Y acá estoy otro domingo más :D
Este capítulo en particular me gustó mucho escribirlo (principalmente el final)… amo escribir las escenas entre Mei y Kakashi 3
Espero les guste :D
…...
Capítulo 5: Honestidad pura.
—¿Por qué no me dijiste lo que ibas a hacer? —le pregunté. Habíamos quedado todos estupefactos.
—Era algo que quería hacer yo misma —respondió mirándome finalmente—. Después de diez años, creí que me lo merecía. Además, escogí el día porque sabía que los cuatro iban a estar en el burdel esa noche. De echo... iban a estar allí porque yo lo planee así. Hace cinco meses logré combinar mi chacra con uno de los capos, con el que se encargaba de la transportación de mercadería.
Nos mostró otro recuerdo, uno más explícito que los anteriores. La habitación era la misma, pero había más movimiento. Aunque solo veíamos a un sujeto de barba y pelo desgreñado desnudo y jadeando boca arriba mientras tenía los ojos en blanco, ella claramente estaba sentada a ahorcadas sobre él. Parecía que el acto sexual estaba llegando a su cúspide, cuando el tipo dejó de moverse y la cabeza le cayó hacia un costado.
—Hice que se desmayara —nos contó sin alterar su voz.
—¿Cómo? —preguntó entonces Sakura. Yo habría deseado no saber la respuesta.
—Le apreté los testículos hasta que se desmayó por el dolor —le respondió Mei, cosa que consiguió que los hombres en la habitación aspiráramos ruidosamente—. No se dio cuenta hasta el último segundo, disfrutaba que le pegaran durante el acto sexual, lo excitaba.
El recuerdo continuó. Ella se bajó hacia un lado de la cama y le infiltró de su chacra al sujeto desmayado con solo tocarle la frente con dos de sus dedos. Fue cuando se vistió y se sentó en su tocador, que recién entonces se despertó.
—Vaya... me quedé desmayado otra vez —dijo sentándose en la cama pesadamente.
—Deberías tener más cuidado —le dijo ella y se volteó hacia el espejo. Su expresión no mostraba nada. Se había puesto una bata blanca y solo sus ojos parecían cansados. El maquillaje seguramente debía ocultar ojeras y expresiones de fastidio. Se cepilló el cabello meticulosamente mientras el tipo se vistió y no le dio una segunda mirada ni siquiera cuando él dejó unos cuantos Ryo sobre el tocador antes de irse.
—Una propina por tus servicios, linda —le dijo él, a lo que ella no respondió.
—Mi chacra hizo que él tuviera ideas —nos dijo cuando todo terminó—. Esas ideas hicieron que terminaran los cuatro en una mega fiesta en el burdel hace cuatro días. Llevó cinco meses hacer que todo pareciera natural, pero finalmente los maté a ellos, y logré dejar libres a las demás. Aunque no creo que sobrevivan solas afuera...
—No entiendo por qué La Raíz te dejó allí. Si lo que nos estas diciendo es cierto, eras más valiosa como estratega que como... —la increpó Shikamaru pero no terminó la frase.
—¿Que como puta? —preguntó terminándola ella—. Sí. Pero shinobis que pensaran no es lo que buscaba Danzo. Además, no fue hasta que salí lejos de La Raíz que comencé a pensar realmente.
—Hablando de Danzo... ¿por qué traicionarlo? —le pregunté. Otra vez evitaba mirarme. ¿Qué le pasaba?
—Seguí a La Raíz porque quería ayudar a cuidar la aldea. Cuando vi que en realidad Danzo no parecía estar yendo por ese camino, busqué otra forma de ayudar. Siempre he sido fiel a Konoha, no a Danzo.
—¿Y por qué querías ayudar a la aldea? —preguntó Shikamaru.
—¿Por qué lo seguis haciendo vos? —le preguntó ella a su vez.
—La aldea y los integrantes de ella, son mi familia. De tu familia dijiste no saber nada.
—No. Pero alguna vez fueron parte de esta aldea también, al igual que yo. Además... no sé hacer otra cosa. Los recuerdos que tengo de niña son de mi en La Raíz. Crecí teniendo como meta mantener la aldea protegida a toda costa.
—No actuás como un miembro de La Raíz —tuve que apuntar—. Uno de los principios de La Raíz es suprimir todas tus emociones...
—Muchas están reprimidas, te lo aseguro. No podría haber sobrevivido estos años sin esas enseñanzas de La Raíz —dijo por lo bajo mirándose las manos.
—Sobre tu estadía allí quería preguntarte. Encontramos VI4 en tu sangre —le dijo Sakura—. Te drogaban, ¿verdad?
—No —la contradijo nuestra visitante—. Nos drogábamos por voluntad propia todas las que estábamos allí.
Esta mujer sí que es una caja de sorpresas...
—¿Qué? ¡Esa droga es demasiado potente! —le dijo Sakura exaltada. Continuó hablando antes de que pudiera detenerla— ¿Cómo podían hacer una cosa así?
—¿Nunca te han... ? —comenzó respondiéndole Mei, pero se cortó al mirarla de arriba a abajo— No, claro que no —añadió respondiéndose sola antes de desviar la mirada—. El trabajo era... pesado, Sakura. Difícil. Mentalmente destructivo. El VI4 es bueno haciendo que olvides todo, incluso que te olvides de ti mismo.
—¿Cómo podías recabar la información entonces? —volvió a preguntarle ella.
—Me despertaba a mi misma cuando escuchaba que había algo que pudiera servir —le dijo mirando por la ventana—. Es como estar en otra habitación. Escuchaba, sentía y actuaba como si yo estuviera presente en cada acto sexual, en cada violación a mi cuerpo... pero a la vez estaba lejos, pensando en otra cosa... y volvía cuando algo me sonaba en el fondo de la mente y me atraía.
—Tu cuerpo esta mostrando la abstinencia —le dijo Sakura—. Quizá más tarde podríamos hablar de...
—Puedo curarme a mi misma, Sakura, y no necesito medicación. De echo... la medicación en realidad no serviría. Si no es potente, mi chacra la quema ni bien tiene contacto con ella.
Nos quedamos unos minutos en silencio, asimilando lo que se había dicho allí adentro hasta que Naruto habló.
—¿Qué vas a hacer ahora? —le preguntó. Había estado atípicamente callado.
—¿Qué voy a hacer?
—Sí, con tu vida, ¿qué vas a hacer? —la pregunta pareció tomarla por sorpresa. Primero pestañó en dirección a Naruto sin saber bien qué responder, y después frunció el ceño mientras se miraba las manos.
—No entiendo la pregunta —le dijo finalmente.
—¿Qué vas a hacer cuando salgas del hospital? ¿Has pensado qué te gustaría hacer? ¿A dónde quisieras ir? ¿En algo que quieras pedirme? Soy el Hokague después de todo, y no se te ha pagado un sueldo en diez años por más que has trabajado para la aldea durante ese tiempo, creo que tenes el derecho de pedir lo que quieras...
—¿Me vas a dejar salir del hospital?
—Sí...
—¿Y deambular a mis anchas por Konoha?
—Sí... —volvió a responder Naruto extrañado. Ella pasó de él y se dirigió a Shikamaru.
—Vos sos su consejero, ¿no? ¿No le has enseñado a pedir pruebas y a no fiarse de los extraños? Como Hokague debería tener más cuidado.
Shikamaru, apoyado de brazos cruzados contra una pared, sonrió antes de mirar a Naruto.
—Se lo he dicho, pero confía en su instinto para hacer amigos —dijo él divertido—. Si cree que es seguro dejarte andar por ahí, debe de ser seguro.
—No quiero —nos dijo entonces ella, enfadada—. Si sucede algo en la aldea mientras yo estoy por ahí sola no quiero que me echen la culpa, ni se desconfíe de mi. Me niego a dejarme ser un blanco tan fácil después de tantos años. No voy a ir por ahí sola, al menos no hasta que averigüen que todo lo que eh dicho es cierto y no tengan ninguna duda al respecto.
El Kakashi en mi interior, ese que sentía curiosidad y atracción por nuestra extraña visitante, se regodeó cerca de mi estómago. Es verdad que ella físicamente ya me atraía, pero como shinobi, como ser pensante...
—Yo puedo acompañarte hasta que el Departamento de Investigación haya llegado a una conclusión satisfactoria —me ofrecí sin poder detenerme—. Puedo echarte un ojo para que no andes sola si es lo que te preocupa.
No pareció agradarle mi oferta pero no puso objeciones. Se limitó a cruzarse de brazos y mirar hacia otro lado.
—De acuerdo... Kakashi-sensei puede acompañarte y de paso mostrarte la aldea. ¿Dónde querés vivir? —le preguntó Naruto. Le había sorprendido que ella no quisiera andar por ahí sola y eso se le seguía mostrando en el rostro.
—Si puedo elegir... quiero estar lo más cerca de la naturaleza y del sol que se pueda...
Dado el apartamento en el que vivía yo, y el lugar donde quería vivir ella, le asignaron un apartamento en el edificio que estaba frente al mío. Tenía vistas a mi edificio y a las montañas cercanas de Konoha. Pero antes de que se trasladara a su nuevo hogar tenía que darle los recuerdos grabados en chacra que tenía en el cuerpo a los del Departamento de Investigación. Le iba a pedir a Shikamaru que me hiciera saber si encontraban información relevante que nos vinculara a alguno de nosotros (a mi) directamente cuando me dijo algo en el pasillo que me abstuvo de pedirle aquello.
—Kakashi... no se mucho de mujeres, pero lo que sí se es que pueden ser problemáticas y que hay que andarse con cuidado —dijo sin ceremonias recostándose contra una de las paredes. Dejé pasar a una enfermera antes de responderle sin andarme con rodeos tampoco.
—Con mi edad, soy yo quien te tendría que estar dando consejos como ese —le respondí con mi voz casual de siempre.
¡Mierda! ¿Tanto se nota que ella me gusta?
—Sí, pero... creo que en estos casos la edad no tiene nada que ver. Todos nos volvemos bastante estúpidos cuando hay mujeres en le medio —comentó mirando distraídamente por la ventana—. Sé que Naruto confía en ella. Solo... tené cuidado... por lo menos hasta que sepamos más y podamos ubicar al tal Bubba.
¿Después sí puedo dejarme llevar?
—Voy a tenerlo en cuenta, Shikamaru —le respondí.
Mierda, al parecer, tenía que controlarme mejor. Pero claro, había más. Cuando estaba por salir del hospital, Naruto se cruzó conmigo.
—Kakashi-sensei... ya que vas a estar con ella bastante tiempo, quería decirte algo —comenzó. ¿Más consejos sobre mujeres? ¿Qué clase de shinobi era que todos podían leerme como si fuera un libro abierto? Además, ¡no pensaba saltar sobre ella ni bien nos quedaramos solos! La gente tenía que tranquilizarse—. Su chacra... ella... —al parecer era algo serio, y nada relacionado con las tonterías que se me pasaban por la cabeza— esta... quebrada —me soltó mordiéndose el labio inferior—. No sé cómo explicarlo. Su chacra es... honesto, claro. Pero esta quebrado. Por el modo sennin, lo he visto algunas veces después de la guerra en personas que han sufrido pérdidas muy grandes, pero nunca lo había visto tan quebrado antes —comentó sonriéndome tristemente—. Creo que por eso no es una persona fácil de tratar. Voy a hablar con la vieja Tsunade a ver si sabe cómo se arregla el chacra —yo sabía que no se arreglaba. Al menos no con medicamentos o algún justu médico— pero mientras tanto... creía que era importante que lo supieras —me dijo encogiéndose de hombros.
—Voy a tenerlo en cuenta, Naruto —le respondí también a él y contuve las ganas de despeinarle la cabeza. Ya no era un crío, y medía casi lo mismo que yo—. Vuelvo cuando los del Departamento terminen.
A los del Departamento les llevó seis horas embazar todos los recuerdos que ella portaba, y a Sakura le llevo otra hora hacerle los últimos chequeos para dejarla marchar. Si le añadimos que tenía que recuperar energía después de todo eso, nos da como resultado que salimos del hospital a las seis de la tarde. Me encargué de ir a buscar su uniforme mientras ella estaba descansando, así que caminábamos por la aldea en silencio y uniformados con los pantalones azules y los chalecos verdes. Ya que parecía ser tan evidente que ella me atraía, había decidido evitar principalmente mirarla, así que solo vi cómo le quedaba el uniforme por el reflejo de una vidriera. El pantalón se le ajustaba demasiado bien. Sin embargo no había podido evitar observarla directamente cuando paramos en un almacén a comprar víveres. Miraba las latas de conservas fascinada con los colores y las variedades, cosa que me hizo sonreír. No podía imaginar lo que había sido estar diez años encerrado en un lugar.
—Llegamos —dije deteniéndome frente a su edificio. Había rechazado mi oferta de llevar sus compras, así que ahí estaba yo, parado con las manos en los bolsillos mientras ella estaba cargada y agotada. La quedé mirando y cuando me miró, después de observar la fachada, estrechó los ojos.
—Quiero dejar algo claro —me dijo plantándose frente a mi—. No pedí que fueras a ayudarme por algo en particular, podría haber elegido a cualquiera, no sos especial —declaró.
—Ya lo habías dejado claro —respondí resignado a tanta hostilidad.
—Tampoco voy a devolverte el favor —ante aquello, fui yo quien estrechó los ojos hacia ella luego de mirarla sorprendido—. No te hagas el sorprendido. Te eh estado observando, y vi perfectamente cómo me mirabas cuando me conociste. Estuve diez años tratando con tipos que me miraban igual que vos. ¡No pienso devolverte el favor con sexo ni con nada que se le parezca!
O chica, eso sí me había echo enojar. Ella realmente no me conocía ni un poco.
—Me gustan las mujeres. Sos increíblemente atractiva y la primera vez que te vi estabas haciendo un baile erótico prácticamente desnuda. ¿Qué esperabas? ¿Generarme rechazo? —le cuestioné sin alterar mi postura. Mi voz cortante era otro tema— Soy un shinobi, y como tal, me preocupo por proteger a mis compañeros, por eso fui a buscarte. No lo hice para pedir un favor a cambio. No sos la única que se preocupa por la aldea y por sus habitantes —me miró apretando los labios pero no dijo nada así que continué cada vez más enfadado—. Tampoco me produce placer violar a una mujer, así que deja de mirarme como si te fuera a saltar encima a la primera oportunidad. Si no querías que fuera yo quien te custodiara, ¿por qué no lo dijiste? Tenes la posibilidad de elegir, por si no te diste cuenta. Vamos a hablar con el Hokague y arreglemos esto de una vez —concluí dandome la vuelta y comencé a caminar hacia donde estaba Naruto.
¡Vaya mierda! ¿Quién se pensaba que era yo? ¿Desde cuando era un pecado que alguien te resultara atractivo? ¡No había echo más que mirarla de reojo un par de veces! ¡Por favor! ¡No estaba tan desesperado como para pedirle un favor sexual y jamás la tocaría sin su permiso! Había pasado el día pendiente de ella solo para...
—Solo quería aclarar las cosas para que no hubiera mal entendidos —dijo entonces. No se había movido y yo ya me había alejado unos cinco metros—. No es necesario ir a ver al Hokague por esto —la quedé mirando completamente aireado—. ¿Podrías abrime las puertas? Vos tenes las llaves...
¿Que si las mujeres podían ser problemáticas? ¡Sí! ¡Podían ser muy muy muy problemáticas! Hace una semana no tenía a nadie acusándome de ser un acosador, solo se había necesitado de un par de miradas para que todos creyeran que iba a perder la cabeza.
Tomé las llaves de mi bolsillo y me encaminé a su apartamento. Era un edificio de siete pisos y ella iba a vivir al último. No me di cuenta que quizás subir por las escaleras no era una buena idea para alguien que había salido del hospital hacía una hora hasta que me percaté de que ella iba un piso por debajo de mi, y se movía muy lentamente. Aún le quedaban tres piso por subir, así que volví sobre mis pasos, le quité las bolsas de las manos y seguí subiendo. Llegó al apartamento cuando yo ya había terminado de poner las cosas en la heladera.
—Vivo en el octavo piso del apartamento de enfrente —le dije. Hice unos sellos de manos e invoqué un par de pulseras de cuentas negras. Le di una y yo me puse en la muñeca izquierda la otra—. Si usas esto puedo rastrearte donde quiera que estés. Pero si no la usas, también te puedo rastrear así que no te molestes en correr. Si necesitas ayuda, alcanza con que alteres tu chacra. Me va a arder y me voy a dar cuenta de que algo anda mal. Si necesitas algo en la noche, o querés salir, cruza la calle y golpea mi puerta. Sino, te paso a buscar mañana a las ocho de la mañana.
Como asintió con la cabeza y no parecía que tuviera nada que añadir, me esfumé del lugar y me aparecí en mi departamento. Me tiré en la cama con la ropa puesta y me tapé los ojos con el antebrazo.
Algo me decía que los días comenzarían a ser muy muy largos…
….
Y sí… van a comenzar a ser largos ;)
Hasta el próximo domingo!
Gracias por leer!
