6. El reflejo de la voz de seda.
— ¡Xiao Lu, haz el favor de bajar a cenar!—se escuchó la dulce voz de su madre proveniente del primer piso. El chiquillo dejó el cómic de Iron Man que leía sobre su cama y acudió como una bala a la llamada. Bajó de culo por la barandilla de las escaleras y al llegar abajo se llevó una bronca.
— Anda tira —señaló su padre hacia el comedor—, que no te vea más hacer eso, eh.
— No, papi — puso un tono burlón y se escurrió por la puerta; su padre sonrió, siguiéndole por detrás.
Luhan tenía diez años cuando vio por primera vez a un prototipo. Estaba ayudando a colocar los platos en la mesa y se sentó al lado de su sitio. Al principio pensó que se trataba de algún invitado especial. Su padre explicó durante la comida que había comprado un prototipo para que ayudara con las faenas de la casa. Ya que él trabajaba todo el día, no tenía tiempo para ayudar a su mujer. Le sabía mal porque ella se ocupaba de la casa y algunos días tenía que trabajar. El padre de Luhan se estuvo más de un año ahorrando para poder conseguir al prototipo; éste era de una marca que no tenían la función de enamorarse de un dueño. Por lo tanto, al traerlo a casa le asignaron su papel de amo de la casa. A partir de ahí vivió con ellos y todos le cogieron cariño, era un chico encantador y trabajador que se sacrificaba mucho por la familia. Luhan estaba muy encaprichado con él ya que cuando acababa las tareas le ayudaba con sus deberes y jugaban a videojuegos.
Luhan siempre quiso tener un hermano y para él fue un regalo caído del cielo. Le encantaba jugar en el colegio a fútbol con Xiumin y con el pequeño Kris que era tan torpe que solía estar más en el suelo que jugando. Los viernes por la tarde, siempre iba con sus amigos y su prototipo al campo de fútbol del barrio, donde jugaban hasta el atardecer. Para lo bueno y para lo malo, su prototipo, o mejor dicho, su hermano mayor siempre estaba allí.
Cuando Luhan había cumplido trece años y pensaba de corazón que su familia era la más feliz del mundo. El prototipo era uno más en la familia y no podían verse sin él incluido. Ya no lo tenían como un completo chacho en la casa, había decidido por su cuenta trabajar también y con el dinero que consiguió se fueron de vacaciones a Disney World porque al pequeño le hacía mucha ilusión. Luhan le estaría agradecido eternamente por todo lo que hacía por ellos, pero no por mucho tiempo.
Ocurrió unos meses después de las cálidas vacaciones en familia; justo en una época en la que todo iba bien emocional y económicamente en la familia Lu. El pequeño Xiao Lu llegó a casa antes de tiempo del colegio porque se encontraba un poco mal. Avisó en voz alta que había llegado pero no recibió respuesta. Si la casa estaba vacía quería decir que podía acosar a la nevera de arriba abajo. Al abrir la puerta de la cocina se encontró con una imagen que no olvidaría en la vida.
Su madre y el prototipo estaban fundidos en algo más que un beso; ella cruzaba sus piernas alrededor de su cintura contra la pared y sólo un ciego no se daría cuenta de lo que estaban haciendo. Un dolor estridente recorrió a Luhan del pecho a la garganta y soltó un alarido. Cuando ambos vieron ahí al chico se vio reflejado el mundo caer sobre sus caras.
Luhan se encerró las siguientes horas en su cuarto con su madre tras su puerta suplicándole entre lágrimas que abriera la puerta. Éste no respondía y sólo quería morirse; su madre estaba haciendo eso con otra persona que no era su padre. El disgusto era tan grande que ni si quiera podía llorar, su cuello ardía y sabía que no tenía fuerza para hablar. Las paredes de su habitación caían sobre él, el hormigueo de sus piernas era lo único que sentía en aquel congelado lugar en el que se encontraba emocionalmente. Estaba roto. Su vida se había roto. La dulzura de ese niño se encerró en algún recóndito lugar de su corazón y sólo quería destruir cosas. Ni si quiera supo por qué había roto todos sus cómics de Iron Man que tanto apreciaba. Un océano de páginas rotas bañaban el suelo de su cuarto y Luhan vio reflejado su corazón en ese destrozo.
— Xiao Lu, cariño, por favor… —le imploraba su madre, desesperada— Ábreme. Déjame que te explique.
— ¡Lárgate!
Fue lo único que pudo decirle en profundo dolor. De pronto, escuchó la voz de él en vez de la de su madre.
— Pequeño…
— ¡Largaos he dicho! —lanzó lo que pilló a mano contra la puerta con toda la fuerza que tenía.
— Luhan, tu madre y yo nos enamoramos hace tiempo —confesó. Ya no había razón para esconderlo. Luhan no quería aceptar esta realidad. Se tapó los oídos con fuerza pero no servía de nada.
— ¡Tú no podías enamorarte, lo dijo papá!
— Ni la ciencia conoce el funcionamiento de los sentimientos, cómo van a saber si puedo o no hacerlo. Todo son mentiras. Somos iguales que vosotros.
— ¡Mentira! ¡Sois unos mentirosos! ¡Habéis engañado a mi papá! —tiró más cosas contra la puerta y rompió a llorar— Mentiroso…
— Sé que estarás dolido, pero en nosotros creció un amor intenso en el que ya no podemos echarnos atrás. Lo siento, Luhan…
— Eres un mentiroso, ¿sentimientos? ¡La gente como tú no tiene! Ahora lo tengo claro —apenas se entendían sus palabras debido a sus sollozos— ¡Si los tuvieras no me hubieras hecho esto! ¡Piérdete para siempre! ¡Tú y todos los prototipos! ¡Sois malos!
Tiempo después llegó el divorcio y la disolución de su familia. Luhan se fue a vivir con su padre y su madre lo dejó todo por aquel prototipo. El padre cayó en una depresión muy grande por su incompetencia, por pasarse los años trabajando todo el día no se dio cuenta que el amor en su matrimonio se fue apagando. El colmo de que fue él mismo quien decidió traer aquel prototipo a casa para que ayudara a su mujer le resultaba insuperable y se echaba las culpas. Luhan le dio todo su apoyo siempre y no quiso saber nada nunca jamás sobre su madre, aquel hombre o cualquier prototipo.
Su perfecta y feliz familia se había esfumado, su madre le había abandonado y lo que para él era un hermano le había engañado. Se volvió más desconfiado y, a pesar de que seguía de tanto en tanto siendo engañado como un tonto, ya no era el mismo. Desde entonces, Luhan siempre tuvo un hueco en su corazón, el que le dejó su familia destruida. Por esta misma razón, no pudo soportar que nadie volviera a llamarle Xiao Lu. Así era llamado cuando tenía una familia. Así era llamado por su mamá. Xiao Lu había desaparecido para siempre.
Al amanecer, Luhan se incorporó en su cama, llevándose la mano a la cabeza por un abrumante dolor. Tras bostezar recordó la escena del día anterior. De nuevo, su mente volvió a sufrir un caos. Por un lado, estaba el apasionado beso de Sehun que, sinceramente, no había recibido uno así en su vida. Por el otro, se acordaba de sus duras palabras y su corazón se encogía de arrepentimiento. Esperaba que Sehun todavía estuviera en el sofá pero desafortunadamente, se equivocaba. Necesitaba algo para beber y aclararse la reseca garganta, cuando encontró el post-it de Sehun. Llevaba escrito lo siguiente:
«Gracias por salvarme.
Ojala me perdones.
Sehun.»
Así que se había ido. Luhan no sabía cómo reaccionar ante esto, pero su vida se acababa de caer al suelo. Nunca fue su intención que ocurriera lo de la noche anterior. ¿No se tomaría lo de que se perdiera literalmente, verdad? Se apresuró hacia su móvil y buscó en la lista de contactos a Kris, el cual respondió al aparato completamente dormido:
— ¿Está Sehun ahí contigo?
— ¿Qué pasa? —por su amodorrada voz se notaba que no captaba la información— Sehun estará en su cama.
— Revísalo por favor.
— ¿Ocurre algo?
— Por favor.
Parecía que era urgente y Kris aceleró su proceso de levantarse; todavía estaba vestido en su cama con el libro que leía anoche por el suelo. No entendía de qué iba el asunto pero abrió la puerta del cuarto esperando encontrarse al chiquillo durmiendo. Pero no estaba.
— Luhan —se alarmó volviendo al teléfono, más despierto que nunca—. No está. ¿Qué ha pasado?
— ¡Mierda! —golpeó su puño contra el sofá, acto seguido se atizó en su propia cabeza varias veces seguidas— ¡¿Dónde se habrá ido?! ¡Aahhh, Luhan estúpido! ¡Estúpidoestúpidoestúpidoestúpido!
— ¡Luhan! Deja de ponerte a caldo que para eso ya estoy yo y contéstame, qué ha pasado.
— Joder, estoy nervioso —su enfado aumentaba, pero consigo mismo—. Wu, soy estúpido…
— Eso no es nuevo. A ver, respira. Voy para allá.
A los cinco minutos su amigo acudió a su rescate. Kris preparó una infusión y la sirvió en la mesa. Aparentaba haberse tranquilizado un poco.
— Estoy acabado, en serio —confirmaba Luhan tras beberse media infusión.
— ¿Me lo puedes explicar ya?
— Ayer Sehun apareció en plena noche, empapado de pies a la cabeza por la lluvia y se me tiró encima — hacía gestos con las manos mientras lo explicaba—. No pude hacer nada para pararle, estaba completamente fuera de sí. Empezó a besarme como un poseso en el sofá y perdí los nervios.
Kris se acercó más a él y lo cubrió bajo su brazo, apoyándole.
— Cálmate, ¿vale?
— ¡No! Me enfadé tanto que le dije algo horrible. Sé que no estuvo bien que me atacara así pero… yo fui peor.
— ¿Qué le has dicho?
— Le dije que se perdiera y… cosas feas. De verdad que quería que se fuera en ese momento, ¡pero no en el sentido de que desapareciera! No pensé que fuera a hacerlo en realidad. Básicamente no pensé.
— A ver… —Kris le echó una mirada algo triste— Tranquilicémonos. Algo me dice que habrá ido a ver a Tao, él le entiende mejor que yo. No creo que Sehun se haya ido a perderse por el mundo, si aparte de Haidian y Xisanqi no sabe ir más allá de Beijing. Seguro, no se habrá tomado lo de marcharse tan literal. Ya verás, seguro que está por ahí comiéndose el coco y como es listo, volverá.
— Cómo estás tan seguro… y si se va por ahí y se pierde de verdad, ¿y si le pasa algo? ¿Qué hay de si alguien lo secuetra? ¡¿O si se hace daño?!
— ¡Luhan, deja de dramatizar! Vaya, menos mal que ayer decías que no era ni tu amigo. Nunca te había visto tan preocupado.
— ¡No estoy preocupado!
— Joder que no.
— ¡Sólo me siento culpable, eso es todo!
— Más cabezota y te explota el cerebro, ¿eh? —Kris empujó ligeramente la frente de Luhan con su dedo índice, a modo jocoso— Tal vez con la que se ha liado sería mejor que esperaras aquí. Voy a ir a ver a Taozi porque una perturbación en mi radar me dice que está con Sehun. O lo estará pronto. Cuando vea cómo está todo, te llamo.
— ¡¿Me vas a dejar aquí muerto de la preocupación?!
— Tranquilo, Lu. Si tú no estás preocupado, ¿verdad? —le guiñó el ojo con sarcasmo y agarró su abrigo. Luhan se mordió el labio de abajo sin poder negarse.
— Llámame cuando le encuentres…
— Claro, tranquilo.
En cuanto Kris se marchó, Luhan se dirigió a la cocina para hacerse una tila de nuevo. Tras acabar la infusión reflexionó otra vez sobre la situación en silencio. Por un lado había ocurrido lo que quería, supuestamente aquel prototipo podría haber desaparecido de su vida para hacerla fluir con normalidad. Eso es lo que podía ocurrir a partir de ese momento, de hecho, pensaba que al no encontrárselo por la mañana se debería haber alegrado. Sin embargo, todo lo que consiguió fueron unos horripilantes nervios cubrir todo su cuerpo y una culpabilidad aplastante sobre su espalda. Y sobre todo, deseaba con todas sus fuerzas que Sehun estuviera bien y que apareciera sano y salvo. En el fondo, sabía a la perfección que Sehun tenía sentimientos. Con dos días fue suficiente para darse cuenta; sus lágrimas de alegría, su sonrisa ante su presencia, su pasión… y por supuesto, cometían errores, como cualquier humano. Lo sabía, y es por eso que estaba tan arrepentido de lo ocurrido. El único que no había tenido sentimientos aquí era él mismo. «¡Estúpido Luhan!»
Si Kris se había pensado que se pensaba quedar en casa de brazos cruzados sin hacer nada, lo llevaba claro. Después de al menos intentar relajar sus nervios, Luhan salió a buscarle. Tao no le cogía el teléfono por más que lo intentara y desistió, dejando esa parte para Kris. Sehun no sabía ir a la casa de sus demás amigos, con lo cual descartó esas posibilidades. Casi sin darse cuenta empezó a recorrer a pie Haidian entera.
Luhan llegó hasta buscar bajo el puente donde se encontró por primera vez a Sehun, pero fue en vano. Llevaba toda la mañana dando vueltas y estaba agotado. Decidió cantar un poco la canción de JJ Lin que pareció encantarle a Sehun en el exacto sitio donde lo hizo la primera vez. Tampoco sirvió de nada. La gente de su alrededor le miraba raro, pero eso poco importaba. Dejó escapar un soplido de pena, sin esperanzas. «Sehun… no te pierdas y déjame encontrarte, por favor.» Sus ojos pesaban del cansancio y decidió volver a casa de Kris por si había regresado. Pero tampoco había vuelto allí. Revisó su móvil una vez más no había señal de vida ni de Kris ni de Tao. Los nervios estaban a punto de devorarle.
Sehun deambulaba por las calles sin intención de llegar a ninguna parte. Todo por lo que había luchado había sido en vano, lo que más quería no le deseaba a su lado. Por poco que fuera, a Sehun le gustaría pasar un tiempo con Luhan, pero su descontrolado amor le había hecho perder el juicio. Si Luhan significaba el cielo y él era una estrella; el cielo le había exiliado, ¿adónde iría ahora? ¿Hay algún lugar para las estrellas que no las dejan quedarse en el cielo?
Él era un chico positivo, pero estaba llegando a un punto en el que ya no entendía su existencia. Le habían creado para amar a alguien con toda su alma, protegerle y servirle hasta el día que se desvaneciera. Si ya no iba a tener esa funcionalidad, ¿qué propósito podía tener? Era incapaz de mentalizarse para olvidar a Luhan. En su cabeza, se repetía incesantemente el estribillo de aquella canción que cantaba tanto; y se rendía por no poder olvidarla.
«Alguien como tú, dijo. ¿Alguien como yo es malo?» Meditaba entre una marea de gente, pero él estaba completamente solo. Se fue a un lugar más tranquilo, donde su soledad compaginara con el paisaje. Terminó en un parque donde no frecuentaban el gentío; había un pequeño estanque y se sentó al lado. «Luhan no quiere saber de mí porque soy diferente.» Agachado sobre sus rodillas, observo su reflejo en el agua. «¿Qué tengo de diferente?» se redibujó la nariz con el dedo, bajó hasta la boca y la barbilla. «Una nariz y una boca, como él. También tengo dolor.» se pellizcó en un cardenal y emitió un gemido. «Y otro tipo de dolor.» pasó la mano sobre su pecho, con el rostro ensombrecido. «¿En qué soy diferente?» alzó la vista al cielo, como si fuera a encontrar una respuesta en las nubes. «Eso quiere decir que a la vez, Luhan es diferente de mí. Pero a mí no me importa que lo sea.»
Llevaba horas dando vueltas y era inconsciente de que Kris y Luhan estaban intentando encontrarle. No sabía adónde ir y no tenía prisas por descubrirlo, simplemente caminó y caminó. Empezaba a estar muy hambriento y después del mediodía cogió bastante frío. Tras empaparse de la lluvia el día anterior y estar en la calle sin chaqueta tantas horas, terminó con la fiebre subida. Decidió que no podía deambular mucho más y se subió a un autobús sin rumbo fijo, para no pasar tanto frío.
«Tal vez él tuviera razón. Quizá, soy una estrella que acabará estrellándose en un planeta donde a nadie le importe. Me apagaré.» Pensaba mientras observaba el paisaje de grandes carteles en chino que cubrían edificios. Lo cierto era que echaba de menos a Luhan tanto, que le dolía más estar separado de él que no sus crueles palabras. Sehun recordó entonces en el ataque de ansiedad de Luhan. Se llevó las manos a la cabeza. «Sehun, eres un idiota. Cómo vas a perderte si tienes que proteger a Luhan. Aunque no quiera ni verte, no puedes abandonarle. Nunca.» A eso le sumó lo difícil que había sido para él llegar hasta Luhan, aunque hubiera sido por casualidad. Tenía hambre, frío y mal de cuerpo. No había vivido un infierno para encontrarse con su amado y ahora perderse por las calles hasta el infinito. Además, no era tarde para empezar de nuevo. Si Luhan no le perdona, al menos, asegurarse de que no vuelve a tener ninguna crisis. Y si su felicidad era estar con una chica, eso haría feliz a Sehun. Sólo quería que Luhan fuera feliz. «Voy a volver aunque no me quiera, ¡que me eche a patadas si puede!» Decir lo de volver era mucho más fácil decirlo que hacerlo, pues se había adentrado en un barrio que ni conocía.
— Pues tienes tu radar un poco atrofiado, debería vértelo un técnico —dijo Tao andando con las manos en los bolsillos, a consecuencia del frío.
— En serio, creía que iría contigo. Como siempre habláis en secreto de vuestras cosas —espetó Kris.
— Por aquí ya hemos buscado y no hay ni rastro de Sehunnie —suspiró el menor—. De verdad, yo pienso que no es tan tonto como para huir y morir en la intemperie, le conozco. Seguro que antes de la noche volverá a casa. Yo sí que tengo un buen sexto sentido, no como tú.
— Pero ahora el caso es que Lu no me coge el móvil —dijo tecleando su iPhone—. Es raro, si estaba más preocupado que cien madres.
— ¿Estaba preocupado por Sehun? —preguntó sorprendido.
— Vamos, ni se lo menciones pero, juraría que incluso se estaba aguantando las lágrimas mientras me lo explicaba.
— Este Luhan es más tonto… —Tao sacudió su cabeza de lado a lado, suspirando.
— Es incapaz de hacerle daño a una mosca, a ver cuándo se le va la tontería con Sehun. Dice muchas cosas de que no y que no y que si tal pero luego mira cómo actúa.
— Vayamos a su casa pues, no sea que se haya tomado un chupito de veneno.
— No es capaz.
Sehun se prometió a sí mismo que se controlaría y no molestaría ni le haría enfadar de nuevo. Aceptaría su amor no correspondido, pero no soportaba pasar un día entero sin estar a su lado. Subió las escaleras del edificio donde Luhan vivía muerto de cansancio y empapado de sudor, picó a la puerta. Se sentía como un trapo endeble y daría cualquier cosa a que Luhan le abriera y no lo echara de nuevo. Quería disculparse cara a cara y después volvería a casa de Kris.
«Por favor. Por favor. Luhan. Por favor. Ábreme.» se lo repetía una y mil veces, dando suaves golpecitos. Eran las nueve de la noche, debería de estar. Pero a decir verdad, no atisbaba luz dentro del apartamento. Pasados veinte minutos, se sentó contra la puerta y esperó como un perro abandonado. «Tal vez haya salido. Volverá, yo lo sé. Tengo que respetarle, lo que hice estuvo muy mal. Sé que él es bueno, sólo estaba enfadado. Aunque no me quiera por ser diferente, no debo irme de su lado…»
— ¡Sehun!
Se sobresaltó en el sitio al escuchar la voz de Luhan procedente del pasillo del rellano, su corazón se alborotó al escuchar su nombre. Se giró y lo vio corriendo hacia él, cuando llegó, cogió aire por la carrera. El cuerpo de Luhan estaba tiritando y, tras una bocanada de aire miró a Sehun con ojos cristalinos. Intentó no parecer tan preocupado como estaba.
— ¡¿Dónde te habías metido?! —le ayudó a levantarse del suelo y le sacudió un poco la ropa porque estaba sucia— Sehun…
— Yo te hice enfadar… lo siento mucho —tragó saliva y le dolió, su garganta estaba atascada—pensé que no querías verme más… entonces me fui a pensar en lo que he hecho… Lo siento de verdad. ¿Me perdonas?
— No, perdóname tú a mí. Comprende que me enfadé… todo ha sido tan rápido y —había llegado a notar desesperación si no encontraba a Sehun poco rato antes de encontrarlo. Después de patearse el barrio durante todo el día, su frustración le amargaba la existencia y decidió volver para continuar al día siguiente. Al verlo sentado contra su puerta, el gran nudo de su garganta desapareció. De repente, sujetó los dedos de Sehun—, ¿puedes olvidar lo que te dije? Oh, estás muy frío…
Luhan soltó su mano y vio la mala cara que llevaba. Estaba pálido y de apariencia enfermiza; sostuvo su cara por las mejillas y vio que estaba ardiendo. Sin demorarse más, abrió la puerta y le hizo pasar. Sehun se había quedado sin habla; Luhan no lo quería ni ver pero ahora era todo lo contrario, ¿cómo se podía entender eso? «¿Luhan es bipolar?» se preguntó Sehun.
Una vez más, Luhan permitió que durmiera en su cama. Después de obligarle a darse una ducha, le dio una sopa caliente y medicina y lo dejó descansando. Todo sucedió sin que se intercambiaran ni una palabra. Él se acostó sobre el sofá y cogió el móvil. Al ser tarde, envió un mensaje a Kris explicándole que Sehun había vuelto casa. Gracias a ese mensaje, Kris y Tao se dieron la vuelta y decidieron que lo mejor era dejarles solos.
«Si es que soy más tonto y no nazco.» Pensaba mientras conciliaba el sueño. «Me prometí a mí mismo que no trataría más con prototipos desde lo que pasó en mi familia. Ha pasado mucho tiempo y ya lo superé junto a mi padre, pero aun así, no me puedo fiar… Me mantengo prudente y diestro, pero siempre me pasa lo mismo. Soy incapaz de no ayudar a alguien que lo necesita. ¿Por qué soy así? Creo en hacer el bien.» dio varias vueltas en el sofá, tratando de comprender su propia forma de ser. «Es inútil intentar alejar a Sehun, no he podido. Podría haberlo dejado tirado en el hospital cuando lo encontré la primera vez y no lo hice. Me hubiera sentido horrible, por mucho que sea un prototipo. Yo no puedo… hoy pensé que me moría de un disgusto. Soy estúpido. ¿Ni contigo ni sin ti, Sehun?»
De buena mañana, escuchó cómo varios cachivaches se estrellaban contra el suelo. Luhan se despertó bruscamente con el peinado ondulado ridículo que le había dejado la almohada. Miró a su alrededor con los ojos pegados y se percató de que el estruendo procedía de la cocina. Se levantó con su mantita de sofá y asomó la cabeza.
— Ah,… — Sehun se rascó el cogote de la vergüenza al verle por la puerta— Estaba haciéndote el desayuno y se me ha caído…
— Normal, si coges las cosas sin guantes, eso quema —dijo tras analizar la situación.
— Estoy un poco despistado —Sehun ladeó la cabeza. Se dio cuenta del aspecto recién levantado de Luhan y se le escapó una carcajada floja; cuando se reía así se le salía la lengua entre los labios. Al verle, Luhan también se rió.
— De qué te ríes, mi pelo es así al natural. ¿Nunca has visto un chino con el pelo ondulado o qué? Bueno, ya termino de cocinar. Ve a sentarte por el comedor que tenemos que hablar.
«Tenemos que hablar.»
