SINNERMAN

Eh, eh. ¿Estáis ahí? Eh. ¿Qué sí estáis ahí? Eeeeeh (macarena). Uá.

Como siempre, aquí esta muje' dando por saco, para no variar. ¿Por qué no tengo un saludo chachi? Que cutre soy. Sí, sí, hace la pera que no subo esta historia, y la verdad es que… No tengo excusa. Si me matáis, por favor, en la cara no. (¡Soy una Faller!)

Estuve un tiempo sin dar mucha señal (aunque nunca la he dado ya que no soy muy inteligente blablablaaa) con este fic, pero intentaré subir algún capítulo de vez en cuando, de lo que sea. (Free style!) Tener más visitas que antes y menos reviews no me motiva, es más, me resulta intrigante... (¡Nooo! ¡Complot, nooo!) Pero no me parece bien dejaros a medias, se lo he prometido a alguien. (¡Sorpresa!) Pueda que no pueda decirlo siempre pero si me veo capaz de terminar este fic, lo que la estrella empieza, la estrella (de la muerte) termina…

Lo digo en serio, yo soy así. Lo tengo que actualizar ahora, ¿estamos? Sino, se romperá el espacio tiempo, la órbita de los planetas desbocará, la luna se nos caerá encima y todos moriremos, ¡entre terrible sufrimiento! (Soy Sheldon Cooper… Nah.) Es como cuando viajas al pasado, estornudas frente a un dinosaurio y cambias el futuro, (¿quién no lo ha pasado alguna vez?) pues the same. ('amos, 'amos.)


Y aquí, os dejo la continuación del capítulo anterior, ¡espero que os guste bellezas!

Dedicado (tarde) como prometí a Nimbusmind por ser la number one hundred en another fic. (¡100!) ¡Gracias preciosa! Te quiero más de lo que mis manos se separan en dirección contraria. Las mates no es lo mío, pero te aseguro que es en demasía. (Cenkiu belleza.)

(Do)Reeeee(mi)sumeeeen: … Mejor, vuelve a leer desde el principio. (¡Muajá! :D)

Bell Star


Música para escuchar hoy:

Me against the world

No tengo ningún lugar al que ir,

ni donde huir.

Les encantaría verme caer,

piensan que todo lo saben…

¡Soy una pesadilla!

¡Un desastre!

Eso es lo que siempre dicen.

Soy un caso perdido,

no un héroe.

Pero lo lograré,

a mi manera.

Les mostraré, que se equivocaban.

Yo contra el mundo.

¡Soy yo contra el mundo!

(Simple Plan)


Capítulo 6

7 años atrás.

"La familia."

Kid volvía más rápido que nunca a casa, mordiendo el cuello de su gabardina. En él es típico retrasarse, nunca llega puntual a ningún sitio. No le da importancia. Por eso no es capaz de mantener sus citas, por eso y por varias razones que ni él mismo entiende ni entenderá.

Alarmado, ve el tejado negro de su casa. Desde la ventanilla abierta del coche de Harvar, observa con un semblante aterrado. Harvard dirige el coche temerario, adelantando todo tipo de vehículos, saltándose varios semáforos en rojo y a poco, atropellando algún que otro par de transeúntes desviados.

Probablemente los helicópteros de tráfico le hayan pillado infraganti y más tarde llegue una multa de cantidades aún más alarmantes a su banco familiar, cosa que le resbala la moral puesto que ganó el carnet en la tómbola de las fiestas su pueblo. "Dump City". Pero por una vez Kid, estaba de acuerdo. La situación no era para menos.

Porque su piso había estallado en llamas.

Finalmente Harvar, teniendo que esquivar una fila de camiones de bomberos, llega a su destino y aparca sin cuidado frente a la entrada del hogar, llevándose por delante una señal de STOP flotante en el proceso. Kid sale disparado, Harvar le sigue sin antes llevarse las manos a la cabeza por lo que la malvada señal le había hecho a la boca de su churri, también llamado "Aero-coche".

Vislumbran el humo negro saliendo por todas partes, tapándose la nariz con la manga del traje. Adentrándose a la zona cero, los bomberos y los robots juntos, intentan por todos los medios apagar el fuego desde fuera y desde dentro del edificio de ocho pisos.

Rodean varias mangueras, hiladas en el suelo. Kid enseña su placa a los policías, que escudriñan la zona para que la gente, que con asombro observa el desastre, no traspase la barrera que han formado y puedan herirse por los escombros o el mismo fuego anaranjado. Consiguen atravesar la barrera, dejando todo aquello atrás. Una gran columna de humo les recibe, como si su piso se hubiese convertido en la fundición de la ciudad, una gran chimenea de ladrillo.

Kid contempla expectante como se quema, como el fuego devora su casa y la de sus vecinos. Las escaleras de los bomberos subían sin vacilación a recoger a personas y trabajadores que se estaban asfixiando, quemando.

Sus muebles, sus fotos, sus cuadros y el papel higiénico bien colocados, todo se ha ido al garete. Su trabajo en el que había trabajado tantos años. Todo quedaría reducido a cenizas.

—¡De eso ya te preocuparás luego! ¡A lo importante!

Vuelve en sí, Harvar le zarandea con fuerza el hombro y ambos se dirigen hacia la zona de las ambulancias. Harvar es un hombre con ideales propios, capaz de hacer lo que fuese por conseguir lo que quiere, pero también para proteger a los que quiere.

—Perdón, tienes razón —el moreno se disculpa, sin aliento.

—¡Cállate idiota! —Harvar le golpeaba en la nuca, nervioso.

Kid y Harvar se detienen en seco entre las ambulancias, girando la cabeza de un lado a otro, buscando. Allí estaban varios de sus vecinos siendo atendidos, quemaduras de todos los tipos y tamaños, niños llorando sin consuelo, bomberos con la piel quemada y robots que no podían soportar más el sofocante calor. Un par de amables ancianos de la sexta planta que el mismo Kid conocía, eran trasladados sin discusión al hospital con las caras y el cuerpo chamuscado, casi irreconocibles. La mujer, la madre que vivía en la tercera planta era cubierta por una bolsa plateada. Se había ido.

La preocupación de Kid aumentaba por momentos. Un nudo inexpugnable se había formado en su garganta y no daba signos de querer abandonar.

—¡Allí! —Harvar gritaba esperanzado, señalando a una de las ambulancias blancas que hacía sonar su sirena. Las puertas traseras estaban abiertas, un par de niñas peleaban.

—¡Es todo culpa tuya! —Liz chillaba con una voz aguda que presentaba cambios en su adolescencia.

Su pelo corto y rubio estaba quemado en las puntas.

—¡No es cierto! —Patty respondía con un tono aún más chillón, más infantil—. ¡No es cierto!

Se aferraban con sus pequeñas manos, a las americanas gruesas con las que los bomberos les habían arropado.

—¡Sí que lo es!

—¡Mentirosa, eres una mentirosa! —las lágrimas que asomaban por sus mejillas cubrían su cara de cenizas negras—. ¡Me quiero ir a casa! —Patty explotaba en llanto.

—¡Está ardiendo idiota! —Liz se unía a su hermana, abrazándose la una a la otra—. ¡No quiero que te pase nada malo, estúpida!

—¡Qué más da, callaos de una vez! —Tsubaki lloraba a moco tendido en una esquina con los ojos cerrados, tapándose los oídos—. ¡Dejad de discutir!

Harvar se acercaba a ella y la cogía entre sus brazos.

—No pasa nada —murmuraba en voz baja y tranquilizadora. Se sentaba en medio de las tres, y ellas se apegaban con ternura como las abejas a la miel…

—¿Qué ha pasado? —Kid pregunta acercándose lentamente, con los nervios a flor de piel.

—¡Es el tercer piso! ¡Algo ha explotado! —Liz volvía a chillar, con la voz llorosa, escondida en el pecho de su hermana pequeña.

—¿Qué? —él cerraba los puños con fuerza. No quería imaginar lo que su cabeza estaba maquinando. "No podía ser", él pensaba, "todo menos eso"—. No…

"No podía ser su culpa, ¿le habían descubierto?"

Una voz diminuta pero llena de coraje le sacó de sus absurdos pensamientos. Esa voz. Kid lo adivinó al momento. Se dio la vuelta y miró hacia abajo.

—¡Kid! —repetía, la voz se aproximaba.

—Maka, ¡espera! —Spirit intentaba detener a su hija, persiguiéndola con su chaqueta en los brazos—. No corras.

—Kid, Kid date prisa —Maka corre temblorosa, envuelta en una manta. Le ruega aferrándose a su pantalón con lágrimas cristalinas, brotando de sus ojos verdes y asustados—, ¡Soul y Black siguen dentro! —berrea entre los espasmos de su garganta seca—. ¡Tienes que ir a ayudarles, Ragnarok se fue y no ha vuelto! —se apartaba las lágrimas de los ojos con los manos cerradas.

Kid guardó silencio por un segundo. No estaba pensando, ni observando a nada realmente. Sólo necesitaba ordenar la información, y entonces cuando por fin logró entenderlo, se movió.

—¡Quedaos con Harvar —ordenaba posando la vista en cada una de sus niñas. Giró sobre sus pies—, y Spirit!

—¡Kid! —Harvar hacía un amago de seguirle, pero sabía que no podía, no en ese momento. Volvía la vista hacía las niñas que le miraban con esos ojos grandes y asustados, no se podía separar de ellas, tenía trabajo extra del que encargarse.

Maka miraba como Kid se alejaba velozmente hacia el edificio en llamas humeante. Como si se tratase de una vela derretida que alguien acaba de soplar por su cumpleaños. Sus coletas estaban desechas y su padre, desde atrás, le colocó de nuevo su chaqueta negra sobre los hombros.

—Papá —Maka susurraba sin levantar la vista un ápice…

El corazón de Spirit disparó las pulsaciones, asombrado y sobrecogido. Su hija le había llamado como le tenía que llamar su hija. Acarició la cabeza de Maka, agachándose a su altura.

—No te preocupes —Spirit sonreía cálidamente—. Los traerá de vuelta.

Maka desvió la mirada, cerró los ojos y asintió con firmeza.

—Sí.


El chico contra el mundo

Para Spirit hoy sería un día sencillo. Como presentador de purgas ha de mantener una imagen lasciva y divertida hacia sus espectadores, "lo que está previsto"; cosa que no le cuesta demasiado. Pelirrojo, divorciado, después viudo, treintañero y un padre primerizo que ha perdido el dulce amor de su única hija a la que tuvo con quince años por un condón roto. Aquel que dice todos los nombres de las madres de las amigas de su pequeña, antes que el de su pequeña.

Como la madre de Sara. O la madre de Rachel.

Trata de entenderla, de mejorar, incluso lee más, y no funciona. Pero no se rendiría, tarde o temprano conseguiría que ella le quisiese. Fuese como fuera, fuera como fuese. Es lo único que le queda.

Pero después de este día tan, ¿sencillo?

Ni aunque los cerdos volasen.

O tal vez, ¿se equivoque…?

—¿Quién eres tú? —Spirit chilló por el micrófono—. ¿Qué estás haciendo? —veía como el albino subía al teatro, para matarlo—. ¡No puedes hacer eso! —se escucha una interferencia en el micro, que hace que todos se tapen los oídos. Su voz se ha cortado por completo. Retrocede asustado.

Y es que el pelirrojo ha tirado el micrófono al suelo de aquel escenario. Se hace el silencio en toda la sala, como si algo importante acabase de pasar. Él no se cree lo que está vislumbrando. Toda esa luz le hacía ver visiones, tal vez fuese un extraterrestre que venía a abducirlo. La expresión: "tengo los huevos en la garganta", le venía que ni pintado.

—¡Tú! —el albino chilla, enseñando sus colmillos como una serpiente. Es detenido de pies y manos, por tres verdugos. La luz le da de lleno, se está quemando, y grita de forma desgarradora.

"¿Cómo ha pasado esto? ¿Qué hacía el idiota de Soul aquí?" Cómo, ha llegado. Las preguntas vuelan por su mente.

Spirit permanece expectante, cuando un cuarto verdugo aparece tras su espalda.

—Albarn, ¿te encuentras bien? —pregunta, él se gira inadvertido.

—¿Qué? —frunce el ceño. Abre los párpados a más no poder.

Observa la escena, y cae en la cuenta.

—No, no —corre hacia los verdugos, implorando, manteniendo la distancia mientras el albino se quema los brazos—, ¡esperad! ¡Quietos! —levanta las manos, no sabe cómo pararlo.

Si lo detiene, pondría en peligro su trabajo, a él, a su familia. A su propia hija que tanto le detesta. Pero si no hace nada, Maka le odiaría para siempre. Que dilema.

Se revuelve el pelo con nerviosismo, y oye el grito de un hombre tras de sí, que le saca de sus pensamientos. Se da la vuelta por última vez. Uno de los verdugos está siendo mordido por la vampiresa de pelo rosa. Le tiene sujeto del antebrazo, se lo quiebra y le lanza a sus pies, manchándole sus caros zapatos negros azabache de sangre, mientras el hombre chilla de puro dolor. Y no sólo él ha caído, varios verdugos envueltos en un mar rojo son el rastro de aquella mujer, que se arranca las cadenas de un tirón con aquella pequeña niña tras sus rodillas. Juntas se acercan velozmente, hacía él.

Que espectáculo. Tan desastroso. Que de gente quería matarlo hoy, más de lo usual. Tales como prostitutas de baja y alta cuna, managers de tres al cuarto, el banco nacional europeo y la mafia de la pseudo-china a los que debía "mucho dinero", claro estaba que ya no podía romperle la hucha con forma de cerdito rosa pastel a su hija. Pero hoy eran vampiros por similitudes varias.

—Tch —Spirit mordiéndose la lengua, le da una patada al micrófono, lo alza en el aire y lo agarra ferozmente con la mano. El instrumento comienza a brillar, recrea el sonido de un murmullo silencioso, como una ola del mar al chocar con otra. Es una pistola de descargas eléctricas.

La vampiresa retrocede molesta, y desnuda. Detalle que excita a Spirit en cierta forma.

No es presentador de purgas por nada. Ganó el trabajo en un sorteo, pero tuvo que rellenar el papel. Y leerse las instrucciones, ¿quién en su sano juicio se lee unas instrucciones? Nadie.

—¡No le toques! —Soul grita a su espalda, luchando contra el agarre de los verdugos. Las descargas que le propinaban no parecían tener el efecto esperado en él. Tal era su ira que no parecía sentirlas.

Hacían falta tres hombres para inmovilizarlo, si uno solo decidía ayudar al pelirrojo podían dar por seguro que Soul se encargaría de cargárselos uno a uno. Estaba entre la espada y la pared. Si decidía ayudarle, la vampiresa lo mataría, y si decidía no hacerlo igualmente la vampiresa le mataría, y Soul acabaría haciendo alguna estupidez. Que es lo único que sabe hacer.

Spirit conocía muy bien a Soul, nunca le había caído bien realmente, pero su hija sí le quería, demasiado quizá, y lo que dijera su hija, iba a misa. Lo conocía tan bien, que lo que él temía que pasara, ocurrió.

—¡Quitaos de encima! —el joven vampiro, agarró los sacos negros que cubrían la cabeza de dos verdugos, y de una sacudida hizo que chocaran entre sí como dos sandías maduras. Dos menos. Ya sólo quedaba uno. Spirit se encontraba estático y bastante sudoroso.

Soul cayó al suelo como un gato de dientes afilados. Sus uñas crecieron por instinto y su piel generaba un vapor maloliente en las zonas en las que se había expuesto a aquella luz cegadora.

Entonces el tercer verdugo arremetió contra él intentado atraparlo, pero el albino fue más rápido. Esquivando al hombre fornido le agarró el cuello con ambas manos, clavando las uñas en su pecho, y mientras el hombre gritaba, le lanzó contra esa especie de panel solar, tan extraño y que tanto daño le estaba provocando. El tercer verdugo quedó clavado al igual que un cuadro en relieve. Comenzó a arder como la pólvora. "El verdugo ardiente."Y segundos más tarde, el panel estalló cuales fuegos artificiales de feria, quemando panel tras panel. Comenzaron a caerse, los focos, el techo, los propios paneles. Todo un espectáculo desastroso de nuevo. No tardaron en llegar a sus oídos los gritos del público, chocando unos contra otros, huyendo como un mar de gente hacía la salida más cercana. El vampiro había provocado un incendio, descomunal.

"Una estupidez a la altura de un terrorista suicida como Soul, sólo es capaz de hacerla Soul."

Los plomos saltaron.


Gradas.

Maka corrió lo más que sus delgadas piernas la permitían correr, dejando a Black Star atrás, él mismo se lo ordenó. Buscando cualquier cosa que pudiese distraer a toda esa masa de gente. Ahora todo el mundo, en pie, podía ver a Soul. Y lo que eso significaba. Asustada, decenas de futuros inciertos pasaron por su mente, creados por la idea de que se lo llevasen de su lado.

No sabía qué hacer. Tan sólo correr. ¿De qué? ¿A dónde? Eso la habían enseñado.

A su espalda, percibió un ruido atronador. No podía describirlo, sonó como un centenar de huesos al romperse. Y cuando se quiso girar para averiguarlo.

La oscuridad inundó las gradas.

Oía gritos agudos, y varias manos la empujaban de un lado a otro. Acorralada. Maka vislumbró el fuego, el olor a quemado la inundó por dentro. ¿Y qué pasó después? Que Maka siguió corriendo.

Y no pensar. Creer en situaciones que todavía no han pasado, no las hace ciertas. Sólo te hace perder el tiempo, cuando puedes hacer algo mucho más útil que parecerte a una piedra.

Así que siguió, en una de las paredes encontró una alarma de incendios que brillaba junto a las luces de seguridad y no dudó en romper el cristal, activándola. El agua comenzó a caer como la lluvia helada sobre todos los presentes. La espuma comenzó a rodear aquellos extravagantes paneles. Los gritos de sorpresa y miedo comenzaron a inundar la grada, que escapaba como podía con la fuerza de una manada de antílopes rezagados, ante aquel incidente tan peligroso.

"¿Si había fuego, por qué no saltó la alarma sola?"

Maka ya había hecho la primera parte, ahora sólo quedaba un problema por resolver: "¿Y los demás? ¿Dónde están? ¿Estarán bien?"

Soul, Black, Spirit. No conseguía encontrarles.

"¿Cómo llegar hasta ellos?"

Maka tuvo una idea.


Escenario.

—¡¿Qué estás haciendo?! —el pelirrojo reunió valor para preguntar a Soul, no había nadie cerca, nadie que le descubriese, ni que le ayudase tampoco, solo ante el peligro de aquella vampiresa—. ¡Te has vuelto loco!

No obtuvo respuesta que valiese la pena, más que un murmullo. Soul expectante, le temía al fuego más que cualquier otra cosa en este mundo. Tal era su terror ante las llamas naranjas que no era capaz de moverse un centímetro, rígido como una tabla, se sentó en el suelo escondiendo la cabeza entre las piernas, abrió los párpados con desmesura, mirando al suelo. Pensando en otra cosa, como Kid le había enseñado.

Spirit pensaba, "¿cómo era posible que aquel panel hubiese estallado de tal forma?" No tenía tiempo para pensar en una respuesta coherente. Tenía otros problemas aún más gordos.

El humo comenzó a inundar el escenario, impidiendo la vista de todos los presentes, más allá de tres palmos. El pelirrojo comenzó a toser, llevándose la mano a la boca mientras sus ojos se humedecían. La otra mano la mantenía firme hacia la vampiresa de cabellos rosas que sonreía con malicia.

Ella fue cubierta por la espesa capa de humo, se acercaba a Spirit con decisión. Si no fuera por el grito que oyó venir de la pequeña que había a espaldas de la vampiresa, podría dar por sabido que a esos seres demoníacos no les afectaba el humo negro. Sino le asesinaba aquella mujer, el techo se le caería encima. Cegado, Spirit pidió ayuda al albino, pero éste seguía en la misma posición inicial.

—¿Soul?-

Spirit no llegó a finalizar. La vampiresa le encontró, y como una leona se abalanzó sobre su presa. La más pequeña se mantenía asustada en una esquina.

—Já —rió ella, preparándose para hincarle el diente a Spirit como si fuese el pavo relleno de Navidad. Él intento zafarse de ella, pero le era imposible escapar, su micrófono resbaló de la palma de su mano y ella le tenía bien amarrado por los hombros. La chica pesaba más que un elefante.

No era la primera vez que una mujer le atosigaba de forma tan excitante. La única pega es que ésta iba a aniquilarlo y a chuparle toda la sangre del cuerpo, le iba a arrebatar hasta el rojo del pelo.

La vampiresa le muerde en el cuello, clavándole los colmillos como si se tratase de un mosquito gigantesco que le absorbe por dentro; Spirit siente arder su sangre, cierra los ojos y aprieta los dientes para no permitirla oír ni un quejido suyo, sería un mal marido, un mal padre, un fumador enfermizo, pero tenía coraje. Aunque necesitaría unos calzoncillos nuevos si salía de esta.

De pronto, empieza a llover. ¿Lluvia en el teatro? Empieza a nevar. Spirit respira con fuerza por la nariz, el humo se disipa y el fuego se apaga poco a poco, dejando los escombros del desastre a la vista. Había pasado tan rápido.

Hoy era una noche llena de misterios.

Comienza a marearse, a perder el sentido. Se imagina varias pisadas acercándose, ya no siente nada. La cabeza le da mil vueltas, iba a morir. "¿Cómo iba a explicárselo a su hija?" Seguro que ella no lloraría por él, pero tampoco es que se lo haya puesto muy difícil, era el peor padre de la historia. Sólo podía esperar que no llorase, porque no se lo merecía.

Pero la vampiresa se detiene, levanta la cabeza, cubierta su boca de sangre, abre sus ojos de gato como platos sintiendo el agua fría que tanto detesta en el cuerpo. Y cuando menos se lo espera, ella sale disparada rodando por entre el suelo chirriante. Un chico la embiste en el costado como un salvaje toro ensabanado.

Spirit consigue sentarse, llevándose la mano a la herida del cuello, asustado. Recobrando la vista poco a poco, aún se siente mareado, vislumbra al albino agachado a su lado, nervioso, frente a frente. Ambos se miran en los ojos del otro.

—¿Estás bien? —Soul pregunta dolido, agazapado.

—Más o menos —Spirit sonríe, y no sabe por qué. Soul se la devuelve con otra sonrisa tímida.

Aunque tal vez hubiese sido el vampiro la causa, le había salvado la vida. Apenas quedaban rastros de fuego alrededor. Soul ya no tendría miedo.

"Sin fuego no hay miedo, y sin miedo, sólo queda la locura expuesta."

Su tranquilidad no dura mucho tiempo. Han bajado la guardia. La vampiresa desnuda, se abalanza veloz contra Soul con inquina. Ambos ruedan entre los escombros, empapándose por el agua sucia. Por mala fortuna, la vampiresa es más fuerte. Posa los pies firmes en uno de los charcos, enterrando las rodillas en el estómago del vampiro de ojos rojos. La vampiresa le sujeta de la camisa y le golpea contra el suelo de espaldas, quebrándolo. Dejándole hundirse en la tarima resquebrajada del teatro. Soul suelta un grito de puro dolor, mientras ella le sigue empujando hacia abajo.

Deseaba que Black Star estuviese aquí para ayudarlo. El chico clava las uñas en las manos de la mujer, en los brazos, pero apenas suelta un quejido. Como una asesina, totalmente inmune a la tortura.

—¿Quién eres? —la mujer voraz susurraba para sí misma entre dientes. Con las dos manos alrededor del cuello del joven albino, comienza a asfixiarlo—. ¿Te has perdido, gatito?

Spirit, se levantaba a trompicones, observando. Hace el amago de intentar acercarse, de ser útil. Pero cae al suelo de rodillas, mareado. Ha perdido demasiada sangre.

—Maldición —susurró, golpeando el puño contra el suelo.

"¿A que había venido este chico?" Y cuál era, su maldita intención.


7 años atrás.

—Rags, ¡Black! —Kid grita protegiéndose la cabeza, se cuela entre varios policías y bomberos, acercándose al lado oeste del edificio. Ragnarok lleva a su hermano pequeño en brazos, están bajando las oscuras escaleras traseras de huida, escapando del incendio—. ¿¡Y Soul!?

Ragnarok negó tristemente en rotundo con lentitud, sujetando a su hermano pequeño entre sus brazos. Copos de ceniza caían sobre sus cabezas.

—Está dentro —sin que Kid se lo espere, Black Star murmura en un pequeño susurro. Parece costarle una vida el poder hablar, a Kid se le cae el alma pedazo por pedazo al escuchar aquella voz ronca que lucha por formar palabra—... Lo siento Kid… ¡No lo encuentro!

Black Star comienza a gimotear, lleno de impotencia, aferrándose con aquellas pequeñas manos en el jersey de su hermano mayor.

—Eres un idiota —colgado como un mono de las barandillas, Ragnarok le daba al pequeño un coscorrón con los nudillos. Pero no hacía que su hermano menor reaccionase lo más mínimo, escondiendo la cabeza en su pecho.

—Tranquilo —Kid susurra cariñosamente, acariciándole la cabeza—… Yo sé dónde está —Kid afirmaba con seguridad.

Black Star levanta el mentón, pegando la mejilla a la de su hermano. Tiene la cara totalmente negra, parece un dulce conguito. Ambos hermanos se quedan callados, observándole. Kid sonríe de oreja a oreja.

—¡Kid! —gritaron los dos a la vez, despertando del letargo que Kid causaba en las personas; alargando el brazo en vano.

Trepando hábilmente, Kid consigue llegar a la cima. Su casa. En el séptimo piso se cruza con un bombero bastante rellenito.

—¡Eh, ¿a dónde va?! —el hombre grita, señalando a aquel hombre moreno de traje; sujeta una endeble manguera—. ¿Está loco? —ha dado en el clavo—. ¡No queda nada ahí arriba, vuelva abajo y aléjese del edificio!

—Lo siento, ¡me he dejado dentro algo muy importante! —Kid le esquiva sin dificultad y sigue su camino, al octavo piso.

La humareda le golpea de lleno, pero no le es necesario respirar durante mucho tiempo. Puede aguantar eternidades sobrehumanas sin llenar sus pulmones. Su vista se agudiza.

—¡Oiga, deténgase! —oye como el hombre le grita por última vez. Es inútil. No va a rajarse ahora—. ¡Alto!

Kid intenta levantar la ventana, viendo que no tiene solución, aun yendo contra todos sus principios, tensa su cuerpo y la rompe sin cuidado. Entra de un salto, pisoteando los cristales rotos; si no lleva cuidado el suelo cederá ante sus pies, o incluso el techo. Debía tener mil ojos. No podía ver gran cosa por culpa del incesante humo gris, y negro como el carbón. Aquello que en su día fue el pasillo de su pequeño apartamento, no era más que un camino lleno de montones de escombros apilados en las esquinas, cayendo desde arriba. Las paredes quemaban de tan sólo rozarlas con el vello. Era un infierno.

A ciegas y sin detenerse por el trecho, llamaba el nombre del pequeño vampiro.

—¡Soul! —apretaba los dientes y chillaba más fuerte—. ¡Soul!

Palpando cada objeto, con cuidado de no tropezar por el suelo chirriante alcanzó la puerta del desván. Ahí siempre se esconde aquel peligroso y poco feroz vampiro albino.

—¿Soul? —preguntó desesperado, apegándose al borde del portón, golpeándolo con los puños—. ¿Estás ahí?

Kid se asustaba por momentos, no obtenía respuesta alguna.

Hasta que de repente:

—¡Kid! —lloraba desconsolada una voz desde el otro lado, el golpe de su cuerpo contra la puerta fue escuchado por el moreno—. ¡El fuego, no puedo salir!

Kid se acordaba de todos los dioses habidos y por haber, y daba gracias.

—¿Qué haces ahí? —Kid intentaba sonar lo más calmado posible, pegando el oído a la superficie de la puerta, mientras el fuego lo rodeaba sin desdén—. ¡Soul, ¿me oyes?! —se apresuraba, no podía dejar que Soul muriese, "por encima de su cadáver"—. ¡Tienes que salir ojos-rojos!

—¡No! —Kid escuchaba un par de gemidos. Soul estaba aterrado, se alejó del portón—. ¡Me voy a quemar!

—Vamos Soul, ¿qué te digo yo siempre? —Kid intentaba hacerle entrar en razón, calmarlo sería imposible y él comenzaba a toser sin control, tarde o temprano, por muy fuerte que sea, la falta de aire le debilitaba inevitablemente.

Sin fuego no hay miedo, y sin miedo —Soul comenzaba a relatar a grito pelado, sorbiendo por la nariz—… Sólo queda la locura expuesta —agazapado en el suelo, se protegía la cabeza con las manos—. Pero, no me puedo mover.

—Soul, ¡no puedes quedarte ahí! —Kid suplicaba, aporreando la puerta—. ¡Tienes que ser fuerte!

—¡Pero no lo soy! —Soul estaba en llanto de nuevo.

Kid fruncía el ceño, sin saber qué hacer. No quería asustarlo más.

A pesar de ser tan pequeño, Soul poseía una fuerza sobrehumana. La de un diablo, la de un vampiro. Para él, el tirar esa puerta, esa barricada no era ningún problema. La dificultad estaba en lo que esperaba fuera. El fuego le aterrorizaba de tal forma que lo dejaba paralizado. El simple hecho de observar la llama le hacía gritar sin control. Una fobia difícil de superar.

—Me dijiste que si hacia eso se iría —la voz rota de Soul le sacó de sus pensamientos—. ¡Que no me haría nada!

—¡Sé lo que te dije, pero esta vez es diferente! Tienes que salir de ahí —el moreno bajaba la cabeza, juntando la frente sudorosa en la puerta—. ¡Yo me encargaré de que no te pase nada!

Él prometía.

—¡Kid, tengo miedo!

—¡Yo también lo tengo Soul! —Kid se sinceraba de un chillido, comenzó a respirar por la boca. Ambos sentían como el suelo se movía—. A todos nos da miedo el fuego.

—¡Hace daño! —Soul dejaba en claro, mordiéndose los labios.

—Muchas cosas lo hacen pequeño, pero no significa que no puedas escapar de ellas —vociferó Kid, intentando abrir la puerta, golpearla con el costado. El pomo estaba ardiendo—. ¡Todos están preocupados por ti! Maka, Black Star y yo, ¡sobretodo yo! —Kid caía de bruces al suelo agotado, nervioso, las palabras escapaban de sus labios secos—. ¡Qué te pase algo, me da mucho más miedo que el fuego, idiota!

Pero tan sólo obtenía llanto tras llanto.

—¡No puedo hacerlo! ¡No puedo Kid, no puedo! —Soul lloraba, temblando como una hoja. Le tenía un terror catastrófico, que le iba a costar la vida—. ¡Lo siento!

Kid intentaba imaginarse los ojos rojos y temerosos de Soul, en ese instante. Su miedo le era superior.

—De acuerdo —asintió con los ojos cerrados, respiró profundamente entre la humareda—. Soul, aléjate de la puerta.

Un sudor frío recorrió el cuerpo de Soul por completo. Abrió los ojos de lleno dentro de la habitación, como la luna que alumbra por las noches oscuras, reluciente. Sintió un fuerte grito de dolor venir del otro lado del portón. Era Kid. Lo reconocía. Kid estaba gritando.

—¿Kid? —desobedeciendo las órdenes del mayor, Soul se levantó en el sitio, arrastrándose por la pared, agarraba las mangas de su sudadera roja con los dedos temblorosos. Los dientes le castañeaban. Sufría un calor abrasador en el cuerpo, como un helado a punto de derretirse. Aunque sentía miedo, no soportaría perder a Kid. Prefería quemarse vivo antes de tener que pasar por eso.

Acercándose poco a poco a la entrada del pequeño cuarto. La puerta fue derribada, demolida, hecha cientos de pedazos. Varias astillas diminutas se clavaban en su cuerpo. Soul se mordía los labios.

Las lágrimas salían descontroladas de sus ojos rojos. Quería salir corriendo. No era la primera vez que lo veía, pero siempre sentiría el mismo pavor, como si fuera la primera vez.

—Vámonos —el monstruo le tendía la mano por el hueco que el derribe de la puerta había originado; dudoso en un primer momento, se atrevió a hacerlo, era Kid, no podía ser malo. No podía serlo.

Kid cargó a Soul entre sus brazos, él escondía la cabeza en su torso al borde de la histeria, mientras Kid le tapaba con las manos. Al menos el humo no le haría daño a Soul. Sin previo aviso, ya era demasiado tarde, y el techo se les caía encima. Kid quedaría aplastado.

La primera vez, en ver a Kid transformado.


Escenario.

—Detente —Spirit decía alto y claro, con firmeza. Manteniendo la mano cubriendo su herida—. No le hagas daño.

La vampiresa le miró fijamente, sin detener la presión en el cuello de Soul. Él abría la boca sofocado, ya no podía respirar.

—¿Se supone que he de hacerte caso? ¿O cómo? —reía ella cínicamente.

Spirit se alertó por completo, no sabía que supiese su idioma. Soul lo sabía, pero él era un caso especial.

—Pronto vendrán una jauría de guardias a rodearnos, yo que tú huiría en este instante. Además —Spirit fijó la mirada—, ese al que estás matando, es uno de los tuyos.

—¿Ah sí? —levantó las cejas volviendo la vista al albino, con los ojos abiertos y enrojecidos, luchando por respirar—. Como si me importase —ella alzó los hombros con indiferencia.

Spirit frunció el ceño ante su gesto.

—Eres ruin.

—Y tú un oso amoroso, no te jode —la vampiresa seguía estrangulando al albino—. ¿Ahora te interesa rescatar vampiros? —se levantó sobre sus piernas desnudas, agarrando a Soul del cuello como si fuese un cachorro de gato, lo lanzó contra el torso de Spirit y este lo cogió al vuelo, chocando su espalda contra la pared ante tal fuerza que la vampiresa demostraba—. Perdona por no darme cuenta —se paseaba ella.

El olor a quemado y a carne chamuscada impregna el teatro por completo. Chispas eléctricas, blancas y azules lucían tintineantes entre los cables rotos bajo el techo. Las columnas de hierro que sujetaban los focos, comenzaban a corroerse. Y el humo negro creaba una cortina impenetrable entre el escenario y las gradas. Soul dejaba los brazos de Spirit para intentar levantarse de nuevo, pero sólo conseguía caer de bruces en el suelo. Escupió sangre a borbotones, intentando volver a respirar con normalidad.

—No puedo —Soul se detenía a toser—. No puedo con ella —negaba rendido con la cabeza, con los ojos y los puños cerrados.

Por su parte, Spirit comenzaba a perder el sentido. Como si tuviese una miopía bastante seria, y a pesar de que Soul se encontraba pegado a su pecho, veía los contornos de ambos vampiros borrosos. Así son esos monstruos, o te matan, o juegan contigo y te matan lentamente. La mujer desnuda, se acercó a ambos, agachada. Observando con esos ojos grandes y azules, como el nacimiento de las violetas.

—¿Qué vas a hacer? —Spirit preguntó, indeciso.

No tenía ningún plan que le pudiese ser de ayuda, ningún arma cerca, Soul estaba fuera de combate, no podía moverse y si trataba de hacerlo lo mataría sin miramiento alguno en cuestión de segundos. Él sólo es un humano normal y corriente. Ya nada puede hacer.

Para su suerte, escucha pisadas al compás, una voz conocida y lleva su vista a las gradas. El humo que le impide la respirar débilmente, también se obceca en no dejarle ver más allá de lo que será su lecho de muerte. "¿Y su hija? ¿Le habrá pasado algo? ¿Estará bien?"

Reza porque sea así. Pasa por su cabeza la idea de decenas de policías que se acercan a detener a la chupa-sangre que trata de acabar con ellos. Pero quizá su salvación no llegué a tiempo. Ya puede decir adiós a este mundo.

La vampiresa agudiza el oído, permaneciendo inerte, como una estatua de marfil. El silencio se masca entre los tres, Spirit y Soul la examinan de pies a cabeza.

—Soul —Spirit se carcajea sin fuerzas—, estás sangrando por la nariz.

Señala al albino con el dedo acusador. Soul se tapa se tapa el hocico con ambas manos, avergonzado, sin darse cuenta ya no tiene soporte y golpea suelo con el mentón. La vampiresa de cabello rosa, ladea la cabeza. Volviendo su atención, fija su vista en el vampiro, como el león a la gacela. Y se abalanza sobre él por última vez, golpeándole en la boca del estómago, Soul rebota en el parqué del escenario, sin aire en los pulmones.

Viendo que el pequeño vampiro no se levanta, Spirit abre los ojos con terror. Ha matado a Soul.

—Lo siento, tú me puedes dar problemas —le dice al inconsciente cuerpo de Soul, ronroneando con una sonrisa—. No es nada personal.

Y él será el siguiente.

—No me importa morir —se levanta la vampiresa, lavándose las manos.

Mientras, acecha al impasible Spirit totalmente seria, tuerce la mirada hacia esa pequeña vampiresa escondida entre bastidores, que la observa asustada.

—Pero tampoco me importaría seguir viviendo un poco más —pega su cuerpo despojado y libidinoso al pelirrojo, dejando a Spirit totalmente desconcertado—. ¿Y a ti, te interesa? —abrió su enorme boca, enseñando sus afilados y blanquecinos dientes. Rozando su cuello de forma placentera.

Spirit derrotado, asintió firmemente. La vampiresa formó una sonrisa con sus labios rojos, le agarró del brazo como si quisiese romperlo en dos y le levantó de un impulso que le hizo estremecer. Él mantenía la presión de la mano en la herida de su cuello. Por si acaso.

La vampiresa vuelve tras sus pasos, recoge a Soul del boquete que ha hecho bajo el suelo y le alza a hombros sin ningún esfuerzo, atrapándole por la cintura. Regresa con Spirit, que a duras penas se mantiene en pie. Le sujeta con fuerza del brazo, como si fuese su madrina de bodas.

—Ayúdame a escapar, y os perdonaré a los dos —le dice a su lado, plasmando la mitad de aquella sonrisa viperina. Ponen rumbo veloz hacia los bastidores, la salida—. Niña sal, nos vamos.

La pequeña corre hacia ella, torpemente y sin ninguna ropa que la tape. La vampiresa le arrebata la chaqueta a Spirit violentamente, para ponérsela sobre los hombros. Mientras la niña asustada, sujeta firmemente una de las hombreras negras, y se aferra a la mano de la vampiresa.

—Chrona —murmura la pequeña mientras corren…

La mujer la sonríe, sin soltar el agarre de su mano un ápice. Sujeta con fuerza el cuerpo abatido de Soul, y escucha atentamente las direcciones que Spirit la va dando hacia los ascensores que conducen al último piso. La azotea.

Y los cuatro se marchan.

Como una buena familia.


Beru Sutar(-mon)*:

(Will you do the Fandango?)

Bueno, yo quería hablaros de la importancia que es tener una buena higiene bucal y el uso del hilo dental diario, pero al final salió esto. (No preguntes porqué.) Espero que os haya gustado y sino (haber elegido muerte) me iré a llorar al rincón de Chrona junto a mis sentimientos (Oh no, mis feelings!) por el final chachi-pandi (de mierda) de Soul Eater. (No, no. Tranquilos. No voy a ponerme a hablar de ello. (Lloros…) Por ahora.)

Buenas, (malas) sí (no).

Sé que este capítulo, sobre todo el principio, es un poco lioso. (¡Un poco, dice la loca esta! BUAJAJA JAJA) Pero todo irá cuadrando poco a poco, como veréis no ha salido Black Star (¡porque está muerto!) no le he sacado porque quería hacer el capítulo (O no, ¡no sé qué me ha dicho!) en "telcela pelsona" expresamente para no liaros con luego una primera persona, porque si Black no hace "plimela pelsona…" No mo(ooooo)la tanto. Éste y el siguiente capítulo estarán unidos, (Junto a nuestros Digimons, lucharemos por el mundo, ¡con fuerza y amistad!) en realidad era only one, pero me quedó tan sumamente largo (¡Para librar la tierra, de las ruedas negras!) que decidí dividirlo para vuestro sustento y (¡El poder del corazón! Nananana nananá…) "saludable salud" mental. Bell os cuida. (¡DIII-GIII-MOON!) Oh sí.

(Sí nena secreta, guiño, yo soy de Digimon. Oh yeah… Mon…)


Saludos Minion para everybody. Muchas gracias por leer y por los bellos reviews (¡Reviews, el mejor desayuno de todo fanfickero! Ahora, ¡prueba los nuevos con más amor fucker! CACHÍN.) a todos, sois amor del bueno (¡como el chocolate puro recién sacado de la tableta!) en cuanto saque un hueco, ¡a responder! (Temed linduras, ¡temed!) Miau.

Las tortitas, las tortitas, haaacen muy feliz a Peter, que contento, que contento, lalalalá. Los reviús, los reviús, haaacen muy feliz a Bell, que contenta, que contenta, lalalalá.


En el próximo capítulo de Sinnerman, (sí lo queréis así sino, meh, meeeh.) (Sí, las cabras me llaman.)

Capítulo 7. El chico contra el mundo: (2) "Aplausos."

(¡Y la continuación claro está, del "7 años atrás"!)

A Cintya.


BATE-CHAN AL RESCATE DE LOS OPRIMIDOS!)

Y ciao ciao.