Era temprano teniendo en cuenta su horario de trabajo nocturno, pero no por ello significaba que su cuerpo estuviera cansado; daba vueltas por la cama, sin poder conciliar el sueño, así pues, harta, se levantó con cierto enfado. Después de tomarse una buena ducha se vistió y salió de la casa para dar una vuelta y despejarse. El Sol, en pleno alto, brillaba con la suficiente fuerza para calentar la piel de la muchacha, quién se sintió reconfortada por el suave calor de los rayos solares. Sin casi sin fijarse a dónde iba, caminó hasta la pizzería, deteniendo su paso delante de ésta, al darse cuenta de dónde estaba. Suspiró suavemente y recobró los pasos, dirigiéndose a la entrada con las puertas abiertas de par en par.

Pese al calor de afuera, dentro la temperatura era más baja, casi rozando la sensación de frío, teniendo el aire acondicionado bastante fuerte para gusto de los niños, quienes no paraban de correr y jugar por todos lados. La chica sonrió al ver a todos esos niños divertirse y reír sin parar, además de observar como los animatronics eran completamente diferentes con los infantes que como eran con ella y el resto de chicas,. Pero sobretodo con ella. Sintió una punzada de celos por aquello, pero no dejando que eso le quitara la sonrisa, se acercó al mostrador y saludó a los trabajadores, quienes la miraron extrañada, sorprendidos de ver a una de las guardias nocturnas volver por la mañana como si nada. Muchos pensaron que debía estar loca o era una inconsciente, mientras otros estaban demasiado ajetreados para importarles el motivo de la visita.

La castaña pidió una pizza con un refresco y preguntó si se lo podía comer en la zona de descanso, dando de excusa que quería planificar la noche siguiente con tiempo aunque lo que quería era no aguantar tanto griterío. Al principio la miraron con malos ojos, pero finalmente Marceline llegó a su encuentro y se le acercó para preguntarle qué hacía ahí a esa hora. Se lo explicó, simplemente admitiendo que no podía dormir y quiso visitar a sus "compañeros de trabajo", lo que todos a parte de Marceline se la quedaron mirando mal. Sólo hacía unos cinco meses que estaba trabajando y nunca se había presentado más allá de la primera semana para que la reconociesen cuando viniera al establecimiento. Ella los ignoró por completo y la más mayor de las dos le dio permiso para ir a la zona de descanso, pero avisándola de intentar no encontrarse con el señor Fazbear, que sino capaz era de echarla si se ponían a discutir. Prometiendo ir con cuidado y no causar problemas recibió la pizza y la bebida, lo pagó y se dirigió a la sala de descanso, pasando por delante de los animatrónicos Old. Los saludó ligeramente con la cabeza, pero o no la vieron, o la ignoraron. A ella le dio igual e hizo lo mismo con los Toys, quienes hicieron exactamente lo mismo que sus antecesores. Debían fingir no tener vida, lo cual era normal que pasaran de su cara y ella lo entendió.

Con calma pero con buen apetito empezó a comerse trozo a trozo la pizza, disfrutando del agradable sabor, teniendo una buena sonrisa en el rostro con cada mordisco que le daba a la comida. Pasaron los minutos en los que se distrajo mirando su teléfono o hablando con algún trabajador que pasaba parte de su turno de descanso en la saleta. Pasó, aún así, gran parte del rato sola, comiendo con total tranquilidad. La muchacha, para entretenerse un poco, empezó a mirar a su alrededor cuando se aburrió del teléfono y, al mirar justo a su lado, el cual en el último momento tuvo la impresión de haber visto algo por el rabillo del ojo, se encontró con un niño pequeño con ojos llorosos. No se lo esperaba, no lo vio entrar ni lo escuchó y al verlo se asustó, pegando un sonoro un grito y casi estuvo a punto de tirar la pizza que le sobraba, poniéndose una mano en el pecho.

-¡Ay la madre que me parió!- Gritó con la respiración agitada, mirando al niño con cara de asombro, mientras éste estaba más desconsolado, sollozando debido al susto que la chica le provocó al asustarse ella. Nala, al verlo así, agarró unas servilletas y se puso de rodillas al suelo, queriendo secarle las lágrimas al niño, pero éste retrocedió más asustado. Se levantó alarmada al ver que lo había asustado más y retrocedió un poco, un tanto incómoda con la situación.- Oh, lo siento, no quería asustarte. ¿Estás bien? ¿Cómo has llegado aquí, te has perdido? ¿Cómo te llamas?- El niño siguió sollozando, mirándola mientras ella le hacía esas preguntas, mirando alrededor para ver si de casualidad encontraba algo alguien que le respondiera.

-¿Tú te llamas Nala?- La susodicha abrió los ojos alzando las cejas, sorprendida cuando ese niño adivinó su nombre. ¿Acaso la conocía? Juraba no haber visto nunca ese niño, ¿era su mala memoria que le estaba jugando una mala pasada?

De repente la puerta se abrió y apareció un empleado, quien asustó a Nala y ésta gritó de nuevo, sobresaltando al muchacho que entró luego de ser atraído por el anterior grito de la castaña. Ella se disculpó enseguida, algo avergonzada.- Lo siento mucho. Es que este niño entró y me dio un susto al no verlo entra...- Mientras hablaba quedó enmudecida al girarse hacia dónde estaba el niño y encontrarse la nada misma. Parpadeó un par de veces sin comprender y miró al chico, quien la observaba con una ceja alzada.- Había un niño hace unos segundos. ¿Lo has visto salir por la puerta? De unos cinco años, de camiseta roja y pantalones beis. Tenía la cara manchada de lágrimas.- El muchacho se la quedó viendo con extrañeza, negando con la cabeza. Nala, más extrañada que él, miró por la sala en busca del niño y se encontró con la puerta a los baños de los empleados. Creyendo que ahí estaría fue hasta la puerta y la abrió, llamándolo, pero no obtuvo respuesta y las puertas de los dos retretes estaban abiertas. Frunciendo el ceño, completamente confundida, salió y miró de nuevo al muchacho, quien ya no entendía nada. Ésta se encogió de hombros, creyendo que el niño salió sin ser visto y se disculpó de nuevo con el empleado.

Con los pensamientos aún revoloteando un poco con el tema del niño, Nala decidió salir y buscarlo, para asegurarse de que había vuelto con sus padres o el adulto que estuviera a su cargo. Buscó por toda la pizzería, primeramente en las salas de fiestas, echando solo una mirada a través de la puerta, no queriendo irrumpir en medio de una fiesta y siguió buscando por la zona de Puppet, Ballon Boy y el escenario de los Toys, quienes estaban ajetreados divirtiendo a los niños. Pudo notar los ojos de Toy Bonnie en ella gran parte del tiempo, pero no quería que al gente se diera cuenta de algo pasaba con el muñeco, así que lo ignoró por completo. Luego fue a la zona de los Old y lo mismo, llegó a sentirse realmente frustrada, quizás se lo llevaron ya a casa. Era raro, incluso preguntó a Marceline y otros empleados, pero nadie lo había visto. La intentaron convencer que seguramente ya se había ido o se había cruzado con él sin darse cuenta, pero ella no desistió, ayudando a limpiar algunas mesas a cambio de dejarle dar más vueltas por el edificio. Al final Marceline aceptó la ayuda, una mano extra nunca iba mal entre tanto trabajo.

En un momento dado, La pirate Cove se cerró al público para que los niños fueran a su respectiva sala a comer, mientras al muñeco lo limpiaban un poco. En cuanto terminaron ella se acercó cuidando de que no sospecharan mucho, fingiendo limpiar un poco el escenario de éste. Deseaba que Mangle estuviera con él, ella la ayudaría sin dudarlo, pero la llevaron a una sala de fiestas por petición de unos padres, así que debía confortarse con él.

-Pss, Foxy.- Susurró. Sabía que el zorro la había oído y que, probablemente la ignoraría por completo. Pero a diferencia de ella, él tenía la capacidad de recordar rostros con mucha más facilidad gracias a la tecnología que poseía. Por probar, no perdería nada.- Foxy necesito tu ayuda. ¿Has visto un niño con una camiseta roja, pantalones beis y con lágrimas en los ojos? Me lo encontré perdido en la zona de descanso de los empleados y cuando me di cuenta había... Desaparecido. ¿Lo viste salir de casualidad?- Para su total sorpresa, el zorro le contestó. De manera brusca y agresiva, pero le contestó.

-Olvida a ese niño.- Le espetó, dejándola con una expresión de total confusión y incredulidad. Teniendo en cuenta su historia, creía que se preocuparía o, al menos, le diría que no lo vio o, en caso contrario, que sí lo vio y dejara de molestar.

-¿Significa que no lo has visto?- Ladeó la cabeza confundida, no entendiendo las palabras del pelirrojo.

-Significa que dejes de molestar y desaparezcas, mocosa.- Luchó para no alzar la voz y evitar que alguien lo escuchara, permaneciendo totalmente inmóvil. Nala, por su lado, puso una mueca de descontento al escucharle, ofendida por el tono del chico.

-No te costaba decirme sí o no.- Dicho eso, se despidió de él con un movimiento de cabeza y, contrariamente a las órdenes del pirata, siguió su búsqueda, regresando a la zona de los vestuarios, por si se había escondido ahí.

Pasó un buen rato entre los vestidores, Part's and Service, la cocina -de la que la echaron casi a patadas- y de nuevo en las salas. Habló con el guardia de seguridad diurno y éste, de mala gana, miró las cámaras y no encontró rastro de ese niño, para fastidio de Nala.

-Mira, cuando Jorge fue a ver qué te sucedió no salió ningún niño de ahí, y no entró ningún niño tampoco. Ahora vete, no es tu turno y no deberías estar aquí.-

Aguantando las ganas de insultarle por ese tono tan despectivo salió de la oficina y quiso irse a Part's and Service, para aclarar sus ideas sabiendo que ahí no habría nadie. Cuando abrió la puerta de la salita, de repente algo la empujó dentro y la estampó con cierta fuerza contra la pared, girándose hacia su agresor dónde éste le tapó la boca.

-Te dije que te olvidaras del mocoso.- La voz ronca del zorro, en cierta medida, relajó a la humana luego del tremendo susto que le provocó al empujarla dentro del lugar. La mirada de molestia de su cautor era severa y deseoso de dejar paso a la agresividad, aún así, había sido lo suficientemente cuidadoso para no hacerle daño, pero poniendo como advertencia su garfio en el cuello de la muchacha.

Nala trató de hablar, pero la mano de Foxy le impedía articular palabra, a lo que agarró su mano para intentar apartarlo, pero la fuerza del chico era mucho mayor a la suya y que optó para darle un pequeño golpe en el pecho, gruñendo agitando un poco los brazos, como preguntándole en señas qué coño hacía, que la soltara de una vez. La mirada de Foxy se intensificó y asustó un poco a Nala, pero sabía que no le haría daño. Si tan solo le dejara hablar quizás podría responderle, pero no parecía ceder.

-Foxy, yo me encargo.- La voz inconfundible de Puppet hizo que el pelirrojo soltara el agarre en la chica de mala gana, gruñendo. Nala, ya sin entender absolutamente nada, miró a Foxy y luego a Puppet, regresando la mirada al zorro segundos después, repitiendo la acción un par de veces.

-¿Se puede que os ha picado? ¿Qué pasa?- Su voz parecía la de una niña inocente que no sabía de que hablaban los adultos, ¿Irónico verdad? Puppet ordenó con un movimiento de su mano que Foxy se retirara a lo que él, gruñendo como de costumbre, obedeció. Nala frunció el ceño sin entender, mirando al muñeco que tenía cara de pocos amigos.

-Eso te lo debería preguntar a ti. ¿Desde cuando te gustan los niños?- Preguntó esbozando una falsa sonrisa, intentando desviarla del tema.

-Eeeh, pues siguen sin gustarme los mocos, los berrinches y morir para quitar la manchas de la ropa, pero no significa que no me preocupe por ellos. Maldita sea, ¿como nadie puede haberlo vista? Me estoy asust...- Puppet la interrumpió, brusco.

-¿Asustando? ¿De qué? ¿De que algún desgraciado lo haya secuestrado y asesinado como a mi?- Un nudo se formó en el estómago de Nala, quién bajó un poco la cabeza, apenada por el tono tan brusco e hiriente de la marioneta. Retrocedió, asustada y confundida.

-Puppet, nunca te había escuchar decir eso, no sé qué pasa, peor por favor, no uses eso tono conmigo. N-No te hace falta, lo sabes. Sólo quiero saber si ese niño está bien.- Tenía miedo de decir algo que hiriera a la marioneta y la hiciera enfadar. Era experta en explicarse mal, y sabía que esa situación no era una dónde pudiera darse el lujo de cagarla.- Aun-Aunque no fuera consciente de lo que te pasó...- La expresión seria de Puppet no ayudó a no ponerse nerviosa.- Estaría igual de preocupada.-

Puppet no tuvo tiempo a hablar que una vocecita se le adelantó, sobresaltando un poco a Nala.- ¿De verdad estás preocupada por mi?- La chica miró al niño y luego miró al títere temerosa de que descubriera que estaba vivo.- Oh, él es Puppet, suele cuidar de todos los niños de aquí. Bueno, al menos de la mayoría.- Dijo con tono inocente. La castaña suspiró un poco, pensando que el niño creía que el títere era como un guardián del lugar y suspiró, acercándose al pequeño.- Hola, Nala.- Le dijo en voz baja, consiguiendo que ella ladeara la cabeza, sin saber de qué la podía conocer. -¿De verdad quieres que esté bien?-

La pregunta desconcertó a la muchacha, pero, con una dulce sonrisa, respondió.- Sí, por supuesto. ¿Quién querría que un niñito tan guapo como tú le pasara algo?- Dijo intentando que sonriera, pero el niño solo pareció asustarse ante sus palabras, a lo que intentó arreglarlo al ver que había metido la pata.- Yo sé la respuesta. Nadie. Y si lo hubiera, seguro Puppet te protegería, porqué él es muy valiente y se enfrenta a todos los malos, les hace boooo y se van todos huyendo.- Movió los brazos y la cabeza de forma graciosa mientras hablaba para hacer reír al niño, cosa que consiguió.

-Te pareces mucho a la mamá que conozco.- Dijo con un tono un poco más alegre mientras se limpiaba las lágrimas que sus ojos no dejaban de hacer caer.

-Ey, pequeño... No llores, todo está bien.- Dijo mientras trató de cargarlo, pero el niño se apartó antes de que pudiera siquiera tocarle, asustado de nuevo.- Oh, vale, no te toco. No pasa nada, todo está bien.- Dijo con soltura y un tono maternal, consiguiendo que el niño la mirara con ojos encandiladamente tristes. Mientras esos dos tenían aquella extraña conversación, Puppet no se había movido de su sitio.

-Nala...- La nombrada le preguntó qué quería y éste prosiguió a hablar.- ¿De verdad todo está bien?- La humana sintió un escalofrío al escuchar esa pregunta, sin saber porqué. Escondiendo el malestar interior, sonrió de nuevo, mostrando una sonrisa tan maternal como la de antes.

-Por supuesto que sí, cariño.- Le dijo con total seguridad, intentando no asustar o agobiar al pequeño con su tono. El niño entonces sonrió agradecido, soltando una pequeña risa, para sorpresa de ambos presentes.

-¡Gracias Nala!- Y dicho eso, salió corriendo hacia el otro lado del pasillo, de vuelta a las fiestas.- Creo que la mamá que conozco me estará buscando, voy a verla antes de irme. ¡Adiós Nala, adiós Puppet!- Y con un gesto con la mano agitado y enérgico, el niño salió corriendo, desapareciendo del campo de visión de los dos.

La chica se despidió con la mano y diciéndole que tuviera cuidado, sonriendo. Se giró hacia Puppet y borró su sonrisa de golpe al verlo.- Aunque dijera algo, nadie le creería. Si vienen a preguntarme diré que no te vi.- El silencio del títere la puso más nerviosa a lo que empezó a jugar con su cabello.- Umh... Bueno, al final el niño está bien. Ya estoy más tranquila. Lo... Lo siento. No quise causarte problemas, nos vemos en la noche, ¿vale? Eh... ¿T-Todo bien?- The Marionette suspiró y asintió levemente, recibiendo un agradecimiento de la europea. Luego desapareció y regresó a su caja mientras Nala se fue del establecimiento, regresando a casa.

Unas horas después, antes de que llegaran las chicas, Puppet salió de su caja mientras los animatronics seguían siendo limpiados por los trabajadores que quedaban. La cocina y las salas de fiestas ya estaban con las luces apagadas junto a la oficina, lista para el turno de noche. En un momento dado, la marioneta entró en una de esas salas y se encontró al niño de la camiseta roja jugando junto a una mujer alta y esbelta con el cabello largo, castaño y ondulado. Ambos reían gustosos pero al notar la presencia del muñeco dejaron de jugar, el niño en brazos de la mujer, mirándolo ambos sonrientes.

-Buenas noches, Puppet.- El nombrado ignoró el saludo de la hermosa mujer, quien le sacó la lengua sin dejar ese aire gracioso.- Tan hablador como siempre.- Rió de nuevo, junto al niño.

-Victor siempre fue así de simpático.- Puppet, al ser llamado de ese modo, le mostró una mortal mirada de advertencia, pero, inusualmente, el niño lo ignoró y simplemente siguió jugando con la mujer.- Hoy vi a Nala ¡Y se parece mucho a ti!-

La mujer, con ojos más melancólicos, le sonrió de nuevo, abrazándolo.- ¿Quien diría que ella te ha ayudado a superar tu miedo?- El niño le devolvió el abrazo y luego la miró, con ojos cálidos.

-¿Puedes acompañarme hasta ahí?- La mujer negó con la cabeza calmadamente, a lo que el niño hizo un pequeño puchero.- ¿Por qué quieres quedarte?-

-Simplemente, no quiero irme. Pero tú sí quieres, y debes. Te mereces un buen descanso, pequeño.- Besó la mejilla del niño secándole la última lágrima. Una vez dicho esas palabras, el niño desapareció de los brazos de la mujer.- Descansa en paz.- Su voz sonó melódica, tranquila y maternal cuando dijo esas palabras, fijando su vista en el títere, quien parecía ciertamente sorprendido por lo que acababa de ver.-¿Sorprendido? Quien iba a decir que mi hija podría hacerle perder el miedo a alguien.- Rió levemente, viendo la mueca de desagrado de Puppet.

-Es una cobarde, se asusta hasta de su sombra. No comprendo porqué sus palabras tuvieron tanto efecto en el mocoso.- Espetó con cierta indiferencia, quedando delante de ella. Se cruzó de brazos y apartó la mirada, fastidiado.- No deberías estar aquí, si te ven no esperarán para contárselo.- Su tono amargo no pareció importarle a la mujer, quien alzó una ceja, sonriente.- Deja de sonreír, me molesta.-

-Ay, que fastidioso eres, Víctor.- Le sacó la lengua bromeando viendo como le dedicaba una mirada de odio.- No se mira así a la gente.- Se puso las manos en la cadera, suavizando su expresión y borrando su sonrisa. Aún así, Puppet era capaz de sentir la calidez de su alegría a su alrededor. Le molestaba no poder tener la misma alegría que ella, al fin de cuentas, él no estaba en paz, ella sí.

-Tienes prohibido llamarme así, lo sabes.- La mujer rodó los ojos.- Vete de una maldita vez, no necesitas seguir en este mundo. Ugh, ya sé de dónde sacó su estupidez Nala. Es tan idiota como tú, capaz de sacrificarse por los que no conoce y no le piden ayuda.- Gruñó, poniendo una mueca de cierta rabia, mezclada con tristeza.- Todos aquí deseamos lo que tú tienes, deja de reírte de nosotros.- En ese instante la castaña lo agarró de los hombros, encarándolo bastante enfadada.

-¡No digas esas tonterías, Victor! Sabes perfectamente porqué estoy aquí. No te hago daño con mi presencia, tú eres el que te haces daño a ti mismo. Tus tormentos ya son suficientes como para que creas que me estoy riendo de vosotros. ¿Acaso crees de verdad que lo hago por esto? Cálmate, te estás dejando llevar por el rencor que le tienes a él y lo pagas conmigo, no le des ese placer.-

-¡CÁLLATE!-

La voz del títere resonó por toda la pizzería. Los dos trabajadores que estaban esperando la llegada de las guardias nocturnas salieron corriendo del establecimiento, aterrados por el infernal grito, dejando la puerta abierta pero importándoles cero. Estarían despedidos por eso, pero no les importó, al salir corriendo renunciaron al trabajo. En cuanto los dos hombres estuvieron fuera del edificio, los animatronics se miraron entre ellos confusos y fueron hasta el lugar dónde provenía el grito, encontrándose a Puppet con las manos en su rostro, de espaldas a la entrada, en total silencio y soledad.

-¿Puppet...?- La suave voz de Ballon Boy hizo reaccionar al nombrado, quien apartó las manos de su máscara con rostro enfurecido.

Todos, entendiendo el humor de perros en el que se encontraba, abandonaron el pasillo de inmediato, Toy Chica teniendo que arrastrar al niño, quien en un primer momento quiso quedarse. Nadie entendió del todo el grito del títere, pero llegaron a la conclusión de que sus recuerdos lo estaban haciendo revivir sus pesadillas de nuevo. Cuando se ponía de ese modo, era mejor dejarlo solo, y sobretodo no hacer nada que lo hiciese estallar en un ataque de furia.

Segundos después la mujer volvió a aparecer, acercándose lentamente al negruzco muñeco.- No tienes ni idea de lo que es estar así, deja de burlarte de nosotros. De mi.- En cuanto dijo esas palabras, sintió los brazos de la mujer rodearle el cuerpo en un abrazo. Pese a su molestia, se dejó hacer, inmóvil.

-Víctor, cobrarás tu venganza, pero no debes culpar a quienes no tienen culpa para desquitarte. Cuando estéis listos para iros de éste mundo, yo os acompañaré. Además, quedan más niños rondando la pizzería sin estar en paz, necesitan ayuda para lograrlo.-

Esas palabras no reconfortaban al muñeco. Ninguna palabra lo haría, debía antes cobrar su venganza para que esas palabras realmente hicieran contacto con él. Pero sabía que no lo decía a malas, trataba de ayudarle y darle apoyo. ¿Quién iba a decir que la madre de Nala estuviera de acuerdo con que quisieran matar a un asesino para vengarse? Meh, ella estaba en paz, era normal que eso no la alarmara, al fin de cuentas, la maldad no podía apresarla.- Si las chicas se dan cuenta de eso, tendrán demasiado miedo para regresar, es mucho más complicado de lo que tú crees, María.- Finalmente se dignó a llamarla por su nombre, haciendo que esbozara una cálida sonrisa que él ignoró.

-Poco a poco se darán cuenta de ello, pero depende de vosotros si eso las llega a asustar hasta el nivel de no regresar. Pero eso no va a suceder, os quieren demasiado.-

-Sé de una que volvería más imbécil que su madre.- Le sacó una pequeña carcajada a María y ésta le golpeó con suavidad el hombro con su puño, en total confianza. Sí, sin duda era la madre de Nala, nadie más era capaz de hacer eso sin temer a perder una extremidad o dos.

-Oh, venga. Adoras sus caras de terror cuando les gastas esas bromas tan pesadas. Las echarías de menos. Sobretodo a tu hermana.- Puppet puso una mueca de fastidio al saber que ella conocía ese secreto, dándole la espalda, incómodo.

-Más te vale que nadie se entere de eso.- La amenazó con la voz, bastante serio, al contrario que ella.

-Para eso antes deberían saber que estoy aquí y quién soy. Es lo último que quiero.- Le plantó un suave beso en la mejilla y, después de eso, desapareció, dejando a un aturdido Puppet, que se limpió la mejilla rápidamente con cara de asco y molestia.

Regresó a su caja y se encerró en ésta, para poner en orden sus ideas. Pasados unos minutos, unos pasos llegaron a sus oídos, yendo en su dirección. Se preguntó quién osaría molestarlo ahora, después de dejar claro que no estaba de buen humor, saliendo un poco de su caja cuando de la entrada se dejó ver ligeramente a una muchacha de pelo castaño y con sus ojos hazel brillando con preocupación.

-¿Estás bien? ¿Te gustaría hablar?- Le preguntó con un hilo de voz y cierta timidez, ignorando que desde el otro lado del pasillo Toy Bonnie le hacía señas para que regresara, histérico.

Al verla ahí, con esa cara de inocencia y preocupación, el rostro de María se cruzó en su mente y no pudo reprimir una suave risa.- Igual de idiota.- La chica ladeó la cabeza, sin entender, alzando también una ceja después de escuchar la extraña respuesta de Puppet. Salió finalmente de su caja y se le acercó lentamente, por su lado, ella hizo lo mismo, entrando por completo y fijando su mirada en él.- ¿Qué quieres?-

-Solo quiero ayudarte.- Ligeramente sorprendido, negó con la cabeza, dejando salir un suspiro innecesario.- Sé que no puedo hacer mucho pero...- Alzó ligeramente el brazo para indicarle que cerrara el pico, a lo que ella obedeció.

-Hoy has hecho más de lo que te puedes imaginar.-

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Advertencias: Animatronics humanizados. Lenguaje obsceno. Quizás hay algunas faltas, siempre me dejo algunas sin querer.

Los personajes y la historia de Five Nights at Freddy's pertenecen a Scott Cawthon. Nala, María, Brandon y la trama de esta historia son de mi autoría. Grabiela, Luz, Carina, Nozomi y Marceline son propiedad de Sofilexa.