¡Que Viva Nicaragua!

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Capítulo 6

Remolinos de recuerdos de las navidades pasaron bailando en los sueños de la rica mujer; regalos deseados y recibidos, risas y felicitaciones, papel de envolver rasgado apartado en la expectativa de los tesoros ocultos dentro. El sonido de alguien llorando suavemente se rompió atravesando la niebla, sacando a Elsa de su niñez y regresándola al presente. Sus ojos se abrieron en la oscuridad de la noche y le tomó un momento para darse cuenta donde estaba y lo que ella oyó. "Anna," susurró para si, sacudió el peso del sueño y se levantó.

"¿Anna?" Llamó de la puerta.

"¿Te desperté? Lo siento," la joven mujer se atragantó, agradecida que la oscuridad mantuviera sus lágrimas ocultas de la mirada de su amiga.

"Sabía que las cosas que tenía no harían ningún bien," Elsa dijo cuando entró en el cuarto y se sentó en la cama. "¿Quieres que salga ahora? Estoy completamente sobria."

Anna sacudió su cabeza. "No, no te vayas por favor." El dolor era prácticamente insoportable pero el pensamiento de atravesar este sufrimiento sin Elsa era incluso peor. "Por favor." Estiró su brazo y agarró la mano más grande con la suya. "¿Puedes... puedes tu quedarte aquí conmigo?" Hubo un cambio en el peso cuando la más alta mujer se deslizó bajo las sábanas.

"Estoy justo aquí." Elsa se atrevió a moverse tan cerca como pudo, diciéndose que era para la comodidad de Anna y no la propia. Estaba sorprendida cuando sintió la suave mejilla presionarse contra su hombro.

"¿Está todo bien?" La joven mujer susurró. Elsa sintió que las lágrimas comenzaron a empapar atravesando el algodón y se dio cuenta que Anna debió haber estado llorando durante mucho tiempo antes de que hubiera sido despertada.

"Está muy bien," Elsa contestó, moviéndose un poco más cerca.

"Esto duele," Anna admitió, levantando su cabeza para permitir que el brazo de Elsa se deslizará debajo.

Ellas movieron sus cuerpos en una más cómoda posición, por lo menos tan cómodas como pudieron considerando que la lastimada mujer no podía rodar sobre su costado debido a sus piernas quebradas. Elsa consiguió enterrar su cara en el suave rojizo cabello, respirando en el delicado olor. Anna se encontró arrimándose en la curvatura del hombro de la mujer más mayor, un lugar mucho más cómodo para ella de lo que la almohada más suave podría jamás ser. En los brazos de Elsa se sentía segura, protegida, cuidada. El palpitante dolor estaba aún allí, ya de alguna manera este parecía soportable ahora. En menos de minutos ambas mujeres estaban profundamente dormidas.

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Anna se despertó por el palpitante dolor en sus piernas y el sonido de Elsa tecleando en la computadora.

"Buenos días," bostezó, acurrucándose nuevamente dentro del calor de su almohada.

"Buenos días. Tus pastillas están allí en la mesita." La ejecutiva paró de mecanografiar y volteó para quedar frente a ella. Fue entonces que Anna notó que Elsa estaba vestida para el trabajo, una falda sastre gris y chaqueta combinación acentuada por una blusa color crema.

"¿Tú saliste ya?" La mujer joven se incorporó despacio, claramente sorprendida.

"Llamé el hospital tan pronto como desperté y les expliqué la situación." Movió su sillón más cerca y sirvió un vaso de agua de la jarra. "La doctora Barnes estaba allí y extendió otra receta para ti inmediatamente," dijo mientras daba el vaso a Anna. "Después fue solo cuestión de salir corriendo y recoger esta." Miró a la joven mujer tomar las pastillas antes de que se girara y presionara en algunas teclas más. "Tengo que irme. ¿Necesitas algo antes de que me vaya?"

"No, estoy segura que Luisa estará aquí pronto. ¿Está Flora aquí?"

"Sip, llegó aquí hace cerca de una media hora. Le dejaré saber que estás despierta." Elsa se levantó y apagó la computadora. "¿Estás segura yo puedo conseguirte algo?"

"No, de verdad, estoy lista. Ten un buen día en el trabajo. ¿Crees que Hans estará allí?"

"Lo dudo. Él dijo algo anoche acerca de no estar en la oficina hoy." Un destello de la cólera sobre los acontecimientos de anoche nubló sus facciones. "Es mejor que él no aparezca tampoco." Estiró una mano y dio a Tabitha una rápida caricia. "El número de mi oficina es dos

en el marcado rápido si quieres darme una llamada."

"Oh, no quiero molestarte o algo así." Anna silenciosamente deseaba que Elsa le diera un abrazo de despedida pero no se atrevió a pedirle uno.

"Si deseas llamarme, solo hazlo. No te preocupes acerca de molestarme porque no lo haces." Vaciló por un momento. "Sería agradable oír una voz amistosa a la mitad del día."

"Ok. Entonces te llamaré más tarde." Dejó el vaso abajo y miró a su amiga. "¿Elsa?"

"¿Mmm?"

"Gracias por salir esta mañana. Yo de verdad agradezco eso."

Elsa sonrió. "De nada." Estiró la mano y dio a la mano de Anna un apretón. "Ahora de verdad tengo que ir trabajar. Llámeme más tarde, ¿Ok?"

"Okay."

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Era tarde cuando la puerta a la oficina de Elsa se abrió y Giselle entró, llevando una carpeta manila. "Tenía razón," la pelirroja dijo triunfantemente cuando lanzó la carpeta sobre el escritorio.

"¿Tenías razón acerca de que?" Elsa preguntó con desinterés, no molestándose en desviar la mirada de su computadora.

"Tu huésped." Recogió la carpeta y la abrió, repasando la información que había obtenido.

"Anna Summer se graduó del instituto de Albany. No hay registros incluso de que hubiera acudido a la universidad en alguna parte o que posea una tarjeta de crédito. Ella incluso no tiene una licencia de conducir."

Elsa se levantó rápidamente, enviando su sillón balanceándose hacía atrás cuando arrebató la carpeta de las manos de Giselle .

"¿La investigaste?"

"Tuve que hacerlo," la hermana más joven protestó. "Obviamente crees todo lo que ella dice."

"¿Y qué te importa a ti?"

"Elsa, ella no tiene obviamente nada y vio un buen ticket de comida."

"No tienes idea acerca de lo que estás hablando." Cerró de golpe la carpeta abajo sobre su escritorio. "Anna no me está utilizando."

"¿No? ¿Sabes dónde trabajaba antes de que le dieras un trabajo?"

"En Money Slasher, lo sé. Ella era una cajera allí."

"Una cajera de medio tiempo," Giselle corrigió, "Ganando el salario mínimo. De lo que puedo decir, antes atendía las mesas en un restaurante barato."

"¿Cuál es tu punto?"

"¿Mi punto es por qué estás haciendo esto? ¿Por qué dejas a una pobre basura blanca vivir de ti?"

"No... tú... ¡jamás la llames así otra vez!" Elsa gritó. "No tienes idea de lo qué estás hablando, y en cuanto a la 'basura blanca', ¿le has dado una buena mirada a Hans últimamente?"

"Estás intentando cambiar el tema."

"¿Lo estoy? La estás juzgando porque no tiene el dinero que tú y yo tenemos. ¿Cómo de justo es esto?" Se acercó a la ventana y miró en el triste cielo gris. "¿Te tomaste el tiempo de hablar con ella para averiguar qué clase de persona es? No. No todo el mundo que no tiene dinero es suciedad y no todo el mundo que es rico es una buena persona."

"No estoy diciendo eso."

"¿No lo estás? Averiguas que no nació privilegiada y enseguida asumes que es una excavadora de oro."

"¿Entonces qué es ella, Elsa? Ayúdeme a entender porque ahora mismo no lo hago," Giselle cuestionó. "Intenta mirarlo desde el punto de vista de la familia. Una mujer de la que nunca hemos oído hablar de repente se muda a tu casa, completamente con un gato y obvios problemas médicos y ¿esperas que solo nos recostemos y no estemos preocupados?"

"Sí. Es mi vida, Giselle . Quién se aloje en mi casa es mi preocupación, no la tuya. No hice una investigación sobre Jack cuando anunciaste que ibas a casarte con él."

"¿Estás planeando casarte con ella?"

"Aún no aceptas que ella es solo una amiga, ¿no?" Cruzó el cuarto y se dejó caer en el sofá de cuero negro. "¿Por qué te preocupa tanto?"

"Solo no deseo verte lastimada... otra vez."

"Esto no es como Odette, te dije eso antes."

"Puede que no lo pienses así, pero lo qué yo vi..."

"Entonces tu mira mejor otra vez. Anna no desea nada de mí. Ella es solo una amiga. Para de intentar hacer esto en algo más de lo que es." Dio un puntapié a sus zapatos sacándoselos y metió sus pies bajo sus piernas. "No la conoces, Giselle . No sabes como es. Anoche su botella de Percocet fue robada. Me ofrecí ir a conseguir más pero no quiso que lo hiciera. ¿Eso suena como alguien que está solo interesado en mi dinero? Ella no me ha pedido una sola vez que la compre una maldita cosa. Todo lo hago, porque quiero hacerlo, no porque ella me lo pida." Agitó su mano descartándolo. "¿Lo entiendes?, olvida esto."

"Mira. Eres una adulta. Que tomas tus propias decisiones. Investigué todo lo que pude sobre ella hoy. Toda la Información está en ese expediente. Haz con esto lo que quieras." Giselle se dirigió hacia la puerta. "Elsa, no te olvides de la cena de mañana con mamá."

"Oh, tengo muchas ganas de que empiece esta," dijo sarcásticamente. "¿Le enviaste a ella una copia por fax de tu precioso informe? ¿O solo sacaste un anuncio en el Times Useless?"

"Eso no fue necesario, Elsa. Estoy solo cuidando de ti."

"La última vez que miré, me ocupaba de mi misma muy bien. No recuerdo haberte pedido ser mi niñera."

"Bien. Haz lo que quieras, tú lo harás de todos modos." Giselle se fue, no molestándose en cerrar la puerta. Nani, que había estado escuchando las voces levantadas, discretamente la cerró y volvió a su escritorio, sabiendo que el intercomunicador estaría llamando en algunos segundos.

" Nani, guarda mis llamadas." Un segundo después, dos líneas se encendieron y la joven asistente administrativa habría apostado su cheque completo a que ella sabía a quién llamaba su jefa.

"Residencia Winter," Flora contestó.

"Hola Flora, ¿puedo hablar con Anna por favor?" Elsa aún estaba sentada en su sofá en la oficina, las multilíneas bloqueadas del teléfono colocado en el piso al lado de ella. Era de esas veces que agradecía la longitud extra en el cordón del teléfono gris, incluso si este conseguía enredarse en sus pies debajo del escritorio de vez en cuando.

"¿Hola?"

"Hola tú." El sonido de la voz de Anna, hizo sonreír a Elsa, la tensión de su conversación con Giselle desapareció. "¿Cómo estuvo la juez Judy hoy?"

"Oh, no creerías los casos que ella tuvo."

"Cuéntame sobre ellos," pidió, acomodándose nuevamente dentro de una cómoda posición. Elsa no podía explicar esto pero el sonido de la voz de Anna tenía un efecto calmante en ella y, en estos momentos, necesitaba ese confort.

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Algunos días después, Anna fue al hospital para que le quitaran los puntos y le tomaran nuevas radiografías de sus piernas. Elsa estaba sentada en la sala de espera, leyendo una vieja revista de hace seis meses para pasar el tiempo.

"Casi termino," la doctora Barnes dijo, quitando la última puntada en la mejilla de Anna. Dio un paso atrás y echó sus guantes del látex en el recipiente rojo de los desechos. "Buen aspecto. Pienso que no quedará cicatriz. Recuerde mantener ésta alejada del sol hasta que esté

completamente curada. No que sea un problema en esta época del año." Hizo una anotación en el registro de Anna. "Usted se está recuperando espléndidamente. A ese ritmo que va, no veo ninguna razón por la que usted no esté usando muletas hacia finales de la primavera."

"¿Finales de la primavera?"

"Finales de la primavera," la doctora repitió. "Su cuerpo sufrió un severo trauma. Su tobillo estaba quebrado en siete partes. Va a tomar tiempo para curar. Entienda eso, Srta. Summer, nosotros estamos hablando de meses de terapia, no semanas."

El corazón de la joven mujer se hundió en las palabras. Ella sabía que tomaría tiempo, solo que no tan largo. ¿Cómo reaccionaría Elsa? Seguramente eso sería demasiado tiempo de permanecer en el lugar que estaba rápidamente pensando como hogar.

A pesar de los miedos de Anna, Elsa tomó las noticias bien, más preocupada sobre el progreso de la recuperación que el marco de tiempo. Aunque causó un poco de molestia, la joven mujer insistió que podría viajar en el asiento trasero de la Cherokee sentándose de lado, permitiendo que las piernas se apoyaran sobre el terciopelo gris intenso.

Elsa hizo lo posible para evitar los baches, pero todavía había algunas veces en que miraba en el espejo retrovisor y veía a Anna hacer muecas de dolor cuando pasaban sobre un punto particularmente áspero de la calle.

"Sabes que podría quedarme en casa esta noche," dijo cuando giraban dentro de Winter Drive.

"No, tu madre y hermana están contando contigo. Estaré bien."

"¿Pero qué si necesitas utilizar el cómodo o algo así? ¿Qué si necesitas una bebida?" Tiró del jeep en el camino de entrada y apagó el encendido.

"Iré antes de que te vayas. Si llenas esa jarra en la mesita, estoy segura que estaré bien."

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Elsa fue la última en llegar al condominio de su madre. Culpó al tráfico de la hora pico de viernes pero la verdad era que encontró difícil dejar a Anna sola. Una jarra llena del agua, latas de refresco enfriándose en la hielera, varios bocados todo al alcance de la mano de la lastimada mujer... no dejó nada a la improvisación, incluso hasta anotó el número de teléfono de su madre solo por si Anna necesitaba algo.

La pequeña mesa redonda del comedor tenía apenas suficiente sitio para todo el mundo. Elsa se encontró sentada entre Linda y Giselle . Era bastante malo quedar pegada al lado de una persona derecha pero el fuerte olor del perfume de su tía amenazaba con quitar el apetito de Elsa.

"Huele maravilloso," Giselle dijo cuando la fuente de la carne fue colocada en la mesa.

"Gracias, querida," Iduna contestó como si hubiera sido quién hubiera pasado las horas preparando la comida en vez de su asistente de medio tiempo. "Sabes que tu hermana siempre disfruta de una buen asado de cerdo."

"Si lo sé," Elsa de buena gana coincidió, estirando el brazo a la fuente.

"Hey, deja algo para el resto de nosotros."

"Vamos Giselle , no te preocupes de eso," su madre la regañó. "Hay suficiente para todos." Volteó a su hija mayor. "Toma tanto como desees, querida. Estoy segura que debes estar cansada de esas cenas recalentadas que Flora hace para ti."

Elsa se sirvió el humeante gravy sobre su cerdo. "Flora es una estupenda cocinera, madre, lo sabes."

"Sé que cuando yo dirigía la casa ella trabajaba hasta las ocho de la noche. Nunca tuve que preocuparme de los platos sucios amontonados hasta la mañana."

"Tengo una lavavajillas."

"Humph, otro electrodoméstico comprado para que ella trabaje menos, sin duda." Iduna se sirvió con un cucharón un poco de salsa sobre su plato. "Sabes que la echas a perder."

"Lo sé," Elsa sonrió, sacando una sonrisa de su hermana y un ceño fruncido de molestia de su madre.

"Primero fue cada fin de semana libre, después fueron las horas acortadas. Por lo menos ella va, estás pagándole para permanecer en casa justo como esa gente de bienestar."

"Madre, ella hace una semana completa de trabajo, justo como cualquier otra persona."

"Estoy segura que ella está más ocupada que nunca con tu amiga allí," Giselle concordó.

"Sí, ¿cómo está esa pobrecita, querida?" Linda preguntó. "Ella parece una chica tan agradable. ¿Cuál era su nombre? Rachel, Ruth..."

"Anna," Elsa corrigió.

"Ah sí," el pariente de visita dijo, en absoluto interesado en el nombre correcto. "Bien de todos modos, ella parecía una chica agradable. Pásame el maíz, por favor. ¿Idu, viste en el periódico donde están con la chusma emocionada sobre los cuidados de la salud otra vez?"

"Pienso que el presidente tendría cosas mejores acerca de que preocuparse," la matriarca replicó. "Jack, ¿sabes de alguien sin seguro?"

"Por supuesto que no, mamá," él contestó, aprendiendo hace mucho exactamente que respuestas su suegra quería oír.

"Ven, eso es mi punto exactamente. Ellos necesitan preocuparse de cosas más importantes como reformar el código de impuestos o traer de nuevo la oración a las escuelas." Iduna tomó un trago de vino. "Estoy diciéndoles, aquí es en donde el país está mal. Hubo una época en que los niños respetaban a sus mayores. Ahora no puedo conseguir que el muchacho del periódico lo deje en la puerta cuando está lloviendo. Y él pregunta porqué no le doy propina. Propinas que debería ganarse, pero parece que hoy en día piensan que la merecen solo por hacer sus trabajos."

Durante el resto de la cena y después de cenar, y las bebidas, Elsa intentaba prestar atención a la conversación pero encontró su mente escabulléndose de nuevo en pensamientos de la rubia mujer que la esperaba en casa. Se preguntaba si estaría durmiendo en el sofá o si Anna la dejaría compartir la cama otra vez. Esperaba lo último. La mente de Elsa estaba tan ausente que no oyó que su madre se dirigía a ella y fue únicamente cuando Giselle la pateó por debajo de la mesa que la trajo de nuevo al presente.

"Lo siento, ¿qué?"

Iduna frunció el ceño molesta. "Te pregunté si planeas venir aquí para Navidad. Honestamente, Elsa."

"Lo siento, estaba solo pensando sobre algo."

"O alguien," Giselle dijo tan quedamente que solo su hermana pudo oírla.

"Realmente creo que pasaré Navidad en casa este año," contestó, dándole una mirada furiosa a su hermana menor.

"Oh bueno. Linda me preguntó si la acompañaba a un crucero pero no quería que estuvieras sin un lugar para ir."

"¿Qué sobre Hans?" Giselle preguntó.

"Él dijo que tenía otros planes este año, algo sobre ir hasta las montañas con algunos amigos suyos. Tú y Jack tienen a los niños, así que la única que me preocupaba era tu hermana."

"Estaré bien, mamá." Elsa miró su reloj. "No me di cuenta del tiempo. Necesito volver para la oficina y recoger algunos expedientes antes de que se haga mucho más tarde." Se levantó y dejó su servilleta en el ahora vacío plato. "La cena estuvo estupenda, como siempre."

"Esa es mi hija, siempre trabajando," Iduna dijo. "Tal vez algún día encuentres el tiempo para sentar cabeza y darme algunos nietos."

Elsa ignoró el comentario y se puso su chaqueta. "Realmente necesito irme." Echó un vistazo fuera de la ventana. "Está comenzando a nevar fuerte allí afuera."

"Claro, por supuesto. Ve, y trabaja en la fabricación del dinero. Supongo que tendré que depender de Jack y Giselle para que me den un nieto."

"Supongo que sí," la mujer de cabello platino dijo cuando alcanzó la manija de la puerta. "Jack, tú mejor ten cuidado en el camino a casa, parece que hay aguanieve. Buenas noches a todos."

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"Hey, todavía estás despierta," Elsa dijo cuando entró en la que antes era considerada la oficina y ahora era la habitación de Anna.

"Sip, son solo las diez."

"¿Algo bueno estan pasando?"

"No realmente." Anna utilizó el telecontrol para apagar la televisión antes de palmear el espacio en la cama a su lado. "¿Así qué cómo estuvo tu cena?"

"Agotadora," la mujer más mayor suspiró, tomando el asiento ofrecido en la cama ajustable y se recargó en una cómoda posición. "Ahora recuerdo por qué odio tanto las cenas familiares."

"¿Por qué es eso?"

"Todo el mundo habla acerca de nada. Se dedican a hablar sobre cosas de las que no tienen control sobre impuestos y propinas. Por no mencionar a mamá comenzar otra vez acerca de que no le doy nietos."

"Oh, eso es bastante malo. ¿Ella hace eso mucho?"

"En cada oportunidad que puede," Elsa se encogió de hombros. "Vamos, veamos que hay en la TV."

Se recostaron y miraron un drama de crimen. Ambas adivinaron quién era el asesino mucho antes de que los policías lo descubrieran. Cuando este acabó Anna se encontró que no podía sofocar un bostezo.

"Lo siento, debo estar más cansada de lo que pensé," se disculpó cuando

Elsa presionó el botón en el telecontrol para apagar la televisión.

"Está bien. Se está haciendo tarde. Supongo que mejor me voy y te dejó dormir un poco." Hizo el movimiento de bajarse de la cama únicamente para ser detenida por la mano de Anna en su brazo.

"¿Te irás arriba?"

"No, probablemente dormiré en el sofá, ¿por qué?"

"Sabes, ésta es una cama grande y estoy segura que es más cómoda que el sofá. Podrías quedarte aquí." Anna se mordió su labio inferior. "Quiero decir, si tu quieres, no me importa."

Elsa vaciló por solo un segundo. "Bien, no desearía apretarte o algo."

"Tu no lo haces."

"Es más cómodo que el sofá... pero solo si estás segura." Si la verdad fuera dicha, podría quedarse dormida en cualquier lugar, pero uno definitivamente era su preferido sobre el otro.

"Estoy segura." Anna sacó una de las dos almohadas de detrás de su cabeza. "Aquí, incluso compartiré."

Elsa sonrió en el gesto. "Deja cambiarme y apagar la luz."

Pocos minutos después Elsa estaba cambiada en su sudadera y una camiseta de algodón. Apagó la luz y se deslizó debajo de las cobijas, conscientemente evitando que su cuerpo presionara contra Anna no importa cuanto lo deseara. Su resolución duró solamente hasta en el momento que el sueño la alcanzó, cuando su cuerpo se hizo cargo e hizo lo que deseó tan desesperadamente hacer cuando estaba despierta.

Medio dormida, Anna se despertó completamente cuando sintió el fuerte brazo apoyado a través de su estómago. Elsa dio un suave suspiro de satisfacción en su sueño y se arrimó más cerca, su cálida respiración acariciando el hombro de la mujer más pequeña. Anna sonrió en la oscuridad y bajó su mano izquierda para apoyarla sobre la más grande. Esto tendría que haberle parecido extraño dormir junto a alguien después de pasar los primeros veintiséis años de su vida durmiendo sola pero no fue así. Acostada junto a Elsa se sentía natural, cómodo, correcto. Creyó que la mujer más mayor verdaderamente cuidaba de ella, algo que Anna nunca había realmente sentido antes. Esto la llenó con un sentimiento de bienestar, lo que sea que no exactamente pudiera nombrar pero era un maravilloso sentimiento justo igual. Otro suspiro y la mujer más mayor se movió incluso más cerca, su barbilla apoyada justo sobre el hombro de Anna y su cara enterrada en el rubio cabello.

El tiempo hacía tictac mientras la joven mujer disfrutaba de las sensaciones, el calor de la mano de Elsa a través de la camisa de dormir de algodón, las suaves respiraciones haciéndole cosquillas en su oreja. La sensación de seguridad y confianza que la cubría como una manta no podría jamás. Anna tuvo amigos al crecer, compañeros, chicas con quién compartir secretos, pero nunca sintió hacía ellos lo que sentía hacía Elsa.

Sus sentimientos recorriéndola eran más profundos que algo que hubiera conocido y si bien esto tendría que haberla asustado, no lo hizo. Volteó su cabeza de lado y puso un suave beso en la frente de Elsa. "Dulces sueños," susurró antes de cerrar sus ojos y dejar que el sueño la alcanzara.

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La oxidada Statión Wagon traqueteó su camino hasta subir a Morris Street. Gothel Bickering observó la dirección que estaba buscando y dobló estacionándose enfrente de ésta. Había planeado en visitar a su hermana pero decidió que ya que estaba en el área de todos modos no le dañaría detenerse y ver a Anna, especialmente desde que no había recibido una respuesta, o un cheque, de la joven mujer aún. Bajó rodando la ventana y estiró la mano por la manija exterior, la única manera de abrir la puerta del auto, y salió. Bajó los escalones que conducían al apartamento del sótano, frunciendo el ceño cuando vio una pareja de hispanos moviéndose adentro. Llamó a la puerta.

"¿Anna Summer vive aquí?"

"No, nosotros acabamos de mudarnos. Usted puede hablar con Lirón. Él vive en el piso de arriba."

"¿Qué jodidos quiere?" Lirón preguntó cuándo abrió la puerta.

"Estoy buscando a Anna Summer. Pensé que ella vivía aquí."

"Desalojó," gruñó. "La maldita perra no me dio ningún aviso tampoco."

"¿Usted sabe adónde ella se mudó?"

"¿Quién jodidos es usted?" miraba a Gothel sospechosamente.

"Soy su madre," mintió.

"No lo sé y no doy una mierda. Si usted desea saber, debe preguntar a la perra que estuvo aquí. Espere, tengo su nombre aquí en alguna parte. Lo apunté en caso de que el cheque que me dio botara." Regresó dentro del apartamento, dejándola parada afuera. Volvió un minuto después con un Post it con unos garabatos anotados en éste. "Aquí está, es el nombre y la dirección de la perra que sacó sus cosas."

Gothel tomó el papel y lo miró. E. Winter, One Winter Drive, Loudonville. "¿Usted tiene un número de teléfono?"

"¿Parezco la puta cabina de información?" Gruñó. "Eso es todo lo que sé. Ahora, a menos que usted esté interesada en rentar el tercer piso, está haciéndome perder mi mierda tiempo."

Cerró la puerta sin esperar una respuesta. Gothel regresó a su auto, desconcertada. Alguien que vivía en una calle con el mismo nombre que el suyo era sin duda rico, y el hecho de que éste fuera en Loudonville, donde nadie que estuviera recibiendo subsidio podría vivir era aún más intrigante. Decidió que necesitaba averiguar más. Ajustó la almohada en el asiento delantero, la única cosa que mantenía los gastados resortes de presionarse en su trasero, y giró la llave varias veces antes de que el viejo auto Station Wagon de veinte años chisporroteara a la vida.

Se detuvo en la más cercana tienda de barrio para proveer de gasolina al auto, no preocupándole en parar en la bomba surtidora más apartada. Déjalos esperar, pensó para si mientras ponía el inyector en el tanque. Puso exactamente cinco dólares de gasolina en el tanque antes de entrar en la tienda. Una vez adentro, tomó un mapa de las calles del condado de Albany y se dirigió hacia el fondo donde los refrigeradores de los refrescos estaban alineados. Mientras abría la caja con una mano, Gothel utilizó su otra para meter el mapa de las calles en su bolso. Se acercó al granoso dependiente haciéndole frente con una botella de Pepsi en su mano.

"Setenta y cinco centavos por el refresco y cinco por la gasolina," el dependiente dijo.

Gothel sacó un gastado billete de su bolsillo de la chaqueta junto con un sello de comida de un dólar. El vendedor asintió y devolvió veinticinco centavos, completamente ignorante del robo en la tienda. Como siempre lo hacía, Gothel no pudo resistir sonreír cuando salió de la tienda, consiguiendo una vez más marcharse con algo gratis.

El Station Wagon farfulló y atravesó el congestionado tráfico de Albany entrando a la más tranquila zona residencial de Loudonville. En el pueblo donde los ingresos promedio estaban también dentro de las seis cifras, el oxidado Ford con falsos paneles de madera resaltaba en marcado contraste con los más nuevos vehículos del vecindario de Elsa.

Gothel hizo dos equivocadas vueltas antes de encontrar Winter Drive, culpando al mapa de las calles y no a si misma. Decidiendo que la mansión grande al principio de la calle tenía que ser el númerouno, tiró del auto sin inspeccionar y sin asegurarse en el largo camino de entrada, deteniendo este justo detrás de un jeep Cherokee azul brillante. Quitó la llave del encendido y esperó un momento mientras que el auto continuaba funcionando antes de que este finalmente diera un moribundo grito y quedara silencioso. Gotas de aceite mancharon la entrada principal mientras bajaba rodando la ventana para alcanzar la manija de la puerta. Sin duda sobre esto, pensó para si. Ésta tiene que ser el número uno de Winter Drive. Si Anna conocía a la persona que poseía esta casa, bien por supuesto que esto valía la investigación, Gothel razonó. Notó las tejas de loza del camino de entrada que rodeaban el césped y conducía a la puerta doble grande de la entrada y siguió esta.

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Elsa trabajaba en su computadora cuando oyó el traqueteo del sonido de un auto que tiraba en su camino de entrada. Una rápida mirada en la cama confirmó que Anna estaba aún profundamente dormida. Se levantó y se acercó a la ventana, ojos azules se ensancharon en la vista del color café, blanco y oxidado Station Wagon situado en su camino de entrada.

"¿Qué el infierno...?" La ventana bajó rodando y un brazo estirado por la manija. Miró cuando una redonda mujer, mal vestida, salía del auto y miraba la casa.

El primer pensamiento de Elsa fue que era un perdido viajero o uno de esos molestos vendedores de puerta en puerta. Dio otra mirada en la mujer pacíficamente durmiendo y decidió interceptar la inesperada llegada antes de que el timbre pudiera despertar a Anna.

Elsa abrió la puerta y se dio cuenta que ésta no era ningún vendedor a domicilio. Un negro gorro tejido con una borla en la punta cubría la cabeza de una mujer que parecía estar en la mitad de sus años 40 mientras una sucia chaqueta amarilla con varias manchas esparcidas cubriendo la parte superior el cuerpo. Ella sostenía un bolso de gran tamaño en las manos que no llevaban guantes y sus pies estaban cubiertos con un par de tenis que habían hace mucho tiempo dejado de ser considerado blancos. La ejecutiva de cabello plateado bajó la mirada en la mujer más baja y frunció el ceño.

"¿Puedo ayudarle?"

"Um, sí," Gothel dijo, levantando la mirada con sorpresa. "Cómo supo..."

"Yo oí..." Elsa hizo una pausa cuando intentó pensar en un término discreto para el cubo de chatarra, "su... auto... estacionarse en mi entrada. ¿Qué quiere?"

"Estoy buscando a alguien y me dijeron que usted podría saber donde ella está. Su nombre es Anna Summer."

"¿Quién le dijo que yo podría saber dónde está?" Elsa ahora sabía quién era la mujer que estaba parada delante de ella y no estaba absolutamente feliz con la revelación. Había prometido llevar la chequera de Anna al hospital pero con la inesperada alta y todo lo que habían sucedido desde entonces, no había habido más mención del tema.

Por lo que Elsa sabía, Anna no había enviado nada desde que estaba en su casa. ¿Así que cómo esta sanguijuela la encontró?

"Paré en su anterior apartamento y me dijeron que usted le había pagado la renta." Gothel tembló y miró sutilmente a la puerta. "¿Puedo entrar? Está bastante frío aquí afuera, usted sabe."

Elsa maldijo mentalmente a quienquiera que la crió educadamente y dio un paso atrás, manteniendo la puerta abierta. "Entre, ¿señora...?"

"Bickering, Gothel Bickering," la redonda mujer dijo, pasando a la ejecutiva y quitándose su gorro tejido para revelar el liso cabello negro que parecía necesitar una buena limpieza. "¿De modo que usted es E. Winter?"

"Sí," Elsa dijo sin molestarse en detalles adicionales. Ahora estaba frente a un dilema moral. Podría fingir que Anna no estaba aquí y despachar a Gothel empaquetada, pero ese riesgo trastornaría a la joven mujer. Entonces otra vez, no estaba segura que deseara dejar al buitre cerca de su compañera. Aceptó renuentemente que la decisión no era realmente suya. "Espere aquí."

Elsa cruzó la habitación y entró en la oficina, asegurándose de cerrar la puerta detrás de ella. Se arrodilló sobre la cama y puso su mano en el hombro de la mujer durmiendo.

"Anna... Anna cariño, despierta."

"¿Hmm?" ojos turquesa se abrieron y parpadearon pesadamente.

"Tenemos compañía, tienes que levantarte."

"¿Compañía?" Dio un sano bostezo y frotó sus ojos. "¿Quién?"

"Gothel." Elsa hizo lo posible para no dejar mostrar su molestia.

"¿Gothel? ¿Bickering? ¿Aquí?" Los ojos de Anna se ensancharon.

"Gothel Bickering. Aquí." Miró cuando las palabras penetraron y el semblante de la rubia cambió.

"Hey, si no deseas verla..."

"No, si se tomó todas estas molestias para encontrarme entonces yo le debo por lo menos eso."

"Anna." Tomó la barbilla de la mujer más joven en su mano. "No le debes a ella nada. Lo que hizo por ti en el pasado lo has ya devuelto en todo caso, estoy segura." Suavizó su tono, dándose cuenta que esto no ayudaba. "Lo siento, sé que sientes que le debes y no debería estarte diciendo cómo pensar o sentir." Retiró la mano y se recostó. "Solo no me gustaría ver que seas utilizada y me temo que es exactamente por eso que Gothel está aquí." Tomó el cepillo y comenzó a peinar el desordenado cabello de Anna.

"¿Elsa?"

"¿Mm?"

"¿Sería demasiado preguntar si podría pedir prestada la blusa que usaste ayer? Puedo cubrir el resto de mi cuerpo con una manta."

"Será una poco grande en ti pero no hay problema conmigo." Se inclinó y utilizó su largo brazo para tirar de la blusa gris colocada en el respaldo de la silla. Anna se quitó la camisa de dormir al mismo tiempo y cuando Elsa se enderezó fue saludada a la vista de los firmes pechos de la joven. Renuente intentó mantenerse de mirar fijamente para concentrarse en ayudar a Anna a meter los brazos en las mangas. "Te dejaré abotonarla mientras traigo la silla." Dijo repentinamente, dejando la cama y recuperando la doblada silla de ruedas de la esquina.

Pocos minutos después Anna estaba cómodamente colocada en su silla, la manta metida cuidadosamente alrededor de sus piernas y caderas.

"¿Estás lista?" Elsa preguntó.

"Sip," vino la desganada respuesta. La última persona que quería ver era a Gothel. No había contestado a la última carta y en su mente no había duda de que la antigua madre adoptiva mencionaría el tema del dinero, especialmente después de descubrir dónde estaba viviendo. "¿Elsa?"

"¿Sí?"

"Podrías... Quiero decir, si no te importa, ¿podrías... quedarte conmigo?" Esperaba que la presencia de Elsa pudiera mantener a Gothel de preguntar por el dinero, pero más que eso, deseaba el apoyo emocional que sabía que su amiga le daría. Sonrió cuando sintió la cálida mano apretar su hombro.

"Todo estará bien allí, no te preocupes," Elsa dijo.

Gothel volteó de su inspección de los varios adornos que todavía colgaban y jadeó cuando vio a Anna en una silla de ruedas.

"¿Qué te sucedió?"

"Fui golpeada por un auto," la joven mujer contestó. "¿Cómo supiste dónde estaba?"

"Tu casero me lo dijo," dijo con suficiencia. "¿Demandaste a la persona que te golpeó?"

"La policía no sabe quién fue. Él huyó después del accidente."

"¿No pudieron encontrarlo? Eso es una vergüenza. Si lo encontraran, habrías podido demandar. Conozco a un buen abogado que te ayudaría si lo necesitarás. Él me representó cuando me resbalé en un poco de agua en el supermercado. Me consiguió casi cuatro mil dólares." Gothel entró a la parte del desnivel de la sala de estar y se hundió en el sofá de piel, sacando una mirada de desaprobación de Elsa. "Así pues, ven cuéntame lo que has estado haciendo. No he oído de ti en casi dos meses ya." Alcanzó en su bolso de gran tamaño y sacó un gastado estuche de cigarros de vinil y encendedor, encendiendo uno sin un pensamiento.

"No permito fumar en mi casa," Elsa dijo.

"Oh, no se preocupe, tengo mi propio cenicero," Gothel contestó cuando sacaba un pequeño monedero café.

"No, yo no permito fumar en mi casa," la mujer de cabello plateado enfatizó, no cuidando nada sobre el resplandor que recibió de la visitante grande, pero cuidando mucho que Anna no hiciera un sonido de objeción.

"Oh, bien." Gothel tomó una larga fumada antes de apagar la colilla del cigarrillo. "Así que Anna..." Exhaló, llenando el aire alrededor con el translúcido humo. "Cuánto tiempo te quedarás con la Srta. Winter, ¿o tu vives aquí ahora?"

Anna parpadeó en sorpresa y miró a su benefactora, haciendo la misma pregunta con sus ojos. Elsa tragó, insegura de cómo contestar. ¿Qué deseas, Anna? No había duda en su propia mente que deseaba a la mujer de cabello rubio en su vida, y en su hogar. '¿Dejando la decisión en mí significa que lo deseas también?' Investigando en los ojos de Anna, Elsa inhaló profundamente y corrió el riesgo, dejando a su corazón dirigir su respuesta.

"Ella vive aquí."

Anna abrió su boca, después la cerró, impresionada desaparecio su capacidad de hablar por un momento.

"S... si, eso es." Su voz se quebró y luchó para mantener alejada una sonrisa de su cara. "¿Así pues, qué te hizo venir para esta área? ¿Visitando a Isabel otra vez?" Preguntó, refiriéndose a la hermana de Gothel.

La mujer grande asintió. "El Tupperware llegó. Sabes que ella nunca conseguirá la ocasión para entregármelo. Si no vengo y no los consigo acabará usándolos ella misma o vendiéndolos a alguien más para el dinero justo como el episodio de las galletas. Recuerdas eso, ¿no es así, Anna?"

"Isabel recogió todo el dinero por las galletas de las chicas exploradoras pero no lo tenía cuando llegó la hora de pagar por ellas," Anna explicó a Elsa.

"Suena como exactamente una familia," la ejecutiva dijo secamente.

"No mencionar lo que sus hijos les hacían antes de que fueran repartidas," Gothel agregó, siempre lista para una oportunidad de maltratar al resto de su familia, incluso si ella era culpable de las mismas cosas. "De modo que..." Giró su atención a su antigua hija adoptiva. "¿Y qué dicen los doctores? Espero que fueras a un verdadero hospital y no apenas a la clínica. Sabes que ellos no saben nada allí. Luché con ellos por cinco años sobre Sneezy y nunca encontraron algo mal con él," Gothel dijo.

Anna asintió educadamente pensando para si que la razón de que nunca encontraron algo con su hermano adoptivo era que nunca hubo algo mal con él. Sneezy era la imagen de la salud durante el tiempo que ella permaneció con ellos, sin embargo Gothel lo arrastraba de doctor en doctor, insistiendo que una rara terriblen dolencia afectaba a su hijo más joven.

"Sabes, él está en el colegio ahora."

"¿De verdad?" Anna no había pensado que él pudiera hacer la secundaria. "¿Qué es lo que estudia?"

"Actuación. Algún día conseguirá su propia serie justo como Seinfeld. Incluso consiguió una oferta para actuar en el centro" presumió, como si el centro Cobleskill fuera algo para presumir. "Yup, están haciendo Joseph y el Amazing Technicolor Dreamcoat. Andy Gibb dirige la obra en Broadway, sabes."

"Ahora hay alguien para visitar," Elsa dijo arrastrando las palabras, ganándose una ceja ligeramente levantada de la joven mujer.

Dio a Anna un ligero mohín pero rápidamente volvió a su normal expresión aburrida a medida que Gothel continuaba divagando y llenando a la joven mujer en todos los acontecimientos triviales que habían sucedido en su familia recientemente. Finalmente, como Elsa sospechó, la conversación giró al dinero.

"Sabes que el estado dejó de pagarme por Sneezy cuando él cumplió dieciocho. No se les ocurrió a ellos que necesito ese dinero extra cada mes para los otros niños. Uno en el colegio y los otros cuatro niños aún en la primaría."

"¿No está Sneezy ayudando?" Anna preguntó.

"Él trabaja únicamente los fines de semana en la gasolinera de Fred. Necesita ese dinero para la gasolina para ir y venir a la escuela."

"Parece que Sneezy necesita conseguir otro trabajo y ayudar," Elsa bromeó, ganando otra desaprobación, si bien breve, en la mirada de Anna. Gothel se movió, centrando su atención en la joven mujer y deseando que la mujer de cabello plateado se marchara.

Para su placer, fue en ese momento que el teléfono sonó y Elsa se disculpó por un momento. La maquinadora mujer se inclinó adelante en su asiento.

"Al estado le da igual. Al idiota del Trabajador Social no le importa tampoco." Hizo una pausa, suspirando para el efecto. "Es tan difícil cuando estás sola, entiendes eso, ¿no es así, Anna?"

"Sí," contestó.

Gothel sonrió por dentro. "Sabes fue difícil cuando estabas allí, todos los sacrificios que tuve que hacer justo para mantenerte y a los otros fuera de los orfanatos del estado y de loshogares de grupo." Miró, satisfecha, cuando Anna asintió. El anzuelo esta colocado, ahora encájalo, la regordeta mujer pensó. "Debiste conseguir un poco de dinero de incapacidad, ¿no es así?"

"Realmente, no. yo no obtuve ningún beneficio en Money Slasher y no he solicitado nada." La cabeza de Anna se inclinó, una expresión visible de su conocimiento en cuanto a donde la conversación iba y su incapacidad de hablar fuerte y parar esta.

"Pero estás viviendo aquí. No puedes decirme que alguien como ella te permite vivir aquí sin renta. Debes pagarle algo."

"Pienso que ese es un asunto entre Anna y yo," Elsa dijo cuando regresó al cuarto, su tono enérgico finalizando el tema. No pasó por alto la rápida mirada de alivio que pasó por la agradecida mujer. También no pudo pasar por alto la manera en que los hombros de Anna cayeron.

"Bien no veo cuál es el gran reparto. Solo pedí una simple respuesta." Gothel intentó parecerdolida, pero nadie le creyó esto.

"Y esta fue contestada," Elsa dijo firmemente cuando se sentó. Cruzó los brazos, dejando en claro que no estaría saliendo del cuarto otra vez. No tenía duda que si no hubiera vuelto la sanguijuela habría metido culpa en Anna para que le diera dinero. Elsa se estaría maldiciendo si permitía que eso sucediera.

"Pienso que Anna es bastante mayor para hablar por si misma, ¿no lo cree?" Gothel no hizo intento de ocultar su rabia. Tenía solamente un tiro para hacer. "Anna, pienso que debes venir a quedarte conmigo hasta que te recuperes. Siempre cuidé tan bien de ti cuando eras una niña." Allí está. La amenaza estaba sobre la mesa. Gothel estaba haciendo que Anna eligiera entre ella y Elsa y la regordeta mujer estaba segura que la tranquila niña que una vez conoció y controló vendría por delante y la elegiría.

"Yo... yo..." Anna sentía la presión cerrarse en torno a ella. Habría sido tan automático de hacer lo que Gothel intentó por tanto tiempo. Ahora tenía realmente una alternativa, una opción para decidir. Someterse al status establecido hace muchos años o saltar hacía adelante en lo desconocido con Elsa. Levantó su cabeza y miró en el color azul intenso, viendo únicamente calidez y preocupación. "Yo... yo no deseo irme." Dijo esto tanto a Elsa como a Gothel.

Observó a la ejecutiva soltar una respiración y darle una pequeña sonrisa. Por otra parte, la antigua madre adoptiva parecía furiosa.

"Anna, quiero hablar contigo a solas, ¿o ella toma todas tus decisiones por ti?" Gothel se deslumbró en Elsa.

"Anna es su propia dueña," la mujer de cabello plateado dijo. "No la controlo, o la manipulo" insistió. Su propio mal humor estaba rápidamente saliendo y los pensamientos de Elsanestaban centrándose sobre echar a la gorda mujer de una oreja y esperanzadamente sacarla de la vida de Anna.

"¿Entonces por qué no la deja decirme eso por ella misma?" Gothel gruñó, visiblemente disgustada sus planes estaba desmoronándose. "Usted no sabe como trabajé duramente para mantener un techo sobre su cabeza cuando nadie más pudo."

"Usted la recibió debido al dinero extra del estado. Eso es todo lo que allí está." Elsa se levantó y comenzó a pasearse. "¿Le preguntó una vez si había algo que usted pudiera hacer para ayudarle? No, le preguntó qué pasaba y después entró en su propio pequeño mundo de problemas, la mitad de los cuales serían solucionados si usted sacara su perezoso trasero y consiguiera un trabajo en vez de vivir de alguien más." Deliberadamente evitó mirar a Anna, segura que vería desaprobación en sus ojos. Sabía que debía parar, dejar a su amiga luchar sus propias batallas, pero maldita sea si iba dejar a Anna darle un centavo más a la abusona de Gothel Beckering.

"No tengo que escuchar esto," la grandota mujer dijo furiosamente, poniéndose de pie y recuperando su bolso. "Anna, tú estás dejando que esta perra te controle. ¿Vas a darme la espalda? ¿A la única familia que tienes?" Subió sobre el nivel principal y se dirigió hacia la puerta. "Después de todo lo que he hecho por ti."

Anna dejó una solitaria lágrima resbalar por su mejilla. "Espera." Levantó la mirada en Elsa. "¿Por favor?"

"Anna," la mujer de cabello plateado protestó. "No tienes que hacer esto."

"Por favor, solo algunos minutos. Estaré bien." Hizo una mueca de dolor internamente en la dolida mirada en la cara de Elsa pero sabía que necesitaba hacer esto. A pesar de no estar completamente convencida finalmente Elsa asintió.

"Estaré en el piso de abajo." Dio una asesina mirada en Gothel antes de salir del cuarto.

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"Hrmmpf," Gothel gruñó cuando volvió a su asiento. "No sé, Anna. Esta gente rica, piensa que ellos pueden controlar a todo el mundo solo porque tienen dinero."

"Elsa no es así," la joven mujer protestó.

"Ella no te dejó hablar por ti misma. Eres una mujer grande. Lo qué haces con tu dinero es tu asunto, no el suyo." Alcanzó su bolso y sacó su caja de cigarros. "Podría pensarse que eres una niña por la manera en que ella te trata."

"Gothel por favor no." Anna señaló en la caja de cigarros.

"Obviamente ella no sabe tratar a los invitados tampoco," la mujer grande se quejó, empujando la caja nuevamente dentro de su bolso. "Bien, no puedo permanecer mucho tiempo. Tengo que recoger el Tupperware y espero tener suficiente gasolina para llegar a casa."

"Gothel, ¿tú entiendes que no estoy trabajando? No tengo ningún dinero."

"Anna, vives aquí. No puedes decirme que si necesitas algo ella no te ayudaría." La mujer grande señaló lo obvio. "Tú no estarás muriéndote de hambre... o acabado la gasolina sobre algún solitario tramo de la carretera en el camino a casa..." Gothel hizo una pausa para el efecto. "Recuerdo la vez que estaba nevando y tuve que llevarte para el doctor... ¿Qué fue esa vez?"

"Dolor de garganta," Anna contestó malhumorada, sabiendo completamente bien lo que la más vieja mujer recordaba.

"Eso es. Tuve que conseguir recetas para ambos para ti y Sneezy porque él no la había tenido esta todavía. No pude ir al bingo esa semana debido a eso, lo sabes."

"Lo sé."

"Sabes, los monos valían doscientos cincuenta dólares y tenía justo tanta oportunidad de ganar como cualquiera en ese sitio."

"Lo sé," Anna repitió, hundiéndose más y más en el papel que se sabía tan bien.

"¿Sabes lo asustada que estaría la pequeña Jessica si no llegara a casa?"

Cualquier fuerza y reserva de Anna se había desmoronado con la última implicada amenaza.

Jessica tenía nueve y estaba muy encariñada a su madre. "¿Cuánto necesitas?"

Gothel se relajó contra el sofá, triunfante. "Por lo menos treinta dólares."

"No tengo tanto," la joven mujer mintió.

"¿Bien cuánto tienes?"

Anna pensó rápidamente. "Lo más que pude ahorrar son quince dólares."

"Bien si eso es todo lo que puedes hacer entonces supongo que es lo que será."

"Traeré mi chequera." Agachando su cabeza en derrota, giró su silla y empujó hacía la oficina, volviendo pocos minutos después con el cheque colocado en su regazo. Gothel ya tenía su chaqueta puesta.

"Gracias, Anna. Espero oír de ti en Navidad." Gothel estiró la mano para el cheque solo para tener a la joven mujer tirando de éste fuera del alcance.

"Espera..." convocó su valor y respiró profundamente. "Yo... yo realmente no puedo permitirme darte más dinero después de esto."

La sonrisa de Gothel cambió a un enojado gruñido. "Bien, lo recordaré si terminó sin comida o algo que no debo llamarte por ayuda." Se inclinó y arrebató el cheque de la mano de Anna.

Ahora, teniendo por lo que ella vino, Gothel estaba lista para irse, pero haría lo posible para reforzar su agarre sobre la joven mujer. Su voz se volvió chillona, acusatoria. "Solo recuerda esto mientras estás sentada aquí en todo esto..." extendió los brazos abarcando el cuarto. "Que luché y sufrí para ocuparme de ti por tanto tiempo." Gothel abrió la puerta, dejando entrar el frío aire. "Espero que vuelvas a caminar pronto, Anna. Quizá algún día pararás de ser tan egoísta y te darás cuenta apenas cuánto costó para mí mantener un techo sobre tu cabeza." La puerta se cerró y pronto Anna oyó el sonido de un motor esforzándose para encenderse.

Después de algunas falsas salidas y un petardeo acompañado por una nube de negro humo salir del oxidado tubo de escape, el Station Wagon se retiró de la entrada y se dirigió hacía la calle.

La puerta al sótano se abrió y Elsa apareció, mirando alrededor por su invitada incómoda.

"Ella se fue," Anna dijo en respuesta a la ceja levantada. Preocupada que su benefactora pudiera disgustarse sobre el cheque, ocultó la chequera debajo de la manta del afgano.

"Elsa, siento sobre..."

"No, no te preocupes acerca de eso," la mujer más mayor contestó, cortando la disculpa. "No tenías ninguna manera de saber que ella podría aparecer aquí." Se acercó colocándose detrás de la silla de ruedas. "¿Tienes hambre?" Preguntó. "No importa, pregunta tonta."

"¿Qué puedo decir? Flora es una estupenda cocinera, "Anna contestó. Su sonrisa de oreja a oreja le ganó un rápido despeinado del cabello de su compañera.

"Ok, tú dirígete adentro y encuentra algo en la tele mientras veo qué delicias dejó Flora para nosotras."

Nada más fue dicho sobre Gothel Beckiring mientras avanzaba el día, ambas mujeres estaban más interesadas en estar acostadas una a lado de la otra en la cama y viendo televisión juntas.

Fue solo después que la noche había caído y ambas estaba instaladas para dormir que Anna sacó a colación el tema.

"¿Elsa?"

"¿Mmm?"

"¿Te enfadarías conmigo si te digo que terminé dándole dinero a Gothel?"

"Pienso que no podría nunca estar enfadada contigo," Elsa admitió, rodando sobre su costado y apoyando la cabeza en su mano.

"¿Decepcionada?"

"No," ella suspiró. "Anna, si parecí cortante o molesta o..."

"¿Hostil?" La mujer más joven ofreció. Elsa miró en las sombras formadas en la débil luz de la luna y arqueó una ceja.

"No creo que fui hostil, Anna. Pienso que hice un gran trabajo siendo cortés con la bruja, especialmente considerando lo que realmente deseaba hacer que era echarla en el banco de nieve."

Anna estiró su mano en la oscuridad y recorrió sus nudillos arriba y abajo del antebrazo de Elsa. "Sé que lo hiciste... y agradezco eso."

"No me gusta ver a nadie utilizarte, Anna," susurró. "Mereces más que eso." Elsa vaciló por un momento antes de continuar. "¿Así qué cuánto le diste?"

"Quince dólares," fue la respuesta. "Solo que le dije que esta era la última vez," Anna agregó rápidamente.

"¿Alguna vez le habías dicho eso antes?"

"No."

"Bien entonces, eso es un comienzo, de cualquier forma." Extendió su mano libre y suavemente acunó la mejilla de Anna. "Hey, entiendo, de verdad lo hago. Es difícil decir no después de decir sí por tanto tiempo. Fíjate en mí y mi familia."

"¿Así qué tú realmente no estás molesta conmigo?"

Elsa se inclinó y le dio a su joven amiga un abrazo. "Nunca podría estar molesta contigo," susurró en el oído de Anna. No esperó sentir los brazos envolverse alrededor de su cuello y tirar de ella más cerca.

"No sé qué hice para merecer a una amiga tan buena como tú," la joven mujer se atragantó cuando se apretó más fuerte. Elsa devolvió el abrazo, sonriendo al principio con la sensación de tener a Anna. Entonces los recuerdos vinieron sin invitación a su mente... un destello de verde volando sobre la capota y el parabrisas, sangre juntándose en el suelo, y una serie de mentiras diseñadas para cubrir la verdad. La sonrisa se descoloró, remplazada por una mirada de tristeza.

"Yo soy la que no te merece," Elsa susurró. Se aferró por un largo momento antes de rodar de nuevo a su lado de la cama. "Es hora de que nosotros durmamos un poco."

A pesar de sus intenciones cuando cerró sus ojos, el cuerpo de Elsa la traicionó cuando este hizo lo de cada noche. Justo cuando Anna estaba divagando sintió el cálido peso del brazo de la mujer más mayor dejado caer a través de su estómago y la cálida respiración acariciando su hombro. Sonrió y permitió que el sueño la reclamara. Profundo en la tierra de los sueños, ellas dejaron que el calor de cada cuerpo sorteara el frío de la noche de las dos y un medio siglo de la vieja casa no pudiera mantenerlo acorralado.

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"Elsa, ¿tienes un segundo?" Giselle preguntó cuando entró en la oficina. "Hay una demanda aquí que no tiene ningún sentido."

"¿Desde cuándo tu vienes a mí con algo así?" Preguntó, no molestándose en levantar la mirada de la pantalla de la computadora.

"Desde que implica materiales y equipo perdidos totalmente de más de cien mil dólares."

"¿Qué?" Elsa se volteó de la computadora e indicó para que su hermana tomara asiento en la silla en el otro lado del escritorio.

"Orbison Contractors presentó una demanda por equipo y materiales perdidos del lugar de remodelación de ese mini-centro comercial. Dicen que toda la madera y herramientas de un camión marca New Work fue robado." Le dio a Elsa una copia de las múltiples páginas de la demanda. "Puesto que ellos tienen completa protección con nosotros, también están demandando por los salarios perdidos debido a la falta de equipo."

"¿Estás segura que esto es legitimo? Quizá ellos solo están intentando poner una demanda para el dinero del seguro." Elsa tiró a través de las páginas, frunciendo el ceño en cada cifra. "¿Ellos presentaron una denuncia a la policía?"

"Claro que lo hicieron. Encontraron el camión, despojado del metal en Arbor Hill."

Elsa leyó la denuncia cuidadosamente, buscando alguna pista de que esto fuera un fraude. "¿Hans sabe acerca de esto?"

"No. No pude localizarlo. He dejado mensajes por todas partes para él."

"Él está probablemente todavía drogado de todo el Percocet que robó de mi casa durante la fiesta de Navidad," la ejecutiva murmuró.

"¿Qué?"

"Nada, no importa." Los dientes de Elsa se hundieron en la suave madera de su lápiz mientras continuó estudiando detenidamente la demanda. No hay señales de forzar la entrada, no que fuera necesario para conseguir pasar una simple cerca con cadenas circundantes en el lugar de trabajo. El camión fue una pérdida total y no había señales de cifras infladas por las

herramientas y materiales desaparecidos. "No puedo ver algo fuera de lo normal aquí, hermana. A excepción del costo, ¿qué es eso lo que te preocupa?"

"Realice una comprobación a los informes que tenemos en el archivo y por lo que puede ver, este proyecto tenía que haber finalizado o casi cerca de eso. Pero según el informe de las pérdidas, ellos apenas habían comenzado. Le hice a Mike Orbison una llamada y él dijo que estaban por lo menos a seis semanas de la terminación."

"Si estaban hasta ahora lejos de estar finalizando..." Elsa miró el papel otra vez. "¿Entonces por qué había tanto material allí? Mira esto... todas las hojas de grandes cristales, pintura, tabla rock, incluso alfombrado. Pensé que ésas eran las últimas cosas que serían entregadas."

"Eso es lo que pensé. Quizá ellos esperaban estar terminando antes esto."

"No, Mike lleva en el negocio bastante tiempo para saber exactamente lo que necesita y cuando lo necesita. No puedo imaginarlo ordenando que el material sea acarreado al lugar sin que éste sea utilizado enseguida. Él sabe como fácilmente las cosas son robadas de las obra

en construcción." La frente de Elsa se surcó cuando intentaba darle forma al rompecabezas. "¿Y estás segura que estas cosas estaban en el lugar?"

"No puedo imaginarlo mintiéndonos después de todo este tiempo. Su familia ha trabajado para nosotros desde los años 60 y ésta es solo la quinta vez que han presentado una demanda."

"Estoy segura que es la primera vez que ha llegado a las seis cifras." Elsa tomó el teléfono.

"Nani, localiza a Mike Orbison para mí." Un minuto después el timbre y la luz que destellaba anunciaron que la tarea fue lograda. "¿Mike? Elsa Winter... bien ¿y tú? Bueno. Mike, quiero hablar contigo sobre esa demanda que ustedes presentaron contra Winter Insurance. Seguro, entiendo eso... si, eso parece extraño a mí también, es por eso que quise llamarte... no, no hay problema con eso... si... absolutamente... uh huh... si... no, yo no sabía eso... uh huh... ¿cuándo fue eso?"

"¿Qué está pasando?" Giselle preguntó, obteniendo un ceño de su hermana.

"Sí Mike, estoy aún aquí, continúa... uh huh... ¿cuándo últimamente hablaste con él? Ya veo... Mike, déjame preguntarte algo, con excepción de tu gente, quién más tenía llaves del edificio? ¿Qué? ¿Bien cuándo pasó esto? ¿Le preguntaste a él acerca de eso? ¿Cuándo? ¿Y ésa fue la

última vez que hablaste con él? Ok. Mike... no, entiendo perfectamente... por supuesto... tú también... si, salúdame a Sarah... okay Mike, adiós." Elsa colgó el teléfono y suspiró.

"¿Qué te ha dicho él?"

"Dijo que todo fue ordenado con semanas de antelación pero Hans se mantuvo empujando las fechas detrás, es por eso que todo estaba en el lugar cuando sucedió el robo. ¿El informe de la policía dice si el camión fue atado con alambre o no?"

"Creo que no. No presté a eso mucha atención, ¿por qué?"

"Mike dijo que Hans pasó por ahí la semana pasada y después de que se fuera un juego de llaves desapareció."

"¿Llaves para qué?"

"El edificio, el camión, las cajas del equipo, todo. Mike dice que estaban en su escritorio cuando Hans pasó pero no pudo encontrarlas más tarde ese día."

"Elsa, tú no piensas..."

"Eso es exactamente lo que pienso." La mujer de cabello plateado se levantó y fue a la ventana, el brillante sol reflejándose en los bancos de la nieve abajo. "Giselle , quiero que entres en contacto con todos los otros contratistas y que les digas que traten directamente conmigo de ahora en adelante, en lugar de Hans. Si él se presenta en alguna parte, quiero saber acerca de eso."

"¿Por qué él querría robar? No necesita dinero."

"¡Él me robó a mí!" Elsa gruñó furiosamente. "¿Por qué lo estás defendiendo? La verdad está justo delante de tu cara." El timbre del teléfono interrumpió su diatriba. "¿Qué?"

"Tod Means de Means Auditing en la línea uno," Nani respondió.

"Estupendo." Se desplomó en su sillón y tomó el auricular. "Esto mejor que sean buenas noticias," dijo antes de presionar el botón. "Elsa Winter."

Diez minutos después una furiosa Elsa y una Giselle boquiabierta se miraban fijamente la una en la otra.

"¿Ahora me crees?"

"No puedo creer que él pudiera robar de su propia familia," la pelirroja contestó reservadamente.

"Pues él lo hizo. Algunas semanas más y habría desmantelado la división Real Estate, por no mencionar lo que habría hecho a la compañía en su totalidad. Seremos afortunados si presentamos un beneficio este cuatrimestre."

"¿Qué pudo él necesitar con todo ese dinero?"

"¿Qué tú crees, Giselle ? No eras tú quién mencionó drogas la semana pasada."

"Lo sé lo dije pero realmente no creía eso."

"Bien, tendrías que." Elsa tomó el teléfono y llamó por el interfón a su secretaria. "Nani, quiero que llames a la compañía de seguridad y al cerrajero. Quiero que todas las cerraduras sean cambiadas y los códigos de las llaves de Hans sean bloqueados antes de que termine el día. Llama al piso de abajo y asegúrate de que nadie le permita entrar. Después llama a todos los directores para una reunión. Me da igual a que horas, solo asegúrate de que todo el mundo esté allí."

"Solo no puedo creer esto," la hermana más joven repitió.

"Créelo. Nuestro hermano bebé es un ladrón y un mentiroso y me lleva el diablo si él conseguirá irse con éste."

Para el final del día todas las cerraduras habían sido cambiadas y las noticias comunicadas al resto de la familia. Elsa paró cada proyecto de construcción hasta nuevo aviso y anunció que Tod el hermano de Toby manejaría la división Real Estate hasta que un reemplazo apropiado fuera encontrado. Como precaución adicional, llamó al banco y reportó la tarjeta de crédito empresarial de Hans como robada solo para enterarse que grandes cantidades adelantadas habían sido tomadas en la tarjeta durante las últimas dos semanas y esta había alcanzado su límite. Otro parte de información para agregar al palpitante dolor de cabeza de Elsa por los problemas.

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"¿Qué te parece una linda bufanda?"

"Ella odiará eso."

"Hmm... ¿Qué te parece una botella de su perfume preferido?"

"Ugh, odio su perfume."

"Bien, ¿qué le gusta a ella?" Anna pasaba las páginas del catálogo del Macy's. "Tienen bonita joyería aquí." Ellas habían pasado las últimas dos horas repasando los diferentes catálogos y volantes, en vano. Todo lo sugerido fue descartado tan rápidamente y a Anna estaban acabándosele las ideas para ayudar a su amiga.

"No. Mamá tiene más joyería con la que ni sabe que hacer." Elsa lanzó el catálogo de Bloomingdale sobre el escritorio, tomó otro, y suspiró. "Odio la Navidad."

"Oh, no será una queja ahora, prometo ayudarte a encontrar algo para ella." Anna dio a su amiga una sonrisa. "No puede ser tan difícil encontrar un regalo para tu madre."

"Iduna Winter es sin ninguna duda una de las mujeres más difíciles para

comprarle un regalo." Elsa tomó un trago de vino y colocó la copa sobre el escritorio. "Quizá debería solo enviarla a un crucero." Azules ojos brillaron con malicia en el pensamiento. "Quizá un agradable largo, crucero."

"¿Le gustaría eso?"

"Yo podría," la ejecutiva contestó con una diabólica sonrisa. "Quizá uno de esos viajes alrededor del mundo. Tú sabes, quizá seis, ocho... meses."

"Oh, tú. Para," Anna juguetonamente la regañó, extendiendo una mano para ligeramente golpear el antebrazo de Elsa. "Tu madre no es tan mala, es solo un poco... un poco..." Puso su dedo en sus labios, intentando encontrar una o dos palabras que pudieran con precisión describir a la madre de su amiga. "Anticuada."

"Mi madre es una snob, cariño." Elsa dijo cuando tomó otro trago de vino rosado. "Ella no toma un no por una respuesta, espera perfección todo el tiempo, y se preocupa más sobre la imagen de la familia que lo que nosotros sentimos." Otro trago. "Quizá debería solo darle un vale de regalo y dejarla seleccionar lo que ella quiera."

"¿Estas segura?" Anna buscó una página en el catálogo y la extendió para que la mujer más mayor la viera. "Aquí hay un número gratuito al que puedes llamar para ordenar uno, si eso es lo que realmente deseas hacer," dijo, su tono dejando en claro que no creía que sería el caso.

A pesar de solamente conocerla por tres semanas, Anna estaba comenzando a entender algunos de las pequeños expresiones faciales y actitudes que traicionaban los verdaderos sentimientos de Elsa. Lápices roídos significaban frustración, las uñas golpeando ligeramente equiparaba al aburrimiento, y el firme pero tierno abrazo que la sostenía cada noche hablaba de algo que ninguna de ellas se atrevía a ponerle palabras.

Los azules ojos levantaron la mirada del líquido por un momento, entonces bajaron otra vez.

"No," Elsa de mala gana admitió. "Solo odio sentirme tan presionada. Siento como que tengo que conseguir el regalo perfecto."

Ella abrió su boca para protestar, después la cerró, dándose cuenta que en la familia de su amiga, eso no estaba lejos de ser la verdad. La fiesta de Navidad mostró eso. No únicamente fue la cosa entera empujada sobre los hombros de Elsa, no había habido sentimiento de agradecimiento de Giselle y Iduna por todo el esfuerzo. Anna decidió que tal vez una táctica diferente era pedida a gritos.

"Ok. Entonces, ¿cuál es el regalo perfecto?"

Las cejas de Elsa se levantaron, no contando con esa reacción de la mujer de cabello rubio.

"Um... no lo sé, algo... algo..." Movía sus manos, provocando que el vino chapoteara dentro de la copa. "Supongo que nunca realmente pensé acerca de eso."

"Pues entonces, vamos pensar acerca de eso. Ven aquí." Anna levantó el nivel de la cabecera de la cama hasta que casi estaba en una posición sentada y acarició el espacio a su lado, quitando a Tabitha en el proceso. "Veamos, si la única cosa que puedes darle es un regalo perfecto entonces vamos a encontrar uno." Dio vuelta a las páginas. "Quizá el truco es conseguir los regalos perfectos, tú sabes, una colección de cosas que le gusten en vez de un regalo grande. Trae una pluma, marcaré algo que encontremos."

Elsa intentó coger algo con que escribir, pero todos sus lápices estaban roídos y no había una pluma a la vista. Levantó una pequeña pila de papeles sobre su desordenado escritorio pero ninguna pluma apareció. Abrir el cajón viendo los clips, grapas, incluso un montón de Post-it, pero nada con que escribir.

"Presidente de una multimillonaria corporación y no puedo

encontrar una pluma cuando la necesito." Continuó su búsqueda inconsciente de la página que Anna estaba mirando.

¡Eso es! Anna pensó emocionadamente. Allí ante sus ojos estaban unos juegos de plumas y lápices en una variedad de precios y diseños. La colección de Mont Blanc eran exquisitos pero completamente más allá de su escaso nivel de gasto. Dio vuelta a la página y lo vio.

En el centro de la página estaba un bonito juego, un jaspeado diseño en una tonalidad de azul que a Anna le recordaban el resplandor de los ojos de su mejor amiga. Con indecisión se enfocó en el precio escrito en una letra más pequeña abajo y tragó saliva. Esto podría llevarse la mayor parte de sus fondos restantes. Levantó la mirada para ver a Elsa cazando aún la evasiva pluma, entonces de nuevo al catálogo. El problema de encontrar un regalo para Iduna no había sido resuelto sino que había otro problema. Anna discretamente dobló la esquina inferior de la página, entonces las movió nuevamente a la joyería justo cuando Elsa encontró la desaparecida pluma y vino a la cama. Anna tomó la ofrecida pluma y movió el catálogo de modo que la mujer más mayor pudiera ver.

"Ahora, vamos a resolver esta cosa. ¿Cuál es el lugar preferido de tu madre para visitar?"

"Europa. Ella tomó dos de esos viajes país por país y se entusiasmó sobre ambos." Elsa sonrió y, la tensión y preocupación de los últimos días se fueron de su cara.

"¡Eso es! Ella lo amaría. Un viaje por Europa. No puedo creer que no pensé en eso antes." Tomó el catálogo de Anna y comenzó a pasar las páginas.

"Wow... ese... es un regalo maravilloso." Intentó difícilmente no parecer demasiado impresionada pero no obstante esto se mostró en su expresión.

"¿Piensas que es suficiente?" Elsa preguntó cuando miraba en el glosario de fotografías, inconsciente que Anna, usaba al pensamiento en términos de peniques, estaba ahora intentando comprender los miles de dólares que un viaje así podría costar. "Estaba pensando quizá un nuevo guardarropa o..." Levantó la mirada y fue encontrada por la belleza que la miraba fijamente. Se estudiaron la una a la otra durante varios segundos antes de que Anna diera una tímida sonrisa y apartara la mirada.

"Así que um..." Recogió en un pedazo inexistente de pelusa en la manta cuando un suave rubor subió por sus mejillas. "¿Tú dijiste algo sobre ropa?"

"Um... sip, ropa." Elsa cerró el catálogo, no teniendo ya algún interés en la elección de regalos. Lo que deseaba hacer era apagar las luces y enroscarse contra la mujer más joven.

"Sabes, está haciéndose tarde."

"Sip, supongo que si." Afuera en la sala de estar, el reloj de abuelo anunció las diez pero ambas mujeres eligieron fingir no oír este.

Anna reclinó la cama en una posición para dormir mientras Elsa recorría alrededor apagando luces y comprobando las cerraduras en las puertas. En menos de minutos la casa estaba oscura y ellas estaban acostadas en la cama juntas.

Mirando fijamente arriba en la oscuridad, Anna pensaba acerca de lo que había pasado antes. Por ese breve momento allí había habido algo... especial entre ellas. Oyó el sonido de un puño golpeando una almohada y a Elsa deseando poder solo darse vuelta y sostenerla pero eso normalmente no pasaba hasta que ella estaba casi dormida. Elsa daba vueltas suficientes por ambas. Una vuelta en particular golpeó la lesionada pierna y la joven mujer silbó en el repentino dolor.

"Lo siento, Anna. Solo parece que no puedo ponerme cómoda esta noche."

"No te preocupes. Esto solo dolió por un segundo, eso es todo." Estaba alegre que estuviera oscuro cuando una lágrima se escapó.

"Saldré al sofá." Elsa se movió para levantarse solo para ser detenida por la mano de la joven mujer tocándola en su hombro.

"¿Por qué tú no solo pones tu brazo alrededor de mí como normalmente lo haces? Pareces dormir bien después de hacer eso." Dio un suave tirón en la camiseta de la mujer más mayor. "Vamos Elsa, sabes que solo terminarás volviendo aquí adentro después de que me duerma y me sostendrás de todos modos." Tal había sido el caso hace algunas noches.

Lentamente, renuentemente el peso a su lado cambió y sentía el familiar calor del cuerpo de Elsa contra el suyo. Un segundo después y su deseo se hizo realidad cuando un fuerte brazo cubrió su vientre. Anna dejó salir un satisfecho suspiro y cerró sus ojos. Para el momento en que Tabitha decidió donde estaban cambió de lugar y saltó de nuevo en la cama, ambas mujeres estaban profundamente dormidas.

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Hola Camaradas, lo siento por no publicar antes, estuve fuera por un tiempo y cuando volví no tenía internet, hace poco vinieron a restablecerme el servicio así que espero seguir publicando a menos que una fuerza mayor me lo impida. Saludos.

Lachicadelbosque: Hola señorita del Bosque! Uff como ya se saben mis horarios no me sorprende que me dijeras por la actualización. Lo sé, todos esperamos y no te culpo.

También la odio, personas tóxicas. Las mentiras solo lastiman y te llenan de odio en otras ocaciones. Todos odiemos a Hans y lña fiesta debe de ser agotadora. Algo así: Queremos ver más. Oye no! tienes que ver el final de tú historia. Saludos.

V: jajajajaja lo siento, pronto ya sabes que esas fiestas tienen algo que provoca besos no? Saludos.

Shanty17: gracias. Lo sé, es díficil para ella y más sabes que cualquier cosa que pase es otro peso en sus hombros. En la guerra y en el amor todo se vale. No hago esperar más. Saludos camarada.

miguel.puentedejesus: Saludos camarada, ahora ya sé porque eres genial. Es interesante, sigue así.

Sui Brink: camarada lo comprendo totalmente, tu mente sigue despierta porque tiene el deseo de saber lo que pasa, es una de las razones por las que me desvelo seguido. Elsa sobreprotectora, eso es genial como una emfermera sexy. Calma todavía no hemos llegado a eso, luego nos preocupamos. Ah! bueno quisiera quedarme con el crédito de que fui yo quien la escribio pero no fue así, es una historia adaptada, es geniañ y fascinante por eso quise co partirla con ustedes. Saludos.

Cuídense mucho y nos veremos pronto.

Que La Fuerza Los Acompañe...