Y dale que va... ¡llegamos al capítulo seis!

Antes de que lean, una aclaración: en este episodio hago mención al padre legítimo de Phineas y Candace. Nunca se lo mencionó en la serie, y no se sabe si está vivo o muerto, por lo cual lo que van a leer es imaginación mía.

Una cosa más: me gustaría que entren en el foro de Phineas y Ferb en español aquí en Fanfiction, ya que tiene muy pocas visitas. Sería una buena oportunidad de conocer más fanáticos de la serie.

Sin más preámbulos, capítulo seis: "Estadía en el restaurante Buckerson".


Capítulo VI

Estadía en el restaurante Buckerson

Al tiempo que se hacía de noche en la ruta que conectaba Danville con el gran desierto, Candace e Isabella seguían su camino hacia Nueva Orleans, dispuestas a todo para rescatar a los chicos.

La radio estaba prendida desde que abandonaron la ciudad. Escucharon muchas noticias acerca de lo ocurrido anteriormente en el patio trasero de la casa, pero la mayoría de las cosas eran puras mentiras.

-…y luego de dormirlos, se los llevaran a la granja más cercana, donde serán muy útiles para alimentar a los cerdos. Y con esto termina nuestro informe-dijo un locutor.

-¿Qué patrañas dice este hombre?-preguntó Isabella, apagando la radio-Esto es verdaderamente humillante.

-Son amarillistas, Isabella. Si ellos saben algo, es mentir a lo grande-le dijo Candace.

-Me lo imaginaba… ahora entiendo eso de "los medios mienten".

La pelirroja soltó una pequeña risa, tratando de reducir la tensión que había dentro del auto. Pero, un momento después, volvió a intranquilizarse.

-Cielos, esto se está volviendo preocupante… de veras temo lo peor.

-Lo único coherente que he escuchado es que los conviertan en salchichas-le recordó Isabella-Pero hasta eso me es un disparate.

-No lo es-contestó, nerviosa-lo he visto en una película, es probable…

Y se imaginó a Phineas, Ferb y Jeremy siendo convertidos en carne picada luego de pasar por una máquina procesadora.

-¿Película? ¿No sabes que no debes creer todo lo que ves en las películas?-le preguntó Isabella, algo impaciente, sacándola de sus pensamientos.

-¡Claro que lo sé! Pero es difícil no imaginarlo…

-¡Yo no lo imagino!

-Pero…

-¡Basta!-gritó, enojada-Tal vez no sepamos como deben estar los chicos ahora… ¡Pero al menos trata de ser optimista, Candace!

-Bien… lo intentaré.

La niña se reclinó sobre su asiento, furiosa y de brazos cruzados. La adolescente la miró y siguió conduciendo, pensativa. Le extrañaba mucho esa actitud que mostraba Isabella, una chica tan alegre y optimista gritándole peor que un sargento.

Poco a poco, se hicieron las diez, más o menos al momento en que sus amigos se encontraban componiendo en la prisión, y la morocha se empezaba a dormir.

-Candace, tenemos que buscar un lugar donde descansar-le sugirió.

-¿Descansar? ¡No podemos! ¡Debemos llegar allá en el menor tiempo posible!

-¡Puedes dormirte y nos mataríamos!

-No voy a dormirme… Te lo aseguro.

Así transcurrieron algunos minutos. Isabella, viendo que era imposible mantener una conversación con ella, se durmió en su asiento, mientras la pelirroja intentaba todo para no pegar un ojo.

-No te duermas, Candy, no te duermas…-murmuró.

Pero el sueño era más fuerte que ella: repentinamente, cerró los ojos un momento y, cuando los volvió a abrir, se horrorizó al ver a una extraña criatura en la carretera.

-¿Qué demonios? ¿Tú otra vez?

Una cebra bípeda, una habitante no deseada en la imaginación de Candace, estaba parada frente al auto. Pero al ver que éste no se detenía, comenzó a huir despavorida.

-¡Detente, Kevin! ¿No querrás atropellarme, verdad?

Candace quedó perpleja, pero no se detuvo. Es más: aumentó la velocidad.

-¡Auxilio! ¡No me pises, Kevin! ¡Ah!

El auto alcanzó a la cebra y la pasó por encima. En ese instante, la chica volvió en sí y pisó el freno, justo antes de caer a un precipicio sin fondo. Isabella estaba despierta desde hacía varios minutos, debido a los movimientos bruscos que había hecho el auto, y había intentado hacer lo mismo con Candace. Al ver el abismo, y al verla a ella, muy enojada, la conductora afirmó, un poco avergonzada:

-Sí, vayamos a un lugar donde descansar.

Dio marcha atrás y volvió a la carretera. A pesar de haberse dormido sólo unos minutos, el tramo recorrido había sido muy extenso.

-¿Dónde se supone que estamos?-preguntó Isabella.

-No tengo idea, pero me guiaré por intuición…

Fue la gota que rebalsó el vaso: la morocha no aguantó más y volvió a gritarle:

-¡Ya estoy harta de tu intuición! ¡Estamos perdidas, nunca rescataremos a los chicos y quien sabe qué vendrá más adelante!

La pelirroja pisó el freno, harta de que una niña seis años menor que ella le faltara el respeto, y le hizo frente.

-¡Ya basta, Isabella! ¿Qué te sucede? ¡Deja de gritarme como una loca!

-¡Es que tú me vas a volver loca! ¡Jamás llegaremos a Nueva Orleans!

-¡Oh, por favor…! ¿No era yo quien debía ser optimista? ¡Tal vez estemos perdidas, pero hay que seguir! ¡Podría haber un hotel justo detrás de mí, pero eso sería…!

Pero Isabella ya no le prestaba atención.

-Isabella… ¿me estás escuchando?

La pequeña no la miraba a ella, sino algo que brillaba a lo lejos.

-¿Qué miras?-le preguntó.

-Date vuelta…

Candace obedeció, bajó el vidrio y observó. El frío del desierto era insoportable, pero algo le hizo olvidarlo: un negocio para conductores de camiones monstruo se encontraba al costado de la carretera. La pelirroja no podía creerlo.

-Isabella, esto es un desierto… ¿es un espejismo, verdad?

-Nunca oí hablar de espejismos por la noche-respondió la niña.

-Bien… creo que podríamos ir a preguntar. ¡Al fin la suerte nos acompaña!

Tomó el volante y condujo hacia la izquierda. Lentamente, fue avanzando hasta posicionarse en uno de los espacios vacíos del pequeño estacionamiento. Candace se puso un poco nerviosa.

-Recuerdas como estacionarte, ¿verdad?-le preguntó Isabella riendo, por primera vez en varias horas.

-Tú sabes que sí-respondió Candace, de mal humor.

Luego de estacionar el auto, bajaron y se dirigieron a la puerta. Debieron hacerlo rápido ya que el frío les congelaba hasta los huesos.

-¡Abre la puerta, que hace frío!-gritó Isabella.

-¡Espera! Esta cosa está cerrada…-e intentó girar sin éxito el picaporte.

-Pues toca a la puerta…

-¿Hola? ¿Hay alguien aquí?-preguntó Candace, y golpeó la puerta.

La madera debía estar muy vieja, pues se rompió al contacto. La pelirroja metió su cabeza en el agujero y trató de ver algo.

-¿Qué hay?-preguntó Isabella.

-No veo absolutamente nada… veré si puedo abrir desde adentro.

Extendió su mano en el hoyo y logró abrir la puerta. Entraron y observaron el lugar, cosa que se les hizo difícil ya que la única luz que había venía de afuera, y no era muy útil que digamos.

-No parece haber nadie aquí-dijo Candace-El último que estuvo aquí debió irse hace tiempo.

De repente, Isabella pareció ver algo, y comenzó a temblar.

-Can… Candace…

-¿Qué? ¿Qué sucede…? ¡Ah!

Ambas gritaron horrorizadas: un cuerpo se encontraba colgado del techo, con una soga en su cuello. Estaba envuelta en sábanas y no se movía.

-¿Qué demonios es eso?-preguntó la niña.

Temiendo que pudiera traumarse, la adolescente decidió inventarle algo:

-Eso… es sólo una persona durmiendo…-le dijo, nerviosa.

Entonces, la chica se dio vuelta y la miró de forma irónica, como dándose cuenta de lo que ella intentaba hacer.

-Candace, si crees que no he visto cadáveres no digas estupideces-le dijo.

Súbitamente, una luz se prendió en el lugar.

-Oigan, ¿qué hacen aquí?-preguntó una voz.

Las chicas se dieron vuelta, atemorizadas. Detrás de ellas había un hombre gigantesco, con un enorme bigote. Candace pegó un grito, Isabella la imitó y el hombre lo hizo aún más fuerte.

-¡Espere! ¿No nos hemos visto en otra parte?-preguntó la pelirroja.

Lo miró nuevamente y lo reconoció: sí, era Buck Buckerson, el mismo piloto que había competido contra ella la ocasión en que sus hermanos hicieron una pista de camiones monstruo en el patio. Lo habían hecho para que Candace aprendiera a estacionarse.

-¡Ja!-rió el hombre-Nos vemos de nuevo, jovencita. Es increíble que ya hayas llegado hasta aquí…

-Sí, claro… ¿Cómo explica eso?-gritó la chica, señalando el cuerpo.

-¿Eso? ¡Ah, es sólo un muñeco! Lo usan mis clientes para entrenar boxeo. Además lo dejo ahí para asustar a los desprevenidos.

-Y debe ser muy bueno, porque según veo no tiene muchos-opinó Candace.

Entonces, el sujeto decidió cambiar el tema.

-Veo que estás usando tu permiso a pleno, ¿no? ¿Te vas de vacaciones?

-En realidad no estamos aquí por eso.

-Cierto. Estamos aquí por otra razón-dijo Isabella.

-¡Ah, la chica de la voz gruesa! Veo que también estás aquí.

-Por supuesto-respondió la niña, agravándose la voz.

-No hagas eso, Isabella-la retó Candace.

El sujeto caminó unos pasos y les preguntó:

-Y bien, ¿qué hacen aquí?

-Señor Buckerson, necesitamos que nos deje dormir aquí.

-¿Aquí? Pero esto es sólo un bar para camioneros.

-Escuche, estamos aquí porque vamos de camino a Nueva Orleans… ¡mis hermanos y Jeremy fueron enviados a una escuela militar, y eso distorsionará el futuro!

El hombre se quedó perplejo. La miró de reojo, y luego pareció recordar algo.

-¿Tus hermanos? Ah, te refieres a esos dos… y ese Jeremy debe ser el rubio que apareció en la tele hoy.

-¿En la tele? ¿Jeremy apareció en la tele?

-Oh, sí. La captura de esos chicos fue una noticia que no trascendió más allá de Danville, pero logré ver una nota periodística en el noticiero de las ocho en el canal del Área Limítrofe. Según escuché, dicen que hacían animales superpoderosos, o algo por el estilo.

-¡Todo eso es mentira!-gritó Isabella.

-Sí, es falso. Ese ornitorrinco es nuestra mascota. Bueno, era… ¡pero era nuestra mascota! No le hacían nada, simplemente… bueno, era un súper agente secreto… que obedecía órdenes de un tal Monograma.

-¿Monoceja?-preguntó Buck.

-No, no. El Mayor Monograma.

-Que raro… ¡Esperen! ¿Un agente secreto?-preguntó, y luego rió a carcajadas-Vamos, niñas, ya estoy grande para creerme esos cuentos de viejas.

-¡Pero es cierto!-trató de convencerlo la mayor de las dos.

-Bien… como digan…-era obvio que el hombre no les creía una palabra-Entonces, quieren ir a rescatar a sus amigos.

-Sí, porque si no lo hacemos el futuro será horrible.

-¿El futuro? Bueno, todo por la humanidad, ¿no? Está bien. Pueden quedarse aquí por esta noche.

-Oh, muchas gracias, señor-dijo Candace, alegre.

-¿No quieren algo? ¿Café?

-No, deberíamos dormir.

-Vamos, les contaré algunas historias.

-¿Qué dices, Isabella?

-Por mí está bien.

El hombre fue detrás de la barra del bar y buscó tres tazas. Prendió una hornalla y comenzó a preparar café.

-Siéntense-les pidió-Sería bueno que supieran…

-¿Qué es eso?-preguntó Isabella, señalando algo en la pared.

-¿Eh? Ah, fotos-respondió el hombre- Me saco una en cada estado que visito… pero… ¿saben qué? He vivido en las carreteras del país toda mi vida, y a pesar de haber recorrido todo esta nación no hay lugar que me guste más que Danville. En verdad, nunca he vivido en otro lugar como en el Área Limítrofe. Eso se los puedo asegurar.

-¿De veras?-preguntó Candace.

-¡Claro! ¿No sientes lo mismo?

-Pues… en parte sí…

La pelirroja se quedó pensativa. Pronto, la ciudad le trajo innumerables recuerdos: el centro comercial, los negocios de ropa… hasta las visitas al dentista. Y claro: su casa, la vida allí, la relación con su familia. Todo era genial, pero eso no sería posible en ese momento. Había que solucionar las cosas primero.

-Niña… ¡Oye, niña!-las palabras de Buck interrumpieron sus pensamientos.

-¡Oh! Sí, lo siento. Estaba distraída.

Unos momentos después, la bebida estuvo lista, y el hombre comenzó a tomarla.

-¿En serio no quieren?-les preguntó.

-No, gracias-insistió la adolescente-debemos dormir lo más que podamos. Mejor mañana…

-Oiga, señor Buckerson… ¿quiénes son esos de la foto?-preguntó Isabella-Se me hacen conocidos.

-¿Ésta?-preguntó, señalando la que se encontraba en el medio de la pared-Aquí estoy en el año 1996… con dos de mis mejores amigos: el señor y la señora Flynn.

-¿Quiénes?-preguntó Candace, sobresaltada-¿El señor y la señora Flynn?

-Eso he dicho.

La pelirroja miró la foto, y no pudo creerlo: eran, en efecto, sus padres biológicos.

-¡Son mis padres!-exclamó-¡Y jamás he visto a papá desde que se divorció de mamá!

-¿Cómo? ¿Divorciados?

-Sí… se separaron luego de que naciera mi hermano Phineas. Luego mi madre se casó con Lawrence, un inglés que ya tenía un hijo, es decir Ferb. Nunca hemos conocido a su verdadera madre. Ni siquiera sabemos si está viva.

-Nunca hubiera pensado que tu familia viviera tales cosas-dijo Buck-Se veían tan felices cuando los conocí como pareja.

-Yo tenía tres años. Solían dejarme con los abuelos cuando ellos no estaban. Sí, era una buena época.

Siguió mirando las fotos. Había gente famosa también, como un hombre con lentes y un gracioso bigote, un famoso boxeador afroamericano e, incluso, una misteriosa cabeza de bebé flotante.

"Creo que la he visto antes" pensó la pelirroja.

-Deberíamos dormir, ¿no?-propuso Isabella.

-Sí-la apoyó Candace-Debemos levantarnos temprano e ir a buscar a los chicos.

-Bien-dijo Buck-Vengan, les mostraré donde dormirán.

El hombre caminó hasta un pasillo y bajó unas escaleras. Isabella lo siguió, pero Candace se quedó observando otra de las fotos.

-Vamos, Candace, tengo sueño.

-¡Oh! Sí, ya voy.

Y la siguió, no sin antes volver a ver esa misteriosa fotografía en la que una pareja posaba sonriente junto a su pequeña hija y el señor Buckerson. El padre de la niña tenía una nariz puntiaguda, la espalda encorvada y una camiseta de Love Händel puesta.

"Se me hace conocido" pensó la pelirroja.

El hombre las condujo hasta el sótano del local. Estaba realmente descuidado y sucio, y nadie parecía haber estado allí en años. Aún así, había dos camas y una lámpara bastante vieja.

-Lamento no poder ofrecerles mejor lugar-dijo Buck-Recuerden que esto es sólo un restaurante.

-La verdad, es mejor de lo que esperábamos-dijo Candace, un poco nerviosa.

-Bien, descansen. Las despertaré mañana para el desayuno.

Subió las escaleras y cerró la puerta. Siendo una habitación cerrada, sin ventanas, la lámpara era la única fuente de luz allí.

-Mejor la dejo prendida, Isabella. ¿Está bien?

-Claro…-respondió, asustada.

Candace la miró y sonrió.

-No te preocupes. La noche pasará rápido e iremos tras los chicos mañana. Trata de dormir.

-De acuerdo.

Ambas ya iban a cerrar los ojos, cuando Candace, repentinamente, recordó algo, y decidió hablar con la niña.

-Oye, Isabella…

-¿Eh? ¿Qué pasa, Candace…?-preguntó, impaciente-Quiero dormir…

-Y yo quiero hablar contigo… de algo que pasó hoy.

-¿Qué?

-Bueno… hoy pude ver que estabas muy enojada… y me gritabas todo el tiempo…

-Ya lo sé-respondió-Pero es que tú me ponías así. Nunca me dabas una certeza y nunca ponías optimismo. Esas cosas me vuelven loca.

-Lo lamento, Isabella… pero así están las cosas. No tenemos la seguridad de que lograremos rescatar a los chicos. Debes aprender que las cosas no siempre terminan bien para todos.

-Pero… Phineas…

-Sí, Phineas… sé perfectamente que lo extrañas y que estás preocupada por él, y también por eso estás tan nerviosa…

-¿No estás preocupada por él y los demás?

-Por supuesto que estoy preocupada, Isabella. Y temo lo mismo que tú temes por mi hermano.

-Yo lo amo, Candace.

-Y yo amo a Jeremy, pero ya te dije, debes entender que tal vez las cosas no sucedan como lo esperamos.

-Bien… discúlpame por haberte gritado y tratado mal hoy…

-No hay problema. Pero no debes desesperarte tanto por Phineas. Estoy segura que está bien, igual que los demás.

-Igualmente, me gustaría que mostraras optimismo, Candace.

-Tienes razón... prometo ser más positiva.

Y se dieron la mano, en señal de trato.

-Ahora cierra esos ojos y duerme, mañana tendremos un largo viaje.

-Buenas noches, Candace.

-Buenas noches, Isabella.

Las chicas no tenían pijama, las sábanas estaban algo rotas y las camas rechinaban. Pero eso no importaba: lo que realmente importaba era descansar para poder más tarde lograr el rescate en Nueva Orleans.


Las chicas encontraron un oasis en medio del desierto, y se preparan para seguir viajando. En el próximo capítulo, vuelve el doctor Doofenshmirtz con un nuevo plan. ¿Funcionará? Pronto lo veremos...