Este capitulo es realmente largo.
6003 palabras para ser exactos. Espero que no les parezca eterno mientras lo leen... (suda frio)
Con Momonade estábamos hablando sobre las canciones que le vendrían a este fic (como para leerlo con algo de ambientación), y llegamos a la conclusión de que, entre varias otras, Re:Re de AKFG es realmente apropiada.
Sin mas que decir: ¡Espero que disfruten este capitulo!
Color Falso
Capitulo 6: Color error.
Escuchó el helicóptero antes de siquiera verlo. Karamatsu acomodó sus lentes de sol para poder buscar en el cielo despejado de otoño alguna señal de la máquina que hacía tal ruido, en cuanto la divisó su sonrisa se ensancho a más no poder.
Desde que Osomatsu y Choromatus habían partido de la mansión, no dejaba de esperar el momento en el que regresaran. Tal vez en un principio lo hacía con la intención de encarar a su hermano mayor y poder preguntarle el por qué lo había dejado en la mansión. –El por qué no lo había elegido a él. Pero solo bastaron las palabras que Jyushimatsu le dijo para que recordara su lugar en aquella familia.
Él, Karamatsu, era sin duda alguna la carta de triunfo de Osomatsu. Tal vez no era la posición más llamativa que realmente le gustaría tener, pero era el que contenía la mayor parte de la confianza del jefe de la familia, y eso por si solo ya bastaba para que su pecho de ensanchara de orgullo.
Estaba decidido a ignorar el rastro de descontento que aún se albergaba en alguna parte de su corazón cada vez que recordaba que él no el segundo al mando en la familia.
El helicóptero aterrizó en el techo de la mansión que estaba acondicionado para ello, y solo tuvo que esperar unos pocos minutos hasta que las hélices dejaran de girar y la puerta del mismo se abriera, dejándole ver la silueta de sus hermanos asomarse tras de ella. Apresuro sus pasos para poder ir a su encuentro, intentando contener la emoción de volver a ver aquellas figuras que, aunque algunos no lo quisieran reconocer –Como Ichimatsu y Todomatsu–, habían hecho notoria su ausencia en la mansión.
Recordó que en algún momento de su vida, Osomatsu le había comentado sobre lo incompleto que él se sentía cada vez que no estaba junto a sus hermanos. "Es como si no estuviera entero.", le dijo. Y, en esos momentos, Karamatsu no pudo estar más de acuerdo con aquella palabras del mayor.
"Bienvenidos de regreso. Osomatsu, Choromatsu." Les saludo en cuanto vio sus rostros.
Ambos le respondieron con un "Estoy de regreso" que dejaba dilucidar lo cansados que estaban.
"Karamachuuu~" El mayor prácticamente se dejó caer en los brazos de Karamatsu en cuanto toco el suelo. El segundo hijo, acostumbrado a su actuar impredecible, le recibió sin más. "Estoy cansado. Choromatsu es un demonio. No me dejó dormir más de cuatro horas al día."
"Buen trabajo, brother." Dijo con una sonrisa amable palmeando la espalda del mayor.
"No lo consientas, Karamatsunii-san."
Choromatsu por su parte intentaba de mantener su orgullo y caminar por sus propios medios, pero el mayor notaba que se hubiera dejado caer sobre el suelo si no fuera porque debía cuidar las apariencias y sus ropas.
"Gracias por tu arduo trabajo, Choromatsu." Karamatsu solo podía sonreír por volver a tener a ambos hermanos a su lado, por lo que sus respuestas resultaban repetitivas y con un tono de voz alegre.
"Osomatsunii-san solo se dedicó a beber y a disfrutar en las fiestas a las que nos invitaban. Yo soy quien tuvo que hacer todo el trabajo para que él fuera capaz de dormir en una cama todas las noches."
"Eran camas realmente cómodas." Admitió el mayor con una sonrisa. "Buen trabajo Choromatsu. Como se esperaba de mi mano derecha."
El segundo hijo ignoró el dolor por las palabras de su hermano mayor.
Contraria a la respuesta de disgusto que Karamatsu esperaba, Choromatsu se quedó en silencio por un segundo. Pudo apreciar como el rostro de su hermano menor se volvía uno de molestia contenida y daba media vuelta para encaminarse a la salida de la azotea, sin siquiera decir una sola palabra de queja, de contra argumentación, de algo.
"¿Choromatsu está molesto?"
Karamatsu formuló esa pregunta sin mucho cuidado, más que nada poniendo sus pensamientos en preguntas. Miró a Osomatsu aun en sus brazos, encontrándose con el hecho de que el rostro contrario también lucía un inusual semblante serio, con la vista fija en la espalda del tercer Matsuno.
"No lo sé." Exclamo Osomatsu, volviendo a sostenerse en sus propios pies y encaminándose por igual a la salida.
Pero Karamatsu sabía que eso no podía ser posible.
No había forma de que él supiera si algo le había pasado a Choromatsu, pero sabía que Osomatsu siempre estaba al tanto de ellos. Por lo que, si alguien podía tener una respuesta sobre el extraño estado de ánimo del tercer hermano, ese definitivamente debía ser el mayor de los Matsuno.
Tal vez Karamatsu no podía entender a todos sus hermanos como lo hacía el contrario, pero él definitivamente entendía a Osomatsu más que cualquiera otro –al menos así le gustaba pensar–. Y, si este negaba que algo hubiera ocurrido, quería decir que se trataba de algo realmente serio.
Karamatsu sacudió su cabeza de un lado a otro en un movimiento lento, decidido a dejar de lado su preocupación pues entendía que, aunque quisiera preguntar qué ocurría, hacer hablar a Osomatsu iba a ser una tarea prácticamente imposible; y que Choromatsu hablara solo iba a ser problemático y poco confiable –El menor solía divagar y dramatizar en sus respuestas cuando estas eran muy importantes.
De momento prefería centrarse en que al fin sus hermanos estaban de regreso.
Solo eso importa. Se convenció a sí mismo.
Una de las dos puertas que daban la entrada al estudio se abrió, permitiendo que Ichimatsu viera a sus tres hermanos mayores tras de ella.
"Estamos de regreso~"
La voz cansada de Osomatsu floto en sus oídos sin perder aquel tono alegre y despreocupado que le caracterizaba, logrando que una leve silueta de sonrisa se asomara en los labios del cuarto Matsuno.
Jyushimatsu saltó, dejando su lugar junto a Ichimatsu en el sillón tan animosamente que hizo caer el bate de béisbol que reposaba junto al mueble, y corrió al encuentro con sus hermanos saludándolos con su inagotable alegría. Osomatsu acaricio la cabeza de Jyushimatsu con una sonrisa de lado en respuesta.
"Estamos de regreso." Choromatsu fue más tranquilo en su saludo en comparación al quinto hermano, pero igual de cansado que el mayor.
"Bienvenidos de regreso." Ichimatsu y Todomatsu solo saludaron desde sus lugares.
Karamatsu entró último a la habitación, e Ichimatsu prácticamente podía ver como nacía una cola desde el trasero de su hermano, la cual se movía a cada palabra que pronunciaba respecto al trabajo que estuvieron haciendo en la ausencia del jefe y su mano derecha.
"Yo and my brothers,nos encargamos de todo el trabajo. Por lo que ustedes simplemente pueden descansar el día de hoy."
No era que fuera algo que otros pudieran notaran a simple vista, pero a él se le hacía especialmente fácil ver la felicidad que salía de los poros del segundo hijo. Resultaba realmente algo desagradable de presenciar.
"¿Cómo les fue en su viaje?" Todomatsu apartó su mirada del teléfono para poder hablar. "Seguramente fueron a muchas fiestas ¿verdad?"
Todomatsu, luego de haber prácticamente llorado toda el agua que podía almacenar el cuerpo humano, había logrado recomponerse de la muerte de Atsuhi. Fue un golpe para él cuando Karamatsu le contó donde había ido a parar el brazo de su amigo, pero a la vez aquello sirvió como impulso para que se comprometiera aún más con la búsqueda del asesino.
"Fuimos a un montón." Dijo Osomatsu, encaminándose a su escritorio. En su camino pasó junto a Ichimatsu, desordenando aún más los cabellos de este con algo de brusquedad.
Solo aquel gesto basto para que el menor volviera a sonreír para sus adentros, sintiendo el cariño de su hermano. Eran esos pequeños actos los que le hacían entender a Ichimatsu de que él era querido por aquellas personas que resultaban ser sus hermanos, o al menos por el mayor de los Matsuno.
"Pero básicamente todas fueron reuniones aburridas disfrazadas de fiestas." Prosiguió el jefe, dejándose caer en su silla con un bufido de cansancio.
No fue hasta que vio a Osomatsu en aquella silla que Ichimatsu entendió que había extrañado a su hermano mayor. Realmente sentía como si algo hubiera faltado en el tiempo que no estuvieron aquellas dos personas en su rango de visión, pero no lo notó hasta que regresaron.
"¿Solo eso hicieron?" Todomatsu se quejó respecto a la pobre historia de su viaje. "Al menos fueron a comer, o a caminar ¿no?"
"Bueno…" Osomatsu miro al techo de su oficina, pensando una respuesta. "En un momento de tiempo libre, salimos a caminar por los alrededores de donde estábamos y encontramos un carro de oden como el de Chibita." Regreso la vista sobre su hermano menor, con una nueva sonrisa en los labios. "Definitivamente el oden de Chibita es el mejor."
"Ahora que lo mencionas, deberíamos ir a verle uno de estos días." Karamatsu habló, tomando asiento junto a Todomatsu. "Fui a verle hace dos días y se quejó de nuestra ingratitud."
"No se puede hacer mucho por ello." Choromatsu se sentó junto a Ichimatsu, permitiendo que el menor notara las bolsas bajo sus ojos. "Todo ha estado caótico aquí, y este viaje era algo que teníamos que hacer obligatoriamente desde que Osomatsunii-san es el nuevo jefe."
Choromatsu soltó un poco el nudo de su corbata, pasando a desabotonar el primer botón de su camisa, todo acompañado por un suspiro lleno de cansancio. Ichimatsu no pudo evitar preguntarse cuantas horas de sueño pudo obtener el mayor en toda aquella travesía. –Si Osomatsu se veía cansado, la mano derecha del jefe parecía como si hubiera tenido que mantenerse despierto corriendo una maratón en esos cuatro días que no se vieron.
"Choromatsunii-san." Ichimatsu se sorprendió a si mismo hablando, impulsado por la preocupación. "Deberías ir a dormir. Tienes ojeras que parecen las de un panda."
"Es verdad." Todomatsu le apoyo desde el otro lado de la mesa de té. "Chomatsunii-san y Osomatsunii-san deberían ir a dormir. Karamatsunii-san ya les dijo que todo estaba terminado aquí, por lo que no necesitan preocuparse por ello."
"Como si pudiera hacer eso." El mayor les miró con el entrecejo fruncido, como si las solas palabras de sus hermanos insinuando su cansancio hubieran bastado para ofenderlo. "Aún tengo que arreglar toda la información que conseguimos en este viaje, los tratos que cerramos y, además, revisar lo que ustedes hicieron."
"¡Eres un trabajólico, Choromatsunii-san!" Se quejó el menor de los seis.
Jyushimatsu se sentó junto al nombrado, dejando caer el cuerpo en el sillón. El solo acto hizo que tanto Choromatsu como Ichimatsu se movieran por inercia para darle espacio, haciendo que este último quedara aprisionado entre su hermano mayor y el brazo del sillón.
"Ve a dormir. Ve a dormir." Dijo alegre el menor.
"Ya dije que no pue-"
"Está bien." Osomatsu le interrumpió. "Deberías ir, Choromatsu. Después de todo, no has tenido mucho tiempo para descansar. Anoche fuimos a dormir tarde y hoy nos levantamos temprano."
"Pero-"
"Si estás muy cansado, todo lo que harás será cometer errores." Prosiguió el mayor. "No deberías sobre esforzarte tanto. Al menos escucha lo que tu hermano mayor tiene para aconsejarte."
Las palabras de su hermano eran relajadas y certeras, y las decía con su cabeza apoyada sobre su mano derecha usando el escritorio como soporte, como siempre. Pero, aunque aquella visión era la usual para Ichimatsu, algo en el ambiente le hacía sentir una extraña incomodidad, como si las palabras del mayor ocultaran algo detrás de una simple recomendación.
Tal vez lo que le hacía sentir aquella molesta sensación eran los ojos de Osomatsu totalmente fijos en Choromatsu, quien extrañamente había guardado silencio. Eso y el hecho de que Osomatsu hubiera dicho hermano mayor en vez de su usual 'onii-chan' –Su palabra predilecta para apelar al cariño de sus hermanos menores.
Es como si remarcara su posición ante nosotros. Fue lo que Ichimatsu pensó, en una idea que nació de repente en su cabeza. Y aunque no sabía porque creía aquello, imagino que esa era la razón detrás de todo.
"De acuerdo." Choromatsu hablo luego de unos segundos que parecieron horas para Ichimatsu, corriendo la vista de la del mayor.
La habitación se había quedado extrañamente en silencio durante todo ese tiempo, como si todos los presentes hubieran sentido la tensión en su piel.
"Supongo que iré a dormir." El tercer hermano le comunicó al resto su decisión, levantándose con pesadez del sillón.
"Que duermas bien." Osomatsu le respondió al instante, moviendo su mano en señal de despedida.
Pero, antes de que el resto pudiera desearle un agradable sueño a la mano derecha de la familia, Ichimatsu vio como Choromatsu comenzaba a caer de espalda luego de dar su primer paso.
No es que el cuarto hijo de los Matsuno fuera la persona más rápida del mundo, pero al menos podía presumir entre sus hermanos que sus reacciones resultaban ser las más veloces y certeras, iguales a las de un gato. Por lo que, no era de asombrarse que Ichimatsu extendiera sus manos intentando evitar que Choromatsu cayera contra el suelo del estudio. Lastimosamente, la velocidad no es de mucha ayuda en esas situaciones si no se tiene la fuerza necesaria para evitar la caída.
Choromatsu fue como un peso muerto cayendo sobre su delgado brazo derecho, obligando a que su cuerpo se inclinara para poder seguir la inercia del movimiento. Ichimatsu sintió a su hermano agarrar sus ropas –quien sabe qué parte–, haciendo lo propio por evitar caer; él solo atinó a afirmar la camisa de Choromatsu con su mano izquierda en un nuevo intento por eludir lo que vendría; Ichimatsu cerró los ojos fuertemente ante la idea del dolor que sentiría su brazo derecho siendo aplastado por el mayor.
Escucho los gritos de sus hermanos advirtiendo lo que ocurriría –para su vergüenza, el también dejó escapas un sonido extraño–, y esperó con resignación el ruido del impacto y el dolor de chocar contra otro cuerpo.
Pero para su sorpresa no ocurrió, y solo pudo sentir como algo le detenía de un tirón en el aire.
Abrió los ojos y se encontró con la escena de Choromatsu efectivamente en el suelo. Sus ojos estaban cerrados igual que los de él hace unos momentos, pero su hermano si se estaba quejando por el dolor, pues el débil agarre de Ichimatsu en su ropa no evito que se encontrará con la alfombra que cubría el piso.
Ichimatsu miró sobre su hombro derecho y pudo ver la sonrisa de Jyushimatsu y su mano fuertemente agarrada en sus ropas, sosteniéndole en el aire.
El quinto hijo de los Matsuno si tenía la fuerza para evitar que él callera.
"¿Están bien, Ichimatsunii-san, Chromatsunii-san?" Preguntó con inocencia.
"Mmm" Asintió. "Estoy bien. Gracias, Jyushimatsu."
Ichimatsu le contesto con aparente, aparente, tranquilidad, pero la realidad es que aún le latía el corazón por el susto. Jyushimatsu soltó su agarre en cuanto escucho esas palabras, dejando que Ichimatsu quedará sobre Choromatsu.
"¡Como si fuera a estar bien!" El mayor no tardó en quejarse. "Esto duele, demonios. ¡No dejes tu bate de béisbol en el suelo, Jyushimatsu!"
"Lo siento, Choromatsunii-san." La sonrisa en los labios del menor no ayudaba a saber si realmente se estaba disculpando o burlando. "Se debe haber caído cuando me levanté a saludarlos."
"Debes tener más cuidado, my Jyushimatsu." Karamatsu le dijo con una sonrisa, con el cuerpo a medio camino de levantarse. Seguramente había quedado en aquella posición al reaccionar a la caída de sus hermanos.
"Bueno, también en parte es culpa de Choromatsunii-san por no ver donde pone los pies." Acotó Todomatsu.
Osomatsu se rio desde el escritorio.
"Tal vez es la falta de sueño la que te hace aún más idiota, Choromatsu-kun." Ichimatsu prefirió fingir que no había escuchado gritar al mayor cuando ellos caían, permitiéndole actuar como el despreocupado que era.
Choromatsu gruñó por lo bajo, e Ichimatsu se dedicó a ver al culpable aquella caída; En efecto, el bate de béisbol de Jyushimatsu se encontraba a unos centímetros del pie de su hermano mayor, casi burlándose por la idiotez de este por pisarlo.
"Ichimatsu, ya levántate de una vez. No te pienses que me quedaré todo el día aquí en el suelo."
La voz de Choromatsu lo trajo de regreso a la realidad, obligándole a girar la cabeza para verle. "Tal vez lo del bate fue una señal y deberías dormir aquí, Choromatsunii-san." Se burló, escuchando con tranquilidad los reclamos contrarios.
En el momento en que su cuerpo hizo el ademan de levantarse, noto que aún mantenía entre su puño izquierdo el cuello de la camisa contraria. Tiró de la prenda en un leve movimiento involuntario, descubriendo parte de lo que ocultaba la tela.
"Choromatsunii-san… ¿Eso es una marca de beso?"
Pregunto sin más. Demasiado curioso por la respuesta, y demasiado malévolo como para ser cuidadoso con el hecho de que sus otros hermanos los estaban rodeando.
Ahí, justo en la unión del cuello y el hombro de su hermano mayor, se encontraba una marca rojiza que resaltaba descaradamente sobre la pálida piel ajena. Aunque llamarla una marca de beso era amable, pues en verdad la marca prácticamente era la de una herida apenas en recuperación.
"Choromatsunii-san… ¿Eso es una marca de beso?"
Las palabras de Ichimatsu cayeron sobre Choromatsu como si se trataran de un balde azua fría.
Su cuerpo se congelo en una fracción de segundo, al igual que su respiración. Toda su mente se volvió negra, y por un momento no sabía que estaba ocurriendo ni que era lo que le estaba preguntando aquella persona sobre él.
Una marca de beso. ¿Acaso él tenía algo así? Oh, sí que lo tenía, y sabía claramente cuándo y quién se la había hecho.
Se mordió su labio inferior evitando el impulso por alzar la vista y buscar los ojos de Osomatsu. No podía dejar que sus hermanos se enteraran de lo que había ocurrido entre él y el mayor.
"¡¿Qué?!"
Todomatsu hablo, demasiado asombrado para su gusto, inclinándose sobre la mesa de té para poder ver desde ahí a Choromatsu que aún estaba en el suelo bajo Ichimatsu. Karamatsu hizo lo mismo por su parte, igual de asombrado pero si emitir ruido alguno.
"¡Es verdad!" Prosiguió el menor, y Choromatsu lo maldijo en sus adentros por ser tan innecesariamente ruidoso con esos temas. "Que fea marca. Más bien parece una mordedura."
¡¿No deberías estar llorando en alguna esquina por tu 'amigo', Totty?! Pensó. Porque claro, él no era tan idiota como para no haber notado que Atsushi no era solo un amigo del menor.
Pero rápidamente se arrepintió de haber pensado aquello, pues en verdad no le gustaba que su hermano llorara.
"¡Choromatsunii-san tiene una marca de beso!" Jyushimatsu grito animadamente, aún más fuerte que Todomatsu.
"No, realmente es una mordedura, Jyushimatsunii-san." Todomatsu le corrigió, divertido.
"¡Una mordedura de beso!"
"¡Po-por supuesto que no!" Gritó al igual que sus hermanos, porque por alguna razón creía que alzando la voz iba a desaparecer la inseguridad que le invadía. "Claro que no es una marca de beso, y mucho menos una mordedura, idiotas."
Prácticamente saltó del suelo, sacándose a Ichimatsu de encima en un movimiento demasiado fluido para tratarse de él –el pánico hacia milagros con su motricidad.
"E-es una picadura de mosquito." Prosiguió con su excusa, atrapando con su mano su camisa y cubriendo la picadura. "Habían muchos de ellos anoche."
"Oh, vamos, Choromatsunii-san."Se notaba en su rostro que no le había creído. "No somos idiotas. Ningún mosquito puede hacer eso."
¡Maldición, Todomatsu!
"¡Te digo que fue un mosquito!" Insistió, intentando parecer firme en sus palabras. "Además, no tengo porque estar discutiendo estas cosas con ustedes. No es de su incumbencia." Dicho aquello encamino sus pasos hacía la salida, aun con su mano firmemente sobre su camisa evitando que esta volviera a dejar al descubierto sus secretos.
"No seas malo." Todomatsu definitivamente quería insistir con el tema. "Somos tus hermanos, después de todo. Puedes contarnos de tus aventuras en el viaje, Choromatsunii-san."
"Las aventuras en los hoteles del amor de Choromatsunii-san" Los dichos de Jyushimatsu hicieron que Todomatsu se riera con descaro.
Choromatsu por su parte les ignoro, o al menos fingió que lo hacía. Abrió la puerta del estudio con brusquedad y salió de la habitación, cerrándola con un portazo que resonó en el pasillo donde había terminado. Emprendió su viaje hasta su cuarto.
Estaba seguro que sus hermanos ahora mismo estarían hablando de su exagerada reacción, pero no le importaba. No estaba en un estado en el que él mismo pudiera entablar una conversación donde no dejara al descubierto lo ocurrido tras esa marca en su cuello.
Y tampoco quería pensar en ello.
No quería pensar en nada de lo que había ocurrido la noche anterior, y por ende recordar.
No quería recordar los dulces labios de Osomatsu en los propios, lo profunda que sonaba su voz en sus oídos, las frías manos ajenas que incursionaban por su cuerpo…
No quería recordar a Osomatsu.
En sus sueños más ocultos y culposos, Choromatsu siempre se preguntó el cómo sería besar a Osomatsu. Se imaginaba que el mayor sería algo apresurado, desesperado por poder unir sus labios –y él no se negaría aunque fingiera molestia–, pero aun así serian dulces y suaves, cuidadosos en el contacto; Choromatsu podría sentir el amor derritiéndose en su boca cada vez que tocara los labios de Osomatsu con los propios. Y él devolvería el gesto, inseguro por su indudable inexperiencia, pero aun así daría lo mejor de sí por sentir aún más del contrario.
Ahora, estando en una habitación y cama desconocidas, a oscuras y con el mayor sobre él devorando su boca, podía decir que la dulzura existía. Choromatsu definitivamente sentía que los labios de Osomatsu eran miel.
Pero también entendía que las fantasías eran sueños imposibles de cumplir. Y, aunque Osomatsu se movía de forma apresurada tal como lo imagino, no podía encontrar aprecio o cariño en sus acciones. No había amor en sus caricias.
"Osomatsunii-san…" Suspiro su nombre en cuanto sintió el aliento ajeno chocar con la piel de su cuello, evitando pensar en cosas innecesarias.
En un momento, cuando había alejado a su hermano de él, nuevamente impulsado por la culpa de lo que estaban haciendo, Osomatsu aprisiono sus muñecas con una de sus manos, dejándola por sobre su cabeza para que no osara volver a interferir.
No le agradaba aquello. No le gustaba el no ser capaz de moverse a voluntad, pero él sabía que perdonaba aquellas acciones solo por el hecho de que Osomatsu era quien lo estaba haciendo.
Aunque se seguía lamentando no poder tocar al mayor a gusto y saciar sus propios deseos.
Cerró los ojos, sintiendo la mano libre de su hermano deslizarse por la piel de su toroso totalmente expuesto, logrando que sus músculos se tensaran donde fuera que tocara. Sus manos aún estaban heladas, como si no pudieran calentarse aun cuando estaban en contacto con la piel ardiente de Choromatsu.
Escuchó el sonido de su cinturón desatándose.
Y fue como si despertar de una ilusión.
"¡E-espera, Osomatsunii-san!" Volvió a moverse, alterado por lo que estaba por pasar.
Realmente no estaba seguro de querer seguir con aquello.
"No pelees, Choromatsu-kun." Le susurro sobre la piel. "Onii-chan te hará sentir bien."
La voz de Osomatsu le sonó fría, igual de fría que sus manos que ahora se aventuraban bajo su pantalón, tocando con descaro la tela de su ropa interior que cubría su miembro.
"Osomatsunii-san, detente un momento, por favor." Le pidió.
"Tranquilo." Le respondió con la misma voz fría.
Sus labios volvieron a juntarse, y esta vez fue aún más brusco que las veces anteriores. La lengua del mayor entró con fuerza en su boca y el no pudo más que cerrar los ojos centrándose en respirar, pues Osomatsu no le había dado tiempo para ello. Sus ojos comenzaban a arder, sin entender si era por la falta de oxígeno o el extraño sentimiento de miedo que se estaba colando en sus pensamientos.
"Osomatsunii-san…"El nombrado se detuvo por un segundo y levantó la vista para poder encontrarse con la del menor.
La habitación estaba oscura, y solo era iluminada por la luz del exterior que se filtraba por la gran ventana que había, pero Choromatsu vio con claridad cómo su hermano le sonreía de lado, como siempre. Pero a diferencia de siempre, esta vez no pudo sentir tranquilidad. En su lugar sintió un escalofrió recorrer su espalda.
Los ojos del mayor lo estaban viendo, pero no le miraban. No, ellos estaban perdidos en alguna parte, muy, muy lejos de ahí. En algún lugar que obligaba a Osomatsu a colocar una expresión afligida, como si estuviera haciendo algo desagradable para él.
Y Choromatsu sintió como si su corazón se rompiera en millones de pedazos.
El mayor volvió a su cuello, abriendo la boca y mordiendo la piel contraria Choromatsu prácticamente juró que había escuchado su piel ceder y ser atravesada por los dientes de su hermano.
"¡Osomatsunii-san!" Gritó. Gritó por el dolor, gritó por el miedo y gritó por la angustia que ahora se había alojado en su pecho.
Osomatsu se apartó de él de un golpe tras escucharle, soltando sus muñecas y sentándose en el otro extremo de la cama en un movimiento rápido y alterado. El mayor se quedó ahí, apartado de él, congelado.
Choromatsu se sentó y vio de nuevo el rostro de su hermano, iluminado solo por la luz que se filtraba por la ventana. Ya no había rastro de la expresión afligida que había visto hace solo unos segundos. En cambio, ahora Osomatsu le veía como si Choromatsu se tratara de la peor película de terror que hubiera visto en su vida. Como si el menor fuera su miedo más grande en ese mundo.
El menor estiró la mano para buscar la contraria "Osomatsunii-"
"Lo siento." Le interrumpió, obligándole a detenerse en medio de su acción.
El mayor le dijo aquello, con el rostro totalmente deformado por la culpa, y Choromatsu pensó que nunca le había resultado tan fácil y a la vez tan doloroso entender los pensamientos de su hermano a través de sus expresiones.
"Lo siento. No debí haber eso." Volvió a disculparse. Choromatsu no sabía si quería golpearlo, abrazarlo o salir corriendo de aquel lugar. "No debí haber hecho eso. Lo siento. Por favor has como si nunca hubiera pasado."
Lo puños de Osomatsu estaban apretados, al igual que su mandíbula, algo que obligaba a que sus palabras salieran con dificultad de sus labios, las cuales sonaban pesadas en los oídos de Choromatsu.
"Esto fue un error."
Termino por decir. Y Choromatsu sintió que por segunda vez en esa noche su corazón se rompía.
Osomatsu abandono la habitación rápidamente, olvidando que hace solo unos momentos estaba tan ebrio que tuvo que ser arrastrado hasta ahí.
Y Choromatsu se quedó ahí, sentado en una habitación y en una cama desconocidas, en la oscuridad, llorando porque su cuello dolía y la boca le sabía a miel.
"¡Choromatsu!"
La voz de Karamatsu fue inesperada, y le costó unos segundo entender que el mayor había ido tras de él luego de que abandono el estudio, encontrándole justo antes de que entrara a su habitación.
"¿Karamatsunii-san?"
¿Por qué estaba Karamatsu ahí?
¿Por qué no vino Osomatsunii-san tras de mí?
"¿Qué necesitas?" Choromatsu tuvo que utilizar todas sus habilidades para que la decepción no se colara por sus palabras. "Ahora mismo me voy a ir a dormir, por lo que no tengo ánimos de hablar."
No quería ser cortante –si lo quería–, pero realmente no tenía las energías para entrabar una charla con el más idiota de sus hermanos.
"Si, no te preocupes. Entiendo que debes estar cansado por el viaje." Karamatsu le sonrió comprensivo, y casi se sintió culpable por pensar que era un idiota. "Pero necesito preguntarte algo antes."
"¿Qué cosa?"
Hubo un prolongado silencio luego de que hablara. Los segundos pasaron lentos, demasiado lentos. El rostro de Karamatsu parecía el de alguien que estaba teniendo una épica batalla interna, por lo que el menor tuvo la decencia de no interrumpirle y exigirle que se apresurara. Choromatsu suspiro, cambiando el peso de su cuerpo a su otra pierna, en la espera de que su hermano se dignara a hablar.
"Esa marca de beso…"
Ah, no sabía porque había creído que el tema a tratar iba a ser otro. Iluso de su parte. Karamatsu podía ser igual o más entrometido que sus hermanos menores si se lo proponía, siempre con la cubierta de 'hermano mayor preocupado'.
"Esa mordedura, es culpa de Osomatsu ¿verdad?"
Choromatsu sintió que le caía un segundo balde agua fría en menos de media hora, volviendo a dejarle todos los músculos estáticos, congelados por el sudor frio que comenzaba a aparecer en su espalda. La respiración nuevamente detenida gracias al rostro serio que el mayor le dedicaba.
"¿Co-como puedes decir eso?" Le cuestiono, intentando que su rostro no se deformara por el miedo, sin éxito. Por inercia llevo su mano al cuello de su camisa, intentando cubrir la marca de cualquier mirada indiscreta. "Somos hermanos ¿sabes? No digas idioteces, Karamatsunii-san."
"Sé lo que somos." Choromatsu pudo sentir como el contrario mordía las palabras que el mismo decía, como si realmente no quisiera pronunciarlas. "Sé lo que somos pero…pero aun así…"
No termino lo que estaba diciendo, optando por apartar su mirada con impotencia, evitando que Choromatsu le viera a los ojos, algo que el menor agradeció pues él también deseaba no ser visto.
"¿Tu y Osomatsu lo hicieron?" La vista aún lejos de la del menor, los dientes apretados.
Choromatsu nunca había deseado tanto no comprender lo que quería decir su hermano. Por un segundo quiso imaginar que Karamatsu le hablaba en una lengua desconocida para él.
"¿Tu y Osomatsu se acostaron?" Reformuló su pregunta, esta vez mirándole, tal vez creyendo que él no le había entendido. Pero Choromatsu estaba lejos de no entender, para su mala suerte.
El menor estaba avergonzado. Avergonzado por lo que estaba pasando, por lo que le estaban preguntando y por lo que su cabeza insistía en recordar de la noche anterior, obligándose a desviar la mirada y fijándola en el suelo.
No hubo sonrojo en sus mejilla, porque la vergüenza que sentía no era simple, era una vergüenza que le estaba carcomiendo por dentro.
"¡Choromatsu!" Karamatsu le hablo, con el tono de voz notoriamente alterado. Le tomó de los hombros, enterrando sus dedos en la ropa del menor. "Por favor, necesito que me respondas."
Giró la vista para encontrarse con los ojos de Karamatsu cuando este apretó el agarre sobre sus hombros. Separo sus labios para poder hablar, pero su voz no lograba salir. No podía hablar. No quería hablar.
No quería admitir que él había sido un error.
Cerró los ojos, diciéndose a sí mismo que estaba cansado de todo.
Volvió a abrirlos y terminó por sonreír, imitando la expresión afligida que Osomatsu le había dedicado antes de llamarle un error.
Se preguntó si así se había sentido el mayor cuando le vio de aquella forma.
"¡Demonios…!" Karamatsu maldijo, para sorpresa del menor, desviando la vista nuevamente. Él estaba acostumbrado a verle actuar genial y tranquilo.
Karamatsu volvió a mirarle luego de unos segundos, aun con sus manos sobre los hombros del menor, esta vez con el ceño aún más fruncido y los músculos de su rostro rígidos.
"Elígeme a mí, Choromatsu."
"¿Qué?"
No pudo evitar preguntar, seguramente con la expresión más idiota que se podía lograr en ese momento. Realmente no esperaba aquello.
"Te digo que me elijas a mí por sobre Osomatsu." Karamatsu hablo de nuevo, apretando aún más su agarre sobre él, tanto que ya comenzaba a doler.
"¿De qué demonios hablas? Somos hermanos, Karamatsu-niisan. ¡Hermanos!"
"¡Ya lo sé!" Le dijo alterado, nuevamente asombrado a Choromatsu. "Pero eso no importa. No me importa. Elíjeme a mí, Choromatsu. Deja a Osomatsu y elíjeme a mí."
Choromatsu estaba a punto de protestar, de enviar a su hermano al demonio y volver a sumergirse en sus pensamientos lastimeros; a compadecerse de su miserable vida. Pero antes de que pudiera siquiera decir una sola palabra, Karamatsu le abrazo.
"Elíjeme a mí." Repitió. "No te digo que olvides a Osomatsu enseguida. Puedes pensar en él mientras me usas como reemplazo. Pero, por favor, elíjeme a mí. Yo sé que con el tiempo lo olvidaras."
El menor no pudo evitar abrir sus ojos a más no poder ante las palabras de su hermano, aun aprisionado en sus brazos, sin fuerzas para apartarlo.
Se preguntaba que había entendido Karamatsu con su silencio para hacerle decir aquello, y a la vez sentía un nudo en su garganta al escuchar aquellas palabras tan lastimeras por su parte.
¿Acaso Karamatsu le quería?
Sí, claro que le quería. Pero no sabía si le quería como hermano o de la misma forma en que Choromatsu quería a Osomatsu.
"Qué cosas más dolorosas dices, Karamatsunii-san" Susurro junto al oído de su hermano.
Quería rechazar aquella oferta, decir que era imposible. Pero, contra sus propios pensamientos racionales, su cuerpo se movió por voluntad propia, alzando sus brazos para poder corresponder el abrazo contrario.
Sintió el perfume ajeno en cuanto hundió su rostro en el hombro de Karamatsu, robando su calor notoriamente más alto a través de las ropas. Choromatsu volvió a cerrar los ojos, ahora inundado por la presencia del segundo hijo. No recordaba haber estado tan cerca de él como lo estaban ahora, pero no resultaba desagradable.
De alguna forma, le recordaba a Osomatsu.
Se apartaron, solo un poco, lo suficiente para poder verse directamente a los ojos gracias a las alturas iguales.
Choromatsu era incapaz de entender los pensamientos de su hermano, por lo que no lograba descifrar que era lo que pretendía. Pero eso estaba bien, él ya tenía suficientemente con los propios, los cuales le gritaban que aquello era el peor camino que podía tomar; Que apartara a su hermano y se alejara del sufrimiento.
Suspiró resignado.
Ambos se acercaron con lentitud, y sus labios terminaron por encontrarse.
Se besaron, apretando sus brazos alrededor del contrario para poder acercarse aún más. El acto fue lento, con temor, con duda en cada centímetro de su piel; pero a cada segundo la confianza que ganaban era mayor a los miedos. Ya no había vuelta atrás como para darse el lujo de arrepentirse y lamentarse de nuevo.
Se separaron de nuevo, cortando su beso por un segundo para poder buscar aire. Fingieron vergüenza aparatando la vista; retomando la acción, con aun más ansias.
Se sentía como si ambos hubieran estado reteniendo el mismo anhelo por tanto tiempo que simplemente este acababa de explotar en sus labios en forma de deseo por el contrario. Pero Chromatsu se recordó que aquello era imposible, pues el sentimiento no era mismo.
Él anhelaba a Osomatsu.
La mano de Choromatsu busco tras de sí la perilla de la puerta que daba a su cuarto, abriéndola. Al parecer Karamatsu había entendido el mensaje, pues encamino sus pasos dentro de la habitación aun sosteniendo al menor entre sus brazos, sin detener su lengua que ahora exploraba en la boca del menor.
No había tiempo para pensar si aquello era lo correcto o no. Choromatsu ya estaba cansado de esperar, razonar y pensar. Había perseguido a Osomatsu por demasiados años y se había negado a él por la misma cantidad de tiempo, pero cuando al fin pudo tenerle fue llamado un error.
Ya era tarde para Choromatsu, él ya había probado la dulzura de los labios de Osomatsu, y para ello no había vuelta atrás, tal como había temido.
Pero entonces, ahí estaba Karamatsu, ofreciéndose a sobre escribir todo lo que él amaba y a impregnarlo con sus colores.
Sorprendentemente, Choromatsu notó que los labios de Karamatsu eran dulces, igual que los de Osomatsu. Y aunque no sabían a miel, si tenían un extraño y agradable sabor a algo que no lograba descifrar.
Cuando la puerta de su cuarto se cerró, Choromatsu intentó convencerse de que la miel no era tan deliciosa después de todo.
¿Qué puedo decir? ¡Animo Chorizo! (?)
Como siempre, muuuuuchas gracias a Momonade por ser la beta reader. Esta vez me ha hecho muy feliz saber que te a gustado tanto el capitulo 3
Y claro, gracias a todos los que han comentado hasta ahora. Ustedes no saben lo feliz que me hace leer lo que opinan de este fic. Me alegra les guste lo que estoy haciendo.
¡Realmente espero no decepcionarlos!
Nos vemos en el próximo capitulo, con mas angs lol.
