Salvarte


5


Se quedaron en silencio, acobardados y con las mejillas encendidas. Ninguno miraba al otro: mantenían la vista apartada, avergonzados cuales niños pequeños.

—Yo… Yo no sé que hacer —confesó él, con su voz seria y profunda, que contrastaba enormemente con la inseguridad e inocencia de su oración.

Yaoyorozu lo observó de reojo, conteniendo una pequeña sonrisa. Él, tan seguro y preciso en todo lo que hacía, finalmente mostraba tener un lado por completo enredado y lleno de inseguridades.

Y aun así, seguía siendo perfecto.

En su imperfección encontraba su esplendor.

—No tienes que hacer nada —musitó. Sus ojos se encontraron una vez más pero en esa ocasión fue distinto. Se sentía, para ambos por igual, como si se hubieran visto por primera vez en años—. Si te soy sincera, tampoco sé mucho más que tú del asunto.

Todoroki la contempló confundido, dejando entrever sus dudas.

—No, nunca —se ruborizó ella, contestando la pregunta que se había formulado en la mente del joven.

Ambos eran un lienzo en blanco listo para ser dibujado. Nunca habían sido amados, nunca habían sido acariciados ni experimentado el éxtasis en la cima.

A pesar de estar manchados por la sangre de otros y por la propia suya, así de castos se mantenían.

A lo mejor, solo a lo mejor… eran parte de lo mismo.

O el opuesto complementario.

—Creí que…

—Pues no.

—Oh. Lo siento, entonces.

—No quiero que te disculpes. Si quieres decir algo, solo hazlo. Quiero escucharte… Y que eso te sea tan fácil como respirar.

Todoroki parpadeó.

—Me llevará un buen tiempo —murmuró—. Pero suena bien.

Ambos se sonrieron y volvieron a apartar la vista, avergonzados. No querían estarlo pero tampoco podían evitarlo.

—¿Hay algo que pueda hacer por ti? —preguntó ella.

—¿Cómo qué?

—No lo sé. Lo que sea. Si tienes ganas de hacer algo que pueda ayudarte a cumplir, entonces pídelo.

Shoto se quedó pensativo, con gesto impertérrito.

—Creo que me gustaría que me mandes más mensajes. Últimamente nunca uso mi teléfono y quiero darle un buen uso.

Yaoyorozu se quedó de piedra y finalmente rio.

¿Acaso era su manera para pedirle seguir en contacto con ella?

—¡De acuerdo! Suena muy bien. Entonces esta vez me gustaría pedirte algo yo.

Todoroki la observó con su turquesa y su escarlata con suma atención.

—Respóndeme los mensajes —pidió, con picardía, conteniendo una sonrisa.

El chico mitad fuego y mitad hielo sonrió.

—Claro que sí.

Ambos se quedaron en silencio, observando las estrellas que se esparcían en el cielo. Eran cientas, demasiadas. Así como lo eran sus dudas. A los dos los embargaba una emoción indescriptible; ninguno sabía muy bien cuál sería el próximo paso pero estaban dispuestos a disfrutar aquel momento con todo lo que tenía para ofrecerles.

Era simple, era cálido.

«Necesito calor».

«¿Calor?».

«Tú puedes dármelo».

«Y yo quiero dártelo».

«Y que juntos seamos, lo que nunca supimos ser».

Y en aquel inocente silencio, se sentían bien.

No necesitaban nada más.

—Es tarde —comentó él, con la voz ronca.

Yaoyorozu despertó de su ensoñación y reparó la hora que señalaba el reloj del coche.

—Ah, es cierto.

—Te llevaré a tu casa.

—D-De acuerdo.

Él la condujo a la ostentosa mansión que, en esos momentos, se erguía detrás de ella con total desfachatez. Yaoyorozu se detuvo frente a la reja que daba paso a los jardines delanteros.

—N-Nos mantenemos en contacto.

—Nos mantenemos en contactó —afirmó él.

El fuego y el hielo deshacían al negro, de una manera sutil, dulce. Y cómo le gustaba a este último desarmarse así.

Se quedaron en silencio contemplándose, observandose el uno al otro como quien mira el enorme premio que era el fruto de sus esfuerzos.

En ambas mentes resonaba, una y otra vez:

«¿Merezco esto?»

«¿Está bien sentirme así?»

«¿Es correcto… estar, en estos momentos, feliz?»

Y en ninguna hubo una respuesta.

Se despidieron con sonrisas tímidas. Él aguardó a que ella entrara, y solo así, finalmente, se permitió ir.

Una vez en su auto, soltó el aire de golpe.

Todo su cuerpo temblaba.

Se sentía mejor, sí.

Pero también tenía mucho miedo.

Y la culpa. Oh, la maldita culpa.

Sentía demasiado y comprendía muy poco.

Todoroki se encontraba en un punto nuevo de partida.


—No sé qué diablos has hecho ayer, pero te ves echo un desastre.

Todoroki alzo a su plateado y a su turquesa más agotados que nunca. Los apartó de inmediato una vez que estos se toparon con los desdeñosos de su padre. Continuó acomodando los ficheros, con el flequillo cubriendo sus ojos envolviendolo en un aura sombría.

La asistente de su padre se había ausentado y Endeavor no permitía que nadie por fuera de su acotadísimo circulo de confianza tocara sus cosas. Lamentablemente, aquel privilegio era derivado a él.

Shoto se encontraba exhausto: apenas había dormitado la noche anterior. Luego de haber dejado a Yaoyorozu en su casa, el cúmulo de emociones que lo embargaban habían sido tan intensas como para prohibirle el sueño. El resultado eran sus sinuosas y marcadas ojeras y su mala cara.

Había aceptado que Yaoyorozu lo acompañara.

No estaba muy seguro cómo, pero de alguna manera, la había dejado entrar en su vida.

«Pero no sé si seré capaz…», pensó, sintiendo que su cuerpo se paralizaba como si le hubieran arrojado un balde de agua fría. En un movimiento torpe, tiró el fichero al suelo, que al ser de metal generó un estruendo muy molesto.

Endeavor le dirigió una mirada de advertencia. Él se le adelantó, no hizo falta que le dijera nada.

—Lo siento.

—Despiértate, Shoto.

—Lo sé, lo siento.

Su hijo se dispuso a levantar con rapidez el desastre que se esparcía en ese momento sobre el suelo.

Endeavor frunció el ceño con desagrado.

—¡Bah! ¡Luego de recoger ese desastre vete de aquí y tómate un café! ¡Me molestas!

Todoroki se acomodó el flequillo que salpicaba sus ojos al punto de molestarlo (debía hacerse un buen corte), y lo observó con sorpresa.

—S-Sí, sí… tomaré uno. Me haría bien.

Una vez fuera de la oficina se dirigió con prisa al baño: antes de tomarse su café, se lavaría la cara. Lo necesitaba. A lo mejor, un poco de agua fría le aclarase las ideas, le congelase los pensamientos y lo dejara continuar durante el resto de la jornada laboral.

Puso el pestillo y abrió las llaves del grifo. Junto ambas manos debajo del chorro y llevó lo acumulado contra su rostro.

Una, dos, tres veces…

Se observó en el espejo, encontrándose con una persona que no era él. Se topó con alguien que logró revolverle las tripas y desagradarle. Porque lucía como él, sí. Pero no era quien recordaba que era. Se veía joven, pero con un aire avejentado. Su cabello mitad plata mitad escarlata ya le quedaba demasiado largo como para ser considerado prolijo. Su rostro, más adulto y refinado, se encontraba tan delgado que hasta los pómulos se le marcaban; su piel, apagada y marchita. Lo único intacto era su cicatriz, porque ni sus ojos eran reconocibles ya. Estos parecían los de un niño, lo de uno muy asustado.

¿A qué temes?

¿A qué?

«Ya sabes a qué», se respondió a sí mismo, el otro, el del espejo.

«No puedes temerle a Yaoyorozu, idiota…».

«No, pero lo hago».

«¡Es tierna, dulce, delicada… y buena persona! ¿¡Cómo diablos podrías…?! ¡Tu padre debería darte más miedo!».

«Justamente. Siempre estuve acostumbrado a la aspereza de la gente. Yo… Yo no sé cómo reaccionar».

«No, no siempre. Mama era dulce».

«Sí, lo era. Y fíjate como has quedado, eh».

Sus ojos buscaron automaticamente su lado izquierdo del rostro. Allí, donde la quemadura permanecería perpetuada en su piel. La cicatriz que había perdonado, sí. Pero que todavía le quemaba el alma, estrujandole el corazón cada vez que recordaba la causa. Ya casi no era consciente de ella, se había acostumbrado tanto a su presencia que no lo acomplejaba que alguna persona se lo quedara mirando en aquel punto especifico de su rostro durante un tiempo prologando la primera vez que lo veían en persona. Para el día a día, era una cicatriz más. Pero a veces, cuando el dolor lo hacía recordar, aquella simple cicatriz adquiría otro significado, uno doloroso y angustiante que le oprimía el pecho y no lo dejaba respirar.

Porque no la culpaba, no.

La entendía.

La había perdonado incluso.

Pero le dolía.

Y era un dolor que lo acompañaría siempre.

Todoroki nunca podrá deshacerse de él. Jamás.

Por eso, tal carga sobre sus hombros era demasiado pesada como para seguir acumulando más.

«¿Y si ella…?».

«No sabes si te lastimará o no. Solo estás prejuzgando».

«Pero lo hará, sí. Y por eso temo».

«Cobarde».

Cerró los ojos con pesar y salió del lavabo.

—Necesito un buen café…


—… entonces me llevó a mi casa y nos despedimos. Esperó a que entrara y se fue en su auto —finalizó Momo con una dulce sonrisa en los labios.

—Te ves radiante, maldita.

—Dormí de maravilla.

—Pues se nota. Tu piel resplandece —Itsuka terminó su té de un sorbo sin dejar de sonreír—. Y tú que tenías miedo, tonta…

—¡Es que Itsuka…! ¡Vamos! ¡INCLUSO TÚ LO PENSABAS!

—¡No estoy lista! ¡Me va a rechazar! ¡Me va a rechazar! —la imitaba, con una voz aguda muy irritante frente a los ojos moribundos de la castaña—. Eres una tonta, Momo. Es increíble que no te des cuenta de quién eres. Solo un idiota se negaría a tu compañía.

Yaoyorozu rio, avergonzada, con las mejillas completamente sonrosadas. Se veía hermosa y su alegría contagiaba. Tanto, que hasta Itsuka sentía que su sonrisa era tan amplia que chocaría contra sus orejas. Luego de unos segundos, la más alta sonrió con algo de amargura, con la vista fija en su taza.

—Pero no lo sé… Me ha dicho algo extraño. Me aseguró que no era el mismo, que no estaba seguro de poder darme nada… Que estaba vacío…

Itsuka abrió los ojos de par en par.

—Vaya…

—Se veía… muy triste.

—Pues se lo ve deprimido. Quiero decir, nunca fue Midoriya o Kirishima, no. No es de esos que sonríen porque sí. Pero ayer se veía apagado, ¿sabes? Como si no pudiera sonreir con felicidad incluso aunque quisiera. Lucía…

—Vacío.

—Sí, vacío…

Ambas se quedaron en silencio. El ambiente se había entristecido.

Yaoyorozu sintió la mano de su amiga sobre la suya. Alzó la vista, asombrada y se encontró con ella devolviendole una mirada comprensiva.

—Solo acompáñalo, ¿sí? Eso, definitivamente, lo ayudará bastante.

—¿Eso crees?

—Prefiero hacerlo, Momo. Si estoy triste, a lo mejor nadie sea tan todopoderoso como para sacarme esa tristeza, pero preferiría mil veces llorar con alguien al lado que aguantármelo todo sola.

En el rostro de la chica volvió a asomar una pequeña sonrisa.

—Eso haré, sí.

Al cabo de unos segundos, su móvil vibró. Su corazón dio un vuelco cuando vio que era un mensaje de Todoroki.

Itsuka se carcajeó.

—¡Se te nota en la cara, maldita…! ¡Momo, te odio! ¡Vacío o no, Todoroki es guapísimo!

—¡Basta! —se rio ella, cubriendose la inminente sonrisa que comenzaba a agrandarse en su rostro con evidente timidez.

Abrió el mensaje.

Hola.

Frunció los labios con sentimientos encontrados: estaba muy feliz pero a la vez un poco decepcionada. Todoroki era demasiado conciso con sus mensajes.

¡Hola! ¿Cómo estás?

¿Qué tal tu día?

No tuvo que esperar demasiado tiempo para recibir la respuesta. Momo casi que salta de su asiento: ¡se estaba mensajeando con Todoroki! Y todo era real y estaba sucediendo en verdad y no se lo estaba imaginando.

No he dormido muy bien.

¿Y tú?

No se le pasó por alto que no respondió directamente su pregunta.

Bien, el día ha comenzado muy tranquilo.

¡Oh! Es muy feo no poder descansar.

¡Yo he dormido bien, hacía tiempo no lo hacía!

Se mordió la lengua una vez que lo envió. A lo mejor sonaba a que se lo estaba refregando en la cara.

Lo había arruinado.

Pero otro mensaje llegó.

Es bueno saber eso.

Todoroki no parecía enfadado. No era de los que usaban la ironía para herir.

¿Quieres que nos veamos un rato hoy?

No tengo idea de tus horarios, pero puedo adaptarme.

Su respuesta no tardó en llegar.

Estoy agotado.

Yaoyorozu releyó el mensaje sin poder evitar sentirse acongojada ante su negativa.

¡Oh, claro! ¡Lo siento, me lo has dicho!

No te preocupes y descansa.

Todoroki envió:

¿Quieres venir esta noche a mi apartamento?

Solo si te parece bien.

El corazón de Yaoyorozu se aceleró a un ritmo casi frenético. Definitivamente no esperaba esa propuesta. Una parte suya se sintió acobardada ante el hecho de estar a solas con él en su territorio. Pero luego, se relajó: Todoroki no era de esos.

Estaba segura.

Claro que me parece bien.

¿A qué hora sería?

Y por favor, escríbeme tu dirección.

Al cabo de unos minutos, Todoroki le había enviado no solo su dirección, sino también un mapa de guía para facilitarle el camino. Le había dicho que a las veintidos le vendría bien, que le daría tiempo para darse una ducha.

Bloqueó su celular sin salir de su estado catatónico. Veinte minutos antes jamás se habría imaginado quedar con Shoto en su apartamento y en aquel momento era un hecho incuestionable.

—¿Sucede algo, Momo? —preguntó la pelirroja, perspicaz.

El sonrojo de su rostro se intensificó, más solo pudo negar con la cabeza. Su amiga era una gran confidente con la que podía descargar hasta el más bochornoso pensamiento sin recibir ninguna mirada critica, pero también le gustaba tener algo de privacidad.

—Ok —dijo ella, no muy convencida, terminándose su té.

Al cabo de unos segundos, el monitor que se encontraba en una esquina de la habitación se prendió.

Se solicita al grupo 342. Repito: se solicita al grupo 342.

El semblante de ambas se transformó: inmediatamente dejaron a un lado lo que estaban haciendo para salir cual ráfagas de viento a través de la puerta.


Yaoyorozu presionó el botón del portero eléctrico con su mano tan delicada como femenina. Lucía casual, se había puesto un sueter de color neutro que se amoldaba dulcemente a su figura y que caía, a modo de vestido, a una altura un poco por encima de las rodillas; cubriendo sus piernas, unas pantis de color negro. Aguardaba en la entrada del inmenso y lujoso edificio mientras sujetaba, frente a su vientre, una carterita de correa de cadena fina.

—¿Sí? —su voz le provocó un vuelco a su corazón.

—¡Soy yo, Momo! —se sonrojó. Él jamás la llamó así.

Todoroki tardó unos cuántos segundos en responder que a ella le resultaron eternos.

¿Se habría arrepentido?

—Ahí bajo.

Yaoyorozu tragó saliva sintiendo que iba a colapsar. Sentía demasiada vergüenza, demasiada intriga y demasiado miedo. ¡Las mariposas estaban haciendo revoluciones ya no en su estómago sino en todo su cuerpo!

Alzó la vista y lo vio bajar del ascensor. Era un ángel. Uno vestido de negro, con joggins color negro que se ajustaban a la altura de los tobillos y camiseta de mangas largas de color negro. Su cabello, húmedo, goteaba de manera imperceptible. El ángel caminaba en su dirección con sus ojos bicolor fijos en ella.

—Yaoyorozu —saludó, una vez que abrió la puerta tras pasar la llave por el censor magnético—. Lo siento, me estaba duchando.

El rojo se intensificó en sus mejillas y le sonrió avergonzada.

—¡Ah! ¿De veras? Sí, puedo verlo por tu cabello. ¡Qué pena, si hubiera sabido habría llegado…!

Él la interrumpió con una sonrisa amable mientras se hacía a un lado para dejarla pasar.

—Descuida, tú has llegado bien. He sido yo el que se retrasó.

Ambos aguardaron el ascensor en un tímido silencio. Todoroki mantenía la vista clavada en las puertas de acero inoxidable y Yaoyorozu observaba (más concentrada de lo que realmente estaba) por completo a su alrededor. Por lejos se notaba que era uno de los más destacados edificios de aquel distrito, si no es que era el mejor . Era lujoso y refinado pero no antiguo, a diferencia de la arquitectura de su propia casa. Más bien presumía modernidad y diseño.

Una vez dentro del ascensor se posicionaron uno en frente del otro. Shoto no dejaba de observarla, escudriñándola en cada detalle. Yaoyorozu se preguntaba si miraría su atuendo, si se había puesto el suéter al revés o si había notado que se había comido las uñas por el nerviosismo de las últimas horas. ¡Ella, que tanto se las cuidaba!

Sin pensarlo, se rio.

Fue una risa llena de nervios, más que de otra cosa. Pero una risa al fin.

La confusión inundó las facciones del chico.

—¿Qué… sucede?

Entonces, habló.

—Es curioso, ¿sabes? Hace unos años solíamos vernos a solas en horarios extra escolares por cuestiones varias. Esto no es nuevo para mí. Y sin embargo, se siente como si fuera la primera.

Todoroki no le respondió.

Las puertas se abrieron y ambos salieron del elevador a un inmenso corredor que daba lugar a solo dos apartamentos. Shoto vivía en un medio piso solo para él. Ella avanzó por el pasillo desconociendo de cuál de ambos se trataba por la inercia de hacer algo, pero el chico se quedó apenas por fuera del ascensor.

—Me pasa… lo mismo.

Yaoyorozu lo contempló unos cuántos segundos para terminar sonriéndole emocionada, de una manera tan despampanante que el muchacho se quedó sin habla.

—¡Qué alivio! ¡Me estaba poniendo nerviosa! —soltó un suspiro y nuevamente se echó a reír de una manera más genuina, más relajada.

Shoto se sintió contagiado pero lo único que pudo demostrar fue su típica pequeña sonrisa que curvaba sus labios. Él nunca se reía, no como los demás lo hacían y mucho menos como ella podía hacerlo. Y creía firmemente que jamás podría llegar a realizarlo. Ambos se mantuvieron la vista durante unos efímeros segundos, momentos en los que Todoroki se calmó: los ojos de Yaoyorozu eran tan dulces que sintió que nada malo podría venir de ellos. Tan oscuros y tan expresivos, parecían hablarle: «Vamos, no te haré nada. Te lo prometo».

Y él, al menos momentáneamente, le creyó.

—Es por aquí —dijo, señalando la puerta que estaba detrás de él.

Yaoyorozu se ruborizó pero ni eso prohibió su sonrisa.

Todoroki abrió la puerta de su apartamento y la dejó pasar primero.

—Discúlpame si algo está fuera de su sitio, lo cierto es que no he tenido tiempo y todo esto se me ocurrió a último momento…

—Es fabuloso.

—Gracias —susurró, algo abrumado.

—¡De veras lo es! ¡Vaya, Todoroki-san! ¡Tienes muy buen gusto! —exclamó, maravillada, prestando atención a cada detalle que se erguía a su alrededor. El suelo era de madera, de una muy clara, el cielorraso de color blanco y algunas paredes se distinguían de otras por su color gris. La decoración era minimalista, con muebles de diseño en color oscuro y con un inmenso sofá de color blanco. A su lado, un inmenso ventanal que daba una vista de ensueño de la ciudad. Se veía cuidadosamente perfecto.

Y frío.

—Sin dudas tu huella esta aquí —musitó. Apenas le había prestado atención a la ropa tirada que se encontraba abollada a lo largo de la isla que yacía en el centro de la cocina. Él se acercó con intenciones de arreglarlo, pero ella lo detuvo reteniéndolo por el brazo. Todoroki giró hacia la joven con sorpresa e inmediatamente Momo lo soltó—. ¡Lo siento por haberte tocado! ¡De veras! —exclamó sonrojada—. Si quieres acomodarlo porque te sientes incómodo, hazlo. Pero no tienes por qué tener todo impecable solo porque vengo de visita.

—No es correcto —dijo apenado—. Esto me pasa por hacer las cosas sin pensar, yo…

Yaoyorozu negó con la cabeza con pesar.

—Todoroki-san, en serio. Mírame —él enfrentó su mirada dubitativo—. No es nada, ¿sí? En serio, no podría importarme menos. De hecho, me agrada.

—¿Por qué?

—Porque eso significa que estoy conociendo al verdadero tú, por más que sea un detalle así de pequeño. No eres cuidadosamente ordenado todo el tiempo, también te dejas tus prendas tiradas por ahí si andas apurado. ¡Y es normal! ¡Y es genial!

—Exageras —apartó la vista, Yaoyorozu creyó verlo un poco ruborizado—. Solo quiero que estés en un lugar ordenado para que te sientas cómoda.

Ella lo miró apacible, tanto, que él creyó desesperar.

—Lo estoy. Creo que tú no lo estás.

Lo vio revolverse en su lugar con inquietud. Fue en el momento en el que vio la expresión de su rostro cuando halló la respuesta: Todoroki se veía vulnerable. La angustia empapó sus facciones.

—N-nunca traigo a nadie aquí. Yo… Yo no sé qué hacer.

Momo frunció los labios pensativa, manteniendo la calma.

—Puedes ofrecerme algo de beber, por ejemplo.

Él abrió los ojos de par en par y se dirigió rápidamente al refrigerador.

—¿Qué quieres? Tengo sodas, varios tipos. También hay agua y… cerveza —finalizó en uno o dos tonos más bajo.

Ella soltó una risita.

—Agua está bien.

El joven obedeció casi con urgencia.

—Gracias.

—De nada.

Yaoyorozu le dio un sorbo a su vaso y de pronto su estómago rugió de una manera un tanto escandalosa.

Lejos de reírse, el chico bicolor la miró con preocupación.

—No has comido.

—No he tenido tiempo —Era inaudito, pero la joven parecía querer disculparse.

—Debes de estar hambrienta. Tampoco he comido, pidamos algo —tomó su móvil y se dirigió a la aplicación de delivery—. Este lugar es muy bueno —sugirió, alcanzándole el dispositivo a ella—. Elige lo que quieras.

Momo le sonrió.

—¡Ah! ¡Tienen lo que me gusta! ¡Esto, sí! ¿Puedo?

El tono de voz de él fue amable.

—Claro que sí.

Shoto realizó el pedido y ella se arrojó al sillón desperezándose. Todoroki la observaba, inmóvil, desde el mismo punto de la habitación.

Momo le sonrió con dulzura y le dio un par de palmaditas al sofá.

—Anda, ven.

Tras unos segundos de duda, Shoto caminó lentamente hacia ella. Se sentó a una distancia considerable de la muchacha quien se encontraba girada hacia él. El muchacho miraba hacia el frente, un tanto rígido.

—¿Qué tal tú día? —le habló con naturalidad, como si no estuvieran solos, como si no estuvieran en el apartamento de él, como si ella no se hubiera declarado y él no hubiera aceptado su compañía.

Los enigmáticos ojos del joven se ensombrecieron.

—No muy bien. Estuve muy cansado.

Yaoyorozu lo escuchaba atentamente, incluso aunque él no profiriera muchas palabras.

—Últimamente cada vez que te veo luces agotado. Como… como si no hubieras dormido bien este último tiempo —eligió las palabras con cuidado, hablando de manera pausada.

Él hizo un amago de sonrisa.

—Es que no lo hago.

—¿No puedes dormir?

—No.

—¿Nada de nada?

—Bueno, algo sí. Pero no lo suficiente. Jamás podría ser considerado eso suficiente.

—¿Menos de seis horas?

—…Menos de seis horas.

—¿Más de tres?

—No…

Esta vez ella no pudo hacer mucho por mantener su rostro sereno. Sus ojos brillaron por la preocupación. Y Todoroki solo se sintió aun más miserable debajo de su inexpresividad.

—Me imagino que no debes estar pasando por un buen momento —musitó. Observó su reacción y notó como de pronto parecía tensarse en su lugar—. Descuida, sé que no quieres hablar de eso —y como toda respuesta la miró, así de intenso como él solo sabía hacer—. No te exigiré, pero…

Dudó, se quedó en silencio.

—¿Pero?

Momo se remojó los labios, nerviosa.

—S-Si me dejas seguir viéndote, Todoroki-san, quiero ayudarte con eso. Con tu sueño, claro está —sonrió amablemente ante los ojos asustados de él, de estar de pronto hablando de algo íntimo, de algo que Shoto aun no tenía la fuerza suficiente para exteriorizar—. Pero también con lo que te sucede. No… No insistiré, pero quiero que sepas que sé que algo está ocurriendo. Y no lo ignoro.

Alzó la vista dubitativa, mordiéndose la lengua por haber hablado tanto, encontrándose con un Todoroki sorprendido.

Se puso aun más nerviosa, quiso reír, quiso disculparse por haber sido tan entrometida, por haber dicho más de lo que pensaba, se sintió tan avergonzada que incluso le dieron ganas de llorar.

De pronto, el portero sonó y Momo se sobresaltó.

—El delivery.

—¡Ah! ¡Q-Qué bueno! —exclamó, aun un poco afectada por el tornado de emociones que había arrasado con ella segundos atrás. Fue su estómago, entonces, quien habló por ella soltando un rugido agónico. Su rostro se volvió carmesí y Todoroki la observó con diversión.

El ambiente parecía haberse relajado de nuevo.

—También tengo hambre. Ya vengo —musitó, antes de tomar sus llaves y salir del apartamento.

Al cabo de unos minutos la puerta se abrió y Todoroki entraba cargando unas cuantas bolsas.

—¡Ah! ¡Déjame ayudarte! ¡Siento mucho haber pedido tanta comida! —se horrorizó, acercándose a él con intenciones de tomar alguna bolsa pero él paso de ella abiertamente. Le dirigió una mirada indignada que Todoroki ignoró.

—Soy un poco más fuerte de lo que crees —murmuró.

—¡P-por supuesto! Y el más brillante —agregó, apartando la mirada con la boca un tanto más pequeña.

Shoto parpadeó y también la desvió, sintiendo como la sangre le subía a las mejillas.

Comieron en silencio durante los primeros minutos. Yaoyorozu se limpió la boca con una servilleta y sin poder contenerse más, le suplicó:

—Por favor, come algo de lo mío. ¡Me siento mal de haber pedido tanto en comparación…!

—Tú lo necesitas más. Trabajas con tu don, ¿cierto? —repuso gentil—. Es lógico que consumas más calorías que otras personas.

Ella bajó la mirada con vergüenza.

—Sí, es cierto. Pero… A veces me pregunto si no debería preocuparme más por mi figura —finalmente rio—. Qué comentario tonto y vacío, lo sé. Pero no puedo evitarlo.

Pero él no se burló, más bien lo contrario, su semblante se habia vuelto serio.

—Tú no deberías preocuparte por esas cosas. Te… Te ves… bien —su rostro se volvió del color de la mitad de su cabello. Tomó con prisa su bebida y se llevó el vaso rápidamente a los labios, evitando nuevamente el contacto visual.

Yaoyorozu rió suavemente.

—Pues si me lo dices tú entonces empezaré a creerlo.

El corazón de Todoroki comenzó a latir con fuerza, tanta, que de pronto se sintió muy incómodo. Temeroso de que ella pudiera darse cuenta. Pero por el contrario, su ex compañera continuaba cenando de manera calma y relajada.

—La otra vez no pude preguntarte por… todo lo que pasó —omitió algunos detalles—. Pero sigue intrigándome. ¿Cómo lo has pasado en el festejo de Midoriya-san y Ochako-san?

Todoroki se tomó su tiempo para responder.

—Bien, supongo. Pero mi mente estaba en otro lado, creo que apenas recuerdo lo que hablé con los demás.

Yaoyorozu se sorprendió, y con inocencia, inquirió:

—¿De veras? ¿En que pensabas tanto?

—En ti.

Su voz grave y madura hizo que poco a poco desapareciera su sonrisa de repentino entusiasmo y bajara la vista avergonzada. Lo había dicho de manera natural, restándole importancia, pero para ella era suficiente motivo como para que se desatara un nido de mariposas en su estómago con fervor.

—Pues yo la pasé muy bien. Me gustó reencontrarme con ellos luego de tantos años. ¡A algunos los veo tan adultos y a otros tan…!

—Como siempre.

Yaoyorozu rio. Él también lo había notado.

—¡Sí, como siempre! Es increíble como el tiempo pasa tan rápido para unos y tan lento para otros… En algunos momentos me sentía dentro del aula del 1-A —sonrió con las mejillas sonrosadas, un tanto nostálgica—. Luego parpadeaba y veía a algunos tan adultos, con sus barbas y tacones y sus trabajos y comprendí que en mi recuerdo, ellos se detuvieron en una imagen que yo misma cree de ellos, pero en realidad el mundo siguió girando. Sus vidas continuaron sin mí, y la mía sin la de todos ellos.

Shoto la observó fijamente.

—Es exactamente como dices. El recuerdo que tenías de muchos, recuerdos son. Hoy en día, eso no es real. Ya no existe.

Algo en sus ojos había cambiado.

De pronto, la barrera de hielo y fuego se interpuso entre ambos de manera contundente.

Yaoyorozu se encogió sobre si misma al oír cómo su voz se había endurecido tan deprisa.

Todoroki pareció notarlo, porque cerró los ojos y respiró hondo.

—Lo siento —dijo él, al cabo de unos segundos. Lucía un tanto amargado.

Ella le sonrió débilmente, negando con suavidad.

—Está bien —le hubiera gustado que su voz no sonara en un hilo de voz. Shoto, a veces, le era muy intimidante—. Prefiero saber lo que piensas.

—¿Aunque no sea de tu agrado?

—Aunque no sea de mi agrado.

—¿Por qué?

—Porque si conozco tu recuerdo entonces también quiero conocer a tu presente.

Esta vez fue él quien bajó la mirada apabullado.

—La comida sabe bien.

Yaoyorozu quiso largarse a reír ante el desvío de conversación del joven, pero no lo hizo. Todoroki debía de encontrarse realmente confundido. Si bien su semblante era adulto y muy serio, cohibiéndola con su mera presencia segundos anteriores, ahora a sus ojos se veía muy vulnerable. Como una criatura abandonada en el frío a la que debía darle calor.

Momo ansiaba mucho darle calor.

Pero aun no era el momento.

—Sí, sabe bien. Cambien hay una tienda de comida Tailandesa que me fascina. ¿Neo Thai, la conoces?

Él asintió, sorprendido.

—No sabía que también te gustaba. Si hubiera sabido, definitivamente habríamos pedido allí.

—La próxima. ¿De acuerdo?

Todoroki sonrió brevemente.

—Sí, claro.

Continuaron cenando mitad en silencio mitad conversando, de temas banales, relajados, que fueron menguando el ambiente. Yaoyorozu se había tomado la libertad de comer todo lo que quería y Todoroki había relajado su postura: sus hombros ya no estaban tan tensos como en un principio.

Cuando el silencio se hizo de nuevo, Momo se percató que ambos habían terminado.

—¡Ah! ¡No me había dado cuenta de que terminamos!

Todoroki entonces se percató de lo mismo.

—Ni yo.

Ambos se pusieron de pie al instante y fue él quien le dirigió una mirada severa. «Es mi casa, y tú la invitada, la mesa la levantaré yo mismo». «Pues tendrás que permitirme hacer algo. Me sentiré mal si no lo hago».

Tras la batalla silenciosa de miradas, Shoto sugirió:

—¿Por qué no eliges alguna película de esas que están debajo del mueble?

Las mejillas sonrosadas de Momo se volvieron color frutilla. Todo detalle nuevo sobre él le fascinaba.

—¡Oh! ¿Te gusta mirar películas?

—En realidad solo quiero que te mantengas alejada de la mesa.

Todoroki a veces era muy sincero.

Ella se cruzó de brazos, frunciendo el ceño un tanto decepcionada.

—¿Tanto arriesgarías con tal de que no te ayude?

Él se detuvo a medio camino, con los platos en brazos, pensativo.

—A lo mejor contigo sea divertido. Y… —la observó quedamente—, a lo mejor, no me estaría arriesgando demasiado.

Desarmada, la joven no tuvo más remedio que darse media vuelta y acatar sus indicaciones. Con una pequeña sonrisa en los labios, comenzó a buscar entre las películas que tenía.

—Para no interesarte en películas tienes demasiadas…

—Culpa de mi hermana. Ella es la fanática.

—¿La profesora de literatura? —recordó, con agradable nostalgia.

—Sí. Aunque a veces me pregunto por qué no estudió cine —para el momento, él se encontraba parado detrás de ella. Había terminado velozmente con todo.

—A lo mejor la docencia y literatura le da más seguridad. Muchos postergamos aficiones porque nos sentimos más seguros en un trabajo más común, mas "correcto" para nosotros. Damos lo que el mundo espera que demos.

Todoroki se había acuclillado a su lado, con las palmas de sus manos descansando sobre sus rodillas flexionadas. La miraba con suma atención a través de su flequillo crecido.

—A ti te gustaban los idiomas. Te gusta el francés, ¿cierto?

Yaoyorozu soltó el aire de golpe, abriendo los ojos de par en par. Se rio tontamente, más nerviosa que divertida.

—Me gusta, sí —y fingiendo repentino desinterés en la conversación, le entregó el dvd de manera brusca y torpe—. Esta debe de estar bien.

Todoroki no supo qué decir. Tragó saliva, sintiéndose un tanto confundido, y sin más puso el dvd en marcha.

Una vez de pie volvió a mirarla aunque temeroso de haberla ofendido por algún motivo que aun desconocía. Debía confirmar que todo seguía igual de bien o disculparse en caso contrario. Yaoyorozu le sonreía igual que hacía unos minutos, el desasosiego que había visto en sus dos noches durante ese instante había desaparecido. Se mantenía acurrucada contra el respaldo del sofá, luciendo como una niña pequeña.

—Hace frío —se quejó. Y no mentía, sus pies descalzos seguro debían de estar helados y la punta de su nariz estaba colorada.

—No sé por qué no ponen la calefacción en este edificio. ¡Estoy harto! —refunfuñó, de pronto de mal humor. Pero su risa cantarina lo regresó de su serie de insultos dirigidos hacia los administradores del edificio.

—Con una frazada estaré más que bien, tranquilo.

Resolvía todo de manera muy sencilla.

Animado, preguntó:

—¿Te gustaría un té?

—¡Ah, claro que sí! —se emocionó. Había dado en la tecla.

—Ya vengo. Ponle pausa. ¡Y… quédate ahí! Que hace frío y me he ofrecido yo.

Momo volvió a reír suavemente.

—Está bien, está bien. No me retes.

Al cabo de unos minutos, Todoroki regresaba con una bandeja con dos tazas humeantes.

—No sabía que te gustaba. Nunca has venido a mis reuniones de té del secundario.

Shoto se sonrojó.

—Es que… invitabas demasiada gente —carraspeó, incómodo—. Y ciertamente en ese entonces no me gustaba. Empezó a agradarme luego.

Yaoyorozu comprendió y no reprochó. Siempre había sido un chico solitario. No era ninguna noticia.

Pusieron la película y volvieron a quedarse en silencio. Se trataba de un drama medieval, algo ciertamente ajeno para ambos.

—Jamás he visto algo así.

—Ni siquiera sabía que existía eso.

Al cabo de un buen rato, Yaoyorozu desvió sus ojos discretamente hacia él. Shoto permanecía inmutable frente a la pantalla, apenas parpadeaba. Su perfil era etéreo, majestuoso. Se veía como un león, como uno delgado y marchito, pero un león al fin. Notó, cuando bajó la vista sin mucho agrado, que el joven se mantenía en el otro extremo del sofá, completamente apartado de ella. Ni siquiera rozaba la frazada que le había traído. Se disgustó internamente. ¿Tanto le desagradaba su persona?

Algo ansiosa, inquirió:

—¿No tienes frío?

Él no le prestó mucha atención. Sus ojos seguían clavados en la pantalla.

—No.

—Mientes… —se detestó por haber delatado su voz acongojada.

Shoto pareció notarlo de inmediato porque se giró un tanto desconcertado.

Nerviosa, habló sin poder controlar su lengua.

—T-Tu nariz está tan roja como la mía. Y puedo jurar que tus manos están heladas.

Todoroki no comprendía.

Ella, con toda la sangre de su cuerpo acumulada en sus mejillas, le alcanzó parte de la frazada que tenía encima. Como era lógico, gracias a la distancia a la que él se encontraba, apenas había para que Shoto se cubriera.

—Era para ti.

Lo sabía.

—¿Tanto te molesta acercarte un poco? —sonó más molesta de lo que realmente estaba. Se mordió la lengua. Odiaba ser tan impaciente.

Se había dicho que el hecho de que la dejara pasar rato con él le bastaba.

Sí, se lo había dicho y genuinamente lo pensaba.

O eso había creído. Porque no.

No le alcanzaba.

Sus ojos se humedecieron ante la frustración. Fijó la mirada en la pantalla, fingiendo una concentración que no tenía, porque estaba completamente ocupada en evitar llorar.

Deseaba poder ser un poco más madura para saber lidiar con todo eso. Y el silencio de Todoroki solo la hacía desesperar.

Qué tonta, qué inmadura.

Nunca había dejado de tener quince, al parecer. Cada vez que estaba al lado suyo tenía esa desagradable sensación.

Intentó relajarse. Contó mentalmente hasta diez. Cuando terminó, se giró hacia Shoto.

—Olvídalo. De veras lo siento, ha sido muy…

Todoroki se había aproximado lo suficiente como para que la frazada lo cubriera por completo.

—Si me molestara estar cerca de ti no te habría invitado en primer lugar —le habló, muy serio. Sus ojos se habían endurecido mirando solo como Endeavor solía hacer.

Yaoyorozu se sintió muy apenada.

Pequeña, tonta, insignificante.

Muy por debajo de él.

—L-Lo sé, discúlpame. ¡En serio! Ha sido una tontería yo…

—¿Aun tienes frío? —su semblante no parecía haberse relajado y Momo se sintió aun más angustiada. No sabía cómo más disculparse sin parecer más tonta de lo que había quedado. Lo había enfadado y todo el rato agradable que habían pasado se había arruinado. No. Lo había arruinado ella. Si él no la deseaba ni un metro cerca, a partir de mañana no la querría ni a un kilómetro.

—¡NO! ¡No, no! —intentó sonreír, nerviosa, probablemente exponiendo una mueca extraña—. E-Estoy bien, gracias. Ya…

Sintió su brazo rodeándola hasta alcanzar su hombro opuesto y una fuerza la arrimó contra él. Yaoyorozu se agitó sin poder evitarlo, comenzando a temblar ante la pronta cercanía.

Era demasiada.

Todoroki era rígido y masculino contra su cuerpo. Y estaba frío. Muy frío.

—Tenías razón. Yo… Yo sí lo tenía —musitó con voz grave y profunda, con su aliento rozando sus cabellos.

Yaoyorozu continuó temblando, ahora sí que no podría contener la humedad de sus ojos.


Nota final del capítulo:

Edité el capítulo. Nunca queda como quiero, evidentemente. Pero al menos me siento un poco más satisfecha. Ahora sí.

He tardado, sí. Lo siento. La vida universitaria es dificil, estresante y agotadora. ¿Por que no lo dejo? Porque a pesar de que es dura, cuando apruebo un examen soy muy feliz.

También lo soy escribiendo. Esta ultima escena me costo horrores, y tarde semanas en tener un poco de inspiracion (supongo que el estres habra sido el principal culpable), hoy, que he terminado con los primeros parciales, me senté y todo fluyo.

Gracias por leerme, por darle una oportunidad a esta historia. A medida que iba leyendo sus comentarios me sentía sumamente bien.

Espero que les guste este capitulo.

PD: Estoy volando a otro sitio, perdonenme si hay algun error ortografico, de tipeo o de redacción. Juro editar esto mañana. No queria seguir más tiempo sin actualizar.

Nos leemos :)