Capítulo 6.
Infinitos errores.
Me deshice las sábanas que aprisionaban mis pies, me rasqué la nuca con desesperación y bufé más de una vez. Era fin de semana y había planeado pasar un romántico día junto a YunHo, prepararía comida fresca y sobre una manta comeríamos en un parque soleado y lleno de hermosas familias, y finalmente podríamos hacer el amor, claro, por primera vez.
Pero no, las cosas se vinieron abajo cuando en la cena de ayer mi padre me obligó a acceder a ir a un estúpido viaje de negocios. Ahora tenía que arreglar las maletas y prepararme para ir a la calurosa Isla Jeju.
Me coloqué un short blanco y unos zapatos rojos, me cubrí en la parte de arriba con una camiseta rayada y di el toque final con unas gafas oscuras.
Ya listo, bajé las escaleras corriendo y me encontré con los dos miembros de mi familia en la entrada. Puse mis ojos en blanco y el nerviosismo vino a mí de repente ¿Por qué YooChun estaba yendo también? Había aceptado porque pensaba que él estaba excluido, pero todo resultaba adverso a mis deseos, porque estaba ahí, parado muy a su estilo, con unos vaqueros rotos, una camisa holgada color lavanda, unos lentes redondos y un sombrero campirano, tecleaba su celular como de costumbre, mientras chupaba una paleta rojiza.
-Vamos-
El señor Park desapareció un momento y volvió a aparecer luego de que los sirvientes subieron las maletas a los autos. Los tres compartimos un coche y el tenso silencio fue común, llegamos a la pista de aviones donde el grupo Park guardaba su Jet privado, lo abordamos y despegó enseguida.
En el camino yo me puse los auriculares y me concentré en dormir, pero con un YooChun berrinchudo frente a mí que no hacía más que discutir con su progenitor sobre asuntos que me venían valiendo una mierda, no lograba facilitarme las cosas.
-Ese maldito es un sadomasoquista, ¿Enserio quieres hacer negocios con él?-
Escuché esa frase cuando intentaba cambiar la canción, pero solo le puse pausa y decidí pretender dormir.
-Calla, ¿No miras que tú hermano está aquí?-
-Como si me importara, además está dormido-
Un suspiro alcancé a percibir.
-Ganaremos mucho dinero, ¿No puedes soportarlo?-
-Conozco bastante bien JiSub, sí, es millonario a morir, pero es un enfermo-
-Tienes que hacerlo-
-No lo haré, me dejará el culo sangrando-
No me creía capaz de seguir aguantando esa conversación, pero debía hacerlo, tenía que hacerlo.
-Te gusta YooChun, te gusta el sexo duro como a mí, es por eso que me enorgullezco de ti, pero para que puedas seguir avanzando debes de superar esos baches en tu camino-
-Lo consideraré, pero no esperes mucha ayuda de mi parte-
-Sólo no me hagas quedar mal-
Y ahí acabó todo, el resto del camino estuvo bastante calmado, llegamos al cabo de cierto tiempo y nos condujimos a un lujoso hotel donde nos dieron la bienvenida con demasiados cuidados. Mi habitación fue una suite y yo me sentí pisando el cielo. Me desnudé apresurado sin deshacer el equipaje y me metí en esa bañera llena de espuma blanca y agua tibia.
En medio de mi preciada relajación, mi mente comenzó a hacer de las suyas. Era cierto ese trabajo especial de YooChun que había escuchado de diferentes bocas, él tenía que acostarse con los ancianos inversionistas para crear fortuna.
Me tallé los brazos con rudeza, tratando de deshacerme de esos asquerosos pensamientos que me hacían sentir nauseas.
No había hablado con YunHo sobre el tema, y es que no me atrevía a cuestionarlo tan descaradamente, "¿Me usas para una tonta venganza?". Se supone que eso diría luego de ver su tan hermosa cara pequeña, pero no lo hice, me tragué mis palabras y disfruté de lo bien que se sentía ser amado. A final de cuentas estaba haciendo nada, porque mi egoísmo por pensar primero en mí se antepuso a todo, me creí un Park en ese instante, orgulloso y mentiroso, y me odié tanto, que incluso terminé vomitando y llorando.
Duré alrededor de una hora dentro del baño, y con mi cuerpo que se arrugó salí completamente desnudo y mojando esa alfombra costosa del hotel con mi gotear interminable, me paré delante del espejo y miré mi imagen reflejada en él. Mi cuerpo era incluso más blanco que el de YooChun, delgado pero bien torneado, mi rostro era inusualmente adorable y hermoso, la gente siempre me adulaba por mi tan distinguida belleza y yo era consciente de eso. Pero una apariencia deslumbrante exterior no parecía ser suficiente, porque la personalidad era lo que creaba el verdadero encanto, y mi medio hermano se llevaba esa parte con éxito.
Suspiré algo hastiado de mis propios pensamientos, y sin mucho ánimo me dirigí hasta mis maletas y saqué de ellas la ropa que me pondría. Me sentía bien estando completamente libre, sin pendras que cubrieran mi deliciosa y peligrosa piel. La situación se complicó cuando YooChun entró sin tocar, jugueteando con las llaves y mirando con exiguo interés alrededor.
-Vienes conmigo, el viejo ya se ha adelantado…-
Quiso decir más pero no pudo, las letras se le atoraron en la garganta y sus pupilas se le dilataron como a un gato de noche. Sabía lo que pasaba por su cerebro, y ver su miembro abultado en sus pantalones me hizo sorprender bastante. ¿Por qué se había excitado tan rápido? Me había visto totalmente pelado antes y jamás logró impresionarle tanto.
-¿Y… a dónde iremos?-
Traté de disipar ese incómodo ambiente, y le di la espalda, me agaché para tomar ropa interior, y antes de que pudiera reincorporarme, me abrazó por la cintura.
-¿Qué demonios haces?-
No me respondió, simplemente hundió su rostro en mi cuello y aspiró mi aroma. Yo realmente no sabía cómo reaccionar al respecto, a pesar de que trataba de actuar fríamente ante su toque, el sudor comenzaba a aparecer y mi corazón hacía sus latidos más seguidos y apresurados. Maldito Park.
El asunto no avanzó a mayores, nos mantuvimos en dicha posición por varios minutos y fuimos interrumpidos por el sonar de su celular, el cuál contestó rápidamente y desapareció detrás de las puertas, para evitar que yo le escuchara.
Me apresuré a cambiarme a la velocidad de luz, y para cuando el volvió, yo ya estaba cepillando mi cabello.
-¡Date prisa!-
Me gritó irritado de repente. Me volví para ver su expresión molesta y no comprendí de qué iba todo esto.
-¿A dónde iremos?-
Pregunté por segunda vez y él sonrió con burla.
-A una reunión de seniles que querrán violarte, ya sabes, gajes del oficio-
Se carcajeó con cinismo, como si pudiera bromear al respecto, y es que solo yo me tomaba el tema demasiado enserio, hacía montones de planes en mi cabeza para acabar con su supuesto sufrimiento, pero por más que le veía y analizaba, parecía no importarle en lo absoluto.
-¿Por qué lo haces? ¿Por qué lo ayudas en eso?-
-Porque es mi puto padre, es un cabrón, pero es mi padre-
Me contestó sin más, y yo me impacté tanto, que no pude articular palabra alguna.
-El que me mantiene y me da dinero, si cae en banca rota ¿Qué hago yo? Soy demasiado mediocre como para levantarme por mí mismo-
-Así que prefieres revolcarte con cualquiera, ¡Grandioso!-
Me daba rabia tener que escuchar sus absurdas excusas ¡No podía comprenderle nunca! ¿Era real? ¿Ese jodido muchacho carente de sentimientos era real?
-Deja de preocuparte como un idiota, ¡Das lástima maldita sea!-
Me encolericé tanto que por impulso me acerqué como un animal salvaje y me lancé contra él haciéndolo caer. Con mi cabello mojándole la frente, le miré con ojos rojos y comencé a llorar patéticamente, dejé caer mi rostro justo al lado del suyo y mi cuerpo comenzó a temblar.
Me lo imaginaba con otros hombres teniendo sexo, haciendo lo que solía hacer conmigo, brindándoles sus ásperos y excitantes gemidos. Y es que lo quería para mí, ¡Lo amaba, con un demonio! Tan intensamente como un adolescente lleno de esperanzas y sueños. Era infinitamente guapo, sexy y arrogante, y me encantaba.
Sus manos me empujaron del pecho, obligándome a dejarle ver mi rostro sonrojado y lloroso. Sonrió feliz, como si el verme sufrir lo hiciera sentir la persona más plena del mundo.
-Tú antecesor se enfadará si no llegamos a tiempo-
-¡Que se joda!-
Solté una sarta de groserías entre murmullos, maldiciéndome a mí, por lucir tan deplorable, maldiciendo a mi padre, por ser tan frívolo con sus propios hijos, y maldiciéndolo a él, por hacerme sufrir de esta manera tan insoportable.
-Me gusta que esa faceta de ti-
Rió entre dientes y me dijo ese cumplido.
-¿Qué faceta?-
Interrogué mientras me limpiaba las lágrimas con mi mano derecha, mientras con la otra me detenía en peso, aún sobre él.
-Cuando eres tan vulgar-
Fruncí el ceño y quise levantarme, pero me lo impidió rodeando mi cintura con fuerza, nuestros cuerpos se restregaron y el calor aumentó en mí.
-Mierda, suéltame-
-Me pone caliente cada vez que insultas con esa pequeña boca-
Alzó su rostro y mordió mis labios con violencia, a tal grado que los hizo sangrar. Luego me envolvió en un beso ardiente, le di acceso a mi boca y nuestras lenguas chocaron suavemente, mi saliva se mezcló con la suya, tan dulce y resbaladiza, y me llené de una sensación de locura. De pronto me encontré aferrándome a él desesperadamente, deshaciéndome en sus brazos, sintiendo que me rompería en cualquier momento.
Sus manos se metieron debajo de mi pantalón, tocando mis nalgas, pellizcándolas y arañándolas. Yo gemí con fuerza debido al dolor, y eso pareció que lo excitó aún más, porque su dura masculinidad chocó contra la mía, tan caliente como el fuego y tiesa como el metal.
Sus dedos se abrieron paso y se introdujeron en mi ano. Estallé en gritos delirantes, no podía acostumbrarme por completo a ello, me dolía, me ardía, sentía que explotaría cada parte que tocaba, en especial esa parte tan sensible, y él sacó sus dedos de repente, haciéndome gemir incluso más.
Pude ver satisfacción en su expresión gracias a mis aullidos, a mis gimoteos y respiraciones, a mis movimientos sutiles y llenos de inexperiencia. No sé qué imagen lograba frente a él, pero al parecer era la mejor, porque nunca vi una sonrisa tan llena de deseo y alegría. Me preguntaba si actuaba de igual manera con todos sus amantes o si solo se mostraba así conmigo.
Tenía hambre de amor y carne, estaba lleno de lujuria que solo él podía despertar tan fácilmente. Y no podía más con esa erección, por lo que comencé a masturbarme a mí mismo, bajé mis pantalones y sentado sobre sus muslos, le mostré la escena más erótica que pudiera ver, mi trasero fue apretado por sus rodillas y yo grité con fuerza.
La sangre subía a mis mejillas como un golpe de aire, mis ojos lloriqueaban sin cesar y mi boca húmeda emitía sonidos demasiado agudos. YooChun parecía estar dentro en un trance mirándome, sintiéndose como un espectador afortunado, que veía a un ángel, a un diablo, a un hombre lleno de indescriptible belleza.
Y me corrí justo sobre su entrepierna y un poco sobre su abdomen. Tomé el semen entre mis manos y lo lamí mientras le miraba con pasión. Lo estaba seduciendo por primera vez, quería que se volviera loco por mí así como yo lo hacía por él, y solo por esta vez, le haría experimentar toda mi desesperación cotidiana.
Él realmente no era un buen aguantador, porque se paró y me jaló del cuello para besarme como un león, me devoró, me mordisqueó y lamió cada centímetro de mi boca.
Mis dedos se enredaron en su cabello de caudal de pasión, yo pegué mi vientre al suyo, mi miembro rozó su abdomen y poco después su pene, aún por encima de la ropa podía sentir su piel, tan intensa y llena de fuego, que sentía me quemaría.
Besaba mi cuello, mi cara, mis labios, mis orejas, mi clavícula, mientras sus manos se deslizaban por debajo de mi playera, y llevándome fuertemente hacia él, me quitó la prenda con brutalidad, besó mis pezones y los succionó, los mordió y los volvió a besar. Sus manos se posicionaron en mi estrecha cintura y pronto bajaron a mi ingle, acarició la zona con sus dedos pulgares y luego éstos se fueron a mis muslos.
Él subió a mi boca de nuevo, se encontró con mis labios y succionó de ellos. Me sentía tan mojado y caluroso, que ese beso solo hacía empeorar las cosas.
"Cuanto te amo" fue lo primero que le susurré, y a partir de ahí vinieron palabras como "te quiero" y "te necesito". No me importaba lo mucho que le molestaba que le dijera eso durante el sexo, ¡Era mi día! ¡Mi momento! En que me vengaría de sus malos tratos, lo embargaría hasta hacerlo desear no querer separarse de mí nunca, lo llenaría de pasión, de amor, de locura, y lo haría a mi puta manera.
Sin haberlo previsto, me incliné deshaciéndome de su pesado beso, le quité los pantalones y la camisa como pude, comencé a masajear en zonas íntimas, no sé ni porqué, pero de repente me hallaba besando desesperadamente sus pies, y avancé con rapidez hasta su rígido sexo, chupé la punta y le miré desde debajo de forma pervertida. Sus ojos emitieron un brillo especial, y con ironía sonrió, me tomó del cabello y lo tiró hacia atrás alejándome de su "amiguito".
-Date la vuelta-
Me obligó a ponerme en cuatro patas, y como era su marca, me penetró de tirón, causando un desgarrador grito que brotó de mi garganta, tan agudo y aturdidor. Abrí los ojos y mordí mis labios, el dolor era demasiado, enserio odiaba que se sintiera así al principio. Metió su miembro incluso más y luego lo sacó lento. No sabía a qué estaba jugando, pero era sucio, porque me causaba incluso más dolor.
-¡Para! ¡Para! ¡Duele, joder!-
Salió de mí completamente para después entrar con mucha más fuerza.
-¡Mierda!-
Maldije lleno de rabia.
-Es tú culpa por haberme seducido tan descaradamente, ¿Quieres ponerme cachondo? Estas son las putas consecuencias-
Millares de risotadas ahogadas se escuchaban. ¡Maldición! YooChun era un desquiciado fanático del control, quería controlarlo todo, quería controlarme y no dejarme escapar. ¡Maldición! ¡Maldición!
Mis lágrimas se escapaban con facilidad mientras me embestía con brutalidad, cabalgaba sobre mí como un lunático, apretaba sus parpados y encajaba sus manos en mi espalda y en mi cintura. Estaba hundido en un vaivén de caderas, el sudor recorría nuestros cuerpos y me hacía sentir pegajoso, sucio y pútrido.
Mis dientes vibraron y quise evitar otro estridente grito, pero era inevitable, él llegaba a lo más profundo de mí ser sin la más mínima delicadeza, mi trasero ya se sentía entumido del dolor y mi rostro rojo y con venas marcadas.
-¡YooChun…! ¡Ah…!-
Sentí un profundo placer cuando su pene dejó de aprisionarse en mi estrecha cavidad. Pero pronto el descanso desapareció, porque lo introdujo de nuevo, con la misma violencia, sin contemplación. Un gruñido escuché de su parte y volvió a separarse de mí.
Me moví y me dejé caer bocarriba, abrí las piernas y con respiración acelerada le supliqué que me lo metiera, con fuerza, que debía hacer que mis entrañas vibraran y que mis huesos resquebrajaran, que mis músculos se tensarán y mi voz quedara ronca. Él hizo caso omiso, porque tomó mis piernas y las llevó a sus hombros, la posición no era la más cómoda que se nos había ocurrido, pero en ese momento pasaba a ser insignificante. Me penetró por tercera vez.
Las estocadas me derretían en miles de emociones, mi rincón moría por él, por sus jodidos movimientos de monstruo, tan lastimosos y embriagantes. Sentía ese pecado original del cuál debía ser acusado, ese prohibido deseo haciéndose realidad. Sentí el cielo y el amar juntos por primera vez. YooChun me miró y me admiró, me robó un besó vulgar seguido de otro un poco más dulce. Me abrazó y se corrió dentro de mí, llegamos al éxtasis total y me dejé caer sobre él, aún enrollado en su cuerpo. La ansiedad de mi cuerpo se fue cuando sentí el amor verdadero, la primera vez para los dos, de hacer el amor.
Le sonreí y él me correspondió con el mismo gesto, acarició mi mejillas y me soltó una sorpresa "soy feliz" fue suficiente para mí, para llenarme de gritos internos, chillidos y gloria y, triunfo. Le besé los labios efusivos y los lamí con lentitud. Su sexo volvió a ponerse duro aún dentro de mí, fue presionado y sentí el calor ofuscándome.
Ambos nos miramos durante un tiempo, él estaba cediendo ante mí lentamente, quería amarme, o me amaba, ¡Claro que lo hacía! Pero no podía admitirlo, estaba seguro de que incluso era inconsciente de ello, pero esa mirada tan tierna y sincera, no podía ser solo mi imaginación, era amor puro, proveniente de la persona más liberar y odiosa del mundo, ésa que me juraba jamás amarme y jamás protegerme; pero lo hacía, de todas las maneras posibles, me amaba y me protegía, y al mismo tiempo se esforzaba porque no me diera cuenta. ¡Hijo de puta! ¡Bastardo hijo de puta! ¿Por qué tienes que alejarme, imbécil?
Mi cadera y su cadera bailaban otra vez, comenzaba la partida de nuevo y apenas si había podido dar un respiro. La sangre vuela por mis venas, hierve de deseo y entrega. Nuestros labios se hunden en un eterno beso y yo sonrío incapaz de demostrar mi estúpida felicidad a causa de suposiciones poco veraces.
¡Perversa inquietante necesidad de estar contigo!
Con desesperación me sujetó y me aprisionó, se movió dentro de mí con más fuerza y yo sentía como iba a desmayarme ahí mismo. No tenía mucha resistencia, no había dormido ni comido muy bien, estaba tan preocupado por todos esos asuntos del pasado, que no tenía energías ni para pararme. Y tener sexo continuo no era la mejor de las opciones ahora, pero estaba ahí, excitado, hambriento, rabioso, queriendo más y más, aun cuando mi cuerpo superara los límites, me entregaría a él como nunca y me moriría en sus brazos, dejaría de respirar y sería besado en mis labios herméticos. No me importaba morir por él.
Era un pobre esclavo de su grandeza, él dejaba sus huellas en cada milímetro de mi piel, me hería, me rasgaba y me destrozaba. Nuestros cuerpos estaban entrelazados con esa sed voraz de caricias y suspiros, de besos apasionados y gemidos cortos y largos que no dejábamos de lanzar.
El orgasmo llegó a su punto máximo una vez más, y a pesar de estar exhausto necesitaba más de él, de esta intimidad tan sofocante y maravillosa.
Luchamos por no seguir rindiéndonos a nuestros instintos, pero una vez más perdimos e hicimos el amor durante un largo tiempo. Nos besamos y nos abrazamos, acostados sobre la alfombra de leopardo.
-El viejo debe estar echando humos-
Dijo de pronto, y yo rodé los ojos fastidiado por sus palabras.
-¿Por qué tienes que arruinarlo? ¿Enserio te importa ese malnacido?-
Me soltó una sonrisa fría y no me respondió, se alejó de mis resbaladizos brazos y se levantó para ir por su ropa.
-YooChun, YooChun ah-
Le llamé repetidas veces y me ignoró.
Ya me estaba hartando de esa costumbre suya, siempre de tener un poco de acercamiento lo estropea arrepintiéndose y escapándose en la primera oportunidad ¡Cobarde! Debería llamarse Park Cobarde, por no aventurarse a sentir, a amar, por evitarme a mí y a mis ahogantes sentimientos, que sabía yo, le causaban efectos que ni el mismo podía describir.
Di un salto y de mal humor me coloqué frente a él, le miré como reprendiéndolo y solo suspiró.
-¿Qué quieres?-
Cuestionó tratando de actuar malo.
-Acabo de ponerle el cuerno a mi novio cuando prometí que no lo haría, por ti hago todo, incluso si eso implica convertirme en un zorro, en una persona que abandona sus principios y se entrega a un amor enfermizo que jamás será correspondido-
Sus ojos negros me atraparon y temblé asustado, era realmente tenebroso cuando se lo proponía, y por más que intentará verme seguro y fuerte frente a él, al final resultaba ser uno más de sus idiotas amantes que eran controlados fácilmente.
-¿Sigues sin entenderlo? ¿Cuántas putas veces tengo que repetirlo para que razones? ¡Retrasado!-
Me molesté y sin pensarlo le arañé su pecho desnudo.
-¡Cretino! ¡Idiota! ¡Estúpido hijo de puta!-
Comencé a golpear su torso como un demente, llorando y gritando maldiciones al viento. ¡Lo odiaba! ¡Odiaba que me tratara de esa forma! ¡Que no quisiera amarme!
Él no hizo mucho, solo detuvo mis ataques aprisionando mis muñecas.
-Entonces… ¿Por qué te sigues acostando conmigo? ¿Realmente no valgo nada para ti?-
Dejé que mi cabello rubio cubriera mi expresión oscura y llena de lamentable tristeza, agaché mi cabeza y sollocé.
-Eres insoportablemente bello y adorable-
No entendí su frase, como siempre, no entendí que demonios me trataba de decir.
-Pero eres como todos, obsesionado con un amor que no existe, ensimismado por mí y con la herida en tu orgullo, son razones suficientes para caer rendido, pero con el tiempo eso cambiara, encontraras a alguien que te merezca y te haga feliz. No me amas JaeJoong-
Levanté el rostro y me acerqué al suyo, le planté un corto beso y me quedé a unos milímetros de sus labios rojos, respirando su aliento, mirando su boca, queriendo sentirlo en las profundidades de mi ser de nuevo.
-¿Cuántos amantes tienes? ¿Todos son tan hermosos como yo? ¿Te hacen excitar de la misma manera? ¿Besan mejor? ¿Te demuestran con cada gesto, con palabras, con miradas que te aman? ¡Maldita sea! ¿Y aun así dudas de que lo haga?-
-¡Es ridículo! ¡Te violé cuando apenas eras un mocoso! ¡Te hice la vida añicos! ¿¡Quién podría amarme!? ¿¡Eres un santo acaso!? ¡Siempre me has odiado! ¡Me aborreces! ¡Tú patético amor es solo una ilusión de tus pensamientos!-
Lo cacheteé, una y otra vez hasta dejarle las mejillas completamente roja e hinchadas, y lo volví a hacer con la otra mano para descansar la utilizada.
-Bien, te odio ¿No? Asumes todo lo que siento y pienso, déjame tomar mis decisiones por mí mismo-
-Eres un crío que no sabe lo que quiere-
-¡Te quiero a ti!-
-¡Y una mierda!-
Me tomó de los hombros y me zarandeó, estaba desesperándose a causa de mi terquedad. Pero, YooChun, ¿Enserio crees todo eso?
-¡Con un carajo, te amo!-
Lloriqueé como un niño de primaria, pataleé y quise abrazarle y besarle, pero no me lo permitió, me empujó contra la pared y me acorraló colocando sus dos brazos a la altura de mi cara.
-Nunca te he odiado realmente, disfrazaba mi propio sentir por esa mierda de orgullo y dignidad, pero siempre te amé, desde que te conocí, desde que te vi, por eso es que soportaba todo lo que me hacías sin acusarte, por eso es que nunca consideré eso una violación, sino mi primera vez con la persona que amaba-
Frunció el entrecejo furioso y acercó su faz hasta que quedó demasiado próxima de la mía.
-Todo este tiempo trataba de encubrirlo, de convencerme a mí mismo que no podría estar enamorado de mi medio hermano, ese maldito puto-
Una sonrisa mugrienta se formó de sus bonitos labios.
-¿Puedes creerme ahora?-
-Está bien, te creo-
Bufón como siempre respondió, pero su semblante se volvió apagado de repente.
-Pero yo no te amo a ti, me gusta el sexo, penetrarte una y otra vez, así como me gusta hacerlo con JunSu, con HeeChul, con desconocidos, con ancianos millonarios, por eso es que me sigo acostando contigo, porque tú nunca me rechazas-
Mordí mi labio inferior y bajé la mirada.
-No me debes absolutamente nada, ni fidelidad, ni amor, ¡Nada! Nunca estarás ligado a mí, así que si quieres una relación de novios, búscala en otra parte, ¡Oh! ¡Espera! Ya la tienes ¿No?, entonces, si tienes a alguien tan romántico y monógamo como Jung YunHo, ¿Qué haces aquí?-
-¿Qué no dijiste que solo me usaba para vengarse?-
-¿Ahora me crees? Incluso aunque quisiera vengarse, ese hombre jamás se atrevería a hacerte daño, porque es su naturaleza, ser el bueno de la historia-
Se inclinó hacia mí y mordió las extremidades mi comisura.
-Húndete en la depresión, llama a tu querido y hazle saber de ello, él te dará apoyo y te prometerá amor eterno, incluso si es necesario tomará el primer vuelo hacia aquí, haz que te consuele y luego al día siguiente, quiero que me veas y no veas a nadie, que me mires y pienses en mí como la persona que más daño te ha hecho, esa que odiarás por el resto de tu vida, por la que no tendrás compasión. Olvídame y vive tú vida Kim JaeJoong-
Sus dedos me acariciaron las facciones haciéndome vibrar. Y después de ese simple gesto, me dejó en medio de la habitación solitaria.
Esta vez no caí en el abatimiento, me mantuve en la misma posición mirando el suelo, luego el techo y finalmente todo el alrededor. Lucía igual, el mismo lujo y buen clima. Con o sin él, el mundo seguía girando, y con o sin él, yo tendría que seguir avanzando.
Tenía que olvidarlo, por más que me doliera admitirlo, había hecho todo lo que estaba en mis posibilidades para tenerlo a mi lado, pero no podía obligarlo a amarme, y si él no me logró amar, ya no había nada más que hacer.
Incluso hasta al final seguía obedeciendo sus egoístas palabras, porque hice exactamente lo que dijo, me metí en la cama y en mis sueños, llamé a YunHo y lloré con él, me dijo que iría por mí pero me negué, caí ante el sueño y al día siguiente me sentí más ligero.
Me levanté y la luz del sol me cegó, fui incapaz de ver con claridad el ambiente, y el escaso ruido de la ciudad me aturdía, era como si pasara por la cruda después de haber tomado alcohol desmedidamente, pero no, yo no bebí ni una sola gota, y la única cruda por la que pasaba, era la cruda realidad.
Me metí a la ducha y abrí el grifo del agua fría a propósito, necesitaba recordarme el dolor, la gélida mirada, sus distantes palabras, solo de esa manera podía enfrentarlo hoy, verle a la cara y mirar nada, tal como me lo recalcó.
Me mentía a mí mismo, mis sentimientos no desaparecerían de la noche a la mañana, pero me esforzaría ¿Verdad? Tenía a alguien cuidando de mí, ese alguien que no me dejaría caer.
Lavé mis dientes y me vestí sin pensar mucho. Luego de ese corto proceso, salí de la habitación dispuesto a ir a la de mi padre.
Caminé apenas un par de pasos, pero paré en seco cuando vi a mi medio hermano. YooChun parecía venir de afuera, caminando algo lento y cubriendo sus sagaces ojos detrás de unas grandes gafas de sol, estaba demasiado cubierto para el calor que hacía, y traía su celular colgando de su mano. Él entró a la habitación sin tocar, y yo me apresuré a colocarme detrás de la puerta para escuchar.
"¿Quieres ver cómo me dejó la zorrita esa? ¡Mira! ¡A tú hijo lleno de heridas!"
"¿Quieres causarme lástima? Ayer consideré liberarte, pero llegaste demasiado tarde y sin tu hermano, te merecías ese castigo, incluso le dije que no tuviera piedad"
No oí nada más, todo se quedó en completo silencio y yo me aterré.
-¡Padre!-
Grité haciendo notar mi presencia, y después toqué levemente. La puerta fue abierta enseguida y ese señor de apariencia fuerte fue lo primero que vi.
-¿Qué quieres JaeJoong?-
Me preguntó algo agobiado, yo paseé mis ojos primero adentro de la habitación, vi al primogénito sentado en un sillón con el pie cruzado, bebiendo una copa de vino y presionando la pantalla de su celular.
-Bu-bueno, quería saber la agenda para hoy-
-Tienes el día libre, tu hermano y yo nos encargaremos de unos asuntos así que puedes hacer lo que quieras-
Me cerró la puerta en la cara, quería hacerme saber lo inoportuno que era en ese momento, pero yo no quería dejarlos solos, quería estar ahí para evitar cualquier desastre que fuera a ocurrir.
Corrí por las escaleras de emergencia y fui a la habitación del administrador de la empresa. Era un señor joven, con una distinguida apariencia, de porte masculino y fino. Él me abrió la puerta, y tan amable como siempre me invitó a pasar.
-¿Qué sucede?-
Me interrogó al momento de que me servía un vaso de agua.
-¿Qué es lo que tienen planeado hacer hoy? Mi padre dijo que le preguntara a usted-
Él encarnó una ceja y me dio el recipiente de cristal, yo lo acepté y lo observé esperando su respuesta.
-Hoy es el día en que tenemos libre, realmente no hay nada, los días ocupados de negocios, planeaciones y reuniones son a partir de mañana-
Así que era verdad. Me sentí apenas y descubierto en ese instante, pero no lo demostré demasiado, y después de beber el líquido todo de una vez, me incorporé y agradeciéndole quise partir. Su mano detuvo mi huida.
-YooChun, ¿Cómo está él?-
Me volví para verle sin comprender de qué hablaba.
-Estoy preocupado-
La sinceridad de sus palabras era real. Esta vez sí que me sorprendí demasiado, ¿Ese sujeto también se había enamorado de él? ¿El mundo se estaba volviendo loco o es que solo había un hombre en la tierra?
Sin quererlo, solté una risa descontrolada, parecía un loco carcajeándome de la nada, sin motivo o razones. Estaba al borde del abismo, en ese punto de mi vida estaba queriendo hundirme en las profunda oscuridad y no salir jamás. Tenía celos de ese hombre, de un hombre bueno y de moral intachable, macho ante la sociedad, y maricón enamorado por dentro. Por eso es que YooChun podía rechazarme tan fácil, porque tenía gente de sobra que le amaba.
Di un puñetazo a la pared y me dejé caer en el suelo de ese lugar. Me estaba hartando de estas situaciones tan liosas, me la pasaba cuestionándome y cuestionando a todos, me sentía cada vez más inseguro y horrible, me convertía en una persona fea y malvada, quería estrangular al humano frente a mí, quería deshacerme de todas las personas que lo querían, y al mismo tiempo deseaba matarme a mí, por pensar de esa manera. Tenía choques emocionales dentro de mí mismo, no podía más con esa estupidez.
Salí de ese teatro como pude, ante un par de orbes espantados.
Paseé por calles desconocidas, llorando como un infeliz, vagueando como una persona muerta en vida. La noche calló sin haberme dado cuenta y solo pensé en meterme a un bar que encontré cerca. Me embriagaría hasta perder la consciencia, y ya mañana volvería a ser una persona cuerda que actuaba después de considerar.
Mis pies pisaron la madera desgastada y mi vista captó a cierto Park en la barra, yéndose de lado a cada rato y bebiendo rápidamente.
Parecía que Dios no estaba de mi lado, ¿Por qué tenía que encontrármelo justo ahora?
Sin muchas ganas de seguir ahí giré en mis talones, y cuando estuve por irme, escuché un "Jae" gritado a mis espaldas.
Soy débil.
Ya me encontraba a su lado, sosteniéndolo para que no fuera a caerse, tenía una sonrisa palurda dibujada de sus labios y una mirada desorientada. Ahora que lo veía de cerca, pude mirar sus mencionadas heridas, eran graves. En su cuello las mordidas, revisé su espalda y parecía haber sido latigueado, su pecho estaba desgarrado y su abdomen mallugado.
Sentí enojo, furor, rabia, rencor. ¿Cómo podía alguien dañar a su hijo de esa manera? Estaba molesto, muy molesto con ese ser infame, por maltratar a mi YooChun de esa manera.
-Hey, vamos al hospital-
Le susurré al oído pero el negó con la cabeza rotundamente.
-Mejor vamos al hotel-
Me respondió con palabras arrastradas y yo solo suspiré pesadamente.
-Vamos… al hotel… para que me quites este desagradable olor-
Me murmuró con algo de ¿Tristeza?
-Púdrete, yo no voy a meterme más en tu desastre de vida-
No quise que me importara, y cuando traté de irme de su lado me abrazó por la cintura, recargó su frente en mi espalda y soltó un abrumante suspiro.
-Eres todo lo que tengo-
Mis ojos se abrieron tanto como pudieron, sentía que el corazón me saldría por la garganta, que mi estómago era estrujado y mis piernas acuchilladas, y todos esos signos, eran indicios de mi impresión, de mi repentina alegría.
No sabía si era por el excesivo alcohol que llevaba encima, si me estaba jugando una broma, o si era verdadero, pero me importaba poco. YooChun me necesitaba, y dejaría de pensar tan egoísta, porque siempre todo giraba alrededor de la ridícula cuestión de "si me ama o no". No le dejaría, no le abandonaría como todo mundo, y le salvaría de la miseria, de sí mismo. Era un sacrificio de debía hacer.
Continuará.
