Nos cedamus amori
(Tres semanas después)
Todos los gladiadores, tanto aprendices como profesionales, se encontraban esperando en filas dentro de la sala de entrenamiento, mientras Pre-Vizla y uno de sus asistentes, pasaban entre todos y cada uno de ellos, analizando sus habilidades y fortalezas, al igual que sus debilidades; todo con el propósito de finalmente escoger a sus siguientes campeones que competirán en el Anfiteatro por la gloria del Imperio, aunque la mayoría de ellos era bastante verde como para entrar a un lugar lleno de muerte y de violencia.
- No, es demasiado delgado para entrar – dictó su veredicto mientras el otro escribía - ¿cuántos llevamos elegidos, Wolff? – preguntó tallándose los ojos.
- Hemos revisado a más de la mitad de nuestra legión y sólo hemos escogido a Vos y a Kenobi, aún nos falta elegir al novato – Vizla gruñó y siguió verificando hasta que se puso en la fila donde estaba Anakin y se puso a pensar un poco.
- "Este esclavo es uno de los más testarudos que he conocido en mis años como entrenador, pero no tiene malas habilidades para combatir en el campo" – fue pensando mientras iba revisando a cada uno de los aprendices – "además…..meterlo a un circo de verdad, le servirá para darle una lección que jamás olvidará, sería una verdadera lástima, si perdiéramos a un talento como ése, pero bueno, el Emperador pide y yo tengo que obedecer" – se fue acercando a Anakin, lo analizó y luego, lo hizo pasar al frente – Skywalker, Kenobi y Vos, ustedes han sido seleccionados para luchar como gladiadores dentro del Anfiteatro Flaviano en dos semanas, como todos bien saben…..un novato, para obtener el título de gladiador, deberá combatir a muerte a sus contrincantes o morir en el intento.
- "Temía que dijera eso" – pensó Obi-Wan, mientras observaba hacia su entrenador, quien seguía dando su discurso para pelear y seguir entrenando.
- Su entrenamiento será el mismo de siempre, pero le agregaremos unas rutinas más ya que estaremos enfrentando a diferentes gladiadores de todo el Imperio, entrenados en las diferentes ludus de Roma – continuó su explicación, pero Anakin ya no pudo seguir escuchando ya que se quedó perplejo de sólo pensar que lucharía para la rata del Emperador y sobre todo, ante un público tan sádico y cruel como lo es Roma – todos los demás, ya saben qué hacer y para los novatos…..no quiero que distraigan a Skywalker, por lo menos, antes y el día de la pelea, el Emperador quiere a sus gladiadores listos y dispuestos, todo aquél que intente impedir que eso suceda, recibirá dos meses de castigo en el calabazo del palacio, ¿quedó claro? – nadie contestó, pero tampoco negaron nada – Eso es todo, retírense – ordenó con voz alta y todos hicieron caso, todos excepto los tres seleccionados – en cuanto ustedes, espero que no me hagan quedar mal enfrente de Roma….ya que el Emperador me partirá la cabeza si no ganan.
- "Ja, al menos nos desharemos de una gran basura" – pensó sonriendo ligeramente Quinlan Vos, quien veía cada movimiento de su amo y señor.
- Entrenarán cada día hasta el evento en dos semanas, no tendrán días libres ni tendrán contacto con nadie que no sea yo o el príncipe Paolo, quienes supervisaremos su entrenamiento rigurosamente, ¿entendieron? – preguntó sin dar a lugar a dudas, para evitar que alguien intentar refutar sus indicaciones.
- Sí amo – respondieron los tres serios, sin dar a conocer sus verdaderas intenciones hacia su amo, pero no pudieron hacer más que acceder a sus instrucciones.
- Bien, eso creí – contestó complacido – pueden retirarse, mañana empezamos con el Sol en el jardín del palacio – los tres hicieron reverencia y se dirigieron a sus respectivos cuartos, justo en eso, detectó la presencia de su hermosa musa y empezó a planear algo con lo que pudiera excusarse.
- Debo decir que estoy sorprendido con la elección que hizo Vizla, Skywalker – dijo tratando de dar ánimos – ser un gladiador es un honor para el Imperio.
- Si con honor, Quinlan, te refieres a ser humillado enfrente de miles de personas, por el hecho de matarnos los unos a los otros….entonces, puedo decir que ya perdiste la cabeza – resopló Obi-Wan, quien estaba viendo a su amada, que le decía con la mirada el lugar donde quería que se vieran.
- No, me refiero a que si logras salvarte, significa que todavía existe la posibilidad de escapar de este tormento y que podremos recuperar lo que es nuestro algún día – replicó tranquilo, conociendo todos los tormentos que pueden afectar a un hombre estando dentro de un lugar así – en fin, ya oíste a Vizla, tenemos que continuar entrenando hasta que se nos rompan los huesos para ganar, si es que quieres vivir después de entrar ahí – dijo tratando de animarlo, pero Anakin sentía que podía vomitar en cualquier momento.
- Quinlan…..no lo espantes antes de siquiera tener sus primeros días de entrenamiento en conjunto – replicó Obi-Wan, mientras estaban a punto de entrar a su cuarto – no lo pongas más nervioso, de lo que ya es estar frente a frente al Anfiteatro – entraron los tres a la habitación, pero Obi-Wan, se quedó en la puerta para esperar a que se acomodaran – voy a ir a los baños, no pude pasar antes de que Vizla nos llamara.
- Ve, Obi-Wan, cuando la naturaleza llama hay que ir – dijo en forma de burla, sin voltear a verlo, a lo que él giró sus ojos.
- No tenemos que enterarnos de todo lo que pasa en tu cuerpo, Obi-Wan – Anakin continuó con la broma, guiñándole un ojo, causando que Obi-Wan bufara indignado.
- No sé cómo es que los elegí mis amigos, son el uno para el otro – dijo saliendo de su puerta, mientras ambos compañeros reían sin cesar – no me sorprendería que terminaran siendo pareja – dijo murmullando, mientras se alejaba de su habitación, acercándose lentamente a la puerta de la sala de visitas; sin que nadie lo viera, él entró y cerró la puerta con seguro para evitar que nadie pasara y que los sorprendieran - ¿Satine? – llamó sorprendido de verla viendo a la ventana, pero su mirada no estaba concentrada en la vista, sino en algo más preocupante – Amor, ¿estás bien? – se empezó a angustiar, cuando no recibió respuesta y se acercó lentamente, teniendo una ligera idea de lo que pudiera pasar por su mente.
- Obi…. – lo llamó aún volteando, pero cuando lo vio a los ojos, él se sorprendió de ver que había lágrimas en sus ojos, lágrimas que cayeron a escondidas de las miradas lujuriosas y asesinas dentro de este lugar y ella, se lanzó a sus brazos, desahogando su dolor y ansiedad.
- Satine, mi cielo, ¿qué ocurre? – preguntó angustiado, sintió que sus brazos apretaban más su cintura y él, la atrajó todavía más para calmar su preocupación.
- No es justo, Obi-Wan – dijo entre sollozos, las primeras palabras que logró inmutar desde que terminó la elección de candidatos – porque los dioses se esfuerzan en quitarme lo que amo – él no entendió y la hizo voltearla a verlo.
- No entiendo – ella suspiró exasperada y furiosa.
- OBI-WAN, ¿no te das cuenta de que en pocos días irás a pelear de nuevo? En contra de humanos desconocidos, que son considerados enemigos del Imperio, por ser conquistados por el mismo – dijo tratando de hacerlo entender – tengo mucho miedo, querido – terminó regresando a su posición de antes y él, la besó de la cabeza para ofrecerle su cariño.
- Créeme que desearía hacer algo para impedir, Satine – le acarició los brazos, mientras ella terminaba de consolarse en su presencia – pero tu esposo es mi amo y tengo que obedecer mis órdenes.
- Pero no tiene que ser así – contestó desesperada, agarrándose fuerte de su túnica.
- ¿A qué te refieres? – preguntó anonado.
- Escapa conmigo, Obi-Wan, vámonos a un lugar lejos donde nadie pueda reconocernos y que podamos vivir tranquilos – Obi-Wan no lo podía creer, por más que fuera una oferta muy tentadora, no podía ofrecerle una vida sin dinero ni trabajo, ni siquiera con un techo en donde vivir…..por ella valía la pena el seguir luchando hasta el final; no quería seguir siendo esclavo, pero tampoco podía ni quería abandonar a Anakin, ya que él lo empezaba a considerar como su hermano.
- Satine….Satine – la tomó de los hombros y puso la seriedad primero para que entendiera el riesgo que corren – entiendo que estés desesperada por lo que está pasando, yo tampoco deseo estar dentro de la batalla en el circo romano, pero tampoco puedo darme el lujo de huir contigo – Satine abrió los ojos, pensando en lo peor.
- ¿Por qué no? Obi-Wan, ¿acaso….ya no me amas? – ahora fue su turno de quedarse perplejo e hizo lo único que pudo para calmarla y asegurarle que su amor es más que sincero.
- Nunca digas eso en tu vida, Satine…..te amo con todas mis fuerzas, que incluso moriría por ti luchando contra todo el ejército romano – volvió a besarla con desesperación, pero no dejó que el tema se quedara a un lado – pero por esa razón, no quiero hacerte pasar por la rabia de Vizla, que si descubre tu engaño y se da cuenta de nuestra escapada, con el apoyo del Imperio, podría encontrarnos en menos de una semana – Satine suspiró, cayendo en la cuenta de su abrupta decisión – en segundo lugar, no tenemos un lugar a donde ir, no tengo trabajo ni dinero con el que mantenerte y de ninguna manera, podrían aceptarme en uno después de ser esclavo toda la vida.
- Pero eso no importaría, querido – le dijo acariciando su rostro, mientras sus rostros estaban muy cerca – todo lo que necesito eres tú, Obi, no necesito más que tu amor – le dijo mientras él cerraba sus ojos.
- Pero mientras, Vizla esté vivo, no estaremos tranquilos, tendríamos que salir de las fronteras del Imperio, para que jamás pudiera encontrarnos, lo que nos llevaría cerca de un mes, dependiendo del lugar hacia donde nos dirijamos; lo que sería casi imposible, ya que Vizla usaría al ejército con la autorización del Emperador y además, con la peor de las suertes, de que él pudiera inventar que yo te secuestré…..por el simple hecho de que yo soy un esclavo y tú…..tú, una de las damas más hermosas del imperio romano – suspiró cerrando los ojos con vergüenza, a veces desearía no ser un gladiador sino un hombre libre. Satine le besó la frente, ella odiaba que siempre se hiciera menos, cuando él era su héroe y salvador.
- Te exiges demasiado, mi amor – le dio otro beso en los labios – pero tienes razón, si nos encuentran, sería como si me estuvieras secuestrando a la fuerza y te matarían por atacar a una de las familias reales – suspiró y se levantó, comenzando a dirigirse a la puerta y Obi-Wan, la observó sorprendido y algo confundido.
- Satine ¿a dónde vas? – preguntó poniéndose de pie.
- Tienes un deber con el imperio, Obi-Wan – dijo tranquila, pero sentía asco por su esposo y por el Emperador, pero no quería demostrárselo y menos ahora – además, fue egoísta de mi parte pedírtelo, no sólo por mí, sino por el daño que te causaría si lo hiciéramos, junto con el hecho, de que estás cuidando a Anakin, lo que es una obra de valor muy grande Obi-Wan – sus lágrimas volvieron a salir, pero no cayeron – sólo…..sólo desearía que hubiéramos luchado por nuestro amor ese día – antes de que Obi-Wan pudiera alcanzarla, ella abrió la puerta y salió del arco de la misma, no sin antes decirle algo más – y aunque me duela en el alma, Obi-Wan, te pido que no me busques más…..no soportaría perderte para siempre – y con eso salió corriendo, dejando a un Obi-Wan enmudecido y con los ojos llorosos, mientras ella caminaba por las calles de Roma, sin importarle que empujaba a hombres y a mujeres en su paso, hasta llegar a su cuarto fue que cerró la puerta y se echó a llorar con todo su ser, maldiciendo a su esposo y al Imperio, por ser tan crueles con ella – lo siento, mi amor, por favor perdóname….. – dijo sollozando, pensando que el único hombre que ha amado en el mundo, la odiaría por el resto de la eternidad – Venus, te lo imploró – rezó mientras miraba a la estatua de Venus en la pared – cuídalo, él es lo único que me queda – y siguió llorando hasta quedarse dormida.
(Dos semanas después)
Las cosas en la ludus, no fueron nada agradables, Obi-Wan estaba más callado que por lo regular, por supuesto que hablaba con Anakin y con Quinlan, pero desde que perdió al amor de su vida….por segunda ocasión, ya no tenía las ganas de seguir peleando y había ocasiones en las que deseaba en que cuando llegara el momento de luchar en el Anfiteatro, que lo vencieran en frente de todos y que el Emperador, diera la orden de asesinarlo. Pero luego, pensaba en Anakin y su promesa de jamás dejarlo, ambos ya eran mejores amigos, en las buenas y en las malas y sería un acto de cobardía, el simplemente huir de sus responsabilidades. Quinlan y Anakin, sabían que algo sucedía, pero Obi-Wan siempre disfrazaba su dolor, aunque en los momentos en que se encontraba solo, siempre aprovechaba para darse su tiempo de dolor y de llorar. Como todo un caballero, él respetó los deseos de su amada doncella y cada vez que quería ir a verla, siempre se reprimía con pellizcos o patadas ligeras, entrenaba todavía más duro en sus horas de trabajo para el día especial y siempre que llegaba a verla o estaban cerca, siempre sacaba de todas sus fuerzas la forma de alejarse o buscaba pretextos para mantenerse alejado, lo que rompía cada vez el corazón de Satine, quien sentía que había conseguido su objetivo de que él la odiara para siempre; aunque cada vez sus miradas se juntaban a veces, él se volteaba pronto para evitar hacer una locura, mientras ella se le quedaba viendo un momento más o viceversa.
- "Cómo desearía poder romper mi promesa e ir a tomarla entre mis brazos" – pensaba a veces, pero hoy más, ya que hoy era el día de la pelea en el Anfiteatro Flaviano, casi media Roma, estaba atendiendo el evento, la mayoría esperaba que todos pudieran morir, pero los únicos tres que estaban ansiosos eran los gladiadores imperiales - ¿cómo te sientes, Anakin? – le preguntó acercándose, al ver que su compañero sólo podía contemplar su espada limpia como si la vida se le fuera en ello.
- La verdad….no lo sé – confesó asustado, mientras volteaba a verlo y luego a la ventana – una cosa es el entrenar con mis compañeros y los maniquíes y otra muy diferente es a enfrentarse a la muerte en batalla por primera vez.
- Te entiendo amigo – le pasó una mano por el hombro dándole apoyo – la primera vez que tuve enfrentarme cara a cara con la muerte, también fue una experiencia aterradora y eso que tuve diferentes tipos de enfrentamientos, pero nada se compara con pelear contra guerreros ya experimentados del frente del campo de batalla – Anakin asintió y se terminó de poner la armadura.
- Lo peor del caso, es que no sé contra quién voy a pelear, si con alguien experimentado o alguien igual que yo – dijo preocupado y ambos suspiraron cuando las trompetas empezaron a sonar.
- Anakin, te doy un consejo….. – le dijo poniéndose de pie, agarrando sus cosas – no importa contra quién pelees o para quién pelees, sino que tú tengas un propósito por el cual luchar y que te permita seguir adelante, sin importar las dificultades.
- ¿Lo dices por algo, Obi-Wan? – preguntó con una media sonrisa, claro que no apaciguaba sus nervios, mientras Obi-Wan, sólo podía pensar en lo que alguna vez le dio un sentido a su existencia.
- Lo digo por mi experiencia, pero desearía que hubiera servido para algo – contestó melancólico y los tres gladiadores se dirigieron hacia la fila de gladiadores participantes, como eran los anfitriones del Imperio, ellos serían los últimos y cada uno, pelearía contra dos gladiadores, uno debía morir dentro de la pelea y el segundo, esperaría a ser vencido para que el Emperador diera el veredicto. Cuando se abrieron las puertas, todos los gladiadores salieron al circo y escucharon los gritos de toda la gente, todos emocionados porque iniciara el torneo; todos fueron guiados hasta el pódium donde se encontraba el Emperador, rodeado por su comitiva real, Obi-Wan vio por unos momentos a su bella doncella, antes de que Vizla pudiera voltear a verlo y Satine, se le quedó viendo más tiempo, tratando de admirar por última vez el hermoso cuerpo y rostro de su encantador gladiador. Cuando hicieron el saludo al Emperador, tradición que todos los soldados, gladiadores y esclavos, debían hacer cuando se trataba de un concurso así; Anakin no podía ver al Emperador, por más que debía hacerlo, su repulsión por el hombre que lo separó de su madre y que ahora, lo está obligando a luchar en contra de personas que ni siquiera conoce y tendrá que matarlos si es que él lo ordena, pero mientras sus ojos divagaban, de pronto su mirada se centró en esos ojos cafés que vio hace cerca de un mes, en la celebración del Imperio; aquéllos ojos, piel hermosa y rostro perfecto, pertenecían sin lugar a dudas a la única Padmé de Britania, esposa del heredero al trono e hijo del Emperador. Justo en eso, recordó haber visto la estatua de la princesa en las calles de Roma, cuando era joven, justo cuando fue llevado con Gardulla a hacer un encargo, ese día él creía que era una diosa, pero siempre le tuvo rencor por ser parte de la comitiva de su alteza; pero hoy que le prestó más atención y recordó la forma en que se quedaron viendo esa noche, no estaba seguro de si seguir odiándola o que tal vez, había algo que lo atraía, justo después del discurso de inicio, los gladiadores regresaron a sus puestos y se dio lugar al torneo.
(En el balcón durante el torneo)
Padmé, en cuanto vio a los gladiadores luchar, prefería no ver u apreciar de la misma manera en la que el resto del público romano atendía el juego, había hombres y mujeres que luchaban por su vida y muchos de ellos, terminaban perdiéndola siendo humillados ante el mundo entero y el público, sólo abucheaba como si los que peleaban dentro del anfiteatro, sólo fueran juegos de entretenimiento. Pero el Emperador y su esposo, jamás entenderían sobre lo que es la libertad y que te lo quiten todo, ya que ellos se sienten amos y dueños de todo, empezando por ella, por fortuna ella es libre de no concebir hijos con Paolo, porque durante quince años él ha insistido con tener sexo con ella y a pesar de eso, jamás ha logrado concebir nada.
- Finalmente, les daremos una lección a todos aquéllos soldaditos – dijo Paolo emocionado, al ver entrar al primer gladiador de la ludus imperial, él lleva varios años aquí desde que me casé con Paolo lo he visto participar muchas veces aquí en casi todos los torneos y cada vez sale triunfador de su grupo de pelea, de alguna razón siento que ha tenido un propósito en la vida como para seguir luchando y no dejarse vencer por el resto del grupo – espero que tus gladiadores sean igual de buenos como la vez anterior, Vizla – ella giró sus ojos, odiaba que usaran a la gente como su diversión.
(En el torneo con Obi-Wan)
A pesar de su legendario control de sus emociones, Obi-Wan, no se encontraba en la mejor disposición hoy, su dolor y la tensión de la batalla lo presionaban demasiado y no podía concentrarse del todo, sentía miedo como si fuera el joven de 20 años que llegó por primera vez a este foro, la gente gritaba y le exigía que derrotara a sus contrincantes, por lo general, siempre tardaba menos de veinte minutos en derrotar a su primer enemigo, pero ahora…..llevaba veinte minutos y aún no podía darle ni una buena estocada, de hecho ésta era la segunda caída que llevaba y mientras sus contrincantes celebraban la pequeña victoria, él volteó a ver a Satine, quien lo veía con miedo y desesperación, como si supiera que esta ocasión, sería la última vez que lo vería en una pieza; fue en ese instante, que él recobró su sentido de vida, ella habrá dicho que no quería volver a verlo, pero él le había prometido luchar hasta el fin con tal de recuperarla y lo iba a hacer. Entonces, él pateó al contrincante más cercano y lo hizo caer y le atravesó su espada en su corazón sin que pudiera pensarlo dos veces, su determinación había vuelto y volvió más fiero que nunca, volteó a verla una vez más, su mirada dirigida a los dos, para evitar sospechas de Vizla y vio que ella recuperó un poco el color; continuó el combate y le hizo más difícil a su segundo rival hasta dejarlo desarmado y todo el mundo se quedó gritando a la espera del veredicto.
(De regreso en el balcón)
Padmé oía los gritos y los puños de todos, como haciendo obedecer a su gladiador, había puños que pedían tregua, dedos arriba o abajo, que significaban la muerte del otro; pero Palpatine, tenía la última palabra y ella, sólo veía a sus pies en espera de lo peor, cuando escuchó el silencio se puso nerviosa y cuando vino el golpe final, tampoco pudo mirar, porque supo que Obi-Wan tuvo que darle muerte a su contrincante. Aunque ella no es experta, sabía cómo peleaba en sí y hoy, pudo ver que estaba distraído, como si su deseos de vivir se hubieran extinguido, también, vio que su amiga, Lady Kryze, estaba tensa cuando recibía cada golpe y que no podía defenderse como de costumbre, pero luego de la segunda caída, cuando menos se lo esperaban, él reaccionó y se deshizó de su primer contrincante, la gente gritaba enloquecida y ansiosa por ver el final de la pelea.
- Interesante movimiento que usó – habló el Emperador - ¿es acaso un nuevo truco que le enseñaste a usar Vizla? – preguntó curioso y Vizla, había perdido el color de su cara casi por completo, que incluso Padmé se aguantó las ganas de reír, el hecho de que su gladiador hubiera parecido que iba perder en menos de veinte minutos, no le daba buena reputación a su autoría.
- No, su alteza, pero veo que Kenobi, tiene aún muchos trucos bajo la manga – contestó lo más tranquilo que pudo, esperando que su excelencia se creyera su mentira, Kenobi se las vería caro con él después, la única que no hablaba además de Padmé, era Satine, quien sentía alivio de ver que su Obi-Wan, había recuperado sus fuerzas y ya no se sentía tan culpable por lo que había pasado y sentía que podía volver a respirar; pero cuando vio que Palpatine dio el pulgar abajo, no pudo observar y cuando todo acabó, lo vio ansiosa y vio que estaba cabizbajo y lleno de vergüenza, que tuvo que contenerse a ir a abrazarlo ahora y en frente de todos. Después, entró Quinlan Vos, quien dio un espectáculo como de costumbre, a él le gusta jugar con sus rivales y terminar con ellos lo más lento posible, pero a la gente le da igual; cuando él terminó y Palpatine dio la orden de traer a los últimos gladiadores, el portavoz dio su anuncio.
- Traído desde Cartagena, tenemos a un novato de veinticuatro años, su nombre es Anakin Skywalker de Cartagena – después de su anuncio, la gente empezó a abuchear y a lanzar insultos, incluso Paolo resopló al escuchar de dónde venía, era increíble que cientos de años después, los romanos no puedan dejar en paz al pueblo de Cartagena, pero Padmé, ya no prestaba atención a eso, sino que se quedó admirando al joven que había visto hace un mes en su balcón; no podía creer que era el mismo hombre, que ahora iba a luchar o ser humillado enfrente de tantas personas y cuando, vio que su dama Shmi, se había puesto pálida, le llamó la atención y la hizo acercarse para preguntarle.
- ¿Qué pasa, Shmi? Estás muy pálida y fría – la voz de su ama la despertó de su trance, pero no dejaba de temblar.
- Domina, dígame que escuché bien y que dijeron Anakin de Cartagena – preguntó sin dejar de observar al joven gladiador, quien se posicionó en combate en frente de sus contrincantes.
- Así es, pero ¿cuál es el problema con eso, Shmi? – preguntó confundida.
- Es que…Anakin, es…es…mi hijo – dijo temblando y Padmé, cayó en la cuenta de su realidad, Shmi siempre estaba melancólica durante todos estos años, como anhelando el volver a ver a alguien amado y vio, que el soldado Claudio Dooku, la estaba observando con preocupación y volvió a centrar su atención en el apuesto gladiador, quien luchaba ferozmente contra sus rivales.
- Jamás lo logrará – escuchó la voz de su marido y sintió la mano de su dama más tensa todavía y decidió intervenir.
- Yo creo que todos merecemos una oportunidad Paolo, además veo que evade las estocadas de los griegos bastante rápido – dijo animando a Shmi y ella en agradecimiento le apretó la mano.
- Pero míralos, ellos son enormes y fuertes, no tiene oportunidad – quiso replicar, pero decidió no hacerlo, para evitar un escándalo, pero para sorpresa de todos, Anakin había logrado desarmar y desollar a uno de los dos y la gente se quedó muda hasta que el segundo griego terminó de rodillas frente a él, fue en eso que los gritos volvieron a aparecer, con la misma estrategia de siempre; ahora incluso Palpatine, estaba sorprendido y se tomó su tiempo en decidir, cuando se levantó esta vez, Padmé no pudo dejar de mirar y respiró hondo hasta que vio que Palpatine hizo la seña del puño, lo que quiso decir, que el griego tenía otro día de vida. Ambas mujeres, suspiraron de alivio, aunque Padmé no sabía muy bien el porqué, pero le alegraba saber que su dama estaba más tranquila.
- Gracias a los dioses, él está bien – dijo llorando levemente.
- Mañana temprano, te llevaré a verlo Shmi, te lo has ganado y él también – le puso una mano en su hombro y se la llevó al interior del edificio, no sin antes darle un último vistazo al valiente hombre, que ayudó a levantar a su rival, haciendo que todo el mundo se sorprendiera y sus ojos, volvieron a conectarse.
