Disclaimer: Los personajes y lugares que aparecen en este fic no me pertenecen... no todos. Losmíos son: Cassandra Nayron, Anne Sullivan, Eric Misdet, Evelyn Grams, Catherine (a la que aún no le inventé apellido ;p)y todo lo relacionado con la fundación Seward.
Estecap va dedicado a todos los que leen... pero especialmente a una personita que cumplió años ayer ¡Felicidades Sara!
Capítulo 6: Las casualidades sí existen
La charla con Dumbledore no se alargó mucho más ya que algunos asuntos le requerían y, de todas formas, todo lo que los chicos necesitaran saber de la Orden ya lo irían conociendo en las primeras reuniones. La primera a la que ellos asistirían no tardaría mucho en producirse, o al menos eso les había asegurado el director. El lugar de reunión tampoco había sido revelado, a pesar de la insistencia de los seis jóvenes.
- Os llegará una lechuza con una hora y un lugar. – había indicado Dumbledore. – Y allí os estaré esperando para llevaros al verdadero cuartel general de la Orden del Fénix.
Ni siquiera había querido responderles con detenimiento a la pregunta que tanto les intrigaba¿Por qué ellos¿Qué tenían ellos seis de especial para que el mejor mago de la época los quisiera con él? Pero volvieron a la pensión de Hogsmeade con esa duda y con cien más. Porque la conversación había sido demasiado corta y mil preguntas se habían quedado en el aire. ¿Qué hacía exactamente la Orden¿Quién pertenecía a ella¿Por qué tanto secretismo?
Cuando los chicos llegaron al pueblo era casi la hora del almuerzo y, aunque durante el trayecto de vuelta habían hablado mucho de lo que acababa de sucederles, estaban deseando continuar el tema. No obstante, el comedor de la pensión no parecía el lugar más adecuado, así que comieron rápidamente y subieron a la habitación más amplia que disponían, la de las chicas.
- ¿Todo listo? – preguntó Remus desde la puerta, a la que había lanzado un hechizo para que nadie pudiera molestarlos.
Los demás asintieron y poco a poco se fueron sentando en las tres camas y en el sillón que había en la habitación. Ventanas y puertas cerradas mágicamente y las paredes encantadas para evitar ser escuchados desde las habitaciones colindantes. Ahora ya podían retomar la conversación que habían tenido que interrumpir al llegar al final del pasadizo de Honeydukes. Lily y James se recostaron en la cama central, Sirius quedó tumbado en la cama de su izquierda y en la de la derecha, Anne y Casey se repartieron el espacio para sentarse cómodamente; a Remus le había tocado el sillón.
Las horas se les fueron pasando entre teorías, suposiciones y más teorías de lo que podía ser o no ser la Orden, lo que tendrían que hacer ahora que pertenecían a ella... Por un día olvidaron las diferencias que existían entre algunos de ellos. Sirius y Casey se hablaban como personas civilizadas, ni un solo insulto se escapó de sus labios; Remus y Anne parecían menos fríos y distantes que días anteriores. Era la emoción de participar en algo tan importante lo que conseguía que esos cuatro se olvidaran que se llevaban mal entre sí, o que no se llevaban de ningún modo, como ocurría en el caso de Remus y Anne.
Sin embargo, aunque un tema que apasiona puede hacer olvidar por un tiempo los rencores, no conseguía eliminar el cansancio. Y después de que se dieran cuenta que la hora de la cena hacía horas que había pasado, a todos les dieron ganas de dormir de pronto. La magia del momento se había terminado, así que los chicos volvieron a su habitación y, después de desayunar al día siguiente, cada uno volvió a su casa.
oOo
Pasaron un par de semanas y las lechuzas no llegaban. Su primera reunión ya no se celebraría en febrero. A cada uno de los seis le preocupaba la tardanza, aunque lo demostraban de distinta forma.
A Sirius, por su parte, se le sumaba la impaciencia y la expectación por la llegada de la lechuza de Dumbledore con la exasperación que le producía estar con Catherine. Porque finalmente, en aquellos escasos quince días, sus citas con la chica habían aumentado de cantidad sin que él se lo propusiera. Todos los días ella lo esperaba al salir de las clases y acababa por convencerlo para que la llevara a cenar o a pasear. Y¿cómo iba a negarse Sirius a una chica que le atraía tanto?
Pero, a pesar de la atracción que ella podía ejercer en él, al quinto día Sirius empezaba a agobiarse con los mimos, que resultaban demasiado empalagosos para su gusto. Desde entonces comenzó a verla de forma distinta: ya no parecía tan atractiva ni tan deslumbrante. Ya no sabía cómo despegarse de ella aunque fuera sólo un día, y James tampoco se prestó a ayudarlo.
- ¿No tenías tanto interés en ella? – le había dicho con sorna cuando su amigo le había pedido ayuda. – Pues ahora te apañas solo, que según tú, lo que yo te pueda decir solo consigue confundirte.
Y así se había marchado con Lily de la academia, dejando a Sirius desganado con las muestras de afecto de una Catherine cada vez más contenta. El chico llegó a pensar que ella se hartaría de él si no le correspondía a los besos ni a los arrumacos, pero con eso sólo consiguió que Catherine se esforzara el doble por captar su atención. En una de las cenas que compartieron, como hacían ya de forma habitual, Sirius le dijo, todo lo delicadamente que fue capaz, que sentía que aquella relación no iba a ningún lado y que no quería lastimarla, que lo mejor era quedar como amigos. Catherine, creyendo que era una de las miles de bromas de él, se lo tomó a risa y le aseguró que nadie se creería que quería romper con ella, que la broma se olía a leguas.
Y si lo de hacerse el frío y el distante no había funcionado, ni tampoco lo de tratar de ser su amigo y querer protegerla del futuro más que incierto de la relación... ¿qué opción le quedaba a Sirius para ser libre de nuevo? Si James no quería ayudarle, y por ende Lily tampoco, al chico sólo le quedaban dos amigos: Anne y Remus. Ella estaba tan ocupada con el trabajo y los estudios que no tenía ni tiempo para escribir una carta de más de seis líneas, así que pedirle ayuda era como hablar con una pared, inútil. Remus era otra cuestión... Lunático al salvamento de sus amigos una vez más. Si no era él, a Sirius no se le ocurrían más opciones.
El licántropo al principio se negó en redondo, recordándole que ya era hora de madurar y que si era lo suficiente independiente para vivir solo, también tenía que serlo para dejar a una chica. Sirius llegó a suplicar con tal dramatismo y exageración que Remus acabó por ceder, al menos para no tener que oír una súplica más. Y así fue cómo Sirius acabó aquella última tarde de febrero en un parque del centro de Londres y con Catherine aferrada a un brazo.
- Yo soy una persona solitaria y muy independiente. – reconocía Sirius con gesto serio. – Necesito espacio y por eso me cuesta estar atado a alguien. Tú no mereces eso.
Catherine se resistió a soltarse del brazo cuando él se levantó del banco en que ambos se habían sentado después de dar un paseo. Las lágrimas se agolpaban en los ojos de la chica, que se esforzaba por descubrir un rastro de burla en el gesto de él que le indicase que aquello era otra de sus bromas. Pero no lo encontraba y su subconsciente le sugirió que tal vez la cena de unos días atrás tampoco hubiese sido una broma.
Sirius miró a los árboles que tenía frente a él, con la esperanza de encontrar a su amigo y que aquello terminara pronto; los rechazos eran lo que menos le gustaba de salir con una chica. ¿Por qué todas tenían que tomárselo tan a la tremenda?
- Siento mucho hacerte esto. – prosiguió volviendo a mirar a la chica, que empezaba a aflojar la mano en su brazo. – Pero créeme, es mejor que lo dejemos ahora que llevamos poco tiempo. No me perdonaría engañarte sobre mis sentimientos si continuamos con esto.
Remus apareció a paso ligero por el camino que la 'todavía' pareja había seguido para llegar donde estaban ahora. Sirius vio el cielo abierto, murmuró un 'lo siento' y se soltó sin muchos miramientos de la mano de Catherine para irse con su amigo.
Ya estaba hecho. Los abrazos empalagosos habían terminado.
- Ahora entiendo por qué las chicas con las que has salido te siguen dirigiendo la palabra. – comentó Sirius de mejor ánimo, cuando ambos se dirigían a una cafetería cercana.
- ¿Por qué?
- Porque les pintas la situación tan dramática, como si tú sufrieras también con la ruptura, que al final acaban sintiendo más pena por ti que por ellas.
- No todos somos de piedra como tú. – indicó el licántropo con seriedad. – A muchos sí que nos sabe mal tener que dejar a una chica.
Sirius prefirió no contestar y entró a la cafetería que ya tenían delante de ellos. La tarde era fresca y les sentaría bien algo caliente.
- Lo que no entiendo es por qué Cornamenta no ha querido ayudarme. – se quejó el moreno cuando tomaron asiento en una mesa junto a los ventanales.
- No es raro después de lo que le dijiste sobre vuestra charla de Navidad. – opinó Remus mirando la carta distraídamente. – Si le andas diciendo que gracias a él has perdido el tiempo pensando en algo que no existe, lo más normal es que deje de aconsejarte. No vaya a ser que dentro de una semana le digas que has dejado a Catherine por su culpa y que tú no querías hacerlo.
Sirius le miró alzando una ceja, como si aquello no fuera con él. De pronto, algo en la mesa que había detrás de Remus llamó su atención. Un chico rubio acababa de derramar el contenido de lo que parecía un vaso de batido. Sirius no pudo evitar reírse de los movimientos torpes y nerviosos con los que el chico trataba de limpiar la mesa mientras no dejaba de mirar a algo, o alguien, que estaba detrás de Sirius. Él ni siquiera se molestó en darse la vuelta para ver lo que ponía nervioso al chico de la otra mesa, le parecía más divertido ver la cara de bobo que el chico en cuestión estaba poniendo.
Remus sí que se dio la vuelta para ver qué le causaba tanta gracia a su amigo, pero borró la sonrisa incipiente de su cara cuando, volviendo a su posición original, vio a la persona que se dirigía a la mesa que había tras él. Las casualidades sí existían.
- ¿Remus¿Cómo tú por aquí? – lo saludó Casey apareciendo en el campo de visión de Sirius.
Antes de que Remus pudiera contestarle, ella quiso saber quién le acompañaba, aunque se arrepintió de haber mirado cuando vio a Sirius con gesto tenso sentado en la silla de enfrente.
- ¡Qué casualidad que hayáis venido justo donde Matthew y yo habíamos quedado! – exclamó la chica mordazmente, lanzando una mirada ofendida al licántropo.
- Sí, una casualidad. –repitió Remus haciendo hincapié en la última palabra.
Casey se sentó en su mesa, no sin antes fulminar con una mirada fugaz a Sirius.
- ¿Ese es Matthew Jones? – le preguntó Sirius a su amigo en voz baja unos segundos después, y mirando con recelo cómo el chico torpe alargaba la mano sobre su mesa para alcanzar la de Casey. - ¿No dijiste que era mayor?
- Y lo es. – repuso Remus vagamente, pensando en cómo aprovechar la situación.
- Pues parece un adolescente a punto de reventar con las hormonas. – bufó el moreno sin apartar la mirada de la mesa que había detrás de ellos.
- ¿Cómo tú? – aventuró su amigo alzando una ceja.
- ¡Yo no baboseo a las chicas de esa forma! – gruñó Sirius todo lo bajo que pudo para que sólo su amigo le escuchara.
- ¿Y qué más te da que babosee o no a Casey?
- ¡Me importa! – masculló el moreno rápidamente.
Remus esbozó una sonrisa que hizo que Sirius se diera cuenta de lo que acababa de decir.
- Quiero decir que me importa porque... porque... – el cerebro del chico trabajaba a toda velocidad en busca de una respuesta creíble. – Porque ella no conoce a los chicos y no sabe lo que pueden hacerle.
- Ya, como si Casey no supiera defenderse sola. – Remus miró a su amigo con evidente satisfacción y con burla. A ver quién se creía aquella excusa.
- Estás empezando a sonar como James. – le recriminó Sirius con brusquedad.
Pero no tuvo tiempo de explicarle a qué se refería. La puerta de la cafetería se abrió de golpe y por ella entró una chica de pelo largo que estaba empapada por la lluvia que había comenzado a caer. Cuando ella gritó el nombre de Sirius toda la gente del local se volvió para mirarla.
- ¿Qué hace Catherine aquí? – se alarmó Sirius cuando la chica ya corría hacia él. - ¿Qué ha fallado de tu plan, Lunático?
- Sirius, por favor. – Catherine llegó a la mesa de los chicos y se arrodilló al lado del moreno, agarrándole las manos. – Si lo que necesitas es espacio yo te lo daré, pero no me dejes, por favor.
El chico miró a Remus con los ojos desencajados por el pánico y luego se levantó de la silla, tirando de las manos de Catherine para que no estuviera arrodillada a sus pies. Ella se echó a sus brazos entre súplicas y sollozos. Sirius no podía articular palabra, no sabía cómo actuar y por eso pedía ayuda a su amigo con la mirada. Pero Remus estaba igual de sorprendido y se esforzaba para controlar la carcajada que estaba pidiendo aquella situación. Era la primera vez que Sirius se enfrentaba a algo parecido y con la cara que tenía era imposible no reírse.
- Catherine, escúchame. – comenzó Sirius, que no podía dejar de notar a toda la gente del local mirándole. – Ya te he dicho que no es culpa tuya, que no es algo que tú puedas...
- Por favor, por favor. – sollozó ella todavía escondida en su hombro.
- ¡Lunático! – murmuró Sirius a la desesperada, mientras intentaba en vano deshacerse del abrazo de la chica.
Casey observaba la escena con una mezcla de diversión y frialdad. Diversión por Sirius, siempre tan arrogante y engreído, tan seguro de sí mismo... y ahora no sabía cómo salir de aquello; se le veía casi desesperado por deshacerse de la chica. Y frialdad porque le daba rabia que una chica se ridiculizara de aquella forma por él, que a su parecer se merecía toda aquella situación, con toda la gente mirándole. Quizás así dejaría de tratar a las chicas como lo hacía.
- Escucha Catherine, vamos afuera y hablamos tranquilamente. – insistía Sirius con paciencia. – No es necesario que hagas esto.
Finalmente, y ante la mirada de todo la gente, Sirius consiguió sacar a la chica del local.
- Así que nuestro amigo Black sigue rompiendo corazones inocentes. – le comentó Casey con burla a Remus, que se volvió en su asiento para ver a su amiga a la cara. - ¿No era esta chica la que nos retrasó tanto el otro día en la Academia?
- ¿Interesada en los ligues de Canuto? – preguntó el chico a su vez.
- Remus¡por favor! – contestó ella como si le ofendiese en lo más profundo. – Simple curiosidad.
El chico la miró de soslayo, haciéndole entender que a él no le servía aquella respuesta.
- Simplemente siento curiosidad por saber quién es la pobrecita que ha montado semejante escena. – repitió Casey simulando indiferencia y volviendo de nuevo a atender a su acompañante.
En ese momento Sirius entró de nuevo en el local, un poco mojado y con cara de triunfo.
- ¿Qué le has dicho para que se despegara de ti definitivamente? – quiso saber Remus cuando su amigo volvió a su asiento.
- Lo primero que me pasó por la cabeza, que estaba perdidamente enamorado de otra chica.
- Supongo que tú sin las mentiras no eres nadie¿verdad Black? – intervino Casey desde su mesa.
- Y tú no eres tú misma si no te metes en las conversaciones ajenas. – repuso el chico con suficiencia, moviéndose para ver bien a Casey.
- Es patético que tengas que mentir de esa forma para quitarte de encima a una chica, que se ve que te adora. – prosiguió ella con tono ácido y dejando de lado a Matthew para darse la vuelta. - ¿Quién va a creerse que tú te has enamorado? Claro, sólo las chicas inocentes como esta amiga tuya que se acaba de ir...
- ¿Y por qué no podría enamorarme? – farfulló Sirius, a quien se le estaba acabando la paciencia. – Todo el mundo lo hace alguna vez¿por qué yo no?
Remus movió su silla a un lado para ver mejor a sus dos amigos. Sirius se había levantado y estaba inclinado sobre la mesa, apoyando las manos en ella; mientras que Casey se había levantado también, se había cruzado de brazos y encaraba al chico con un gesto de superioridad.
Por segunda vez en la tarde, todo el local estaba pendiente de Sirius.
- Porque hay algo que la mayoría de la gente tiene y tú no. – siguió la chica acercándose peligrosamente a Sirius.
- ¿Y qué es? Si puede saberse, claro. – Sirius se acercó a ella también, maldiciendo que aquel fuera un local de muggles.
- Casey, creo que sería mejor que nos fuéramos. – intervino Matthew con cautela desde su mesa.
- Cinco minutos, Mat. – indicó ella sin volverse para mirarle a la cara. – No podemos dejar a Black con la intriga¿no crees?
Remus estaba pendiente de todo desde su lugar. Sabía muy bien que de no haber sido aquello un local muggle tendría que intervenir pronto para quitarles las varitas a sus amigos. Allí no había problemas, porque ambos serían muy irreflexivos pero conocían de sobra sus límites. Así que el chico de cabellos castaños se quedó sentado tranquilamente, atento a la conversación ya que sentía curiosidad por lo que ella iba a decir.
- Hay algo de lo que careces. – repitió Casey a unos pasos de Sirius. – Aquí. Lo que no tienes debería estar justo aquí. - alzó la mano y la colocó en el lado izquierdo del pecho del chico. – No tienes corazón.
Él la miró ofendido por la afirmación tan rotunda que acababa de hacer. Sin embargo, en su interior algo se activó al sentir el contacto de ella.
- No me falta nada. – gruñó. – Si no tuviera corazón estarías más feliz, porque estaría muerto.
Ella soltó una carcajada y, a medida que bajaba el brazo de su pecho y rompía el contacto físico, dio un par de pasos más. Estaban más cerca de lo que habían estado nunca, con las caras a escasos centímetros. Era una lástima que estuvieran demasiado centrados en la discusión y no se dieran cuenta de aquel detalle.
- Puede que tengas corazón físico, el músculo, pero eso no te asegura que tengas el corazón de los sentimientos. – explicó ella fríamente. – Te falta ese corazón para ver dentro de las chicas con las que sales, para separar lo que se ve de lo que una persona es realmente. Un corazón para que sufras cuando haces sufrir a alguien, para que te duela ver llorar a una chica por tu culpa. Un corazón para que te lo rompan. Eso es lo que no tienes, Black. Por eso no puedes enamorarte.
El silencio se hizo en el local, todo el mundo estaba sorprendido por las palabras de la chica. Incluso Sirius se había quedado sin nada con que replicarle, y no porque estuviese de acuerdo con lo que ella había dicho, sino porque había sonado tan convincente...
Aún así, él no iba a permitir que Casey le venciera de aquella forma.
- No tienes ni idea de lo que dices, ni siquiera me conoces lo suficiente como para saber lo que tengo y lo que no.
- No es necesario conocerte a fondo para eso, con sólo mirar cómo tratas a las chicas es suficiente. – repuso Casey, ajena a que todas las miradas estuvieran puestas en ellos dos.
Sirius no contestó.
- ¿Sabes? En el fondo me da pena y compadezco a la chica que tenga la mala suerte de enamorarse de ti. – prosiguió ella con el mismo tono frío y duro.
- Imbécil. – masculló Sirius antes de darse la vuelta para irse de la cafetería.
- ¿Ves como tengo razón? Te vas porque sabes que digo la verdad. – le echó ella en cara.
Sirius se volvió, dio unos cuantos pasos rápidos y acercó su rostro al de ella.
- Me voy porque odio tener que verte. – le espetó con una mirada tan fría y cargada de rabia que hizo que Casey se estremeciera.
El portazo que dio al salir de la cafetería devolvió a casi todo el mundo a la realidad, menos a Casey, que seguía impactada por lo que acababa de ocurrir.
-Mat, acabo de recordar que tengo que acabar una redacción para mañana. Dejamos el café para otra ocasión¿te importa? – inventó Casey cuando cinco minutos después seguía dando vueltas a la cucharilla del café, sin poder quitarse a Sirius de la cabeza.
Matthew aceptó, no sin preocuparse por ella, que tenía de repente mala cara.
Casey salió del local aprisa, con la intención de pillar a Remus, que había salido sólo unos minutos antes. Necesitaba hablar con alguien, que le dijeran que Sirius era así con todo el mundo y no solo con ella. Pero al salir a la calle Remus ya no estaba, seguramente había seguido a su amigo.
"En el fondo el chico tiene razón, eres una imbécil" se dijo Casey a sí misma mientras avanzaba lentamente por la calle. " Esa no es manera de demostrarle a alguien que te gusta."
Pero lo que ella hacía cada vez que veía a Sirius no era para demostrarle nada. Ella se esforzaba por alejarse, por intentar odiarlo tan solo un poco... lo suficiente para que no le doliese tanto el rechazo que él manifestaba. Para Casey, su manera de actuar era la única solución, era su forma de desenamorarse de Sirius.
"Compadécete de ti misma como le has dicho a él que harías porque, de todos los chicos que hay en el mundo, has ido a enamorarte del chico equivocado", admitió en silencio.
oOo
La habitación estaba a oscuras, el único punto de luz que Lily podía usar para guiarse era el que emitía su propia varita. Avanzaba lentamente y en silencio, con los oídos atentos a cualquier sonido, cualquier movimiento que delatase a lo que fuera con lo que tenía que enfrentarse. Estaba en una de las habitaciones más especiales y misteriosas de la Academia de Aurores, en la primera práctica de campo que realizaban del curso. James, Sirius y el resto de sus compañeros de clase ya la habían superado, con más o menos soltura, pero el profesor Jacobs la había dejado a ella en último lugar.
Crack.
Lily se volvió justo a tiempo para lanzar un aturdidor a lo que se había movido a su derecha. Había dado en el blanco porque dejó de oír el ruido. Sus reflejos estaban en perfectas condiciones.
Y mientras la pelirroja disfrutaba pasando las pruebas a las que el profesor sometía a sus alumnos aquel día, en la habitación contigua James no hacía más que dar vueltas mirando su reloj, a punto de darle un ataque de nervios.
- Venga Cornamenta¡que sólo es una práctica! – Sirius intentaba tranquilizar a su amigo, aunque no estaba dando mucho resultado. – Si nosotros dos hemos podido pasarla sin apenas rasguños, Lily saldrá en el mismo estado que entró. Para algo es la mejor de la clase¿no crees?
- Ya sé que sólo es una maldita práctica. – masculló James en voz baja, viendo cómo el profesor observaba la pequeña bola de obsidiana que tenía en sus manos. – Es que no puedo evitarlo, me preocupo por ella. Es lo normal cuando quieres a alguien¿sabías?
- Ahí sale, vivita y coleando. ¿Qué te había dicho? Ni un mísero arañazo. – anunció Sirius evitando el último comentario de su amigo.
- Perfecto, señorita Evans. – la felicitó el profesor Jacobs. – Ahora ya pueden irse todos a las duchas, las clases han terminado por hoy.
- Ha sido genial¿no creéis? Aunque he estado a punto de fallar en el boggart que había al final, los nervios me han traicionado.
Lily se cogió del brazo de James cuando se dirigían a las duchas, una planta más arriba. Ella sonreía, disfrutaba mucho con lo que hacía y se alegraba de haber escogido aquella profesión, pero a James no le parecía tan divertido que su novia se lo pasara tan bien mientras que a él casi le había dado un ataque.
- Oye Sirius¿qué le dijiste ayer a Catherine para que no la hayamos visto hoy en todo el día? – preguntó la pelirroja inocentemente, dándole un beso en la nariz a su novio para que alegrase la cara.
- ¿Qué pasa¿Qué la gran Cassandra Nayron no ha ido corriendo a contarte? – ironizó Sirius dejando a sus amigos atrás.
- Supongo que tienes algo que contarme¿verdad? – le dijo la chica a James. - ¿Un nuevo capítulo en la historia de amor y odio más famosa de Hogwarts?
- Creía que nosotros éramos esa historia. – comentó James abrazándola, olvidando por el momento su preocupación.
Le dio un beso fugaz y empezó a contarle con lujo de detalles las dos versiones de lo que había ocurrido la tarde anterior en la cafetería: la de Sirius y la de Remus.
- Personalmente, creo que deberíamos fiarnos más de Lunático. – opinó Lily un rato después. Ya estaban duchados y listos para salir a cenar, tal y como había planeado James unos días antes.
- Aunque tal vez deberíamos escuchar también la versión de Casey.
- Ella no va a decir nada que no sepamos¿acaso crees que nos va a contar por qué lo hizo? La conozco muy bien, es igual de cabezota y orgullosa que Sirius, y es capaz de dejar de hablarnos con tal de no confesar por qué está siempre pinchando a Sirius de esa forma.
- Entonces es un caso que podíamos dar por perdido¿no crees? – propuso James, cansado de estar siempre pensando cómo quitarle la venda de los ojos a sus amigos. – Ya son mayorcitos y si no quieren ver lo que tienen delante de las narices, allá ellos.
Ahora a él le preocupaba más que Lily hubiese escogido aquella profesión. En un principio le había encantado la idea, porque estarían juntos todo el tiempo en la Academia. Pero ahora que realmente se estaba dando cuenta de lo peligroso que resultaría, no quería que ella siguiese allí. Lo difícil iba a ser proponérselo.
- ¿Estás bien, James? Te has quedado callado.
Él la miró, resuelto a decirle lo que pensaba cuanto antes.
- Estaba pensando en la práctica de hoy.
- Ha sido muy interesante, creo que nos vendría bien hacer una por semana al menos.
- Desde mi punto de vista ha sido un poco peligrosa. – indicó James, al tiempo que abandonaban el edificio de la academia.
- ¿Y qué querías? Están preparándonos para el mundo real, donde los malos no preguntan antes de atacar. – contestó Lily con burla.
- Ya sé que no preguntan pero aún así, sigue sin gustarme.
- ¿Qué es lo que no te gusta exactamente? Pensaba que la idea de ser auror te entusiasmaba.
El chico se paró un momento, era la oportunidad de decirle... Pero sabía que ella no se lo tomaría bien y no quería arruinar la cena de aquella noche. Era muy importante para él.
- Sí y me encanta pero...
- ¿Pero?
- Me he sentido fatal esta tarde.
Lily lo miró sin entender.
- Estuve muy preocupado por ti mientras estabas sola en aquella habitación. No sé si... – James titubeaba. Su novia le miraba con interés, temiendo lo que él estaba a punto de decirle. – No sé si soportaría estar preocupado de esa forma por ti cada día de mi vida.
- ¿Estás insinuando lo que creo que estás insinuando? – demandó la chica mirándole a los ojos seriamente.
James se pasó la mano por el pelo, suspiró cerrando los ojos un instante y agregó:
- No es tan malo si lo ves desde mi lugar.
- Siendo así yo debería pedirte lo mismo¿no te parece? – bufó ella cruzándose de brazos. – A mí tampoco me gusta estar preocupada por lo que pueda pasarte, pero no te pido que renuncies a lo que te gusta. ¿Acaso te he pedido que dejes la Academia o que no juegues más al quidditch?
- ¡No es lo mismo Lily! – exclamó el chico con decisión.
- No estamos teniendo esta conversación, James. – Lily se alejó un poco de su novio con gesto desafiante. – Lo mejor será que me vaya a casa, así tendrás tiempo de pensar en todo esto y te darás cuenta que estás siendo demasiado injusto.
- Lily por favor¿y la cena?
- Nos vemos el lunes. – se despidió ella fríamente.
- ¿Cómo que el lunes?
Pero la pregunta quedó en el aire porque ella ya se había desaparecido. James pegó una patada a una piedra y se maldijo por ser tan bocazas y tan poco delicado.
Sacó una cajita de terciopelo oscuro del bolsillo del pantalón, la abrió y observó con tristeza el interior. Era un esbelto anillo de oro blanco con dos diamantes diminutos engarzados en él. Cerró la cajita y volvió a guardarla. La oportunidad de entregarlo se había esfumado.
Se pasó algunas horas vagando por la ciudad, sin saber muy bien qué dirección tomar. Sabía bien que Lily todavía estaría enfadada con él, lo cual era comprensible después de pensar en frío todo lo que le había dicho, así que debía dejarle un poco más de tiempo para que reposara el enfado. Quizá entonces entendería sus razones, el porqué de sus miedos y su egoísmo. Hasta que llegara el momento lo único que James podía hacer era esperar.
Por otro lado, tampoco podía volver a casa tan temprano porque sus padres no se habrían acostado y lo acosarían a preguntas si le veían llegar con aquella cara. Y lo que James menos ganas tenía de hacer en aquel momento era explicarle a sus padres que, por desgracia, les había tocado un hijo egoísta.
Aunque sí, necesitaba hablarlo con alguien porque tampoco le apetecía pasar toda la tarde rumiando aquello en soledad. Pero pensando en sus opciones... tampoco es que tuviera muchas: a Sirius había que descartarlo el primero porque no estaba de humor; Casey probablemente tampoco lo estuviera, así que tampoco se podía contar con ella; Anne trabajaba hasta tarde, así que sólo le quedaba Lunático.
oOo
Remus iba caminando tranquilamente hacia su casa desde la escuela, pensando en las tareas que le habían quedado pendientes, cuando una figura alta llamó su atención desde lejos. Era una persona de cabellos negros y cortos de la que no supo decir si era hombre o mujer hasta que se acercó un poco más. Unos minutos después, el chico moreno y alto ya estaba frente a él, y no tenía buena cara.
- ¿Ha ocurrido algo, James? – preguntó Remus con preocupación.
- He metido la pata hasta el fondo con Lily, Lunático. – fue lo único que respondió el chico con amargura.
El tiempo que tardaron en llegar a casa de los Lupin fue suficiente para que a James le diera tiempo de expresar en voz alta sus inquietudes, esas que Lily no había terminado de escuchar. Remus prestaba mucha atención a las palabras de su amigo. Sabía de sobra que el amor que Lily y él tenían iba a superar aquel pequeño bache, pero también sabía que gran parte de la culpa la tenía James esa vez. Y así se lo hizo saber más tarde, cuando estaban cómodamente sentados en la sala de su casa.
- Tienes que admitir que tu actitud ha sido muy egoísta. Porque ella también podría haberte pedido que dejaras la academia y no lo ha hecho.
- Lo sé. – repuso James con desgana. – Pero en ese momento no lo veía así. Sólo me daba cuenta de lo que yo estaba sintiendo, que se me encogía el corazón con sólo pensar que puedo perderla en cualquier momento.
- Lily estará igual que tú y es normal. Cuando tienes algo tan valioso la sola idea de perderlo ha de ser horrible. – Remus le dio una palmadita en la espalda a su amigo. – Tienes que hablarlo con ella. Estas cosas hay que resolverlas entre los dos.
- No sé si querrá hablar conmigo ahora, he sido muy brusco con ella.
- Ahora mismo es un poco tarde. – contestó el licántropo echándole un vistazo a su reloj. – Mañana será un nuevo día, una nueva oportunidad.
- ¿Sabes? Me había decidido a pedirle que se casara conmigo esta noche y ahora me da más miedo que nunca.
- Es extraño verte actuar así. – comentó Remus alzando una ceja. – James Potter nunca ha temido a nada. ¿Es que no estás seguro de lo que Lily siente por ti?
- Sí, claro que lo estoy. – se apresuró a contestar el moreno.
- ¿Qué crees que te va a decir cuando se lo pidas?
- Pues... que sí, que se quiere casar conmigo. – titubeó James.
- ¿Y a qué esperas¿A que ella adivine tus intenciones? – Remus se levantó del sofá y comenzó a recoger los platos que su madre les había llevado un rato antes. – No sé por qué le tienes tanto miedo, si todo el que os conoce sabe ya de antemano lo que ella va a responder.
- ¿Tú crees? – James seguía dudando.
- ¡Por Merlín, James¡Que eres un merodeador! Que no se diga que puedes luchar contra lo que sea pero eres incapaz de pedirle a la persona que más te quiere en el mundo que se case contigo. – le reprendió Remus rodando los ojos. – Ahora vete a casa, duerme y mañana verás todo esto desde otra perspectiva.
Y desde luego que todo cambió de perspectiva, porque unas horas después de la conversación James se había decidido a no dejar pasar un día más. Y, a pesar de no haber dormido lo suficiente, se levantó muy temprano al día siguiente y, sin ni siquiera avisar a sus padres, salió de casa cuando la mayoría de la gente aún dormía.
Pero de nada le sirvió tanta decisión si entre todos los que dormían también se incluía a la familia Evans al completo. Porque James había ido hasta la casa de Lily, había tocado a la puerta y allí estaba todavía, casi una hora después. Cuando el chico se hartó de esperar de pie a que le abrieran la puerta decidió esperar sentado en el escalón de la puerta principal, alguna vez se levantarían para recoger el periódico ¿no? Estuvo tentado de tirar una piedrecita a la ventana del dormitorio de Lily, pero luego lo pensó mejor y prefirió no molestar a las que dormían en la habitación. Si Petunia se despertaba antes que Lily y lo veía allí tan temprano todo el barrio se enteraría con sus gritos.
Lily no había descansado muy bien aquella noche, no dejó de darle vueltas a la preocupación de James que, por un lado le demostraba lo mucho que ella le importaba, pero por el otro... no dejaba de ser injusto. Cuando se despertó aquella mañana su hermana seguía durmiendo en la cama de enfrente y en la cocina no se oía a sus padres, así que imaginó que dormirían también. La pelirroja se levantó, se puso una bata y se lavó la cara antes de bajar a desayunar.
Al pasar delante de la puerta principal para dirigirse a la cocina miró el reloj y decidió coger el periódico, así podría leerlo mientras desayunaba.
Abrió la puerta y antes de ver el periódico, vio a James sentado en el escalón, con la cabeza apoyada en la pared y respirando acompasadamente. Se había quedado dormido mientras esperaba.
Lily sonrió, se sentó al lado de su novio y le acarició el pelo hasta que él despertó.
- ¿Qué haces tan temprano aquí, James? – le preguntó ella con suavidad, olvidando de pronto que la última vez que le había visto habían acabado discutiendo.
- Yo... Sé que he sido muy egoísta, lo siento Lily, de veras. Es cierto que me da miedo perderte en una misión, pero tampoco quiero obligarte a dejar de hacer lo que te gusta. Sería como perderte de otra manera y no quiero. No fue justo que te pidiera que dejaras la academia cuando tú podrías pedirme lo mismo a mí y no lo has hecho, perdóname por favor. – James lo dijo todo de carrerilla, cogiendo la cara de Lily entre sus manos y mirándola a los ojos.
- ¿Has madrugado tanto para decirme esto? – la pelirroja no podía dejar de sonreír, porque esperaba que él se diera cuenta de que había sido injusto con ella la tarde anterior, pero no creía que fuese a suceder a aquella hora.
- Sí, claro. – repuso él un tanto confuso por la pregunta. – Me di cuenta cuando te fuiste, porque llegué a la conclusión de que tú has de sentir lo mismo, que tienes el mismo miedo que yo tengo a perderte. Y no he podido dormir, así que preferí pedirte perdón cuanto antes. Aunque no calculé que quizás era demasiado temprano, incluso para ti.
- Lo siento Lily, de verdad. – continuó el chico al ver que ella no decía nada. – Sabes que te adoro, que eres lo más importante para mí, pero esta vez me excedí y no sabes cómo lo siento. Odio la sensación que me queda en el pecho cuando discutimos.
Ella le abrazó muy fuerte como única respuesta.
- ¿Significa que me perdonas por ser un egoísta cabeza dura? – preguntó James mientras la nariz de ella seguía rozando su cuello.
- Significa que te quiero.
Y a ninguno de los dos le importó que el tiempo no fuera muy apacible aquella mañana, se quedaron abrazados un rato más. Hasta que James recordó otra cosa que tenía que decir.
- Lily
- ¿Sí?- le contestó ella sin soltarse del abrazo.
- Tengo que pedirte algo. – James fue quien se separó lentamente, para meter la mano en el bolsillo de su chaqueta.
- ¿Qué ocurre? – Lily miraba con interés cómo su novio buscaba algo en uno de sus bolsillos. ¿James estaba temblando?
- Hace tiempo que lo compré y he estado esperando el momento para dártelo. Es ahora. – sacó por fin la mano del bolsillo y con ella, una cajita de terciopelo oscuro que fue abriendo lentamente mientras seguía hablando. - ¿Quieres casarte conmigo?
Lily no habló, pero el beso tan cargado de amor que le dio a James le hizo saber al chico que la respuesta era 'sí'.
Y como ellos estaban disfrutando del momento, tardaron un poco en darse cuenta que una lechuza color café acababa de aterrizar a su lado, con un pergamino atado a la pata.
N/A: Un capítulo que me ha costado bastante trabajo terminar porque ninguno de los finales terminaba de encajarme... hasta este Por fin James deja a un lado la inseguridad y se lanza a preguntar lo que llevaba tanto tiempo deseando... aunque haya metido un poco la pata antes jiji. De todas formas, ese miedo que tiene a perder a Lily es lo más normal del mundo (al menos, eso creo yo), sobre todo en la etapa que está a punto de comenzar el mundo mágico.
Y como sabéis, me encantan los reviews...y esta vez espero con muchísimas más ganas que me comenteis sobre todo qué os ha parecido la escena final y la escena de la cafetería con Sirius y Casey! Aunque quiero que conste que la 'personalidad' que le he impuesto a Catherine no es algo que yo haría (nada de suplicar a un chico... si ellos no nos quieren, ellos se lo pierden! xD), pero me pareció divertido poner a Sirius en semejante situación.
Mil gracias de nuevo por seguir leyendo el fic y por dejarme esos comentarios que me animan de verdad a continuar :) El siguiente cap sí que no sé cuándo podré subirlos, ya empezamos la época de exámenes en una semana o dos... pero lo intentaré!
Un beso enorme a todos,
Nasirid
