Horas más tarde, Mila al igual que su siquiatra iban nuevamente dentro del vehículo. La mujer tenía la mirada perdida en el paisaje que se mostraba a su derecha por la ventana. Algunas casas aisladas y arboles sin vida que adornaban la vista, haciéndola una lúgubre para la mujer. Ella cerro sus ojos e intento pensar, intento recordar cosas de su pasado que quizás podrían traerle una pizca de tranquilidad. Pero en su cabeza no había nada en ese instante, su cerebro se había convertido en una bóveda vacía invadida solo por las imágenes sangrientas de hace unos instantes atrás.

Lecter quien iba al volante, no decía nada, al momento en que estaba manejando el vehículo.

Decidió dejar a Mila sola con sus pensamientos.

—La primera vez que hablamos en su oficina, me dijo que hablara con la policía. No lo hice. Ahora me dice que no lo haga, y ahora andamos como si fuéramos dos asesinos, y a usted no parece molestarle. Claramente yo estoy mezclada con todo esto, pero… ¿Por qué usted ha permitido mancharse las manos en este asunto si no tiene que ver con él?

— Mi único interés es en ayudarte. Sería rudo de mi parte dejarla a usted sola enfrentando todo esto.

— ¿Por qué no llamamos a la policía?

— Porque no hay certeza de cuan metida estas en esto.

Ella quiso decir algo más, pero algo de ella le hizo arrepentirse y permaneció en silencio.

— Mila... ¿En qué estás pensando?

— Y ahora está usted metido en esto. Es lo que no entiendo. — contesto apenada.

— Aun así, ya es demasiado tarde. Además, ya le dije que no le dejaré sola. Es mera curiosidad psiquiátrica.— sonrió.

Mila le miro, y luego con su mano cubrió su rostro.

— ¿Que soy...?— suspiró.

— Esa es la respuesta que buscamos.

Durante el transcurso del camino, hubo total silencio, mientras Mila, buscaba aun en su memoria algún recuerdo oculto. Pero todos se ocultaban bajo llave. Una llave que ella había perdido días atrás.

El camino se hizo cada vez más monótono, aunque desconocido para sus ojos. Árboles, vegetación, un cielo azul y un sol que banaba con su brillo el día. Aunque la maravillosita de la vista no alivianaba la oscuridad en el interior de ese automóvil. Y así continuo aquel extraño viaje, hasta que se detuvieron en un área boscosa, junto a la orilla de un riachuelo.

Sin decir nada Lecter bajó del vehículo, y Mila le siguió.

— ¿Qué vamos a hacer?

El no dijo nada y solo con una mirada que le brindo a Mila, ella entendió que no debió haber preguntado. El abrió la puerta del equipaje, busco unos guantes, vistió sus manos con ellos y agarro la pala, ella hizo lo mismo con las bolsas.

El sol irradiaba su calidez fuerte sobre sus cabezas. Lecter sacando tierra con la pala y Mila sujetando las bolsas. El sudor bajaba por el rostro de ambos, de el quien estaba en plena actividad física y de ella que solo estaba parada observando.

—La temperatura es la idónea

—¿De qué hablas? hace mucha calor.

— Es idónea para la descomposición.

— ¿Cómo lo sabes? — pregunto ella extrañada.

— Tengo entendido que usted también estudio medicina, Mila. Por ende debería saber, que mientras más alta es la temperatura, más rápida es la descomposición. —contesto el con una sonrisa encantadora.

Casi como si esto fuera toda una aventura para el , pensó Mila, pero le contesto con una leve sonrisa en su rostro.

Cuando el terminó el agujero, uno no muy profundo, le hizo un gesto a Mila. La joven mujer rotó la bolsa, haciendo que las piezas de las extremidades del hombre cayeran dentro de aquel orificio de tierra. Hizo lo mismo con la siguiente, y luego las guardo de vuelta al equipaje del auto.

El por su parte, se agacho y recogió algunas piezas que habían caído junto a sus pies, sale del agujero y balancea su brazo una y otra vez hasta arrojar algunas de las extremidades al agua, agarra algunas ramas de árboles y las arroja sobre el mismo.

—¿Así nada más? Lo van a encontrar rápidamente. Pensé que iba a ser enterrado. Con tan solo unas ramitas, definitivamente lo encontraran— dijo la mujer algo exaltada.

—¿Usted le mato? – pregunto el tranquilo, secándose el sudor con una pequeña toalla que habia sacado de su bolsillo.

—Claro que no… — contesto la mujer insistente.

— Pues no debería de preocuparse tanto…— sonríe.

—Bueno, creo yo que no lo hice… — dijo Mila con inseguridad. A ciencia cierta, ya ella no sabía nada de lo que estaba pasando. No entendía nada de todo esto.

—Es por eso que estamos aquí…

—¿Usted piensa que soy una asesina? – Mila le observa con ojos ensanchados. Y pensó, en cuan increíble era el poder de unas cuantas palabras, para hacerle dudar de su cordura. Se preguntó si el hombre jugaba con ella o si efectivamente le estaba ayudando.

—Es usted quien tiene esa noción en su mente. Mila, recuerde, todo está en su mente.

Definitivamente estoy pensando demasiado, dijo la mujer para sus adentros.

Con la mirada perdida, la mujer regreso al automóvil de manera automática. El hombre por su parte, se aseguró de que todo estuviera completamente organizado e hizo lo mismo, tomando el volante.

Nuevamente por el camino, reinó el silencio en el auto. Lecter, dejo a Mila, una vez más con sus pensamientos. Hasta que aquellas ideas y recuerdos borrosos le sedaron y dejaron que ella se quedara dormida.

Unas horas más tarde, Lecter, coloca una mano sobre el hombro de la mujer, suavemente. Haciendo que era despertase.

La mujer despierta azorada y le mira. Mira también hasta donde habían parado.

—Mila, aquí separamos nuestros caminos el día de hoy… Vaya, descanse, trabaje... y quizás, así recordara.—

El mantenía su mano en el hombro de la mujer. Lo apretó con un poco de más fuerza, sin lastimarle, más bien como una muestra de apoyo hacia ella. Sin decir más, baja del auto, Mila regresa al puesto del conductor.

Antes del hombre marcharse, Mila le detiene al llamarlo.

—Gracias por todo, a penas nos conocemos, y se ha arriesgado mucho, por mí.

El mostro una sonrisa, dejando ver un poco du dentadura.

—Usted es mi amiga Mila, mi interés recae en que pueda recuperarse y vuelva a ser la de antes.

—A penas me conoce y me trata como un buen amigo… De nuevo gracias.

—Somos buenos amigos, Mila…

Mila frunció, comprendiendo que aquel comentario tenía otra connotación, es decir:

—¿Ya nos conocíamos? – pregunto Mila confusa.

Lecter, asintió con su cabeza tan levemente que Mila no tenía la total certeza de cuál fue la respuesta del psiquiatra.

—O sea que….

Mila quiso preguntar algo más... pero ya él se había ido…


Honestamente, no verifique si faltaban acentos. Me da verguenza que haya tardado tanto... pero el trabajo y las tareas de la universidad, a veces no le permiten a uno seguir. Ademas, de que mi tiempo libre lo tomo para bregar con una historia original. Se me hace dificil trabajar en esta sin lastimar lo que es cannon, ya que me da miedo, irrespetar alguno de los personajes que no son mios.. A un punto que estoy considerando, convertir esto en una historia original, con cambios y otros personajes... Y asi quizas tenga mas libertad, y se me haga mas facil poder seguir y mas rapido...

Lecter es un personaje fascinante, y no quiero arruinarlo...

No se que hacer...

Amo a quien quiera lea esto!