Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney, sólo me divierto con sus personajes :3


Saint Moritz

Capítulo 6: La caja de Pandora

Para la noche de karaoke había elegido un estilo casual, jeans, un sweater y unas botas oscuras de caña alta. En el pelo, un rodete hecho con una trenza. A decir verdad no estaba tan entusiasmada por ir, pero Elsa le había pedido encarecidamente que la dejara algunas horas a solas mientras estudiaba para un examen libre que tendría ni bien regresaran a su hogar. Elsa viajaría a Berlín a rendir en la prestigiosa Universidad de Humboldt. Su hermana siempre rendía con esa modalidad libre, de modo que podía dedicarse de lleno al snowboard en las nevadas montañas de Arendelle.

Se le hacía tarde y de seguro el lugar estaría a tope, pero Hendrick le había rogado que fuera. Al final había comprendido sus palabras y, de una forma sutil, le había puesto de manifiesto sus sentimientos. Ahora tendría que remediar aquella situación, dado que ella no tenía ojos para nadie más que no fuera Kristoff.

Al salir al living del hotel distinguió una melena rubia que le era imposible de no reconocer. El sonrojo en sus mejillas fue de inmediato, como así también la sensación de vacío en el estomago. Allí estaba él, de espaldas, absorto en sus actividades. El mango de una guitarra asomaba y las suaves notas flotaban por el aire.

Casi en estado autómata se acercó a él sigilosa. Kristoff parecía ligeramente inclinado sobre algo. Asomándose con cuidado lo observó interactuar con la pantalla de una tablet, iniciando sesión en Skype. ¿Estará llamando a su novia?, se preguntó, celosa. Aunque su mente le exigía madurez y que lo dejara en paz, dándole privacidad, sumado al hecho de que la había enviado en vuelo directo a la friendzone, el morbo podía más. Necesitaba ponerle rostro aquella muchacha.

"¡Tío Kristoff!" Dijo una voz infantil.

"Hola, amiguito. ¿Cómo estás?" Saludó el rubio con tono dulce.

"Muy bien. ¿Quién es esa chica?" Preguntó el niño que estaba del otro lado de la pantalla.

Pillada en su travesura, Anna le otorgó una sonrisa nerviosa a la mirada sorprendida del rubio.

"Hola" Soltó con un jadeo, buscando que su voz no sonara chillona ni nada por el estilo. "Lo siento. Es que te vi y quise saludarte. No estaba espiándote ni nada por el estilo…" Comenzó a explicar, moviendo las manos.

"Está bien, Anna. ¿Quieres sentarte? Te presento a mi sobrino, Sven" Respondió él, sin abandonar el tono almibarado de su voz.

"Claro. Hola, Sven. Me llamo Anna" Dijo risueña, sentándose al lado de Kristoff.

El pequeño no aparentaba tener más de seis años y estaba sentado en la cama, listo para dormir, abrazado a un muñeco con forma Minion. Tenía el cabello oscuro y unos grandes y expresivos ojos marrones.

"Hola Anna, ¿eres la novia de mi tío?" Consultó el pequeño, con la astucia y picardía que sólo un infante puede concebir.

"Uhmm No" Respondió la pelirroja, dejando salir una risita nerviosa.

"¿Por qué no?" Cuestionó el niño, frunciendo el ceño.

"Es hora de dormir, amiguito." Interrumpió Kristoff, con tono nervioso. "¿Quieres que te cante esa canción?"

"¡Sí!" Exclamó Sven contento, arrebujándose en sus mantas, apretando su Minion.

El rubio rasgó las cuerdas de su guitarra, sacándoles un sonido tranquilo, como una nana. Lo escuchó cantar atenta, interactuando con Sven, hasta que el niño quedó profundamente dormido y cerró la conversación. Había sido una de las cosas más dulces que había experimentado en la vida.

"¿No deberías estar en el karaoke?" Preguntó Kristoff, aún arrancándole dulces notas a su guitarra.

"No" Respondió Anna, meneando la cabeza y sonriendo. "¿Me puedo quedar contigo?" Preguntó con timidez.

"Todo el tiempo que tú quieras" Respondió el joven correspondiendo su sonrisa.


La conversación con Borc seguía rondándole en la cabeza mientras releía por enésima vez el mismo párrafo. No debería darle importancia, el simple hecho de pasar tantas horas juntos era lo que estaba confundiendo las cosas. El domingo regresaría a Arendelle y con suerte volvería a saber de Hans el invierno próximo. Pero contrariamente a lo que siempre le sucedía, de regocijarse de no tener que soportarlo más, un sentimiento indefinido la invadía, melancolía quizás.

Tomó su celular y desplegó la polémica foto de la noche anterior. La forma que la tenía sujeta, el perfecto encastre entre ambos, sus labios dispuestos a besarla. Pero Hans era un eximio manipulador y no podía, ni debía, creer nada de eso. Estaba siguiéndole el juego, nada más.

No quería ser parte del juego de nadie y para convencerse de lo mismo tomó el objeto que siempre le recordaba que sucedía cuando una era demasiado crédula. Algo roída por los años y por todas las veces que la había abierto, esa cajita azul y aterciopelada contenía aquello que le provocaba un dolor punzante pero recordatorio, un simple anillo de oro blanco con un diminuto cristal. El signo inequívoco que una vez estuvo a punto de dar ese paso con alguien.

Una lágrima amenazó con salir, pero la eliminó rápidamente. Aquel era terreno pisado. Esquiar, el hielo, la nieve, son mi vida ahora, esa era otra Elsa, se reprendió a sí misma, como siempre que flaqueaba. Hans es una simple confusión, algo pasajero, ni bien ponga un pie en el podio pasado mañana, sólo será el recuerdo de una travesura en medio de una borrachera, meditó, mientras retomaba su lectura. Dos semestres más y adiós a la universidad.


"Sin lugar a dudas son dos esquiadores fantásticos, Fisher. El público está ansioso por ver el espectáculo que seguramente brindaran el viernes en la final con boardcross." Escuchó decir al reportero de ESPN mientras hacía zapping en el televisor de su habitación. En el medio del discurso intercalaban imágenes y filmaciones de las mejores piruetas del día, sobre todo el salto triple de Elsa y su salto magistral en la rampa.

Le encantaba ver la expresión de emoción de la rubia cuando abrazaba a su hermana luego de su hazaña. Esos zafiros tintineantes de alegría. Un momento. Elsa no me gusta, se recordó a sí mismo, meneando la cabeza.

Tomó el control remoto y cambió al siguiente canal.

"¡El amor surge en la nieve, amigos! Tenemos ésta picante imagen de Elsa Murrën y Hans Westergard acarameladísimos en la fiesta de apertura de la semana de nieve en Saint Moritz. ¿Nos darán más gratas sorpresas estos dos?" Dijo la presentadora, una curvilínea alemana con cabellos de oro, mientras señalaba la imagen donde estaban a punto de besarse.

Definitivamente la televisión no estaba de su lado. Cuanto más quería olvidarse de Elsa, el planeta entero no hacía otra cosa que refregársela por la nariz. Baba de caracol calenturienta, menudo bailecito me dio la otra noche, pensó, frunciendo el ceño, recordando el contorneo de la rubia contra su cuerpo. Si fuera más consciente de lo que hace podría dejar de ser tapa de Sport Ilustrated para ser tapa de Playboy. Seguro Kirk haría un santuario con aquello, reflexionó apagando el televisor.

"Linda forma de ser el centro, Pooh. Deberías darle las gracias a Elsa" Dijo una voz desde la puerta.

"Ni hablar y tú eres un traidor, Borc. Eres mi hermano" Objetó ofuscado, mirando de mala manera su uno de sus hermanos mayores.

"¿Y? ¿Estabas espiando, Pooh?" Cuestionó Borc, alzando una ceja rojiza.

"No. Estaba buscando señal de WIFI cuando te descubrí hablando con el enemigo. Astrid no estará muy satisfecha si se entera que andas hablando con chicas de ese tipo" Respondió Hans, entornando los ojos, evaluando si una sencilla extorsión haría que su hermano abandonara el tema.

"Elsa no es el enemigo, Hans. Deberías darle una oportunidad y conocerla. Es una chica muy simpática e inteligente. Astrid no tiene nada por lo cual preocuparse, vengo aquí a pasar un tiempo con ustedes no a buscar señoritas" Explicó el mayor, avanzado por la habitación.

"No me interesa conocerla en lo más mínimo. Sólo quiero ganar ésta estúpida competencia" Masculló el menor, cruzándose de brazos.

"¿Para qué?" Preguntó Borc, mirando la nieve caer copiosamente en el cielo nocturno.

"Ya lo sabes" Respondió Hans con tono agrio.

"¿Sigues con eso? Puedo prestarte el dinero y demás, Pooh" Puntualizó el tercer Westergard, volteando ligeramente para ver el rostro de su hermano más pequeño.

"No y no me digas Pooh" Se opuso el decimo tercer hermano, entornando los ojos verdes como el mar.

"Como tú digas, sólo no hagas nada estúpido en tu afán de ganar" Pidió Borc, revoleando los ojos. "Siempre serás mi Winnie Pooh, aún cuando estés cagado y en pañales en un asilo para ancianos" Agregó con una sonrisa.

"Siempre tan gráfico" Bufó Hans enterrando el rostro en las manos.


"Mis padres lo cuidan todo el año, pero trato de estar presente en su vida lo más que puedo" Explicó Kristoff, sonriendo de lado. "Por eso nos conectamos a través del Skype, él tiene una tablet en su cuarto que sólo la usa para hablar conmigo. Pese a las diferencias horarias, siempre trato de hablar una vez al día con él. En general a la hora de dormir o si no bien temprano por la mañana, antes de que marche a la escuela. Es un niño muy inteligente y… perdón te estoy aburriendo demasiado" Agregó, mirando con preocupación a la chica que lo acompañaba.

"No, no. Continúa. Es maravilloso todo lo que estás diciendo" Dijo Anna con su acostumbrada sonrisa, haciendo pequeño aspaviento con sus pequeñas y delicadas manos.

"Pues, nada. Es un niño extraordinario y lo quiero mucho. Sin duda nos reconforta a todos con su fuerza, después de que mi hermano y su esposa…" Su voz murió ahí, el recuerdo era muy doloroso.

La suave piel de la mano de Anna hizo contacto con la suya, provocándole un cosquilleo más que agradable. La yema de su pulgar lo acariciaba con una ternura tal que no recordaba en su vida haber experimentado algo tan maravilloso.

"Créeme que te entiendo, Kristoff" Murmuró la pelirroja, mirándolo con sus grandes ojos azules, tan expresivos y cautivadores.

Su corazón comenzó a latir con verdadero acelero. Ese era el momento, ahora o nunca. La proximidad con su rostro, la intimidad de sus gestos. Debía ser valiente por una vez su vida.

"Anna… Sé que no nos conocemos en profundidad, ni hace mucho tiempo… Pero quiero que sepas que en estas últimas horas realmente has cautivado mi…" Comenzó, casi con balbuceos, hasta que un vozarrón lo interrumpió.

"¡Así que tú eres el maldito ladrón!" Exclamó una voz con notable enfado.

Ambos voltearon a ver. Era uno de los Westergard, vaya a saber uno qué número. Era el payaso de la coleta y, entre la expresión de enfado y los carrillos inflados, parecía más ridículo aún.

"¿Es él, Anna?" Preguntó, ignorando el gesto de incertidumbre en el rostro del rubio fornido.

"Uhm, sí" Respondió Anna, colaborando más al desconcierto del rubio.

"¡Aha! Escúchame bien, grandulón. Una lágrima en ese precioso rostro por tú culpa y te aseguro que no te reconocerá ni tu madre" Amenazó el pelirrojo, señalándolo con el dedo índice, paseando la mirada entre ambos.

"¡Hendrick!" Exclamó Anna, llevándose una mano a la boca, escandalizada por la conducta del joven.

"Es lo mínimo que puedo hacer, mylady" Dijo Hendrick, encogiéndose de hombros. "Estás advertido, grandulón" Espetó, mirándolo de mala manera.

"De acuerdo" Aceptó Kristoff, sin lograr comprender a donde iba con todo eso.

Hendrick se retiró dando unas cuantas zancadas enérgicas.

"Perdón por eso… los Westergard son algo particulares" Mustió Anna, sonriendo de lado.

"Ya lo creo. Éste en particular está…" Comenzó el rubio, alzando una ceja. Ella sólo se limitó a morderse el labio. "Sigo sin entender a donde iba con todo eso" Suspiró haciendo una mueca.

Anna entornó los ojos, poniendo una expresión de determinación.

"Kristoff, ¿tienes novia?" Preguntó con voz solemne.

Si en ese instante hubiera estado comiendo, se hubiera atragantado o escupido todo por doquier.

"No" Logró articular, mirándola con extrañeza.

Ella no dijo más nada, simplemente estampó sus labios rojos y carnosos contra los suyos y él se dejó hacer feliz. Sin separarse ni un milímetro, Anna se acomodó en su regazo.

"¿Anna?" Murmuró, cuando se separaron sólo para tomar oxígeno.

"¿Cuántas señales más necesitas, Kristoff? ¿Quieres que contrate un operario de handling con luces y pechera incluida?" Regañó con coquetería la pelirroja.

El rubio rió ante tamaña ocurrencia. No tenía ni idea de cuál era su color preferido, ni que gusto de helado solía pedir, ni mucho menos sus apetencias e inquietudes, pero debía confiar en sus instintos, esos que le decían que aún siendo amor a primera vista podía resultar bien.

"Ninguna más, ¿aceptas cenar conmigo?" Respondió, reforzando el agarre sobre su estrecha cintura.

"Desde luego, pero si piensas plantearlo como amigos, no cuentes conmigo" Respondió Anna, enlazando sus brazos por detrás de su cuello.

"¿Una cita, entonces?" Cuestionó, perdiéndose en sus ojos azules y expresivos. Ella se limitó a asentir y besarlo de nuevo.


Un baño de espuma relajante y luego se iría a dormir, después de todo mañana era gran día de su hermana y tenía que estar con todas las luces prendidas para brindarle todo su apoyo. En su pecho los buenos presentimientos se anidaban y eso la regocijaba más. Se deslizó un poco más en la bañera, dejando que la espuma blanca y perfumada con aceites de jazmín la cubriera hasta los hombros.

El ruido de la puerta abriéndose de sopetón la sobresaltó.

"¿Elsa?" Llamó su hermana.

"Estoy en el baño, An. En seguida salgo" Exclamó, moviendo las manos para crear un sonido que le indicara que estaba a remojo.

"Lo siento, no puedo esperar" Anunció Anna, adentrándose en el baño. La cara de su hermana era emoción pura. "Conocí un chico. Mañana por la noche tendremos una cita oficial. Es maravilloso, Elsa. Tú lo conoces, lo viste en la fiesta y competirá contigo en el boardcross" Explicó, tomando asiento sobre la tapa del inodoro.

"¿Hans?" Preguntó y su voz salió involuntariamente como un quejido, apoyando los brazos mojados sobre el borde de la bañera.

"Dios, no." Resopló la pelirroja, revoleando los ojos "Kristoff. El rubio. Ya sabes, grandote, fornido, con los bíceps marcados y…"

"Entiendo el punto, Anna. Sé quién es. Parece amable." Interrumpió Elsa, negándose a seguir escuchando la retahíla de descripciones calenturientas de su hermana.

"¿Y…?" Mustió, poniendo la expresión de súplica con la que siempre conseguía lo que se propusiera.

"No lo sé. Lo conoces hace 24 horas, An" Puntualizó Elsa, jugueteando con la espuma. En el fondo le daba una pizca de celos que alguien más entrara en la vida de su pequeña hermanita bebé, pero también comprendía que era el proceso natural de la vida.

"¡Por favor, Elsa!" Rogó Anna. "Es amor a primera vista, tú crees en eso también, ¿verdad?" Explicó, haciendo una mueca de lado.

"Eso sólo pasa en los libros y en la películas. Pero, si tú insistes tanto, mañana hablaré con él y si logra convencerme, daré el visto bueno. Sólo así" Respondió Elsa, llevándose las rodillas al pecho.

"¡Sí!" Chillo la pelirroja, eufórica. Eras las cosas a las que debía resignarse, hasta los 21 Elsa era su tutora legal. "Gracias, El" Dijo, corriendo abrazar a su hermana "¡Iack! Estas toda mojada y pegajosa" Exclamó con una mueca de asco, limpiándose las manos con una toalla.

"¡Y qué esperas si estaba tranquila tomando un baño!" Dijo exasperada Elsa, alzando una ceja que casi tocaba el borde inferior de su gorra de baño color rosa.

Anna revoleó los ojos nuevamente, cruzándose de brazos, haciendo la expresión que mentalmente denominaba como Robert Downey Jr exasperado. Luego, olisqueó el ambiente y la miró entornando los ojos.

"¿Espuma? ¿Aceite de jazmín? ¡Exfoliante para todo el cuerpo! ¡Elsa! ¿Tienes planes subiditos de tono con un chico y no me contaste? ¿A mí? ¿Tú hermana preferida en todo el mundo?" Acusó, poniendo los brazos en jarra.

"Baja de la moto, Anna. Sólo quería un poco de relax" Suspiró Elsa, sacando el tapón de la ducha.

"Mmmh… Eso no sé si me lo creo" Canturreó la menor de las hermanas "Tienes una cita y no quieres contarle a tu pobre y pequeña hermana" Comentó, con fingido dolor, haciendo una pose dramática. Tanto así que le arrancó una risita a la mayor.

"Para ya. Necesitaba relajarme. Entre el estrés del boardcross y el examen, creo que me va a dar un surmenage" Explicó la rubia, envolviéndose en una mullida y gruesa toalla blanca.

"Más a mi favor. Necesitas distracción en calidad de urgente." Objetó Anna, haciéndose a un lado para cederle el paso a su hermana. "Un distracción masculina, preferentemente. Pelirroja, con pecas y ojos verdes" Agregó, con tono malicioso.

"Anna" Siseó la mayor, mirándola de mala manera a través del espejo del baño. "Además, hay una docena de personas en las inmediaciones que responden a ese patrón, tendrías que ser más específica"

"Hans" Espetó la menor, encogiéndose de hombros, como si fuera la más obvio del mundo. "Antes de que digas algo. Sí, me fascinaba Hans, pero está tan, pero tan, obsesionado contigo que no es atractivo en ese punto" Agregó, sonriendo de lado, disfrutando de la repentina incomodidad de su hermana.

"¿Obsesionado conmigo, dices?" Cuestionó Elsa, peinándose la larga melena rubia platinada. "Es una estupidez. Me ha hecho la vida imposible desde el minuto uno que nos conocimos y no recuerdo haberle hecho nada"

"Por favor, Elsa. Te sigue con la mirada a todas partes que vayas, parece un buitre esperando que caiga la presa" Explicó Anna.

Elsa rió desganadamente imaginando a Hans como un enorme avechucho sobre una roca.

"No me interesa. No es mi tipo ni nada por el estilo. Es cínico, egocéntrico, en cierto punto malvado y siempre tiene para conmigo una expresión de estar oliendo mierda" Explicó la rubia, encogiéndose de hombros, mientras se aplicaba tónico en el rostro.

"¡Elsa! ¿Qué palabras son esas?" Regañó la pelirroja ante las palabras altisonantes de su hermana. "Es un tarado emocional, ¿sí? Pero sus hermanos están convencidos de que muere por ti… Incluso organizaron una apuesta" Explicó risueña.

"¿Qué apuesta?" Cuestionó Elsa, con un tono de ligero enfado. Las cosas claramente se estaban yendo de las manos y, desesperadamente, no veía la hora de que llegara el torneo, patearle el trasero perfecto a Hans, ganar y huir de allí. Quizás el año próximo debamos ir a Laax o a Verbier, pensó Elsa enfadada.

La menor de las Murrën explicó brevemente en qué consistía la apuesta, observando como el rostro de su hermana mutaba a una mueca asesina.

"Dime qué tú no estás metida en eso" Pidió la rubia, mientras caminaba en círculos por la habitación.

"Bueno… yo… un poquito" Confesó Anna, haciendo una sonrisa forzada, entornando los ojos.

"¡Anna!" Reprochó la mayor "Se supone que eres mi hermana. Si voy apoyarte con Kristoff tú deberías hacer lo mismo por mí" Agregó, haciendo aspavientos con las manos "Durmiendo con el enemigo es el relato de mi vida" Concluyó dramática.

"No seas así de exagerada. Será divertido" Río la pelirroja, mientras se ponía su ropa de dormir.

"¿Y qué supone que gano con todo ese circo?" Suspiró Elsa, resignándose a que su vida se había convertido en un hazmerreír, metiéndose en la cama.

"¿En serio lo preguntas?" Cuestionó Anna, alzando una ceja. "Elsa, por favor. Debo volver a pedirte que no te encierres de nuevo. No irás a decirme que sigues enamorada de…"

"Buenas noches, Anna" Interrumpió la mayor de las hermanas, visiblemente disgustada, dándole la espalda a su hermana menor.


El despertador sonó pero él decidió continuar remoloneando en la cama, aún bajo la advertencia de Fedrick, diciéndole que se quedaría sin hot cakes porque Hendrick había pescado una borrachera fenomenal la noche anterior y, en sus mañanas de resaca, sólo levantarse hambriento de hidratos de carbono. Ignorando las advertencias de su hermano, decidió tomarse la tarde libre. Después de todo mañana sería la competencia final y hoy sólo sería esquí tradicional. Quizás debería alentar a la pequeña Murrën, pero con tal de no ver a la hermana mayor se quedaría en cama todo el día.

Pensar en Elsa le provocaba sensaciones extrañas, por un lado la detestaba por el simple hecho de ser mejor que él en algo que lo apasionaba, por otro, adoraba que amara con la misma intensidad aquel deporte. Ese sentimiento ambiguo sólo derivaba en una creciente necesidad de develar el misterio de qué había atrás de la máscara de señorita bien y perfecta que siempre portaba. Quizás si pudiera conocerla más me dé cuenta que en el fondo es un bodrio y mi cuerpo deje de tener esa necesidad imperiosa por ella, reflexionó, colocándose boca arriba en la cama. Sin embargo, la gran duda era cómo acercarse a ella, era prácticamente imposible. El único ser humano que tiene acceso total es su pequeña hermana, quien había dejado de tener interés por él, muy a su pesar, aunque difícilmente pudiera sostenerlo después de esa foto en las redes sociales. Maldita seas, maldita, internet, pensó hastiado, tomando su celular. Mensajes de algunos compañeros de universidad, e mails y una nueva notificación en Facebook. "Marten y Sophie están gustosos de anunciar su compromiso y compartirlo con…" Una punzada de dolor lo atacó sin poder hacer nada al respecto. Todavía recordaba la voz cargada de rabia de Sophie reclamándole que madurara, que lo dejar ser parte de su vida y, por último, que se iba con Marten, su mejor amigo. No sabía que lamentaba más, si la novia perdida o el mejor amigo perdido.

Aquello fue motivo suficiente para que abandonara su cama y decidiera hacer algo productivo, como bañarse, por ejemplo. Necesitaba llenar su cabeza de distracciones.


"No voy hacerte un análisis clínico, Kristoff. Relájate. Comprende que Anna es mi hermana bebé, la misma que vómito mi vestido preferido, cortó el cabello de todas mis muñecas y llenó de rallones mi cuaderno de la escuela" Dijo Elsa, divertida por la expresión de pánico del grandulón.

El rubio pareció aflojarse ante esto y liberó una pequeña risita, sobre todo por la expresión indignada de Anna ante las anécdotas que mencionaba su hermana mayor.

"¡Elsa, cállate!" Exclamó la pelirroja, mortificada.

"¿Tú apuestas sobre mi futuro amoroso y yo me veo privada de citar tus momentos más gloriosos? Ni siquiera le mencioné la ocasión cuando te sacabas mocos durante una fiesta de la empresa de papá y los pegabas debajo de la silla" Continuó la rubia, mordiéndose la mejilla para no estallar en risas. "Bueno, ya. Kristoff tiene mi autorización, pero hazla sufrir y te juro que contrato un sicario" Agregó con tono serio, alzando la barbilla.

"D-de acuerdo" Mustió el muchacho, algo nervioso, enlazando sus dedos con los de Anna.

"¿Así de fácil? No es justo, Elsa" Cuestionó una voz a sus espaldas.

"Buenos días para ti también, Hendrick. Los modales Westergard son sencillamente encantadores" Respondió Elsa, rodando los ojos, volteado ligeramente.

El pelirrojo hizo un mohín de disgusto e iba a comenzar con una gran exposición de por qué había sido visceralmente injusto con él, de no haber sido por la aparición de uno de sus hermanos mayores, Borc.

"¿Molestando, Gallina?" Preguntó Borc, dándole un coscorrón a su hermano con una pequeña pila de papeles.

"No me digas Gallina, y menos delante de Anna" Reclamó Hendrick, dedicándole una mirada de fastidio a su hermano mayor.

"Madura de una vez, la chica consiguió un mejor candidato. Por cierto, la señorita que conociste anoche reclama tu presencia en el lobby del hotel. No es gracioso que la envíes a mi habitación, te lo advierto" Indicó Borc con tono severo. Hendrick lo imitó haciendo un balbuceo y se marchó. "Sepan disculparlo, es buen chico, pero muy mal perdedor" Pidió, mirando a Kristoff, éste le hizo una seña de que todo estaba bien. "¿Podrías hacerme un favor, Elsa?" Pidió.

"Claro, dime" Respondió la rubia, dejando a un lado su bandeja de desayuno vacía.

"¿Puedes darle estos papeles a Hans? El muy estúpido deja sus cosas donde le place y yo debo alistarme para el esquí" Explicó el pelirrojo, tendiéndole los papeles.

"¿Por qué yo?" Cuestionó la rubia.

"¡Estará encantada de hacerlo!" Interrumpió Anna, tomándolo los papeles y prácticamente aventándoselos a su hermana.

"Gracias, te debo una" Dijo Borc, divertido.

Maldito, pensó Elsa, tomando los papeles entre sus manos. Parecían dibujos o bocetos, todos rotulados prolijamente con el nombre de Hans. ¿Será un dibujante? se preguntó a sí misma. Honestamente no recordaba cual era la profesión del menor de los Westergard y dudaba si alguna vez la supo.

"Kristoff me acompañara mientras me alisto, nos vemos en la pista, El" Anunció Anna, levantándose de su asiento.

"Pero…" Comenzó la rubia, viendo que no le quedaría más opción que llevarle aquellos papeles a su némesis de la nieve.

Anna acarreó a Kristoff lo más rápido que pudo, dejándola sola con el encargo. ¡Pero qué hermana más amorosa!, pensó con furia, levantándose de la mesa. Con pasos enérgicos avanzó hasta la zona de ascensores. Cuarto piso, habitación 410. Tocó unas dos veces hasta que escuchó unas pisadas y la puerta que comenzaba abrirse.

"Fedrick, idiota, ¿otra vez olvidaste la… llave?" Comenzó Hans, viéndose sorprendido al encontrar a la esquiadora en lugar de su hermano. "¿Qué se te ofrece?"

Elsa estaba elucubrando que decir. Definitivamente nada en la vida la había preparado para ver a Hans en, prácticamente, paños menores. La definición de sus músculos, la piel ligeramente dorada y la delicada y fina línea de pelo que comenzaba por debajo del ombligo y se perdía en el elástico de sus calzones de Calvin Klein. Todavía llevaba algunas gotas de agua corriéndole por el cuerpo y el cabello oscurecido por efecto del agua, evidencia que estaba terminando su rutina de baño y que el toque en la puerta lo había tomado desprevenido. Al menos tenía puestos unos pantalones, aunque desabrochados. En definitiva, parecía esos anuncios de ropa interior que había a los costados de las carreteras.

"Yo… Uhmmm… Borc me dio esto… Dibujos" Balbuceó Elsa, cohibida ante tamaño espectáculo, tendiéndole los papeles.

"Oh, gracias" Respondió Hans, tomando las hojas que la rubia le ofrecía. Iba a decir algo más cuando una expresión de malestar le surcó el rostro. "No de nuevo" Mustió. Y, antes de que ella pudiera hacer o decir algo, la tomó del brazo y tiró de ella hacia el interior de la habitación. Cerró la puerta rápidamente detrás de ellos.

Apenas podía respirar de la impresión, sus manos se apoyaron sobre el pecho fornido, deleitándose con la suavidad de su piel y el calor que emanaba de ella.

"¿Qué demonios fue eso?" Logró articular, elevando la mirada azul a los luceros verdes de su peor enemigo.

"Había una muchacha lista a disparar con el celular. Lo último que necesitamos es otra fotito en las redes o en la televisión" Respondió el pelirrojo, sin embargo, no aflojó el agarre, sosteniéndola en un estrecho abrazo.

"Creo que puedes soltarme" Sugirió Elsa, desperada por poner distancia entre esa piel maravillosa y ella, antes de cometer una locura, cómo lo que su cuerpo le pedía hacer, recorrerla entera hasta el cansancio.

Pero, pese a su pedido, lo único que soltó fueron los papeles, para sujetarla mejor por la cintura y la espalda.

"Necesito ponerle punto final, Elsa" Suspiró Hans, alzando una de sus manos para acunarle dulcemente el rostro. "No pongas cara sorprendida, sabes bien lo que sucede. Si logramos sacarnos la duda, descubrir que el asco es mutuo y…" Explicó.

"Comprendo" Afirmó Elsa. Él tenía un punto, un acercamiento de ese tipo quizás confirma sus sospechas, que no le movía ni un mísero pelo y que, entre ellos, había menos chispa que en una fogata debajo del mar. De acuerdo, Elsa, aquí vamos. Retomemos las riendas de nuestra vida de una vez, demostrémosle al mundo que se equivoca completamente… ¡Dios mío, estos abdominales! ¡Como para pasarles la len... ¡Elsa, concéntrate!, meditó, tomándose la libertad de recorrer un poco más de piel, dirigiendo sus manos a su cuello.

"Bueno, aquí vamos" Murmuró Hans, acercándose.

"Eres el As del romanticismo" Refunfuñó Elsa, entornando los ojos.

Lo observó revolear sus ojos verdes y acercarse un poco más, hasta se había tomado el atrevimiento de colar una de sus manos por debajo de su sweater negro, acariciando la estrechez de su cintura. Su aliento caliente le acarició las mejillas con ternura, olía a menta fresca. Un ligero estremecimiento la recorrió al sentir el roce ligero. Un pequeña prueba, pero él parecía completamente decidido a ir por más.


¡Hola! ¡Ay, casi casi no llego a actualizar esta semana! Pero aquí estoy, sepan disculpar que en ésta ocasión no responda los reviews, pero estoy agonizando de sueño y mañana salgo de viaje, así no habrá actualización hasta la semana próxima, es por eso que estoy dejando un capítulo bastante largo. Algunas cosas van aclarándose un poco y sé que algunas estarán algo decepcionadas de que no hay karaoke, pero prometo ponerlo más hacia el final. Algunas acertaron con lo de Winnie Pooh, los hermanos suelen poner apodos así, los mío me dicen Chili Willy como el pinguinito molesto del Pájaro Loco.

A pedido del público, próximo capítulo... ¡torneo!

Más adelante tendremos unos invitados muy especiales, pero no quiero revelar información... misterio... muejeje...

¡Qué tengan un lindo fin de semana!

Saludos,

Ekishka