¡Hola! Siento un poco la demora, haha, pero he estado un poco ocupada en otros asuntos, y en algunas cosas que tenía que hacer desde hace un tiempo y otras que comencé hace poco (sí, soy un poco desordenada :3), y bue, pero ya está, también quería decirles que tengo pensado hacer un dibujo (a mano, soy un asco por ahora con los digitales) de la foto que tiene Mika en su colgante.

Bueno, eso no más, ¡disfruten!


Como era de esperarse los gritos no tardaron mucho, y claro, por lo visto alguien ganó limpiamente pero a otro no le pareció eso, solo ahí en el cuarto se quedó sentado en la silla de escritorio con la cabeza hacia atrás mirando el cielorraso. Escuchaba los ruidos de las botellas al romperse contra el suelo y el de los muebles siendo arrastrados con violencia de sus lugares; era uno de los pocos ruidos que le gustaba escuchar en esa casa. Pudo distinguir entre el bullicio que apenas se sentía en su cuarto la voz de su tío gritar con fuerza echando a todos.

"Cuando quiere puede hacer algo bueno", pensó con ironía.

La puerta se cerró de golpe y nuevamente el silencio, estaba cansado, solo quería dormir pero esperaría un poco, normalmente después de todo esto su tutor subía y comenzaba a gritarle a lo que él no respondía a ninguna de sus palabras; solo en pocos casos le respondía. Esperó y nada, como si se hubiese quedado dormido abajo. Apretó un poco su nuca, sintiendo lo contracturada que estaba, debería dejar de tener la cabeza colgando hacia atrás.

Se levantó y se fue a su cama, aún estaban la ropa que usó para dormir, no iba a sacar otras, se cambió y se tumbó boca bajo en la cama, no sin antes tomar otra de sus lindas píldoras, aquella que le ayudaba a dormir. Se entretenía hasta que comenzara a hacer efecto dando un repaso corto de lo hecho en el día. Fue… bastante divertido a decir verdad, quitando un poco las incomodidades en algunos momentos.

El timbre resonaba en su cabeza como si estuviese dentro, odiaba eso de las pastillas, las fuertes migrañas que le daba al despertar pero por lo menos era relajante el dormir como oso en el invierno. Hace cuanto estaba sonando no sabría decirlo, pero por lo constante que eran y lo largo desde hace rato. Frotó con fuerza los ojos destrabando la puerta; como era de esperar la sala de estar era un desastre, había botellas en el suelo y alguna que otra rota, y la pobre mesa ratona le faltaba una de las patas y estaba dada vuelta.

En la mente de Mika ya se iba haciendo una idea, podría llegar a ser Yuu, ese chico sí se le pegaba como chicle, y le parece curioso que se haya puesto en interés con él, pero le agradaba. En ese momento esperó, mejor dicho deseó que fuese aquel chico de profundos ojos verdes, pero no, eran dos personas, una mujer y un hombre, ambos con un aspecto serio.

—¿Esta es la residencia Shindou? —preguntó la mujer mirándolo fijamente.

—Esto… si —susurró inseguro y sin saber aún quienes eran esas personas.

—Somos servicios sociales —intervino de nuevo la mujer—, vinimos por una llamada de violencia en la residencia, ¿Hay algún adulto aquí?

Sintió el pavor correr por su cuerpo; no era la primera vez que venían, ya hubo unas cinco veces que han venido, pero por alguna razón nunca entendía como su tutor salía sano en cada visita o investigación. Pero la pregunta que revotaba en las paredes de su cráneo era una ¿Quién los llamó?

—Si… si —balbuceó por lo bajo—, yo… voy a buscarlo.

Se internó con aglomeración de pavor por todo su cuerpo, abajo no estaba por lo que subió al cuarto de su tutor. Asomó la cabeza en el interior de ese cuarto golpeando no muy fuerte la puerta hasta tener una señal de que ya lo escuchaba un poco.

—Abajo están… los del servicio social.

Bastó eso para que se levantara de un salto y ver como miraba al rubio con enojo; Mika se apartó de la puerta apenas se encaminaba hacia ella. No dijo nada, si lo hacía iba a ser a los gritos y eso no iba a ser ningún punto a favor a él. No quería intervenir en nada, era cobarde de su parte, y hasta un punto reconocía que era muy de masoquista quedarse con él. Lo miraba desde las escaleras como un niño cuando vienen visitas que no conoce. Claro que el entorno de la sala de estar no era el mejor y era un punto en contra, pero como era de esperar tuvo toda la culpa de ello, acusando que fue un ataque de histeria, por más que lleva años sin uno.

La conversación se basaba en las clásicas preguntas: De qué trabajaba; cómo era la relación entre ellos; si hubo algún momento de violencia (aunque es obvio que no dirán la verdad con era pregunta); alguna relacionada con su estado de salud, no solo físico también psicológico; y sobre sus estudios.

De la misma forma que no pasaron de alto el desorden, no lo hicieron con el ojo lastimado de Mika, ya cada vez con menos color; y otra mentira esta vez una pelea en el colegio.

"Vaya forma de querer salir de esta ileso", pensó aun observando desde la escalera. Se había negado a hablar desde el inicio, actuando como un gato asustado. Habrán estado unas horas, pero no sabía con certeza a qué hora llegaron como para calcular.

Sospechas tenían, eso lo dedujo por la forma en la que se miraban cada tanto ellos dos, pero como siempre, sin pruebas no pueden acusar de nada.

Cuando se fueron un pesado silencio cayó, Mika miraba cada tanto a su tutor que no se movía de la puerta.

—¿Quién los llamó? —preguntó después de un largo rato con voz ronca sin mirarlo.

—No lo sé —respondió bajo.

—Alguien tuvo que haber avisado, dudo que caigan del cielo —se volteó—, ¡Oh, mira! ¡Ahí hay un joven que está en problemas mejor vamos en nuestro auto volador a esa casa! —gritó con sarcaso agitando las manos por el aire—¡Ahora te quedas mudo! —gritó de nuevo cuando Mika no respondió—. De seguro fuiste a llorarle a ese chico que ha venido antes.

—No es cierto.

Mika solo miraba sus manos sobres sus pies o algún punto bajo para no tener que enfrentarlo directamente. Escuchó que se acercaba pero aun así no lo miraba, no hasta sentir un jalón el su cabello y ahora lo tenía frente a frente.

—No me tomes como un idiota —susurró entre dientes—, ¿Crees que voy a confiar en tu palabra? Solo eres un mocoso hijo de puta, que no puede mantener su boca cerrada con otros; si lo veo por aquí puedo asegurar que no volverá a respirar —amenazó.

Mika solo negaba constantemente con un nudo en la garganta que le impedía articular palabra; estúpidamente de alguna forma que no sabía terminó involucrando a Yuu en esto.

"¿Habrá sido él?", comenzó a interrogarse así mismo aunque no tuviese la respuesta a esa simple pregunta, solo suposiciones. Si fuese así, no podía culparlo, no del todo, si los papeles estuviesen invertidos quizá hubiese hecho lo mismo por más de no medir después las consecuencias hacia el otro.

Lo puso contra la pared con fuerza, era de esperarse, siempre ante situaciones de esa forma reacciona con violencia. Recibió un fuerte golpe en la boca del estómago, por reflejo intentó inclinarse para alivianar el dolor, pero al primer movimiento empujó nuevamente su cabeza contra la pared de forma brutal. La migraña solo atribuía a que el dolor sea más intenso del que debería ser. Otro golpe más en el mimo lugar, esta vez no pudo hacer algún movimiento, solo tosió con fuerza sintiendo unas ganas de querer vomitar justo ahora, pero lo único que salió fue saliva mezclado un sabor amargo. Tenía los ojos fuertemente cerrados ante el creciente dolor. No escuchó con mucha claridad lo que le dijo, pero algo si pudo descifrar dándole un estremecimiento de dolor y coraje.

—Todo lo que sacrificaste… por mí —repitió—, ¡a nadie engañas! ¡Lo único que me das es solo el dinero para los medicamentos! ¡Ambos sabemos que si no lo haces, me muero y ahí se fueron algunos de tus ingresos! ¡Si no fuera por eso ni te molestarías por mí! —vociferó al tener un empujón de coraje para hacerlo.

"¿Por qué debo ser tan débil?"

Desde pequeño dependió de otros para que lo defiendan, su padrastro en un comienzo, de su hermano que no sabe que fue de él; odió haber tomado el camino fácil, dejar que otros peleen sus batallas, lo único que tuvo al final fue su completa inutilidad para defenderse. Quedó bastante aturdido después de recibir algunos golpes en las mejillas. Quería llorar, ya los ojos le picaban pero no iba a darle el regocijo de verlo derramar alguna lágrima, simplemente se contuvo hasta que lo soltó en un empujón contra los escalones.

Antes de dejarlo hacer alguna otra cosa ya estaba subiendo tan rápido como podía a gatas. Pero por lo que pudo percibir su tutor no dio algún indicio de querer seguirlo. Nuevamente se encerró en la seguridad que le daba su cuarto.

Tenía una fuerte sensación de que en cualquier momento vomitaría, no sabía que pues no había comido nada desde que se despertó. Frotó suave sus mejillas, pero estas dolían tanto como la migraña que tenía. El zumbido de su celular hizo cambiar su atención. Se acercó y vio un mensaje. Era de Yuu.

¡Hola, Mika! Quería preguntarse si te parce ir a pasear por algún lado en especial. Oh, y cuando te quedas en mi casa aproveché para poner mi número en tu teléfono mientras dormías.

Sin duda no lo entendía, y era algo que le divertía, pensar que ese chico es una caja de sorpresas, y más cuando alivianó un poco la sensación de soledad en su interior; pero hoy tal vez no, no después de ello.

Lo siento Yuu-chan, pero hoy no me siento muy bien como para salir.

Respondió mintiendo, aunque la verdad no estaba bien en un sentido emocional. La respuesta del otro fue bastante rápida; bastante directa y acertada.

No tendrá que ver con tu tutor, ¿verdad?

¿Qué te hace suponer eso?

Pues no sé, pero algo si sé, y que algo pasa en tu casa.

Mika soltó una pequeña risa amarga, ¿era tan obvio o simplemente era muy observador?

Tal vez te imaginas cosas.

Díselo a las marcas de tu cuello para la próxima.

Yuu… tú ¿avisaste a los del servicio social?

No iba a quedarme de brazos cruzados.

Entonces si fue él, en cierta forma se sentía aliviado, pero asustado también, su tutor ya lo tenía con el ojo puesto a Yuu suponiendo correctamente que él fue el que dio el aviso.

Te… agradezco, pero no sé si sabes que te metes en un terreno peligroso.

No me importa. Mika, lee esto con mucha atención… ¡TÚ ERES MÍ AMIGO!

Lo leyó, un par de veces, más a la parte final, años de soledad, sin tener a nadie en quien apoyarse, sus antiguos amigos de la infancia terminaron lejos igual que su hermano, dejó el celular sobre la cama mientras se cubría los ojos sonriendo.

Sé que lo eres… y por eso no quiero que nada te pase.

Escribió, quería escribirle más pero la vista nublada y las gotas cayendo sobre la pantalla no ayudaban mucho.

¡Soy lo suficiente fuerte como para que no me pase nada!

Ya me imagino.

Escribió con una pequeña risa, escuchó como la puerta principal se cerraba, ya se habrá ido al trabajo, tarde pero se fue.

Por cierto, ¿qué clase de remedios compraste en la farmacia?

Esa pregunta lo dejó un poco confundido, pero con un poco de sorpresa se respondió a sí mismo.

Yuu-chan, no me digas que me seguiste anoche.

No era el único, creo que también había una chica. Aunque ella parecía más consciente de las cosas que haces.

Una chica, el simple hecho de recordar aquella carta extraña hizo que se le erizara la piel. Ya comenzaba sentirse inseguro con respecto a ella, ¿qué era lo que veía de atractivo de él?, normalmente se esfuerza para que tener un aspecto no muy atractivo; pero por lo visto no funciona.

Dios, voy a tener que andar con cuidado… me está acosando, como tú.

Awww… gracias, pero este acosador es tu amigo, más apuesto.

Si, si, si, como digas.

Ya podía imaginarlo, haciendo alguna pose para dar más gracia a sus palabras.

En todo caso hablamos más tarde. Pero puedo pedirte un favor.

Dime.

Me prometerás que me contarás todo sobre ti, lo bueno y lo malo, sino que clase de amigo voy a ser si no puedo ayudarte.

Lo pensó un rato, no hacía mucho que comenzaron a relacionarse, y tenía aún algunas dudas sobre todo esto, y por más que sus instintos saltaron como faros de alarma iba a ignorarlos; después de todo sería útil confiar en alguien y que te escuche sin juzgar.

Ya en algún momento lo haré…

Y ahí terminó, con una despedida junto con un nos "nos vemos mañana" de su parte volvió a estar solo; aunque ya lo estaba pero como el hablar con él, por más ausente que estuviese su presencia era como tenerlo cerca. Calmó la migraña con una pastilla de las que compró antes junto con un antinflamatorio para su cara. Tenía la casa para él solo pero como siempre no iba a hacer nada en especial, solo bajó para acomodar un poco el desorden de la anoche y para buscar algo que comer, un simple paquete de galletas con crema.

La hora parecía transcurrir con lentitud, era las dos de la tarde pero era como que los números no cambiaban cada vez husmeaba la hora, inclusive se puede decir que festejó un poco cuando pasó un minuto. No había mucho que hacer, miraba las paredes y de ahí después las cosas que las decoraban, posters, algunos cuadros dibujados por él –era un estilo abstracto, claro que el veía algunas formas–, después estaban sus libros en unos estantes. Veinte en total, y ya leídos unas cuantas veces, su cama que se veía tentadora para dormir nuevamente pero no; reclinó su cuerpo sobre la silla de escritorio mirando el cielorraso mientras giraba, una diversión total tenía. Y así estuvo un rato viendo de un lado a otro, mayormente de los libros a unas hojas tiradas en el suelo. Libros. Hojas. Libros. Hojas. Ahora que lo pensaba hace unos meses que no tocaba si diario. Su rostro se arrugó un poco en un gesto de pregunta, ¿dónde estará?

Y donde siempre. Debajo de su cama dentro de una caja ancha; había tres, el primero, desgastado por el tiempo, y básicamente era un diario de dibujos; en ese tiempo no escribía bien, y solo expresaba las cosas que ocurrían en dibujos. El segundo estaba más o menos en el mejor estado posible, ya no tantos dibujos y más palabras, y el último estaba en mejor estado, casi nuevo y con algunas cuantas hojas salidas de lugar. Éste es el que usaba en ese tiempo.

Era un buen método para librarse de algunas cosas, o por lo menos para él. Aunque no servía de mucho tenerlo bajo su cama si uno pedía a gritos silenciosos ayuda. Una vez intentó explayar su desesperación en un poema, pero claro, su maestra lo tomó como un pequeño desequilibrio mental, en vez de analizarlo con detenimiento; aunque sigue sin entender por qué creyó que el contenido de su poema lo relacionó como un problema mental y no algo más.

Tomó la birome que usualmente tenía para clases –aunque su uso es casi nulo–, comenzó a plasmar los últimos sucesos que tuvo, a veces se toma unas pequeñas pausas para retroceder en su memoria y recordar hasta el detalle más pequeño. Claro que no dejó de lado el comienzo de su relación amistosa con Yuu y con los otros, por más que aún le daba una cierta mala espina. Terminó de escribir, pero su mente comenzó a retenerlo con una linda ensoñación; imaginaba cosas que para sí mismo creía imposible. Tal como: como sería si su tutor no estuviera, hasta incluso se dejaba arrastrar por ideas divertidas y gozosas.

Siempre apuntaba muy alto pero nunca ejecutaba el tiro, era solo eso un cobarde que sueña a lo grande pero no hace nada para cumplirlo por miedo. Bastante absurdo, pero completamente cierto, inconscientemente tomó el dije de su Colgate y comenzó a jugar con él entre sus dedos. Años de no verse o de pensar en un minuto sobre ello.

"Qué será de la vida de mi hermano", ante tal pensamiento inhaló profundamente por la nariz y lo exhaló bastante sonoro por la boca. Era bastante increíble como pasaba el tiempo cuando estaba perdido en las nubes, soñando despierto de cientos de cosas que uno puede hacer pero a la vez no. De la última vez que se fijó la hora ahora eran casi las cinco de la tarde, ¿por qué pasará el tiempo más rápido cuando uno se entretiene un poco?

El sol ya estaba a punto de desaparecer, observó los bellos colores que quedaban del crepúsculo y nuevamente se sumió en el aburrimiento. Estiró un poco los brazos sobre su cabeza levantándose de la silla acompañado de un gran bostezo, no fue mucho lo que hizo en el día pero normalmente siempre se encontraba bastante cansado. Salió de su cuarto rumbo a la cocina a ver que había para comer o simplemente para tomar algo. De paso vio en el reflejo de uno de los pequeños retratos su rostro, no tenía alguna contusión muy notoria solo unos pequeños círculos por ahora.

Abrió la nevera asomando su cabeza dentro husmeando en cada uno de los pisos que tenía dentro para ver que había, no era mucho; casi vacía estaba, siempre tuvo una mala costumbre de tomar agua, jugo o lo que fuese que estuviese dentro de la jarra directamente de esta, justo como ahora. Se oyó la cerradura de la puerta ser abierta, sabía quién era pero de todas formas se asomó por mera curiosidad. La misma cara seria y los ojos celestes –tal como su madre los tenía y él–, puestos en sus pasos. Traía consigo una bolsa plástica con quien sabe qué cosa dentro.

—¿Ha venido alguien hoy mocoso? —preguntó este sin prestarle mucha atención solo dejó la bolsa sobre la mesada, con esa pregunta se dio una idea a quien se refería, a los de la asistencia social, claro; negó cuando este se dignó a verlo. Lo miró con curiosidad cuando comenzó a sacar las cosas de la bolsa, eran tres bolsas de hielo, nada más. Se quedó solo un rato más para ver lo que hacía, tapó el lavado para que el agua no se fuese al abrir la canilla y botó dentro todo el hielo de dos de las bolsas.

Suspiró antes de irse, ya no le daban muchas ganas de saber lo que hará pero antes de que pueda dejar la cocina este lo jaló con fuerza del cuello de la camisa.

—¿Qué crees que haces? —se quejó.

—No voy a dejar que tengas alguna marca que me delate —respondió sujetándolo del cuello y lo puso delante del lavado y dar aviso alguno empujó hacia abajo su cabeza sumergiendo su rostro en la ahora gélida agua.

Apenas sentir esa agua le puso la piel de gallina, y en clara desesperación puso las manos en el borde del lavado intentando sacar su cabeza y respirar. Pero era poco lo que aguantaba, nuevamente terminó hundido en el agua. Lo pateó varias veces para que lo soltara pero solo lograba que apretara más su cuerpo contra el suyo, algo demasiado incómodo, básicamente lo tenía tirado sobre su espalda. Mika algunas veces tragaba agua cuando lograba sacar la cabeza para respirar un poco, pero era más el tiempo que pasaba debajo que el para respirar, ¿en verdad cree que con un poco de agua y hielo evitará que se noten las contusiones?, ciertamente no, y menos en una piel bastante blanca como la suya, quizá no se pongan de colores muy llamativos pero de todas forma los tendrá.

Se revolvía para soltarse pero cada vez se sentía con menos fuerza y una gran ansia de aire, unos segundos eternos más estuvo así con sus manos aún aferrados al borde pero temblando a cada intento de fuerza. La presión de su nuca se alivianó, y su cuerpo se dejó caer donde su barbilla golpeó contra el filo de la mesada. Estaba mareado y no podía respirar bien, comenzó a toser de forma muy ronca y su respiración estaba igual, ronca y pesada. Y una gran opresión en el pecho.

"Tanta mala suerte…", pensó quedando desvanecido.

Ya era otro día radiante como si fuese verano pero con un viento frío cortesía del adorado invierno que se aproxima. Yuu seguía inmerso en sus pensamientos, estaba con sus amigos pero no participaba mucho en la charla, solo con algunos ruidos de su garganta para dar una señal de que no murió ahí sentado. Tenía los brazos cruzados sobre el banco y su cara entre ellos. Cada tanto miraba hacia la puerta esperando ver a Mika pasar por ahí, atrasado, pero no. Durante la clase no estuvo del todo atento, aunque casi nunca lo estaba solo con ciertas cosas pero ahora no podía concentrarse, miraba al pizarrón como si lo que estuviese escrito fuese griego antiguo y después al banco abandonado donde siempre se sentaba Mika. Ya varias veces le llamó la atención el profesor, pero de todas formas al rato volvía a lo mismo. La campana sonó anunciando un pequeño receso, pero antes de poder cruzar la puerta fue llamado por el profesor para hablar.

—¿Pasa algo que andas más disperso que de costumbre? —preguntó, pero por alguna razón al azabache le sonó una clase rara de afirmación.

No respondió al instante mantuvo un momento el silencio viendo los pro y contras de contar algo, confiar podía en él pero no se decidía si era la mejor opción.

—Mmm… por lo que pude ver estas preocupado por el joven Shindou, ¿no? —tomó de nuevo la palabra después del largo silencio; asistió con lentitud—. Sé lo que sientes; y apuesto que también tienes tus pequeñas sospechas —dos opciones, o su profesor estaba un poco enterado de lo que pasaba o sabe leer mentes—. De igual forma es algo complicado su asunto, más de lo que crees.

—Si ya sabe acerca de eso hay que hacer algo, no puede quedarse así —dijo en un arranque de impulso recibiendo un movimiento negatorio de cabeza por el mayor, Yuu solo se limitó a fulminarlo con la mirada llena de interrogación.

—Ya varias veces han ido a su casa a investigar sobre el supuesto abuso doméstico, pero por arte de magia no encuentran nada para delatarlo.

Frunció el ceño y desvió la vista, si ya los había evadido antes, entonces no sería problema que lo haga de nuevo, ciertamente no iba a ser algo fácil aquello.

—Quitando el tema ese del que sé poco —se aclaró la garganta—; hoy no vino por lo que ves, y es que llamaron para avisar de que había sufrido un infarto y por lo visto también tiene un edema pulmonar.

—¿Q-qué?... —aquello lo tomo por completa sorpresa, se imaginaba otra razón por la que faltó, pero algo como eso, estaba en un estado de entre sorpresa y pavor; sorpresa por la noticia y pavor por si algo más grave le ocurrió.

—¿No te ha dicho? —dijo el profesor sacándolo un momento de sus pensamientos—, desde pequeño tiene bastantes problemas de salud, y no es la primera vez.

Ahora cobraba sentido que estuviese en esa farmacia en medio de la noche y comprando unos cuantos potes de pastillas, con aquella mujer de pelo rosa que lo trataba tan familiar que no pudo evitar sentir algo de celos y un poco de rabia, al verla sacarle una sonrisa sincera –y muy bonita– a Mika.

Estuvo un rato más ahí hablando, para después salir con la mirada bastante perdida en todo lo nuevo que conoció del rubio, una fuerte palmada amistosa lo quitó de sus pensamientos.

—Ya deja de estar así, los idiotas como tú solo deben sonreír de forma idiota —intentó, en una forma rara, levantar el ánimo de Yuu pero solo se quedó en silencio ante las palabras de Kimizuki.

—Vaya, vaya, no es común que Yuu-san esté callado ante los insultos de Kimizuki —vio como la de menor estatura se asomaba por uno de sus flancos, no con una sonrisa como siempre llevaba sino que estaba un poco seria; y como no, no contraatacar al de pelo rosa era bastante raro—¿De qué hablaron?

Los miró por un momento a los cuatro, suspiró un poco antes de redactarles, primero lo poco que sabía acerca de Mika y luego lo dicho por el profesor. La sorpresa llegó con mucha rapidez, uno pensaría que alguien con el carácter retraído de Mika se debe a un trauma social en su niñez, o algunos problemas familiares, o simplemente ya algo hecho por sí mismo para su personalidad. Pero no algo así, seguramente sería la última cosa de la lista. No omitió la vez que lo siguió discretamente hacia la farmacia, cosa que encontraron un poco raro sus amigos, y cuando avisó a los de servicio social, pero que será difícil hacer que descubran algo.

No iba a quedarse de brazos cruzados, y eso lo dejó en claro el varias de sus expresiones al contarles; y claro, sus amigos no iban a dejarlo solo en esto, con la simple mala excusa de que él metería la pata a la primera.

"Descuida Mika, prometo que seré tu esperanza", pensó mientras hablaba con sus amigos de que hacer.