Como siempre a todas las que vais leyendo cada capítulo gracias ^^

my dark queen si sufren un poco no pasa nada xD

En fin no molesto más y ahí va el siguiente capítulo


Capítulo 6


Se pasa el resto del día en un hotel. Sola. No consigue dormir, no consigue hacer nada. Ahora en frío, ahora que ya no es tan grande el cabreo, se arrepiente de como le ha hablado. De las mil barbaridades que ha soltado por la boca y encima ella hasta parecía arrepentida. Da mil vueltas en una cama demasiado grande mientras en su mente se repite una y otra vez su nombre dicho por ella. De esa forma que la estremece sólo de recordarlo. Sabe que de no haber sido por el cabreo habría terminado lanzándose a sus labios.

Casi que le gustaría tenerla delante y gritarle un: "¡Sal de mi cabeza!" porque mientras rellenaba los papeles lo ha visto, ahí, en su dedo, un anillo de casada. Casada, seguramente hetero, y ella ahí, en la cama de un hotel, amargada por su culpa y odiándola y deseándola a la vez.

Encima tenía que ser en uno de esos días que se viene abajo. No podía ser en otro momento, no. Debería pedirle perdón pero... ella tampoco es que haya dicho un lo siento muy sincero y en realidad todo ha sido su culpa.

Cansada de estar en la cama mirando al techo termina por bajar al bar del hotel y se le pasa la noche entre copas y conversaciones con el camarero que mira divertido a esa joven capaz de beber más que diez hombres juntos.


Tras pasar media mañana arreglando las cosas del coche y consiguiendo uno de cortesía, se dirige a clase, sin muchas ganas, sobretodo porque le toca darle clase a ella. Si el primer día le gustó su mirada todo el rato fija en ella sabe que esta vez la detestará. Y no podrá culparla.

Toda la noche se ha sentido despreciable por sus palabras con ella. Le dijo que sólo era un coche cuando está claro, ahora, que no. Ella, Regina, la Evil Queen, sin poder dormir por haber hecho sentir mal a alguien. Bueno, no es sólo alguien, es Emma. Aunque aún no sabe muy bien qué significa eso.

Va justa de tiempo y por ello avanza rápido por los pasillos, sus tacones resuenan, fuertes, seguros, un par de alumnos se apartan a su paso. Es la Evil Queen... tal y como ella dijo. Hasta ahora ese apodo nunca le había dolido.

Cuando entra en el aula, nada más poner el primer pie en ella, toda la clase enmudece y se sientan bien. Casi debe reprimir una carcajada. Cierra la puerta a sus espaldas. Cuando avanza hacia su mesa ve que al lado de la morena, la amiga de Emma, la rubia no está. Pasea la mirada como quien no quiere por el aula y nada, ni rastro de ella. Ni de su rubia melena ni de su verde mirada.

Aprovecha el minuto que aun queda hasta la hora para preparar todo lo que le hace falta para dar clase. Está sacando el portátil cuando la puerta se abre y se estampa contra la pared.

Ups... ¡lo siento! ―cierra la puerta y con una sonrisa casi bobalicona avanza.

Se vuelve, al igual que toda la clase, y ve ante ella a Emma, un poco despeinada, con gafas de sol y andar tambaleante. Alza las cejas mientras la ve avanzar hacia su amiga y dejarse caer en la silla. Decide ignorarla, a ella y al resto de alumnos, que la miran casi esperando que la eche de clase. Pero no va a hacerlo, no puede... es como si esa chica, esa Swan, la anulase y no le importa. Hace esfuerzos por mantener su fachada a la vez que por dentro una batalla tiene lugar.

Ve como la rubia se quita las gafas de sol, incluso desde aquí ve lo rojo que están sus ojos, y apoya la cabeza en la mano que tiene sobre la mesa. Borracha, ha ido borracha a su clase, es todo en lo que puede pensar. Cuenta hasta diez interiormente antes de aclararse la garganta y decir con su tono de siempre, ese que les impone:

―Seguiremos hablando Era Augusta, hoy situaremos en el contexto y los autores.


―¿Qué cojones haces? ―le susurra cabreada y sólo consigue un gruñido como respuesta de su amiga―. Luego hablamos, Emma.

―Sí, mamá.

―Estás borrachísima.

―Sherlock Holmes es nadie a tu lado ―la mirada que le lanza casi que le duele.

Pero no dice nada, se calla y atiende, porque ella sí lo necesita, no es como su amiga, no es la chica diez. Aunque le extraña que la profesora no la haya echado, pero una cosa está clara, está cabreada, se nota por las miradas que lanza.

A la hora y media, de una explicación perfecta pero densa, en la pequeña pausa de diez minutos que les concede Regina, que se marcha nada más decir que en diez minutos continuará, se vuelve hacia su amiga y agarrándola del brazo la saca del aula ignorando sus protestas. Una vez fuera, dejando que se apoye en la pared, la fulmina con la mirada:

―¿Qué coño te pasa? ―casi parece un animal salvaje a punto de devorarla.

―Nada, Rubs ―su voz suena pastosa y se pasa la mano por el cabello, despeinandose más. Lo cierto es que se la ve un poco mejor que al llegar.

―Espero que no hayas venido conduciendo.

―¿Qué coche? Si está en el mecánico, un mes. ¡Un puto mes! ―sonríe punzante―. Y claro no podía ir a por el Mini o ningún otro coche porque Jenn sigue allí. Así que he venido en taxi, tranquila.

Cierra los ojos y compone una mueca. Eso lo explica todo. Si algo le pasa a ese coche a ella se le va de las manos todo.

―¿Qué pasó?

―Me dieron...

―¿Dónde?

―En la puerta.

―No, Emma. ¿Dónde?

Desvía la mirada y responde en un susurro.

―En el cementerio...

Encima en uno de esos días que su amiga se hace diminuta. Lo raro es que se haya incluso dignado a aparecer por clase.

―Emma... ―ve como frunce el ceño y arruga la barbilla, señal inequívoca de que va a llorar, así que se limita a estrecharla entre sus brazos―. Tranquila.

La rubia asiente contra su hombro y se deja abrazar, nadie sabe cuánta falta le hacía, cuánto lo necesitaba. Pero lo corta antes de lo que necesita porque nota las lágrimas casi desbordándose de sus ojos.

―Voy al servicio ―un hilillo de voz.

―Vale. No tardes, dudo que te deje entrar de nuevo si la lías.

―Ya...


Una vez en los lavabos se lava la cara con agua helada. Le va bien, le despeja un poco la mente. Se mira al espejo y suelta una carcajada. Va horrenda. Se arregla como puede el pelo y mejora un poco. Termina y ya más aseada y decente sale.

Cuando está cerca del aula escucha unos tacones que resuenan en sus sienes y luego un:

―Espere, Señorita Swan.

Pone los ojos en blanco, maldiciendo su suerte, se detiene y se vuelve para encontrarse a Regina ante ella. A pesar de todo no puede evitar pensar lo atractiva que es y más al ver que de nuevo parece normal, se comporta diferente al modo en que lo hace en el aula. ¿Es por ella?

―¿Qué?

―Estaría bien que no montases esos follones cuando entras ―habla calmada, no hay dureza en su voz aunque sí en sus palabras.

―Ha sido un accidente.

―Lo sé... Respecto ayer... ―ve como coge aire, como aprieta la mandíbula y como finalmente susurra―. Lo siento. Siento el golpe y siento haber dicho que era sólo un coche, está claro que no. Lamento todo lo ocurrido.

La mira a los ojos y por un momento se pierde en ellos. Nota como se le seca la garganta y el corazón se le acelera. Si ahora dijese de nuevo su nombre como ayer seguramente acabaría muy mal la cosa. Traga saliva para calmarse, para despejar su mente de ella. No sabe que Regina está igual. Sólo alcanza a susurrar:

―Gracias. Y yo...

Regina niega con la cabeza cortando sus palabras, no quiere que ella se disculpe, se ganó todo lo que dijo a pulso. Así que sólo sonríe, un tanto forzada, antes de indicarle con la mano que deberían ir tirando.


―¡Elsa! ¿Quieres quedar?

Llama a la rubia deseando que pueda quedar para sacarla de su confinamiento. Ya ha terminado toda la faena de la universidad, ha estudiado, ha hecho unos largos en su piscina y sólo es sábado por la tarde. Un sábado en que Ruby se ha ido a su pueblo a visitar a su abuela y en el que su padre está en Londres, de viaje de negocios, como suele ocurrir.

―No puedo, Em. He quedado.

―Todo el mundo ha quedado ―se lanza en su cama exasperada, aunque todo el mundo, o todo su mundo, se reduce a Ruby y Elsa. No es que no tenga más amigos, tiene unos cuantos, pero no le apetece salir con ellos estos días. Sólo necesita a sus dos mejores amigas.

―Es sábado, lo raro es que no hayas quedado tú ―escucha la risa de su amiga.

Pone los ojos en blanco. Sí, es sábado y ella encerradita en su mansión. No tiene plan, normalmente solía quedar con alguna chica, salir por ahí, un par de líos, un par de noches en la cama de alguna, pero desde que empezó la universidad no quiere, no tiene ganas. De la única chica, bueno, mujer, que tiene ganas, es de ella, de Regina. Se siente idiota. Hasta soportaría tener a Jennifer para matar el rato discutiendo ni que sea, porque no hacen otra cosa en realidad. Pero no, sólo estuvo una semana y de eso hace un mes. Aun recuerda que tuvo que aguantar la charla de su padre sobre la familia nada más irse su hermana y ella aparecer por casa. Lo peor era que él tenía razón aunque ella tuviese sus motivos.

―¿Con quién has quedado?

―Ariel ―suena tan risueña que casi le duele.

Otra vez con ella. Quedan mucho. La chica no es mala, es simpática, risueña... si no fuese por aquel día con sus amigas seguramente le encantaría como novia o algo de Elsa pero...

―Que vaya bien entonces.

―Sí, ya nos veremos.

Cuelga el móvil y enciende la música a todo volumen. No puede evitar sonreír al escuchar la canción que había dejado a medias y poniéndose en pie en la cama empieza a cantar mientras se viste. No piensa quedarse encerrada. Ir de compras se le antoja una buena opción.

Snow White is doing dishes again cause, what else can you do. With seven itty-bitty men? Sends them to bed and calls up a friend, says "will you meet me at midnight?". The tall blonde lets out a cry of despair says "Would have cut it myself if I knew men could climb hair. I'll have to find another tower somewhere and keep away from the windows". 'Cause I don't care for your fairytales. You're so worried about the maiden though you know. She's only waiting on the next best thing. /Blancanieves está limpiando de nuevo, porque ¿qué más puede hacer con siete diminutos hombres? Los manda a la cama y llama a un amigo: ¿Quiéres que nos veamos a madianoche? La rubia alta llora gritando desesperada "Lo habría cortado yo misma si hubiera sabido que los hombres pueden escalar el cabello. Ahora tendré que buscar otra torre en cualquier lugar, mntenerme lejos de la ventana" Porque no me importan tus cuentos de hadas. Estás tan preocupado por la doncella aunque saber que ella sólo está esperando lo mejor que viene después


Robin sólo lleva tres días fuera, el segundo viaje de trabajo en un mes, y ya nota como se siente un poco más ligera. Le sabe mal porque él lo da todo, lo sabe, pero dándolo todo no consigue nada. Ella no le necesita, bueno sí, pero no por amor. Nunca le ha querido, nunca ha sido capaz, y se ha esforzado, nadie sabe cuánto.

Y ahí está ahora, aparcando junto a un Mini rojo, para ir a comprar un libro a su sobrina, que aprovechando que está sola pasará la noche en su casa. Más le vale comprar un libro si no quiere volver a leer Blancanieves y los siete enanitos. No quiere hacer de Evil Queen no desde el día del accidente. No desde que las palabras de la rubia se clavaron en su corazón. Su corazón... aún le extraña y la perturba que unas simples palabras le duelan tanto, la atraviesen y le roben el aliento. ¿Por qué tiene tanto poder sobre ella? En fin... que no quiere ser Evil Queen y además, que ya anda un poco harta de la historia y empieza a odiar a Blancanieves.

Avanza por el parking y sale al exterior del centro comercial, que es al aire libre. Opta por ir a una tienda más genérica en la que tienen tecnología, música, películas, libros y más cosas para ya aprovechar el viaje y comprarse algo. Hace tiempo que no se da un capricho, hace tiempo que no se compra una película o un libro nuevo. Hace tiempo que empezó a perderse a si misma más de lo normal. Y teme que eso se deba a ese huracán de ojos verdes.


Casi que nada más entrar en la tienda ve un CD nuevo que salió el otro día y se lanza hacia el montón emocionada. No se acordaba de que ya estaba a la venta y eso que ya había leído críticas. Con una sonrisa radiante marca el número de Ruby y camina hacia la sección infantil para ir a buscar una de las cosas que le trajo a la tienda.

―¿Qué pasa, rubia, te aburres sin mí?

Suelta una carcajada al escuchar a su amiga.

―¿Adivina que tengo en la mano?

Silencio y luego Ruby en su tono más serio, ese que apenas usa:

―Espero que nada sexual, la verdad, o sería una llamada muy, muy incomoda y en la que no querría participar.

Estalla en carcajadas y la morena se le une enseguida. Un par de clientes la miran extrañados y termina por sonreír y decir con alegría:

―Idiota. ¡El último CD de She & Him!

―¿Ya está a la venta?

―Sí y tengo uno para ti.

―Te adoro, Emma. Lo sabes, ¿verdad?

―Sí, pelota. ¿Qué tal va por ahí?

―Aburrida, la abuela sigue tan gruñona como siempre. Y me tiene currando en su restaurante.

―¿Con ese uniforme tan cutre?

―Sí, pero con un par de arreglillos míos.

―Ruby... vigila no provoques a alguien un infarto.

―Se hará lo que se pueda ―el tono seductor de su amiga la hace sonreír, como siempre.

―Vaya peligro tienes―llega a los cuentos y empieza a buscar el suyo―. En fin, te dejo, era sólo por si por casualidad lo veías.

―Vale. Un beso. Nos vemos el lunes en clase.

Sí. Adiós.

Cuelga y por el rabillo del ojo le parece ver el libro que busca, así que con el móvil aún en la mano, se vuelve.


Avanza hacia la sección infantil, que según una dependienta está al fono a la derecha. Va un tanto perdida, nunca ha venido a esta tienda pese a lo popular que es, pero hoy se sentía con ganas de algo nuevo, aunque fuese algo tan simple como ir a una tienda que no conocía.

Va distraída mirando la cantidad de libros que la rodean cuando nota como alguien choca contra ella o ella choca contra alguien. No le importa. Todo lo que le importa es que de nuevo ante sus ojos está ella. Ella en mayúscula. Emma, la Señorita Swan está frente a ella soltando una maldición, sorprendida por el golpe, y agachándose rápido para recoger su móvil que está en el suelo.

Se queda helada, Emma aún no la ha visto, y desearía que la tierra se la tragase. ¿Tiene un imán o qué? ¿Por qué siempre acaba chocando con ella sea de quien sea la culpa? Y... ¿por qué está en todas partes? Con lo grande que es Barcelona ¿y la tiene que ver en cada maldito lugar? Aunque en el fondo no le molesta. En el fondo deseaba otro encuentro con ella, otro encuentro fuera de ese aula en el que sólo puede observarla de reojo, disimulando, fingiendo que no nota su mirada, fingiendo que no quiere ni verla, ni hablar con ella.

Oh, maldita sea... la pantalla a la mierda.

La rubia aún no la ha visto, sólo ve la pantalla de su iPhone destrozada. Lo recoge del suelo, sosteniéndolo con dos dedos ante sus ojos, casi como si le diese igual o fuese algo molesto. Entonces alza los ojos al ver como la persona contra la que ha chocado sigue ahí, y la ve.

Ve a Regina, totalmente quieta, mirándola con cara de circunstancia y no puede evitar la carcajada que estalla en sus labios.

―Esto ya es una broma, ¿no? ―se levanta en un suspiro y con las cejas alzadas y una sonrisa casi parece desafiarla―. Y pensaba que era yo quien se chocaba contigo. Aunque creo que ahora ha sido culpa de las dos.

―Yo... ―Regina mira a todos lados, buscando las palabras, ¡ella! ¡Que nunca las pierde!

―Tranquila, hoy no te grito ni monto un pollo ―la mira directamente a los ojos, es de las pocas personas que lo hace―. Sólo los monto cuando defiendo a mi coche.

La sonrisa que esboza Emma en sus rosados labios la aturde y a la vez le sirve de interruptor.

―¡Te he vuelto a romper algo! ―le quita el móvil de la mano y lo mira con cara de circunstancia―. ¿Qué coño me pasa?

―Tranquila ―reprime las ganas de reír al verla así, hablando mal, confusa, incómoda, sosteniendo su móvil como si nada―. Esta vez diría que hemos sido las dos.

―¡Déjame pagártelo! Encima es uno de esos caros, ¿no?

―Regina... no pasa nada, puedo permitírmelo.

―Pero... ―quiere decir algo más pero su mente se ha detenido en ese Regina que ella ha dicho, casi suplicando, con una sonrisa. Es la primera vez que la llama por su nombre y le sorprende darse cuenta de que daría todo para que lo dijese una vez más. Y se da cuenta que Emma ni se ha percatado de que ha dicho su nombre.

Ve como le quita su móvil de las manos, sin tocarla, aún con la vista clavada en sus ojos, con una sonrisa. Esta si es la chica del primer día pero... vaya cambios de humor pega. Un día la mira casi embelesada, al otro la encuentra un tanto sorprendida, otro le grita como si no fuese nadie y hoy le sonríe dulce. Seguirle el ritmo parece imposible y eso le gusta. Al menos ella siempre es fría y distante o bueno, mejor dicho, solía ser sólo así.

―Pero nada. Luego voy a comprarme otro. Así ya me pillo el 6 pero el grande. En fin ―sacude la cabeza mientras se guarda el móvil―. ¿Qué haces en la sección infantil?

Regina se queda un tanto sorprendida pero se repone rápido.

―Lo mismo podría preguntar yo, Señorita Swan ―consigue decir tras aclararse la garganta.

Emma suelta una carcajada y se vuelve para coger el libro que quería y se lo muestra:

―Venía a por este libro, Señorita Mills.

―¿El Principito?

―En pop up. Es la leche, es de mis libros preferidos y siempre se me olvida comprarlo en esta versión así que aprovechando que no tenía plan un maldito sábado he pensado en... ―entonces frunce el ceño y la mira inclinando la cabeza―. No te importa.

―¿Qué? ―y ahí está, borde de nuevo esa rubia impredecible.

―Que te estoy contando mi vida así porque sí, perdona. Seguro que tienes prisa o algo ―se coloca el libro bajo el brazo junto a dos CD iguales.

―No, tranquila, es interesante y no tengo prisa. Es más, tengo un dilema ―dice mientras recorre con la mirada los libros para no mirarla a ella, para no perderse en sus ojos o en el movimiento de sus manos mientras se recoge el cabello en un moño.

―¿Cuál? ―pregunta casi con miedo, pero no el miedo de otros, si no el miedo de no saber hasta dónde puede preguntar, el de no saber cuál es el límite, porque ¿cuál es? Ni siquiera la propia Regina lo sabe.

―No sé qué libro comprar. Estoy harta de leerle siempre el mismo.

―¿A quién? ―se coloca a su lado deseando que las siguientes palabras no sean un "a mi hijo".

―A mi sobrina ―pendiente de los títulos ante ella no escucha el suspiro de la chica a su lado―. Mi hermana pasa de comprarle libros nuevos y mi sobrina no se queja. Me quejo yo que siempre me toca leer lo mismo.

―¿Hace que le leas? ―no puede evitar sonreír divertida al imaginarse a Regina con una niña leyendo.

―Sí, Señorita Swan, no es tan raro ―saca un libro de la estantería y lo deja de nuevo al no gustarle ni la portada.

―¿Cuál te hace leer más? ―no puede evitar preguntarle cosas y menos hoy que parece dispuesta a contestar, ya sea por aburrimiento, porque la ha pillado con la guardia baja o porque se sienta obligada.

―Pues... ―pone los ojos en blanco y tras aclararse la garganta casi que susurra―: Blancanieves y los siete enanitos.

Al escucharlo Emma no puede evitar soltar una sonora carcajada que disimula entre toses mal fingidas al ver la mirada de Regina fija en ella con ese aire y carácter que muestra en el aula.

―No tiene gracia, Señorita Swan.

―Ya... ―se le escapa la risa mientras procura ponerse seria y Regina inspira profundamente lamentando haber contestado, pero no puede evitar contestar―. ¿Y por qué justo ese?

Aprieta la mandíbula y nota la mirada risueña de Emma fija en ella.

―Le gusta como hago de Evil Queen.

Y ya sí que la rubia no puede aguantar más y estalla en carcajadas que ni se molesta en disimular incluso siendo consciente del odio que empieza a oscurecer los ojos de Regina. Los clientes que pasan cerca de ellas las miran curiosos. Miran curiosos a la rubia que se ríe con ganas y a la morena que parece debatirse entre matarla o unirse a ella. Pero Regina, viendo a la rubia reírse no puede evitar esbozar una sonrisa casi resignada.

¡Es buenísimo! ¡Tu sobrina es genial! ―se seca una lágrima que asoma por su ojo y trata de calmarse tomando aire―. Es muy bueno. Lo siento... ―la mira sin poder esconder su sonrisa y pone cara culpable―. Pero tiene su gracia y lo sabes.

―Sí, sí... ―se cruza de brazos y con las cejas alzadas―. En lugar de reírse podría ayudarme, ¿no?

―¿Qué quieres? ¿Que haga de Blancanieves? Se me da bien comer manzanas y eso pero no cuentes con que espere al príncipe.

Sonríe, sí, no parece de las que esperan porque seguramente son los príncipes los que la esperan a ella. Sólo que Regina no sabe que Emma no quiere un príncipe y ya no quiere ninguna princesa, sólo a ella.

―Que me ayudes a elegir un cuento. Que seas tan infantil puede servirme de algo.

Emma alza las cejas divertida y en el fondo un tanto confusa, aunque lo disimula. Está confusa con la actitud de la morena. No entiende cómo es que está ahí, hablando con ella, como si tal cosa, como si fuese normal. Pidiéndole ayuda. Dejando que se ría de ella más o menos. Casi que debe esforzarse por no mirar sus labios y entonces dice resuelta:

―¿Que edad tiene?

―¿Yo? ―pregunta casi ofendida.

―La tuya ya la sé, está en el parte del accidente ―la sonrisa de vencedora que dibuja la saca fuera de juego―. Tu sobrina.

―Siete años... pero es lista y un poco avanzada, no le van los cuentos de niños.

Emma suelta un "Hmm" pensativo mientras mira los libros ante ella. Entonces recuerda uno que hasta ella tiene y sí, no es para niños niños, pero si que tiene esa magia y seguro que hasta a Regina le gustará leérselo. Empieza a buscarlo mientras nota los oscuros ojos de Regina clavados en ella. Le gusta esa sensación, le gusta la sensación de sus ojos en ella. No puede evitar sonreír mientras sigue leyendo títulos hasta dar con el que busca.

―¡Éste! ―se lo tiende con una sonrisa radiante.

Regina lo coge sin mucha confianza, es grande, pero lo cierto es que el dibujo de la portada la atrapa.

―Ensueños... ―lee el título en voz alta ―. ¿De que va?

―De sueños, de que sueñan ciertos personajes. Sale Wendy, el Principito, una bruja... es bonito. Lo escribe un chico y un ilustrador hace todos los dibujos. No es un texto para niños por las palabras pero sí que tiene magia para ellos y los dibujos son... una maravilla. A mi me encanta.

―Está bien, me fiaré de ti. Gracias...

―De nada. Esto... ―¿debería irse? ¿Intentar alargar la conversación como quiere en realidad?

―¿Tienes el libro Los viajes de Gulliver? ―la pregunta la pilla por sorpresa y sólo es capaz de negar con la cabeza―. Aproveche que está aquí para comprarlo, lo mandaré este lunes como lectura obligatoria.

―¿Alguna edición en especial?

―Alguna que esté en inglés, por supuesto, pero no será problema para ti, ¿no?

―No ―sonríe dulce―. Ningún problema, el día que el inglés me sea un problema casi que me mato o lo hace mi padre. Pero ya me lo compraré por Amazon luego y así lo tengo en el Kindle.

―¿En serio? ―casi lo dice con desprecio―. ¿No lo prefieres en papel?

―Sí, pero doy por hecho que habrá que hacer un trabajo bastante difícil o exhaustivo y prefiero tener la posibilidad de subrayar y hacer notar y en un libro en papel jamás lo haría.

―¡Ah! Buen argumento ―sonríe divertida, la encara, Emma siempre la encara, bromea con ella, se enfrenta a ella. Nadie más lo hace―. Bueno... yo seguiré comprando.

―Y yo iré a pagar ―sonríe tímida, casi no sabe como despedirse―. Nos vemos el lunes.

Sí. Que pases un buen fin de semana... o lo que queda de él.

Igualmente.

Le encantaría quedarse con ella, seguir hablando, continuar mirándola sin esconderse, perderse en sus ojos. Pero no puede. Se siente alguien diminuto alzando los brazos al cielo tratando de atrapar una cometa que le queda lejos, increíblemente lejos.

Continuará


Espero que os haya gustado y si comentáis genial XD