Capitulo 5: Las heridas del alma

Candy arreglaba su cabello frente al espejo, Albert le había pedido viajar a Lakewood a mas tardar el Viernes, se despidió de la Señorita Pony, la hermana Maria y Cedric con un beso y abordo el coche que le esperaba, nada en el mundo podría haberle preparado para lo que estaba por venir.

Albert le recibió con los brazos abiertos, adulandola entre risas por su pispireto peinado de aquel día, hacía frío pero la nieve aún no caía sobre los pastos, ambos amigos compartieron el almuerzo, charlaron sin preucupaciones; él le invito a cabalgar un poco al llegar la tarde.

Los caballos tomaban agua del riachuelo, Albert y Candy compartían risas recordando cuando se vieron por primera vez, pero el semblante de este cambio de repente

-Candy, puedo preguntarte algo, y debes de ser honesta-

-Claro Albert, lo que quieras-

-Aún amas a Terrence Grandchester?- La rubia se congeló, no esperaba aquella pregunta

-Porque me preguntas eso?-

-Te ruego me digas Candy, con la verdad-

Candy miro hacía el cielo, había tratado de no pensar en Terry durante mucho tiempo, había tratado de reemplazarlo en su corazón con Cedric, quien aún esperaba su respuesta acerca de su propuesta de matrimonio, pero aquellos ojos azules le perseguían en sueños, su recuerdo parecía ser indeleble dentro de su alma, pero no sabía a ciencia cierta si aquello era todavía amor

-No lo se, pienso en él cada día, en como estara, en si sera feliz-

-Candy, mi querida Candy- La chica había empezado a llorar sin dejar de admirar las nubes que se paseaban por el azul del cielo

-Dime Albert- Dijo enjuagando sus lagrimas -Por que quieres saber si aun lo quiero-

-Regresemos a la casa, algo allí te espera-

El corazón de Candy palpitaba sin control mientras cabalgaba de nuevo hacía la casa, Albert iba frente a ella, aun temblando, pero ella había dicho lo que él esperaba, y sus lagrimas le habían revelado sus verdaderos sentimientos.

Al llegar de nuevo a la imponente mansión, Candy había perdido la paz, estaba inquieta, esperando que Albert le dijera algo, el porqué de aquella pregunta, que era lo que le esperaba. Entraron a la casa y su amigo le pidió esperar en la estancia, Candy miraba por la ventana, las rosas estaban todas marchitas y el cielo que hacía unos minutos era azul se empezaba teñir de estrellas.

Albert la miro por un instante antes de hablar, aún temía la reacción de Candy

-Esto es para ti- Dijo mostrando en su mano las cartas de Terry

-Que es esto?-

-Son para ti Candy, tomalas, yo estaré en mi cuarto si me necesitas-

Candy tomo aquellas cartas amarillas en sus manos, todavía no entendía que pasaba, pero su corazón dio un brinco cuando leyo su nombre escrito en los sobres, era la letra de Terry.


Se tumbó en una silla frente a la ventana, su corazón estaba inquieto, sintiendo como el mundo giraba sobre sus hombros, las cartas ahora en su regazo parecían gritar su nombre, pero el temor apoderandose de sus manos no le permitía tomar el valor para abrirles.

La noche había traido con ella a la refulgente luna llena; Candy estaba escondida en su cuarto, aún indecisa de abrir aquellos sobres, miraba por la ventana mientras el fuego en su chimenea le tarareaba una melodia del pasado, se recostó en el divan junto a la chimenea, cubriendose del frío con una manta y con cariño deshizo el nudo de la cinta sujetando aquellos sobres.

Acarició el papel con ternura, abriendo por instinto la ultima carta del monton, la primera de muchas lagrimas anidó en sus pestañas

Candy,

Han pasado meses desde la ultima vez que tuve la suerte de mirar tus ojos, el aroma de tu cabello, quisiera estuvieras a mi lado, el verano abraza con fuerza a la ciudad, cada tarde miro pasar a las parejas de enamorados caminando por el parque y no puedo mas que envidiarles, yo no tengo con quien compartir los días.

Se que fuí cobarde y no merezco nada, pero no puedo, oh mi querida Candy, si tan solo pudiera respirar ahora que no estas a mi lado, pero la vida me ha arrebatado lo que mas amo, y hoy no tengo fuerzas para seguir, se que odias que beba, pero no encuentró otra manera para dejar de llorarte, todo se ha vuelto imposible de llevar, tu recuerdo es lo unico que permite a mi corazón seguir latiendo, por ti vivo pequeña pecosa, por tus manos que un día se enlazaron a las mias.

No se si llegué a tener el valor de enviarte estas letras tan pateticas, pero se que te amo, y que no importa si nunca mas te pueda ver, este amor esta grabado en lo mas hondo de mi alma y siempre sera así.

Terrence


Candy se abrazaba al papel, los años habían pasado con desden, mas el amor latía con fuerza en su pecho, Terry había sufrido tanto como ella con aquel adios; respiraba profundamente con los ojos cerrados, aún tratando de recuperar el aliento robado por aquellas palabras; miro al fuego que revoloteaba alegremente y suspiro mientras extendía la segunda de las cartas

Candy,

He encontrado de nuevo a mi madre, ella me ha ayudado a salir del abismo, y me ha confesado que tú estuviste cerca de mi en Chicago, ahora se que no fue un sueño, eras tu entre aquella multitud.

Te he extrañado tanto, perdoname Candy, se que no soy lo que tu esperabas de mi, te he decepcionado...pero te prometo que volvere al teatro, por tí y por mi madre, por el amor que siento por ambas he de luchar por ser alguien de nuevo. Eleanore es maravillosa, estoy seguro que la querrías tanto como yo lo hago.

Hay una sola cosa que no puedo hacer, y es regresar a ella, lo siento Candy, se que te deje ir por mi deber, pero no puedo alejar la realidad de mi mente, no es justo, Susana se sacrifico por mi y le estaré por ello siempre agradecido, pero no puedo estar a su lado amando a otra.

Terrence


Las horas se habían escurrido por los rincones de la mansion, Albert había perdido la batalla contra el sueño aún vestido en su cuarto, Candy aún estaba despierta, viendo por su ventana como el sol comenzaba a asomarse por entre los árboles; las decenas de cartas que Terry le había escrito estaban sobre su cama, les había leido una a una, llorando todavía por aquellas palabras, era el puñal girando sobre su herida.

Las cartas le habían enternecido, las primeras estaban llenas de historias, pero después se fueron transformando en poemas, pequeños fragmentos de las obras que él interpretaba, en ellas le declaraba su amor uncondicional, esto le robaba sonrisas mustias, su querido Terry, a quien sin poder ocultar mas aún amaba con locura, Candy sabía bien que volver a sus brazos no era simple cosa de salir de la casa y buscarlo, estaban las muchas otras cosas, era verdad que Susana había dejado de ser un impedimento para su amor, pero Cedric estaba presente en su pensamiento, no podía solo desecharle, él le había propuesto ser su esposa, y aunque no había dado una respuesta todavía, no podía consentir abandonarlo sin decirle nada.

Regreso al lado de su cama y releyó una de las tantas cartas ahí acostadas, sus ojos se humedecieron de nuevo al leer uno de los fragmentos allí escritos

"Yo creo que he visto unos ojos como los que he pintado en esta leyenda. No sé si en sueños, pero yo los he visto. De seguro no los podré describir tal cuales ellos eran: luminosos, transparentes como las gotas de la lluvia que se resbalan sobre las hojas de los árboles después de una tempestad de verano..." *

-Terry- Suspiro antes de caer rendida sobre la cama.

Cerca del medio día y desesperado por saber algo, Albert entró a la habitación de Candy, estaba recostada sobre su cama, profundamente dormida, sus parpados delataban las lagrimas que había derramado horas antes, su corazón se redujo a cenizas al ver aquella escena, acaso había cometido un grave error?.


Notas del autor

* Pertenece a "Los ojos verdes" de Gustavo Adolfo Bécquer