¡Hola! ¿Cómo están? Esperando que siempre estén bien. Hoy les traigo el penúltimo capítulo de esta historia. Gracias a todos por haber llegado hasta aquí y a todos los que comentaron esta historia. ¡Me alegran muchísimo el día! Jajaja. Espero que disfruten del capítulo y que esperen el próximo n.n . Les mando un abrazo muy fuerte y les mando buenas vibras a todos para que les vaya super en el trabajo, colegio, reunión, academia, o cualquier lugar o acontecimiento importante que tengan (pues a mi no me fue muy bien... hoy tuve un examen y no respondí las últimas preguntas... u.u... bueno me irá mejor a la próxima porque... ¡le pondré todo mi empeño!).

¡Saludos!

PD: ¡Hermana menor Akira-chan! No te preocupes, yo sabía que lo habías leído porque siempre estás ahí aunque no des señas. Gracias por leer mis historias (jajaja son dos no más n.n) y te mando un fuerte abrazo de hermana mayor.

….….

Naruto entró a su casa con mucho cansancio. Hacía dos días que no volvía a casa, ya que permaneció junto a las hermanas Hyuga todo ese tiempo.

Qué bueno que has regresado – Dijo un hombre rubio que se asomaba desde el salón de la casa.

Lo siento mucho… pero no podía dejarlas así – Naruto miró directamente a su padre.

Y, ¿cómo están las hijas de Hiashi? – Preguntó el hombre.

Se podría decir que están mejor… aunque no estoy muy convencido – Respondió el chico con cierto desconcierto en sus palabras. En ese momento, una mujer de cabellos rojizos se hacía presente.

Naruto – Kushina se acercó a su hijo y le abrazó muy fuerte. Me tenías muy preocupada – Le decía mientras besaba la frente del chico.

De verdad lo siento mucho, pero puedes dejar de apretarme tan fuerte – Rogó el rubio. Kushina le miró y una sonrisita malévola se dibujó en su rostro.

Lo lamento, pero debo disfrutarte antes de que nos dejes cuando empiecen las clases – La peli roja lo abrazó con mayor intensidad y le besó la frente muchas veces.

Kushina, deja que Naruto respire por lo menos – Rió el padre del rubio. Kushina lo miró con una ceja arqueada y soltó a su hijo muy lentamente.

¿Acaso tú también quieres un abrazo? – Le preguntó a su esposo, acercándose peligrosamente hacia él. Minato negó con la cabeza y dio unos pasos hacia atrás. Bueno, te los pierdes – Kushina le mostró su lengua, haciendo que los dos mayores comenzaran a reír. Naruto observó a sus padres con detenimiento. ¿Cómo podría decirles que ya no se iría a estudiar porque deseaba quedarse con Hinata? Además, le prometió a Hanabi que siempre estaría con las dos hermanas Hyuga, y él, jamás rompía una promesa.

Naruto, ¿qué te sucede? – Preguntó la peli roja. Su hijo siempre fue un chico muy extrovertido y casi nunca se le veía serio, sin embargo en su rostro se reflejaba todo lo contrario.

¿Eh? – Naruto sabía que este era el mejor momento para decirle sobre los cambios de planes, no obstante tenía un poco de temor. Al fin y al cabo, ellos eran sus padres y los padres siempre quieren lo mejor para sus hijos, por lo que estaba seguro que no tomarían muy bien la noticia.

¿Tienes que decirnos algo? – Le dijo el hombre a su hijo, cambiando su expresión. Él conocía a su hijo muy bien y sabía que cuando tenía esa mirada sólo significaba una cosa.

Bueno… sí – Respondió el aludido. Les hizo una seña a sus padres para que le siguieran al salón y para que se sentaran el sofá.

Bien, puedes comenzar – Le dijo su madre un poco seria y preocupada.

Yo… - Naruto bajó su mirada.

Hijo, sea lo que sea que tienes que decirnos, siempre te querremos – Le dijo Kushina con una sonrisa. Naruto levantó su rostro y sonrió un poco.

Yo… no me iré a estudiar… me quedaré aquí – Las palabras salieron de su boca muy lentamente, mientras veía como los rostros de sus padres cambiaban drásticamente.

Antes de que diga lo que tengo que decir… ¿podría saber el motivo de esa decisión? – Preguntó Minato, guardando la compostura.

Hinata... ella me necesita y… -

¡No! – Gritó Kushina levantándose del sofá para acercarse a su hijo y cogerlo de los hombros. Minato y Naruto le miraron muy asustados. ¡¿Por qué? ¡¿Acaso no se cuidaron? – Preguntó la mujer, zamarreando a su hijo de un lado a otro.

¡Qué! – Gritó alarmado Minato. Nunca se le pasó por la cabeza aquella posibilidad. Naruto, ¡dime qué rayos está sucediendo! –

¡Todo es mi culpa! ¡Yo debí de vigilarlo mejor! – Se lamentaba Kushina, tras soltar a su hijo y caminar de un lado a otro. Naruto siguió con la mirada a su madre sin entender el por qué de sus lamentos.

Estoy esperando, Naruto… ¿Hinata está embarazada? – Preguntó con temor y dureza en sus palabras el padre del rubio. El chico negó con la cabeza sin ninguna delicadeza y bajó su mirada avergonzado.

No… ni siquiera he estado con ella – Respondió con cierta timidez, pues él creía que cuando llegara ese momento sería cuando los dos estuvieran casados o, por lo menos, comprometidos, y jamás se le hubiese pasado por la mente contarle a sus padres sobre eso.

Claro, esa es la única razón… - Minato se calló al decodificar las palabras de su hijo. ¿Acaso dijiste que no? – Preguntó acercándose al rubio. Naruto asintió con las mejillas aún rojas. Entonces Minato suspiró con tranquilidad. Se acercó a su mujer, que aún no se quedaba quieta y le tomó de las manos. Falsa alarma, querida – Le dijo con una sonrisa amplia. Kushina miró a su esposo y comenzó a reír. Se había comportado por una loca al mal interpretar las cosas.

Lo siento, Naruto. Sabes que soy un poco atarantada – Se disculpaba la peli roja con su hijo.

Está bien… - Suspiró el rubio. De alguno de los dos tenía que haber sacado esa personalidad.

Entonces, ¿cuál es la razón? – Preguntó Minato.

Yo necesito a Hinata y ella me necesita a mí… no puedo dejarla en estos momentos… yo se lo prometí – Respondió el chico. Kushina se acercó a él y le abrazó con fuerza.

Sabes, todos nos necesitamos, pero no puedes cambiar tus planes así como así – Kushina le susurró en el oído.

Mamá… esa es mi decisión y espero que la acepten –

Naruto, yo creo que sabes que no aceptaremos eso – Le dijo Minato. Sabes que hemos trabajado muy duro para que puedas irte a estudiar al extranjero y para que puedas valerte por ti mismo cuando no estemos contigo –

Lo sé, pero Hinata de verdad me necesita –

Como te dije, todos nos necesitamos, pero no puedes botar tu futuro así como así… además, apenas la conociste hace un mes, ¿crees que ella se quedará contigo cuando Hiashi no esté con nosotros? – Kushina deshizo el abrazo y se sentó en el sofá. Piénsalo, Naruto –

Hijo, no queremos que pienses que no nos importa tu felicidad, sin embargo tu madre tiene razón… -

Otra cosa, ¿ella de verdad te quiere? – Preguntó la peli roja. Ella no quería que su hijo desperdiciara una oportunidad como esta. A pesar de tener una buena situación económica, salir del país era un lujo que pocos se daban, es por eso que la familia del rubio había trabajado por algún buen tiempo para que él estudiara en el extranjero y pudiese tener un mejor futuro.

Naruto frunció el ceño y salió del salón molesto con el comentario de su madre. Hinata si le quería. Sí le quería. Y no la dejaría cuando ella más lo necesita.

….

Hinata se encontraba en la sala de la casa de su padre. Estaba mirando la misma carpeta por la que el Hyuga se había molestado. Suspiró con cansancio al ver el documento del hospital. Allí se detallaba todo lo referente a la enfermedad de su padre.

"¿Cómo fui tan estúpida?" – Se preguntaba a sí misma. Si hubiese sabido que Hiashi estaba enfermo y que por esa razón se había ido de la casa, se hubiese comportado mejor. Ordenó la carpeta y la guardó en unos de los cajones del estante. Caminó por el pasillo y entró a la habitación de su hermana. Hanabi estaba dormida plácidamente sobre su cama. Cogió una cobija y arropó a la chiquilla. "Debería haber sido una mejor hermana" – Se regañó mentalmente la peli negra. Salió de la habitación con cautela para no despertar a la castaña y se dirigió a la cocina. En eso escuchó que golpeaban a su puerta. Caminó hasta ella y abrió la misma, quedando muy sorprendida por lo que veía.

Hinata, ¿cierto? – Preguntó el hombre parado frente a ella. Aquél tenía el cabello rubio y unos ojos tan azules como el cielo.

Sí… ¿usted es…? –

Mi nombre es Minato, soy el padre de Naruto – Hinata parpadeó por unos segundos. Cómo no se dio cuenta antes. Si ambos son tan parecidos. Necesito hablar contigo, ¿puedo pasar? –

Eh… sí, pase por favor – Hinata no sabía cómo actuar. Que llegue "tu suegro" sin avisar es un poco intimidante y más si nunca lo habías visto. La morena le hizo una seña para que se sentara, sin embargo Minato negó con la cabeza.

Sólo vengo a pedirte un favor –

¿Un favor? – Preguntó la chica sorprendida.

Sí… quiero que convenzas a mi hijo para que se vaya a estudiar –

¿A estudiar? Pero yo no tengo nada que ver con eso – Le dijo la morena. Ella sabía que Naruto dejaría la ciudad a penas terminaran las vacaciones.

Bueno, creo que Naruto no te ha comentado la decisión que ha tomado – Le dijo Minato, tras suspirar brevemente. Naruto ha decidido quedarse aquí, contigo –

¿Conmigo? – Una sonrisa se dibujó en el rostro de Hinata. "Naruto… ¿te quieres quedar conmigo?" – Preguntaba la morena con mucha felicidad. Al fin de todo, ella se había enamorado del rubio, aunque en un principio no lo hubiese querido.

Sí, pero sé que tú no dejarás que él deje ir esta oportunidad que a mi familia le costó mucho obtener – La sonrisa de Hinata se esfumó por completo. Por favor, Hinata, hazlo reaccionar – Pidió nuevamente el rubio.

Bueno, yo… - Hinata no sabía qué responder. ¿Acaso Minato no quería que ella se quedara junto a Naruto?

No pienses que no quiero que mi hijo se quede contigo, pero yo quiero lo mejor para él y creo que tú también – Terminó de decir el rubio para dirigirse a la puerta. La morena lo miró con confusión. Yo sé que harás lo mejor para Naruto – Dicho esto, abrió la puerta y salió de la cabaña. Hinata se quedó un rato mirando la puerta y se dejó caer en el sillón de la sala.

"Todos me dicen lo que tengo o no tengo que hacer" – Suspiró un poco molesta. En eso la figura de su hermana se hacía presente. Hanabi, ¿te desperté? –

Siempre lo haces cuando entras a mi cuarto… gracias por arroparme – Hanabi se sonrojó un poco. Hace mucho tiempo que no veía a su antigua hermana. Aquella que era tímida y tierna.

De nada… prepararé la cena – Hinata se levantó de su lugar y se dirigió a la cocina seguida por Hanabi. La morena sacó unas verduras de la nevera y comenzó a pelarlas y cortarlas en cubitos, mientras Hanabi le miraba sentada frente a la mesa de la cocina.

Sin querer escuché la conversación que tuviste con el Sr. Minato – Comentó la castaña. Hinata no dijo nada, aún se sentía un poco molesta por lo que le había dicho su suegro. Creo que tengo la culpa de ello – Hanabi bajó su mirada. Hinata se acercó hasta ella y se inclinó para poder mirarla a los ojos.

Hanabi, nunca pienses que tienes la culpa… el padre de Naruto sólo me pidió un favor – Sonrió la morena.

Es que yo hice que Naruto prometiera que no nos dejaría solas y por eso no se irá a estudiar –

Hanabi, no te preocupes. Naruto sabe lo que hace –

Lo sé, pero... creo que él debe irse, Hinata – Le confesó la castaña a su hermana. Hinata la miró confundida.

¿Acaso no te cae bien? –

Me agrada mucho y me gusta que estén juntos, pero él tiene que pensar en su familia… - Hanabi dejó caer unas lágrimas. Papá me dijo que la familia siempre quiere lo mejor para nosotros, aunque no estemos de acuerdo con todas las decisiones que toman – Hinata se levantó de su posición y volvió a cortar las verduras.

Lo sé… -

Hinata… los padres de Naruto están velando por su futuro… igual como hizo nuestro padre… aunque no haya sido una muy buena idea – Hanabi limpió sus lágrimas. Yo creo que… -

Hanabi, no quiero que te metas en esto, ¿de acuerdo? – Interrumpió la morena con un tono sereno. Hablaré con Naruto y dejaré que él tome la mejor decisión – Hinata miró a su hermana y le regaló una pequeña sonrisa.

Está bien – Respondió la castaña.

….

Naruto y Hinata se encontraban sentados en el muelle donde tuvieron su primera conversación. El sol se estaba ocultando y las luces de los faroles comenzaban a encenderse. Habían llegado ahí hace más de treinta minutos, sin embargo ninguno de los dos había pronunciado palabras.

Naruto… - Hinata rompió el silencio que reinaba hace unos momentos. Estaba con la cabeza gacha.

Dime – Respondió el rubio, mientras la miraba.

¿Te irás apenas termine el verano? – Preguntó la chica sin cambiar su posición.

A decir verdad… creo que no me iré aún – Sonrió el chico, con una mano detrás de su cabeza.

¿Por qué? –

Porque quiero quedarme contigo, Hinata – Confesó el rubio con cierto rubor en sus mejillas.

¿Qué pasaría si yo te digiera que no quiero que hagas eso? – Hinata subió su rostro y lo miró directamente a los ojos.

No te creería –

Naruto, no quiero que te quedes conmigo – Le dijo de una forma fría, característica de la personalidad que había adoptado años atrás.

Hina, no bromees… no sabes mentir – Naruto posó una de sus manos en el rostro de la chica.

¡No miento! – Gritó Hinata, desviando su rostro de la mano del rubio.

¿Qué te sucede? – Preguntó Naruto sin entender lo que pasaba. De los ojos de la morena, comenzaron a brotar lágrimas, las cuales ella se secaba sin ninguna delicadeza.

No me sucede nada… sólo me di cuenta que no te quiero cerca – Le dijo sin dejar de limpiar su rostro.

No sigas mintiendo, Hinata – Naruto estaba por perder la serenidad que llevaba. ¿Por qué Hinata le decía esas cosas si apenas ayer le decía todo lo contrario?

¡No estoy mintiendo! – Gritó con desesperación la morena. En realidad, sí mentía. Pero el favor de Minato aún rondaba por su mente. La verdad, no podía dejar que Naruto rechazara la oportunidad de forjar su futuro sólo porque ella no era lo suficientemente fuerte como para afrontar la muerte de su padre o como para entender que no siempre estaría con las personas que ama.

No te entiendo… ayer me pedías que no te dejara sola y ahora me vienes con eso – Reclamó Naruto frunciendo su ceño.

Es que me di cuenta que sólo fuiste una ilusión, Naruto… yo nunca te quise de verdad – Las palabras que salieron de la boca de Hinata se escucharon como un eco en la cabeza del rubio. Ella sabía que la única forma posible para que Naruto desistiera de la decisión que había tomado, era romperle el corazón.

Dime que eso no es verdad… ¡dime que no es verdad! – Ordenó el rubio, cogiendo a Hinata de los hombros. Hinata comenzó a negar con la cabeza.

¡Es verdad! ¡Nunca te quise! – La morena se movía de un lado a otro, tratando de soltarse de las manos del rubio. ¡Sólo fuiste un juego! – Hinata se removió nuevamente, logrando que Naruto bajara sus brazos y la dejara libre. Se separó de él con rapidez y salió corriendo del lugar, sin mirar atrás.

Sólo un juego… - Naruto se dejó caer en el frío suelo del muelle.

….

Un mes después, todo se había vuelto demasiado oscuro. La enfermedad de Hiashi empeoraba con los días; Hanabi trataba de terminar el cuadro que había comenzado a pintar junto a su padre, no obstante estaba tan triste que casi no tenía fuerzas para sostener el pincel; Hana se llevaría a Hanabi apenas comenzaran las clases para que no viera el momento en que su esposo diera su último suspiro; y Hinata, se sentaba todos los días al lado de su progenitor, esperando que por alguna razón, Naruto volviera. Ella sabía que eso era imposible. Naruto había dejado la ciudad mucho antes de lo que tenía previsto. Se fue a la semana en que ella le había dicho esas barbaridades y mentiras y, por boca de sus amigos, sabía que el rubio no regresaría hasta terminar con sus estudios. Maldita su suerte… maldita su vida… maldita su estúpida forma de resolver problemas.

Se te ve triste, Hinata – Le comentó su padre que yacía en una silla, mirando la mar. Hinata sólo suspiró.

Estoy enojada con mi persona… - Confesó la morena. ¿Por qué soy tan estúpida? – Se preguntó en voz alta. Hiashi rió bajito y le extendió una de sus manos. Hinata la cogió entre las suyas.

No lo eres… sólo no sabes cómo expresarte… -

Tal vez… -

Hina, él de verdad te quiere… debe haberse dado cuenta que tú mentías – Le dijo el Hyuga. Hinata le miró sorprendida. ¿Su padre sabía lo que había hecho?

¿Quién te lo dijo? –

Minato… él se odia a sí mismo por haberte pedido ese favor… nunca pensó que su hijo de verdad estaba enamorado de ti –

No debería… creo que en parte sus padres tenían un poco de razón en velar por su futuro… igual que tú – Hinata le regaló una sonrisa a su padre y se levantó de su asiento para ir a buscar unos cuantos papeles.

¿Y eso? – Preguntó Hiashi al ver las hojas que tenía su hija en sus manos.

¿Seguirás escribiendo para mí? – Preguntó la mayor de las Hyuga, mientras Hiashi esbozaba una gran sonrisa.