Shino fue arrastrado…

— ¡Shino! —escuchó que le llamaban desde la calle.

—¡Shino! — gritaron de nuevo alargando la última letra mientras un can hacía coro con un aullido profundo e igualmente largo. Realmente no tenía muchos ánimos de levantarse, y no era pereza, era simplemente cansancio de una agobiante semana bajo la tutela de un sensei perfectamente desconocido que suplantaba a Kurenai Yuhi mientras esta estaba en la última etapa de su embarazo.

Una tercera llamada ¿Kiba era incapaz de cansarse? Bueno, esperaba que sí porque no planeaba salir ese domingo de la cama, salvo quizás para comer algo. Se puso la almohada sobre la cabeza para aminorar los aullidos de Kiba y los llamados de Akamaru pero cuando la puerta de su habitación se abrió de golpe no pudo evitar el ponerse de pie en un solo movimiento, era su padre aún en ropa de dormir.

—Calla a esos dos o me encargo de suministrarles pulgas de por vida— le dijo sin mayor expresión aparente pero como hijo suyo sabía que la amenaza se cumpliría, y esos dos con pulgas eran peor que Naruto a dieta de manzanas, así que siendo lo más veloz que pudo tomó su ropa mientras la cuarta llamada se extendía y salió de la casa.

Hasta la quinta vez fue cuando de un salto cayó al lado de su compañero de equipo.

— ¿Morirías si llamas a la puerta como la gente normal?

—No estás en posición de hablar de normalidades— respondió Kiba rascándose la cabeza… sí podía hablar de normalidades, él llamaba a la puerta cuando lo visitaba y siempre procuraba hacerlo en un horario consiente para no molestar a su familia.

— ¿A dónde vas? — escuchó que le preguntaba cuando caminó hacia la aldea. Una de las cosas buenas de vivir en los suburbios era que no había vecinos a los que Kiba pudiera enfadar y que luego se desquitaran con él, como si él hubiera hecho el escándalo a semejantes horas.

—No viniste a despertar a mi familia a las seis de la mañana para saludar ¿Qué vamos a hacer? — al parecer no tendría un domingo tranquilo.

—Es algo que estuve pensando toda la tarde y parte de la noche…

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¿Cuándo había empezado todo?

Cuando lo asignaron al equipo de Kurenai Yuhi, cuando no fue capaz de jugar el mismo papel de Sasuke Uchiha y consideró que sí era importante formar lazos con los miembros de su equipo. Cuando entredijo que Kiba era su amigo. Y aunque eso último era verdad, sinceramente no entraba en sus planes saltar alegremente de un lado a otro y hacer mil y un idioteces con él. Mucho menos haber tenido que pasar por eso.

No debió levantarse en la mañana. Debió dejar que algunas pulgas vivieran con esos dos.

Tan solo habían sido un par de horas y caminaban de ida de nuevo al centro de la aldea, el silencio era total, las cosas no se quedarían así porque la raíz de todos sus males, el chico hiperactivo de las marcas rojas en la cara pagaría muy caso haberle hecho pasar por semejante vergüenza a él, a Shino Aburame que nunca había hecho algo lo suficientemente malo como para merecer esa humillación. Pagaría muy caro y lo obligaría a llevarse el incidente a la tumba así fuera lo último que hiciera.

— ¿Hinata-chan? —preguntó bastante desconcertado el chico para el que iban dirigidos sus planes de una invasión de pequeños insectos chupadores de sangre de color marrón oscuro.

Saliendo de la casa Hyūga iba una pareja tomada de la mano y avanzando a considerable velocidad sin correr. Efectivamente se trataba de su compañera de equipo y la persona que la llevaba en calidad de casi ondeante bandera era Naruto Uzumaki.

Y al fin sucedía lo que debió suceder hacía años, le daba gusto por ella, al fin había encontrado el valor que le faltaba para crecer como persona. Regresaría a su casa para darse un justo y merecido baño, desayunar, y pasar el resto del día arreglando sus tareas pendientes en casa. Un hogar con pocas mujeres hacía problemático el orden de las cosas. Pero de momento sintió cómo sus pies dejaron de tocar suelo y su cuerpo empezaba a ondear como Hinata hacía unos momentos antes.

Con muy poca delicadeza fue dejado en el suelo detrás de unos arbustos.

—Lo más prudente es que los dejemos solos, esto no es apropiado— replicó comprendiendo lo que Kiba pretendía.

—Calla, si no quiero sabotearlos solo quiero asegurarme de ¡Mira!

Kiba señaló enérgicamente a un tipejo que se acercaba inconscientemente a darle el encuentro al rubio y su acompañante. Se trataba de un ninja de poca monta que pretendía a la heredera del clan Hyūga desde hacía un tiempo y era más insistente que Ino y Sakura juntas, le había mandado un enjambre de avispas en alguna ocasión que quiso pasarse de listo con su compañera y otra de hormigas rojas en un campamento que habían tenido la desgracia de compartir y donde trató de hacer lo mismo creyendo que todos dormían.

Vio a Kiba salir corriendo para derribar al tipo y pensaba aprovechar la oportunidad para regresar a su casa, después de todo, Naruto aunque era en el aspecto teórico de las chicas ya tenía muy pervertida la mente, en realidad era bastante inofensivo en el aspecto práctico. Pero antes de cualquier escapatoria vio un kunai salir disparado directo a Kiba quien parecía no haberlo notado…. Lanzó él un arma para interceptar la primera y lo logró sin mayor problema.

Ahora sí, dejaría a la pareja continuar su día y él se iría a casa.

— ¿A dónde vas Shino? —le preguntó Kiba saliendo del lapso casi abstraído en que había entrado aún sin darse cuenta de que estuvo a punto de dar al hospital por un agresor desconocido.

—A mi casa.

—No seas mojigato tenemos que hacer esto.

—No, no tenemos, tú quieres hacerlo, hazlo.

—Shino…

—Nos vemos.

—Shino… lo que pasó en la mañana puede quedar entre nosotros… o puede que se lo cuente a Ino— sintió como incuso los insectos que vivían dentro de él se estremecían, Ino no debía enterarse, nadie debía enterarse de lo que había pasado por la mañana pero especialmente la rubia debía ser ignorante del tema.

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Tenía hambre, pero no la suficiente como para hacer un escándalo y alejar a la gente no era en realidad muy complicado, Kiba hacía casi todo, excepto quizás cuando la rubia Yamanaka apareció y debió amedrentarla con algunos de los insectos estéticamente menos agradables a ojos femeninos. Cuando era más chico le gustaba ver a las niñas correr de una inocente oruga y desde que cumplió los cuatro años y perdió el interés en eso, jamás se imaginó que lo haría de nuevo ahora que era casi un adulto.

—Oh no, es Lee.

El enérgico maestro de taejutsu venía trotando y al verlos les saludó agitando los brazos.

Sonrió ampliamente, pero el cuello de su gabardina blanca impedía que el resto se percatara de aquello. Nunca había considerado a Rock Lee como algo más que un colega de trabajo hasta que vio la cara de súplica de Kiba al ser arrastrado a "festejar", esa expresión de cachorro en agonía no tenía precio alguno, lástima que no pudiera sentarse a ver lo que sucedía, aunque eso no significaba necesariamente que no se enteraría. Libero un par de insectos especiales y los envió a seguir a su amigo para que le contaran con lujo de detalle cómo le había ido.

Se quedó con Akamaru que siguiendo una sabia decisión no siguió a su dueño, después de todo, era solo una misión más ¿No? Sencilla y sosa…

Buscó una sombra para atajarse del sol que comenzaba a tener más definición en el cielo pero sin perder de vista el ventanal donde Naruto y Hinata se habían sentado y esperaban que les tomaran las órdenes. Él no se cansaba de hablar, ella lo miraba con tanta ternura que podía jurar que aún pensaba que era un sueño.

Posiblemente estaba en proceso la narración de la última misión y la forma en la que el chico llegaría a ser el próximo maestro Hokage cuando sucedió la cosa más insólita que había visto en toda su vida, haciendo énfasis en que había visto de todo ya… Hinata habló… pero no se trataba de un monosílabo, ni siquiera una línea, había empezado a hablar y no tenía finta de detenerse. Sintió un pequeño escalofrío que le erizó el cabello de la nuca. Se puso de pie y desplegó varios insectos, tenía un presentimiento de que no era el único fisgón y Akamaru lo corroboraba, había alguien más observando y a juzgar por la sensación que le venía no era bueno el asunto.

Una columna de humo se alzó en el tejado del edificio continuo al restaurante, el can ladró y los dos se dirigieron al sitio donde los insectos que había enviado a revisar permanecían inmóviles en el suelo. Entre el humo distinguió una silueta moverse hacia la bodega del local y por acto de inercia la siguió pidiéndole a Akamaru se encargara de la misión "sin intromisiones", un perro de su talla no tendría problemas.

Desde ahí se percibía perfectamente el ruido de las mesas y por alguna razón "desconocida" la voz de Naruto retomando la palabra sobresalía entre el bullicio, pero algo le preocupó, entendía perfectamente que le preguntaba Hinata si se encontraba bien.

Se movió a la derecha justo al tiempo en que algunos senbon pasaban a su lado, esas armas por si solas no eran letales pero lo más seguro es que tuvieran algún tipo de veneno. Hizo un clon que recibió el segundo ataque que le llegó mientras él se dirigía al punto de donde había visto venir las agujas.

Tomó por la muñeca la mano que había lanzado y la jaló hacía él para recibirle con un kunai, pero quien fuera que se escondía bajo una capucha marrón detonó otra bomba de humo. Soltó de inmediato al agresor y quiso alejarse pero el humo de expandió demasiado rápido y teniendo el grave problema de que los orificios nasales no eran los únicos por los que se podía colar lo que fuera aquel gas, tardó tan solo fracciones de segundo en tener el sistema inundado, luego sintió un toque en la cabeza y todo se volvió negro.

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Se sentía mareado y un ataque de tos le obligó a despertarse, abrió los ojos confiado en que sus gafas oscuras bloquearan el exceso de luz, miró a ambos lados, se encontraba recostado en el medio de un callejón oscurecido por la altura de los dos edificios que lo formaban. Trató de hacer algo de saliva para combatir las contracciones de sus pulmones. Se sentía extrañamente liviano y no tardó en percatarse que era porque en su cuerpo no se encontraba ni un solo insecto, ese día había empezado mal y se ponía peor a cada momento. Como pudo se puso de pie y salió del callejón aún tosiendo y sintiendo cómo con cada movimiento el humo seguía saliendo de su cuerpo.

Una poderosa sensación de inseguridad le invadió, desde que recordaba jamás había estado tan literalmente vacío. No estaba muy lejos del restaurante, de hecho a un par de cuadras distinguió la enorme bola de pelos blanca que le ladraba a un parcialmente asustado Chōji que protegía contra su pecho lo que prometía ser su almuerzo y se alejaba manteniendo una prudencial distancia.

— Akamaru… — le llamó apenas pudiendo sacar las palabras entre su tos, el aludido giró a verle y movió alegremente la cola.

—Mis…—no pudo terminar la frase, se dobló de rodillas sintiendo que sacaba los pulmones por la boca. Aferró las uñas a la tierra cuando una gran esfera plástica rodó al frente suyo, el perro la había empujado con el hocico y a juzgar por el ruido que percibía, dentro estaban sus insectos. Sacó un kunai y rasgó la cubierta viéndose envuelto casi al momento en un enjambre de kikaichu que trataron de sacar el veneno por todos los medios para volver a su estado de simbiosis con el joven shinobi.

Akamaru sabía algo, pero antes de que pudiera preguntarle el can saltó a un tejado y se alejó del lugar. Los dos eran iguales, y los dos pagarían caro.

—Shino-kun.

Giró la cabeza lentamente y se encontró con Hinata y Naruto que salían del local, pero no esperó más y optó por responder el saludo e irse de regreso a su casa… de una vez por todas.

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— ¿En dónde lo dejo? — preguntó a la matriarca Inuzuka refiriéndose a su moribundo compañero.

—Déjalo en la sala Shino-kun, hay cosas que debo tratar con él.

—Bien, con permiso.

—Espera ¿Puedo pedirte un favor? — realmente no quería, pero jamás se podía negar algo a la madre de un amigo.

— ¿Puedes llevar esto a casa de los Nara? — dijo enseñando un paquete que tomó con cuidado según indicaciones de una etiqueta de letras rojas

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—Gracias chico, ya que estás aquí ¿Puedes llevar esto con la quinta?

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—Excelente trabajo Shino, solo pasa a dejar esto a los guardias de la puerta

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—Gracias ¿Le llevas la respuesta?

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—Que lo firme Shizune

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— ¿Tienes tiempo de llevárselo a Sakura? Está en el hospital.

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Él tuvo la culpa, no debió levantarse en la mañana.


No sé si lo último ha quedado claro, pero en fin, espero les guste n.n

Ahora sí, la explicación formal:

Este fic solía llamarse "Los recados se dan en persona" ¿Por qué? Porque planeaba terminar en el capítulo de Neji y a todo lo que veía sucediendo me refería a que Hanabi armó conversaciones a su gusto, si Naruto hubiera hablado con Hinata o viceversa se aclaraba la cosa, pero no, prefirieron "mandar recado", aunque claro, pobres, no sabían que tramaba la niña.

Ahora le pongo "Hablando se entiende la gente" porque que me he extendido con más personajes y todos los líos de todos los personajes se darán pues por no hablar, ya verán a lo que me refiero.

Dudas, quejas, comentarios, sugerencias, tomatazos, una carita feliz (XD) son más que bien recibidas.

¡Gracias por leer!