Avanzamos con otro capitulo más. Espero que el ritmo no les disguste, es un fic lento pero lleno de sentimientos. Por favor, disfrútenlo.


-6-

Un youkai enamorado.


—Volviste a llegar tarde. – la voz severa de Sasuke recriminó a Naruto otra vez cuando el crepúsculo estaba a punto de desaparecer. El pequeño rubio se encogió de brazos y pasó de largo, a lo que Sasuke alzó una ceja ante tal gesto despreocupado.

—No es tan tarde. – excusó mientras jugueteaba con sus pies en un pequeño riachuelo en medio del bosque. Ambos niños guardaron silencio.

—¿Estás viendo a alguien, no? – intuyó el moreno de tan sólo ocho años, su mirada se veía acusadora.

—Mmm, tal vez. – el volvió a encogerse de hombros, como un total rebelde.

—Sabes que si Kakashi se entera…

—Pero no lo hará. – Naruto le miró con el ceño fruncido, reprochando a su amigo. Sasuke también frunció el ceño en respuesta.

—¿Es humano, no? – volvía a dar en el clavo.

—Sí. – Naruto no tuvo problemas en aceptarlo.

—Sabes las reglas.

—Bah, las reglas me van a y me vienen. – deliberadamente se levantó y tomó un poco de agua en sus manos para lanzársela a Sasuke, el chico retrocedió ante la agresión.

—¡Oye!

—¡Deja de molestar y peleemos! – retó el rubio, haciendo sonreír a Sasuke por primera vez en la tarde.

—Bien, pero si yo gano le dirás a Kakashi sobre tu amigo humano.

—¡Eso no pasará!

Los dos niños comenzaron su batalla y como era de esperarse, Naruto perdió estrepitosamente ante la genialidad de Sasuke. Cuando terminaron el chico yacía tirado en el suelo con Sasuke sobre él y sumiendo por completo con su cuerpo, deteniendo su mano izquierda para no golpearle en la cara de lleno al rubio.

—Vaya, vaya… - Kakashi llegó entonces de la nada y el niño de ojos azules se tensó notoriamente, luego miró a Sasuke, esperando que éste actuara. Sasuke recibió los ojos de Naruto y se sorprendió al verle preocupado, guardó silencio. —Sasuke, Naruto, ¿Volvieron a combatir? Asumo que ganó Sasuke. – se cruzó de brazos con evidente certeza.

—Así es. – habló Naruto, sin perder la vista en Sasuke. El moreno sentía la angustia en el rostro de su amigo y sin poder evitarlo, su parecer cambió.

—¿Sasuke? – Kakashi le llamó al verlo inmóvil. —¿Me he perdido de algo?

—No. – dijo finalmente, quitándosele de encima a Naruto. —Nada. – caminó hasta él con las manos a los costados y pasó de largo del mayor. Kakashi lo miró partir y después dirigió su vista a Naruto, quien estaba anonadado.

—Naruto. – el chico dio un respingo al escucharlo. —¿Todo bien?

—S-Sí. – se levantó y sacudió la tierra. —¿Nos vamos ya?

—Claro. – el enmascarado se dio media vuelta. —Hoy cenaremos tarde, vamos a entrenar en el lago.

—Está bien. – dijo sin más el niño, no podía perder de vista a Sasuke, quien caminaba a unos cuantos metros de él. Uchiha había decidido no revelar su secreto y sonrió en un agradecimiento mudo.

Habían pasado dos años desde el descubrimiento de Sasuke, se había dado cuenta que conforme pasaba el tiempo Naruto se distraía más en el entrenamiento, pero a cambio era más risueño, más amistoso y positivo. Ahora sabía el nombre de la chica, se llamaba Hinata y según Naruto era una chica muy rara, pero buena de corazón; y pese a que a Sasuke le disgustaba que Naruto fuera más vago con el entrenamiento, una parte de él se alegraba que aquel chico tan solitario y molesto se entretuviera con otra alma viva que no fuera él.

No obstante, una tarde cuando el sol caía, lo encontró sentado a las faldas de un frondoso árbol, abrazándose las rodillas y llorando en silencio. Se acercó lentamente y cuando estuvo a una distancia prudente fue Uzumaki quien habló primero.

—Kakashi-sensei le ha borrado la memoria. – le dolía mucho, lo notó en su voz.

—¿Enserio? Al menos no la mató.

—También quería borrármela a mí.

—¿Y por qué no lo hizo? Conocías las reglas. – expresó Sasuke.

—Yo se lo pedí. – sorbió su nariz

—Ah. – Sasuke se paró a su lado y se recargó en el árbol con los brazos cruzados. —Pues, supongo que no has perdido mucho.

—Ella jamás me reconocerá. Tampoco podré acercarme a ella, se lo prometí a Kakashi.

—Era obvio.

—Pero Sasuke… - él le miró lastimosamente. —Hinata era mi amiga.

—Y humana. – complementó él. —Si te acercas de más a los humanos tanto tú como ellos corren ciertos peligros. Kakashi te lo dijo. – Naruto dejó que dos lágrimas más rodaran por su rostro. —No llores, tenemos mucho que hacer. – Naruto volteó su rostro indignado.

—Déjame en paz.

—Como quieras. – sin más comenzó a caminar lejos de él.

—¡Sasuke! – Naruto le llamó al ver que se alejaba enserio, el Uchiha le miró de soslayo. —Gracias por intentar consolarme. – el frunció el ceño y comenzó a caminar rápidamente mientras chasqueaba la lengua. Naruto sonrió en medio de las lágrimas, era bueno contar con amigos como él.

Que aunque no congeniaban con muchas cosas, siempre tenían lindos momentos, como este por ejemplo.

Había pasado una semana desde el episodio de aquel día lluvioso y la relación entre ambos era igual que antes. Hinata vivía en la monotonía total, iba y venía de su habitación en total silencio y sin molestar a nadie, mientras que Naruto sólo acudía a ella cuando era la hora de comer. En ocasiones se encontraban en el pasillo, otras en el jardín, dado que a Hinata le gustaba visitar seguido el árbol de melocotones, incluso en más de una ocasión había intentado tomar uno, pero estaban demasiados altos para su gusto.

Esa mañana Naruto caminaba en silencio por el pasillo de su hogar, acababa de tomar un baño, pues había entrenado desde la madrugada y ahora que se sentía más fresco decidió ir donde Hinata para prepararle el desayuno, mas cual fue su sorpresa al verla de pie frente al árbol frugal, mirando con ansias un hermoso fruto que estaba maduro. Esto le pareció muy familiar, pues lo mismo había pasado cuando ella recién había llegado. Se acercó con cuidado y para sorpresa de Hinata estiró el brazo y le dio la fruta directamente. La chica se sorprendió de verle llegar de repente, pero aceptó el fruto en silencio.

—Gracias. – repitió. —Son muy dulces. – agregó, dado que era la segunda vez que le daba de los frutos ancestrales del viejo árbol.

—Sí, eran los favoritos de mi madre, al parecer. – expresó con una sonrisa.

—¿Su madre, de verdad? – le miró curiosa.

—Sí. – el rostro de Naruto entristeció de repente. —Pero ella ya no está aquí.

—Oh, lo siento mucho.

—Está bien, ella fue muy feliz. – Naruto guardó ambas manos entre sus mangas.

—Mi madre también los adoraba. – ante esto el muchacho la miró interesado. —En realidad cada vez que veo este árbol la recuerdo. – Hinata veía fervientemente la fruta entre sus manos. —Cuando niña solía cortarnos en rodajas y lo comíamos juntas en el corredor. – sonrió un poco.

—Qué lindo recuerdo. – Naruto sonrió radiantemente y Hinata le miró admirada, sus dientes eran extremadamente blancos y aquella sonrisa despedía sinceridad pura. —Es más, ¿Por qué no lo hacemos? – estiró la mano y cortó tres más. —Ven. – la tomó de la mano y la haló con él, Hinata miró atentamente la unión de sus manos. La sentó en el corredor y corrió a la cocina, cortó la fruta en rodajas y se las sirvió en medio de ambos. La chica estaba maravillada por aquel gesto. Naruto le ofreció en silencio y ella asintió, tomando un poco y llevándoselo a la boca. Sonrió al sentir su dulce sabor.

—Son deliciosos. – comentó.

—¿Verdad que sí? – Naruto se llevó un poco de fruta y masticó con ganas. —Si tanto te gustan puedo dártelos cada que quieras en el desayuno. – se lo decía con la más genuina intensión.

—No quiero molestar, Naruto-san.

—¡No es molestia, de veras! – sonrió entusiasmado, era la primera vez que lo veía así, aquello que Hinata se sintiera repentinamente incómoda, como si tuviera mariposas en el estómago y sin querer se sonrojó levemente. —¿Oh? – Naruto no perdió detalle. —¿Qué sucede? Tienes la cara roja, ¿Acaso te sientes mal? ¿Tienes fiebre? – le tocó el rostro.

—N-No, estoy bien.- sacudió la cabeza y desvió la mirada. —¿S-Sabes, Naruto-san? Si quieres yo también puedo cocinar. Sería bastante desagradecida si no te apoyo con algo… es decir, por lo de protegerme y ayudarme. – no sabía cómo expresarse y eso sólo la hacía ver más tierna.

—¿Quieres cocinar? – el chico volvía a sonreír. —Me parece bien, pero no creo que sea adecuado que te molestes con eso.

—¡Po-Por supuesto que no! – tartamudeó timorata. —No es molestia, todo lo contrario.

—Bueno. – se cruzó de brazos meditabundo. —Si tú quieres…

—Gracias, Naruto-san, sería una buena forma de agradecerte. – y tras decir esto ambos continuaron comiendo hasta que se terminaron la fruta.

Para cuando Hinata se paró en la cocina, las cosas no lucían muy limpias y era porque a Naruto no le llamaba mucho la atención el preparar los alimentos, no obstante, como necesitaba alimentar a la chica se esforzaba, causando ciertos desastres como salsas, hierbas aromáticas, tazones y ollas por todas partes.

Lo cierto era que Naruto comía lo que cazaba y deseaba, le encantaba el ramen, un platillo humano, y en ocasiones se disfrazaba para ir a comerlo a las comunidades cercanas. No obstante, dada la dieta que Sakura había insistido para Hinata había hecho su mejor esfuerzo, resultando en desastre para su cocina y una comida sin sabor para la pobre futura madre.

La chica estaba muy callada cuando contempló la cocina y Naruto apenado.

—Bu-Bueno, ¿Por qué no limpiamos un poco? – sugirió rompiendo el silencio.

—¡Sí! – le miró sonrojado. —¿Por dónde empiezo? – Hinata admiró la forma en la que Naruto se avergonzaba por la mala higiene del lugar, por lo que sonrió con ternura e indicó la forma en la que podían arreglar todo.

Tardaron unos minutos, ambos ayudándose para mover y acomodar, siendo Naruto quien más hacía las cosas de esfuerzo físico, puesto que no dejaba que Hinata hiciera esfuerzos de más. Luego de que la cocina quedó impecable, ambos se miraron sonrientes y exitosos, el primer paso había sido completado de forma adecuada.

—Parece que todo está en orden. – comentó la chica y Naruto asintió a la par. —¿Qué… que te gustaría para comer? – cuestionó apenada la mujer.

—Lo que prepares está bien. – comentó galante.

—¿Lo que sea?

—Sí, lo que sea.

—Entonces… - tragó saliva. —Me gustaría que esperaras un poco, por favor.

—¿No necesitarás ayuda?

—No te preocupes, estaré bien.

—Como desees, estaré cerca por si me necesitas.

—Sí, gracias. – ella lo despidió con una sonrisa.

Pasaron unos minutos en los que Naruto esperó pacientemente sentado en la mesa. Repentinamente se sentía muy ansioso; pues ahora que lo pensaba, era la primera vez que tenía una comida acompañado en mucho tiempo y nada menos que con Hinata, la mujer de la cual estaba… perdidamente enamorado.

Se sonrojó al pensar en ello. El pasado le atormentaba de forma estrepitosa, pues los hechos cometidos iban desde ser un pretendiente inocente a un monstruo sediento del aroma y el sabor de su piel. Cerró los ojos e intento tranquilizarse, era demasiado horripilante pensar en lo último, sobre todo por lo que Hinata refería. El hecho de haberla embarazado y procurar su bienestar no justificaba la forma en la que había sucedido.

Naruto sintió un remolino asfixiante en su cuerpo cuando profundizó en esos detalles. La culpa le hacía sentirse peor además. ¿Cómo fue que llegó a ello? ¿Cómo fue que dejó que sus instintos se apoderaran de él de esa forma tan vil?

—¿Naruto-san? – Hinata estaba frente a él con una pose bastante tierna, se sentía muy apenada. —¿Me ayudarías a poner la mesa?

—Sí. – se levantó sin chistar. Tal vez lo que había hecho en el pasado era atroz y endemoniado, pero de alguna forma u otra se las arreglaría para compensar aquella falta de honor.

La mesa quedó acomodada con comida preparada arduamente. Se veía deliciosa, pues para ser una princesa, Hinata era bastante hábil con las tareas domésticas y todo gracias a su madre, pues fue quien le enseñó a hacer ciertas cosas en sus años de antaño.

Se sentaron, Naruto seguía observando todo con fascinación, pues era la primera vez, de nuevo, en mucho tiempo que comía algo tan decente y preparado con tanta ahínco.

—¿Pasa algo? – Hinata se sintió cohibida al ver que no comía. —¿No te gusta? – le miró nerviosa, no sabía si los youkais comían lo mismo que los humanos, así que se esforzó en preparar todo lo mejor posible, no obstante ahora que el muchacho contemplaba la comida sin ánimos de tomar algo le hacía sentirse defraudada.

—¡No, no es eso! – aclaró rápidamente. —Es que… todo se ve tan delicioso que no sé qué tomar primero.

—Oh. – ella se sintió aliviada. —Toma lo que quieras, por favor.

—Bueno, si insistes. – tomó unas rodajas hervidas y sazonadas de verdura y cuando la saboreó, sintió fuegos artificiales en su boca. —¡Hinata, está delicioso! – ella se relajó.

—Me alegra que te guste. – también comió un poco y se sonrojó, no es que no estuviera agradecida, pero sinceramente la comida de Naruto no tenía mucho sazón y ahora, al probar la suya, se estremecía de comer algo rico. Rio por lo bajo ante este pensamiento, Naruto era muy atento y ahí iba ella, agradeciendo en silencio no tener que probar su comida de nuevo. Era gracioso en parte. —¿Qué sucede? – Naruto se percató de su risa.

—Nada. – ella continuó comiendo, esta vez con una sonrisa.

—Oh, vamos, dime. – Naruto también sonreía y eso sólo hizo que Hinata sonriera más.

—Nada, en serio. – sin decir más ambos se dedicaron a comer en paz.

El tiempo pasó en paz ese día, ambos disfrutaron de la tranquilidad que la dulce brisa posterior a una tormenta podía brindarles. El sol resplandecía cálidamente, haciendo que las aves cantasen con alegría. Hinata estaba sentada en el corredor de la casa, Naruto a su lado, ambos en total silencio, disfrutando de la melodía de una campanilla de viento.

Hinata estaba en silencio, sintiendo el viento fresco que le movía el cabello, mientras que Naruto se relajaba enserio después de tanto ajetreo.

—Hinata. – Naruto le llamó discretamente y ella correspondió en silencio. —¿Cómo te sientes hoy?

—¿Umm?

—Me refiero, a que ayer te resfriaste mucho y temía que pudiera subirte la fiebre otra vez.

—Oh, eso. Estoy bien, gracias por preguntar. – ladeó el rostro apenada, ese muchacho era realmente atento. —Na-Naruto-san. – tragó saliva antes de poder formular esa pregunta. —¿Por qué me salvaste? – no sólo se refería a lo del rio, sino también a la vez de los perros.

—Pues… - él se sonrojó repentinamente. —Pues yo… - ladeó el rostro. ¿Cómo decírselo de primeras? ¿Cómo decirle que en realidad la amaba tanto que estaba tan arrepentido y ofendido cuando dejó que aquellos pulgosos le hicieran daño? —Hinata. – la encaró con decisión y eso la tensó al instante.

—¿Sí?

—Yo te… - fue interrumpido por una pequeña explosión repentina seguida de mucho vapor y una aroma inusual a cerezos. Naruto miró al frente, en el jardín y se sintió tan frustrado por no haber podido decirle sus sentimientos a la mujer que amaba.

—¡Naruto! – el vapor se dispersó rápidamente y se dejó ver entonces la hermosa silueta de la tennyo de la primavera. La elegancia de Sakura intimidó a Hinata, quien se quedó paralizada, no sólo por lo exótico que parecía el espectáculo de aparición de la chica, sino que cada vez que aparecían seres espirituales en la zona algo malo pasaba.

—Sakura-chan. – Naruto se escuchó algo fastidiado y era por la interrupción.

—Naruto. – Sakura se acercó lentamente, vestida por un hermoso kimono de tonalidades pasteles, en donde predominaba el verde, rosa y blanco. Naruto se levantó para acercarse a ella y al recibirla el muchacho se quedó con una mano estirada, pues Sakura pasó de largo y se dirigió específicamente con la mujer de ojos blancos. Hinata se encogió ante la atenta mirada de la dama divina.

—¿Qué vas a hacer? – preguntó intrigado el rubio, pero como era costumbre, Sakura le ignoró.

—Mucho gusto. – extendió una mano hacia la Hyuga. —Me llamo Sakura, ¿Cómo te llamas?

—Hinata… - ella correspondió temblorosa.

—Es un placer, Hinata. He venido a verte. – se volteó a Naruto. —Ah, y a ti también, por supuesto. – sonrió.

—Disculpe, pero… ¿La conozco? – tragó saliva, ojala no fuera otra persona que supuestamente conoció en su infancia y no recordara ahora.

—No lo creo. – Sakura se agachó un poco y colocó una mano en la frente de la chica, la otra en el vientre de la misma y ella se sonrojó terriblemente, al tiempo que un creciente temor nacía en su pecho. —Tranquila. – dijo dulcemente la de pelo rosa. —Sólo quiero ver cómo están los dos. – una luz verde emergió de entre los dedos de Sakura y por algún motivo hizo que ella perdiera toda clase de miedo, al grado que se relajó completamente. —Tal parece que has mejorado mucho. – quito sus manos de encima de su piel. —¿Cómo te has sentido?

—Bi-Bien. – estaba confundida.

—Oh, cierto. Quizás te preguntes el motivo por el que te hago estás preguntas. – Sakura se sentó a su lado. —Naruto me pidió ayuda cuando llegaste malherida, le di instrucciones específicas, espero que las haya cumplido al pie de la letra. – Hinata asintió. —Eso es bueno. Quería ver como seguías. Pareces una chica sensible y de buen corazón, me alegro por ello.

—¿Con esa luz puede… puede ver el estado de salud de los demás? – estaba maravillada y esa fascinación conmovió a Sakura.

—Así es. ¿Hay algo que quieras preguntarme? – la mujer era muy astuta, de eso no había duda.

—Bueno yo… - ella se sonrojó de tan sólo pensarlo.

—¡Oigan, no estoy pintado! – Naruto se desesperó al verse ignorado de aquella forma tan grosera.

—Ya te escuchamos. – Sakura frunció el ceño. —Estamos conversando. – acusó.

—Sí, lo sé. Me da gusto que vinieras Sakura-chan. – contestó con algo de sarcasmo.

—Tsk, cierra la boca tonto. – se volteó a Hinata. —¿Me decías?

—¡Sakura-chan! – reclamó.

—¿Us-Ustedes se conocen desde hace mucho tiempo? – era la única forma en la que hubiera tanta familiaridad.

—Ah, sí. El idiota que está con nosotras y yo somos como hermanos. Nos criamos juntos un tiempo. – volteó a verlo y Naruto yacía cruzado de brazos. —¡No te quedes ahí parado y tráenos algo de té! – regañó Sakura, a lo que Naruto simplemente le miró con algo de indignación y después se sacudió para ir por el pedido. Hinata lo vio partir y se sintió apenada por él. —¿Qué es lo que querías preguntarme? – Sakura encaró a la chica nuevamente y ésta se sonrojó un poco.

—Pues… ¿Usted tiene la capacidad de…?

—Entiendo. – Sakura sonrió conmovida. —¿Quieres saber cómo va todo? – la chica asintió en silencio. —El embri… quiero decir, el bebé se ve bien. Está en una etapa crítica de desarrollo, por lo que debes tomarte las cosas con calma. Depende dramáticamente de ti ahora, así que nada de preocupaciones y sólo descanso, ¿Entiendes? – Hinata asintió. —Eres una buena chica. – Sakura le acarició la cabeza. —Lo veo en tus ojos, que por cierto, ¿Qué clase de ojos son?

—¿Mis ojos? – no se esperaba la pregunta. —Son una herencia de mi familia. Todos los tenemos.

—¿Son una barrera de sangre?

—Sí. – tragó un poco de saliva, durante toda su infancia le habían enseñado a no hablar mucho del Byakugan a no ser que fuesen del mismo clan, así que hablarlo con una extraña le resultaba difícil y fue una cuestión que Sakura entendió en silencio.

—Veo que tienes algo de tabú para hablar de ellos. – Hinata se sintió al descubierto. —Está bien, no te preocupes. Todos tenemos nuestros secretos. – la Hyuga no dijo nada al respecto. —¿Qué te parece si vengo de vez en cuando para ver cómo avanzas? – la oferta le pareció tan tentadura como repentina.

—Es muy amable, Sakura-san, pero no sé si…

—Descuida, no es molestia. – palmó su espalda.

—No es lo que…

—¿En donde estará Naruto? ¿Qué tanto puede tardar en preparar ese rico té?

—Sa-Sakura-san, yo…

—Bien, se me ha hecho tarde. – Sakura se levantó repentinamente. —Dile a Naruto que tuve una emergencia… y que es muy lento. – Sakura se acercó al árbol de melocotones y tras una última mirada a la chica desapareció en una corriente de viento.

—Listo aquí está el… - Naruto miró a todas partes, encontrando a Hinata sola. —¿Sakura-chan?

—Se ha ido. Dijo que vendría en otra ocasión.

—¡¿Qué?! No es posible, me hizo preparar esto para nada. – lo dejó entre ambos, en el corredor. —Ni hablar, ¿Quieres un poco? – le sirvió.

—Si no es molestia.

—Descuida. – ambos tomaron en silencio para después exclamar con satisfacción al final.

Hinata tomó un poco más mientras sentía el té llegar a su estómago. La verdad era que cuando Sakura le propuso aquello se sintió atrapada. No pensaba que duraría tanto con Naruto, no al menos hasta que naciera su hijo. El sólo pensar en eso le causaba ansiedad. ¿Cómo se supone que viviría a partir de ahora? ¿Qué sería de ella y su hijo? Naruto podría ser muy amable, pero en definitiva no creía que fuera tan bondadoso como para aceptar a un bebé de otro monstruo. Si lo cierto era que había prometido protegerlos a ambos, ¿Cómo era posible que hiciera esa clase de promesas? ¿Cómo podía decir eso si a penas se conocían? Bueno, él decía que la conocía desde antes, pero el sólo pensarlo sólo la desconcertaba más.

Ella no recordaba a nadie como él, claro, tenía sueños esporádicos con un niño rubio al cual nunca podía escuchar, puesto que cada vez que abría la boca para hablar con ella nada salía de sus labios. ¿Pero serían la misma persona? No, sonaba muy improbable.

Por un momento, cuando Sakura le dijo que podía ver su estado físico la curiosidad de saber cómo iba su embarazo la asaltó con fuerza, ¿Sería que ya había aceptado a ese hijo? ¿Acaso a aquella curiosidad y necesidad de entender su gestación, podría considerarse como amor maternal?

—Hinata. – Naruto la llamó repentinamente. —¿Estás bien? Te quedaste muy pensativa.

—Sí, estoy bien. – sonrió de lado para animarle.

—¿Sakura-chan te dijo algo que te hizo sentir mal? – a lo que ella negó rápidamente.

—No, Sakura-san me trató muy bien. Sólo… - sonrió para quitarle importancia. —No te preocupes, estoy bien. ¿Qué es lo que ibas a decirme hace un rato?

—Ah, eso. – se sonrojó levemente y después negó lentamente. —No era nada. – miró su vientre. —Hinata, sabes que cuentas conmigo, ¿Verdad? – ella asintió. —Bien. – Naruto se levantó. —Tengo algunas cosas que hacer, pero siéntete como en casa.- tomó las tazas de té y se perdió en el pasillo. Hinata se quedó callada observando el cómo se iba.

Tras quedarse sola miró su vientre y sonrió para colocar su mano derecha sobre éste. Se sonrojó levemente. No importaba cómo había pasado, nada cambiaba el hecho de que estaba esperando un hijo y eso, fuera de la terrible experiencia era algo que debía tomarse por el lado más agradable posible.

—Espero… que tú me ames. – dijo en voz baja. —Creo que te amo. – susurró a su pequeño no nacido.

En aquellos días Naruto se había vuelto un tanto distante, desde que se había separado para formar caminos independientes, la convivencia cambió radicalmente en pocos días. Los cuatro había establecido un pacto sanguíneo con el cual podrían estar al pendientes unos de los otros, podrían ayudarse en situaciones extremas y podrían comunicarse cuando quisieran. Mas Naruto no parecía estar muy dispuesto a interactuar con su viejo equipo. Supuestamente, después de la primera separación que duro tres años entre los cuatro y que los llevaría a entrenamientos de diferente índole en los cuales aprenderían muchas de las técnicas que conocían actualmente, habían prometido ser más unidos que una familia común. Los lazos formados se fortalecieron al grado de volverse casi ancestrales, ¿Pero si era así, por qué Naruto deseaba bloquearse por un tiempo sin que los demás supieran en donde estaba realmente?

Si eso había resultado bastante extraño para Sakura y Sasuke, el hecho de que repentinamente le hiciera aparecer en su casa, con una mujer moribunda y a la cual le atribuía el hecho de estar esperando un hijo de ambos, esto marcaba una nueva marca en cuanto a angustia y desconcierto.

Esa noche, cuando Hinata se fue a dormir, Sakura yacía en el jardín de Naruto, parada a la luz de la luna y al pendiente de lo que fuese que tuviera que decir. Los ojos azules de Naruto se enfrentaron a los verdes de ella en un silencio sepulcral.

—Ya era bastante raro que te aislaras de nosotros, pero más aún que fueras tan canalla como para hacer esto. – la mirada acusadora de Sakura hizo que el joven frunciera el ceño, en una lucha interna.

—Sakura-chan, yo… - suspiró sin terminar la frase.

—Debo admitir que cuando me invocaste para verla en aquel estado deplorable pensé lo peor, pero te acusaría injustamente sin primero escucharte. – se acercó a él y lo invitó a que se sentaran en algún sitio en el cual estuvieran cómodos. El resultado fue a un lado del estanque, en una banca de piedra que habían construido para ella, a un lado del árbol de melocotones. —¿Y bien, qué pasó? – Naruto cerró los ojos y se llevó una mano a la cabeza, acariciándose la sien, nervioso.

—Hyuga Hinata fue una niña que conocí hace muchos años, en mi infancia. Aún no nos conocíamos, por eso no sabes quién es ella, pero puedo apostar a que Sasuke sí.

—¿Sasuke-kun? – se cruzó de brazos. —No dijo nada al respecto cuando nos fuimos de tu casa hace unos días.

—Siempre fue muy callado ante este asunto. Al principio, cuando la conocí él fue el primero en darse cuenta y no me delató con Kakashi-sensei. Ha sido muy discreto con ello, o simplemente no le interesaba.

—Entiendo. – Sakura comprendía a Naruto en ese aspecto de su marido. En ocasiones Sasuke era tan serio y estoico que se desesperaba. —¿Pero cómo fue que llegaste a este punto?

—Cuando teníamos diez años Kakashi-sensei descubrió mi relación con Hinata. En ocasiones me escapaba e iba a visitarla, en realidad ya lo sabía, pero nunca quiso interponerse en nuestra amistad, pues pensaba que no era nada serio. Sin embargo, constantemente exponía a Hinata a situaciones peligrosas que lentamente fueron colmando la paciencia de Kakashi-sensei. La última vez casi moríamos a manos de una araña gigante, el sensei nos salvó pero se molestó mucho conmigo, así que decidió borrarme la memoria a Hinata y romper con nuestra amistad.

—¿Enserio pasó eso? – Sakura los había conocido a la edad de once años, cuando quedó huérfana y Kakashi la adoptó para criarla hasta los quince, edad en la cual los cuatro se separaron para tres años después reunirse tras un viaje de autodescubrimiento.

—A mí no me borró la memoria porque se lo pedí fervientemente. No obstante, a causa de eso jamás olvidé a Hinata. Pasaron los años y en ocasiones solía ir a verla… ella estaba igual que antes, en ocasiones lucía muy triste, en otras feliz, en otras… bueno, supongo que su vida siguió avanzando sin mí en ella.

—Ya veo. – Sakura vio el pesar en los ojos de su amigo.

—Me enamoré de Hinata, Sakura-chan. – terminó por confesar. —Todos estos años estuve enamorado de ella en silencio, suprimiendo cada día la necesidad de ir donde ella y decirle quien era y cuanto la quería. Pero no era fácil, ella no me recordaba y sólo sería sembrar miles de preguntas sin respuesta en su cabeza. No sé qué me pasó, me comporté como un animal. Creo… que me obsesioné con ella. – agregó avergonzado. —Un día no pude resistir un impulso que nacía desde lo más profundo de mi pecho. Fui donde ella, entré en su habitación y la seduje. Hice una barbarie, utilicé un viejo elixir que Ero-Senin solía presumir en algunas ocasiones, y entonces yo… - apretó la mandíbula y los puños hasta quedar con los nudillos blancos. —Estaba indefensa, inmóvil. La poción paraliza a la víctima y la hace entrar en un trance que hace emerger sus necesidades más básicas, ella ni siquiera sabía quién era yo, sus ojos estaban perdidos en la nada, y aunque sí reaccionaba físicamente… siempre estuvo ausente. – se llevó una mano al estómago y apretó su ropa con fuerza. —Fui un maldito bastardo con ella, pero no pude suprimir ese lado animal. La violé, Sakura-chan, hice el acto más impuro que he cometido en mi patética existencia, lastimé gravemente a la mujer que amaba sólo porque no pude mantener a raya mis instintos. Ella me odia, la he oído decirlo. No sabe quién le hizo esto, pero me ha dicho que no desea encontrarse con el causante de su desgracia y que se siente sucia, como una cualquiera. ¡Maldita sea! – se llevó las manos a la cara y apretó su piel con la llena de los dedos, dejando marcas rojas en ésta.

—Vaya. – Sakura estaba sorprendida y algo avergonzada por la confesión de Naruto, pero estaba segura que este era el primer paso en su rehabilitación. —Lo que has hecho es lo más incorrecto que te he visto hacer, Naruto. – fue severa y el chico sintió ese regaño con pesar. —No sólo deshonraste a esa chica, sino que también a ti mismo.

—Lo sé, lo sé. – exclamó angustiado.

—Pero al menos… has demostrado que te importa y que estás dispuesto a emendar ese error.

—La traicioné varias veces. – terminó por confesar. —Cuando me enteré que estaba embarazada fue tanto feliz como miserable, no podía evitar pensar en lo mucho que me odiaría. Más a sabiendas que no sabría quién soy.

—Entiendo. – Sakura le miró angustiada. —Escúchame, Naruto. Estoy muy decepcionada y a la vez orgullosa de ti. Has cometido un error, pero no eres el primero ni el único al que le sucede. Se trata de algo delicado, sí, pero no por ello algo imposible. Demuéstrale a Hinata que la amas de verdad, protégela a ella y a tu hijo; pero al final deberás serle sincero.

—¿Quieres decir que…?

—Debes decirle que fuiste tú, pero hacerla ver que no eres ese demonio que abusó de ella. En realidad no sé cómo ayudarte con esto, pero te apoyaré en lo que pueda. – lo abrazó en un gesto maternal. —Te deseo la mejor de las suertes y mis felicitaciones, por el bebé.

—Gracias. – sus ojos se aguaron. —¿Si necesito ayuda puedo llamarte?

—Por supuesto. – le acarició la cabeza con cariño. —Prométeme que arreglarás esto. Quiero que seas feliz, pero también que vivas dignamente. No me decepciones, ¿Quieres?

—No, Sakura-chan, no lo haré. – dijo más calmado.

—Así se dice. – se separó de él. —Tengo que irme, regresaré después, espero que para entonces las cosas hayan mejorado entre los dos. Esta chica, Hinata, es una buena persona, pero está muy asustada por la situación que le tocó vivir. Confió en ti para que al final los dos sean felices.

—Sí, lo haré. – Naruto recibió un beso en la frente por parte de Sakura.

—Espero tu mejor esfuerzo. – tras decir esto una lluvia de pétalos la hizo desaparecer.

—Gracias, Sakura-chan, así será.

Naruto sonrió mientras el aire se llevaba los últimos pétalos y sonrió ante el firmamento, pensando en el duro trabajo que tenía por delante.

Me amarás tanto como yo a ti, así será.

Continuará…

Naruto finalmente nos ha revelado como pasó aquello y obviamente el por qué. ¿Cómo será la relación entre los dos ahora en adelante? Esperemos que mejore.

¿Merece un comentario?

Yume no Kaze.