Capítulo 6: El misterioso capitán Drake.
(Voz de Zorro)
Gracias a Dios conseguimos volver a ser nosotros mismos. ¿Quién hubiese dicho que bastaba con un poco de agua y admitir el nuevo estado para volver a ser nosotros mismos?
No debería decirlo, pero a la chica, Isa, a ella le sentaba bien lo de ser un chico. Hasta a mí cuando se me habían subido un poco las hormonas femeninas me había parecido un chico perfecto. Claro que gracias a eso, cuando se había bañado en el mar tras haber bebido del agua de la isla, había sido la primera en cambiar de nuevo a su auténtico género. Al resto nos costó un poco más, ella cambió al día siguiente de irnos de la isla, pero el resto lo hicimos más tarde, dos días después.
Nami fue la única de los que habíamos bajado a la isla que no había sufrido ningún cambio. Claro que si lo hubiese hecho posiblemente ahora la única dama abordo sería la doctora.
En fin, ahora que volvemos a ser nosotros mismos estamos más tranquilos. No es por nada, pero lo de tener dos pechos grandes de mujer era un auténtico incordio. ¡Desestabilizan! Ahora admiro más la forma de luchar de Isa, que por cierto pelea conmigo al menos una vez al día. Llevamos ya unas cuarenta peleas en un mes y dos días. Y de todas ellas, le he ganado veintidós, el resto son empate. Últimamente ya casi nunca le gano. Y ella sigue insistiendo en pelear con sus espadas mohosas. Dos, aunque con una tampoco lo hace nada mal. Su especialidad parece ser la defensa, pero cuando ataca ya tengo que tener mucho cuidado. No es que me vaya a cortar por la mitad, pero no sería la primera vez que nos hacemos unos pequeños cortecillos, nada más serio que unos arañazos un poco feos.
Como últimamente hace bastante calor, suele tumbarse a tomar el sol en el palo de encima del mascaron de proa, y cuando no sopla el viento se tira al agua y nada alrededor o siguiendo el barco. Me gusta mirarla cuando está nadando, o cuando estoy trabajando en el barco y como ella no tiene nada que hacer está tumbada con los ojos cerrados en el cilindro que es el palo donde toma el sol. Me hace gracia verla con todo el pelo cayendo por el palo y sus lados, tranquila cuando podría caerse de allí. Pero ella dice que no tiene miedo a caerse porque no lo hará.
Últimamente estamos navegando por una ruta desconocida para nosotros, pero ella dice que ya ha pasado por los alrededores.
A veces no sé si está diciendo la verdad o solo se tira faroles. Pero esto podría ser cierto porque sabe cuando y dónde parar a estirar las piernas. Hace ya días que no vemos ningún barco pasar, ni cerca ni lejos. Hace unos días dejamos la última ciudad con puerto.
"Habría que recargar de todo." Nos advirtió ella cuando paramos. "Si seguimos hacia el norte pronto llegaremos a aguas de islas de tesoros."
"¡Tesoros!" dijo Nami.
"Yo pienso coger todo lo que podamos." Añadió Luffy riéndose.
Sin embargo ella no parecía tan contenta como ellos dos.
"¿Dónde está el truco?" preguntó Sanji.
"Que la mayoría están ya cogidos o no se pueden encontrar." Contestó ella. "Se dice que cada isla contiene varios tesoros, piratas muertos que enterraron sus tesoros en ellas para que no se encontrasen y solo ellos sabían el camino. Sin mapas indicando el camino, cuando los dueños murieron se perdieron todos los tesoros para siempre."
"¿Y entonces dónde está el problema?" pregunté yo. "Desembarcamos los buscamos y los cogemos."
"¿Claro, y dónde comenzamos a cavar?" me preguntó ella. "Esos cofres llevan mucho tiempo enterrados, posiblemente haya hierba encima de la tierra del cofre."
"Venga, suelta qué más pegas hay." Le dije.
No sé por qué pero tenía la certeza de que nos ocultaba algo más.
"Luego están las leyendas." Dijo entonces tras pensar un poco. "Hay marineros que dicen que las islas están pobladas de fantasmas, otros dicen que son bestias sanguinarias que velan por los tesoros."
Usuff estaba ya temblando, era increíble lo fácilmente que se asustaba este hombre. Luffy parecía un poco preocupado, pero entonces volvió a reírse.
"Estoy deseando ver esas bestias y fantasmas." Dijo entonces riendo como siempre. "Y ya de paso que bajemos podríamos coger un poco más de agua."
"Este Luffy es increíble…" dijo Sanji negando con la cara en su mano. "Bueno, cuando lleguemos a una podríamos bajar a echar un vistazo."
"Creo que yo esperaré en el barco, cuando encontréis algo avisáis." Dijo Nami.
Claro, seguro que ella tampoco se creía lo de las historias esas, pero por si acaso mejor se arriesgaban el resto y no ella.
"¿Y tú qué?" Le dije a LaBelle sabiendo la respuesta. "¿También te quedarás aquí?"
"No." Dijo. "Ya sabéis que puedo moverme rápido incluso en jungla, además, ¿quién sabe qué encontrareis allí? Podría ser de ayuda."
Dos días después de esa charla vimos la primera isla, lo que no vimos fue que en la tercera de ellas una sombra nos vigilaba con un catalejo. Pero aún nos faltaba como medio día de camino con ese viento tan suave que no nos daba mucha velocidad. Incluso una persona nadando hubiese tardado menos que lo que nos iba a costar a nosotros.
En el interior de la isla, se oían cánticos y festividades. Pero aún estábamos muy lejos de ello como para oírlo.
(Voz de Isa)
"Bueno, ya estáis aquí." Dije continuando escurriéndome el pelo de pie sobre la arena de la playa.
Como habíamos echado el ancla frente a la tercera isla gracias a una sugerencia a tiempo, de nuevo yo había preferido ir nadando hasta la playa. A pesar de que había unos bichos grandes en el agua, pero todos peces salvo por unos parecidos a tiburones toro. Nada peligrosos si nadabas rápido y no soltabas sangre.
Así que de nuevo había llegado un poquito antes que el resto que iban en una barca. Esta vez solo Luffy, Zorro y Sanji habían bajado puesto que Nami no se encontraba en plenitud de facultades debido a un dolor de estómago.
"Sigo sin entender por qué te traes todo esto." Me dijo Zorro. "No sabes a qué nos enfrentamos, y francamente, no creo que los fantasmas sean una amenaza, menos aún a plena luz del día."
Esta vez había pedido no solo que me trajesen mis pistolas y las balas necesarias para ciento cincuenta disparos, sino que además, había pedido que me llevasen mis dos espadas. Debido al peso de todo el armamento, las tobilleras las había reducido solo a los tres kilos y tres cuartos.
"Venga, ahora mantengamos los ojos abiertos." Dijo Zorro.
"Y nada de comer nada de origen dudoso." Le dijo Sanji al capitán.
"¡Allá vamos!" dijo el capitán Luffy pasando de lo que le decíamos.
Yo negué con la cabeza mientras me recogía el pelo y lo escondía bajo un sombrero de ala ancha.
Por suerte, era buena exploradora gracias a haberme criado siempre entre piratas. Así pues había aprendido también a parecer un hombre.
Estuvimos allí casi tres días, y por la noche volvíamos al barco para cambiar de situación. Al cuarto día me puse enferma porque me había picado una araña tropical. Fiebre, pero suficiente para que el resto me hiciesen quedarme en la cama. Por suerte había visto a la araña que me había mordido y supe qué me ocurriría. Un día con fiebre, y si conseguía tomarme un antídoto podría, con un poco de suerte, evitar las alucinaciones. Pero el día, día y pico con fiebre no me lo quitaba ni el mejor de los antídotos.
(Voz de Zorro)
Menudo asco, desde que dejamos la isla nuestra médico no ha podido salir de su camarote. No porque no quisiese, no la hemos dejado nosotros.
Ya lleva un día entero con fiebre alta, y esta mañana se quedó dormida justo después de que Nami le llevase el desayuno y se lo tomase.
Casi hasta se me hace raro no verla tumbada al sol, pero no hemos tenido mucho tiempo para notar su ausencia, más que nada porque anoche hubo tormenta y esta mañana hemos tenido que reparar los pequeños daños que hemos sufrido.
Aunque de pronto comenzó una niebla intensa y tuvimos que echar ancla.
"No me gusta esta niebla." Dijo Usuff. "Da escalofríos."
"Por una vez tengo que coincidir con Usuff." Añadió Nami desde la punta del barco. "Esta niebla es terrorífica, pone los pelos de punta."
Pero había algo raro en la niebla. No era natural.
"¡Nami!" le gritó Usuff desde el nido del cuervo. "Apártate de…"
Tarde, Nami dio un grito de miedo y vimos cómo en la niebla aparecían un montón de figuras armadas.
"¡Emboscada!" grité yo desenvainando mis espadas listo para el combate.
Estábamos rodeados, su número superaba al nuestro en una proporción de cinco a uno, talvez más.
"¡Soltad a Nami!" les gritó Sanji.
Ahí comenzó la pelea. Todos nos atacaron a la vez. Y debo decir que no había ninguno de ellos que fuese fácil de ganar, cada uno de mis adversarios parecía tener no una sino diez espadas en sus manos.
Estaba comenzando a sudar cuando gané a dos de mis adversarios, iba a atacar a uno de los de Luffy pero en vez de poder atacarle a él, otros cuatro me surgieron de la nada para pelear conmigo también.
Y de pronto, la niebla se disipó un poco y una nueva persona apareció en escena. Un hombre alto, con el pelo rubio casi blanco y la piel dorada. Tenía un aire casi demoníaco y no llevaba camisa, mostrando una cicatriz enorme y fea que alguien había intentado dar la forma de un tribal en el brazo.
"¿Qué es esto?" dijo casi rugiendo. "¿Cómo puede ser que os cueste tanto traerme todo lo de valor de estos piratas del tres al cuarto?"
"Oye, somos piratas con una gran recompensa sobre nuestras cabezas." Le dije yo. "Y vosotros unos cobardes que envían a una multitud a pelear contra gente en minoría de numero."
Él entonces me miró.
"Zorro Rononoa… excazador de piratas y ahora parte de la tripulación del sombrero de paja, Luffy D. Monkey."
"Me temo que la fama no es mutua." Le contesté. "No tengo el placer de conocer a mi adversario."
"Te diré mi nombre." Dijo, para añadir como riéndose. "Si me ganas"
Entonces sacó su arma, un florete; aunque pude ver que su arma eran las pistolas.
A pesar de eso, no era malo con el florete tampoco. Sus hombres continuaron luchando con mis compañeros. Y Nami era sujeta por un par de tipos en el aire.
Tan de cerca pude ver que el tipo además de grande y atractivo tenía tres cicatrices: la del brazo, una mas en la mejilla derecha que no era más que una marca de un color un poco más claro que el resto de piel y un poco abultada, y una más en el abdomen. La última parecía de herida de bala. Como otra que parecían lunares pequeños en el pecho y espalda, así como un par de ellas en el brazo izquierdo. Cuando me evitó y pasé a su espalda, él evitó mi golpe dirigido a su espalda con suma agilidad, pero no me mostró su espalda, cuando me giré ya estaba listo de nuevo para el combate.
Esta vez, con una de sus pistolas contra mi sien.
"Yo no soy espadachín." Me dijo. "Soy un maestro de las armas."
Justo cuando iba a apretar el gatillo vimos como unos hombres suyos comenzaban a volar literalmente, y unos segundos más tarde la gente se abría para dar paso a una Isa con la mirada de ira que tenía cuando peleaba contra los bandidos de su pueblo.
"¿Qué está ocurriendo aquí?" preguntó.
El rubio entonces apartó el arma de mi frente pero me golpeó con la culata en la cabeza haciéndome caer.
Cuando volví a levantar la cabeza, era Isa la que mantenía la pistola del tipo contra la frente de este que sonreía.
"Reconocería esos ojos y ese pelo a un kilómetro." Dijo el tío. "Chicos, bajad las armas. Las noticias llegan un poco mal últimamente, pensé que esta tripulación era del chico del sombrero de paja, no tuya."
"Yo solo soy un tripulante más, Drak." Le dijo ella bajando el arma y devolviéndosela. "Eh, dejad a nuestra compañera también."
"Chicos…" les dijo el rubio, entonces soltaron a Nami. "¿Tripulante?" dijo el tío riéndose a carcajadas. "Eso sí que tiene gracia."
"Creo que habrás oído algo sobre lo que pasó en mi último viaje." Le dijo ella con un poco de temblor en sus piernas.
Creo que era una pequeña señal de que no se encontraba del todo bien, sin embargo el rubio también lo vio y se puso serio.
"Tienes mala cara." Le dijo.
"Ya ves, me mordió una Tiki pero me pude tomar un remedio a tiempo." Le dijo ella.
"Anda Isa, ¿conoces a este tío?" le preguntó Luffy.
"Sí, es un viejo conocido." Contestó ella.
"¿Ahora soy un viejo amigo?" le preguntó él.
"Es guapo…" dijo Nami en voz baja.
"Sí, un viejo amigo." Le dijo ella. "Navegó una vez bajo las órdenes de mi padre pero cuando yo llegué al poder tardó poco en abandonar el barco."
"Viejo amigo, ya." Dije yo.
Estaba claro que no era solo un viejo amigo, había algo más que nos ocultaba. Pero por algún motivo no parecía que fuese a decirnos más.
"La verdad es que no tenía mucha opción." Dijo él.
Entonces Isa flojeó un poco las rodillas y estuvo a punto de caerse. Sin embargo, antes de que pudiese tocar el suelo el rubio la sujetó para levantarla.
"Eh, nena. ¿Por qué no vas a echarte otro rato?" le dijo en voz baja. "Tú misma sabes que la mordedura de una Tiki causa fiebre y músculos blandos por algún día hasta al más fuerte a pesar de un antídoto a tiempo."
"Estoy bien." Dijo.
"Vale, te doy mi palabra de honor de que no les haré nada más a tus amigos." Le dijo poniéndose la mano en el corazón. "Te lo juro."
Ella le miró y asintió.
"Necesito un poco de aire fresco." Le dijo de pie sola de nuevo. "Así que me sentaré por aquí. Ah, y quiero lo del casco fuera pero ya."
"Venga, Russell, Chams, Ling y Dellors, ya habéis oído a la dama." Les dijo el rubio.
"¿Qué del casco?" preguntó Luffy preocupado.
"El barco está bien." Dije yo.
"Ellos ya me entienden." Dijo la chica mientras el rubio la cogía en brazos para llevarla. "Drak, suelta. Sé andar yo sola."
El tío la soltó y ella fue andando hasta la hamaca que normalmente solía ocupar Nami y allí se recostó.
"Sombrero de paja, siento lo del ataque." Le dijo el rubio. "Por esta vez pase porque habéis cogido a la princesa, pero cuando ella no esté para protegeros volveremos a pelear."
"Lo estoy deseando." Dijo Luffy desafiante. "Voy a ser el rey de los piratas."
Eso le hizo reír al rubio.
"Hey." Dijo Isa desde la tumbona al sol. "Que podéis seguir con lo vuestro. En cuanto acaben estos se largan con viento fresco."
"Sois unos bestias." Le dijo Nami al rubio antes de volver a meterse a su camarote para comenzar a limpiar.
Sanji se fue a la cocina, supongo que a comenzar a cocinar la comida, mientras que Luffy se quedó por cubierta, como yo.
El rubio en cambio se acercó a Isa y ambos se pusieron a hablar en un tono de voz relajado, tanto que no podía oír qué decían desde donde estaba vigilando a los del otro barco que aún tenía los garfios de abordaje fijando su barco al nuestro.
Por mucho que fuesen viejos amigos, no me gustaba ni un pelo que se tomase tantas confianzas con mi compañera.
(Voz de Isa)
"Así que ahora te dedicas a la piratería con tu propio barco." Le pregunté a Draken. "Veo que te lo has montado bien después de abandonarme."
"¿Y cómo podría haberme quedado?" me preguntó tocándome la frente para comprobar que no tenía fiebre. "Habíamos roto, y para que lo sepas, a mí me dolió tanto o más que a ti. Por eso me fui, para facilitarlo todo. Además, ya sabía que entre el gigante y tu amigo el chulo te protegerían bien. Y veo que te has desarrollado mejor de lo que cabía esperar." Añadió acariciándome la cara. "¿Dónde se ha metido aquella chica con cierto complejo por estar bastante plana?" añadió bromeando.
"La dejé atrás hace ya bastantes años." Le dije sonriendo también.
Ya casi se me había olvidado lo que era que me tratasen así, con tanto amor como lo solía hacer él. El primer y único chico que rompió mi corazón. Tras él ningún chico pudo llenarlo así que tampoco romperlo en ese sentido. Solo se me había roto de nuevo cuando vi caer a los que habían sido los hombres de mi padre y luego mis hombres. Uno a uno hasta quedar vivos los justos para llevar los restos del último barco de mi flota de tres hasta puerto donde todos salvo Kai y Jason, me habían abandonado.
"Bueno, veo que además te has endurecido." Añadió sujetando mi muñeca donde aún tenía una muñequera. "¿Cuánto llevas ya? ¿Los cuatro como yo?"
"Cuatro y medio." Le contesté. "Por muñeca."
"Estás loca." Me dijo sonriendo. "Apuesto que llevas lo mismo en los tobillos."
"Un cuarto más en cada tobillo." Le contesté.
Hacía tiempo que no le veía, de pronto ahora volvía a sentirme feliz de nuevo, pero igual que todo podía ir mejor, todo podía empañarse un segundo.
"¿Saben tus compañeros lo de tu posición en el ranking mundial?" me preguntó.
"No, claro que no." Le dije. "Después de lo que pasó no creo que lo conserve."
"De eso nada." Me dijo. "El pelirrojo y BarbaBlanca te están buscando, ¿lo sabías? El cetrero le dijo al pelirrojo que te había visto y cómo tus hombres eran unos enclenques."
Las noticias de que los otros dos miembros de la banda más temida de los siete mares y los seis océanos me andaban buscando de nuevo no era lo que yo consideraría buenas noticias. Por suerte, el cetrero fantasmal no me buscaría puesto que me había vencido. Y yo pensaba cumplir mi promesa. Sería la mejor espada del mundo. Vencería a Zorro y vencería al cetrero.
"Por favor, no les digas con quienes viajo." Le pedí. "No quiero meter a esta gente en lo de las calaveras. Aún no estoy preparada para protegerles."
"Descuida." Me contestó sonriendo y guiñándome un ojo. "Mis labios están sellados."
Sonriendo le di un abrazo con un solo brazo y entonces noté algo.
"¿Otra vez te han herido?" le pregunté levantando una ceja.
"Yo… bueno, ¿qué esperabas?" dijo excusándose con esa sonrisa que solo sacaba conmigo. "Era un buen espadachín."
"Anda, ve a tu barco y búscame lo de siempre." Le dije sonriendo. "Ya pongo yo la aguja y el hilo."
"Como las balas." Me dijo sonriendo.
Mientras él iba a coger las cosas a su barco yo fui a la cocina a pedirle a Sanji un poco de agua caliente.
(Voz de Zorro)
Era increíble. ¿Qué tipo de relación tenían el capitán enemigo y nuestra médico? Ese tío estaba traspasando el espacio de "amigos" de la chica. Como no se parase pronto le diría cuatro cosas.
Pero entonces le dio un beso en la mano y volvió a su barco, pero no soltó los garfios del abordaje, al cabo de un momento regresó a nuestra cubierta seguido de un montón de tíos y llevando entre todos un cofre y lo que parecía una caja cubierta con un trapo.
"Oye, ¿a dónde creéis que vais?" les pregunté.
"¿A ver a la única persona capaz de curar una herida grave sin dejar cicatriz?" preguntó uno.
"Eh, dejadlo." Les dijo el tal Draken. "Además, la dama ha dicho solo a mí."
"Si no me hacéis moverme mucho no me importa hacerlo una cura rápida." Les dijo ella sonriendo. "Y la última vez, ¿entendido?"
"Tenéis suerte chicos." Les dijo el rubio.
Le costó un rato el curar a todos las heridas que tenían, pero le vimos cómo lo hacía con paciencia. Y según iba acabando, todos volvían a su barco, para luego volver a dejarle algo cada uno. Desde víveres hasta municiones, dinero y joyas de tesoros y útiles como un catalejo y lo que parecía un reloj.
El último fue el rubio, y Luffy que ya estaba sentado cerca me hizo un gesto de cabeza cuando me senté junto a él.
"¿No te parece raro todo eso?" le pregunté a Luffy.
"Un poco." Dijo. "Pero creo que esos dos son amigos. No han parado de hablar ni un momento."
"¿Algo de interés, cotilla?"
"No. Solo han hablado de cosas del pasado." Me contestó Luffy. "Pero la verdad es que son muy simpáticos al dejarle parte de sus tesoros por la cura." Añadió sonriendo.
"Lo que hacen es sobrecargarnos el barco." Le dije yo. "¡Hey! ¡¿Es eso un sable mongol?!"
"Lo que ese tío rubio tiene más costuras que un pantalón." Me dijo Luffy. "Fíjate en su espalda y el costado."
Me fijé, entre las heridas aún abiertas que nuestra compañera le estaba curando de rodillas con mucho cuidado como si fuese una obra de arte, había un montón de marcas más claras o de un tono un poco diferente que el resto de piel. Nada que se viese a simple vista si no te fijabas bien.
"¿Crees que alguno se lo ha hecho ella?" le pregunté.
"No sé."
"Drak, deberías tener más cuidado." Le dijo ella. "Ahora porque has tenido suerte de atacar el barco donde iba. Y veo que te han hecho más heridas ¿no? Menudos chapuzas de médicos."
"No te metas con nuestro médico." Le dijo él bromeando. "Hace lo que puede."
"Ya, claro. Y ahora me dirás que soy buena." Le dijo ella.
"Bueno, eres la única que sabe curar cortes feos y que apenas quede cicatriz." Le dijo él riendo, entonces sonrió suavemente y le quitó un mechón de pelo de la cara. "Te he echado de menos preciosa…"
Ella le miró, y sonrió, entonces me vio mirarles e hizo rodar sus ojos.
"Lo siento, pero he cambiado un poco." Le dijo ella haciéndole un último nudo y cortando el hilo.
"¿No me has echado de menos ni un poco?" le preguntó él sonriendo.
"Un poco." Dijo ella sonriendo levemente también. "Sí, hubo un tiempo que te eché de menos, pero mis hombres me necesitaban, entera. Y ahora, mis compañeros me necesitan." Entonces sonrió, esta vez más levemente, casi como una madre lo haría. "Lo siento, pero no puedo volver al pasado." Dijo ella levantándose y flexionando las piernas y brazos como probándolos. "Mira, el veneno ha dejado de hacer efecto." Añadió sonriendo.
Era curioso, parecía como si hubiese entre ellos dos un vínculo profundo, mucho más profundo de lo que posiblemente pudiésemos tener nadie más de nosotros.
"Draken…" le dijo ella tras ponerse su muñequera.
"Veo que no se te pasa ni una." Le dijo él dándole lo que parecía unas barras de plomo. "Pero deberías dejar de ponerte pesos por un tiempo. Al menos hasta que te recuperes."
"¿Cómo lo has sabido?" le preguntó ella riendo.
"Siempre he sabido exactamente cómo estabas pequeña rosa del mar." Le dijo cogiéndole suavemente del mentón, entonces le besó prolongando el beso.
Por unos segundo pensé que, a pesar de nuestra sorpresa, ella consentía, pero de pronto vi cómo el tío volaba con un solo golpe de ella en el pecho hasta rodar unos metros por cubierta y caer de rodillas.
"Veo que conservas la fuerza." Le dijo él riendo.
"Y veo que tú conservas el descaro." Añadió ella. "Ya sabes qué le pasó al último que hizo lo mismo que acabas de hacer tú."
"¡Dios me libre!" dijo él levantándose y estirándose la camisa. "Creo que aprecio demasiado mi cuello." Dijo bromeando. "Por cierto, ahí te dejo un pequeño presente de bienvenida a la piratería de nuevo." Dijo señalando a la caja tapada por un trapo y disparándole para hacer volar el trapo revelando un pequeño mono de cola larga. "Se llama Jack, y es inmortal."
Con un solo tiro lo demostró, le dio al mono y cuando la polvareda se disipó, el mono seguía vivo y gritando por haber sido disparado.
"Creo que haréis buenas migas." Añadió mostrándole una mano con marcas de un mordisco. "Por cierto, creo y espero que no tenga la rabia."
"De dónde lo habéis sacado" les preguntó ella mientras el mono intentaba morderme a mí que había cogido la caja para verle.
"Lo cogimos en la isla del fin del mundo." Le dijo él. "Espero que sepas agradecerlo, le costó dos dedos a uno de mis hombres y varios mordiscos a varios de mis hombres. Ah, se me olvidaba." Dijo antes de lanzar una cadena de silbidos al aire para extender un brazo. "El pelirrojo te envía a Horus."
La chica entonces estiró el brazo y repitió una cadena de sonidos del que solo pudimos oír soplar y un último sonido al final mientras veía al mono gritar y taparse los oídos.
Un momento después un pájaro aterrizó en el brazo de la chica que le acarició la cabeza suavemente.
"Mi querido Horus…" dijo sonriendo. "Dile al pelirrojo cuando le veas que su querida mini-sirena ha vuelto. Así que más le vale dejarme en paz porque esta vez no juego con palitos."
"Yo le doy el mensaje." Dijo sonriendo mientras pasaba por uno de los puentes que habían puesto para abordar el barco. "Cuídate querida."
"Tranquilo." Le dije sonriendo. "Ni tú puedes ganarme maldito dragón."
Es gracioso, no sé por qué pero de pronto me sentía mejor sabiendo que el capitán ese se iba. Del mismo modo, mientras el ambiente volvía a llenarse de la misma niebla y veíamos el barco alejarse lentamente de nosotros recordé algo. Un barco aparece de la nada en medio de un banco de niebla tan densa como algodón. Asesinos apareciendo a tus espaldas de la nada y de pronto un dragón a las espaldas que con una bocanada de fuego acaba con tu vida. La tripulación del dragón de oro. La tripulación del pirata Draken.
El pirata rubio fue lo último que vimos del barco, subido en la parte más trasera del barco y diciendo adiós a nuestra pelirroja médico.
"Isa, ese tío… era el pirata Draken ¿no?" le pregunté intrigado.
"No puede ser." Dijo Sanji. "El pirata Draken es un ser despiadado, nunca dejaría un barco entero con vida. Ni siquiera aunque fuesen amigos."
"No sé." Dijo ella sonriendo. "¿Cuántos Draken navegan por estos mares?"
Era increíble. No temía ni a la propia muerte hecha hombre. El ave estaba ahora posado en lo alto del palo mayor. Y el mono seguía en su caja, saltando de un lado para otro.
"Hola amiguito." Le dijo ella entonces acercándose.
"Ten cuidado que muerde." Le dije mostrándoles el mordisco que me había dado el bicho.
"Entonces haz el favor de traerme un royo de venda del armario de la derecha de mi dormitorio." Dijo sonriendo. "Y pídele a Sanji si por favor puede calentarme el agua un poco. No podemos curar las heridas con agua fría, es mejor la caliente."
Yo fui a buscarle las vendas tras dejarle a Sanji el agua restante para que la cociese de nuevo.
Cuando volví la chica estaba con el mono colgado por sus dientes de su mano. Nami parecía preocupada y Sanji la miraba sorprendido. Luffy era el único que la miraba serio pero sin intención de hacer nada. Ella tenía la mano que no estaba siendo mordida en alto, indicando que no nos acercásemos mientras aguantaba el dolor de ser mordida sin dar ni un solo signo de dolor en sus gestos salvo un ligero temblor en la comisura de sus labios y a mirada en sus ojos. Tenía la mirada firme. Aguantó, un minuto, dos, tres… al cabo de cinco minutos que ya íbamos a intervenir vimos como el monito soltaba su mano mientras la cogía entre sus dos diminutas manos y le lamía las heridas.
Ella entonces sonrió y le acarició la cabecita.
"Buen chico Jack…" le susurró.
El monito entonces le trepó por el brazo bueno y se le subió al hombro.
"El peque tiene fuerza en las mandíbulas." Dijo girándose a nosotros sonriendo.
"Será mejor que te cures eso antes de que se te infecte." Le dije.
"Claro." Asintió ella sonriendo y usando el agua caliente para limpiar sus heridas. El monito descendió de su brazo y metió sus manitas en el agua para lavarle la mano como pudo. "¿Me pasas el tarro de cosa naranja?" preguntó cuando acabó de lavarse las mordeduras.
Con cuidado se lo pasé, era un ungüento que olía a perro muerto, y a juzgar por la forma en que su comisura se curvaba hacia debajo de rato en rato, escocía tanto como olía. Cuando acabó me pidió que le vendase la mano y cuando acabó me sonrió.
"Gracias." Dijo sonriendo e inclinando suavemente la cabeza. "Vamos Jacky. Da las gracias."
El monito hizo unos ruidos inteligibles y agachó y levantó la cabeza varias veces. Eso hizo reír a Luffy y Nami; hasta yo sonreí.
"Que mono más educado." Dijo Luffy.
"Más que según que hombres." Añadió Nami bromeando.
"Pero sigue mordiendo." Añadió Sanji cuando se acercó para decir que la comida estaba lista y el monito quiso morderle.
"Como su ama." Dijo ella sonriendo. "Venga Jacky. Un poquito de modales, ¿sí?"
El mono volvió ha hacer los ruidos como si estuviese charlando e hizo gestos con las manos como si estuviese discutiendo.
Isabel y Nami se rieron, pero el mono tenía malas pulgas.
"Es lógico" dijo Isa cuando lo comenté en la comida mientras el mono se ponía las botas con un plato de fruta del postre de su ama cortada en trocitos para que pudiese comérsela. "Es un mono salvaje."
"Como el ama, ¿no?" dije yo.
"Exacto." Dijo ella sonriendo. "Draken me conoce mejor que nadie. Mejor incluso que Kai y Jason. Claro que ellos saben mejor cómo he cambiado desde que Draken no me ve."
"Lo que quieras, pero mantén a esa cosa alejada de nuestro cuarto." Le dijo Usuff cuando el mono le quitó sus gafas de precisión.
"Jack, no le quites esas cosas a los chicos." Le riño la chica. "Como mucho quítales los calzoncillos." Añadió bromeando.
Sin embargo, no fue eso lo que nos quitó. Por lo pronto, no tiramos al bicho al mar, se quedó con nosotros. Viajaba por el barco como Pedro por su casa, generalmente en el hombro de su ama; y por las noches dormía en su camarote. La chica le había instalado un cesto que le colgó de un clavo de la pared. Además, el mono demostró también tener cierto… gusto por el alcohol. Además, de nada servía esconderle las llaves porque conseguía quitártelas sin que te dieses cuenta.
Lo que más parecía divertir a su ama es que siempre conseguía lo que necesitaba de nosotros por él. Y no era raro el día que aparecía en el desayuno con un par de calzoncillos de alguno de nosotros en la mano para devolverlos.
Al cabo de cinco días todos queríamos matarlo salvo las dos chicas.
Otra de las tareas que tenía el bueno del mono era la de coger cosas de la cocina o resto de camarotes y llevársela a ella tras pedírselo.
"Ese bicho tiene que irse." Dijo Sanji. "Ya me ha vuelto a quitar mi camisa favorita."
"Y a mí es ya la sexta vez que me roba la ropa interior." Le dije yo cuando me devolvió los últimos calzoncillos que me había robado el mono.
"Pobre Jacky…" dijo ella. "Venga Jack, disculpate. Eso no se hace."
El mono se disculpó o eso creo porque no hacía más que emitir sonidos lastimeros y entonces juntó las dos manos y agachó la cabeza.
"¿Cómo es que ahora sabe pedir disculpas?" le dijo Nami.
"Modales." Contestó la chica. "Le he enseñado a pedir las cosas por favor y a pedir disculpas. Ah, y a pedir que le sigan. De hecho, creo que sabe hasta pedir indicaciones."
"Es un mono." Dije yo.
"Y muy listo." Dijo Nami cuando este le pidió comida. "Toma."
Lo de que era un bicho listo era cierto, pronto era como una prolongación de nuestra doctora y el mejor trepador del barco, lo que era útil para colgar y descolgar cosas.
Todo un nuevo tripulante del barco.
