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Navegar sobre algodones de azúcar. ¡No! Eso era poco. El momento tan irreal que se encontraba viviendo no tenía una descripción clara. Si decía que se sentía en el cielo, rodeada de miel, unicornios, y cualquier cosa cursi, era poco.

No importaba que ese perfecto beso haya acabado hace ya unos diez segundos; ella permanecía con los ojos cerrados. No quería despertar de ese ideal cuento de hadas. No los abrió, no quería hacerlo. En cambio, prefirió recargarse en el pecho del chico. Su transformación ya había culminado. Ese beso fue tan mágico y relajante que toda su furia se le bajó. De nuevo, estaba la Pan de bellos cabellos negros.

—Pan... ¿Has disfrutado eso? Es decir... ¿te gustó?

Esa pregunta la tomó por sorpresa. No creía que escucharía su voz por un tiempo más. Porque pensó que él se encontraba igual de cómodo, o incómodo que ella como para hablar.

—S-si... Claro que me gustó Trunks. Me encantó. Fue algo tan lindo... — Dijo, sintiendo arder sus mejillas, que las escondía en su torso.

—Que bueno. Porque será la única y última vez que algo así ocurra.

Su fantasía de permanecer horas y horas con los ojos cerrados se quebró en solo esa frase. Se incorporó de la posición en la que estaba, quitándose de encima, pero aun a su lado. Sus labios temblaban temerosos, mientras veía como el contrario aún continuaba en su forma super saiyajin, y con un semblante que lucía molesto.

—Trunks... ¿Qué estás diciendo?...

—Eso que oíste Pan. — Sin aviso, y sin tan siquiera mirarla, se levantó del suelo. Tomó un camino en la dirección contraria a ella, dándole la espalda. —No volverá a pasar otra cosa así de absurda. Somos amigos y me alegra que te haya gustado y haya sido algo especial para ti, qué bien que sea un lindo recuerdo. Pero no es correcto hacer ese tipo de cosas contigo Pan. Además, tengo novia. Y la amo.

Su cerebro no captaba. Se negaba a seguir recibiendo esas palabras tan hirientes y cortantes. Eran como pequeñas cuchillas que le atravesaban cada parte del cuerpo. Como estar en esa perfecta nube rosa, y luego caer de ella directo a un valle de espinas.

Abrió sus pequeños y temblorosos labios para decir algo, pero su garganta se negaba. Como si estuviese siendo apretada por un fuerte nudo invisible.

Recordó aquel sueño que tantas veces tuvo, y que la atormentaba. En el que justo cuando tenía algo importante que gritar, sus cuerdas se cerraban y nada salía de ellas. Esto era lo mismo, solo que; desgraciadamente esto no era un sueño. Cuando anteriormente no quería que la despertaran por ningún motivo, ahora lo deseaba más que nada y que todo esto fuera solo una ridícula pesadilla.

Tanto tiempo permaneció estupefacta, que a penas y notó cuando el otro ya no estaba. El cielo fue su camino de huída.

Cayó de rodillas al césped, derramando un lagrimal. Sus dedos se dirigieron a sus labios, acariciándolos, como queriendo memorizar esa dulce sensación. Y a la vez, queriendo olvidarla al instante.

Realmente ella creyó que aguantaría. Una fuerte chica que lucha contra grandulones, dinosaurios, dragones, villanos, robots, y un sinfín de etcéteras; debería soportar este "simple" golpecito de la vida.

Pero no. Su corazón no es tan fuerte como su cuerpo. Todo se le empezó a nublar y terminó desmayándose.

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El espejo era el gran testigo de su belleza. Solo daba unos últimos retoques a su maquillaje y estaría lista.

Melanie lo recordaba muy bien. Hoy tenía cita con su perfecto novio. A las ocho de la noche en el restaurante L'amore, como olvidarlo. Si raramente la invitaba a un lugar tan lindo, no podía estropearlo. Las horas le parecieron eternas al estar esperando la caída de la noche. Pero al final, se dio cuenta que no era para exagerar.

El cielo estaba oscuro ya, solo cepilló unas veces más su cabello, tomó su bolso y salió de casa.

¡Era un restaurante tan elegante! Que suerte tenía de comer en un lugar como ese, pensaba ella. Mejor aun, con mesa reservada y toda la cosa. Lo único malo fue que llegó ella primero. Soltó un suspiro pero prefirió no prestar atención a eso, y dedicarse a esperar a su pareja.

Comenzó a llover. Y el joven de cabellos lilas ni sus luces. Ahora comenzaba a preocuparse, temiendo que le haya pasado algo malo.

El mesero se acercó a ella, pues ya llevaba bastante tiempo sola en la mesa, únicamente con una copa de vino.

—¿Todo correcto, señorita?

—Si, discúlpeme. Aun espero a mi novio. — Aseguró con una sonrisa. Aunque por dentro ya casi perdía todas las ilusiones, justo cuando lo vio atravesar esa puerta; con una sombrilla en manos. Su sonrisa se ensanchó.

Puede que viniera todo mojado, derramando gotas por doquier; pero llegó, y eso es lo importante. Cerró su paraguas, y se lo entregó al encargado del lugar.

Una vez lo tuvo en frente, tomó las frías manos de él entre las suyas tibias.

—¡Mi amor! Estaba preocupada por ti... Ya creí que no llegabas. ¡Pero mira! ¡Te mojaste! Pero todo bien, no te enfermaste, ¿verdad?

—Todo bien... tranquila, Melanie.

Respondió sin muchas ganas. La rubia, al ver esa actitud, optó por no insistir. Ordenaron su cena, y ni así el joven le dirigía la palabra. Venía a elegir justo este día para ponerse así, justo cuando ella estaba decidida a hablar largo y tendido con él. Dejó el tenedor en el plato, causando un ligero ruido metálico. Por supuesto que también decidió dejar de lado la comida por unos minutos.

—Trunks... Quiero decirte una cosa.

—¿Ah? ¿Si? — Dijo de pronto, lo había interrumpido de toda su marea de pensamientos.

—Sé que llevamos pocos meses saliendo juntos, pero quiero decirte que te amo. ¿Sabes? Sé que muchas veces parezco una chica muy tonta, lo entiendo... Pero, tengo sentimientos. Y cuando tú te acercaste a mí, sentí que el alma me volvía al cuerpo.

De verdad el hijo de Bulma no entendía a donde iba todo esto. Pero jamás había visto a Melanie en esa actitud. Y fue lo que le hizo prestarle toda la atención. Solo la miraba, esperando que mas palabras iba a decir.

—Yo... siempre salgo de relaciones lastimeras. Todos los hombres me tratan como trapo, piensan que eso soy. Cuando muy dentro de esta mujer hay una chica muy sensible. Y tú, fuiste el único que me ha tratado como a una dama, has sido un príncipe conmigo. Soy una chica lastimada Trunks... ¡por favor cuida de mi corazón! ¡que yo quiero cuidar del tuyo!

Concluyó, casi se le quebraba la voz. E inevitablemente unas lágrimas corrieron por sus mejillas.

Los ojos del muchacho estaban abiertos a más no poder. Y se quedó sin palabras, para novedad; sintiéndose como una basura otra vez. Esa chica, de la que dijo mil y un cosas; que era una fácil, una hueca, una tonta... Esa chica lo amaba profundamente. Y él, no hacía más que comportarse como un tonto con ella. Ignorándola, haciéndole el mínimo caso, e incluso, prefiriendo a Pan sobre ella.

Sintió como si un letrero de "tarado" le cayera encima. Escuchaba las gotas de lluvia sonar como si fueran torrenciales. Porque, o algo se había roto en su confuso cerebro, o algo por fin había hecho click.

Melanie era la chica indicada. Por la que estuvo tantos años esperando. Era la elegida, esa por la cual nunca antes se casó. Era una chica linda que solo quería amarlo y cuidar de él por siempre. Una buena chica que no se merecía un trato así de parte de él.

Si, tal vez no la amaba; pero el tiempo podría encargarse de eso. Trunks estaba seguro de todos estos pensamientos que pasaban por su mente; tan seguro, que decidió que se enamoraría de ella a como de lugar. Hacer lo que su madre tanto le pedía: sentar cabeza.

—Melanie... — Se acercaba despacito a ella, hasta poner una mano en su mejilla y besar suavemente sus labios. —Yo voy a cuidar de tu corazón. — Dijo con seguridad, mirándola directamente a los ojos.

¿Y que chica no se derretiría si un apuesto chico le dijera eso? Si la rubia ya estaba enamorada del muchacho, ahora lo estaba aun mas. Y porque, por sobre todo, confiaba demasiado en él.

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Goten disfrutaba de una sesión de entrenamientos en solitario. No es que lo amara demasiado, pero desde que su papá ya no estaba en La Tierra, se decidió a volverse más fuerte por si el planeta lo requería algún día.

Nunca estaba de más salir a estirar las piernas y dar unas cuantas patadas al aire, o a un árbol, o cualquier cosa que sirviese para entrenar.

Su vuelo también era algo en lo que debía mejorar, últimamente estaba perdiendo velocidad. Se adentró en los profundos bosques de la ciudad capital, acelerando más cada vez.

—Diablos... casi olvido que mañana tenía una cita con Pares.

Pero claro, conociendo al muchacho, ya sabemos que nunca podrá concentrarse del todo en algo. Solo que gracias a eso, fue que logró divisar algo raro al fondo del bosque. Iba a ignorarlo, pero el pelinegro era como un gato curioso; así que tuvo que bajar a echar un vistazo.

A cada segundo que se acercaba mas al suelo, más clara se volvía su vista. El césped estaba bastante húmedo, producto de la inesperada lluvia que hubo una hora atrás.

Terminó de acercarse a lo que lo hizo bajar, dándose así cuenta que no era algo sino alguien. Y no solo alguien, se trataba ni más ni menos que de su sobrina Pan.

La pequeña azabache estaba tirada en el suelo, completamente mojada. Ya no estaba inconsciente, sin embargo, cualquiera que la viera diría que ese estado era peor. Sus ojos, a medio abrir, a penas y parpadeaban, sin mirar a ningún sitio en particular.

Boca abajo, con la cabeza hacia la derecha, Pan se cuestionaba... ¿porqué a ella? ¿qué hizo para merecer esto?

Y eso era lo único que por su cabecita pasaba, no más. Se encontraba tan sumida, e incluso con fiebre alta, como para notar que su tío estaba a su lado, meneandole la espalda con una mano; gritándole.

Pero ella, no oía nada.

—¡PAN! Pan por favor ya, ¡respóndeme! ¡Pan!

Ella seguía sin pronunciar palabra alguna. Era inútil, se convenció el chico. Y con toda la preocupación que un tío puede tener, la cargó en brazos para sacarla de ahí lo más pronto posible.

Pensaba llevarla a un hospital, pero quizá era una exageración. Lo mejor sería llevarla a casa de Gohan y Videl y ellos decidieran que hacer con la menor.

Por suerte, al ser hijo de quien era, llegó prontamente al lugar mencionado.

No hace falta mencionar la cara de horror que puso Gohan al ver a su princesa así.

—¡Goten! ¡¿Pero que le ocurrió?!

—¡Ni idea! ¡La encontré así a mitad del bosque y vine lo más pronto que pude!

Reaccionó al instante, quitándosela a su hermano y cargandola él. La llevó rápidamente a su habitación, cubriendola con muchas sábanas, mientras más calientita mejor.

Claro que al escuchar tanto ruido, Videl salió de su pieza, aunque estuviera en bata y pantuflas, casi resbalando al entrar; topandóse con esa terrible imagen. Se arrodilló frente a la cama de su niña, acariciando su frente.

—Gohan, Goten, ¡¿qué le pasó?! — Muy alterada.

—No lo sé, Goten la trajo, dice que no sabe pero que estaba así a medio bosque.

—Así es, incluso hace unos momentos atrás aun tenía los ojos abiertos, pero le gritaba y no me respondía nada. — Mencionó con preocupación.

—Mi princesa... — Decía la pelinegra, acariciando la carita de su hija.

—Pan sigue siendo saiyajin, se repondrá. Aunque a criterio de ustedes está si llevarla al médico o no. — Goten dijo, mirando a su hermano, quien se cruzó de brazos. Él estaba muy preocupado, este tipo de cosas no eran común en su pequeña guerrera. ¿Que habría pasado? ¿Algún villano quizá? ¿O alguna otra cosa?

Pero sus pensamientos se interrumpieron por la chica del tema. Pan empezaba a balbucear algo, aunque parecía no tener mucho sentido.

—Yo... por favor... él... super saiyajin... ¡no me hagas esto! ... rueda... de la... Trunks... fortuna... te quiero...

A Videl le volvió el alma al cuerpo solo por oírla hablar, pero volvió a su martirio al notar que tenía la fiebre altísima. Por parte de Gohan, su cabeza hizo un cruce. ¿Qué es lo que estaba diciendo su nena? ¿Significaba algo? ¿Porqué mencionó a Trunks?

—¡Iré rápido por toallas humedas! — Casi gritó la mujer.

—¡Espera Videl! ¿Qué hay de lo que dijo Pan? ¿No es raro? — Cuestionó su marido. Goten se mantenía al margen, no quería empezar a imaginarse cosas y crearse un duelo mental.

—¡¿Qué?! ¡Por Kami, Gohan! ¡Tu hija está con la fiebre al cielo! Las cosas que dice no tienen sentido, ya vuelvo. — Salió disparada a la cocina, por esas toallas húmedas.

Pese a eso, el hijo mayor de Goku seguía con su incógnita, hasta que su hermano lo interrumpió.

—Gohan... Creo que debo irme a casa, es tarde. Pero avísame si pasa algo por favor.

—¿Eh? ¿Bromeas, hermanito? Tú te quedas por hoy a dormir aquí, tú has traído a Pan y además tú mismo lo has dicho; es tarde ya. Yo hablaré luego con mamá. ¿Está bien? — Era más una orden que una pregunta. Por eso el menor de los dos rodó los ojos, ya conocía a su hermano y sus artimañas. Y también conocía esa mirada, estaba seguro que algo quería sacarle en esa noche. Goten realmente no sabía nada de que pudo haberle pasado a Pan, pero si estaba en lo cierto y Gohan lo que quería era sacarle información, trataría de evadirlo lo más posible. ¿Para que decir algo que podía no ser cierto?

—Muy bien, hermano. — Aceptó. Aunque sabía de sobra que lo que menos haría esa noche sería dormir. Le esperaba una larga tanda de preguntas absurdas de parte de su hermano mayor.

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Ya se ya se el capítulo esta corto y me voy rápido sin responder los reviews... es que tengo el tiempo contado de Internet y de inspiración (¿?) bueno talvez lo ultimo no pero si me ha faltado un poco y espero traerles el siguiente más largo y emocionante. Y créanme odie escribir la parte de Melanie y Trunks pero es necesaria para la historia y eso etc etc... Amen a Goten por hoy que salvó a nuestra bella Pan -corazoncitos- ¿quien no quisiera un tío así?

Chauuuu las amo