Dinastía

Cinco

Los términos del contrato

'Lo sabía, él es perfecto para mi', pensó Lucius, satisfecho con el contrato, después de oír a la madre de su prometido. Miró de reojo a Sirius, que seguía con la vista fija, tranquilamente, en su padre. Era hemoso. Su belleza no era femenina, para nada; tenía una expresión regia, desafiante, pero con un dejo de delicadeza. Ahora que sabía que era un Portador Potencial, Lucius comprendía el por qué. A pesar de sus dieciseis años, y a que tenía aún tiempo para crecer, era alto, atlético -culpa del Quidditch, seguramente-. Y lo que más le gustaba, reconoció el rubio, eran esos ojos grises, que parecían cremosos, y destilaban fuego. ¡Tan únicos! Esa fue la primera impresión que recibió al conocer a un Sirius exultante, con sus once años. Un Black en Gryffindor, y orgulloso de ello, enfrentándose con osadía a los Slytherin de tercer año. Su prometido había sido todo un espectáculo desde pequeño.

-El compromiso se hará público en un mes, y la boda...-. Dijo Lord Black.

-Apenas Sirius termine Hogwarts-. Agregó el padre de Lucius; luego se dirigió a ambos adolescentes. -¿De acuerdo?

Fue Walburga quien puso en palabras lo que guerreaba en la mente de Sirius. -Por supuesto que Sirius seguirá con la carrera que elija.

-Por supuesto-. Respondió Lucius inmediatamente, con toda su atención en Sirius. -Será un matrimonio de iguales...-Los ojos de Sirius lo examinaron de lleno, por primera vez desde que entró al estudio, y Lucius se percató de que el moreno le atraía mucho, en verdad. No dijo más y Sirius sólo le hizo una inclinación de aceptación.

-Bien, ¿firmamos, Lord Malfoy?- Preguntó Orion Black, y le extendió el pergamino de Revisión a Abraxas. Ambas cabezas de familia firmaron el documento.

Estaba hecho. Ahora sí. Como debía ser.

En el tapiz del árbol genealógico de la 'Noble y Ancestral Casa Black', el nombre de Lucius Abraxas Malfoy, apareció en el centro, junto al del heredero y promogénito.

Sirius sintió el momento en que la magia de ambas familias, se reconocían y se aceptaban...¿o era su magia y la de Lucius? Cerró los ojos y lo percibió: una sensación singular, rodeándolo -como si de calor corporal se tratara- pero no era físico, era una presencia cálida. Era Lucius.

¿Sentiría él lo mismo? Abrió los ojos, lentamente, para encontrarse con otros ojos grises, transparentes, cristalinos. Tuvo que tragar saliva, porque no necesitó más, la mirada de Lucius recibió la suya con la misma ternura que su magia.

Xxxxxxxxxxxxx Dulzura Letal, 18 de diciembre de 2010 xxxxxxxxxxxxxxxxx