Holi holiiiiiiiiiii

aqui con un nuevo capi!

pero ahora del lado de nuestro amado Edward (*se desmaya y cae sobre la cama* papasito bombonazo!1)

ehem-ehem!

perdon por el momento de devilidad jiji

pues...LOS INVITO A LEER!

DISCKAIMER: lOS PERSONAJES PERTENECEN A LA SRA. MEYER...YO SOLO LOS TOME PRESTADO PARA INSPIRARME EN ESTE TRAGI-FIC JIJIJIJI


5 fresa,chocolate y ¿Unas lágrimas?

Edward pov.

Día miércoles, mitad de semana.

Significa que hay un montón de proyectos que revisar y aprobar. Ser presidente y dueño de Constructoras Masen no es nada fácil; y mucho menos cuando heredas un patrimonio familiar.

Masen company, la fundó mi abuelo, Anthony Masen, padre de mi madre Esme. Él con sus propias manos fue forjando el camino al éxito de ésta compañía; arquitecto de vocación, el construir y remodelar siempre fue su pasión. Amaba su trabajo, y además era muy bueno en eso, así que su fama fue creciendo dentro del país, tanto así que las firmas y grandes empresas le mostraban proyectos fuera de EEUU, Canadá, México, Brasil, España y Francia. A sus 39 años de edad había hecho crecer a Masen Company a tal extremo de ser una de las 12 constructoras mejor calificada a nivel mundial. Los años pasaron y la empresa seguía creciendo. Hubo momentos malos, pero que en un corto tiempo pudo volver a reponerse.

Y aquí estoy,Edward Anthony Cullen Masen, dirigiendo lo que mi abuelo con tanto amor y esfuerzo construyo junto con su familia —mi abuela Elisa y mi madre, que es hija única— Hoy contamos con proyectos importantes de reconstrucción de patrimonios nacionales de Inglaterra, China y España, fuera de los proyectos más pequeños dentro del país. Obviamente que no trabajo solo. A mi cargo está un importante grupo de arquitectos del país y uno que otro extranjero que se ha radicado en la ciudad de nueva York en donde tenemos las oficinas principales.

Como toda empresa, también tiene su lado negativo. ¿El mío? El haberme separado muy joven del lado de mis padres.

A mis dieciocho años me gradué en la secundaria de Forks, Washington, en donde nací y crecí y luego me fui a la universidad en la ciudad de Nueva York a estudiar Arquitectura —que fueron cuatro años por mis excelentes calificaciones— El tiempo era estrecho para ir a visitar a mi familia. Apenas la veía para el día de gracias, cumpleaños, navidad y final de año; pero a pesar de ser poco el tiempo compartido con mis padres, mi hermana y mi abuelo, trataba de disfrutar al máximo.

Nuestra familia siempre ha sido muy unida. Adoro a mis padres, Carlisle y Esme, siempre digo que me saque la lotería con ellos. Siempre me han dado lo mejor de ellos, y no me refiero al dinero, sino a los valores de afecto inapreciables.

Lo mismo con mi hermana, Alice, ambos somos muy unidos, a pesar de tener ambos una diferencia de 5 años, aunque no puedo negar que a veces me saca de quicio sus locas ideas. Ella es diseñadora de modas, así que siempre está tratando de llevarnos por las vías de la moda y vanguardia.

Y mi abuelo. Un hombre de gran estatura y de gran corazón,yo lo adoraba. Siempre tenía una sonrisa para con nosotros; nos amaba mucho. Y nosotros también a él. De mi abuela no puedo decir mucho ya que ella murió meses antes de que yo naciera, pero según mi padre, la abuela Elisa era una mujer muy amorosa, como mi madre.

Cuando me faltaban un par de meses para terminar mi carrera, nuestra familia sufrió un duro golpe. La muerte de mi abuelo. Fue lo más duro que nos toco vivir, doloroso.

Esa noche —y como casi todas— charlaba con mi familia, incluido el abuelo que para en ese tiempo vivía con mis padres debido a su avanzada edad; conversamos de todo un poco, del agitado día en su empresa, las nuevas locuras de mi hermana en su último año en secundaria, los turnos de mi padre en el hospital y los que aceres de mi madre en el hogar y los cortos momentos que pasaba por la empresa para ayudar a mi abuelo. Siempre riéndonos y bromeando, jamás pensamos que esa sería la última noche de mi abuelo. Murió en la madrugada de un infarto al corazón.

Por ende, en su testamento se me nombró como el nuevo y legítimo dueño de Masen Company al ser el único nieto mayor. Tuve que hacer un curso anexo sobre administración de empresas para conocer y manejar mejor este rubro.

A mis 22 años, era dueño de la empresa que mi abuelo construyó con el sudor de su frente, y que ahora yo seguiría construyendo con mis propias manos.

Así mi juventud se vio abruptamente interrumpida al ser la cabeza mayor de la empresa. Tuve que madurar abruptamente y prácticamente no tuve tiempo de nada más dentro de mi vida, hasta que pude lograr estabilizarme en dicho lugar. Mis padres siempre estuvieron ahí y están aun conmigo junto a Alice, obviamente, todos me ayudaron a dirigir esta empresa. Es una Empresa de la familia.

Hoy estamos llenos de proyectos de reconstrucción, villas privadas, locales comerciales, etcétera; también estoy esperando un proyecto muy importante para mí, la ampliación del hospital del pueblo de Forks, donde viven aun mis padres. Y esto sólo quiere decir una sola cosa: me iré a dirigir directamente la construcción, vale decir que será alrededor de 6 meses en que me iré a vivir a mi pueblo natal. Aunque igualmente debo dirigir nuestra oficina principal aquí en Nueva York, así que estaré presentándome aquí una o dos veces por semana para chequear que todo marche a la perfección. Cuento con un equipo de arquitectos y administradores de mi entera confianza. Ben, uno de mis mejores amigos será el que me ayude con los proyectos principales, junto a su esposa Ángela, que está a cargo del área administrativa junto con Heidi.

Así que me iré tranquilamente a disfrutar de mi familia —aunque no puedo negar que tendré mucho trabajo allá— Pero valdrá la pena al estar cerca de mis padres.

Unos golpes en la puerta de mi oficina interrumpieron mis pensamientos.

—Pase —Dije mientras mi secretaria, Jessica, asomó la mitad de su cuerpo por la puerta; su vestimenta era una blusa muy escotada y una faldita que no le ocultaba prácticamente nada y según ella simulando una sonrisa y tono de voz sexy, que lo único que producía en mí eran escalofríos.

—Señor Cullen, su padre está al teléfono —Y se me olvidaba un detalle de mi secretaria: pareciera que sufre de algún tic nervioso al pestañear tanto. Tal vez deba recomendarle algún oftalmólogo.

—Gracias señorita Stanley, puede retirarse.

Y muy lentamente giró su cuerpo para salir y cerrar la puerta y no pude evitar hacer algo que hace bastante rato aguante en su presencia: rodar los ojos.

—Mujeres —Bufé y tomé el auricular para contestar— Papá, hola como estás.

—Hijo, que alegría escucharte, estamos muy bien. Tu madre te envía saludos ¿qué tal estas tu?

—Yo estoy bien, Gracias papá, dile a mamá que la extraño y cruzando los dedos por ese proyecto pendiente ¿Alguna novedad?

—Sí. Tenemos novedad Edward. Esta mañana se aprobó tu proyecto para ampliar el hospital y quieren que comiences lo antes posible, para que todo quede terminado antes del aniversario de éste ¿Qué te parece?

— ¡Genial! Estoy muy contento de que lo aprobaran, mamá se volverá loca de felicidad al saber que me voy por varios meses junto a ustedes.

—Ni que lo digas hijo, tu madre es capaz de remodelar todo para recibir a su pequeño. Y dime ¿Cuándo piensas venirte?

—En diez días más aproximadamente, debo dejar todo ordenado en la empresa junto con Ben y Ángela para poder irme tranquilamente. Y por favor no le digas nada a mamá, quiero que sea sorpresa.

—Como tú digas hijo, pero conoces a tu madre y sabes que no le podemos ocultar nada, es igual a Alice, no sé cómo salen enterándose de las cosas ¿Y no puedes viajar antes? Hace mucho que no te vemos y te extrañamos mucho —Mi padre, si ellos me extrañan mucho, ni se imagina como yo los extraño.

—Lo siento papa, pero me es imposible, debo dejar coordinado algunos proyectos con el grupo de arquitectos y constructores. Y no te preocupes que tendremos muchos meses para recuperar el tiempo perdido.

—Me alegro mucho Edward. Entonces no te interrumpo más. Ve a dejar todo listo para que estés pronto junto a nosotros sabes que te amamos mucho.

—Lo sé papa y ahora te dejo, debo resolver unos pendientes. Saluda a mama. Cuídate mucho.

—Ok, yo le entrego tus saludos. Tú también cuídate, nos vemos pronto.

—Nos vemos, adiós.

Termine la llamada con una alegría inmensa de saber que volveré a Forks. Ahora debía dejar todo listo para emprender vuelo hasta ese lugar.

Los días pasaron y dejamos todo coordinado junto a Ben.

Ahora me encontraba volando rumbo a casa de mis padres. Las horas de vuelo me parecían eternas, pero valía la pena.

De Nueva York salí con lluvia, al ser mediados de octubre. En Port Ángeles aterrizamos con lluvia torrencial —suspiré— en menos de una hora estaré en casa. Mientras esperaba mi equipaje, agradecí el tener excelentes conocidos en esta ciudad, y más en una concesionaria de automóviles. Días atrás hable directamente con el encargado, el señor Garrett—que es muy amigo de mi padre— para que me preparara un auto para poder movilizarme tranquilamente por la ciudad y él tan atento como siempre me ofreció traerlo al mismo aeropuerto, cosa que agradecí inmensamente.

Y aquí en mi auto nuevo, un hermoso volvo plateado, iba manejando rumbo a casa de mis padres. La carretera oscura y fría, junto a verdes y espesos bosques a los costados de ésta, me daban la bienvenida al que fue mi hogar por dieciocho años.

Eran las 6:30 de la tarde, estaba oscuro y la lluvia caía fuertemente cuando me desvié hacia la entrada al camino que conducía al hogar donde nací y crecí. Me estacione al frente de la hermosa casa de color blanco que tanto recordaba y añoraba, apague el motor, me abrigue para no mojarme tanto y me dispuse a bajar del auto. Las luces de hall estaban apagadas —Claro, no esperaban a nadie, incluso ni mi padre, que pensaba que llegaría dentro de tres días más— Camine rápidamente a la entrada y toque el timbre, hacia un frio horrible; toque nuevamente y espere un par de segundos. Unos pasos apresurados se acercaban a la puerta para abrirla —mamá se morirá de la sorpresa, pensé— Abrió con mucho sigilo ya que olvido encender la luz, me incline un poco para que pudiera verme con la luz que alumbraba de adentro de la casa.

—Buenas noches madre ¿Tiene usted acaso una habitación para su hijo querido que ha viajado de lejos, sólo para verla?

Mamá me quedo mirando en estado de shock, pestañeó un par de veces y profirió un grito ensordecedor mientras se colgaba de mi cuello y me daba sonoros besos por todo el rostro.

— ¡Oh por dios! No lo puedo creer ¡Edward eres tú! Oh hijo que alegría me das.

Me arrastro dentro de la casa que estaba calentita, con toda la emoción y regocijo llamaba a mi padre a todo pulmón para que viniera a verme y a saludarme; mi padre apareció caminando desde el salón con una sonrisa que de seguro le dolían las mejillas por aquel gesto. Y como pensé, mi madre estaba eufórica por la sorpresa, y no sabía si seguir colgada a mí o atenderme para estar más cómodo y mi padre que me abrazaba emocionado por mi llegada. El verlos felices por mi llegada me inundaba el corazón de dicha.

Al fin estaba en casa.

Luego de tantos arrumacos —y un par de regaños de mi madre hacia mi padre por ocultar tremenda sorpresa— nos dispusimos a ir a la cocina a cenar tranquilamente. Una coincidencia tremenda es que mi madre haya preparado uno de mis platillos favoritos, lasaña, cosa que agradecí con elogios a la que he extrañado por tanto tiempo. Nuestra conversa fue entre risas y mucha emoción.

—A pesar de lo feliz que me hace el tenerte aquí hijo mío, no te lo perdonare. Estas incluido Carlisle —con un dedo extendido hacia a nosotros nos volvió a regañar mi madre—Habría tenido tu cuarto mejor arreglado Edward.

—Mamá, no te preocupes, ya tendremos mucho tiempo para eso, te prometo que cuando me estabilice con el proyecto podrás trabajar en él; por ahora no creo que soporte llegar molido del trabajo y ver mi cuarto desordenado

Los tres rompimos a reír, mi padre me miraba significativamente, pero mi madre se calló abruptamente. Creo que se dio cuenta a que me refería. Con sus grandes ojos color verde —igual a los míos— y su rostro en forma de corazón enmarcado por un suave y hermoso cabello color caramelo se volvieron hacia a mí con la duda enmarcada en ella.

— ¿A qué te refieres con que tenemos mucho tiempo? ¿Por cuánto tiempo vienes Edward?

Mientras me echaba un buen trozo de mi segundo plato de lasaña, se formó un silencio profundo por parte de mis padres, mi madre para saber la respuesta y mi padre acallando lo sabido. Mastiqué lentamente, tragué mi porción y bebí un poco de vino; mi madre comenzó a impacientarse porque daba pequeños golpes en la mesa con sus delgados dedos y papá agachó la cabeza y siguió comiendo para no romper a reír por la actitud de mi madre.

— ¿Y bien Edward? ¿Serán cinco días, tres días, o sólo una semana como siempre? —La última frase me dolió un poco; era verdad, lo máximo que he estado aquí es una semana y fue hace más de un año. Con cuidado extendí mi mano para tomar la de ella, le miré serio a los ojos para formular mi respuesta.

—Serán seis…

— ¿Seis días hijo? —se oía un poco de desilusión en su voz y sus ojos no se apartaban de mi rostro, apreté con más fuerza su mano. Moví mi cabeza negando su pregunta.

—Seis meses aproximadamente, estaré viviendo aquí por seis meses.

Ambos se miraron, mi padre no quitaba la sonrisa de su rostro dándole a confirmar que él estaba enterado y mi madre lo miró con interrogación.

—Carlisle Cullen ¿Tú lo sabías? —Ella entrecerró sus ojos dando a conocer su desaprobación.

—Eeh… si cariño.

Luego volteó su rostro velozmente hacia mí, estaba muy seria y eso me asusto. Llegue a pensar que tal vez sí debí preguntar antes de venirme sin aviso. Pero rápidamente vi su respuesta al ver caer lágrimas de sus ojos.

—Edward es… es ¡Maravilloso! —Y nuevamente se arrojó a mis brazos.

Me llenó de nuevas preguntas del porque tanto tiempo me vendría a vivir aquí y le explique del proyecto de ampliación del hospital de Forks por el cual postule silenciosamente para no desilusionar si dicho proyecto resultaba mal.

Mi madre se paró de la mesa y comenzó a saltar de la emoción por tremenda noticia. Ahora descubrí de donde mi hermana Alice saco esa manía de saltar y bailar frente a una buena noticia o nueva idea.

Luego de haber cenado, yo y mi padre ayudamos a mamá a limpiar la cocina, luego nos fuimos a la sala para charlar un momento. Puse al tanto a mis padres de los planes para el tiempo que estaré viviendo aquí, ambos se mostraban muy entusiasmados por la idea y mi madre no paraba de hablar y dar su punto de vista, incluso quiso programar una cena junto a mi hermana para este fin de semana, pero sin decirle a Alice que yo estaría aquí.

Luego de haber charlado por mucho tiempo vimos la hora y ya pasaban de las once de la noche, así que decidimos retirarnos a nuestros cuartos a descansar. Estábamos parándonos de nuestros asientos cuando suena el teléfono de la casa y mamá fue a atenderlo.

—Casa de los Cullen —respondió, y cuando supuestamente estaba escuchando el nombre de la persona que llamaba se quedó petrificada en su lugar y luego profirió el nombre con mucho entusiasmo— ¡Charlie! Pero que sorpresa, tanto tiempo sin saber de ti…

Miré a mi padre para saber si lo conocía, y al verlo el frunció su frente en ademán de recordar quién era, pero en ese lapso de segundos, ella se giró hacia nosotros con su rostro contraído por la preocupación, alguna noticia no muy grata a de haber recibido por su expresión, Carlisle se dirigió rápidamente a su lado para saber de qué iba el asunto; mamá le dio a conocer algo entre susurros y él se dirigió hacia el segundo piso, seguramente rumbo a su estudio ubicado allí. Luego de un momento mamá colgó.

— ¿Quien era mamá? —le pregunté mientras me acercaba a ella y la sentaba en el sofá junto a mi lado.

—Era un amigo de tu padre, el esposo de mi amiga Renee ¿recuerdas que te hablé de ella?

—Tu amiga de Italia, la que falleció hace bastante tiempo ¿verdad?

—Sí, ella misma. Su esposo es el que ha llamado.

— ¿Sucedió algo malo con él?

—No lo sé hijo, pero su voz reflejaba mucha pena y aflicción. Me preocupó. —Mamá siempre es muy intuitiva con las personas, apenas la ve, es capaz de captar la esencia de ellas.

Nos quedamos charlando un rato mas esperando que bajara mi padre para saber el porqué de esa llamada. Alrededor de quince minutos, Carlisle bajo por las escaleras directo a nosotros. Se notaba algo preocupado, no lo pudo disimular frente a nosotros. Nos conocíamos demasiado bien.

— ¿Y bien? —pregunto mamá.

—Nada importante, sólo quería charlar con algún amigo, ha estado pasando situaciones difíciles.

—Pobre Charlie, esperemos que se solucionen pronto sus problemas.

Mi padre sólo asintió con su cabeza. Algo nada bueno ha de estarle pasando al tal Charlie.

Luego de este momento nos retiramos a descansar, nos despedimos con mi padre en el segundo piso y mi madre me acompaño a mi cuarto que se encontraba en el tercer piso, junto al cuarto de Alice y otro para visitas. Esme preparó mi cama poniendo sabanas limpias. Todo estaba tal y como lo dejé la última vez que estuve aquí, es stand con mis discos de música variada, un pequeño librero con mis libros favoritos, un plasma ubicado en la pared frontal de la entrada y mi gran cama con cobertor color dorado, el ventanal ubicado en la pared que daba a la parte trasera de la casa tenía puestas las mismas cortinas color café oscuro. Este era mi cuarto.

Luego de haber tendido la cama se despidió de mí con un gran abrazo y muchos besos de buenas noches. Cuando cerró la puerta me voltee para volver a admirar mi habitación, sintiendo el relajo de saber que disfrutare de esto y de muchas cosas más al permanecer aquí.

Lo primero que hice fue darme una ducha caliente para relajarme. Luego me dirigí al armario para buscar un pijama cómodo y una polera para luego acostarme en mi cama y leer un par de minutos. No pasaron ni cinco minutos y ya me estaba quedando dormido, dejé mi libro sobre la mesita de noche y apagué la luz de ésta, al momento de acomodarme bien en mi cama me bajó todo el cansancio por el viaje y la tensión por el momento vivido se esfumó. Solamente cerré mis ojos y Morfeo me tomó en sus brazos.

En un abrir y cerrar de ojos las dos primeras semanas transcurrieron llenas de trámites por el comienzo de la construcción de la obra de ampliación. Hubo que conseguir permisos y otros requisitos más. Cada tarde llegaba a casa alrededor de las ocho a disfrutar de la compañía de mis padres, mamá aún estaba eufórica por mi estadía con ellos; me preparaba mis platillos favoritos y me mimaba como a un niño pequeñ tarde, mi padre llego muy serio y por supuesto que mi madre se preocupó por el estado de él, y éste le dijo que con mi llegada ella se olvidó de él por atenderme a mí y que nunca pensó que esto ocurriría —obviamente que estaba burlándose de nosotros— así que esa misma noche Esme se lo llevó a cenar a fuera, y volvieron bien tarde.

A pesar de trabajar arduamente, el miércoles salí más temprano de mi oficina provisoria —ubicada en la pequeña plaza del pueblo de Forks— Para irme a visitar a una vieja amiga, Tanya Denali. Fuimos compañeros de estudios de toda mi niñez y adolescencia, a pesar de que ella es un año menor que yo, por lo que me separe antes de que ella se graduara en secundaria. Es mi mejor amiga, mi confidente. Todos suponían que seriamos pareja al pasar tanto tiempo juntos, pero sólo nos une un lazo de bella amistad.

Y aquí me encontraba, con un pequeño ramo de flores frente al café literario en donde ella ha explayado sus sueños de obtener un local de su autoría. Comenzó siendo un pequeño café de paso, luego obtuvo capital suficiente para poder agrandar su local e implementar mas artículos, como libros. Tiene una enorme variedad de éstos: clásicos, best seller, historia, y lo que se te pueda ocurrir. Tal fue la cantidad de clientes que comenzó a innovar en el campo de los pasteles y diversos tipos de café; en fin, un lugar simplemente genial y acogedor para el frio pueblito de Forks.

Me estacioné a un costado del camino, me baje con mi infaltable impermeable —a causa de la lluvia que jamás cesaba— tomé el pequeño detalle en mis manos y me dispuse a entrar al local. Estaba bastante concurrido, mayormente por estudiantes de preparatoria y uno que otro jornalero del día. Me acerqué al mesón principal que dividía a los clientes de los trabajadores; miré a todas las que estaban ahí trabajando, tratando de reconocer a mi amiga, y allí estaba. Su largo cabello rubio rojizo ya no estaba, en su lugar tenía una hermosa melena que apenas llegaba al tope de sus hombros; llevaba un ajustado sweater de un color granate y pantalones negros, y sus infaltables botas de tacón. Carraspee un poco fuerte para poder llamar su atención, y ella alzó su mirada para caer en la mía. Le sonreí cálidamente al ver sus finas facciones. Me escrutó un par de segundos y luego pestañeó un par de veces para luego proferir una gran sonrisa y de un salto y velocidad que no sé si era humana, estaba parada frente a mí para dar su último salto y colgarse literalmente en mis brazos. Ambos rompimos en carcajadas por su alocado actuar. Saltábamos de alegría como cuando éramos pequeños. Con un millón de preguntas me atacaba mientras nos sentábamos y me convidaba una exquisita taza de cappuccino vainilla con un trozo de tarta de mora, que por cierto eran mis preferidos.

Nuestra conversa se explayo tanto que tuvimos que posponerla al recibir una llamada de mi madre encargándome unos comestibles para que le llevara y dejé a mi amiga Tanya invitada para la cena que había programado mi madre para este sábado en la tarde; y con un fuerte abrazo nos despedimos. Me subí a mi volvo y me fui rumbo al supermercado Thirftway.

Estaba recorriendo los pasillos cuando alguien me pasó a llevar con su despreocupado andar. Me voltee para ver quien había sido y era una mujer de figura delgada; aunque vi sólo su espalda, se notaba su hermosa juventud. Tenía un largo cabello color chocolate y lo llevaba suelto, y al haber pasado por mi lado dejó su exquisita fragancia dulce, como a fresas o un buqué de flores. Me paré anonadado por tal belleza —y eso que aún no veía su rostro— Lo inconveniente es que justo sonó mi celular, seguramente era mi madre. Saque mi móvil del bolsillo de mi pantalón para poder contestar, pero al momento de hacer el gesto de sacarlo y enderezarme para contestar, la chica se había esfumado. Con pesar fui caminando sin dirección mientras charlaba con mamá, me paré justo en frente de un acaparador de frutas que coincidentemente me estaba pidiendo mi madre.

—Ok, todo claro madre, tres piñas, dos kilos de duraznos y un kilo de mangos —seguramente era para alguna tarta que haría para el fin de semana.

Estaba guardando mi celular cuando alguien pasó veloz frente a mí. Nuevamente me gire para ver a la persona que se paró en seco a un costado de mi, y para mi sorpresa era la misma joven —la reconocí por su hermoso cabello y su chamarra color negra— Pude apreciar el hermoso y delicado rostro de la joven; tenía unos exquisitos labios rosa, su piel era tan pálida como la mía, sencillamente hermosa. Ella tomó una bolsita y comenzó a llenarla de mangos, muy rápido por solo pude verla como un bobo.

De un momento a otro, acercó uno de los mangos a su rostro capturando la esencia de éste con su fina nariz, cerró sus ojos y dio una pequeña exclamación. Ese simple gesto causó estragos en mí, estaba impactado por su belleza simple. Había visto y salido con muchas mujeres bellas y sexys en cierto modo, pero ésta chica no se igualaba a ellas, era una hermosa diosa de cabello chocolate. Demasiado embriagador, profirió ella en respuesta al aroma captado, yo solo pude soltar una suave risa.

—Nunca vi a nadie en mi vida disfrutar tanto de una fruta como veo que lo haces tú —No pude evitar hacer aquel comentario, ella se giró hacia a mí con su pequeño rostro sonrojado y al verme se sonrojó aun mas ¿Acaso era eso posible?

—N-no, sólo es q-que hace b-bastante tiempo que no… q-que no pruebo uno de éstos —Si antes quedé prendado por la hermosura de su rostro, mi corazón se detuvo al escuchar su suave voz, y me vi atrapado por unos bellos orbes color chocolate.

—Ok, creo que te voy a creer —traté de disimular la baba que me caía a causa de ella. ¿Ya dije que era bellísima?

—Bueno… me tengo que ir —Lamente inmediatamente el que haya pronunciado aquella frase, porque mi corazón dolió por la temprana despedida. No tuve más remedio que despedirme de aquel ángel.

—Adiós, chica de mangos embriagadores.

—Sí, adiós —Y tomó su carrito con los magos y se encaminó en dirección contraria a mí, dándome la espalda.

Yo la quedé viendo como un tonto. Nunca antes me había sucedido tal atracción hacia una mujer. Y jamás en mis 28 años de existencia había visto a una diosa descender del cielo. La veía alejarse, y en un momento ella se detuvo y giró su cuerpo hacia mí dirección; alce mi mano en forma de despedida y ella alzo la suya, me regalo la sonrisa más hermosa que haya visto y mi corazón saltó de alegría por aquel gesto.

Espero que nos volvamos a encontrar.

Volví al mundo real —luego de haber estado entre las nubes— y me dirigí a la caja para cancelar lo adquirido; caminando entre los pasillos alguien me nombró a mis espaldas.

— ¿Edward? —me giré para ver de quien se trataba

— ¿Emmett? —no podía creer que él estuviera aquí.

—Amigo tanto tiempo, como estas —él se acerco a mí y me dio un gran abrazo, el cual yo correspondí afectuosamente.

—Bien, bien. Y dime qué haces tú aquí ¿y Rosalie? —Rosalie era mi prima, sus padres murieron cuando ella tenía apenas 8 años de edad, por lo que mis padres tomaron su custodia total. Ella es inseparable de mi hermana Alice, ambas locas por la moda. Luego ella decidió irse a estudiar a Paris, por lo que nos veíamos bastante poco, hasta que se vino de aquel lugar para radicarse en Nueva York junto con su novio y actual esposo, Emmett.

—Vine por un asunto de trabajo, acabo de llegar, pero debo irme mañana en la madrugada. Rose esta en Francia, y tu ¿Días libres?

—No, asunto de trabajo también.

Charlamos sólo un corto momento ya que debía llevarle el encargo a mi madre. Nos despedimos con un caluroso abrazo, prometiéndome que nos veríamos para el cumpleaños de mi padre en un par de semanas más.

Cuando llegue a casa, mis padres me esperaban para que cenáramos juntos. Luego de pláticas y de contarles de mi encuentro con Tanya, nos retiramos para descansar del ajetreado día. Y ya acostado en mi cama el sueño me venció, pero de seguro que no vencerá mis ruegos para volver a ver a aquel ángel de chocolate mirar.

Estos dos días me levante de un humor excelente, y cruzando los dedos para volver a toparme al ángel de ojos chocolates. Desayuné junto a mi madre, ya que mi padre entró temprano al hospital y me dispuse a irme a la oficina. Luego de trabajar un par de horas, decidí irme a almorzar junto a mi amiga. El día estaba más frio que otras veces y la lluvia caía intrépidamente sobre el pueblo.

Cuando llegué al local de Tanya, ésta me recibió con un rico chocolate caliente. Nos sentamos en el gran mesón para charlar animadamente. Al paso de varios minutos, sonó la campanilla que indicaba que llegaban clientes. Al estar lloviendo fuertemente éstos eran escasos. Cuando alcé la mirada para ver de quien se trataba, me quede asombrado al descubrir que era la misma chica del supermercado, mi ángel de ojos chocolates. Se sentó en una mesa que daba a un gran ventanal con vista a la calle, ella quedo de perfil hacia mí. Sonreí al verla nuevamente, era lo que tanto estaba deseando. Ella se sacó su abrigo color beige, y quedó con una bufanda alrededor de su cuello, un sweater color azulino —el color hacía que su piel se viera como la porcelana— y unos jeans con unas botas bajas.

Tanya se paró de mi lado para ir a atenderla y de paso atender al resto de las personas. Coincidentemente ella pidió lo mismo que yo, una taza de chocolate caliente y un trozo de tarta de mora. Cuando se lo hubieron dejado sobre su mesa, me decidí a hablarle más detenidamente; cuando me quería parar, algo llamó mi atención.

A simple vista me di cuenta que su rostro no era el mismo, se veía afligido, demacrado. Me asuste al ver que esa luz que ella irradiaba no estaba, me levante de mi puesto para ir a su lado y poder ayudarla en algo, pero me detuve abruptamente al ver que ella derramaba unas lágrimas por sus ojos. Mi pecho dolió extrañamente.

Los ángeles no deben llorar, y yo haré que ese ser maravilloso vuelva a sonreír, ésta sería una de mis metas aquí en Forks.


HO-HOOOOLAAA

(SEEEEE, LE COPIE A GERMAN -para las entendidas chilenas-)

Como estan?

antes de todo, se dieron cuenta de que soy despistada?

en el capi anterior con suerte las salude! perdon por ese lapsus de olvido.

Pueees, aqui subiendo otro capi entre un mar de lagrimas aun,

se preguntan porque?

pues porque este jueves 18 de julio estuvo Paramore en mi pais...Y NO PUDE VERLOOOS!

buuuuuuaaaaaaaa... tenia taaantas ganas de verlos...

pero bueno...

espero les haya gustado el capi, se que es un poco extenso, pero deseo de corazon que haya sido entretenido.

pues...eso!

soy bien simple en cuanto a palabras y...chan-chan!

nos veremos en elproximo capiii! (aunque reconozco que es raro que nos veamos, plop!)

Cuidense, abrazos enoooooormeeeeessss!

y agradecerles nuevamente por el tiempo que se dan para pasar por aqui, se les quiere

Lauriis