DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a La saga crepúsculo, de la autora Stephenie Meyer, la historia es de mi autoría. Está prohibida su adaptación parcial o total.
Capítulo beteado por Mimi Afterhours de Betas FFAD.
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Espero que disfruten este capítulo, es un poco más corto que el cap anterior. Paso aviso de que tiene un lime, o escena un poco más subidita de tono, para que de esta manera bajo aviso el que no le gusta leer simplemente no lea.
Nos vemos al final.
Capítulo 5: Muchos malos ratos.
Después de una cordial despedida con las personas que Edward me había presentado, salimos de su oficina para que pudiera hablar con Emmett y que se ocupara de los asuntos de la empresa en la tarde, porque después de almorzar conmigo, Edward iba a ir al puerto con Benjamin para acreditar el zarpe del buque para esa misma tarde.
—No te preocupes, Edward, acá me quedo al mando —imitó a un soldado cuando se cuadraba frente a un superior—, lo bueno es que el buque llegará solo con un par de horas de retraso, ya avisé al puerto de Valparaíso que los medicamentos llegarán un poco más tarde de lo acordado por problemas en la aduana acá y nos esperarán sin inconvenientes.
—Es una excelente noticia hermano —finalizó Edward, aunque antes de que abandonáramos la oficina, Emmett me habló.
—Por cierto, Bella, Rose y Alice me mandaron decirte que mañana fueras a su tienda a observar el desfile de modas que realizarán a beneficio de una fundación.
—Ok Emmett, no te preocupes, me apareceré por ahí sólo para que no te maten más tarde por mi negativa. —Edward comenzó a reír y mi cuñado negaba con la cabeza por la actitud de mi marido.
Nos marchamos cada uno en su vehículo de vuelta a casa, cuando llegamos volví a calentar la comida que se había enfriado un poco y nos la servimos conversando sobre mi estado de salud y de la hora que pediría a Andy me dejara disponible dentro de la semana siguiente para otra ecografía. Después de que terminamos de comer, le pregunté cómo dio con Benjamin y su esposa.
—Créeme, amor, que es un verdadero milagro. —Hizo una pausa para tomar un sorbo de bebida—. Llamé a la aduana para ver cómo podía arreglar el tema del buque para que no multaran a la empresa por un error que ocurrió ahí mismo, pues el buque había salido en perfecto estado de los talleres y el encargado me dijo que había un empresario que quería conversar conmigo sobre aquel asunto y que él me podía dar una solución para zarpar.
—Oh, es extraño —Saqué el pote de fruta para comenzar a degustarlo—. Parece irreal.
—Tengo la sensación de que con Benjamin conformaremos una gran sociedad esta tarde —dijo mi marido ausente, me imaginaba que estaba planeando cosas de su empresa y me acordé de Tia, quería preguntarle cuál era la función de ella.
—Amor, disculpa que te interrumpa. —Él sonrió y pasó sus dedos por mi rostro como una tierna caricia—. ¿Cuál era la función de Tia en el problema del zarpe?
—No venía por eso, sólo te buscaba a ti y créeme que estoy intrigado sobre esa conversación que quiere tener contigo hoy en la tarde —Suspiró—, pero ya lo averiguaremos.
Comencé a preparar todo para cuando llegara Benjamin y Tia a cenar, había escogido una receta de tacos mexicanos que había visto en la televisión como el plato principal y helado de chips de chocolate para el postre, Edward se encargó del vino y como yo no tomaba alcohol, él me preparó un jugo natural de piña.
Tenía todo listo, en la mesa estaban todas las cosas que se le podían poner a los tacos, Edward estaba de camino a la tienda de Don José, pues en todo San Francisco no había otra heladería mejor que la de él.
Me fui al dormitorio para arreglarme, pero me frustré al no poder colocarme unos pantalones que dos semanas antes me quedaban bien, mi pánico fue en aumento al comprobar que casi todos los pantalones que tenía ya no me quedaban, llamé a Alice para que pudiera ayudarme, ella estuvo en diez minutos en mi casa. Después de probarme muchos pantalones que había traído y que no me quedaron bien, mi cuñada decidió comenzar a ver algunos vestidos que me había regalado cuando estuve enferma, curiosamente hubo uno que en ese tiempo no me había gustado pero me quedó bien, sin embargo el color me hacía sentir levemente incómoda, era un celeste que dependía del modo en que la luz incidía en él, era el tono que tomaba.
—Alice, no sé, me siento como una luz de neón.
—No seas tonta Bella, te ves hermosa, además, ya se comienza a notar el embarazo y te da un toque especial. —Tomó mi rostro y comenzó a maquillarme.
—Que el maquillaje no quede recargado Alice, nunca me ha gustado llamar la atención —Bufó y continuó hablando.
—Lo siento, me gusta que te veas hermosa, y creo que a Edward le gustará esta sorpresa —Lo mismo había dicho el día de mi matrimonio y me quedé quieta pues ese día tuvo razón.
—Bella, ¿dónde estás? —Edward habló después de que entró a la casa.
—Silencio —me dijo Alice—, yo me las arreglaré, ah, pobre de ti si abres los ojos para ver cómo estás quedando.
Salió del dormitorio con una ropa de Edward que ella misma había dejado en la cama después de que sacó mi vestido del closet, enseguida oí las quejas de mi marido por no dejarlo pasar pero Alice siempre conseguía lo que quería además de hacerlo rabiar, pero después de unos minutos Edward la perdonaba, jamás pasaban más de un par de horas enojados; cuando Edward se rindió, mi cuñada retornó a maquillarme.
—Así mismo se puso el día de la boda, estaba mucho más nervioso que tú —me contó, pero yo no sabía hasta que punto creerle.
—No lo creas, quizá yo no lo demostré pero antes de entrar al altar mis piernas parecían verdadera gelatina, Alice. —Ella hizo caso omiso al comentario y continuó con su misión.
—Alice, recuerda que antes de las siete y media tengo que estar en la sala, los invitados llegarán a esa hora. —Estaba intranquila porque no se apuraba, me imaginaba que Edward estaba arreglándose en la habitación de al lado y lo único que quería era un abrazo de esos que me calman, pero a mi cuñada no parecía importarle.
Después de un buen rato más, terminó de maquillarme y peinarme, cuando dejó que viera su trabajo me impacté, el vestido resaltaba y el maquillaje era tan sutil que casi ni se notaba, pero había otra cosa que se comenzaba a notar y que me tenía feliz, una pequeña pancita sobresalía del vestido.
—Adiós Bella, cuídate. —Suspiró—. Mañana me tienes que contar con lujo de detalles qué es lo que pasará de ahora en adelante con Benjamin y Tia.
Me dirigí al comedor y después de repasar mentalmente que faltaba fui a buscar a la cocina unas servilletas de género del mismo tono del mantel, cuando las estaba doblando Edward me abrazó y posó sus manos en mi vientre.
—Te ves realmente hermosa esta noche. —Sonreí y coloqué mis manos sobre las de él.
—La obra pertenece a Alice, me entraron los nervios cuando mis pantalones no me quedaban y Alice me vino a ayudar.
—Te acompañaré mañana a comprar pantalones tesoro mío. —Me giré y lo besé tiernamente; justo cuando nos separamos sonó el timbre.
Fui a abrir la puerta, Benjamin venía vestido con una camisa blanca sin corbata y con chaqueta negra, su esposa venía con un vestido azul eléctrico de tela opaca que le quedaba muy bien para el tono mate de su piel.
—Hola Bella —me saludó y quedó mirando mi vientre—, ¿estás embarazada?
—Ajá, pensé que lo habían notado esta mañana cuando nos encontramos en la oficina de Edward.
—Para nada —comentó Tia.
Pasamos de inmediato al comedor, fui a buscar las masitas para los tacos a la cocina y comenzamos a comer. Después de que terminamos de cenar, mi marido contó varias anécdotas de su empresa a Benjamin, mientras yo hablaba de varios libros que me tocó editar y de algunos autores que prometían ser grandes miembros de la literatura.
—Permiso, pero tengo que hablar con tu marido de algunas cosas que nos convendría para ambas empresas en su estudio —me interrumpió Benjamin con una expresión de disculpa.
—No te hagas problema, así voy a mi despacho a conversar con tu esposa para ver qué es lo que me tiene que contar.
Invité a Tia a que me siguiera a la cocina, ahí saqué los ingredientes para prepararme un batido de arándanos y ella prefirió un café, posteriormente subimos a mi despacho en el cual me preguntó por varios libros que había editado y que por supuesto tenía.
—Bella, tal vez te suene extraño lo que te voy a decir —Comenzó cuando ya estábamos sentadas—, me alegro de que ya no trabajes en la Editorial, porque no me hubieses podido ayudar en este proyecto si estuvieses con un contrato con ellos.
— ¿De qué se trata? —pregunté con interés, me había estado dando vueltas toda la tarde qué es lo que quería esta chica.
—Quiero abrir mi propia editorial. —Me sorprendió infinitamente, porque en ese minuto no pensé en qué la podía ayudar—. Tú tienes muchos contactos con los cuales puedo comenzar a adquirir las máquinas, las tintas, etcétera y lo que salga más barato traerlo desde el extranjero, sé que mi marido o el tuyo estarían dispuestos a hacérnoslo llegar mediante barco. —Se tomó un sorbo de café y continuó hablando—. Tú puedes tomar el cargo de Gerente general subrogante para cuando yo no esté y Gerente de marketing en el día a día.
—Entiendo lo que me quieres decir. —Suspiré—, pero preferiría darte los contactos y listo, no me siento preparada para tanta responsabilidad y además me quiero dedicar por completo a mi bebé.
—No es necesario que me digas que no para un puesto laboral, si quieres puedes trabajar como editora jefe y hacerlo acá en casa para que no te compliques con tu bebé, para mí sería súper importante comenzar mi editorial con alguien de renombre que pueda darle prestigio al proyecto.
—Déjame pensar lo del puesto laboral Tía. —Hice una pausa—, pero en lo demás te entregaré la agenda telefónica con los contactos que habían en Writers co. —Abrí uno de los cajones busqué mi pendrive y encendí mi computador para imprimir la lista de teléfonos—. Acá están —le entregué las hojas impresas.
—Prométeme que vas a pensar lo del puesto laboral, por favor —me miró con los ojos brillantes.
—Lo prometo, la única condición que te pongo para llegar a aceptar una opción así, es que nadie sepa que estás pensando en contratarme, no quiero que en mi antigua editorial crean que los dejé para comenzar algo personal que va en su directa competencia.
—Por eso no te preocupes, discreción ante todo. —Tocaron la puerta de mi despacho y Edward abrió suavemente.
— ¿Están ocupadas aún? —preguntó mi marido.
—No Edward, ya dejamos todo claro con tu esposa. —Tia fue caminando hacia donde estaba su marido y le tomó la mano en un gesto de cariño.
—Bueno, ha sido una excelente tarde-noche, muy productiva por lo demás, pero llegó la hora de despedirse —mencionó Benjamin—, además las embarazadas deben descansar aún más. —Sonreí.
—أراك لاحقًا —dijo Tía, en un lenguaje que no entendí, pero que al ver mi cara de pocker lo tradujo—. Hasta pronto.
—Oh, buenas noches. —Me sonrojé.
—Bella no maneja el árabe Tia, perdón por no habértelo mencionado antes —tuvo que aclarar Edward.
—No te preocupes.
Así terminó ese gran día, no sé si fue producto del cansancio acumulado del día o por mi embarazo pero apenas ellos se fueron comencé a bostezar, provocando que Edward me tomara en brazos como novia y me llevara a la habitación, sin embargo, se llevó una serie de reclamos por mi parte porque ya no estaba en el mismo peso de antes.
—No te lamentes por eso corazón, es lógico que estés subiendo de peso por tu embarazo y eso no significa que no pueda tomarte en brazos y cargarte si es que te veo muy agotada.
—Pero te puedes lesionar la espalda, me preocupa.
—No, no, no —negaba con el índice—. Soy lo bastante fuerte para tomarte en brazos, pero mi autocontrol falla cuando pienso en no hacer esto.
Edward me besó y muy lentamente me fue desabrochando el vestido, aquel beso siguió por mi cuello y junto con las caricias en mi espalda, que parecían el roce de las plumas con el aire, no fui capaz de continuar con los ojos abiertos.
Sentí mi vestido caer al piso junto con la camisa de mi eterno amor, acaricié su ancha espalda y después enredé mis manos en su cabello de ese extraño pero característico color castaño cobrizo. El deseo se respiraba, el placer corría por nuestras venas, razón por la cual aún continuaba con los ojos cerrados; en un minuto Edward me tomó fuertemente de la cintura y después de un tierno beso me dejó con suavidad en la cama, con mucho cuidado se posicionó arriba mío, quedando su erección contra mi vientre.
—Te amo —la voz ronca con que lo susurró dejaba en claro dónde íbamos a parar.
—Y yo te… te amaré tanto… como dure mi vida —contesté entrecortadamente, porque el cúmulo de sensaciones que recorrían mi cuerpo y que se concentraban en un lugar en especifico de mi cuerpo no me permitían hablar de corrido.
Ambos lanzamos un gemido desesperado cuando estuvo dentro de mí, se quedó quieto un segundo como siempre, pues siempre le preocupó que pudiese hacerme daño a mí o al bebé. Cuando comenzó el vaivén, apreté sus hombros, rocé sus labios con los míos, enredé mis manos en su cabello, me perdí en su mirada, como el gesto más intimo de amor que mi corazón podía entregar. Hubo un momento en que nuestras respiraciones se volvieron cada vez más irregulares, más jadeantes, menos controladas, así mi mente sólo fue consciente del deseo y la entrega de mi alma hacia Edward.
Cuando ya volví a sentir que mi alma, que vagaba por lugares lejanos, regresó a mi cuerpo, me acurruqué en el pecho de mi marido y él acarició mi vientre como si le deseara buenas noches al bebé, no pude contener un bostezo, él rio y vagamente recuerdo algunas palabras.
—Duerme cariño, yo cuidaré de ti.
Al día siguiente, Alice me llamó a eso de las nueve de la mañana para preguntar si me podía venir a arreglar para que al medio día saliéramos hacia el centro de eventos donde se realizaría el desfile, para que no se enojara contesté afirmativamente y poco tiempo después ya la tenía en mi casa.
—Me gustaría que te pusieras este vestido —me señaló uno que me había regalado mi madre por mi cumpleaños del año anterior.
—Ya no me queda Alice, es cosa de solo mirarlo. —Era hermoso, de eso no había duda, negro, strapless y ajustado; el detalle se lo daba el ancho cinturón rojo que me permitían usar el collar de plata con rubíes y los zapatos de diseño exclusivo que fabricaba Alice, pero como era ajustado ya no era posible que me lo colocara.
Abrió otra puerta de mi closet y sacó un hermoso vestido blanco tejido a crochet*, que era ajustado hasta la cintura alta y después tenía caída libre hasta unos cuatro dedos por encima de las rodillas.
— ¿Este qué te parece? —consultó.
—Me encanta. —No daba crédito a lo que mis ojos veían—. ¿De dónde lo sacaste?
—Este vestido lo mandó a hacer Edward para ti hace unos meses, me dijo que no te lo mostrara hasta que hubiese alguna ocasión especial. —Sonrió—, y bueno, ha llegado el momento de que abandone el armario.
Me reí de sus dichos, Alice siempre ha sido una gran persona conmigo, a veces le toca luchar bastante para hacerme entrar en razón, pero no se da por vencida.
El desfile marchaba de mil maravillas, estaba segura que lloverían las buenas críticas, pero cuando vi a mi cuñada correr rápidamente hacia mí, musitando un "ven, necesito tu ayuda", fui con ellas tras bambalinas y me explicó su problema.
—Bella, no llegó una de las modelos embarazadas para el desfile de la nueva línea, tuvo un alza en la tensión sanguínea. —No le entendí para que me necesitaba hasta que continuó—: Necesito que tú la remplaces, por favor, solo serán tres veces por la pasarela y ya, no usarás tacos, y no haré nada que pueda lastimarte, lo juro.
Estaba realmente conmocionada, recordé una vez que por juego le había dicho a Alice que si en algún momento fallaba alguien del circuito de modelos que me llamara, pero por todo lo que había hecho ella por mí, decidí que era mi deber hacerlo.
—Shh, tranquila, está bien, está bien, vamos a arreglarme.
Ella me miró absolutamente extrañada, seguramente le debía a mi embarazo no estar tan reacia a la ropa, porque de pronto me daban ganas de usar toda esa ropa que luciera mi pequeño abultamiento.
Pasaron unos días desde el desfile y mi madre vino de visita para mi ecografía de los tres meses. Se me hacía extraño que ya el primer trimestre estuviera terminando, según muchos era el fin de las náuseas, mareos y los síntomas desagradables, pero no me fiaba mucho de aquello.
—Bella, cariño, ¿cómo te encuentras? —Fue lo primero que dijo al verme, mientras Edward se encargó de ir a buscar el equipaje.
—Bien, las náuseas aún no terminan y estoy más bipolar que de costumbre, algunas de mis prendas favoritas ya no me quedan, pero intentando acostumbrarme a todo eso.
—Pero si ya se quiere hacer notar esta pequeña —dijo acariciando mi vientre.
— ¿Tú también crees que será niñita? —pregunté sorprendida y ella me quedó mirando raro.
— ¿Quién fue el que te lo dijo primero?
—Matt —suspiré al aire y mi mamá me quedó mirando raro—. Oh, perdón, se me había olvidado contarte que hay veces que sueño con él. —Ella aún me seguía mirando raro, pero cuando llegó Edward cambió su rostro y nos fuimos a mi casa.
Me fui a descansar porque esa fue otra de las cosas que vinieron en este embarazo, el agotamiento, cada vez que podía me iba a dormir porque si no, andaba a bostezos por donde anduviese, y en el auto cuando veníamos de regreso a casa desde el aeropuerto no era la excepción.
—Anda a dormir amor, yo me encargo de arreglar la habitación de invitados para tu madre. —Me besó en la frente.
—Está… —bostecé sin querer otra vez— bien.
La tarde siguiente, en la ecografía, salió todo bien, además según los análisis sanguíneos estaba con un nivel normal de progesterona, sin embargo Andrew no quiso suspenderme el medicamento por completo, pues le preocupaba que si me lo suspendía por completo mi progesterona iba a volver a estar tan baja que tendría que internarme de nuevo.
Gracias a la profesión de mi hermano, tenía un poco de conocimiento de cuál era el bebé y cómo estaba ubicado, mi hermano ofreció que la ecografía fuera con tecnología 4D y realmente me sorprendí, aún mi bebé no tenía formada sus piernitas, pero sus brazos ya los movía, midió cerca de ocho centímetros y yo no cabía más de felicidad.
—Ya pues Andrew, ¿te aventuras a decir si es niñita? —consultó mi mamá.
—Lo haré solo si Bells quiere. —Mi hermano me miraba mientras de fondo estaba el sonido de los latidos del corazón de mi criatura.
Miré a Edward, que tenía una de mis manos entre las suyas, asintió con la mirada y fui yo quien le dije a Andrew que podía decir si se aventuraba a decir si mi bebé era un niñito o niñita.
—Que conste mamá, que todavía no es un diagnóstico totalmente seguro, pero aparentemente va a ser… —paró como para darle más suspenso— una linda niñita.
Mientras mi mamá celebraba yo miré a Edward, por la mirada que tenía estaba segura que él estaba pensando lo mismo que yo, sobre las cosas que "Matt" me había señalado en aquel sueño. Él también se encargó de ayudarme a sacar las piernas de los estribos, pues por recomendación de mi hermano, no quería realizarme una ecografía abdominal porque él con la ecografía intra-vaginal de los tres meses podía observar con más claridad si es que el futuro bebé presentaba algún problema.
—Bells, tú y tu bebé están en perfecto estado —agregó Andy cuando ya estuvimos en las sillas de su escritorio—, lo que si te recomiendo es que te cuides de la hipertensión sanguínea y de la diabetes gestacional.
—No te preocupes, sabes que todo lo que dices lo cumplo al pie de la letra o Edward se encarga de hacérmelo cumplir.
Mi madre, Andy y el mismo Edward se estaban riendo de mis palabras, pero como ellos no habían escuchado nunca que no hay que molestar a una embarazada con sus hormonas dando vuelta, me enojé y salí dando un fuerte portazo.
Menos mal que yo tenía las llaves del auto, consideré que si esperaba el ascensor me alcanzarían pronto así que bajé rápidamente por las escaleras, me subí al auto y salí del Hospital General, después me dirigí hasta Potrero avenuepara poder ingresar después a la 101, más conocida como El camino real que me permitiría ir a casa, pero estaba segura de que todo el mundo ya estaría al tanto, así que a casa no me iría, a Point Lobos tampoco, era obvio que me irían a buscar allí, fue entonces que decidí desviar mi rumbo hacia Golden Gate Park.
Estacioné por Fell street, casi al llegar a Central avenue, comencé a caminar hasta que encontré una banca donde pude sentarme, tenía la extraña sensación de que alguien me observaba pero no le hice caso, me preocupaba más el hecho de que Edward se enojara por mi actitud infantil o bien que Emmett se enterara de lo ocurrido y se riera a mi costa. De esos pensamientos pasé a otros totalmente distintos, que iban en directa relación con mis sueños, me cuestionaba si en realidad era mi angelito el que se entrometía en mis sueños y los llenaba de luz, pero por sobre todo cómo era que el Mathew que me visitaba sabía y aseguraba que el bebé que esperaba sería una niña.
Mi celular vibraba, ya se habían dado cuenta que no estaba ni en casa ni en Point Lobos, recibí un mensaje de texto y me quedé totalmente desconcertada por lo que este decía, quería volver al vehículo y largarme de acá.
Amor mío:
Vente a casa, ya has dado una vuelta bastante larga por San Francisco y has estado demasiado rato en Golden Gate Park, la humedad te puede afectar.
Te ama con locura,
Edward
PD: No me enojaré contigo, te lo prometo.
Es que este hombre no podía haber mandado a alguien a seguirme pensaba, sería insólito, ahora no podía tener un rato a solas para pasear por San Francisco, pero vi al responsable de que Edward estuviera al tanto de dónde me encontraba.
—Emmett, ¿no podías cerrar tu maldita boca?, pero claro, le tenías que decir todo a él, solidaridad de género. —Cada vez veía más rojo—. Tú deberías saber que cuando una embarazada necesita respirar y pensar sobre algunas cosas en soledad no hay que molestarla, ni a ella ni a sus hormonas.
—Perdón —fue lo único que dijo, hecha una furia volví a buscar mi auto y me encerré a llorar. Sabía que Edward no demoraría en llegar, Emmett lo debió haber llamado, conduje hasta la costera que daba al océano pacífico para llegar al zoológico.
Estaba admirando los osos, pues siempre me habían parecido fascinantes, muy gruñones y con un humor bastante corto, de pronto una pareja de adolescentes se quedaron a mi lado, no sabía si era paranoia mía o de verdad me estaban mirando más que de costumbre, así que seguí avanzando hacia la zona sudamericana.
Y otra vez sonó el teléfono.
—Bella, ¿dónde estás? —preguntó mi papá.
—Ni creas que te lo diré, ahora están todos coludidos para saber dónde me he metido —bufé completamente frustrada—. Sólo debes saber que estamos bien y cuando llames de vuelta a Edward dile que no necesita tantos guardaespaldas para que me cuiden.
—Pero Bella…
—Pero nada papá —lo interrumpí—, no quiero ser grosera, pero realmente hoy me han colmado la paciencia y no estoy para pasar rabias porque no quiero pasarme otra semana internada.
—Tranquila, están todos preocupados y me dejaron totalmente desesperado por ti. —Me bajó la culpa.
—En un rato volveré a casa, ahora estoy paseando e intentando calmar mis nervios.
—Ok, haré llegar los mensajes. —Suspiró profundamente—. Te quiero, cuídate mucho y que la mini Bella no te de tantos problemas, adiós.
Tomé una que otra foto y me dispuse a salir para regresar a casa, estaba más tranquila, quería hablar con Edward y preguntarle acerca de la razón por la cual Emmett estaba justo en el parque cuando debiese estar en la oficina.
Antes de hacer andar el vehículo le mandé un mensaje de texto a mi marido.
Edward:
Regresaré a casa, estaré pronto de vuelta, asegúrate de que estemos solos, quiero conversar de un tema súper importante contigo.
Te amo.
Bella.
Agradezco la paciencia que me han tenido, yo creo que la persona que está en la universidad entenderá un poco mi demora y la de mi beta, ella está con su internado y yo con unos cuantos laboratorios de biología.
El siguiente capítulo se viene bastante peligroso, aquí va un adelanto
(...) —Buenas tardes, señor Cullen —dijo el tipo que estaba como copiloto cuando Edward contestó.
— ¿Quién es usted, qué es lo que hace con el teléfono de mi esposa y dónde está ella? —preguntó Edward con un tono de voz impaciente.
—Mi nombre no se lo puedo decir —expresó cortante mi actual copiloto—, su esposa está bien hasta el minuto, de eso no se preocupe, pero no lo estará si usted no consigue una suma de dinero que le mandaré por mensaje de texto desde este mismo celular (...)
Nos vemos en el siguiente capítulo y espero que intenten pensar quién es la parsona que está detrás de todo esto.
