado por su ensayo y yo se lo entregue a regañadientes.

− Gracias, Isabella.− dijo Cullen con la misma sonrisa maliciosa de siempre.

− Muy educado, Cullen, pero no se puede esperar nada de nadie que no sepa hacer un ensayo por su propia cuenta.

− ¡Seguro hubiese quedado mejor el ensayo que yo hiciera!− dijo frunciendo el ceño− Se hacerlo todo mejor que tú.

− Si, claro− dije rodando los ojos.

− Bruja.

− Tonto.

− Ya basta alumnos− dijo el profesor llegando al salón− Cullen, a su puesto.

Nos fulminamos con la mirada por medio minuto más.

− Bien, alumnos, les tengo una sorpresa... El que lleve sobre la nota todas las actividades que hemos hecho será eximido de presentar el examen final de lapso, además de que aparecerán en el cuadro de honor del colegio, por supuesto.

Yo abrí la boca lo más que pude ¿Por qué a mí? Justo ahora venían a ofrecerme lo que no podía tener por tener que dárselo al inmaduro de Cullen. Yo ya iba a empezar a llorar cuando me tope con la mirada confundida de Cullen. Lo fulmine con la mirada y module una grosería con los labios al que quería destruir mi vida.

− Pasare por los ensayos ahora mismo, vallan sacándolos.

El sonrío, alargo la mano y tomo mi ensayo de mi mesa antes de lo lograra tomar. ¿Ahora quería dos ensayos?. Iba a matar al chico cuando vi que borraba su nombre de del mejor ensayo que había hecho yo para poner mi nombre. Lo mire atónita de nuevo ¿Qué pretendía?

Lo coloco sobre mi pupitre al tiempo que el profesor empezaba a recoger los ensayos de mi columna.

Edward coloco su nombre en el ensayo malo y lo entrego así.

− De nada− susurro sin apenas mirarme.

¿Qué demonios le pasaba a ese niño inútil? Irracionalmente, me sentí más molesta que agradecida; había durado horas haciendo el ensayo para que Cullen lo entregara y ahora ¡Venía a entregármelo como si mi esfuerzo no valiera nada!

¡No seas tonta, Bella!. Grito mi cerebro y la rabia se me paso tan rápido como había llegado, él había cambiado el ensayo bueno por el malo para beneficiarme a . Si no estuviese pasando, jamás lo hubiese creído. Pero... pero ¿Por qué? Se comportaba extraño, de una manera diferente a como era siempre, no sabia explicar bien aquellos estúpidos detalles que lo hacían solo un poquitito diferente, con las mismas sonrisas burlonas y groserías de siempre.

La canción que había tocado el otro día seguía muy presente en mi memoria, más que el susto y las discusiones, la sangre, el vomito o los pantalones mojados de McCarty.

Notas de la Autora:

Lo sé, lo sé. ¡Matenme! Llevo como nueve meses sin actualizar, pero mi vida cambio tan bruscamente (Solo es un poquitito de exageración) que ahora que de nuevo me agarra la rutina retomo la lectura y escritura de ff. Ya que ando aburrida a las 1:51 am. acabo de leerme el ff completo, de nuevo, y editado y terminado este último cap. ¡Se que es cortísimo! Tengo una libreta llena al tope de ideas por capítulos y posibles nudos y desenlaces que al leerla me confundió toda, así que decidí dejar este cap hasta aquí y empezar el nuevo más fresco.

Subí también un pedacito del punto de vista de Edward para complacerlas por mi larga ausencia, en la cual me gradúe, encontré trabajo mientras empiezo la universidad en mayo, hice (y sigo haciendo) un montón de cursos preparatorios y conocí al nuevo amor de mi vida en el colegio a solo semanas de graduarme de bachiller (¡Una pena, pero quizás es lo mejor al pensar en cuantas clases me habría saltado por estar con él! xD).

¡Espero que les guste!

Atentamente, una apenada Barbie.