Capítulo 5: Potter al ataque!
La mirada de sorpresa en el rostro de Flint fue reemplazada rápidamente por una sonrisa burlona, al ver quien se encontraba a sus espaldas. ― Vaya, vaya pero si es tu querido cara rajada. ― espetó. ― ¿Qué quieres Potter? ¿Vienes a defender a tu perra?
― ¿Cómo te atreves a llamarla así, hijo de…? ― salto Albus agarrando a Flint del cuello de la camisa escolar. Los otros dos Slytherin se prepararon para sacar sus varitas, pero Harry fue más rápido sacando la suya y apuntándolos a ambos.
― Ni se atrevan. ― siseo moviendo la varita entre uno y otro. Marcus se sacudió del agarre de Albus, mirándolo con odio.
― Sera mejor que controles a tu hijo Potter, o tendré que hacerle una bonita cicatriz como la tuya para que aprenda a respetar. ― Escupió arrogante.
― ¿Respetar? ― se burló Albus. ― Lo único que me inspiran ratas como tu es asco. Acorralar a mi madre en un oscuro pasillo en plena madrugada y sobre todo cuando esta desarmada, es de cobardes, y por esa clase de personas, si es que se les puede llamar así, yo no siento ningún respeto. ― Harry miro sorprendido a su hijo por el resentimiento que sintió tras sus palabras, ¿acaso Albus ya había presenciado algo como esto?
― Entonces tendré que enseñarte a hacerlo, estúpido. ― soltó Flint clavando su varita en el cuello del menor de los Potter, Astoria jadeo y se cubrió la boca con las manos.
Harry cambio la dirección de su varita inmediatamente hacia el Slytherin, consiguiendo que los otros dos aprovecharan su distracción para sacar sus varitas.
― Aléjate de él Flint o… ― susurro amenazante.
― ¿O que, Potter? ¿Me castigaras? ― se burló, riendo con sus matones.
― Tal vez el señor Potter no tenga la autoridad de hacerlo, señor Flint, yo, por otro lado, puedo y estaré encantado de hacerlo. ― Todos se quedaron de piedra al escuchar el característico arrastre de palabras del profesor Severus Snape. ― Ahora, bajen sus varitas inmediatamente. ― ordenó. ― Sera mejor que tengan una muy buena explicación para estar rondando por los pasillos a estas horas, aunque la verdad es que de poco les serviría. ― dijo con burla.
Todos tragaron saliva, completamente pálidos, excepto uno de ellos, Albus Potter, que lo único que hacía era mirar al temible profesor con profunda admiración.
― ¿Le gustaría empezar a explicarse, señor Flint? ― El slytherin se puso aún más pálido y no consiguió soltar ningún ruido. ― ¿Le arrancaron la lengua los duendes? Porque hace un momento lo vi de lo más comunicativo… ¿O acaso tengo que darle un poco de veritaserum? ― Amenazo.
Flint negó enérgicamente con la cabeza. ― No señor, solo estábamos buscando a nuestra compañera de casa que salió en mitad de la noche. ― Mintió señalando con la cabeza a Astoria y lanzándole una mirada de advertencia para que no se atreviera a contradecirlo.
― Ya veo. ― murmuro Snape, se acercó un par de pasos más a Marcus hasta estar a unos centímetros de él, el sudor empezó a correr por las sienes del Slytherin. ― ¿Acaso tengo cara de estúpido? ― escupió en el rostro asustado de su alumno. ― Vaya inmediatamente a mi despacho, Flint y llévese a sus perros falderos con usted. ― dijo con desprecio, los tres Slytherin se perdieron en el pasillo con el mismo aspecto de perros apaleados.
― ¿Interrumpí su reunión familiar, Potter? ― inquiero con su voz teñida de sarcasmo. ― Explíquese.
― Greengrass no tiene la culpa de nada. ― fue lo primero que salió de la boca del niño que vivió, sorprendiendo una vez más a todos. ― Flint la persiguió y acorralo en este pasillo debido a que ella… y yo… ― tartamudeo nervioso.
― Debido a que se casara con un Potter. ― aclaro Albus por él. La mirada de Severus se trasladó al joven Potter, y se extrañó al ver el afecto que reflejaba su mirada. Una vez más surgió en su mente la duda del por qué Potter le había puesto su nombre a su hijo. ¿Acaso el sabia…? No, no, era imposible.
― Señorita Greengrass puede retirarse a su torre. ― soltó con disgusto. Un alumno menos a quien castigar…
― Pero profesor Severus ― interrumpió Albus. ― no puede enviarla de nuevo ahí, volverán a hacerle lo mismo una y otra vez. ― Explico, ajeno a la mirada de muerte que le envió el profesor de pociones al escucharlo usar su nombre.
― Yo me ocupare de esa situación. ― Espeto con frialdad. ― Por otro lado, usted señor Potter no tenía razón alguna para estar fuera de su torre, ¿me equivoco? ¿o es que acaso ahora es prefecto y nadie lo sabía? ― Esbozo una sonrisa cruel al ver que el hijo de su eterno rival se quedaba mudo.
― Diríjase a mi despacho en este momento, al parecer compartirá el castigo con sus amigos Slytherin.
― Disculpe, profesor… ― susurro Astoria.
― ¿Todavía sigue aquí, señorita Greengrass? ― arrastro las palabras con disgusto. ― ¿Acaso quiere ser castigada junto con sus compañeros? ― inquirió con sarcasmo.
― Me parece justo, profesor. ― dijo con seguridad la menor de las Greengrass. ― Si Potter no hubiera tratado de defenderme, no lo habría encontrado.
― Pero, mama… ― trato de hablar Albus.
― Me parece que tiene mucha confianza en las habilidades para esconderse del señor Potter. ― señalo en profesor, provocando el sonrojo de su alumna. ― Pero está bien, ya que insiste será más que bienvenida a mi despacho junto con sus compañeros. En cuanto a usted, ― se dirigió a Albus ― será mejor que regrese a su torre y no salga, a no ser que quiera terminar acorralado en un pasillo como la señorita Greengrass. ― Sentencio dándose la vuelta caminando por el pasillo, esperando que ellos lo siguieran.
― ¿Cómo? Pero, ¿Por qué yo no estoy casti…? Auch… ― Chillo al sentir el codazo que le dio su padre en las costillas y el pisotón de su madre.
― Vuelve a tu torre de una vez, Albus, antes de que Snape cambie de opinión. ― le susurro por lo bajo Harry.
― ¿Dijiste algo, Potter? ― exigió Snape dándose la vuelta.
― No, nada. ― respondieron a la vez Harry y Albus sin saber a cuál de los dos se refería, Astoria esbozo una sonrisa y se preguntó si eso sucedía con frecuencia en el futuro. Severus hizo una mueca de disgusto y siguió su recorrido hacia las mazmorras.
― Entonces… ¿supongo que los veré mañana? ― pregunto inseguro Albus, sintiéndose repentinamente tímido, era la primera vez que hablaba con sus padres y no sabía si ellos querrían volver a reunirse con él. Tal vez él no era lo que ellos habían esperado.
― Claro que si, Albus. ― afirmo su padre ― Es decir, si tú estás de acuerdo…
― ¡Por supuesto! ― salto con efusividad, avergonzándose un instante después. ― Quiero decir, estaría bien papá…
Ambos, padre e hijo miraron a la menor de las Greengrass con expectación. Albus no quería forzar su suerte esperando que su madre también quisiera encontrarse con ellos al día siguiente, sabia la difícil situación en la que se encontraba con sus compañeros de casa y…
― Me encantaría. ― afirmo con una sonrisa, sorprendiendo totalmente a los hombres Potter.
Albus entro sigilosamente a su habitación, tratando de hacer el menor ruido posible para no despertar a la chica que yacía dormida en la cama. Más apenas cerró la puerta, escucho la voz de Megara.
― ¿Al? ― pregunto con confusión. ― ¿Cuándo saliste? ¿Estás bien? ― Se incorporó preocupada.
Albus se acercó rápidamente a la cama y se dejó caer junto a su novia. ― Shh… tranquila, todo está bien. Solo que no podía dormir y salí por un poco de aire. ― La tranquilizo recostándola sobre su pecho.
― ¿Tuviste alguna pesadilla?
― No, hermosa, solo que no podía para de darle vueltas a lo sucedido en el comedor. ―suspiro.
― Entiendo. Pero sabes que eso no volverá a ocurrir. Estoy segura de que el profesor Dumbledore se encargará de eso, de alguna manera. ― lo alentó.
― Lo sé, hermosa. Ahora lo sé. ― respondió con una sonrisa.
Megara apoyo el mentón en el pecho de su Potter para poder observar su rostro. ― ¿Y porque tan sonriente? ¿Paso algo?
― Los vi. ― respondió.
― ¿A quiénes? ― pregunto Megara confundida.
― A mis padres, estuve con ellos, hablamos y todo. ― respondió feliz.
― ¿En serio? ― Le sonrio Megara. ― ¿Cómo fue?
Albus le conto todo lo que había transcurrido a lo largo de la noche, con las pequeñas interrupciones de Megara para preguntarle algo o expresar su molestia ante los Slytherin que estaban acosando a su madre.
― Jodidos imbéciles arrogantes, ¿Qué se creen? Intimidando a una chica sola y desarmada, se merecen lo peor. Y luego se quejan de que nos ven a las serpientes como unos matones. ¡Y ellos son los culpables de que los demás tengan esas ideas! ― Albus observaba divertido los gruñidos de su hermosa novia, se veía tan linda tan pequeñita y amenazando de muerte a unos brabucones que le doblaban la altura.
― Ya… calma Meg… papa y yo pudimos lidiar con ellos, además llego el profesor Snape y se los llevo a su despacho… bueno incluyendo a mis padres. ― dijo con pesar.
Megara jadeo sorprendida.
― ¿Hablaste con Severus Snape? ― exclamo. Sabía la admiración que sentía Albus por el profesor de pociones y en algún momento director de Hogwarts. Era una de las personas a las que el pequeño Potter más quería. A pesar de que no llego a conocerlo, con las historias que le contaba su padre bastaba para que se ganara su respeto y cariño.
― Si, él es exactamente como me contaba papá, con esa actitud tan fría y mezquina, pero ahora que se lo que se esconde bajo esa apariencia, simplemente no puede inspirarme otra cosa que no sea respeto. ― susurro.
― Me alegro de que hayas cumplido uno de tus más grandes deseos Al. ― bostezo Megara. ― Lo siento.
― Esta bien, Meg. Yo también estoy cansado, ahora puedo dormir tranquilo. ― Se colocaron en cucharita y entrelazaron sus dedos, Albus deposito un beso en el cabello oscuro de la Slytherin. ― Hasta más tarde, hermosa.
― Hasta mañana, amor. ― respondió Megara entre sueños.
― ¡FAMILIA A DESAYUNAR! ¡YA! ¡A LEVANTARSE!
Cygnus había agarrado una cacerola y un cucharon, y había empezado su propia marcha matutina, golpeando cada puerta al pasar.
― ¡YA ES UN NUEVO DIA! ¡SON LAS 7 DE LA MAÑANA! ¡Y YA QUE NO TENGO A LYRA NO PUEDO DORMIR! ¡Y SI YO NO PUEDO DORMIR NADIE PUEDE! ¡OH MERLIN EXTRAÑO TANTO A MI HADA! ― empezó a lloriquear. ― ¡NECESITO AMOR!
Una pelirroja empezó a retorcerse en su cama, botando las sabanas y destapando a su rubio acompañante. Metió la cabeza bajo la almohada tratando de no escuchar los gritos pero fue en vano.
Se sentó en la cama como un resorte. ― ¡Por Merlín y Morgana juntos! ¿Puedo matar a tu hermano? ― gruño tirándole la almohada en la espalda al menor de los Malfoy.
― Te lo agradecería infinitamente. ― le respondió a su vez Scorpius con la cara enterrada en la almohada. ― Jodido Cygnus. ― murmuro.
Rose se dejó caer de espaldas con resignación. ― Esto de estar sin Lyra lo está matando. Y a nosotros con él.
Scorpius se arrastró por la cama hasta apoyar la cabeza sobre uno de los pechos de su pelirroja. ― Creo que lo entiendo, si yo tuviera que pasar dos semanas o incluso dos días sin verte estaría igual o peor, Rosie.
Rose empezó a acariciar los rubios cabellos de Scorp pensando en lo mucho que amaba a ese idiota, y en todo lo que debieron superar para estar juntos. Aunque, ahora se daba cuenta de que todo eso sirvió para hacerlos más fuertes y unirlos aún más.
― Te amo, Scorp. ― susurro. A veces sentía que no se lo decía con la suficiente frecuencia.
― Y yo te amo a ti, Rose. ― le respondió el, mirando sus ojos azules. ― Nunca lo olvides.
Deposito sus labios sobre los de ella, y los rozo con su lengua pidiendo permiso para entrar, Rose entre abrió mas los labios y el beso se fue tornando más salvaje, Scorpius bajo hasta su cuello y empezó a repartir besos y mordidas y fue bajando más y más... hasta que…
― ¡OIGAN USTEDES DEJENSE DE COMER DELANTE DE LOS POBRES Y BAJEN A HACERME COMPAÑÍA! ― Cygnus empezó a aporrear con más fuerza las puertas.
Scorpius y Rose soltaron suspiros de frustración. ― Definitivamente lo matamos. ― Acordaron.
― Imagino que por lo menos tendrás ya el desayuno servido. ― dijo Hugo mientras bajaba por las escaleras junto a Agnes. ― Ya que te has tomado la molestia de despertarnos tan temprano y con tanto ímpetu.
― Por supuesto que sí, mi querido Hugo. ― Sonrio complacido Cygnus al ver la cara de asombro de todos sus primos cuando vieron el banquete mañanero que había preparado el rubio.
― ¿Realmente tu hiciste esto Cy? ― pregunto su hermana con desconfianza.
― ja ja… bueno… tal vez tuve un poco de ayuda de los elfos de la escuela… ― respondió nervioso.
― ¿QUE? ― grito Lily
― ¿Saliste? ― La pequeña Lucy
― ¿En que estabas pensando animal? ― Su querida hermana Cassie.
Y Alexander… ― ¿Eres idiota?
― Calma… Calma chicos ― levanto las manos ― Salí muy temprano aún no había ningún estudiante, además utilice un hechizo desilusionador por si acaso.
Todos respiraron aliviados.
― ¿En serio me creen tan estúpido? ― pregunto ofendido.
Nadie respondió.
Todos se sirviendo la comida y se sentaron, al igual que la noche anterior, donde pudieron. ― ¿Hubo algún avance con el hechizo de la tía Hermione? ― pregunto Molly a los Malfoy. Habían estado tratando de realizar el hechizo pero al parecer era más complejo de lo que recordaban.
― No. Nada. Ninguno. ― Respondieron los tres Malfoy con pesar.
― Entonces hasta que lo logremos deberíamos seguir presentándonos así como hemos hecho hasta ahora. ― Opino Fred.
― Sí, estoy de acuerdo.
― Yo también.
― De acuerdo ahora que ya hemos comido. ― dijo Teddy mientras miraba su reloj. ― Siendo las 8 de la mañana me parece que es buen momento para ducharnos e ir al gran comedor. ― Todos asintieron conformes. ― ¿A las 9 bajamos todos aquí? ― Asintieron una vez más y subieron a asearse.
Que cosas les depararía ese día
Hola! Como han estado? Me odian? Lamento tanto aparecerme por aquí después de taaaanto tiempo... prometo no volver a hacerlo. Ahora que tengo un poco más de tiempo libre, haré lo posible por actualizar cada semana. Estoy infinitamente agradecida por la acogida que ha tenido esta historia, cada review me ha alentado a continuar, literal, era como que no sabía cómo continuarla pero veía sus reviews y decía "no amanda, no puedes abandonarla por más tiempo" Muchas muchas gracias por su apoyo y por no olvidarse de este fic.
Un súper agradecimiento especial a mi quería amiga Shelary, que ahora está ahí presionándome y presionándome a que escriba y apoyándome para que no deje la historia a la mitad. Gracias Baby!
Espero que este capítulo les haya gustado tanto como los anteriores. ¡Besos!
