TRAJE A LA MEDIDA

—Capítulo 6—

Mihawk abrió los ojos sorprendido al darse cuenta que ya se colaba luz a su dormitorio. Miró de reojo el reloj que tenía a su lado, pasaban de las ocho. Normalmente no requería alarma alguna para despertarse, desde que tenía memoria su reloj biológico lo levantaba a las seis en punto. «Debe ser el cansancio acumulado» pensó. Desde que había recibido la noticia de Akagami había pasado noches enteras sin conciliar el sueño, pero al parecer por fin había tenido un buen descanso. Se levantó como cada mañana y se acercó a su ventana para admirar los jardines.

Afuera pudo observar a Pagaya tomando el té con su hija. Más al fondo, un grupo de jardineros comenzaba con los labores de mantenimiento siguiendo las indicaciones de Merry. Le pareció curioso contemplar aquello, casi siempre a esa hora ya estaba enfrascado en la oficina y no se percataba de ningún movimiento.

Una moto que venía entrando se acercó a Pagaya, el hombre se quitó el casco y saludó a los otros dos antes de seguir su camino hasta el sitio donde guardaban los autos. Pudo reconocer sin dificultad aquel cabello verde que Roronoa tenía.

Sonrió.

Seguía sin comprender del todo el comportamiento que el joven había mostrado la tarde anterior, pero debía admitir que disfrutó de su breve encuentro. Por un momento se había visto tentado a invitarlo al vapor con él, mantener una plática amena y saber más sobre esa curiosa manera de pelear con tres bokken a la vez. Sin embargo, decidió no hacerlo, recodó que estaban solos y tal vez una invitación como esa podía resultarle incómoda…

—será mejor que me apresure —concluyó al recordar que se había levantado dos horas después. Seguramente Perona ya lo estaba esperando con la agenda llena, como siempre.

• • •

Zoro encontró finalmente lo que estaba buscando. «Es éste» pensó al localizar dentro de un catálogo el cuero que le hacía falta para cubrir la empuñadura del tanto, sonrió complacido al ver el arma, le faltaba muy poco. Salió en busca de Tashigi con el libro en manos, necesitaba que le aprobara la compra lo más pronto posible. Llegó hasta su oficina y tocó un par de veces, pero parecía no haber nadie, «entonces tendré que pedírselo a Perona», se pasó la manos por el cabello, no le gustaba pedirle cosas directamente a esa mujer pero deseaba darse prisa y terminar su proyecto. Cuando atravesó la estancia le llamó la atención no ver a nadie más, Pagaya y Conis habían dejado el pórtico; y Merry, que esa mañana había andado de un lado para otro, tampoco se veía por ninguna parte. Subió las escaleras y tocó las enormes puertas que antecedían el despacho de Mihawk, al no recibir respuesta empujó suavemente y al notar que estaba abierto decidió entrar.

Al otro lado se encontró con el espacioso recibidor donde Perona tenía su escritorio. La mujer sostenía un espejo frente a ella y se repasaba el color de los labios cuidando meticulosamente el resto de su maquillaje.

—¡Zoro, ¿¡qué haces aquí!? —la mujer lo miró como si el pánico se adueñara de su ser, se paró rápidamente y comenzó a empujarlo de regreso por donde venía,

—yo sólo….

—¡no es el momento!, debes esconderte ¿¡no te lo dijeron los demás!?...

—¿¡de qué demonios me hablas!? —preguntó el hombre poniendo suficiente resistencia como para que no pudiera moverlo un milímetro más,

—¡si él te ve tendremos serios problemas! —respondió empujándolo con todas sus fuerzas en un intento vano...

Al otro lado de la puerta se escuchó que alguien se acercaba —¡ya es tarde! —exclamó espantada. La puerta se abrió de un fuerte golpe.

—Perona-chan, ya estoy aquí, ¿el señor Dracule está listo? —la mujer corrió a recibir a sus invitados. Su rostro, normalmente serio o mal encarado mostraba una bonita sonrisa. Zoro que se encontraba al otro extremo de la habitación clavó su entera atención en ellos, el primero era un hombre alto y larguirucho que vestía un traje rosa con azul, pero lo que más llamaba la atención era el maquillaje bastante cargado sobre su rostro. El segundo, que parecía ser su asistente, sujetaba entre sus manos una copa de vino, su cabello estaba pintado de dos colores y usaba unos anteojos para el sol haciéndolo lucir como una diva.

—¡Bon Clay-sama!, Inazuma-sama ¡adelante!

—espera mujer, antes de entrar ya sabes lo que tienes qué hacer… —Bon Clay hizo un giro con sus dedos como indicándole que se diera una vuelta, la chica aceptó entusiasmada, se había arreglado con más esmero al saber que hoy lo recibiría. Cuando acabó de modelar se quedó esperando con ansias el veredicto,

—¡me encanta tu estilo! —señaló el diseñador con el pulgar arriba Perona tomó su propio rostro entre las manos y se sonrojó por completo agradeciendo el cumplido.

Bon Clay estaba por dirigirse al despacho de Mihawk cuando sus ojos se clavaron en el hombre al fondo que sujetaba un libro sin decir palabra,

Perona-chan, ¿quién es ése? —Zoro le puso mala cara, el comentario lo había soltado con aire despectivo,

—na…nadie, por favor Bon Clay-sama, ignórelo —la joven se colocó frente a él intentando distraerlo pero el diseñador no pensaba ceder, se acercó hasta su objetivo barriéndolo de pies a cabeza. Zoro traía puesto unos vaqueros viejos y una playera de manga corta bastante desgastada, casi siempre vestía cosas así, especialmente cuando se trataba de trabajar en el taller,

—esto no puede ser —Bon Clay colocó una de sus manos sobre los ojos y comenzó a agitar la cabeza de manera negativa—. ¿Cómo es que el señor Dracule permite que andes por su casa con esas fachas?, ¡esto no puede ser!, Inazuma-chan… —chasqueó los dedos para llamar a su asistente, quien se colocó a lado derecho de Zoro. Entre los dos lo tomaron por los brazos y sin dejarle decir una sola palabra lo arrastraron directo a la oficina de Mihawk sujetándolo con tanta fuerza que el libro que sostenía terminó en el piso.

Perona suspiró con pesadez, Bon Clay estaba por armar una más de sus escenas, sólo esperaba que su jefe no la reprendiera.

—Dracule-san, ¡esto es de extrema urgencia! —Zoro, que venía en condición de bulto, clavó su atención en su jefe, quien se encontraba de pie frente a su pequeña cantina disfrutando de un vaso de vino,

—¿qué sucede esta vez, Bentham? —preguntó con ese tono neutral que siempre usaba,

—¡ya sabe que no me gusta que me llame por mi nombre real!... bueno, ese no es el punto, es este muchacho, ¿cómo permite que vista así? —Mihawk soltó un suspiro antes de contestar,

—te he dicho que no tienes derecho a meterte con mis empleados —hace tres meses había arrastrado de la misma manera al pobre Pagaya porque traía mal hecho el nudo de su corbata—, has venido aquí a tomar medidas para el frac de la boda, así que por favor libera a Roronoa y comienza con tu trabajo.

El dueño de la casa se deshizo del saco que traía puesto y lo colocó sobre un perchero, Bon Clay soltó el aire con pesadez sin liberar al peli verde,

—así que es un empleado de base, ¿no me diga que también acudirá a la boda de Akagami? —su rostro se llenó de terror, tomó al cautivo de ambos hombros para mirarlo a la cara acercándose tanto que el menor tuvo que hacer su cabeza hacia atrás para alargar la distancia—, ¡este esperpento no debe saber ni siquiera lo que es una corbata!

—¡ya basta! —exclamó Zoro que hasta ese momento había permanecido dócil con las críticas, se liberó de aquel agarre con un fuerte empujón—, ¡sígueme molestando y voy a partirte la cara!

—eso no será necesario Roronoa —la mano de Mihawk se colocó sobre su hombro, logrando que el enfado se le esfumara de repente, lo hizo retroceder ligeramente, como si deseara protegerlo—, por favor Bentham, déjalo en paz.

El obstinado diseñador abrió un par de veces la boca para rechistar sin dejar salir sonido alguno y se cruzó de brazos haciendo un puchero —al menos déjeme hacerle un traje adecuado para la boda,

Mihawk suspiró con hartazgo, conocía a la perfección esa manera obsesiva de ser de su sastre personal, clavó su mirada en Zoro, quien sentía su piel arder debajo de su mano—, si Roronoa está de acuerdo yo no tengo ningún inconveniente,

Zoro retrocedió ligeramente, ya le había aceptado la camisa, pero un traje era demasiado, le hizo una reverencia a modo de disculpa, perdóneme pero no puedo aceptarlo, es algo que no puedo costear y de ninguna manera permitiré que usted lo pague —el mayor sonrió ligeramente, le agradó escuchar que aquel joven era un hombre de principios,

—lo siento Bentham, ya lo has escuchado —el diseñador lo miró como si aquello fuera una desgracia monumental. Mihawk se cruzó de brazos, si tanto quieres confeccionarle un traje puedes hacerle un descuento.

Bon Clay abrió la boca para rechistar pero ante ese último comentario prefirió dejar el tema por la paz, le dirigió a Zoro una última mirada de pocos amigos y se fue dando vueltas cual bailarina hacia una esquina del despacho donde Inazuma ya había montado algunos espejos y un taburete para comenzar con su trabajo.

—Roronoa, ya puede retirarse y siento haberlo puesto en una situación incómoda —comentó el mayor, Zoro asintió y abandonó el despacho sin agregar más.

Cerró las puertas y con la vista clavada en el piso comenzó a caminar —Zoro… ¡hey, Zoro! —Perona lo llamó desde su escritorio pero no recibió respuesta, el aludido no tenía ganas de hablar con ella, al menos no por el momento, seguía demasiado molesto. Fue hasta que la chica lo asió del brazo que tuvo que mirarla,

—¡te estoy hablando!, aquí está tu catálogo… ¿qué era lo que necesitabas? —Zoro tomó el libro y se dio la vuelta para continuar su camino, Perona se colgó de su camisa con fuerza y agachó la cabeza como si se sintiera apenada. —Espera, no tengo intención de burlarme por la manera en que Bon Clay te trató… sabes… escuché lo que sucedió allá adentro… el hecho de que rechazaras que el jefe te pagara un traje hecho a la medida… fue algo… admirable —Zoro parpadeó un par de veces como si no pudiera comprender que aquella mujer le estuviera haciendo un cumplido, relajó los músculos de su cuerpo que hasta ese momento mantenía tensos—, vamos, dime de una vez qué necesitas que encargue de este libro.

El peli verde soltó un suspiro y comenzó a hojear el contenido —es esta pieza de cuero —Perona corrió por su enorme agenda y apuntó los datos. A Zoro le pareció curioso que a pesar de que en el escritorio la chica contaba con un ordenador bastante caro, prefería seguir apuntando todo a mano, era un hecho que estaba peleada con cualquier tipo de tecnología.

• • •

—Lo siento Zoro, se me olvidó advertirte, todo es culpa mía —Tashigi juntó sus manos e inclinó la cabeza pidiendo perdón. En cuanto supieron de la visita de Bon Clay todos habían huido a la cocina olvidando por completo que Zoro era nuevo y no sabía,

—lo sentimos —agregó Pagaya, a quien el peli verde le dedicó una gran sonrisa,

—siempre es lo mismo con Bon Clay, llega aquí y si algo está "fuera de moda" arma un escándalo —agregó Merry a quien ya le había hecho pasar un mal rato por su cabello y cornamenta tan peculiar—, con los únicos que se porta amable es con Perona y con Sanji,

—eso es porque yo sí tengo estilo —agregó el rubio burlándose de Zoro quien por esta vez decidió ignorarlo,

—está loco —agregó el peli verde mientras mordía una manzana que había tomado del frutero, «pero debo aceptar que si es él quien siempre viste a Mihawk… tiene un gusto excelente», las últimas palabras prefirió guardárselas para sí, sonriendo con cierta culpa al saber que eran pensamientos que no debía tener.

—Zoro… ¿puedes acompañarme un momento? —Tashigi se acercó a su oreja como si no deseara que nadie más escuchara sus palabras, el hombre asintió, se puso de pie y la siguió hasta la galería con su manzana en mano.

La mujer suspiró de repente como si se sintiera nerviosa, dio unos cuantos pasos de un lado para otro, Zoro la miraba pacientemente mientras seguía comiendo —¿ya tienes pareja para la boda? —sus mejillas estaban ligeramente enrojecidas y sus ojos miraban a todos lados menos al rostro de Zoro—, pregunto… porque me gustaría que vinieras conmigo,

el peli verde guardó silencio unos instantes sin saber cómo debía responderle, ciertamente le parecía una mujer simpática, pero sólo eso. El silencio alteró a Tashigi quien pareció comprender la situación —perdona, fui una tonta, no quería molestarte —estaba por salir cuando sintió la mano de Zoro sujetando su brazo,

—escucha, me pareces una mujer muy agradable, pero…

—no tienes qué decirlo, sé que no soy linda como Conis o Perona —soltó la muchacha, Zoro pudo notar que sus ojos se humedecían,

—no es eso, no me malentiendas —suspiró, no era fácil decirlo pero no quería que Tashigi se sintiera humillada—, digamos… que en general no me gustan las mujeres —ella clavó los ojos en su rostro, sorprendida con lo que acababa de escuchar,

—vaya —soltó con cierto alivio junto con una risita nerviosa—, al menos sé que no es porque soy una rara,

—no lo eres, muy al contrario, créeme que si eligiera entre alguna de ustedes, seguramente sería a ti —consiguió que sus mejillas se enrojecieran y que una de las lágrimas que luchaba por enjugar descendiera por su mejilla,

—y entonces ¿vas a invitar a alguien? —comentó la chica intentando desviar un poco el tema mientras pasaba su manga sobre aquella lágrima borrando todo rastro,

—todavía no lo sé, había pensado en devolver los boletos…

—¡no lo hagas!, será una gran fiesta, vamos, debes tener alguien con quien quieras compartir el momento ¿no? —Zoro se cruzó de brazos y cerró el ojo, ya se lo había comentado a Koshiro-san, quien se había negado y no se le antojaba ir solo,

—todavía tengo tiempo para pensarlo —pasó sus brazos alrededor de Tashigi con un gesto fraternal sacudiéndola ligeramente, la mujer le sonrió intentando olvidar aquel trago amargo. —Vamos, regresemos al trabajo y olvidemos todo esto.

La joven asintió, al menos su rechazo no había sido por culpa de otra chica.

• • •

Ya era noche cuando Zoro entró en el departamento, se sorprendió al notar que Law había preparado la cena y se encontraba esperando por él. «Algo trama» pensó. Una vez más percibía la molestia de Corazón, quien había decidido tomar asiento frente al televisor peleando con el control remoto para encenderlo, Zoro se acercó y le hizo favor de prender el aparato,

—Zoro-ya, ¿qué tal tu día? —el tono de voz tan amable lo hacía lucir todavía más sospechoso, el peli verde tomó asiento frente a él y se sirvió algo de arroz,

—ve al grano Law, ¿qué necesitas? —el ojigrís sonrió al sentirse descubierto, estiró su brazo hasta donde había dejado el portafolio y extrajo la revista de sociales donde Shanks y Makino aparecían en primera plana.

—Llévame.

El arroz que Zoro tenía en la boca casi sale disparado, comenzó a toser ligeramente hasta que pudo tragarlo,

—vamos, Zoro-ya, tú trabajas ahí así que estoy seguro que puedes conseguirme un boleto,

—¿por qué de repente te llama la atención ese tipo de eventos? —Law sonrió de lado,

—porque el hombre que me interesa estará ahí… se dice que sólo la gente importante de esta ciudad asistirá, por lo que debo estar presente,

—así que sólo buscas impresionarlo —Zoro entrecerró el ojo como si aquello fuera una bajeza, la verdad es que pensaba devolver ambos boletos a Perona, pero ahora…

Law lo miraba fijamente, a pesar de no hacerle ninguna súplica sabía muy bien que no quitaría el dedo del renglón hasta salirse con la suya—, si me llevas cocinaré por una semana,

—dos, y que sea desayuno y cena… ah, y dejarás de meterte a mi recámara —el médico lo miró como si sintiera que se estaba aprovechando de él,

—sólo dejaré de meterme a tu recámara una semana, es mi última oferta —el peli verde le ofreció su mano para cerrar el trato,

—de acuerdo, te llevaré a esa fiesta —escucharon un ruido detrás de ellos, el control de la televisión se había caído al piso —Law, creo que necesitas hablar con Corazón —comentó Zoro al ver que el rubio seguía sentido,

—Cora-san, comprende que ya no soy tu chiquillo, ¿hasta cuando seguirás molesto? —el fantasma se desvaneció de repente, por lo visto no deseaba tomar el tema, no se sentía listo.

«Así que terminaré yendo con Law», Zoro dejó caer la frente en la mesa, la situación se le antojaba patética, pero al menos no iría solo.

• • •

Tres días faltaban para la boda y Mihawk se sentía cada vez más ansioso, «calma» se pedía a sí mismo. Debía erguir la cabeza y continuar con su vida, dejar atrás todas aquellas cosas que lo atormentaban. Masajeó suavemente el arco de su nariz, estaba cansado.

Desde que había conocido a Akagami en la universidad supo a la perfección que jamás sería correspondido. De hecho ni siquiera comprendía cómo es que teniendo un carácter tan diferente se habían vuelto tan amigos. El pelirrojo siempre había sido el centro de atención en todas las fiestas, rodeado en todo momento por alcohol, mujeres y un sinnúmero de seguidores ansiosos por escuchar cualquier cosa que tuviera que decir. Mihawk, por el contrario, se había considerado a sí mismo una especie de ermitaño; entre los estudios, el kendo y los negocios que debía dirigir prefería llevar una vida tranquila lejos de los demás. De no ser porque eran compañeros en el dormitorio jamás se hubieran conocido. Aquel alocado pelirrojo fue el primer amigo que tuvo, y también, el primer hombre que había logrado cautivarlo por completo.

...

Tocaron a la puerta de su oficina sacándolo de sus pensamientos.

—Señor, vengo a entregarle la lista final de invitados y sus acompañantes —en cuanto vio a Perona recobró la compostura escondiendo como siempre sus preocupaciones detrás de su inescrutable máscara. Tomó la lista entre sus manos y comenzó a revisarla… conocía la mayoría de los nombres, así que pasaba de uno a otro sin darle gran importancia. Mucha gente ni siquiera le simpatizaba, pero debía estar presente por cuestiones sociales. Hizo una pausa cuando llegó al nombre de Roronoa Zoro y subió levemente una de sus cejas con cierta sorpresa al descubrir que su acompañante no era una mujer... sino otro varón. Aclaró su garganta ligeramente,

—¿sabes quién es la pareja de Roronoa?, su nombre me suena familiar —mintió. No comprendía bien el motivo, pero no podía negar la curiosidad que sentía,

—¿el Dr. Trafalgar Law? —Perona revisó su agenda en un intento de reconocer aquel nombre. Había pasado horas investigando a los invitados para evitar que alguien desagradable pudiera colarse a la fiesta —es un cirujano que trabaja en el hospital central, tengo entendido que viven juntos o algo así.

«Vive con él»… Mihawk siguió pasando los ojos por el resto de los nombres sin prestar atención alguna. ¿Por qué le sorprendía tanto aquella noticia?, se reprendió a sí mismo, la vida personal de sus empleados no era de su incumbencia.