Disclaimer: Thorin, Fili, el Hobbit, LOTR y todos sus personajes no me pertenecen lamentablemente; pertenecen al maravilloso maestro Tolkien.
Advertencias: Spoilers, Lemon, Genderbender, violencia, palabras en Khuzdul y Sindarin.
Parejas: Thorin x Female Fili.
Estado: Proceso.
.
.
.
.
Lo que ser Rey significa
.
.
Capitulo 6
Caminos Separados
.
.
.
Esgaroth era una ciudad curiosa, nunca estaba tranquila, a pesar de la calma de sus heladas aguas.
Thorin miró por la ventana de la estancia hacia afuera, con el rostro apoyado en su mano, su respiración formando un halo calido sobre el frío cristal. Erebor se veía hermosa en la lejanía con su lejana cumbre bañada en nieve blanca y brillante bajo la luz del atardecer. Sin embargo su corazón no estaba tranquilo tampoco, igual que el ajetreo de la ciudad estaba dando saltos acelerados dentro de su pecho, ni siquiera sabía bien el motivo, pero desde que habían dejado el Bosque Negro la infame sensación no lo abandonaba.
Las palabras de Fili resonaban en su mente como un eco.
− ¿Erebor? –repitió Fili dolida− ¿es eso todo lo que te importa? ¿una maldita montaña?
− ¡No es tan solo una montaña, es nuestro reino, nuestro hogar! –exclamó él saltando como si hubiera sido atacado−, ¡el lugar al que pertenecemos!
− ¡No es mi hogar, es el tuyo! –gritó ella−, Kili y yo éramos felices en Ered Luin; él lo sabe… y yo no deseaba nada más que eso ¡solo he hecho esto, por ti! ¡porque quería hacerte feliz a ti!
Ella se equivocaba. ¿Por qué le era tan difícil entenderlo? Erebor era su hogar también, el lugar donde había sido concebida, y al que pertenecía bajo cualquier circunstancia. Ered Luin no era más que un lugar donde vivían, no, sobrevivían –se corrigió a si mismo mentalmente, pues aquello no era vivir, sino sobrevivir− nunca hallarían la felicidad allí, y él bien lo sabía.
Fili era demasiado joven para entender el porqué, pero de haber nacido en Erebor, irrelevantemente de ser hombre o mujer hubiera tenido todo lo que hubiera podido desear en su vida; comida y bebida adecuadas –nada de penalidades, no mas cereales y harina con leche, nada de cazar durante horas bajo la lluvia por un miserable ciervo pequeño, sino verdaderos banquetes de cientos de manjares− hubiera podido tener los instrumentos que deseara y de la mejor artesanía; a ella le encantaba tocar el violín, Thorin lo sabía de sobra, pero el que tenían se había roto hacia años, y no habían podido comprar otro o repararlo. Hubiera podido tener las joyas adecuadas para resaltar su dorado cabello, los vestidos y las túnicas que la hicieran parecer más hermosa que cualquier gema de la montaña.
Pero pronto así sería… muy pronto, se dijo a si mismo, pronto podría darle a su familia lo que merecían y por derecho les pertenecía.
Erebor estaba tan cerca que casi podía palparla con la mano… solo tenía que dar el paso y recuperarla.
Estaba tan sumido en sus pensamientos que cuando la puerta de la casa se cerró con brusquedad y un portazo que dejó pasar la helada corriente de aire se sobresaltó con un escalofrío, girándose para ver quien había llegado. En la pequeña estancia se encontraba también toda la compañía, Fili y Kili alejados junto a la chimenea, sentados juntos en uno de los sillones de la casa; junto a ellos pero en el suelo estaban Bofur, Ori y Bilbo, calentándose junto a las llamas. El resto estaba tras la mesa de la cocina discutiendo entre ellos sobre algo, excepto Balin, que le miraba atentamente algo más alejado.
Bardo secó sus botas en la alfombra, pues venía con ellas empapadas de agua y fango, y en cuanto entro Sigrid corrió a sus brazos a abrazarlo.
− ¿Padre que ha pasado? –exclamó ella angustiada−, por un momento creímos que te habían capturado…
El moreno sonrió ligeramente antes de cambiar su expresión a una mas seria, sin dejar de moverse por la estancia bajo la atenta mirada de todos, buscando algo.
−Tranquilízate hija mía –dijo−, no soy yo quien mas les preocupa por el momento –y entonces se giró para mirar a los enanos−, os están buscando, debéis iros sin demora.
Todos murmuraron entonces comenzando a hablar cada vez en voz más y más alta, hasta que Dwalin no pudo contenerse por más tiempo; adelantándose, abriéndose paso entre sus compañeros hasta quedar frente a frente con Bardo. El maldito necio nunca le había gustado, desprendía un aire de arrogancia y falsa modestia que lo hastiaba… no sabía que era, pero Dwalin sabía que estaba ocultando algo importante, y de algún modo otro lo averiguaría.
Sin embargo no era lo más apremiante en ese momento. Frunció el ceño y su mirada fue autoritaria cuando le habló al humano.
−Entonces danos las armas que prometiste, humano –dijo Dwalin con firmeza.
Bardo le miró seriamente durante unos instantes, girándose sin dar más explicaciones salió de la casa, regresando al cabo de un rato con las manos empapadas y la camisa remangada, sujetando un bulto largo, grande y pesado. La compañía miró el bulto esperanzados, suponiendo que dentro iban las preciadas armas que tanto necesitaban. Entonces Bardo dejó la tela sobre la mesa con un sonoro golpe, lo cual era una buena señal y confirmaba sus sospechas, desanudando las cuerdas que la mantenían atada dejando ver lo que contenía.
Azadas, martillos, arpones y tridentes; aparejos de pesca en resumidas cuentas, eran las herramientas de un herrero, un granjero y un pescador, no las armas que les habían sido prometidas. Thorin se quedó ligeramente con la boca abierta, anonadado, y los demás en la compañía se quedaron igualmente atónitos sin creer lo que veían.
− ¿¡Qué es esto!? –exclamó el rey furioso, enfadado e indignado todo a la vez, tomando un arpón entre sus manos.
−Un gancho –respondió Bardo mirandolo de reojo−, forjado a partir de un arpón.
La cara de todos era un poema, incluso Kili, que parecía mas cansado y dolorido que de costumbre no pudo ocultar su decepción.
− ¿Y esto? –dijo el chico, dudando de la cordura de Bardo.
−Lo llamamos pico de cuervo –respondió el humano con tranquilidad−, era un martillo de forja… pesa ciertamente, pero si hay que defenderse esto es mucho mejor que nada.
Entonces Gloin no pudo resistir más la rabia que sentía y saltó, expresando en voz alta lo que pensaban todos.
− ¡Te pagamos a cambio de armas! –gritó Gloin sujetando uno de los artefactos, tentado de agredir con el al humano, tan insultado se sentía− ¡hachas y espadas de hierro forjado!
Bofur fue mas lejos y arrojó la llamada arma sobre la mesa, furioso e indignado.
− ¿¡Es una broma!? –exclamó.
Todos asintieron muy de acuerdo, arrojando las armas sobre la mesa. Sin embargo Bardo sabía de la terquedad de los enanos, eran unos necios, esto era de sobra conocido por todos, por eso intentó convencerlos de que aceptaran lo que les daba, no podrían obtener nada mejor sin ser capturados, y él bien lo sabía.
−No podréis encontrar nada mejor fuera de la armería –razonó− todas las armas y hierro se guardan allí bajo llave.
Dwalin y Thorin se miraron entonces, sabiendo con total claridad lo que debían hacer; si las armas de verdad se guardaban en la armería, irían a la armería. Si querían tomar la montaña, en caso de que la bestia siguiera con vida y debieran matarla, no podían pretender matarla con un maldito arpón de pescar, era ridículo ¡insultante! estaba decidido, lo harían.
Sin embargo la voz de Balin, que solía ser la voz de la razón en la mayoría de ocasiones se hizo presente, dando por una vez la razón a Bardo.
− Thorin ¿y si aceptamos esto y nos vamos? –dijo para disuadirle, el peliblanco conocía demasiado bien al muchacho; pues eso era Thorin para él, su hijo, como para no conocer sus planes−, me he visto en algunas peores, y tú también… deberíamos irnos.
Para Bardo no había pasado desapercibido el nombre con que el enano mayor había llamado al moreno lider, le había llamado Thorin, y él conocía ese nombre… lo sabía, tan solo tenía que confirmar el naciente presentimiento que tenía en su pecho. Un miedo comenzó a recorrerle como veneno, y supo que si no hacía nada comenzarían a sucederse desgracias, una tras otra. Tenía, debía detenerlos, por el bien de su pueblo y de su familia.
−No os iréis de aquí –sentenció Bardo entonces.
Dwalin le miró atónito, la ira recorriéndole, las ganas de matar al maldito humano acrecentándose.
− ¿Qué has dicho? –dijo Dwalin mordazmente sin dejar de mirarlo.
−Hay espías vigilando la casa, y probablemente también todos los embarcaderos –respondió Bardo, comenzando a enfadarse−, esperad a que anochezca.
Sin embargo para Thorin, Dwalin y el resto de la compañía estaba todo muy claro, no importaba las necedades que dijera ese estúpido humano, tenían que entrar en la armería y robar las armas, era su unica esperanza de tener éxito. Lo que no sabían era que esa solo era la menor de sus complicaciones, y Fili lo sabía.
Miró a su hermano que a penas podía tenerse en pie, con la mandíbula tensa y la mano sobre su pierna la rubia dudaba que el joven enano pudiera mantener mucho más tiempo su herida escondida.
Bardo había salido de la casa, pensando aún en las palabras del anciano enano, con el nombre sonando en su cabeza una vez y otra, intentando recordar de que lo conocía… Thorin, Thorin, Thorin… y de pronto lo recordó y lo tuvo claro.
− ¿Padre? –dudó Bain al ver su rostro preocupado, sorprendiéndole al sacarlo de sus pensamientos.
Bardo comenzó a echar a andar en la dirección contraria, deteniéndose un minuto antes de poner la mano sobre el hombro de su hijo encomendándole un importante cometido.
−No dejes que se vayan –dijo seriamente mirándolo a los ojos.
Bain asintió, y Bardo se perdió de vista entre los embarcaderos.
¡Thorin! recordó claramente el moreno y miró a la montaña cubierta de suave bruma, alta y hermosa, el pánico se apoderó de su corazón recordando las viejas leyendas y las canciones que se cantaban desde que su abuelo Girion había caído en la destrucción de Valle, sabiendo dolorosamente que siempre había tenido razón en sus presentimientos sobre los enanos...
"El señor de fuentes de plata, el rey de piedra tallada, el rey bajo la Montaña, sus tierras verá recuperadas; los tañidos serán de regocijo al regresar el rey de la montaña, más todo se verá ensombrecido, y el lago arderá en llamas"
Si no los detenía, y rápido, esos enanos les traerían a todos la muerte.
Thorin suspiró, sabiendo que debía hacer de tripas corazón y sacrificar el ligero avance que había tenido en su relación de reconciliación con Kili desde lo que había pasado con Fili en el bosque de los Trolls. Le dolió saber lo que tenía que hacer, pero no era un capricho, debía hacerse por mucho que doliera; no solo a él sino al propio Kili, y Thorin además sabía que su hermana no lo aceptaría tranquila. Lo hacía por su bien, sin embargo sabía de sobra que el muchacho no lo entendería, era demasiado parecido a él mismo en ese aspecto.
Cuando los bultos que estaban cargando en la barca comenzaron a desaparecer los miembros de la compañía que no estaban cargando se acercaron para subir a la embarcación y abandonar Esgaroth, sin embargo al llegar el momento de que Kili embarcara Thorin lo detuvo, poniendo una mano en su pecho.
−Tu no –dijo Thorin con firmeza y sin titubeos−, tenemos prisa, tú nos ralentizarías.
Kili le miró incredulo, casi sonriendo como si creyera que se trataba todo de una mala broma.
−Pero que dices yo tambien voy –dijo como si fuera obvio.
−Ahora no –zanjó Thorin ignorándolo.
Y con las palabras firmes de su tío la sonrisa de Kili murió lentamente en su pálido rostro, viendo como sus ilusiones se desmoronaban igual que un castillo de arena bajo las olas.
−Estaré allí cuando esa puerta se abra –dijo Kili con la mandíbula tensa, emocionado−, cuando contemplemos los salones de nuestros antepasados.
Thorin suspiró, posando la mano sobre el hombro de su sobrino acercandose a él para tranquilizarlo, sabía que la decisión le estaba haciendo daño, pero era necesario.
−Kili, quedate aquí y descansa –respondió Thorin con el corazón doliendo−, únete a nosotros cuando estés bien.
No obtuvo respuesta, pues el chico bajó la mirada tragando saliva. Thorin le miró casi con lastima girándose, sin embargo una voz interrumpió sus pensamientos, haciendo que se girara a mirarlo sorprendido, igual que toda la compañía.
−Yo me quedo con el chico –dijo Oin sin mirar a Thorin−, mi deber está con el herido.
Thorin asintió, dejando que el anciano –a quien aún no perdonaba la mentira que atañía a su sobrina− pasara a su lado y se posicionara junto al muchacho; sin embargo no fue la única persona que se adelantó. Fili cruzó los dos pasos de distancia que separaban la barca, donde se encontraba cargando cosas, de donde estaba su tío, cruzándose de brazos ante él indignada y enfurecida a partes iguales.
−Tío Thorin –dijo la rubia con el ceño fruncido, enfadada− Kili y yo nos hemos criado con historias de la montaña, que tú –enfatizó ella− nos contabas, ¡no puedes arrebatarle eso!
−Fili… –dijo Thorin a modo de advertencia.
Pero ella no lo dejó terminar. Thorin conocía bien la terquedad de su sobrina, ya desde muy joven había sido así; incluso en sus años de adolescencia cuando él creía que era varón había tenido que lidiar con ello. Sin embargo no podía permitirse ahora una deserción, bien lo sabía, pero ella sencillamente no lo entendía o no quería hacerlo; el lazo de hermandad que la unía con Kili era demasiado profundo.
− ¡Como si lo llevo a cuestas! –gritó ella desafiándolo.
El moreno suspiró para darse fuerza, intentando hacérselo entender rápido y sin pausa, no podían perder más tiempo en esa ciudad cuando Erebor estaba al alcance de la mano.
−Fuiste educada para ser rey –dijo con voz seria−, no puedo arriesgar el destino de esta misión por un solo enano, aunque sea de mi familia.
Pero la rubia lo ignoró, comenzando a andar hacia donde Kili estaba sentado; sin embargo Thorin la detuvo tomando su brazo con la mano, sujetándola con fuerza. No sabía que le molestaba más, el hecho de que ella le desafiase, o el que lo hiciera por Kili cuando sabia que su presencia no era necesaria en ese lugar, sino en el otro. Frunció el ceño irritado.
− ¡Fili no seas estúpida! –exclamó Thorin sin soltarla−, la compañía te necesita.
Aunque esa no era la verdad de lo que sentía. Dijo sus palabras con perfecta armonía sabiendo que eso era lo que debía decir, pero lo que sentía por dentro era bien diferente; su corazón latía acelerado y asustado, admitiendo internamente para si mismo la verdad que no diría en voz alta.
Yo te necesito. YO. te-necesito… junto a mí.
Y así era, pero no se lo diría. Fili le miró largamente con el ceño fruncido, clavando sus ojos azul cielo en los suyos, soltándose finalmente del agarre de su mano.
−Mi hermano también –sentenció ella sin dejar de mirarlo.
Sin poder hacer nada por evitarlo, Thorin vio como ella se alejaba de su lado para acercarse a Kili y apoyarle sobre ella con cuidado, cruzando sus miradas una ultima vez antes de que se diera la vuelta y subiera en la barca rumbo a la Montaña Solitaria.
Las campanas de alarma resonaban en Esgaroth como el ardiente eco de lo que sucedió hacia muchos años en Valle. El fuego quemaba las casas, los gritos resonaban en las calles mientras la infame bestia calcinaba y asesinaba todo rastro de vida a su paso; todos huían e intentaban salvar la vida en vano, pues el dragón no dejaba de volar sobre la ciudad escupiendo fuello y llamas.
Esgaroth estaba herida de muerte.
Tauriel sabía que si se quedaban allí todos morirían, así que frunciendo los labios tomó la decisión que para bien o para mal ya no tendría vuelta atrás; la joven elfa sabía que si savaba a los herederos de Durin podía despedirse de su vida en el Bosque; sin embargo su corazón dolió al imaginar a las jóvenes humanas hijas del arquero, a la rubia enana y a Kili quemados y convertidos en cenizas bajo las garras del dragón; la decisión estaba tomada. Los salvaría.
−Debemos irnos –dijo la pelirroja agarrando unos objetos de la mesa, girándose para guardarlos.
Sin embargo una joven y asustada voz la interrumpió.
−No nos iremos sin nuestro padre –dijo Sigrid, siempre fiel a Bardo.
−Si nos quedamos, todos moriréis –replico Tauriel mirándola intensamente− ¿crees que eso es lo que querría vuestro padre?
El argumento pareció convencer a la joven, que tomó a su hermana por los hombros para arroparla y mirando a su hermano tomó la decisión de hacerle caso a la elfa. Al igual que Fili, Oin y Kili. El anciano y la joven intentaron ayudarse a levantar al chico, pero Kili se negó argumentando que podía hacerlo solo. Estaba tratando de convencerlo cuando el rugido del dragón hizo retumbar los cristales, haciéndoles ver el peligro en el que se encontraban, incluso Kili dejó de rechistar y accedió a ser ayudado para salir de allí cuanto antes.
Se subieron a la barca que Bardo tenía amarrada en su embarcadero siendo guiados por Tauriel en una travesía peligrosa; el agua estaba agitada, llena de cuerpos que flotaban, gente que nadaba porque había caído de sus casas para escapar de las llamas, trozos grandes de hielo; sin contar las otras barcas que se arremolinaban. Sin embargo lo peor eran los destrozos del dragón.
Las casas que se quemaban se desmoronaban sobre el lago, creando grandes olas que movían las barcas y dificultaban la huida.
El dragón les pasó tan cerca que por un momento todos creyeron que morirían allí, sin embargo una flecha silbó en el aire e impactó en las escamas de la serpiente, rebotando y saliendo disparada hacia un lado. Smaug rugió furioso y se levantó, dando un coletazo con su cola que destrozó el tejado de una casa que se quemaba lanzando decenas de fragmentos de piedra y vigas de madera en todas direcciones; al aire, al agua, contra otras casas… y sobre los barcos.
Una enorme viga de madera cayó astillada, haciendo que la casa de la cual era soporte se derrumbara aplastando a otra, que con un tremendo estruendo explotó, haciendo que una piedra chocara contra la barca, levantándola, haciendo que los que iban dentro gritaran.
Y nadie supo como pasó, la barca se desestabilizó, Fili cayó al agua sintiendo un sablazo de dolor por el frio helado, y al intentar subir de nuevo a la barca con rapidez no vio que la tabla de madera que había sobre ella se desprendía, dándola un golpe que la hundió en el agua, perdiéndose de vista para los que estaban en la barca.
Fili despertó de su inconsciencia en medio del caos.
No sabía que estaba pasando, no entendía nada.
Estaba sumergida en el agua helada y su cuerpo daba vueltas entre burbujas, tablones que giraban bajo el agua con ella y cuerpos que veía de pronto boca arriba y luego boca abajo. Se ahogaba; y el mundo a trabes de sus ojos era extraño; oía gritos sordos, lejanos, no veía la luz del cielo sino la luz del fuego fuera del agua, y de pronto su cuerpo giraba otra vez bajo el agua y veía el fondo del lago. Hasta que una sobra oscura paso por encima de ella ensombreciéndolo todo y lo recordó como en un fogonazo.
Smaug.
La bestia estaba atacando la ciudad que ardía en feroces llamas, y ella había caído al agua siendo golpeada por una tabla de la destruida fachada mientras huían en la barca, perdiendo el conocimiento en el acto. Cuando había despertado estaba aún sumergida, dando vueltas por cada escombro que caía en el lago, que movía el agua creando grandes olas que la movían como una hoja en una corriente huracanada. Al comprenderlo era demasiado tarde, apenas tenía oxigeno, pero como mejor pudo intentó nadar hacia donde la luz del fuego de un brillante dorado y naranja se había visto, saliendo a la superficie.
Tomó aire en el último suspiro, intentando sostenerse a flote entre la ajetreada agua llena de objetos, madera quemada, trozos de hielo y cuerpos flotando, sujetándose a lo primero que pudo alcanzar para recuperarse. El tiempo parecía pasar muy despacio, demasiado, hasta que Fili comprendió que algo había pasado pues el dragón no estaba, no había rastro de él, así que intentó nadar hacia la orilla agotada, con los brazos y las piernas entumecidos por el frío y el pulso latiéndole despacio, aletargado.
Cuando llegó a la orilla, salió arrastrándose penosamente entre los pedruscos manchados de barro, cayendo de rodillas sobre ellos jadeando de cansancio.
Debía encontrar a Kili, tenía que salvar a su hermano… estaba herido, y Oin estaría también en el agua tal vez ahogado o ahogándose… debía encontrarlos antes de que volviera el dragón o algo peor aconteciera; sin embargo como si sus pensamientos fueran una profecía desgraciada algo peor aconteció, como no podía ser de otra manera. La joven se levantó despacio, apoyando las manos en las rodillas para darse fuerza, mirando la línea de árboles de espaldas al lago, abriendo los ojos por la sorpresa.
Un grupo de orcos estaba observando, el líder delante de ellos unos pasos adelantado sonriendo mezquinamente casi con una horrenda alegría –si es que los orcos podían sentir tal cosa−, y era la criatura más horrenda que Fili había visto en su vida. Era pálido como un cadáver, hediondo, grande y musculoso; tenía piernas y brazos fuertes y abdomen ancho, moldeado, cubierto con un taparrabos cosido a base de… pieles o rostros quizá, no sabía bien que era; sin embargo eso era lo menos relevante de la criatura. Había trozos de metal incrustados en su rostro, como si le faltaran pedazos y esas fueran sus uniones, y su mandíbula era deformada y tan horrible como la de los otros orcos, pero con unos colmillos horrendos saliendo de ella.
Fili tragó saliva sintiendo como el pulso se le aceleraba poco a poco, sin retroceder, a pesar de que eso hubiera sido lo más sensato.
El orco líder dijo algo con su repugnante y cruda voz en esa horrible y malsonante lengua que poseían, y los orcos de al lado sacaron las armas que llevaban; unas cimitarras negras y unas espadas igualmente negras y no pulidas, comenzando a acercarse a ella lentamente por ambos lados rodeándola.
Entonces todo sucedió muy rápido.
Lo que antes a Fili le había parecido que era muy despacio pareció acelerarse de forma arrebatada, pues cuando quiso darse cuenta tenía a varios orcos sobre ella, arrojándola al suelo con fuerza de un empujón, por lo que solo alcanzó a coger una piedra del fangoso y resbaladizo suelo y golpear al orco mas cercano con ella en la cabeza. El orco soltó un grito enfurecido e intentó clavarle la espada, pero ella sacando fuerzas de su ultima reserva dobló la pierna y le dio una patada en la cabeza, alejándolo de ella, tomando la espada que se le había caído y levantándose rápido con ella en las manos para hacerles frente.
Si iba a morir, al menos daría batalla y se llevaría a todas las infames criaturas que pudiera.
Cuando otros dos orcos se acercaron por los lados Fili reaccionó por reflejos girando y agachándose para enfrentarlos, parando la fuerte estocada de uno de ellos con ambos brazos, dado que los orcos tenían muchísima mas fuerza que ella, que perdió el equilibrio debido al fuerte impacto, chocando con el orco a sus espaldas; y al notarlo la joven pasó la espada por propio su costado a través de su empapada chaqueta, sin llegar a empalarse a si misma, clavándola en el fuerte abdomen del orco tras ella, que gritó como un cochinillo ahogado cayendo muerto en el acto.
Al ver esto el otro orco grito con furia y se adelantó junto con dos orcos más y Fili no pudo hacer gran cosa a parte de esquivarlos e impedir que la mataran en ese momento. Malditos Valar, estaba tan cansada… tanto que apenas podía sostenerse en pie, y cuando sintió un fuerte empujón por detrás trastabilló hacia delante sujetándose con ambas manos sobre la piedra para no caer de bruces; sin embargo la fuerte patada que le propinaron la giró en el acto, quedando tendida sobre la orilla del lago mirando la fría noche, con los gritos de los humanos de Esgaroth como música de fondo y las llamas brillando en la lejanía, así que dejó escapar un suspiro esperando a la muerte.
La voz ronca y fuerte del orco líder fue lo último que oyó antes de que una sonrisa malsana y llena de maldad se reflejara ante ella, seguida de una pesada bota de hierro.
Después todo se volvió negro.
Balin avanzó con decisión por la enorme sala observando a Thorin, que se había quedado parado frente al gran tesoro silencioso como una estatua. Diferente a su abuelo en las formas, pero a la vez padeciente del mismo mal. El anciano suspiró con el corazón apesadumbrado, sabiendo que tenía que ayudar al muchacho, hacerle entrar en razón y sacarle de la cabeza todos sus males como pudiera… incluso si eso significaba herirlo y enfrentarlo.
−Thorin –llamó Balin.
Sin embargo Thorin no se movió ni reaccionó.
Desde que habían llegado a Erebor Thorin había caído poco a poco en la locura, pero Balin veía claramente como cuando se tocaban los asuntos de su corazón la locura empeoraba a pasos agigantados, y para el anciano ver como Thorin se hundía en ensoñaciones y odios le partía el alma.
−Balin –dijo finamente el moreno rey, ataviado con corona, hermosa tunica y armadura.
− ¿Que estás haciendo aquí solo, Thorin? –preguntó el peliblanco−, ven con la compañía, estamos cenando.
−No –respondió el moreno.
Balin suspiró sabiendo que eso pasaría, Thorin era demasiado terco como para ceder tan rápido, sobre todo ahora que estaba obsesionado con la Piedra del Arca. Suspiró adelantándose unos pasos mas hasta quedar a la altura del moreno, poniendo una mano sobre el hombro del muchacho, Thorin giró lentamente la cabeza mirándolo con una expresión seria en el rostro.
−¿En que piensas, pequeño? –preguntó el peliblanco.
Thorin entonces se permitió una pequeña sonrisa aislada, antes de volver a mirar su gran tesoro.
−Mira todo este oro Balin… mira el gran legado de mi abuelo –dijo con la mirada iluminada por el brillo dorado− pienso en la vida que podré brindarle a mi familia, debemos encontrar la piedra del Arca Balin –respondió con voz tranquila−, piensa en todas las cosas que merecían y por fin podrán serles dadas… esta todo al alcanze de sus manos, pero ¿por qué no veo alegría en tus ojos?
−Estoy alegre por esto –dijo Balin antes de matizar con voz preocupada−, pero temo por ti.
Thorin no respondió, con la mirada aún fija en el oro, como si las palabras de Balin fueran apenas importantes. Estaba escuchándolo por supuesto pero sabía bien que se equivocaba, no había nada de lo que preocuparse ni debía temer por él; Balin se estaba ablandando demasiado con los años. Sin embargo a pesar de que él no hizo nada para continuar la conversación Balin insistió.
− ¿Por qué le das tanta importancia al tesoro Thorin? –dijo con voz triste−, no es mas que un montón de oro…
¿Qué? no podía creer lo que oía. Balin había perdido el juicio al decir algo tan estúpido como eso, sobre todo habiendo nacido y vivido en Erebor; Thorin no pudo creer que prácticamente habiéndolo criado el anciano pudiera decir algo como eso, sabía bien que ese oro era todo lo que podía dejarles a sus sobrinos y a sus hermanos ¿por qué no lo entendía? se irritó al pensarlo.
− ¿Un montón de oro dices? –repitió Thorin finalmente con voz mas dura− es el legado de mi familia, y es mío para protegerlo.
Y el corazón se le rompió a Balin en ese preciso momento, supo que Thorin había cruzado la línea. Thror había pensado de la misma manera muchos años atrás, antes de perder el juicio por la locura del oro, y ver que Thorin caía en ese mismo mal le rompió el alma en pedazos. Sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas, que retuvo a duras penas.
− ¿Protegerlo? –dijo con voz arrebatada− muchacho ¿acaso crees que alguien va a robártelo?
Thorin no respondió, pero endureció el gesto y entrecerró los ojos, no le estaba gustando nada por donde estaba transcurriendo la conversación; de hecho si que tenía la sospecha en su mente, de que verdaderamente alguien le estaba ocultando la verdad... le estaban traicionando. No quería creer que Balin estuviera implicado, no él, pero aún así Balin insistió.
−Thorin ¿no ves lo que estás haciendo? –continuó el anciano− estás perdiéndote a ti mismo… ven conmigo y vuelve con los muchachos, si quieres iremos a buscar a Fili y a Kili al lago, por favor Thorin.
Su voz era de suplica, pero el moreno estaba demasiado obcecado como para atender a ruegos inútiles. Jamás llegó a creer que Balin lo traicionaría, pero sus palabras estaban empezando a denotar unas acusaciones demasiado graves para ignorarlas. En su reino no había lugar para traidores.
−No me gusta tu tono, ni lo que implicas –dijo Thorin cada vez mas cerca−, ¿estás acusándome de algo, Balin?
−Claro que no –respondió Balin reteniendo las lagrimas−, yo solo quiero lo mejor para ti.
− ¡Como yo quiero lo mejor para ellos! ¡para mi! ¡para mi pueblo! –gritó Thorin−, ¡todo lo que hago lo hago por ellos! ¡por Kili, por Fili! quiero ver que llevan la vida de príncipes que les corresponde… como Rey bajo la Montaña en cuanto recupere la piedra les daré lo que merecen.
El peliblanco dejó que las lagrimas se deslizaran por sus mejillas, sus sentimientos pulverizados y llenos de dolor al ver como el muchacho al que había visto crecer desaparecía.
−Fili y Kili no necesitan todo esto –dijo Balin− eres tú quien lo necesita, y no lo ves Thorin.
Thorin tensó la mandíbula y las manos se le fueron cerrando lentamente hasta convertirse en un puño de nudillos blancos por la ira. Tomó aire despacio y contó hasta tres, intentando calmarse por respeto a Balin, persona que apreciaba y respetaba… pero si seguía por ese camino oscuro no se controlaría; sería lo mejor que desapareciera de su vista, si aún le quedaba cordura.
−Vete –ordenó Thorin con los ojos cerrados.
Sin embargo el anciano no obedeció, y Thorin podía sentir su presencia aún a su lado; le estaba juzgando, le juzgaba duramente… y Thorin lo sabía. Abrió los ojos y le fulminó con la mirada llena de ira.
−¡Fuera! –gritó coléricamente.
Y esa vez el peliblanco se dio la vuelta y desapareció por las grandes puertas de piedra, dejándolo solo con su oro.
La situación era insostenible.
Thorin había vuelto finalmente a la gran sala donde se encontraba reunida la compañía, encontrándose con que en algún momento que él desconocía habían llegado a la Montaña Oin y Kili, sin Fili. Eso lo encolerizó sobremanera, arrojando la gran mesa tallada de una patada tirando al suelo y aplastando todo lo que había sobre ella, copas, platos, cubiertos y comida. La compañía le miró atónita, temiendo por primera vez en sus vidas que Thorin se volviera en su contra.
Thorin no podía… no podía creer lo que estaba pasando.
− ¡¿Dónde está!? –gritó enfurecido.
Ya no solo era la ira que sentía, sino el pánico. Tenía un dolor punzante en el pecho que no sabía lo que significaba, pero dolía como un hierro ardiendo. Mentiras… se engañaba a si mismo, sabía perfectamente lo que significaba; era su propio corazón despertándose y llamándolo a voz en grito, doliendo al sentir el dolor del otro dentro del suyo, el dolor de su ser amado, de su único.
Estaba aterrorizado, pero no podía hacer nada por salvarla si ni siquiera sabía donde estaba, lo único que sabía con certeza era a quien podía culpar por su perdida. Se giró con lentitud hacia Oin y Kili mirándolos con una ira asesina, comenzando a andar hacia ellos con implacable fijeza, sin apartar la mirada llena de fuego de ellos.
− ¡Donde ésta! –repitió.
− ¡No lo sabemos! –gritó Kili jadeando, no sabía si enfadado, angustiado o ambas.
Oin no miró a ninguno de los dos al responder, sin gritos ni alborotos, pero con voz de hierro.
−Lo más probable es que esté muerta –dijo el anciano−, nos separamos durante el derrumbe de la casa sobre la barca, había muchos cuerpos en el agua, puede que alguna viga de madera…
− ¡CÁLLATE! –gritó el rey dejando a todos paralizados.
Thorin sintió que explotaba, ya no era él mismo, no pudo contenerse por más tiempo y cruzó la distancia que lo separaba de Oin en dos zancadas, sacando una daga de su cinturón saltó sobre el anciano peligris y le rajó la garganta, dejando a todos los presentes con la boca abierta por la sorpresa durante unos instantes, comenzando a gritar cuando por fin reaccionaron.
− ¡Thorin! –gritó Dwalin abalanzándose sobre él intentando detenerlo.
Sin embargo el moreno se zafó de una patada centrando su mirada enloquecida en Kili, que se había quedado de piedra mirando como la sangre manaba de la herida de Oin, que se había llevado las manos a la garganta intentando detener la hemorragia. Balin y Gloin estaban sobre Oin taponando la herida con su tunica intentando que la sangre dejara de salir, intentando salvarle la vida.
− ¡Dwalin detenle! ¡rápido! –gritó Balin sin soltar la herida de Oin para que no se desangrara.
Sin embargo Thorin parecía ajeno a todos, su mirada centrada única y solamente en Kili, que no se había movido, paralizado. Todo fue demasiado rápido entonces.
− ¡Dwalin! –repitió Balin aterrorizado, temiendo por la vida del joven enano.
Thorin corrió hacia Kili con el puñal en la mano gritando.
− ¡Esto es culpa tuya! -gritó el rey, llegando hasta Kili con el puñal en alto.
Kili cerró los ojos para no ver como la muerte llegaba de las manos de su propio tío amado, esperando a que el frío acero perforara su carne y se lo llevara de las costas de esa vida… sin embargo el golpe jamás llegó, en lugar de eso escuchó un sonido sordo y un grito encolerizado; entonces la voz de su padre se dejó oír como nunca antes.
Dwalin había saltado sobre Thorin por la espalda derribándolo, quitándole la daga con una mano sujetándole el cuello con el antebrazo, ahogándolo como si de una mordaza de piedra se tratase. Dwalin tenía los ojos llenos de lágrimas, y su voz estaba rota de dolor al hablar.
− ¿Qué es lo que te pasa Thorin? –dijo entre lagrimas− ¿acaso eres tú mi Nadad?
Thorin se resistía intentando respirar, y en el forcejeo la corona de oro y piedra se le calló de la cabeza; pero aún así Dwalin no lo soltó hasta que Thorin no dejó de resistirse.
− ¡Has intentado matar a mi hijo! ¡a mi Inudoy, Thorin! –dijo el castaño sollozando, dándole una patada a la corona−, ¿¡es que has perdido el juicio!? ¿no ves en lo que te has convertido?
Finalmente se alejó de Thorin, que estaba pálido y tosiendo, intentando recuperar el aire. El moreno se llevó las manos a la garganta respirando de forma entrecortada, mirando a Kili, que también había palidecido y después a Dwalin y Balin, que lo miraban con lágrimas resbalando de sus ojos sin creer lo que estaba pasando.
−Voy a encontrarla… –dijo Thorin con voz jadeante– se que está viva, la siento en mi pecho… y después de que la tenga a mi lado todos los traidores van a cumplir con su rey…
Kili le miró con sorpresa, hablando por primera vez desde que le había gritado y había intentado matarle, ignorando lo que las palabras de Thorin implicaban.
− ¿Qué estás diciendo? –inquirió incrédulo el joven enano−, ¿estás diciendo qué ella es tu única?
Thorin no respondió, pero todos entendieron de qué estaba hablando, incluso Ori y Kili que eran los más jóvenes no necesitaron las palabras que lo confirmaran.
Lo que ninguno sabía es que los problemas tan solo empezaban, tras ver el arrebato de locura de Thorin, y con la confirmación de las palabras de Balin sobre la locura del rey, el pequeño Bilbo había tomado la determinación más dura de su vida; entregarles a los elfos y a los humanos la Piedra del Arca, que pesaba en su bolsillo como una tonelada.
El Hobbit tragó saliva, escabulléndose entre las sombras de la Montaña.
.
.
.
Mini diccionario
.
KHUZDUL
.
Adad − Padre
Amad – Madre
Namad – Hermana mayor
Nadad – Hermano Mayor
Nadadith − Hermano Pequeño
Inudoy Hijo
.
Debo agradecer como siempre a Behind-the-musgo, Cecily Adhara Pan Herandole, Nyra8, Temari-flower, Erinia Aelia y Guest por estar ahí fielmente y dejarme un comentario, me hace feliz y me motiva a escribir mas! Y sabed que nunca me olvido de todas las personas que leen el fic, muchisimas gracias lectores, espero no decepcionaros!
Este ha sido un capitulo largo y me ha costado bastante escribirlo por la dificultad emocional que tenía para los personajes y para mi, por mis sentimientos devastados y pulverizados con la película, pues estoy muy enfadada con como ha tratado y matado Jackson a Fili ahí, furiosa, pero me queda el consuelo de que yo lo tratare infinitisimamente mejor.
De hecho, para mi la pelicula confirma el Fili x Thorin (que no al revés para mi desgracia); quien la viera sabrá que hay momentos clave que no se pueden negar (cuando llegan Bofur, Oin, Kili y Fili a la montaña y Bilbo les advierte de lo que pasa… ¿Quién es el primero en ignorar al hobbit y salir corriendo angustiado a buscar a Thorin? nuestro dorado principe; ¿a quien lanzo el rubí Thorin y miró cuando les dio la bienvenida a Erebor? a nuestro querido Fili, ¿a quien fueron dirigidas las ultimas palabras y miradas de Fili antes de morir? a nuestro hermoso rey enano) y como estas… muchas más a lo largo de las 3 peliculas. Viva el Thofi :D
Así que espero que os haya gustado este capitulo, me he esforzado muchísimo para dároslo a tiempo como cada fin de semana; y os puedo adelantar que el punto de inflexión de Thorin se avecina, pero no puedo decir que o cual es, no le odieis demasiado. Como podéis ver he cambiado ciertas partes respecto al movieverse, pero por motivos concernientes al fic y su correcto desarrollo.
¿Me dejais un review o un comentario con vuestra opinión porfavor? ayuda mucho a seguir escribiendo.
