Ya solo queda un cap. para el apoteósico final, bieeen, bieeen!

Escribo cosas sin sentido, pero peores cosas he leído... ay.

18 de Abril de 2012

12:46 de la mañana

En un quinto piso de un edificio en el mismo puñetero barrio de las afueras de Tokyo.

Unos ojos verdes con cierta confusión en ellos se clavaron en los suyos. Y Saizô solo pudo pensar en una cosa, y fue al unísono con los pensamientos del otro.

"Ostia puta, ¡es él!"

No cabía ninguna duda. Sintió un gran alivio; al menos no se había equivocado de edificio, sino solo de puerta, y ese camino que se ahorraba. Había sido una locura para encontrarlo y al menos no tenía que empezar de cero, y podría discul-un momento, ¿qué estaba haciendo?

-Mierda, mierda y mierda-maldijo el pelirrojo, buscando la llave de la puerta entre el manojo que tenía. Espera, ¿se iba a escapar?

Oh, no.

-¡Eh! ¡Espera un momento!-bramó Saizô. ¡Eso no iba a permitirlo!-¡Ni se te ocurra!

Logró detener la puerta antes de que el chico hubiese entrado e intentado cerrarla de un portazo. Aunque Saizô era más fuerte y alto que Kamanosuke, el otro le ponía empeño.

-¡Fuera de mi casa! ¡Esto es allanamiento de morada!-gritó.

-¿¡Cómo!?-exclamó Saizô-¡No me jodas! ¡Me ha costado mucho encontrarte!

-¿¡Me has estado buscando!? ¡Eres un maníaco!

-¡No es lo que te crees! Vamos, ¡déjame entrar, no seas crío!

-¡De ninguna manera!-siguió el chico en sus trece-. ¡Fuera, o llamaré a la mafia, y… a la policía, a los bomberos y a, hum…las ambulancias!

Durante unos segundos Saizô se preguntó por qué demonios la primera opción del muchachio en caso de emergencia era la mafia y para qué querría que vinieran los bomberos y las ambulancias.

"Supongo que las ambulancias será por la arritmia que me causará."

-¡Oye, deja de armar jaleo!-protestó Saizô. Haciendo acopio de fuerzas, logró empujar la puerta y abrirla, haciendo que el muchacho pelirrojo retrocediera. Era un piso normal y corriente, y solo con verla Saizô pudo intuir las habitaciones que tenía. Igualmente, era algo más grande que el piso en el que vivía….

-¡Ni un paso más! ¡Estoy armado y sé hacer….reiki!-amenazó el pelirrojo. Saizô elevó una ceja.

-¿Medicina alternativa japonesa?

Kamanosuke se dio cuenta de que le habían pillado, y Saizô comprobó como se ruborizaba, tal vez de ira, tal vez de vergüenza….y puede que de las dos.

-¡Lo que sea! ¿Qué vienes a hacer a mi casa?

-Si no gritas tal vez pueda decirtelo, cabeza de sandía.

Ese insulto pilló tan desprevenido al muchacho que logró lo que Saizô buscaba; callarlo un poco.

-Había venido a disculparme contigo-dijo escuetamente-. Ya sabes, por lo de la noche esa en la que bebimos y demás.

-Joder-Kamanosuke dejó las llaves que aún tenía en la maso en una mesita auxiliar, con cierta rabia-. Cállate. Me da igual, ¿qué más te da?

-Oye, no quiero estar de malas con la gente. Y lo que pasó no fue culpa mía, fue todo un malentendido.

-Ah, ¿sí?-los ojos verdes de Kamanosuke brillaron con cierta furia mientras se cruzaba de brazos-. Pues explícamelo, conquistador.

Saizô suspiró. No podía mentirle, no tenía imaginación para eso en esos momentos. Aunque la verdad era aún más surrealista que cualquier excusa, lo justo era contárselo.

-Oye, yo estaba en el bar con mi jefe, el mismo bar al que llegaste tú con la loca de tu amiga. Mi jefe me recomendó que me desfogara un poco y que me buscara una chica, y….

No le gustaba la expresión que iba formándose en el rostro de Kamanosuke. Confusión, furia, vergüenza, así como algo de decepción y cierta incredulidad. Y eso que no había terminado.

-…resulta que desde hace un tiempo no me agradan demasiado las chicas, así que me aconsejó que buscara una chica que fuera menos femen…

-Alto. Alto, alto, alto, alto, alto-cortó Kamanosuke. Saizô no había acabado de hablar, pero no había que ser excesivamente avispado para terminar entendiendo a qué se refería-. Lo que cuentas no tienes ningún puto sentido. Es decir…. No quieres nada con las chicas, ¿¡y aún buscas a una poco…femenina!?-se quedó callado un momento. -….¿¡Pero tú te estás escuchando!?

-¡Ya sé que es una tontería, pero no fue idea mía!

-¡Pero fuiste tú quien aceptaste llevarla a cabo! ¿No sabes lo mucho que me jodió eso a mí?-se defendió Kamanosuke.

Saizô guardó silencio. Eso era verdad. Él podría haberse negado, pero no lo hizo. Y podía imaginarse lo mucho que le molestó al otro.

Es una jodiendia, porque mi hermana y yo somos como fotocopias, pero todos dicen que ella está tremenda.

-Tú no tendrás ni puta idea, pero no sabes la cantidad de veces que me entran solo porque se piensan que soy una chica, solo que plana y sin encantos-añadió Kamanosuke con reproche. Tenía razón. No podía apenas imaginarlo, pero debía de ser incómodo, y mucho, ser tratado como alguien que no era. Él mismo había pensando que era una chica. De haber sabido que era un chico, nada hubiera pasado.

-…Lo siento-repitió Saizô, pasándose la mano por la nuca-. He sido un gilipollas. Si hubiera ignorando la idea de mi jefe, o hubiera sabido que eras un chico desde un primer momento, yo…

-Es igual-dijo el otro de forma cortante. Apretaba los puños con fuerza, por lo que la sangre apenas circulaba y mostraba blancos los nudillos-. No me importa.

Sabía que mentía.

-Te aseguro que hubiera sido diferente, en serio-insistió Saizô. Si hubiera sido solo cuestión de desfogarse, no habría sido remilgado. Todo hubiese sido más fácil.

-…¿Cómo de diferente?

Saizô carraspeó.

-No hubiese reaccionado así, y habría llegado hasta el final, me refiero a eso.

Kamanosuke aflojó los puños, que recuperaron la circulación. Ahora parecía algo confundido, pero no del todo enfadado.

-¿Cómo dices?

-¿Estás sordo o qué? Yo quería desfogarme un poco, tú creo que también…si hubiera acabado charlando borracho contigo a sabiendas de que eras un tío no se me hubiese cortado el rollo.

-….¿Ni aunque tenga esta apariencia?-dudó el otro.

Saizô lo miró unos instantes. Ahora que sí sabía que era un chico, lo cierto es que no se le antojaba tan femenino; también es cierto que el alcohol le había nublado mucho la vista antes. Era un muchacho delgaducho y de largo cabello rojo, brillantes ojos verdes, piel blanca y un tatuaje en los párpados. Y aunque tuviera las pestañas largas o la piel muy suave, tenía el carácter de un chico (bastante colérico), y sin duda, el cuerpo de uno.

-Ya te lo dije ayer-resopló Saizô-. Que no estás nada mal.

Esperó algún comentario brusco o irascible del otro, pero no llegó nada de ello. El pelirrojo parecía algo dudoso y desvió la mirada, primero a un lado, luego a otro. Después sonrió y se acercó a su invitado.

-¿En serio?

-….Ya te he dicho que sí.

-Te noto frustrado.

-Lo estoy. Me he pateado medio Tokyo por encontrarte, ¿lo sabes?

-¿Ah sí?-Kamanosuke sonrió con cierta malicia, mientras le agarraba del cuello de la camiseta-. ¿Te quieres desfogar?

No se esperaba esa pregunta para nada, pero no tardó en reaccionar. No hubiese dudado en darle la respuesta correcta en ninguna situación.

No le respondió con palabras. En cuanto se quiso acercar a él, Kamanosuke tiró del cuello de la camisa para acercarlo, y atrapó los labios del mayor entre los suyos. Le mordió y le atacó, pero no le importó; había cierto reproche en ese beso, pero eso le agradaba. Empujó al muchacho hasta que el cuerpo de este chocó con el sofá que tenía en ese cuarto, el pequeño salón, hasta que cayó sobre él, y Saizô encima.

"Vaya. Un salón, uno encima del otro. Que recuerdos".

No quisieron esperar más. Se devoraron la boca el uno al otro con fiereza, dejando que el estrés y la furia acumulada se escapara poco a poco, liberándose un poco de todo ese peso que habían tenido que aguantar de una fastidiosa noche anterior de alcohol y confusiones. La piel del muchacho era mucho más suave cuando no estaba borracho…

Coló una de sus manos por debajo de la camiseta del pelirrojo; la piel estaba tibia y sensible, y podía notar como los gemidos quedaban antrapados en ese agresivo beso. Podía sentir como todo el cuerpo del chico se estremecía bajo el suyo cuando le acarició la zona más sensible de su pecho y comenzaba a usar sus dedos para estimularla, como si pudiera soltar pequeñas descargas de placer con solo tocarlo.

-Ah…-Kamanosuke jadeó, cortando el beso cuando no tuvo otra para coger aire-S-Saizô…hagámosl-

-No me lo pidas dos veces, maldita sea-maldito él con una sonrisa altanera, mordiéndole el cuello, succionando para dejar una marca.

No se detendría ni aunque hubiera un terremoto y un tsunami a la vez asolando Tokyo…

-…Kamanosuke, ¿qué haces?-dijo entonces una voz neutral. Ambos, arriba y abajo, se detuvieron, y solo el pelirrojo atinó a apartar a Saizô para ver de quién era la voz. El moreno giró la cabeza.

"Oh, mierda. ¿Cómo cojones…?"

-¡Wuah!-exclamó Kamanosuke. Su rostro enrojeció, apartando a Saizô. Ante ellos, mirándolos con cierta neutralidad, de pie, estaba una mujer alta, hermosa, de largos cabellos rojos y ojos verdes…-Kiriko, ¿qué mierdas haces en mi casa? ¿Es que no sabes llamar a la puta puerta?

-Bueno…-se encogió de hombros-. Vine a verte porque vino a visitarme un chico que te buscaba…. Me preocupó y quise ir a visitarte….Y….bueno, la puerta estaba abierta-dijo ella, ladeando la cabeza. No parecía importarle cualquier cosa que estuvieran haciendo esos dos.

-La puerta…¡Mierda!-exclamó Kamanosuke-Saizô, ¡¿cerraste la puerta?!

La expresión de duda que se le marcó en el rostro a Saizô daba enseguida a entender que no.

-No pasa nada, por favor, en serio, lo siento-dijo Kiriko, mientras rebuscaba en su bolso-. No quería molestar.

-P-pues ¿qué tal si te vas ya?-espetó Kamanosuke. Saizô, de mientras, cuanto más miraba a esos dos hermanos, más consideraba que estaba viendo doble. Solo que uno de ellos tenía una talla 95 copa C mínimo.

-Espera, por favor, estoy haciendo una cosa…-dijo ella-. Aquí está-señaló, rescatando su móvil. Presionó varias teclas y se llevó el celular al oído. Ambos chicos, aun sin cambiar posiciones, miraron expectantes. Eso se llevaba la palma en cuanto a surrealismo.

-Kiriko….¿Qué…?

-¿Hola? ¿Sí? ¿Policía? Sí, quisiera denunciar un allanamiento de morada y acoso sexual a un familiar.

-¿QUÉ?

-¿Eh? ¿Qué cómo lo sé?-refunfuñó ella, hablando por teléfono-. Bueno, es que lo estoy viendo ahora. Sí, está acosando a mi hermano, encima del sofá que compramos a medias para su piso y…

-¡Kiriko! ¡Suelta el teléfono, pedazo de loca!

-¡Oiga, señorita! ¡Yo no estoy acosando sexualmente a nadie!

-¡Ah! No se preocupe, agente, aún lleva los pantalones puestos…

-¡Suelta el móvil!

13:00

En algún lugar de Tokyo, en los barrios de las afueras, resuena el sonido de unas sirenas de coches de policía, y aún nadie sabe exactamente por qué.

Continuará...