Buenas amores mios! He de seros sincera… NO TENGO TIEMPO. Pero os seré más sincera aun… empecé hace pocos meses a escribir esta historia con muchísima ilusión, y no está calando como yo pensaba que iba a hhacerlo. Eso no me desanima, al contrario, quiero seguir publicando más y más para ver si os gusta o no.
Como dije, tengo bastante escrito por lo que mi no-tiempo, no me afecta en ello, pero sí a la hora de publicar. Por eso, intentaré publicar más seguido, pero no prometo nada, aunque os agradezco estará ahí y postearme reviews, favoritos, y alertas. MUCHISIMAS GRACIAS
Espero que os guste este nuevo capitulo. Para mis niñas que me escriben, deciros que sí, que Draco siente mucho por Hermione. Quería ejara tras el mitico fic que Draco Malfoy es el malo de la película, aquí cambian las cosas, aunque que sea el asesino de los padres de Granger no quiere decir que sea un cachito de pan, que digamos… jajaja
Espero, de verdad, que os guste. Yo vivi este capitulo con mucha intensidad, leedlo con tranquilidad, hay mucha fuerza en cada frase para los personajes. Mil besazos
Donna.
Capítulo 6 – "Sinceridad"
Había estado tentada a llamarle y decirle que no, que no podían quedar. Se moría de nervios al imaginarse una cena con su enemigo Draco Malfoy, hablando sobre nimiedades que a ella le daban igual, mientras por dentro pensaba en todo lo que él había hecho en el pasado. Había aprendido a disimular muy bien y a poder mantener una serena mente fría en situaciones que el rubio estuviera involucrado, pero no sabía si su capacidad llegaría a su fin de un momento a otro. Muchas veces se sentía culpable por estar mintiéndole a Ron en todo aquél asunto. Pero sabía que era imposible que su novio comprendiera los motivos de su plan, y menos justificar con ello el beso que se habían dado.
No paraba de pensar en el momento que sus dedos rozaron la varita del joven mago. Conseguir aquél arma sería dar un paso de gigantes en su plan. Con suerte, no necesitaría de más documentos ni nada por el estilo para poder culparlo de asesinato. Por ello, la cena era una situación perfecta para embaucarlo y poder atrapar aquél palo de madera.
Sentía nervios sobre cómo iba a ir la cena, no sabía qué ponerse ni tampoco cómo actuar ante situaciones no previstas en su cabeza. Olvidó el asunto, ya que todavía faltaban dos días para que llegara la cena y se duchó con tranquilidad, relajándose, mientras pequeñas gotas bañaban su bronceada piel.
Salió al cabo de media hora, sintiéndose como nueva, y se vistió y se apareció en su oficina de trabajo, dónde Pansy le saludó amistosamente. Pasó el día con rapidez, sin nuevos documentos que la enturbiasen y haciendo de forma eficaz su trabajo. Miraba con asiduidad el reloj ya que había quedado para comer con Ron y no quería hacerlo esperar. En un momento de despiste, llamaron a la puerta.
-Pasa – dijo Hermione sin saber, en realidad, a quién se lo decía. Su rostro se iluminó cuando lo vio entrar. - ¡Cormac! – dijo emocionada cuando lo vio entrar. Había entablado amistad con Cormac McLaggen desde que dejaron Hogwarts. Hablaban bastante y solían quedar de vez en cuando, junto a otros miembros de la casa de los leones, para hablar de cómo les iba todo y divertirse un rato. Tras el colegio, se había convertido en un hombre alto y fornido, con una sonrisa espectacular. Tenía pareja desde hacía unos meses, una joven muggle llamada Jessica Jones.
Le abrazó de un modo sincero y comenzaron a hablar sobre cómo estaban. Cormac le preguntó sobre qué planes tenía y a ver si había un hueco para ir a comer con él.
-Lo siento Cormac – dijo de verdad – he quedado para comer con Ron – explicó, sintiéndose mal por ello – pero un día de esta semana quedamos sin falta – prometió mientras le sonreía de forma verdaderamente cálida.
-No te preocupes – le sonrió de la misma manera, pasando un brazo por los hombros de la chica, de forma amistosa para despedirse – era por si acaso la Ocupada Hermione Granger tenía un sitio para mí – dijo guiñándole un ojo. Hermione rió mientras le empujaba levemente, en broma.
Su puerta del despacho se abrió con rapidez y Ronald Weasley entraba por ella. Iba con una sonrisa mientras su mirada buscaba a su novia, hasta que vio que se encontraba con McLaggen y su rostro se ensombreció.
-Bueno, yo ya me iba – dijo con rapidez Cormac. Ambos chicos sabían que no se caían bien el uno al otro – Buenas Weasley – saludó moviendo la cabeza, mientras depositaba un beso en la mejilla de Hermione y se iba acelerado.
Hermione suspiró. Ese era el típico momento que odiaba de su vida. Ron Weasley odiaba a todo hombre que no fuera Harry y que se llevara medianamente bien con ella. Cormac aceptaba como era y por no molestarle a Hermione, intentaba evitar discutir con Ron por todos los medios.
-¿Siempre tienes que hacer lo mismo con todos mis amigos? – le increpó algo molesta, mirándole a los ojos. Ron tenía un gesto de enfado en su cara que aparecía cuando se daban aquellos momentos, sin poderlo evitar.
-¿Qué hacías con él? – preguntó mosqueado, sin cambiar el gesto de enfado de su rostro.
-Ha venido a hacerme una visita – le explicó ella, sin cambiar su tono de voz. - ¿Tienes algún problema? – le retó. Sabía que si ella seguía con su enfado, unido al que él tenía, acabaría mal aquél día, pero no le importaba.
-Sí – le dijo en una tonalidad algo elevada el pelirrojo – no entiendo por qué tiene que venir a tu oficina de trabajo, encerrarse contigo en tu despacho y abrazarte – le reprochó casi gritando.
Hermione le miró con los ojos abiertos. ¡Ron estaba loco! Veía fantasmas donde lo había.
-¿Qué te ocurre? – Le preguntó subiendo también el tono de voz – Cormac es mi amigo, lo sabes bien. Si quiero quedar con él lo hago, y si me viene a hacer una visita todavía mejor porque le quiero y me alegra verle – dijo las palabras rápidamente, a causa del enfado. Jaque.
-Me da igual que sea tu amigo – gritó cada vez más furioso por la actitud que estaba demostrando ella – Si me quieres no deberías de verte con él, ya sabes todo lo que me molesta – le chilló.
Hermione bufó exasperada.
-Si tú me quisiera como tanto dices no me atarías ni me prohibirías nada, me respetarías y confiarías plenamente en mí - espetó. Jaque mate.
Ambos se miraron. Estaban rojos y respirando agitadamente, en especial Ron, quien parecía querer tranquilizarse mediante el respirar. Cerró los ojos con fuerza, pensando qué debía decirle ahora a su novia. No tenía ninguna duda.
-Perdóname Hermione – dijo con ojos cansados, rendido por discutir con ella. Odiaba tener que hacerlo pero muchas veces no podía controlar sus impulsos. – Claro que confío plenamente en ti, es sólo que me da miedo que te alejes algún día de mí – explicó en voz baja, como un niño pequeño mientras se acercaba a ella. La castaña le miraba con dulzura, abrazándole, expresándole que con aquél gesto, todo quedaba olvidado; una vez más.
…
Por Merlín. No sabía qué ponerse. Llevaba en frente del espejo cerca de una hora y no encontraba anda que le pudiera convencer para ir a cenar con Malfoy. Deseó con todas sus fuerzas que aquél momento nunca llegara. Pero como suele ocurrir en estos casos, cuando menos quieres que corra el tiempo, más lo hace.
Había dado una convincente escusa a su novio pelirrojo, explicándole que tenía una reunión de trabajo con Pansy y el resto, por lo que no podía quedar con él.
Se sentía una miserable teniendo que andar mintiéndole a Ron, cuando él la cuidaba y adoraba hasta el extremo. Pero no podía hacer otra cosa, estaba entre la espada y la pared. Sólo quería acabar con aquél plan, culpar a aquél asesino y dejarlo pudrir entre los muros de Azcabán.
Intentó pensar a qué tipo de sintió le llevaría Draco. Estaba segura que un sitio elegante, aunque tampoco en exceso, y caro, muy caro.
No le gustaba ningún conjunto de los que tenía colgados en sus perchas. Miró pantalones, pero ninguno era adecuado al sitio donde irían, eso seguro. Tampoco los vestidos, la mayoría eran de fiesta y el resto excesivamente sobrios. ¡Por Merlín aquello era un desastre! Se revolvió nerviosa el pelo, debía de estar a la altura de la dichosa cena.
Decidió improvisar con su ropa del armario. Sacó una camisa de seda blanca oscura, que le quedaba bastante ancha, de manga corta. Tenía un escote de uve que lo formaban los botones de la misma, de color negro brillante.
Lo conjunto con una falda estrecha de forma de tubo, de color negra, que le llegaba hasta medio muslo, pero que dejando la camisa por encima de ella, le hacía ver elegante y moderna. Se puso unas medias negras a causa del frío londinense y unos zapatos de tacón. Eligió, muy a su pesar, unos botines de terciopelo negro que tenían un tacón muy alto ya que, de lo contrario, la diferencia de alturas entre él y ella sería excesiva.
Dejó el pelo suelto, marcando sus rizos y maquillando su cara levemente los ojos. Tampoco pretendía ir demasiado arreglada. Cogió su bolso, su cartera y varita y bajó debajo de su casa. Ahí estaba él, montado en su coche, esperándola distraído.
Se odió a sí misma. No podía mostrarse natural junto a él. Estaba tan nerviosa que se sentía una estúpida adolescente de quince años cuando iba a su primera cita. Pero no, no, no – se reprendía – Frialdad Hermione. ¡Qué difícil era aquello! Iba a pasar varias horas junto a su ex novio, el asesino de sus amados padres, la persona por la cual había mentido a su actual novio, y el ser humano que más la había hecho sufrir. ¿Por qué debía de estar nerviosa? – se preguntaba mentalmente de forma sarcástica.
Desde luego no era momento para ironías. Él se había percatado de su llegada, y la miraba de arriba abajo. Notó como sus mejillas se tornaban rojas. Lo que le faltaba.
Se adentró al coche y le saludó, sin acercarse a él. Tampoco sabía cómo debía de saludarle, en realidad.
Él no iba menos atractivo. Llevaba el pelo despeinado, con una barba de más de dos días que no le disgustaba, para su pesar, a Hermione y una camisa gris, bajo una americana informal del mismo color pero en una tonalidad más oscura, acompañados de un pantalón negro.
-Buenas noches – saludó él, sonriente, mientras arrancaba el coche y se mostraba satisfecho por el recorrido que habían hecho los ojos de Hermione sobre él. – He pensado, si te parece bien, en ir a un restaurante nuevo que han abierto en la zona este de Londres, con comida innovadora. Está decorado bastante moderno, yo creo que te gustará – explicó. Hermione asintió, aceptando el plan que le proponía.
Llegaron al lugar y Draco no había mentido. Era un restaurante absolutamente moderno. El suelo era de cristales en los que cada pisada se reflejaba como si estuvieras pisando agua, el techo y las paredes eran de cristales iluminados de diferentes colores.
Se sentaron en una mesa. Hermione lo hizo hecha un manojo de nervios. Se había intentado relajar en el trayecto en coche hasta llegar al sitio, pero era imposible. Pensar en pasar tanto rato con él le producía una angustia y una inseguridad terrible.
-Relájate Hermione – le dijo Draco cuando los dos se hubieron sentado, frente a frente. Hermione, inevitablemente, le sonrió con complicidad. Aquello era lo peor de todo. Malfoy la conocía y podía averiguar que se trataba de una farsa.
-Lo siento – dijo con voz dulce, intentando sonar lo más convincente posible – no lo puedo evitar – dijo simulando inocencia.
Draco la observó, con una media sonrisa. Adoraba las expresiones de la joven.
-Tranquila – le dijo con voz cálida – sólo es una cena de dos viejos amigos – bromeó para aligerar la conversación. Hermione suspiró, notándose cada minuto algo más relajada. Se acercó un camarero y pidieron varias comidas, se trataba de mezclas curiosas que a nadie se le ocurriría hacer en la cocina de su hogar, pero debían de estar muy ricas, ya que todo el local estaba repleto de gente.
-¿Cómo te va todo? – preguntó Hermione, bebiendo un sorbo del vino que habían servido. Era dulce.
-No me puedo quejar – empezó explicando Draco que de vez en cuando miraba a la castaña y se reía por las mejillas encendidas que tenía por la vergüenza – después de la guerra me centré en las empresas de mi familia y me he dedicado a expandirlas por Europa. – Contó a la joven – algunas han llegado a Estados Unidos o a China, pero todavía tengo mucho trabajo por delante – la joven le observaba. No sabía muy bien qué decir. Le parecía tan extraño estar hablando como si nada hubiera ocurrido con él.
-¿Sobre qué son las empresas? – se interesó en saber la joven, cada vez más relajada.
-La empresa trata de promocionar a otras empresas que necesitan asesoramiento publicitario – explicó de manera simple, comiendo poco a poco el contenido de su plato - ¿cómo te va todo a ti? – preguntó deteniéndose a mirarla.
-Tras la guerra me ofrecieron un puesto en el ministerio, en el departamento de leyes mágicas – explicó, notando la mirada de él fija en ella – aunque me imagino que eso ya te lo habrá explicado Pansy. Trabaja conmigo desde hace pocos meses – dijo la joven.
Draco negó – Pansy no me había comentado que estaba trabajando contigo, me enteré el otro día cuando os vi en casa – dijo – No sabía que os llevarais tan bien – comentó, bebiendo un trago de vino. Mantenía la vista fija en ella, sin ningún pudor o timidez, al contrario que ella, que no sabía cómo llevar la situación.
-En realidad nos empezamos a llevar bien hace pocas semanas – explicó ella, mirando al plato y del plato a los ojos grises del joven, que no paraban de intimidarla. Se odió por ello. – Hemos coincidido en algunos lugares fuera del trabajo y a partir de ahí nos hemos ido llevando mejor. La verdad es que me ha sorprendido su forma de ser – comentó, demasiado sincera para su gusto. No había visto en lo que llevaba de cena la varita por ninguna parte. Menudo plan más absurdo.
-¿Por qué? – se interesó en saber el Slytherin.
-Pensaba que era más… - pensó intentando buscar la palabra correcta – fría quizá – dijo convencida del término escogido.
-¿Slytherin? – le preguntó con una sonrisa ladeada, observándola ponerse colorada.
-Imagino que sí – respondió mirándolo con una falsa sonrisa, al menos había podido disimular en aquello.
-Pansy siempre ha sido una gran Slytherin, excepto en la guerra. – Explicó con suavidad, el joven mago – Se olvidó de las ideas que le habían inculcado sus padres y pensó por sí misma por primera vez – dijo con un leve tono de orgullo que la joven percibió.
Hermione suspiró. No le gustaba hablar de estos temas sobre él. No había mantenido esta conversación con él en el momento oportuno, por lo que menos querría ahora.
-¿Qué ocurrió en la guerra? – preguntó Malfoy. Había observado los gestos que cogía el rostro de Hermione. La joven no estaba cómoda hablando de este tema, pero él quería hablarlo.
Ella le miró, sin saber bien a qué se refería. Intentó generalizar su respuesta.
-Luchamos y ganó quien debía de ganar – dijo tajante, mirando su plato - ¿no crees? – preguntó ella.
-Claro que sí. Pero no me refería a eso Hermione – dijo con voz grave, queriendo que ella le mirara a los ojos. -¿Qué ocurrió con nosotros? – preguntó. Nada más realizar la pregunta la castaña levantó la mirada y le observó. La cena se le estaba yendo de las manos, no iba a sacar nada útil para su jodido plan. Además, la conversación le estaba desestabilizando por dentro. Nunca superó del todo lo ocurrido en aquella época, nunca lo haría. – Ocurrió que mataste a mis padres – pensaba ella.
-Éramos muy jóvenes y no supimos llevar la situación – dijo ella. No mentía, en realidad era algo que de verdad pensaba. – Tú formabas parte de tu bando y yo del mío – explicó mirándolo sin rencor, completamente sincera por primera vez desde hacía años.
-Nunca entendí por qué te alejaste tanto de mí – dijo en voz baja el rubio, todavía le dolía a él también el tema – siempre te expliqué que pasara lo que pasara quería que estuviéramos juntos.
Hermione entonces recordó todo. El dolor que sintió cuando él no daba señales de vida, cuando él no respondía a sus cartas. El sufrimiento que tuvo al enterarse de qué crimen cometió. Era algo insoportable para cualquier ser humano.
-Durante la guerra pasaron cosas que no se borran por un amor adolescente – dijo ella bajo la atenta mirada gris de su acompañante – no sabíamos a qué nos enfrentábamos. Todo los vino grande a los dos.
-¿Sólo era un amor adolescente? – inquirió con reproche hacia las palabras que había utilizado.
-Sí – dijo tajante – ambos quisimos que solo fuera eso – le respondió en el mismo tono por todo lo que él la había hecho sufrir. Se estaba yendo todo el plan a pique.
-Creo que me conoces Hermione – dijo pillando de improviso con esas palabras a la joven, que le miraba expectante a lo que le iba a decir – y sabes que si hoy estoy cenando aquí contigo no es porque seas una vieja amiga – ironizó – ni tampoco porque piense que lo nuestro fue un amor de críos - explicó mirándola con inquisición.
La joven bajó la mirada, débil. Era la peor situación que pudo imaginar. No solo porque no iba a poder conseguir la varita con la que culparle, sino porque cada vez se sentía más insegura frente a él. No estaba segura de qué contestarle. Deseaba decirle todo lo que pensaba y así poder dejar en paz aquél pedacito de su interior que aun no se había cerrado. Él no se merecía su sinceridad, pero debía de hacerlo por ella, por sentir la tranquilidad de haber tenido la conversación que ansió años atrás.
-Creo que esta conversación llega tarde, Draco – dijo sincera, viendo como él iba a protestar – claro que nos quisimos, muchísimo – reconoció – pero eso ya ha quedado atrás. No supimos llevar el peso de una guerra sobre nuestra relación – terminó observándole.
-¿Ahora me vas a decir que has olvidado todo? – preguntó enfadado. Sabía que estaba enfadado, siempre actuaba así cuando las cosas no salían como deseaba. - ¿Me has olvidado por el gilipollas de Weasley? – le reprochó sin alzar la voz, escupiendo veneno en su frase.
-Tú no diste señales de vida tras la guerra. – Dijo ella en el mismo tono, no se iba a dejar amedrentar – Te busqué, intenté hablar contigo por todos los medios, hice todo los posible por volver junto a ti. Pero desapareciste del mapa – le reprochó todo lo que había deseado hace años. Sintiéndose relajada al hacerlo.
Draco Malfoy permaneció en silencio, sin saber qué contestar.
-No puedes pretender volver conmigo, después de haberme abandonado después de la guerra – continuó hablando Hermione, soltando todo lo que llevaba adentro.
-Debía de cargar con el peso de haber pertenecido a los mortífagos – gritó a media voz, pasándose una mano por el pelo, desordenándolo, nervioso.
Ella entonces negó mentalmente hablar sobre su pasado como mortifago, aquello era excesivo para ella. No iba a hablar sobre los crímenes que cometió. Jamás.
-Pero ahora he vuelto a ti porque quiero volver contigo – continuó hablando él. Se le notaba cada vez más nervioso a cada palabra que pronunciaba – ¿Has olvidado todo? –Insistió presionándola con su mirada gris – Responde – volvió a decir.
Hermione lo miró rendida.
-Claro que no lo he olvidado Draco – dijo sincera. Nunca iba a poder olvidarlo del todo, eso era algo que había asumido tres años atrás. – Pero no creo que debamos volver – dijo sincera. A la mierda su plan de venganza. Ya pensaría nuevas formas que no fuera engatusándolo. Al fin y al cabo ella no era capaz de engatusarle sin involucrarse en exceso.
-¿Por qué no? – dijo alzando la voz. Estaba demasiado nervioso y comenzaba a estar enfadado ante la negativa de la bruja - ¿Acaso prefieres estar acostándote cuando tú quieras con el idiota de Weasley? – le escupió sin pudor. Harto de aquella situación.
-No metas a Ron en esto – le dijo con voz cortante. – Creo que nuestro momento ya pasó Draco, el tiempo nos ha cambiado y nos ha devuelto a nuestro lugar – susurró mientras se levantaba y se marchaba con rapidez.
