Disclaimer: Los personajes de Free! y Yuri On Ice no nos pertenecen, estos son propiedad de Hiroko Utsumi y Kubo-sensei respectivamente. Solo nos pertenece esta historia, el tiempo y nuestras computadoras.
Capítulo V
La Primera Noche
Faltaban pocos minutos para el cierre de Husain's, extrañamente esa noche había transcurrido más rápido de lo que le gustaría. No hubo ninguna novedad en el club, simplemente la misma rutina de siempre.
O tal vez Nagisa lo había visto así. La verdad… ese día no había dado lo mejor de él, su cabeza no paraba de recordarle lo que pasaría esa noche; aún así, trataba de mantenerse tranquilo.
A pesar de que trataba de controlar su nerviosismo, muchos de sus compañeros se dieron cuenta de su comportamiento, preocupándolos un poco. Chris trató de preguntarle qué estaba pasando, a lo que Roxanne pobremente respondió: "Estoy cansado"
Obviamente nadie le creyó, sus ánimos y su habitual forma tierna y escandalosa de ser, no parecían formar parte de él esa noche, pero todos prefirieron no preguntar nada, después de todo, las malas noticias siempre estaban en la vida de Roxanne.
Mientras el rubio tomaba un descanso no pudo evitar pensar en la conversación que tuvo con el cliente…o futuro amante, mejor dicho.
"-Creí que nunca llamarías.
-Creí que nunca tendría que hacerlo.
-¿Qué te hizo cambiar de opinión?
-Quisiera no hablar de eso…"
Tendrían que verse a unas cuantas cuadras del club justo después del cierre.
"Enviaré un chofer por ti, asegúrate de estar listo… esperaré con ansias".
Nunca se imaginó que tendría que recurrir a medidas como estas, ni siquiera estaban dentro de sus opciones. Pensó que podía conseguir dinero de una buena forma, pensó que podría manejarlo bien, de verdad pensó que todo iba a mejorar, pero al final todo resultó ser completamente nefasto. No es que Nagisa hubiera optado por una salida fácil, sino que simplemente no tenía otra salida.
Su madre debe de estar decepcionada de él.
Volvió a mirar el reloj de la pared, su turno ya había acabado y faltaban escasos minutos para la hora establecida. Todo él temblaba, no podía negarse que tenía miedo, y mucho; muy en su interior aún conservaba la vaga esperanza de que Matsuoka sólo quisiera una coreografía más atrevida y no… algo más.
Guardó sus cosas en el bolso, incluído el traje color lima, y un par de piezas de joyería para completar, y salió del lugar. No se despidió de sus compañeros, no quería que hicieran más preguntas acerca de su raro comportamiento de esa noche.
Caminó unas cuantas cuadras en completa oscuridad hasta que divisó el lujoso automóvil negro. Un hombre de porte serio y vestido de traje lo esperaba con la puerta de pasajero abierta, no parecía tener más de cuarenta años, pero su rostro frío lo hacía ver mucho más grande.
Hazuki tragó saliva, nervioso, apretó con ambas manos el bolso y se subió al auto que lo llevaría al departamento de Matsuoka.
El trayecto fue incomodo, rodeado de un silencio irrompible y la tensión que se sentía podría ser fácilmente cortada con un cuchillo; aunque al hombre que conducía no parecía importarle en absoluto. Pudo observar como las calles iban cambiando, ya no estaban en esos barrios de mala muerte, ahora las luces de enormes edificios y tiendas costosas aparecían frente a sus ojos.
No estaba acostumbrado a ir por aquella clase de lugares, sin embargo, todo aquello le parecía hermoso. Quizá si en ese momento se encontrara en otra situación hubiera disfrutado más de la vista que le ofrecían aquellas imponentes construcciones.
Su estómago rugió por un momento, moría de hambre, no había probado bocado desde la mañana, los nervios no lo dejaron.
No pudo evitar pensar en sus hermanas, esperaba que a Fuyumi no se le olvidará darle sus medicinas a Ukyo, y que esta última se encontrara bien.
"Esto no es por mí, es por ellas" pensó.
No pasaron ni diez minutos cuando llegaron a un enorme edificio, posiblemente el más grande que había visto en todo el viaje. Sintió como le faltaba el aire, sí desde afuera se veía lujoso, no podía imaginar como estaría en el interior.
El serio hombre le abrió la puerta y le tendió un papelito donde venía anotado el número y piso del apartamento: 64-B.
Tal como sospechó, el interior del edificio era de lo más ostentoso que había visto en su vida. Era como sacado de una de esas películas occidentales, apostaba que incluso el armario del conserje era más grande que toda su casa.
Con timidez se acercó a la portera. No había una sola alma en el lobby del edificio, ya era tarde. Se acercó con timidez a la recepción, la bella señorita le sonrió.
-Buenas noches, señor.
-Buenas noches, estoy…- "Estoy en problemas, por favor, ¡ayúdeme!"- estoy buscando el apartamento 64-B.
Pudo notar la expresión de asombro de la chica al mencionar el número de departamento.
-Hmmm...claro. El señor Matsuoka nos informó que tendría una visita.-dijo la señorita extrañada, viéndolo de arriba a abajo-. Es el último piso, el penthouse.
¡El maldito penthouse! ¿Qué tan rico era ese tipo?
Al parecer la chica pudo observar su nerviosismo, ya que le sonrió con cariño.
-Puedes tomar el ascensor que se encuentra a la derecha, solo debes de apretar el último botón.-indicó con dulzura, dándole una tarjeta-. Ten esta tarjeta para que puedas entrar. Si necesitas algo más, no dudes en llamar, cariño. Soy Yuko, estoy a tu servicio.
-G-gracias.
Se dirigió hacia el elevador y, una vez dentro, presionó el botón que la chica le había indicado. No es que fuera claustrofóbico, pero casi no podía respirar, su corazón latía a un ritmo casi alarmante, sentía cómo las rodillas le temblaban, incluso la musiquita que sonaba le estaba dando migraña.
¿En verdad estaba haciendo esto? ¿De verdad iba a ser capaz de hacer eso?
Tenía miedo, estaba asustado y a la vez decepcionado de sí mismo. Todos los valores que un día le habían enseñado sus padres, los mismos que intentaba enseñarle a sus hermanas, los iba a tirar a la basura en una sola noche.
El elevador se detuvo. El momento había llegado. Salió del ascensor para pararse frente a una enorme puerta con la cifra 64-B en letras doradas. Con sus manos temblorosas metió la tarjeta en el lector que al momento encendió una luz verde indicando que ahora podía entrar. Volvió a tomar aire y se decidió a entrar.
Ese lugar... era increíblemente hermoso. Tenía toda una pared de cristal que jugaba el papel de una enorme ventana con vista al barrio millonario de Tokio; el piso de madera real de color gris estaba resplandeciente, casi podía reflejarse en él como un espejo de agua; un enorme piano negro se encontraba enfrente del ventanal, y ni qué decir de los muebles y las portentosas lámparas que pendían del techo. Todo en ese lugar decía a gritos: "caro, costoso, algo que tú nunca podrás tener".
Tanto estaba perdido en la magnitud del apartamento, que no se percató de la presencia del otro.
-¿Disfrutando de la vista, Roxanne?
Nagisa soltó un grito.
-¡Matsuoka-san, no lo había visto!
El pelirrojo soltó una carcajada.
-Perdón por asustarte.
Ninguno dijo nada, uno porque las palabras se quedaban atoradas en su garganta y el otro porque disfrutaba ver la figura temblorosa del bailarín.
El silencio iba a seguir reinando en el lugar hasta que Rin finalmente decidió romperlo:
-Pongámonos más cómodos, ven, vayamos un momento a la sala.
Para su sorpresa, Rin lo estaba tratando con más cortesía de lo que imaginó. Deseaba haberse equivocado con su insinuación durante el privado, pero… eso sería demasiado bueno para ser cierto.
El mayor le tomó del brazo y lo guió a la enorme sala y tomó asiento frente a él. Tal vez fue por el nerviosismo que tenía, pero no había visto la botella que reposaba sobre la mesa de vidrio junto con una canasta de fresas.
-¿Vino?- le ofreció.
Normalmente Roxanne lo rechazaría, pero esa noche necesitaba todo el valor del mundo, y por lo que sabía, el alcohol era un muy buen aliado.
-Por favor.
Rin sirvió dos copas de cristal coloreado con la bebida y le tendió una.
Una vez que la tuvo en sus manos, le dio un buen trago. El líquido dulzón le quemó un poco la garganta, no estaba tan mal.
-No sabía que te gustaba beber, por un momento creí que pedirías… no sé… agua.
-No suelo beber a menudo.
-¿Conmemoramos una situación especial?- dijo sarcásticamente, apoyando su mejilla en uno de sus puños.
-Necesito valor.
-Venga, tranquilo, no es nada que no hayas hecho antes.
-¿Se refiere al baile? Tiene razón, es algo que he hecho antes.- Dijo con inocencia. Si el pelirrojo se refería a algo en lo que no quería pensar, entonces estaba completamente equivocado. Nunca antes en su vida había hecho algo parecido.
Le dio otro trago a su copa y se levantó.
-Iré a cambiarme, ¿en dónde se encuentra su baño?
-Al fondo en la derecha. Tómate el tiempo que necesites.
"Si fuera por mí me quedaría ahí hasta el final de mis días".
-Gracias.
(...)
Intentó ponerse su traje lo más lentamente posible, casi como si le doliera hacerlo. Pero era cierto, justo en esos momentos sentía que su amado traje le quemaba cuando se deslizaba por su piel.
Una vez completamente vestido, no pudo evitar verse al espejo.
-Que solo sea un baile, que solo sea un baile…-le susurró a su reflejo.
Volvió a preguntarse si de verdad iba a hacerlo. Aún estaba a tiempo de ir y mandar todo a la mierda, largarse de ese departamento y encontrar la forma de conseguir el dinero. Pero sabía que no era posible.
Ese sentimiento de desesperación lo estaba matando y finalmente decidió que cuanto más pronto terminara aquello, mejor.
Se mojó la cara e intentó calmar su corazón. Ya no tenía otra opción.
Cuando salió del baño tuvo que tener cuidado por donde caminaba, las luces ahora eran muy mínimas. Todo parecía completamente solo.
-¿M-Matsuoka-san?-preguntó con cautela.
-Estoy arriba. Ven, sube.
Con sumo cuidado caminó hasta donde creyó que provenía la voz y comenzó a subir peldaño tras peldaño. La poca luz le dificultaba ver su cada paso sentía que el alma se le venía a los pies.
Una vez arriba, la colcha blanca de la enorme cama se distinguía entre la oscuridad y las luces de la ciudad que se colaban por el enorme ventanal se hacían más notorias. Nagisa pudo distinguir una colección de cuadros de arte abstracto colgados en la pared a ambos lados de la cabecera, pero no había señales de Matsuoka. ¿Qué era esto? ¿Un juego cruel para incrementar su desesperación?
Podía percibir su presencia, pero no podía verlo… hasta que una mano fría lo sostuvo de improviso por la cintura y empezó a acariciar con lentitud la piel de su abdomen, atrayéndolo aún más a él, sintiendo su respiración entrecortada.
-Creí que no estaría mal un poco menos de luz. Así el ambiente es mucho más íntimo ¿no, crees?
No supo cómo fue que pudo responder a la pregunta. La cercanía del mayor le causaba aún más pavor, el sutil aroma de su colonia se coló por sus fosas nasales, logrando que se mareara.
Su ritmo cardíaco aumentó considerablemente, al igual que el color en sus mejillas. Tuvo que ahogar un grito de vergüenza que amenazaba con salir de su boca. La mano del mayor no parecía querer detenerse.
Hazuki tragó seco, sabía que esto iba a pasar, pero no tenía ni idea de qué hacer, era un total virgen en todo el sentido de la palabra. El pelirrojo comenzó a acercarse, mirando directamente sus labios. Roxanne adivinó lo que estaba intentando hacer.
-No…- lo detuvo- nada de besos.
-¿Por qué?
Porque para Nagisa un beso era especial, un beso era dedicado a alguien que de verdad querías, que de verdad amabas. Recordaba la mirada de sus padres después de que compartían un beso, una mirada llena de amor y cariño. Su madre siempre le dijo que un beso puede decir lo que el corazón siempre callaba, y él quería que su corazón de verdad sintiera algo.
-Simplemente no.
-Como quieras.
Terminó de romper la barrera que los separaba y, en lugar de depositar un beso sobre sus labios, lo hizo sobre su cuello. Al principio pareció ser casi tímido, como si lo probara, pero después fue más rudo dejando unos cuantos mordiscos en su clavícula, los cuales de seguro dejarían marca. Él simplemente se dejó hacer, no podía pronunciar nada por la pena.
Rin se separó de él, a pesar de que solo había una lámpara que los iluminaba pudo ver con claridad los ojos rojos de su acompañante. Se veían diferentes, sus pupilas se habían agrandado, un brillo singular adornaba su mirada y su sonrisa afilada era más intimidante.
Matsuoka caminó hasta quedar justo frente a él. En un parpadeo el pelirrojo lo estampó contra la pared, comenzando a recorrer sus caderas con sus manos y volviendo a dejar lamidas detrás de su oreja y clavículas.
Las manos de Roxanne temblaban y al parecer el otro lo notó.
-Tranquilo, no estés nervioso.- comentó casi burlándose.
-L-lo siento.-aclaró su garganta. Era obvio que estaba nervioso, era su jodida primera vez. Si esa era su forma de ser "cuidadoso" de verdad estaba perdido.
En ningún momento se alejó de él, sus besos ahora se posaban en sus mandíbulas y sus manos se dirigían a su trasero, apretando con fuerza. Las lágrimas amenazaban con salir de sus ojos, no le gustaba la sensación de ser tocado de esa manera, pero no había ni cómo quejarse. Si al menos existiera un poco, sólo un poco de confianza...
-Me alegra que hayas aceptado la oferta.
Su respiración se contuvo al escucharlo, él volvió a bajar sus manos, lo tomó por la cintura y fue bajando hasta llegar a sus muslos. Nagisa por sentido común entendió lo que quería, así que dio un pequeño salto y utilizando la fuerza de sus piernas se aferró de sus caderas, logrando apoyar su peso en la pared y en los brazos de Rin. Ligeramente rozó con su miembro excitado, lo cual lo asustó aún más.
Los toques se hicieron más bruscos y sentía la piel del mayor arder. Rin sin dejar en paz su pobre cuello que escocía por los mordiscos de aquellos dientes afilados, lo separó de la pared llevándolo hasta la cama y lo dejó caer sobre ésta, colocándose encima de él.
-¿Sabes?, me encanta verte con el traje,- susurró con la voz ronca en su oído, haciendo que se estremeciera- pero me temo que esta noche no lo necesitarás.
Sin cuidado comenzó a retirar su chaleco, tocando con sus labios su pecho hasta llegar a su pezón derecho para empezar a lamerlo. Nagisa tuvo que ahogar otro grito.
"Dios mío, ¿qué me están haciendo?" nunca se le hubiera ocurrido que algo como eso se podía hacer, ¿era incluso posible? Siempre creyó que el sexo era… bueno… solo meterla. Definitivamente esto no le gustaba, se sentía invadido, sucio. En ese momento le hubiera gustado poder abandonar su cuerpo y dejar de sentir.
El mayor dejó de jugar con su pezón y comenzó a bajar lentamente pero se detuvo cuando se encontró con el inicio de su pantalón. Este no dudó en bajarlo, dejándolo solamente en ropa interior.
Sus mejillas estaban de lo más rojas, tuvo que morder su labio inferior con fuerza cuando el pelirrojo besó la parte interna de sus muslos, y los succionó con fuerza, de seguro dejaría marcas de moretones en ellos y, de pronto, se detuvo.
-Eres bastante sensible.
"Obvio, ¡es mi jodida primera vez, maldito degenerado!".
Matsuoka se separó por un momento de él mientras se erguía para poder quitarse con tranquilidad su ropa. Desató el nudo de la corbata y, al momento de desabrochar su camisa pudo ver un par de tatuajes que adornaba su piel ligeramente bronceada, el rubio desvió la mirada intimidado. Este le tomó del mentón obligándolo a verlo.
-Eres tan bello Roxanne...tan bello y tan mío.
Nagisa quiso protestar, su orgullo le decía que lo hiciera, pero el nudo en su garganta no se lo permitió.
Rin le mordió ligeramente la oreja antes de alejarse de su cuerpo, haciendo que el aire volviera a sus pulmones y se estiró hasta la mesita que se encontraba a un lado de la cabecera para tomar un paquete de condones y una botellita.
-Porque siempre hay que ser precavidos.- sonrió.
Su mano bajó hasta encontrarse con sus boxers y sin pudor alguno, deslizó la prenda por sus piernas para dejarlo completamente desnudo. Esta vez no pudo evitar gritar, nadie -salvo tal vez su madre- lo había visto desnudo.
Se sentía avergonzado, sus mejillas estaban más rojas que el cabello del mayor, y la mirada que éste le dedicaba no ayudaba demasiado a calmarlo. No paraba de recorrer su cuerpo, contemplaba cada pequeña parte de él, sin dejar ni un sólo lugar. Intentó cubrirse con su brazos pero el pelirrojo lo aprisionó con sus manos y lo obligó a dejar de cubrirse.
-No me prives de la vista.-murmuró con la voz ronca y excitada.
Tomó el botecito que había sacado y lo abrió para hundir dos de sus dedos en el líquido viscoso. Nagisa estaba mortalmente aterrado, ¿qué se suponía que iba a hacer con eso?
Separó con cuidado sus piernas y llevó su mano a la parte trasera de su cuerpo, tocando ligeramente su entrada. Ahora sí que podía morir de vergüenza.
-Necesito prepararte.- comentó antes de hundir su dedo dentro de él.
No podía decir que la sensación le gustaba, el dedo del mayor se movía en círculos dentro de su entrada. Podía sentir como sus paredes internas se abrían ligeramente, la vergüenza lo estaba matando y el ardor que sentía en su cadera también. Un segundo dedo fue ingresado arrancándole de la garganta un ligero gemido de dolor. Rin ignorando esto, comenzó a separar sus dedos como tijeras para poder dilatarlo mejor. Nagisa suplicaba con su mirada que parase, pero no fue así.
Después de unos minutos el mayor retiró sus dedos. Por un momento el rubio pensó que todo había terminado, que por fin podría irse, salvar a su hermana y jamás volver… pero sabía que eso no iba a ser posible.
Pudo observar como el otro se separaba de su cuerpo por tan solo unos segundos para abrir el pequeño paquetito plateado y ponerse el condón en su erecto miembro con una facilidad impresionante. Se notaba que Rin tenía experiencia.
Una vez ya listo, Rin tomó su pene alineandolo con la cavidad húmeda del más joven. Hazuki sabía lo iba a ocurrir, y no pudo evitar estremecerse.
-Respira, bonito. Puedes confiar en mí.-musitó acalorado, besando su lóbulo. Nagisa solo pudo asentir con la cabeza antes de sentir con su virginidad se le fue arrebatada.
Siempre en las novelas o en algún otro lado decían que tener sexo era maravilloso, sus propios compañeros se lo confirmaban, en una ocasión Mila le comentó que la primera vez dolía, pero que luego lo iba a disfrutar.
Pero él no sentía nada parecido.
De un solo movimiento todo el pene del pelirrojo había entrado sin cuidado alguno, logrando sacar un chillido de dolor más fuerte que los anteriores. Le ardía como no tenía idea, sentía como si lo estuvieran desgarrando por dentro, las lágrimas salían de sus ojos sin que él lo deseara, su cuerpo entero le dolía.
-Relájate, estás demasiado tenso.
Se limitó a contestar con un simple "okay", tomó aire profundamente y dejo que su cuerpo se relajara. Si no podía sentir satisfacción, mínimo intentaría que el dolor fuese menor. Separó un poco más las piernas y levantó las caderas. Había leído en alguna parte que debía de mover con suavidad su pelvis para tener una mejor experiencia, por lo que eso hizo, logrando que su amante soltase gruñidos de excitación.
El dolor ya no era demasiado fuerte, pero no podía sentir repulsión de sí mismo. Las lágrimas seguían escapando de sus ojos, al principio el pelirrojo intentaba ser suave con sus movimientos, esperando que se acostumbrara a tenerlo en su interior, pero conforme pasaban los segundos las embestidas comenzaban a ser más y más rápidas y profundas. Nagisa enterraba los dedos en las sábanas, tratando de aferrarse a algo.
No era como las películas, o como lo describen en los libros de romance. No era un momento único, ninguno de los dos se querían, ni siquiera se podía decir que el gusto es mutuo. Solo era sexo en el más frío de los sentidos. Solo era como ser una puta, dejando que la otra persona se satisficiera con su cuerpo.
Rin tomó con fuerza sus caderas, aumentando el ritmo y la profundidad de las penetraciones; acariciaba con dureza el interior de sus muslos, gimiendo una y otra vez con desesperación el nombre de Roxanne. Se notaba que estaba llegando a su límite, su respiración era agitada, sus mejillas estaban rojas y sus cabellos se adherían a su frente perlada de sudor. Después de unos minutos Nagisa se quejó cuando el más grande clavó sus dientes afilados en su cuello mientras sentía un líquido caliente en su ano.
El pelirrojo se quedó unos segundos más dentro de él recuperando aire antes de salir por completo e ir a sentarse en la orilla de la cama, dejando a Hazuki adolorido y completamente inmóvil, recostado sobre el colchón. Ni siquiera tenía fuerzas para moverse. Su corazón todavía estaba muy agitado y no quería mirar al hombre a los ojos. Aunque no hizo falta, porque pudo escuchar como una puerta se cerraba para después oír el sonido de una regadera.
Todo parecía una pesadilla, una horrible pesadilla. a Roxanne le gustaría de pronto abrir los ojos y despertar sabiendo que nada de eso fue real. Cerró los ojos y unas últimas lágrimas se desprendieron de ellos. Suspiró profundamente y finalmente se decidió a incorporarse, mientras antes saliera de ahí, mejor. Sin embargo, al tratar de moverse, un dolor agudo se formó en su parte baja. Mordió su labio con fuerza e intentó ignorar la incomodidad para poder tomar sus cosas.
-¿Te vas tan pronto?-preguntó una voz que conocía muy bien, el rubio ni se molestó en voltear a verlo.
-Es tarde...quiero volver a casa.
-Puedes tomar un baño.-volvió a insistir, pero lo único que el otro quería era salir de una vez de ese lugar.- Debes de estar cansado, no me molesta que duermas aquí.
-Quiero volver a casa- repitió, bajando la mirada.
Rin soltó un bufido.
-Como quieras.
Mientras buscaba su ropa podía sentir la mirada del contrario sobre su cuerpo aún desnudo, analizando cada una de sus marcas.
A duras penas logró encontrar sus pantalones, pero su camisa se encontraba perdida. Maldición, justo cuando quería irse lo más rápido posible. Razonó por un momento la posibilidad de simplemente irse, pero no podía salir a las seis de la mañana semi desnudo.
Rin se dirigió al enorme armario de la habitación, buscó entre los cojones y finalmente extrajo una playera color guinda.
-Toma.- exclamó, caminando hacia él y colocándosela por encima de la cabeza- Te llevaré tu ropa después.
¿Qué? ¿Acaso habría "otra vez"?
-Nos volveremos a ver… ¿cierto?- comentó el pelirrojo notando la cara de sorpresa de Nagisa.
Éste permaneció completamente en silencio.
Roxanne como siempre no formuló palabra, pero en su mente una batalla campal se estaba realizando. No quería volver a pasar por lo mismo, se sentía sucio y utilizado. Pero había aceptado esta locura, por lo que tenía que continuarla.
Iba a rechazar la prenda, no quería tener nada más de él, pero sabía que así saldría más rápido de ese lugar. La playera era demasiado grande para él, le quedaba como un camisón. Tenía escrito con letras blancas: "Team Samezuka"
-Es la más pequeña que encontré- confesó riéndose- Es de cuando iba al bachillerato.
La tensión y la incomodidad se podía sentir en el aire, o al menos eso pensaba Nagisa. No quería permanecer por más tiempo dentro de esa habitación, olía a sudor y a otro tipo de olores que lograban asquearlo, solo quería tomar un baño aunque fuera con el agua helada que había en su casa.
El mayor iba a volver a decir algo, pero fue abruptamente interrumpido por el sonido de su celular. Gruñó y fue a contestar.
"Gracias a Dios" pensó Nagisa.
-Matsuoka.
Sin meditarlo ni por un segundo, salió corriendo de la habitación sin siquiera detenerse a escuchar como Rin gritaba su nombre. Tan solo llegó a la planta baja, tomó su bolso que estaba tirado para poder salir del departamento.
Con el temor de que Matsuoka saliera y lo interceptara, entró al elevador con prisa, y así volvió a sentirse seguro, por fin volvía a respirar. Sin embargo, su corazón se sentía abatido y por un momento se le doblaron las rodillas. Estaba adolorido, completamente avergonzado y con un ánimo hasta los suelos. Se cubrió la cara con las manos y varias lágrimas resbalaron de sus ojos. Era impensable lo que había hecho, haberse rebajado a ser tratado como una puta no era parte de su moral. ¡Mierda, ¿qué había hecho?!
Su mente estaba apunto de explotar, la frustración y la impotencia eran más evidentes que sus lágrimas. El sentimiento era un asco, él era un asco. Soltó un golpe a las paredes frías y metálicas del ascensor, cuando éste se detuvo de pronto. Nagisa saltó del susto y por un momento se le ocurrió que la próxima persona que subiría sería Rin, pero cuando las puertas abrieron, nunca se sintió más feliz de ver a un extraño. Un hombre de oscuros cabellos azules ingresó a la caja metálica y presionó el botón de la planta baja.
-Usted también baja, ¿no es así?- preguntó sin siquiera voltear a verlo.
Hazuki se limpió rápidamente las lágrimas y carraspeó.
-Sí…- pronunció y sorbió la nariz.
El sujeto se acomodó las gafas y por un segundo lo observó de reojo. Nadie dijo nada mientras el elevador bajaba y ambiente era algo incómodo, Nagisa tenía que morderse con fuerza sus labios para poder evitar caer en el llanto de nuevo, aunque no le ayudaba de mucho, puesto que cada vez que parpadeaba, esas terribles imágenes volvían a él, haciendo que soltara uno que otro sollozo.
El más alto se volvió ligeramente al escucharlo.
-¿Se encuentra bien, caballero?- curioseó.
"No, no lo estoy".
-S-sí, no se preocupe.-respondió limpiando sus mojadas mejillas.- Solo estoy un poco enfermo.
-Supongo que debe de ser una terrible gripe, sus ojos están muy rojos.-metió una mano dentro de su bolsillo y sacó de este un pañuelo, tendiéndoselo.-Tome, ojalá se recupere pronto de su "gripe".
-No puedo aceptarlo.
-Sus ojos son bonitos, me sentiría mal si dejo que las lágrimas les quiten brillo.
Con las mejillas rojas ya no por el llanto, sino por el gesto, Roxanne tomó el pañuelo.
-Es raro ver que un hombre aún lleve consigo un pañuelo de tela.-se limpió el rostro, el otro soltó una ligera risa.
-Digamos que nunca pasa de moda, es más elegante que traer desechables.
Antes de que pudiera responder, el ascensor había abierto sus puertas.
-Muchas gracias.-le tendió el pañuelo, esperaba que no le importara que se lo devolviera completamente empapado.
-Oh, puede quedarselo. Nunca se sabe cuándo la gripa puede volver.
Y con un ligero movimiento de mano, se despidieron. A Nagisa acarició la tela del pañuelo, era suave. El hombre le agradó, pudo lograr que se olvidara de todo por unos momentos, que se sintiera cómodo. Solo por unos momentos…
(...)
En la noche aún se sentía del asco.
La cabeza le dolía a horrores por la falta de sueño, también le molestaba tener que usar tanto maquillaje para cubrir las marcas. En todo el día había tenido que mentir sobre sus grandes ojeras y sus ojos terriblemente rojos, diciendo que solo tuvo una mala noche. Nadie le creyó, pero prefirieron no llevarle la contraria y Nagisa les agradecía por eso.
En la hora de su descanso, cuando nadie se encontraba en la habitación, llegó un paquete a Husain's. Hazuki creía saber lo que contenía, las manos le temblaban mientras lo abría y un escalofrío lo recorrió por completo. Lo primero que vio fue su traje perfectamente lavado y planchado, lo sacó de la caja y, entonces un enorme fajo de billetes se asomó al instante.
Ese era el pago por su pecado.
Una pequeña nota estaba junto con el dinero, la caligrafía era bonita e impecable. Cubrió su boca con una de sus manos para evitar soltar un sollozó en el momento que la leyó:
"Me encantó estar una noche contigo. Supongo que esto es suficiente para pagar tus...servicios. Espero que sigamos en contacto, me fascinaría volver a sentir tu piel.
Matsuoka Rin"
Nota de autor:
Dios, ha pasado casi una eternidad.
Nos disculpamos por la tardanza, la escuela, actividades extras y plantearnos como escribir esto nos tomó mucho tiempo.
Es nuestro primero lemmon, esperamos que no les parezca TAN malo. Tengan en cuenta que a Nagisa no le gusta Rin, por eso no podía sentir placer mientras tenían sexo.
Al fin apareció nuestra querida mariposa Rei, no en el mejor momento, pero apareció. Prometemos intentar actualizar más seguido, mínimo para esas pocas personas que le dan una oportunidad a Husain.
¡Tenemos un review!
jynkyousha: Primero que nada, te agradecemos por dejar tus comentarios, Shio casi se pone a llorar al verlos. Nos da gusto que a pesar de que no hayas visto Free o YOI le dieras una opprtunidad a Husain´s Club, esperamos que los capítulos sean de tu agrado. No te podemos revelar si Ukyo muere o no, ya que eso sería spolier y eso no nos conviene, pero sigue leyendo, así sabrás que tan malas podemos llegar a ser, MUAJAJAJA. Es lindo te guste el más el nombre artístico de Nagisa, y sí, Nagisa es el mejor hermano del mundo. Jajajaja Rin es guapo y no es que sea pésimo ligando, es que el ya quería follárselo y se lo quería dejar en claro de una vez XD Y bueno, nadie los interrumpió. Por cierto, en el anime de Free, Nagisa tiene la costumbre de utilizar el "-chan" en todas las personas, y por lo que investigamos, es una forma cariñosa de llamar a sus amigos. Suponemos que no lo sabías ya que no has visto el anime. Pero, sigue comentando, Shio adora responder comentarios.
Sabemos que esto debe de sonar urgido, pero de verdad les rogamos que dejen un comentario, ya sea con alguna crítica o por que les gusta la historia. Cosas así nos eleva mucho el animo. Sí les esta gustando la historia denos un follow y un favorite, así más personas sabrán sobre Husain´s Club y ustedes sabrán cuando haya actualización.
Ya nos despedimos:
Ciao, ciao~.
