Capítulo 6. ¿Flitwick Stark?

Un caldero lleno de poción dorada con gruesas gotas que saltaban. Jessica Quake era consciente del brebaje que contenía y sus efectos. Pensaba que nunca iba a poder verlo sin que la hubiera preparado ella. Félix Felicis. Suerte liquida. ¿Por qué estaba aquí? ¿Con qué motivo Slughorn mostraba algo tan difícil de crear y de efectos tan interesantes? Cualquiera podría crear una distracción y coger un poco.

—Muy bien, muy bien —dijo Slughorn cuya colosal barriga era lo único que las diversas nubes de vapor no tapaban en su totalidad—. Sacad las balanzas y el material de pociones, y no olvidéis los ejemplares de Elaboración de pociones avanzadas...

—Señor... —dijo Harry levantando la mano— ¿Qué pasa, Harry?

—No tengo libro, ni balanza, ni nada. Y Ron tampoco. Verá, es que no sabíamos que podríamos cursar el ÉXTASIS de Pociones...

—¿Y eso? —preguntó Jessica a David mientras veía como Slughorn iba hacia un armario a por el material que iban a necesitar Ron y Harry.

—Snape exigía un Extraordinario para hacer el EXTASIS de Pociones y Slughorn, no —explicó rápidamente.

—Eso no lo sabía —intervino Daphne que compartía mesa con David y Jessica.

—Yo me he enterado durante el recreo. Me lo ha dicho Ron —aclaró el metamorfomago.

—Muy bien —dijo— He preparado algunas pociones para que les echéis un vistazo. Es de esas cosas que deberíais poder hacer cuando hayáis terminado el ÉXTASIS. Seguro que habréis oído hablar de ellas, aunque nunca las hayáis preparado. ¿Alguien puede decirme cuál es ésta?

Señaló el caldero más cercano a la mesa ocupada por los otros cuatro Slytherin. Allí hervía un líquido que parecía agua normal y corriente. La bien adiestrada mano de Hermione se alzó antes que ninguna otra; Slughorn la señaló.

—Es Veritaserum, una poción incolora e inodora que obliga a quien la bebe a decir la verdad —contestó Hermione. David no pudo evitar fruncir el ceño y se sintió muy aliviado de haberse sentado en la mesa más alejada a ese caldero.

—¡Estupendo, estupendo! —la felicitó el profesor muy complacido— Esta otra —continuó, y señaló el caldero cercano a la mesa de Ravenclaw— es muy conocida y últimamente aparece en unos folletos distribuidos por el ministerio. ¿Alguien sabe...? La mano de Hermione volvió a ser la más rápida.

—Es poción multijugos, señor —dijo.

—Jess, ¿por qué no respondes a las preguntas? —le preguntó Daphne sabiendo de su habilidad en esta asignatura— ¿Es qué no te las sabes?

—Si, claro que las conozco —contestó—. Solo que no soy tan rápida como Hermione levantando la mano —Daphne no pudo evitar sonreír— ni tan ansiosa —añadió haciendo que sus compañeros de mesa tuvieran que esforzarse por evitar las carcajadas.

—¡Excelente, excelente! Y ahora, esta de aquí... ¿Sí, querida? —dijo Slughorn mirando con cierto desconcierto a Hermione, que volvía a tener la mano levantada.

—¡Es Amortentia!

—En efecto. Bien, parece innecesario preguntarlo —dijo Slughorn impresionado—, pero supongo que sabes qué efecto produce, ¿verdad?

—Es el filtro de amor más potente que existe —respondió Hermione.

—¡Exacto! La has reconocido por su característico brillo nacarado, ¿no?

—Sí, y porque el vapor asciende formando unas inconfundibles espirales —agregó ella con entusiasmo—. Y se supone que para cada uno tiene un olor diferente, según lo que nos atraiga. Yo huelo a césped recién cortado y a pergamino nuevo y a... -pero se sonrojó un poco y no terminó la frase.

—Hermione, ¿cuál era la tercera? —preguntó David a la presencia en su cabeza. El metamorfomago solo obtuvo un gruñido por respuesta, que le indicó claramente que no debía insistir en eso.

—¿Qué hueles tú, David? —preguntó Jess a su novio.

—Huele a tierra mojada, al suavizante que usa mi madre para lavar mis sabanas y a lavanda —a Jess se le subieron los colores al escuchar el tercer olor. La colonia que se echaba y el champú que usaba para lavarse el pelo olían a lavanda.

—¿Y tú, Jess?

—Huele a naranja, a gasolina y, muy ligeramente, a bambú.

—¿A bambú? —preguntó Daphne.

—Es mi colonia —explicó el metamorfomago—. Aunque no es que la use mucho. No huelo.

—¿Cómo que no hueles?

—Es cierto, Daphne —intervino Jessica—. Tiene que sudar mucho o estar tres o cuatro días sin ducharse para empezar a oler. Tengo un novio inodoro.

—Vaya, vaya. Veinte bien merecidos puntos para Gryffindor, señorita Granger —concedió afablemente Slughorn—. Es imposible crear o imitar el amor. Sólo produce un intenso encaprichamiento, una obsesión. Probablemente sea la poción más peligrosa y poderosa de todas las que hay en esta sala. Sí, ya lo creo —insistió, y asintió con gesto grave hacia Malfoy y Nota, que sonreían con escepticismo—. Cuando hayáis vivido tanto como yo, no subestimaréis el poder del amor obsesivo... Bien, y ahora ha llegado el momento de ponerse a trabajar.

—Señor, todavía no nos ha dicho qué hay en ése —dijo Ernie Macmillan señalando el pequeño caldero negro que había en la mesa de Slughorn.

—¡Aja! —asintió Slughorn— Sí. Ésa. Bueno, ésa, damas y caballeros, es una poción muy curiosa llamada Félix Felicis. No tengo ninguna duda, señorita Granger —añadió dándose la vuelta, risueño, y mirando a Hermione, que había soltado un gritito de asombro—, de que sabes qué efecto produce el Félix Felicis.

—¡Es suerte líquida! —respondió ella con emoción— ¡Te hace afortunado! —La clase entera se enderezó un poco en los asientos.

—¿Suerte líquida? —preguntó David a Jessica.

—Es tal y como ha dicho Hermione. La bebes y tienes unas horas de fortuna. Todo te sale bien.

—Pues podrían haberle puesto otro nombre, porque lo de Félix —dijo Daphne dejando claro que le parecía un nombre muy poco adecuado para una poción con tales efectos.

—Muy bien. Otros diez puntos para Gryffindor. Sí, el Félix Felicis es una poción muy interesante —prosiguió el profesor—. Dificilísima de preparar y de desastrosos efectos si no se hace bien. Sin embargo, si se elabora de manera correcta, como es el caso de ésta, el que la beba coronará con éxito todos sus empeños, al menos mientras duren los efectos de la poción.

—¿Por qué no la bebe todo el mundo siempre, señor? —preguntó Terry Boot.

—Porque su consumo excesivo produce atolondramiento, temeridad y un peligroso exceso de confianza. Ya sabes, todos los excesos son malos... Consumida en grandes cantidades resulta altamente tóxica, pero ingerida con moderación y sólo de forma ocasional...

—Vamos, que te vuelves gilipollas —aclaró Érebo en la mente de David haciendo que una sonrisa surgiera en el rostro de su fuente.

—¿Usted la ha probado alguna vez, señor? —preguntó Michael Corner.

—Dos veces en la vida —reconoció Slughorn—. Una vez cuando tenía veinticuatro años, y otra a los cincuenta y siete. Dos cucharadas grandes con el desayuno. Dos días perfectos —se quedó con la mirada perdida, con aire soñador—. Y eso —dijo saliendo de su estupor auto-inducido—, es lo que os ofreceré como premio al finalizar la clase de hoy.

Todos guardaron silencio, y durante unos instantes el sonido de cada burbuja y cada salpicadura de las pociones bullentes se multiplicó por diez.

—Una botellita de Félix Felicis —añadió Slughorn, y se sacó del bolsillo una minúscula botella de cristal con tapón de corcho que enseñó a sus alumnos—. Suficiente para disfrutar de doce horas de buena suerte. Desde el amanecer hasta el ocaso, tendréis éxito en cualquier cosa que os propongáis. Ahora bien, debo advertiros que el Félix Felicis es una sustancia prohibida en las competiciones organizadas, como por ejemplo eventos deportivos, exámenes o elecciones. De modo que el ganador sólo podrá utilizarla un día normal. ¡Pero verá cómo éste se convierte en un día extraordinario!

"Veamos —continuó Slughorn—, ¿cómo podéis ganar mi fabuloso premio? Pues bien, abriendo el libro Elaboración de pociones avanzadas por la página diez. Nos queda poco más de una hora, tiempo suficiente para que obtengáis una muestra decente del Filtro de Muertos en Vida. Ya sé que hasta ahora nunca habíais preparado nada tan complicado, y desde luego no espero resultados perfectos, pero el que lo haga mejor se llevará al pequeño Félix. ¡Adelante!

La clase se convirtió en un autentico descontrol producido por variados sonidos de balanzas moviéndose, tarros de ingredientes abriéndose y calderos llenándose de agua preparada para ser hervida.

¿Vas a querer la receta que sigue Harry? —preguntó Hermione mentalmente.

—No —contestó David con seguridad.

David, no quiero ponerme pesada pero deberías planteártelo. Sabes lo que va a pasar al final de curso y creo que te vendría bien tener tu propia reserva de Félix.

—Lo sé, Hermione —replicó—. Pero mi plan es conseguir algo más que ese pequeño vial.

¿Vas a robarle poción a Slughorn? —preguntó escandalizada.

—Si Malfoy le va a robar multijugos, ¿por qué yo no puedo robarle un poco de Félix?

¿Cómo lo vas a hacer? —preguntó Érebo sin sorprender a David con su carencia de reparos morales.

—Recogiendo favores. Harry me debe alguna uso de la capa invisible y el Mapa de Merodeador.

¡Me gusta el estilo espía! —admitió Érebo entusiasmado por la próxima misión

—¿Tu no eras más de "me llevo todo lo que encuentre a mi paso"? —inquirió Hermione intentando molestar al Doppelganger.

Me adapto a la situación —respondió Érebo mostrando una vez más la frialdad característica de el.

David comenzó cortando las raíces de valeriana y contando los granos de sopóforo necesarios. Sin mayores complicaciones, llegó a, como decía el libro, el color grosella característico de la etapa intermedia ideal.

Ahora es tu ultima oportunidad, David. Si aplastas los granos y extraes el jugo, podrás competir con Harry; si no, ni siquiera si sigues a partir de aquí el resto de instrucciones del libro de Snape, podrás alcanzarle —le indicó Hermione.

—He dicho que no —remarcó—. Harry se merece esa poción y la necesita más que yo con diferencia. No me voy a arriesgar a quitársela.

Te informo que en muchos de los universos alternativos, conseguía empatar con Harry y Slughorn nos daba un vial a cada uno.

—Déjalo, Hermione. No va a pasar.

Tras cortar los granos de sopóforo; no sin cierto esfuerzo, como parecía ser la tónica general, esperó para hacer un movimiento estratégico. Ya no podría alcanzar a Harry, pero se detuvo un momento y comenzó a agitar la poción siguiendo el mismo procedimiento que el mago de la cicatriz. Como le había indicado acertadamente Hermione, la velocidad con que el color de la poción se iba aclarando era menor que la de Harry.

—¡Tiempo! —anunció Slughorn— ¡Parad de remover, por favor!

David dejó de remover y comparó detenidamente las pociones que estaban al alcance de su vista. Como no podía ser de otra forma, Jessica había demostrado su habilidad y su poción era igual de buena que la suya; ambas compartían el mismo color rosa pálido. Daphne se había quedado en un tono de rosa algo más oscuro, mientras que el rosa de la de Hermione era un intermedio entre la de Jessica y la de Daphne. Obviamente, Harry los había sobrepasado con claridad; su poción era prácticamente transparente, salvo algunos pequeños hilos de color rosáceo.

—¡He aquí el ganador, sin duda! —exclamó para que lo oyeran todos— ¡Excelente, Harry, excelente! ¡Caramba, es evidente que has heredado el talento de tu madre! Lily tenía muy buena mano para las pociones. Así pues, aquí tienes: una botella de Félix Felicis, ¡y empléala bien!

David, Jessica y Daphne felicitaron a Harry por su éxito, aunque las dos chicas no pudieron evitar hacer comentarios sobre como había sido capaz de hacer una poción tan excelente si nunca había dado muestras de una extraordinaria habilidad. David sacó rápidamente del apuro a su amigo comentando que la no presencia de Snape seguro que tenía mucho que ver.

Aunque la actuación de Harry había sido la comidilla durante el resto del día, sobre todo entre aquellos que hablan estado presentes; rápidamente se perdió entre toda la marabunta de noticias, rumores y curiosidades de principio de curso.


—Bienvenidos a un nuevo curso de Encantamientos —anunció el profesor Flitwick—. Estoy muy complacido de ver cuantos habéis decidido continuar con la asignatura. Durante este curso, veremos una bonita cantidad de encantamientos y conjuros que os serán, no solo útiles para preparar vuestros EXTASIS, si no también en el resto de vuestra vida. Sin embargo, este año se añade un nuevo factor: la necesidad de realizar los hechizos de forma no verbal —algunos gruñidos surgieron entre los alumnos—. Si, estoy seguro de que ya habéis escuchado este discurso anteriormente —David recordaba perfectamente los avisos de Snape y de McGonagall—; sin embargo, debo insistir en su importancia. Ningún alumno ha sido capaz de aprobar el EXTASIS de Encantamientos sin realizar, al menos, un setenta o un ochenta por cierto de hechizos no verbales —esta nueva información provocó cierta alarma entre el alumnado que comenzó a quejarse en voz baja—. Tranquilícense —dijo Flitwick, levantando la voz para hacerse oír por encima del bullicio—, los porcentajes exigidos en Defensa contra las Artes Oscuras y Transformaciones son menores.

—Menos mal —se oyó decir a Terry Boot.

—Antes de empezar con la lección de hoy, quisiera enseñarles un hechizo que, por la concentración necesaria y el movimiento de varita requerido, se podría enseñar en segundo; sin embargo, requiere de un poder mágico que ningún alumno de segundo posee.

—¿Qué hechizo, señor? —preguntó Hermione sin poder aguantar la emoción.

—Cálmese, señorita Granger —contestó el pequeño profesor sonriente sin sorprenderse de la actitud de la bruja de pelo enmarañado—. Estoy hablando del conjuro pulsor. Este conjuro genera un pulso de energía en forma de columna. Les haré una demostración.

Todos los alumnos miraron con interés como el jefe de la casa de las águilas, conjuraba un taburete y encima, un jarrón de barro. Contando los pasos, se alejó del mismo y, cuando llego a veinte, se detuvo, se giró para enfrentarse al jarrón y sacó su varita.

—Por favor, que todo el mundo conjure un hechizo escudo —decenas de círculos protectores surgieron a lo largo de la clase creando una muralla mágica que protegía a los alumnos.

—Ahora, estén atentos y, sobre todo, no permitan que su escudo decaiga. ¡Navita! —exclamó con un giro rápido de varita.

Tal y como había anunciado, una columna de color blanco-dorado surgió de la varita y, con un sonido metálico, destrozó la jarra, desperdigando trozos de la misma que se chocaron con los escudos conjurados por los alumnos más cercanos a la zona de impacto.

—Es un conjuro con múltiples posibilidades; cuya principal limitación es que el pulso energético siempre se desplaza en línea recta, por lo que es relativamente sencillo de esquivar. Como habéis podido comprobar, el encantamiento es Navita. —el profesor se calló y miró a la clase con ojos expectantes, esperando la pregunta que deberían de hacerle.

—¿Y cuál es el movimiento de muñeca? —preguntó Jessica con un tono de voz ligeramente más grave de lo normal. David intrigado, miró a su novia; vio que sus ojos brillaban más de lo habitual y que su rostro mostraba un gesto que el metamorfomago no supo descifrar.

—Un sencillo medio giro en el sentido de las agujas del reloj —respondió el pequeño profesor—. Es muy importante que el movimiento se realice de forma fluida.

Todos en la clase estaban muy entusiasmados ante la perspectiva de practicar este hechizo. Sin embargo, Flitwick rompió rápidamente esta atmósfera, anunciando que no iban a practicar este hechizo en clase por la evidente peligrosidad del mismo y que iban a comenzar inmediatamente a ver los primeros conjuros oficiales del curso.

—¿Cuál versión crees que será? —preguntó Jessica a David.

—¿Qué? —el metamorfomago no había entendido a que podía referirse la pregunta— No entiendo que quieres decir, sihaya.

—¿Comics? ¿Tony Stark? —dijo Jess dejando caer un par de pistas.

—Sigo sin entenderte —replicó David absolutamente perdido. Jessica gruñó frustrada porque su novio no comprendiera lo que quería decirle.

—¡Iron Man! —exclamó.

David se llevó la mano a la frente cuando cayó en la cuenta. Ahora lo veía. Era absolutamente innegable que el encantamiento pulsor era muy similar a los rayos repulsores que llevaba Iron Man en las palmas de sus manos. No era sorprendente que Jessica hubiera conectado ambas cosas al instante; David era el lector de su casa, pero Jessica era capaz de mantenerse a su ritmo si se trataba de las aventuras del vengador dorado. Sin embargo, el metamorfomago seguía sin poder responder a la pregunta acerca de la versión. ¿A qué se refería?

—Jess, ¿qué es eso de lo de las versiones?

—Mark I, Mark II, Mark III, Mark IV...

—¡Ah! ¡Va, va! Que estoy lento. Pero...

—Te preguntas cómo es que estoy tan emocionada por un sencillo conjuro —David asintió complacido de que Jessica le conociera tan bien—. Tenemos que hacer un proyecto en Aritmancia que consiste en elegir un conjuro y modificarlo de alguna forma.

—Y no sabías que hacer hasta que has visto este —completó David.

—Exacto. Además, ¿te imaginas poder hacer eso? ¿Lanzar rayos a lo Iron Man? Seria increíble, ¿no?

—Me gustaría ver a alguna mortifago recibiendo uno de esos —reconoció David imaginándose a Bellatrix con un agujero circular en medio del pecho.

—No creo que sea letal; doloroso, sí —replicó Jessica—. Aunque habría que hacer experimentos.

—Si necesitas ayuda, dímelo —se ofreció el metamorfomago.

—Seguro que lo haré y dile a Érebo que le necesitaremos.

—¿Has oído, Doppelganger? —le amenazó David veladamente.

A sus órdenes —replicó Érebo mostrando una gran falta de entusiasmo.


—Comienza la operación: "Recolectar a Félix". ¡Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas! —exclamó el metamorfomago tras colocar su varita sobre el pergamino que había situado encima de una de las mesas.

A pesar de la cantidad de veces que había visto como las líneas de tinta formaban el mapa, David siempre se sentía sorprendido por la excelsa pieza de magia que habían creado los Merodeadores. Pasando los ojos por la parte del mapa que representaba el Gran Comedor, comprobó que todos los profesores salvo Trelawney estaban cenando. Perfecto, pensó.

David se echó la capa por encima, comprobando que tapara todo su cuerpo aunque para ello tuviera que andar ligeramente encorvado. Sin quitar un ojo del mapa, salió de la clase de la cuarta planta y se dirigió hacia un pesado tapiz de una bruja mirando un caldero que burbujeaba dónde, según el mapa, comenzaba un pasadizo que desembocaba cerca del pasillo que daba acceso a la clase de Pociones.

Apenas cinco minutos después y con Slughorn aún en el Gran Comedor, David se detuvo frente a la puerta de madera de la clase.

¿Por qué no entras? —preguntó Érebo inquieto.

—Seguro que tiene algún tipo de hechizo que le indica a Slughorn si alguien entra en la clase —respondió David sin dejar de observar la puerta—. ¿Alguna idea, Hermione?

Prueba con Alohomora —sugirió la presencia femenina.

—¡Nah! Demasiado básico —descartó el metamorfomago—. Seguro que la puerta esta encantada para que ese tipo de hechizos de apertura no funcionen.

Pues yo no sé ninguno más —confesó la mujer.

—¿Érebo?

Ahora mismo ni idea —replicó—. Es posible que con tiempo pueda encontrar algo útil.

—Tiempo no es que precisamente nos sobre —anunció David. El mapa seguía indicando que Slughorn continuaba dándose un banquete y que ninguno de los otros profesores estaba cerca de las mazmorras; sin embargo, era mejor no arriesgarse—. ¿Más ideas?

Derrite la cerradura —sugirió Érebo.

Demasiado tiempo —contestó Hermione—. ¿Te imaginas cuanta magia debería aplicar David para fundir el hierro? Eso sin tener en cuenta que puede que este reforzada.

Al menos yo doy ideas —gruñó Érebo que no se había tomado demasiado bien la negativa de Hermione—. No soy tan inútil.

No voy a caer en tu juego, Doppelganger.

—Se me ha ocurrido una idea —dijo David cortando de raíz la posible discusión entre sus dos presencias mentales. El metamorfomago se colocó el Mapa del Merodeador bajo la axila izquierda, sacó su varita y la situó sobre las bisagras de la puerta.

Ya te he dicho que no vas a poder fundir el metal —le recordó Hermione.

—No es esa mi intención —replicó David con sonrisa maliciosa—. Calla y observa.

David susurró un hechizo y comenzó a mover la varita en el sentido contrario de las agujas del reloj. Durante los primeros segundos, no ocurrió nada; hasta que, de repente, uno de los tornillos que fijaban la puerta al marco de la misma comenzó a desatornillarse solo.

Inesperado, sin duda —admitió Hermione con un deje de admiración en su voz.

Una vez que David le cogió el truco al desatornillado, la puerta no tardó en separarse de sus goznes; un rápido hechizo levitatorio impidió que cayera al suelo. Acercándose al umbral de la clase sin traspasarlo, el metamorfomago echó un vistazo al interior de la clase. Dos de los calderos que Slughorn les había mostrado durante la lección seguían allí. Las espirales de vapor nacaradas y el caldero lleno de poción parecida al barro, mostraban que tanto la Amortentia como la Multijugos eran los contenidos de los mismos.

Ni Veritaserum, ni Félix —apuntó Hermione—. Debe de haberlas guardado en su despacho.

—¡Mierda! —masculló David frustrado mientras apretaba los dientes—. Será mejor que vuelva a dejarlo todo como estaba.

David levitó la puerta hasta situarla justo en su posición original y susurró el conjuro reparador apuntando a los tornillos, los cuales se atornillaron rápidamente, fijando de nuevo la puerta a su sitio. El metamorfomago volvió a recorrer el pasadizo que había utilizado para bajar hasta las mazmorras y rápidamente regresó a la torre de Gryffindor para no levantar sospechas.


Comentarios.

Hola a todos. Lo primero es pedir perdón por la tardanza. He estado bastante liado con exámenes y trabajos de la universidad. Además, mi musa me ha abandonado sin la más mínima piedad por su parte. Este capitulo puede parecer raro pero tiene un par de hechos que serán importantes en el futuro. ¿Qué os ha parecido el nuevo hechizo y la relación que hace Jessica? XD

Ahora pasemos a los agradecimientos.

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Eso es todo. Espero que os guste el nuevo capitulo. Un bratzo, xotug.