Disclaimer | Nope, Shingeki no Kyojin no es mío. Es total propiedad de Isayama Hajime.
Advertencias | Universo alterno al canon original, emparejamientos crack y OOC. Puede incluir contenido que resulte ofensivo, menciones de incesto, indirectas o chistes de adultos y constante uso de lenguaje vulgar y coloquial. Continuas referencias a la cultura popular, frases o palabras extranjeras. Ligero crossover con el anime Hetalia.
Emparejamientos | Male!Ymir x Sasha, Armin x Historia, Bertholdt x Fem!Eren, Reiner x Annie, Levi x Hanji, Auruo x Petra, Jean x Sasha, Jean x Fem!Eren, Levi x Petra… entre otras menciones menores.
Si no estás a gusto con ello, mejor no leas y todos felices. Ya estás avisado :3.
Ecuación de la Suerte
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Capítulo 6 • Puentes de hidrógeno
Para MakiMinnion, mi gemela perdida, en sus dulces dieciséis.
¡Feliz cumple, twin :3!
—Entonces, ¿cuál es el siguiente paso? —indagó Sasha acercándose al muchacho moreno, quien estaba recostado de una columna de la pared saboreando vigorosamente una paleta.
Ayer le había hecho esa misma pregunta, pero en sus ojos felinos solo se dibujó la picardía y la dejó con la duda para irse a clases. Sasha lo estuvo buscando el resto del día por todas partes, pero no lo encontró sino hasta la hora en la que las prácticas de fútbol iniciaron.
Solo por compromiso con su trabajo temporal en el restaurante —el cual ahora ejercía todas las tardes para poder pagarle a Ymir—, no pudo quedarse para encararlo. Pero si lo hubiera hecho, quizás la habría puesto a hablar con Jean en ese instante. En partes agradecía haberse tenido que ir; abordar tan pronto a Jean la ponía nerviosa, aunque se suponía que para eso estaba Ymir, para ayudarla.
Sacó de su boca la golosina, haciéndola girar despreocupadamente entre sus dedos.
—Vale, niña. Que sepas que lo de ayer fue solo el primer paso para que Jean se diera cuenta de tu existencia.
Sasha enarcó una ceja y entrecerró los ojos.
—Oh vaya, gracias —convino sarcásticamente.
—No me veas así, estudias acá desde hace pocos años y él ni siquiera debió saber eso.
—¿Y tú cómo sabes?
Ymir sonrió, lamiendo su paleta.
—Me dijo Bertholdt.
Vaya, ojalá Berth chismeara sobre ella con Jean en vez de hacerlo con Ymir. Sería todo mucho más fácil.
—Ahora debes captar su atención, ¿entiendes?
Sasha frunció el ceño. Ya ni sabía hasta qué punto debía entender algo de lo que Ymir decía.
—¿Y cómo así? ¿Le hablo?
—No, aún no estás preparada para hablarle
—Mmm… —Sasha sonrió sarcástica—, creo que ya me estás conociendo bien.
—Mira —inició, dándole otro bocado a su paleta—, ayer durante el recreo me encargué de inscribirte en la audición para el equipo de porristas.
Sasha abrió los ojos como platos.
—¡¿Que tú qué?! —estalló arrancándole de la mano la paleta—. ¿Te has vuelto loco? ¡No voy a ser porrista!
—Nadie ha dicho que lo serás, niña.
—¡No soy niña, cazzo*!
—Ow, poverina*. La ragazza no quiere participar —se burló imitando un mal acento italiano.
—¡Tú que vas a decir, pendejo…! —Sasha se mordió la lengua intentando mofarse igualmente de la procedencia de Ymir. Trost era cuna de múltiples culturas y gente de todo el mundo—. ¿Se puede saber de dónde diablos vienes tú?
—Suecia, niña. Si hubieras estudiado Geografía Universal sabrías dónde queda.
—¡Como si no lo hiciera, imbécil!
—¿Me das mi paleta? —reclamó extendiendo una mano.
—¡No hasta que me digas por qué demonios me has metido en el terreno de las porristas!
Ymir suspiró.
—Las porristas bailan para el equipo. ¿Entiendes lo que significa eso? Jean te verá si estás dentro.
—Pero no voy a entrar, tengo dos pies izquierdos.
—Te vi bailando en la fiesta de Bertholdt y no lo haces mal.
Sasha rodó los ojos.
—Tu persuasión no funciona.
—Al menos inténtalo y ya. Él estará en las audiciones más tarde solo por ser el capitán, con tan solo estar ahí se dará cuenta de ti.
Soltó un gruñido exasperado, dándole de mala gana la paleta.
—Créeme, ragazza. —Le guiñó un ojo, separándose de la columna para irse—. Me lo agradecerás
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Burbujas emergieron del agua hervida provocando que al menos existiera un sonido dentro del laboratorio de química.
Armin apartó, quizás por décima vez en toda la hora, la mirada de su libro de indicaciones para realizar los experimentos del día. Apenas había iniciado uno estando él solo, mientras pensaba meticulosamente una y otra vez cuál debía ser el siguiente paso para dar con el segundo. Sus ojos azules ocultos en gafas de protección llegaron a parar nuevamente en la chica rubia, sentada solitaria en el mesón frente a él hirviendo en baño María una pequeña cantidad de alcohol metílico mezclado con un gramo de ácido salicílico.
Solo tenía que acercársele con su solución concentrada de ácido sulfúrico y listo. Solo eso, solo eso, solo eso… Y lo estaba haciendo, se acababa de poner de pie de su taburete y había comenzado a avanzar hacia ella. Un poco más, ¡vamos, Armin! ¡Solo queda un metro de distancia!
Sintió una gota de sudor frío bajar nerviosamente por su nuca. ¿Por qué diablos se sentía así? Ni que las mujeres fueran extraterrestres o algo por el estilo. Annie era normal, incluso más que él. Tal vez Historia también lo fuera.
¿Qué rayos estaba pensando?
Negando con la cabeza y tomando un impulso propio de un empujón de Reiner por los hombros, el cual si hubiera estado con ellos en el laboratorio hacía rato que los juntaría, Armin terminó de acortar la distancia que lo separaba del mesón de Historia. Su mano temblaba con el matraz cargado con ácido sulfúrico, tanto que hasta tenía miedo de verter una peligrosa gota accidentalmente sobre la piel de la chica.
—H-hola.
Historia, quien limpiaba un vidrio de reloj con una servilleta de papel, lo miró por unos segundos sin decir nada. En partes extrañada por su aparición, en partes ofuscada por lo mismo.
—Esto, ¿necesitas… un compañero de trabajo?
La rubia ni siquiera se inmutó.
—Dos cabezas piensan mejor que uno —añadió Armin tratando de poner las cosas a su favor, desesperado también porque la chica por lo menos tuviera la decencia de mandarlo al diablo con palabras.
Historia miró el matraz de Armin y lentamente sus ojos azules volvieron a chocar con los de él.
—Dame ese ácido.
Armin se sonrojó al haber escuchado por primera vez su voz, pero más porque esta, a pesar de su matiz agudo y dulzón, sonó bastante frío al punto de ponerlo nervioso. Con las manos temblorosas, extendió el frasco hacia ella, quien cautelosamente logró movilizarlo y llevarlo hasta la superficie del mesón sin causar ningún desastre lamentable.
—E-eh… ¿quieres agua?
Historia miró nuevamente a Armin. Su ya típica mirada sin emoción y sin cuestión.
—E-es que necesitamos poner en agua fría la solución del tubo de ensayo.
—¿Tienes agua fría?
—Sí, ya mismo la traigo.
Un chico precavido valía por dos. Ansioso porque ese momento llegara, Armin desde la noche anterior se había leído meticulosamente todo el proceso del experimento y lo que necesitarían. Incluso se había dado cuenta de que Historia había cometido el error de no haber colocado el ácido dentro del tubo de ensayo antes de hervirlo a baño María. La había observado muy bien.
—Esto… —dijo al volver. Historia se giró y lo miró con apatía trayendo al mesón una pipeta graduada y su botella de agua, que era más hielo que agua misma—. Tú… no incorporaste el ácido sulfúrico con la solución orgánica, ¿verdad?
Historia parpadeó perezosamente una vez.
—¿Tenía que hacerlo?
—Eso recomendaban, sí.
Volviéndose hacia el mechero de su mesón, donde su tubo de ensayo hervía con la solución de compuestos orgánicos, Historia soltó un resoplido molesto. Armin se imaginó que debía estar frustrada, pensando que debía volver a hacer todo desde el principio.
Por suerte, Armin tenía otra táctica bajo la manga. Una que valía cada euro que debía pagar por el envío de Tracer.
Bueno… no tanto. Su vida era un poco más valiosa.
—D-descuida, sé cómo arreglar esto —aseguró el chico, apretando nerviosamente la botella de agua que le tenía las manos heladas.
Aunque era altamente peligroso, Armin podía calentar el ácido con solo verter unas pocas gotas de agua en él*. Y no era una cantidad exagerada la que tenían a su alcance que fuera capaz de chispear sus ropas y cuerpos y abrirles un hoyo en la piel hasta mostrar los huesos. Había solamente que ser bastante cauteloso.
Armin sintió la pesada mirada azul de Historia sobre él, que no lograba sino ponerlo más nervioso por lo que estaba a punto de hacer. Aunque su fastidio reflejado era inminente, había cierta curiosidad en la idea del chico.
—Eh, Historia, creo que lo mejor será que te apartes.
La chica lo miró extrañada por unos instantes.
—¿Por…?
—Tal vez sea peligroso.
Ella notó cómo maniobraba correctamente la pipeta al recoger una poquísima cantidad de agua que sería capaz de gotear solo unas dos veces cuando mucho.
—Mientras yo no me queme —la escuchó murmurar irónica. Encogiéndose de hombros, Historia retrocedió unos puestos en el mesón y se sentó en un taburete.
Armin tragó saliva; temblaba como nunca. Jamás había estado tan nervioso en su vida, mucho menos si estaba a punto de realizar una de las experiencias más inconsistentes dentro de la química. Ubicó la pipeta lo más cerca que pudo del matraz. Su mano estaba ligeramente inclinada cautelosa de recibir un chispeo de ácido calentado.
Entrecerró los ojos, alejando también el resto de su cuerpo del matraz endemoniado. Ni siquiera el maligno era tan peligroso frente al agua*.
Soltó ligeramente el dedo de la boquilla de la pipeta. Solo cayó una gota de agua. El contenido apenas salpicó mínimamente en las paredes del matraz. Armin estaba blanco del susto que ni siquiera se atrevió a incorporar la otra gota del agua, pero no hizo mucha falta. El ácido estaba caliente.
Historia regresó con la solución orgánica del tubo de ensayos sujetándolo con una pinza. Seguidamente vertió el contenido de éste al matraz con ácido sulfúrico lo más cuidadosa que pudo. Armin soltó un suspiro aliviado al ver que nada extraño ocurría, mientras que su compañera se quejaba del fuerte olor que incluso hizo que escondiera la nariz dentro de los confines de su bata de laboratorio.
Ciertamente no era un olor para nada agradable, por lo que Armin se apresuró en suministrar una cantidad específica de agua fría y finalmente tapar el matraz con el vidrio de reloj que la chica previamente había pulido.
—Vaya… —Armin no cabía de la conmoción por lo reciente—. Olía… ¿como a pintura de caucho?
Historia lo ignoró sentándose frente al matraz para observarlo atentamente, como si no quisiera perderse un solo momento de toda la reacción. Mientras lavaba los instrumentos sobrantes que acababan de utilizar, Armin la miró. Su repentina curiosidad por el experimento le había causado sorpresa, pues lo poco que había notado en Historia era solamente la apatía por cualquier cosa.
Ver esa otra pequeña faceta en ella, que aunque no era lo más increíble, le parecía tierno. Lucía como una niña.
—¿Quieres dejar de verme? —espetó la rubia, sin voltearse a él.
Armin se sobresaltó junto al tubo de ensayos que limpiaba y casi lo dejó caer en el fregadero. Sintió un penoso rubor en las orejas, a su vez que trataba de destensar el ambiente emitiendo una risa distraída.
La chica quitó el vidrio de reloj del matraz poco después. El olor era menos ahogador, pero no dejaba de ser un aroma fuerte. Armin había olido cosas similares estando con Ellen y Mikasa cuando éstas se pintaban las uñas.
—Acetona —concluyó Historia.
—No exactamente. Es una cetona pero no la que desmancha las uñas.
La solución incolora se mantuvo quieta frente a ellos. Su temperatura había bajado a una templada.
Armin miró a Historia de reojo. La chica no apartó la vista del resultado del experimento, como si se tratara de que estuviera viendo el mar en calma.
Sin dirigirle la palabra, ella tomó el matraz y botó su contenido en el fregadero.
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—Estás loco.
—Tú lo quisiste.
—¡Sí, pero creí que sería en algo más normal!
—Anda ya, niñita. Sal de una vez.
—¡No puedo salir vestida así, se me ve hasta el alma!
—¿Y eso qué tiene de malo?
—¡Pues…! ¡Soy una dama pudorosa!
—¿Tanto que me pagas para ser de casamentero?
—¡No confundas pudor con orgullo, Ymir Langnar! Y por si no lo sabes, ¡todavía me queda dignidad!
Ymir suspiró pegado en la pared a un lado de la puerta del baño de chicas del gimnasio. Se llevó ambas manos a la cara, masajeando con cansancio sus párpados para después llevarse el cabello hacia atrás. Llevaban en el mismo rollo como treinta minutos.
Fuera de los vestidores y baños, la música de las audiciones de porristas había empezado a sonar. Todas las participantes estaban ahí, menos una. Sasha, por supuesto.
—O sales ya mismo o entraré.
—¡No!
—¿Y qué esperas?
Hubo un silencio de por medio que hizo a Ymir pensar si en serio debía entrar o no para llevársela cargando como un costal de papas.
—Es que… ugh —Sasha se quejó—. No estoy en mi mejor momento.
—Ay por favor, ¿vas a ser como esas mujeres que se quejan de que están gordas o qué?
Lo cual era ridículo, según Ymir, por dos razones. La primera era que Sasha no estaba gorda, la había visto vestir el uniforme del colegio y ropa civil que no detonaba ningún rollo de más; la segunda era que Sasha era italiana, y los italianos comían pasto*.
—¡Claro que no! —se quejó la chica—. Es… ugh. ¿Seguro que no puedo usar el pantalón deportivo del uniforme?
—Si te dieron la dichosa falda fue por algo.
—Algo estúpido, porque no estoy en el equipo.
—Así son las audiciones de estas mujeres. ¿Quieres salir ya?
—¡Pero… Ymir!
—Qué.
—Tú, eh… ¿me prestas tu blazer?
—¿Para qué?
—Para amarrármelo a la cadera.
—Prff —rió—. ¿Miedo a que se vea algo de ahí abajo?
—Sí, como por ejemplo ¡la maldita toalla que llevo puesta!
Ymir frunció el ceño justo cuando Sasha abrió la puerta.
—¡Estoy menstruando, entiendes!
—Gran cosa.
—¡Sí es la gran cosa! ¡Tengo cólicos y una sangrienta cascada evacuando desde mi útero!
"Y unos malditos cambios de humor también", quiso agregar Ymir, ahorrándose el comentario lo mejor que pudo.
Resoplando, se quitó la chaqueta del uniforme y se la cedió a la muchacha. Ésta la tomó agradecida y se la amarró a la cadera tal como había dicho que haría.
—¿Dónde está tu blazer?
—En casa, todavía el otoño no llega. ¿No te fundes del calor con esta cosa puesta?
—Contrario a ti, soy friolento.
Sasha lo miró de arriba abajo.
—Extraño para un sueco.
—Yo nunca viví en Suecia.
La chica iba a decir algo más cuando de repente se escuchó fuera de los vestidores una voz hablando a través de un megáfono. Era Mina Carolina, la capitana del equipo de porristas de la escuela, quien convocaba a todas las participantes para enseñar la coreografía de las eliminatorias. Sasha deformó su rostro en fastidio, siendo empujada de los hombros por Ymir para que terminaran de una vez con todo ese embrollo.
El gimnasio estaba lleno de chicas. Habría por lo menos unas veinte, de varios cursos. Sasha reconoció de vista a pocas, debido a que no se familiarizaba con personas fuera de su propio curso. Solo una figura en especial captó su atención.
—Mierda —balbuceó para sí—. ¿Esa es Ellen?
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—¡Este plan funcionará a la perfección! —alardeó Ellen estirando los tríceps lo mejor que podía—. ¡Soy una genio!
La morena, quien sorbía de un refresco sentada frente a su amiga en las gradas, la miró con una ceja enarcada.
—Aun no entiendo por qué precisamente preferiste humillarte con las porristas en vez de hacer otra cosa.
—Duh, Mikasa. Jean supervisa estas cosas, es el capitán de fútbol y las porristas lo animan.
—Querrás decir que animan a todo el equipo.
—Sí, pero los demás dan igual. Jean es el principal.
Mikasa suspiró.
—Qué doble moralista, si hasta hace una semana decías que las porristas eran zorras.
—Es que son put— ¡Digo…! —Se mordió la lengua—. Hay personas que merecen otra opinión.
—Lo que digas —zanjó Mikasa.
—Ya verás, que no me arrepentiré para nada de haberme anotado ayer en las audiciones para porristas. Voy a ser la mejor y el capitán de fútbol lo notará —apuntó la chica de cabello castaño, moviendo con ansiedad sus delgadas piernas apenas ocultas por la falda.
—Y hablando del capitán —dijo Mikasa, señalando disimuladamente en una dirección—, ¿no es ese?
Por contrario a la prudencia de su amiga, Ellen se giró como el exorcista. Y tal y como Mikasa especificó, el capitán Jean Kirschstein acababa de ingresar al gimnasio con otros chicos que importaban menos y ni sabía quiénes eran.
Ellen sonrió a su manera, como un gato, volviéndose emocionada hacia su mejor amiga.
—¡¿Ya viste lo guapo que está?!
Mikasa parpadeó un par de veces.
—Está igual que siempre.
—¡Por lo mismo lo digo!
La capitana Mina sonó de repente el silbato. Ellen se despidió de Mikasa para ubicarse en el centro del recinto. Un grupo de zorras— es decir, de aspirantes a porristas, también tomaron posición lo suficientemente cómodas de espacio para hacer los movimientos. Al frente, la capitana se llevó las manos a las caderas y pidió ser imitada.
Ellen obedeció. Todas echaron el torso hacia atrás para estirar el músculo de la espalda. El movimiento siguiente le salió un poco más torpe, y eso que apenas estaban calentando.
—¡Eso es! —exclamó la capitana una vez la ronda de calentamiento terminó—. ¡Vamos a mover esos pompones, chicas!
Mina inició con bastante fuerza en los brazos para luego menear las caderas y dar pasos hacia los lados. Lo repitió tres veces contando ocho tiempos, tres veces que Ellen apenas agarró el ritmo sin caerse. La música sonaba tan alta que los conteos de Mina poco a poco se volvían menos audibles.
Después de unos cuantos pasos más, con vueltas y poses incluidas, Mina devolvió la canción al principio.
—Muy bien, ahora quiero verlas a ustedes.
Ellen se quedó de piedra unos instantes sin saber qué debía hacer ahora. Cada paso que supuestamente se había aprendido fue borrado de su disco duro, no hasta que la chica que bailaba a su lado le tropezó por un cambio de posición y Ellen trató de imitar a las chicas que tenía delante.
Por dios que cuando llegara a casa sumergiría los pies en agua caliente, ¡si es que la pisaron hasta decir ya!
La música volvió a detenerse, mientras que la simpática capitana las observó a todas con una sonrisa.
—Muy bien, a todas les fue genial —felicitó.
Ja. Sabía que esa mujer debió ver algo de gracia en ella.
—Ahora, la segunda ronda. Esta será de eliminatorias.
"¿Segunda ronda?", se repitió Ellen.
Y nuevamente la música fue reproducida, esta vez con otra canción, un dubstep de Skrillex de lo más salvaje. La capitana comenzó a dar piruetas, estirar las piernas hasta la cabeza, hacer splits y pararse de puentes como una contorsionista.
¿Pero qué mierda estaban haciendo? ¿El baile de la lluvia? ¿Un ritual satánico?
Ellen ni siquiera logró calibrar la rapidez con la que hacían los pasos explicándolos de la manera más sencilla en tres oportunidades. Pero nadie podía negarle que por lo menos lo intentaba, jamás se había abierto de piernas tanto en su vida. ¿Eso que sonó fue un hueso rompiéndose, o era el short de lycra bajo la falda?
Y por fin el endemoniado baile terminó. Ellen suspiró cansada todavía abierta en el suelo. Pero Mina estaba impaciente, y después de decirle unas pocas palabras de aliento, volvió a reproducir la música para evaluarlas y lo único que entonces pudo ver Ellen fueron piernas peligrando sobre su cabeza.
Justo cuando se puso de pie luego del intento de puente, un tropiezo. Ellen se giró gruñendo entre dientes con ganas de insultar a la inepta que la tropezó y quedó extrañada luego de también reconocer la voz que le pidió disculpas.
—¿Sasha?
La pelirroja, ejerciendo su mejor versión de pose de pierna extendida, la miró no menos extrañada sin decir nada. Se le veía respirando con dificultad y cansancio ante cada movimiento.
La del lado la tropezó también, igual que la del frente. Ellen resopló retomando lo que quedaba de la condenada rutina y, cuando la música acabó con el split, dejó caer la frente de bruces en el suelo maldiciendo el dolor entre sus piernas.
Desde su sitio, creyó escuchar la voz de Mikasa como espectadora en las gradas diciéndole con su típico tono sarcástico: "Bien hecho, Ellen".
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—Muy bien, voy a llamar a las que quedaron para que pasen a bailar frente a mí la primera rutina una por una de manera individual —anunció la capitana.
Sasha soltó un suspiro cansado sentada en el suelo luego de haber hecho el ridículo. A cada paso que daba, era el estrés de sujetarse aún más el blazer de Ymir a la cadera. Tuvo la suerte de no haberse quedado petrificada por un cólico en medio de la rutina del dubstep, pero de todas maneras no estaba segura de que lo que estimaba Ymir saliera a la perfección.
Y hablando del sueco imbécil, se había sentado a un lado de Jean en las gradas. La chica lo localizó intentando buscar de él una seña de buena suerte o algo por el estilo, pero precisamente esa vez Ymir la ignoraba y no la veía a ella. Sasha infló un moflete y paseó su vista al chico de al lado, su crush.
"¡Cazzo!", exclamó para sus adentros, dirigiendo violentamente su visión al suelo. Jean la estaba mirando, ¡la estaba mirando!
Eso no podía ser más humillante.
—… y por último —siguió la capitana leyendo una lista que había hecho mientras las observaba bailar. Diagonal a ella, la hermana menor de Berth cruzaba todos sus dedos—, Braus.
La pelirroja parpadeó extrañada ante su alusión. Mina la miró desde su lugar, sonriendo. Las demás chicas que había convocado se habían levantado del suelo y estaban detrás de ella. Sasha tragó saliva cuando ella también lo tuvo que hacer.
—Felicidades a todas, incluso a las que no quedaron. Será para una próxima ocasión, pueden retirarse.
La multitud de jóvenes no escogidas que adicionaban estallaron en quejas y lamentos. El gimnasio se llenó de barullos y especulaciones por parte de los espectadores mientras que los miembros oficiales del equipo de porristas junto a su capitana se paraban a conversar cómo evaluarían esa vez a las chicas restantes una por una.
Sasha estaba por avanzar a tomar agua donde había dejado sus cosas convenientemente unos escalones debajo de donde se sentaban Jean e Ymir, hasta que notó a la hermanita de Berth quejarse sobre las demás voces.
—¡Esto es inaudito! —exclamó—. ¡Yo debí quedar, Mikasa!
—Ellen, aceptémoslo. Esto no es lo tuyo.
—¡Pero por lo menos pude quedar en la banca!
La mirada esmeralda de Ellen se posó furibunda en Sasha al darse cuenta de que la miraba.
—¡Y tú que miras, Braus! ¡Ya verás que el karma me pagará el pie que me tropezaste!
Sasha tragó saliva. Poco después de haber perdido de vista a Ellen y de haberse hidratado y recuperado algo de energía, una mano pesada cayó sobre su hombro.
—¿Sash? —inquirió Bertholdt por detrás de Reiner, quien la había hecho girarse—. ¿Qué estás haciendo aquí?
Sasha sintió sus mejillas arder. Lo que menos quería era que sus amigos presenciaran la peor humillación de su vida. Annie miró de arriba abajo el atuendo mientras que Connie aprovechó para colgarse de su hombro. Armin lucía preocupado.
—E-esto… Digamos que tuve ganas de audicionar —contestó lentamente, fingiendo inocencia.
Berth frunció el ceño.
—¿Lo vieron? —preguntó con horror.
—Berth, Armin, Annie y yo acabamos de llegar y entonces te vimos. ¡Vaya! —exclamó Reiner riendo—. ¡Miren esa falda!
Sasha se amarró aún más el blazer de Ymir a la cadera para ocultar la vergonzosa falda de porrista.
—Mírale la falda a Annie mejor, Reiner —intervino Berth.
—¡Ah, pero yo sí te vi! —añadió Connie—. My gosh, no sabía que podías hacer semejante split, sweetheart.
—Ugh. —Sasha se sonrojó. Era el momento perfecto para que la Parca llegara y se la llevara.
—Por cierto, no sabía que Ellen quería ser porrista —dijo Connie.
—¿Ellen? —Armin repitió—. Pensé que no le gustaban estas cosas.
—Prff —se burló Annie—, ¿a esa enana? Buen chiste.
—No bromeo —insistió el muchacho americano—, si es que mis sensuales ojos la vieron. Estaba justo delante de ti, ¿no, Sasha?
La pelirroja abrió los ojos como platos al ser nuevamente el centro de atención. Berth la miró con horror y Sasha tuvo un mal presentimiento.
—Voy a encontrar a esa enana —sentenció Bertholdt, cargando con un aura oscura a cuestas.
Connie parpadeó viendo la trayectoria del moreno fuera del gimnasio. Reiner y Annie intercambiaron miradas confusas.
—Yo… ¿dije algo malo? —dudó Connie.
Annie suspiró.
—Ya olvídalo, pequeña lagartija rosa. Vayamos a sentarnos para ver el show de Sasha.
Ugh, genial.
Sasha no estaba ansiosa con cada chica que era llamada por la capitana, estaba nerviosa. Y esos nervios iban creciendo más y más a medida que unas chicas cometían equivocaciones, se caían haciendo las acrobacias y eran rápidamente rechazadas por el séquito porrista.
Ya ni tenía uñas de tanto que se las había mordido.
—Sasha Braus —escuchó su nombre en voz de Hitch, la subcapitana. Ella era mucho menos dulce que Mina.
La pelirroja avanzó hasta el centro del gimnasio. La multitud calló progresivamente cuando se posó frente al jurado de porristas donde ambas capitanas se encontraban estudiándola con atención incluso antes de que empezara.
Desde lo alto de las gradas, Connie y Reiner no perdieron oportunidad para gritar "¡DALE, SASHA!" repetidas veces, tanto que hasta eso la puso más nerviosa. No ayudaba para nada que Jean también la observaba desde su lugar, pero estaba solo. Ymir se había ido de su lado.
—¿Lista? —preguntó Mina a punto de reproducir la canción.
Sasha quiso gritarle que no estaba lista, pero no pudo detenerse cuando ya debía iniciar los conteos y mover el cuerpo al ritmo de la música resonando.
Hizo lo mejor que pudo, con toda la gracia que creía tener. No llegaría nunca al nivel de Mina u otras porristas del equipo, pero por lo menos no se quedó petrificada en ningún momento, ni siquiera cuando de repente una de las borlas se resbaló de su mano tras una lanzada al aire que debía recoger.
Ella siguió como si nada. La borla tristemente en el suelo, que intentó no tropezar el resto de la rutina. Fueron los dos minutos más largos de su vida.
Terminando con una pose típica de porristas, que animaban al equipo para alcanzar la victoria, Sasha finalmente exhaló todo el aire que estuvo conteniendo en el último paso. Frente a ella el jurado del equipo se reunió para discutir su veredicto. Las orejas le zumbaban de los nervios.
—Lo has hecho muy bien, Sasha —dijo la capitana—. Pero temo que el equipo ya está lleno con las otras chicas que hemos aceptado. Si no te molesta hacer de suplente, entonces diré que estás dentro aunque hay muchas cosas que mejorar.
No podía creer lo que acababa de escuchar. ¿En serio la estaban considerando para ser suplente? Eso era… más de lo que hubiera imaginado.
—Yo… eh… —tartamudeó. Sus ojos automáticamente fueron guiados adonde estaba Jean, quien lucía atento ante lo que estaba por decir—. ¿Acepto?
"Espera, ¿lo has preguntado? ¡No debiste preguntarlo! ¡Es un sí o un no! ¡¿Pero qué está mal en tu cabeza, Braus?!".
—Excelente. Bienvenida al equipo.
Y lo siguiente que escuchó fueron los aplausos. Muchos aplausos que no sabía de dónde venían. Sus compañeras de banca se acercaron a ella y la felicitaron, igual que las oficiales del equipo.
Estaba dentro.
Oh no.
¡Ella no podía estar en el equipo, tenía trabajo que hacer en las tardes!
Pero no tuvo oportunidad siquiera de decirlo. Sus amigos pronto llegaron a engatusarla, Reiner la cargó entre sus brazos celebrando por ella mientras Connie bailaba la macarena en su honor e incitaba a Armin para que lo acompañara. Annie, quien no dejaba de jalarse la argolla de la nariz, se burlaba del show aunque también la felicitó por haber quedado milagrosamente dentro del equipo.
Y mientras salían del gimnasio, Sasha pudo captar una mirada castaña sobre ella que la veía con simpatía. No pudo evitar sonrojarse.
"Pues bien, Ymir", sonrió para sus adentros, desviando la mirada del capitán de fútbol. "Tú eres el experto, ¿no?".
*Cazzo: «joder», en italiano.
*Poverina: «pobrecita», en italiano.
*Es recomendable incorporar el ácido concentrado al agua y revolver constantemente en vez de ser al revés, debido a que puede causar una brusca elevación de la temperatura y salpicar como el aceite.
*Armin se refiere al hidróxido de sodio, también conocido comercialmente como «diablo rojo», un destapa cañerías que pide ser disuelto con agua hirviente. Tomemos en cuenta que un ácido y una base son dos extremos muy distintos.
*La referencia va a que comen de manera saludable. Los italianos tienen un amplio paladar, comen de todo pero cuidan lo sano. No todo es pasta y pizza.
¡Qué taaal :3!
Sí, se supone que este debía subirlo el lunes pasado (¿era el lunes?), pero tuve mis problemas —para nada raros si ya me han visto quejarme de ellos en mis otras historias— con el internet. Y al fin estoy de vuelta con este capítulo que, en lo personal, lo amo xD.
Soy amante incondicional de la química, por lo que puedo expresar que el experimento que han realizado Historia y Armin es verdadero y no, no explotaría un laboratorio xD. Oh oh, a la pobre Ellen le sale un sermón del mejor hermano mayor del mundo. Pero creo que han leído lo suficiente como para darse cuenta de que esa loquita encuentra cómo salirse con la suya.
Me alegro mucho que les esté gustando la historia :3, y más a mi twin. Tenemos ese placer culposo de amar a Ymir de todas las maneras xD.
Nos veremos prontito.
Los quiere, Ayu.
