Capitulo VI

Ese día se levanto de muy buen humor. No desayuno debido a la hora, pero la servidumbre se esperaba eso luego de una noche de parranda; por ese motivo, siempre dejaban la mesa del comedor con bocadillos para él.

Tomo un poco de jugo, se devoro unos panes con tocino, y termino de beber el resto de su vaso.

- buen día, o buenas tardes mejor dicho.

Inuyasha solo sonrió

- ¿volverás almorzar? - pregunto George al verlo comer tan apurado yendo hacia la salida arreglándose.

- no creo, depende de cuanto tiempo me tome recibir el nuevo cargamento. Pero para la cena, te garantizo mi presencia.

- Inuyasha… no te vallas tan rápido - el joven se detuvo con el pan en la boca mientras se colocaba la chaqueta de terciopelo azul.

- George, solo te puedo dar unos minutos ¿Qué sucede?

- nada malo, solo quiero saber: ¿como estas? Pasas tan poco tiempo en casa, que ya ni te vemos.

- he estado bien, con un poco de dolor de cabeza, pero nada del otro mundo.

- estas trabajando demasiado… deberías descansar un poco, despejarte. Frecuentar… tal vez alguna que otra fiesta, salir con alguien, volver a enamorarte tal vez…

- mi querida George - le tomo las manos y la miro como si lo último hubiera sido una broma - lo primero te lo acepto, desde luego que sí; pero lo ultimo… no. El amor no esta en mis planes.

- ¿Por qué no? No hace mal enamorarse.

- no, pero tampoco hace bien. Prefiero tener las mismas metas que hace años.

- disfrutar de la vida, sin amarrarte a nadie - dijo George al recordarlas.

- nos estamos entendiendo. No te preocupes, estoy bien. Luego de Kikio, no creo que exista otra mujer que me haga perder la cabeza como para volver a casarme.

Temprano en la mañana el Nereus habían ingresado al Támesis, una hilera de barcos aguardaban lograr un puesto en el muelle para desembarcar su cargamento, todo se veía una locura, por lo visto les tomaría una eternidad poder desembarcar ¿Por qué debía ser todo tan tedioso?

- ¿Que sucede Kagome?

- mi cabeza va explotar - masajeaba su sien mientras miraba sin ver el puerto de Londres.

- ¿quieres que te prepare algo? - le propuso Jade.

- no, solo quiero desembarcar lo antes posible para comenzar con este ¡maldito suplicio!

- Kagome… deja de decir "maldito", no es muy adecuado.

- como digas Jade… condenado suplicio ¿esta bien? - rio con malicia.

- eres incorregible ¿sabias?

- por supuesto, si no, no nos llevaríamos tan bien ¿no crees?

- claro que no, me agradabas incluso antes de volverte tan impetuosa.

- salvaje, Jade, salvaje - la corrigió y al oírla bufar rio a carcajada - ¡Dios! Estuviste mucho con Antonia - se quejo con fingida molestia.

- ¿que querías que hiciera? si no me hablabas.

- esta bien, ganaste esta vez.

Observaron el muelle, alejarse lentamente, cuando debería ser todo lo contrario ¿Qué era lo que estaba sucediendo? Tal vez se equivocaron y siguieron de lado, pero para eso debían ser bastante idiotas como para no darse cuenta que estaban ya ahí, el barullo del gentío era ensordecedor, así aparte de idiotas debían ser sordos.

- pero que rayos… - pronuncio Kagome tratando dar con alguien de la tripulación.

- ¿crees que nos hallan atacado durante la noche?

La miro de reojo, estaba apunto de sufrir un colapso nervioso, así que trato calmarla.

- claro que no Jade. Estamos muy en la orilla, la guardia costera se habría dado cuenta de la presencia de piratas, y dudo que se atrevan aventurarse tan adentro del Temesis.

En eso, vio uno de los marinos que se dirigía con tranquilidad hacia uno de los mástiles enrollando unas gruesas cuerdas.

- ¡ey! ¡Disculpa! ¿Por qué nos alejamos? - el hombre se quedo mirándola como si no supiera que le hablaba a él. A lo que Kagome le tuvo que señalar varias veces que se refería a él. Cosa poco favorable para su agradable humor.

El hombre la observo enmudecido por unos segundos sin creer que una mujer de su tipo le dirigiera la palabra, y creyéndose salvador de damiselas en peligro, le dijo:

- no se asuste señorita…

- ¿acaso me vez asustada? - el marino iba hacer un comentario, sin embargo al ver por primera vez el rostro malhumorado de la joven desde que le dirijo la palabra, lo incito a guardar silencio. Lo que menos reflejaba era miedo y mucho menos interés sobre él.

- disculpe…

- ahórratelas. Y no me mires así que no te hare nada, amenos que no me aclares que sucede.

- eh… si… La Skaylark, la empresa de la familia del capitán, tiene un muelle a un kilometro más allá, como puede ver esta zona es una locura y estaríamos días esperando atracar en algún muelle.

- ya veo… - lo escruto unos segundos atemorizándolo más, y Kagome lo noto, pero no dejo de hacerlo, por puro gusto de fastidiar a alguien - puedes retirarte - le indico con desgano con la mano.

Se acerco a Jade y le tomo el brazo para confortarla.

- tranquila, no es nada malo, solo vamos a otro muelle y en caso de que nos atacaran, suelto a Sansón y él se deshace de todos.

Jade sonrió con temor y Kagome dejo su propio malestar de lado para animar a la joven árabe, mientras la llevaba al camarote.

Apenas llego al nuevo muelle, propiedad de hace meses de la Skaylark, se sorprendió ver arribado el Nereus aun lado del barco de su padre. No se esperaba la llegada de su prima. Pero era una visita bastante agradable.

- ¡Inuyasha! - oyó gritar desde uno de los carruajes que mantenían a un extremo del camino, permitiendo el paso de los cargamentos.

Observo con más detalle y reconoció de inmediato a la bella de su prima.

- ¿Cómo supiste que llegábamos? - pregunto Amy bajándose con efusivo entusiasmo del carruaje - ¡Eres todo un amor al venir a recibirme!

- ¡por Dios Amy! Me cortas el aire… - la separo y la observo con detenimiento - estas radiante ¿embarazada? - Amy soltó un bufido algo poco femenino, que le salió gracioso.

- seguro debo estar embarazada para verme radiante - dijo con fingida molestia.

- claro que no primita. Y contestando a tu pregunta: no, no tenía la menor idea de que llegaban hoy - Vio a los gemelos sobre el carruaje conversando entre sí.

- ¡Dios santo! ¿Que le das de comer? ¡Están enormes!

Se acerco al carruaje para observarlos mejor y hacerles unas cosquillas.

- la buena mezcla, por supuesto - contesto orgullosa.

- claro… - rio con sorna - y ¿Warren?

- terminando de chequear unas cosas… ¿Qué haces aquí entonces? Ah… ya se. Tío James te envió a recoger a Kagome - Inuyasha enarco una ceja al oír el nombre - te debo decir que es una muchacha encantadora y de bastante carácter. Más de una vez creí ver a tío James en ella.

- ¿Por qué? ¿Te amenazo con tirarte por la borda? - dijo burlón.

- a mi no, pero si a Warren, y no con tirarlo por la borda, si no con dispararle, y por lo que se, no dudo de que sepa usar un arma. Yo te digo primito, ella es más que la simple hija de un amigo de los tíos, puedo apostar por ello y ya sabes que nunca pierdo una apuesta - rio con picardía y Inuyasha solo hiso una mueca de desagrado.

¡Por un demonio! Kagome Higurashi, esa mocosa desagradable, seguía siendo igual de malhumorada; y para más remate, ya había llegado. Tener que lidiar con una mujer gruñona y poco agraciada todos los días a partir desde ese momento, era como mucho para su existencia.

- para mi fortuna, querida primita, tampoco vengo a eso.

- y ¿a que viniste entonces?

Warren los interrumpió de improvisto al aparecer aun lado de ellos, ya listo para emprender camino a casa. Inuyasha lo saludo con cordialidad como siempre, y este al ver que fruncía el ceño, comprendió que iba a preguntar, a lo que respondió de inmediato - no, no vengo a recibirlos.

Warren frunció más el ceño, demostrándolo confundido que estaba.

- no te preocupes amor, yo también me pregunto que hace aquí - le dijo Amy esperando la respuesta de su primo, que prestaba atención a los niños.

- trabajo - respondió simple.

- ¿aquí? Pensé que ayudabas a mi padre - dijo Amy totalmente desconcertada.

- todavía lo hago, pero también ayudo al mío en las embarcaciones. Y ¿Qué tal el viaje?

- de lo más interesante - contesto Amy con demasiado entusiasmo.

- sí, a pesar de todo - añadió Warren.

- déjenme adivinar… Kagome Higurashi.

- por lo visto Amy ya te hablo de ella. Pero no, con su caballo; un semental realmente hermoso. Sin embargo, si no fuera por que lo vi con ella, juraría que no esta domado.

- pero eso sí, solo se deja tocar por Kagome - aclaro Amy - sin embargo tienes razón, es una verdadera belleza de animal, digno de su propietaria.

Inuyasha casi se atraganto al aguantar la risa. Y no tuvo que pensar mucho en ello, ya que el sol le dio en los ojos, así que se giro para darle la espalda quedando de frente al barco, pudiendo apreciar tal belleza de animal que descendían al muelle desde el barco de Warren y que mostraba dificultad en ello.

- ¡wow! ¿Es negro de crin larga y plisada? - pregunto.

- si ¿Cómo lo sabes? - pregunto intrigada Amy.

- por que lo estoy viendo - los Anderson se giraron a mirar en la misma dirección en la que hacía Inuyasha - Valla si que no exageraban… pero dudo sobre la dueña.

Amy y Warren no prestaron atención a las palabras del joven Taisho, ya que su atención se la había llevado por completo el caballo.

- ¡por el amor Dios! - exclamo Amy llevándose las manos a la boca para ahogar el grito - Kagome exigió claramente que se le avisara para bajarlo. Al parecer, tendrás que hacer rodar algunas cabezas Warren.

- ¡por un demonio! - su marido se encamino a paso veloz hacia la muchedumbre que se aglomeraba alrededor del garañón encabritado.

- no, Warren, sabes que no es prudente. Kagome es la única que puede controlarlo - llevo la vista hacía la cubierta del barco, pero no la divisaba por ninguna parte.

- aun así, esto se colocara peor, hay demasiada gente…

- tanto escándalo por un caballo - dijo Inuyasha sacándose la chaqueta y entregándosela a su prima.

- Inuyasha ¿Qué haces? No vallas ¡es una locura! - le grito Amy apunto de un vahído a causa de la de lo acontecido, por lo que su esposo la sujeto de los hombros para sostenerla en caso de.

- la única locura es el comportamiento de ustedes ¿Qué les sucede? Es solo un animal…

- al que no le gusta la gente - aclaró Warren - y si no te mata él, ¡de seguro lo hará ella…!

Demasiado tarde, Inuyasha levanto una mano mientras se arremetía entre la multitud arremangándose la camisa. Siempre había sido un temerario, actuaba sin importarle cuales fueran las consecuencias hasta llegar al punto de casi perder la vida, y nunca le había importado lo que le sucediera hasta que se caso, pero como ahora ya no era así, mucho menos le importaba lo que le sucediera, y no tenia ningún plan en dejar esta vida alocada otra vez por nada ni mucho menos, por nadie.

Trataron lazarlo entre varios y ahí se metió ayudar Inuyasha, como si todo fuera un juego. El caballo tratando librarse de las amarras, se fue en contra de unas cajas e intento envestir al que estuviera a su alcance, un par de cortes y la intensa sudoración sobre su lomo demostraba que estaba en su límite, pero aun así no se dejaba.

Uno de los hombres se acerco y comenzó azotarlo, provocando que el pánico aumentara en el corcel Andaluz incitándolo a saltar como loco, tirando mordiscos a quien se le cruzara por delante. Inuyasha rio a carcajada limpia cuando estuvo a punto de recibir una muestra de cariño por parte de garañón embravecido.

- ¡maldita bestia! - exclamo con entusiasmo al mismo tiempo que tiraba con más fuerza de las cuerdas.

Kagome ni cuenta se había dado de que ya se habían detenido; había estado tan pendiente de distraer a Jade todo ese tiempo, que sin querer también lo había hecho ella.

- por fin llegamos… - dijo exhausta con un pequeño bostezo, que se vio cortado por el bullicio - pero que…

- ¿Qué sucede? - pregunto Jade al verla con el ceño fruncido concentrada en oír algo que no tenía idea que era.

- escucha - le indico y la joven agudizo su audición.

- se oye como si… mataran a alguien… ¿en una fiesta?

Entre el griterío, pudo escuchar el inconfundible relinchar de su querido Sansón, sin dejar de lado el horrísono gemido que lo acompañaba ¿Qué estaba sucediendo? ¿De que se había perdido? ¿En que momento lo bajaron? Y lo peor de todo ¡¿Por qué no le habían avisado? Y en ese preciso instante, ubico el centro de la congregación.

La adrenalina corrió por sus venas, mientras sentía como la sangre le hervía de la impotencia apenas pudo ver como su fiel amigo era atacado y azotado sin piedad alguna. Alguien pagaría por eso, lo daba firmado.

- ¡Kagome!

Se escucho llamar por jade mientras descendía a toda prisa del barco. Como pudo se abrió paso entre el gentío que observaba el espectáculo.

- Sansón - musito con dolor cuando lo tuvo a unos metros de ella, casi doblegado con los ojos desorbitados, pero aun así se mantenía en pie.

- no, no, no, no, no… - repetía mientras se acercaba desesperada a paso rápido empujado a quien se le cruzara enfrente dispuesta acabar con tan cruel escena.

Un par de brazos le impidió seguir avanzando. La sujetaban con fuerza, lo que hizo que se enfureciera más.

- yo que usted, no lo haría - le escucho decir a su captor.

¿Que ella, que, que…? Pero que se creía este imbécil.

- ¡suélteme! - gruño indignada tratando quitárselo de enzima. Pero el muy idiota tenía fuerza, demasiada para su gusto.

Subió la vista y sus piernas tiritaron apunto de no poder sostenerla.

- el mar y el cielo a la vez - musito con un hilito de voz en Tsalagi.

- ¿disculpe?

Sintió que desfallecía en ese preciso instante, quedando en un profundo transe a causa de que se había perdido en la intensidad de aquellos ojos azules, que parecían quemarla.

Inuyasha no se dignaba a dejar de mirarla con picardía, quedándose prendado en lo atrayente de sus ojos almendrados de tan interesante color, le recordaba un felino. Eran en verdad cautivadores, y la dueña por lo que alcanzaba a ver y a sentir, era una verdadera exquisitez.

Levanto una de sus oscuras cejas al oírla gemir de espanto; eso nunca lo había provocado en una mujer, lo que aumento su curiosidad e interés.

Sansón dio un fuerte relincho ahogado. Como pudo recobro fuerzas soltándose, para luego correr sin dirección alguna.

Kagome reacciono de inmediato al oírlo. Sacudió la cabeza y miro a Inuyasha con seriedad.

- suélteme… ¡ahora! - le ordeno, pero el joven Taisho con una sonrisa maliciosa hiso todo lo contrario, por lo que la sujeto con mas fuerzas y el aroma de aceite de rosas llego a su nariz, dejándole en claro que había sido un muy buen movimiento - le digo que me suelte… ¡maldito patán! - bramo tratando soltarse, pero fue imposible.

Sansón volvió a relincha, y Inuyasha, al ver que estaba a punto de embestirlos, saco su revolver y le apunto dispuesto a disparar.

Kagome por primera vez sintió pánico; y al verse suelta de uno de los brazos, aprovecho sin dudar la oportunidad. Lo piso con fuerza en el pie y le propino un bien dado codazo en el vientre dejándolo incapacitado para tirar y por supuesto, para sujetarla.

Lo oyó maldecir, pero hiso como que no; incluso, se sintió bastante satisfecha consigo misma. Idiota.

Avanzo un par de pasos, colocándose justo enfrente de su caballo. Inuyasha trato detenerla con un brazo en el vientre y con una mueca de dolor, pero no fue lo suficientemente rápido por lo que no pudo alcanzar a sujetarla.

Alzo la manos hacía el cordel y espero a que la reconociera, pero el caballo estaba demasiado trastornado como para hacerlo. Sin embargo, aun así, no se movió de ahí; esperando, esperando y esperando, a que en algún momento reaccionara y la viera por fin, antes de que ocurriera lo que no quería: que alguien o el mismo Inuyasha, le disparara antes de que él pasara por encima suyo.

No fue el reconocerla lo que lo detuvo, si no un latigazo en una de las patas delanteras; y luego otro, otro y otro sobre el lomo. Kagome sintió la sangre hervir, casi como si una erupción volcánica se desencadenara dentro de ella.

Se acerco a zancadas, y cuando el individuo volvió azotarlo, Kagome sujeto con fuerza el empalme de cuero quitándoselo de un tirón al verlo metido en su estado de asombro.

Unos hombres trataron acercarse, pero la joven agito el látigo con destreza hacia ellos, haciéndolos retroceder.

- no se atrevan acercarse, a menos que estén dispuestos a perder la piel a latigazos.

- Inuyasha ¿te encuentras bien? - le pregunto Amy apenas llego a su lado, pero este no dijo nada, solo se irguió y observaba con admiración la escena y con una embelesada sonrisa.

- ¡ Kagome! - se giro ver quien pronuncio ese nombre, y luego de encontrar a la responsable, llevo la vista hacia quien llamo.

- ¡Por un demonio, que me aspen! - exclamo cuando su vista se detuvo en la joven que hace unos minutos lo había golpeado.

Sansón seguía en su estado, por lo que Kagome tuvo que actuar.

- Sansón, Sansón, escúchame… soy yo… mírame, por favor te lo ruego… Sansón…

Y con unas palabras en Tsalagi, incomprensibles para el resto, menos para Jade y el potro, este se fue calmando y dejo de forcejear las amarras que estaban en su cuello y que se habían enredado en dos de sus patas haciéndolo caer, pero aun así sin dejar de tratar soltarse y dejando huellas sangrantes en los sectores en que las cuerdas hacían fricción.

Un poco dudoso la dejo acercarse manteniendo la cabeza gacha, como si se sintiera culpable por la situación.

Tuvo que tragar varias veces saliva para dejar pasar el nudo que se estaba formando en su garganta, pero era imposible ya que la serie de emociones inexplicables que se estaban acumulando en su corazón, provocaron que gruesas lágrimas cayeran por sus mejillas.

Coloco la mano sobre el hocico del garañón y lo observo. Las amarras encarnadas dejaban caer pequeñas gotas de sangre. Estaba todo mojado en sudor y sus parpados decaían exhaustos, mientras sus extremidades se tambaleaban al tratar mantenerse en esa posición. Sin pensarlo demasiado, levanto su vestido y saco una de sus cuchillas de las pantorrillas y corto con cuidado cada amarra, evitando causar más daño del que había.

- todo estará bien… - susurro al oído de él y tratando calmar su propio corazón, cerro los ojos y apoyo su cabeza contra él abrazándose con fuerza al cuello del corcel.

Suspiro al sentirse mas tranquila y observo a los que lo rodeaban; permanecían mudos y estáticos, como si estuvieran viendo algo imposible y más de alguno dijo: una encantadora de animales, una bruja y otras cosas más del mismo estilo, pero no hiso caso a ello.

Sanso respiraba agitado y llevaba constantemente las orejas hacia atrás, si no lo sacaba de ahí, lo que menos le sucedería seria que se volviera a encabritar, ya que esta vez si seria asesinado.

- Jade… tu velo… ¡rápido!

La joven dudo unos segundos, pero al comprender la magnitud de la situación se lo saco y se lo lanzo a Kagome y vio como la joven con un sonido tranquilizador que realizaba mientras colocaba la extensa y delicada tela sobre la cabeza cubriéndole los ojos y los oídos, provocando la total y completa relajación del garañón.

- vámonos de aquí… - dijo la joven Higurashi, miro a Jade y juntos se abrieron paso entre la gente, quienes estupefactos se corrían con lentitud sin creer todo lo que había sucedido.

Inuyasha miraba mudo como la joven se marchaba, pero apenas ella pasó a un lado de él, Kagome levanto la frente y con desdén le dio una mirada de reojo con la ceja enarcada.

¡Por todos los demonios del infierno! Al parecer se iba a tener que tragar sus palabras, y si ella era Kagome Higurashi, estaba más que dispuesto a que ella misma lo hiciera ¡por Dios! Que si.

Continuara…


Nuevo capitulo

Disfrútenlo

Se que lo harán

Gracias por los comentarios y en este capitulo es solo el comienzo de toda la aventura que se avecina.

Mucha suerte a todas

Chauz

Avance:

Se hubiera sentido realmente intimidada si se encontrara en los zapatos de alguien más, pero en cambio se sintió familiarizada con ese rostro serio y rudo que cruzaba la puerta de entrada… le recordaba tanto a su padre.

- ¿Qué sucede muchacha? E visto gente asustada, pero jamás tristes al verme por primera vez.

- tal vez recordó a su abuelo muerto - dijo un hombre apareciendo detrás del hombre rubio.

Las mismas facciones, el mismo color de ojos, el tono de cabello, la única diferencia es que Inuyasha era más alto que él, lo pudo comprobar en el muelle, pero no menos parecidos, era como ver una copia futura del joven Taisho. Amy tenía razón al decir que los confundían como hijos de él, Anthony Taisho


La joven entre cerro los ojos, y lo observo como si en lo absoluto no recordara.

- no, muy tristemente no recuerdo a su hijo - soltó con ironía; aliso el rostro y lo escruto con la mirada - pero si recuerdo, al sujeto que trato de matar de un disparo a mi caballo esta mañana.

- ¡oh Ala! - musito con un hilito de voz Jade al ver la tormenta que se avecinaba.

- por favor, si es que a esa maldita bestia la puedes llamar caballo.

¡Perfecto! Se había enardecido con tal facilidad, que no le fue necesario fingir estarlo. Oírle llamar bestia a Sansón, era como decirle a ella en su cara salvaje.

Nos leemos.