Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, el resto es de mi total invención.
Profecía
Capítulo 4
Efectivamente la advertencia de Carlisle no era exageración o broma, Esme de verdad no dejó que nos fuéramos hasta que me vio comer hasta la última miga del pie y después cepillarme los dientes, dijo que era necesario que comiera porque no sabíamos la hora en que volveríamos.
Cuando al fin llegamos ante las autoridades, el abogado ya estaba esperándonos, había comenzado el proceso de la denuncia, faltaba que nos tomaran declaraciones para proceder con el caso.
Tenía miedo de lo que pudiera ocurrir, aquí comenzaba el proceso donde se decidiría mi vida, podía salir de esto con una familia que ya me quería, o podría salir con el corazón roto, pues secretamente deseaba que los Cullen fueran mi familia biológica, ellos eran excelentes personas y que aun sin confirmación científica, me habían acogido de manera cálida y amorosa en su casa.
El abogado nos indicó que ya estaban listos para tomar nuestras declaraciones, las tomarían por separado, primero entraría Carlisle y Esme después. Pero yo entraría con una psicóloga que ya estaba en el lugar también, apenas nos lo indicaron, me mandaron con ella, pero cuando iba hacia la doctora que me esperaba en el inicio de un pasillo con seis puertas, Esme me tomó por los hombros y me atrajo hacia ella en un abrazo.
—No tengas miedo cariño, te estaremos esperando justo aquí— susurró en mi oído.
Le devolví el abrazo enterrando mi cara en la curvatura de su cuello, ella olía a flores, y a algo dulce que no supe identificar, pero me hizo sentir mejor, y más decidida a pasar por esto.
La oficina en la que entré con la doctora era pequeña, había un escritorio con su silla y un par de sillones cafés, las paredes blancas y con solo un cuadro de un paisaje escocés en ellas, la doctora me dijo que podía sentarme en uno de los sillones mientras ella sacaba su bloc de notas.
—Bueno Blaire, soy la doctora Maela, no hemos podido dar con tu expediente porque no has dado un apellido, ¿Podrías decirme cuál es?
—Siempre he llevado el apellido Murray, pero creo que ese no es mi apellido de verdad.
— ¿Por qué dices eso?
—Sheena Murray, la mujer que creía que era mi madre me lo dijo, no soy su hija biológica.
— ¿Por eso escapaste de tu casa?
—No, ella me utilizaba, vendía mi sangre, y la noche que me escapé la escuché discutir con sus hijas, ella había considerado el vender alguno de mis órganos, no lo habían hecho porque ninguna de ellas quería quedarse a cuidarme el tiempo que estuviera indispuesta, además de que si me operaban, no iba a poder trabajar en un tiempo y era menos dinero para ellas.
— ¿Tu sabías esto? ¿Estabas consiente de lo que hacían contigo?
—No, me enteré ayer por la noche, Sheena me llevó al hospital a sacarme sangre, ella siempre me dijo que la sacaban para analizarla, que solo quería saber si estaba sana.
—Mencionaste que Sheena tenía hijas, ¿A ellas también les sacaban sangre?
—No, a ellas nunca les ha hecho nada, ellas solamente estudian, yo trabajaba y sin saberlo, mi sangre también las mantenía.
— ¿Tenías un padre? ¿Más familia?
—Ellas siempre han dicho que su padre se fue por mi culpa, y recuerdo que por un tiempo, Megan, la mayor de las hijas de Sheena, estuvo pidiendo ver a sus abuelos, pero no sé nada de ellos, vivíamos en Dundee, tal vez estén ahí aun.
—En el hospital al que te llevaban… ¿Recuerdas cual era? ¿Recuerdas quién te sacaba la sangre?
—Recuerdo al doctor, siempre fue el mismo, entrabamos por la parte trasera del The Edimburg Clinic, y ella tocaba en su consultorio, él nos llevaba a un cuarto pequeño donde me sacaba la sangre y después me daba una cajita de jugo, recuerdo que las primeras veces tenía tanto miedo que no quería dejarme, pero al final él me daba una estampita de algún dibujo animado y me consolaba.
— ¿Sabes cuál era el nombre del doctor?
—No, eso no lo recuerdo, para mí siempre fue "El doctor"
—Regresando al tema de Sheena… ¿Te dijo cómo llegaste a ella?
—Solo me dijo que un hombre de cabello negro le ofreció dinero por cuidar de un bebé durante diez años, después de eso vería que hacer, pero cuando cumplí los diez, Sheena dijo que el hombre dijo que yo no le servía y que podía hacer conmigo lo que quisiera, pero que no seguiría recibiendo dinero.
— ¿Cómo llegaste con los señores Cullen?
—Estaba escapando de Sheena y sus hijas, recordé que en Liberton hay muchos árboles donde podía esconderme, así que corrí hasta ahí, me metí entre ellos y me escondí tras un arbusto, cuando estuve segura de que ya no podrían verme, corrí más, pero me herí con las ramas y no pude seguir corriendo, poco después el señor Cullen me encontró, me llevó a su casa porque le pedí que no me llevara a un hospital por miedo a que ella me encontrara.
—Y ¿Estas consiente de que ellos piensan que eres su hija?
—Lo sé, me contaron su historia. También me dijeron de la prueba de ADN.
—Escucha, generalmente le decimos a los menores cuando hay una situación similar a la tuya donde son apartados arbitrariamente de su lugar de origen sobre sus familias biológicas hasta que los resultados se confirman, para evitar que salgan perjudicados emocionalmente si resulta que no era su verdadera familia, en tu caso, lo sabes, y quiero trabajar contigo a partir del resultado.
— ¿Usted no cree que sea su hija?
—Mira, sé que te han mostrado pruebas de cómo era su hija y coinciden con tus rasgos, e indudablemente tienes un parecido con ellos, pero hay casos donde por mucha semejanza física, no son familia, te aconsejo que no te ilusiones con la idea, puede ser malo para ti en caso de que resulte negativo el ADN.
—Lo sé, para mí sería increíble que ellos fueran mis padres, en menos de veinticuatro horas me han tratado mejor que en toda mi vida, y me hacen sentir querida, pero por lo que realmente deseo ser su hija es por ellos, porque se ve que son personas buenas, y que han sufrido por la pérdida de su hija, no quiero que ahora que piensan que soy ella, las pruebas digan lo contrario y se desilusionen.
—Es lindo por tu parte que pienses así, pero no nos queda más que esperar. ¿Tienes alguna cosa que preguntar?
— ¿Qué… que ocurrirá conmigo mientras se resuelve… esto?
—Generalmente optamos por enviarte a una casa de acogida, pero en vista de la situación, dejaremos que te quedes con ellos en el tiempo en que se resuelve la prueba de ADN, después procederemos conforme al resultado.
— ¿Puedo venir a usted si… si tengo algo más que preguntar?
—Claro, generalmente estoy aquí de tres a cinco, el resto del tiempo estoy en mi consultorio —la doctora se levantó y buscó algo en su escritorio, luego volvió conmigo y me entregó una tarjeta — son los datos de mi consultorio y mi teléfono de consultas, puedes llamar o ir a esa dirección, y con gusto solucionaré tus dudas.
Después de aquella conversación, me enviaron con una oficial a tomar mis datos completos y los datos de Sheena y sus hijas. Carlisle y Esme estaban esperando por mi cuando terminé como lo prometió ella, ambos estaban abrazados y en cuanto me vieron, me extendieron los brazos para refugiarme en ellos. Yo les correspondí.
Aún tenía miedo del resultado, pero cuando estaba con ellos, sabía que fuera cual fuera el resultado, estarían ahí conmigo.
El capítulo es cortito, porque en el siguiente tendremos más cosas importantes, este solo era para que se den una idea de lo que puede pasar en la historia, advierto, esta cuestión a lo mucho quedará resuelta en dos o tres capítulos más, pues quiero que siga una línea similar a la que llevaba con la versión original del fic. Ya verán de qué hablo un poco más adelante.
Disculpen la demora, entre mis exámenes y las tormentas eléctricas que azotan el lugar donde vivo, a veces me es imposible cumplir los plazos que ya tenía previamente establecidos.
