*-*-*Capitulo 6: Recuerdos *-*-*

Aún con una sonrisa en los labios, cerró la resistente puerta de roble con la espalda. Se quedó ahí, escuchando su corazón palpitar estrepitosamente de emoción.

-Hoy es el día –susurró ligeramente, con el mismo sonido que provoca el viento al besar las flores primaverales.

Sujetó la pequeña bolsa con nerviosismo, Ino y Tenten le habían recomendado "eso" como el mejor regalo para un aniversario de bodas.

Le quedaba la tarde entera para hacer que todo fuera perfecto; prepararía la cena perfecta, la decoración sería estupenda… como conocía el gusto de su esposo por las velas ya había preparado un papel especial para ellas.

Y luego usaría el pequeño "regalito" que las chicas le habían hecho.

Pero sin duda lo más importante era que estaba dispuesta a reconocer sus sentimientos por Naruto.

Le diría que lo amaba.

Y solo tal vez, de esa forma conseguiría que la correspondiera.

Se sentía un poco mal por pensar así, pero desde que Sakura dejó la aldea; su oportunidad de alcanzar el corazón de Naruto se volvió considerablemente grande.

Creyó que con simplemente casarse se tomarían más confianza, se equivocó; eso no funciona cuando es un matrimonio forzado, ahora lo sabía.

Pero tampoco era un caso perdido, Hinata estaba segura de que algo especial los unía; por la forma en que la besaba y la mirada de él hacia ella.

Lo primero fue seleccionar el menú de la cena de ese día, sabía que Naruto adoraba el ramen por lo que no podía faltar.

Pero por ser una fecha especial, preparó todo tipo de platillos, no le preocupaba que se desperdiciara, conocía lo suficiente a su esposo como para saber que aún después de terminar con todo, seguiría hambriento… y no precisamente de comida.

Soltó una risita disimulada que contrastaba con el rubor extendido de sus mejillas.

Caminó despacio hacia la nevera, recordando la primera vez que se encontró con la misma.

¿Cuántos tipos de ramen instantáneo podían existir? La verdad había perdido la cuenta.

Y Naruto no parecía fiel seguidor de los vegetales; tuvo que cambiar todo eso cuando se convirtió en la encargada de la cocina. Pero a él no le molestó que lo hiciera.

De hecho casi podía afirmar que gracias a su increíble don de cocina, uno que ni ella misma sabía que tenía; había logrado que Naruto mantuviera una dieta sana sin quejarse por cumplirla.

La cena finalizó sin ningún inconveniente, tal vez porque Kiba no apareció para distraerla.

Ellos eran los mejores amigos, él siempre la mantenía informada acerca de sus misiones con Shino. O le relataba lo encariñados que todos estaban con el nuevo bebé, hijo de Azuma y Kurenai.

La verdad ella no lo había visto muchas veces. Sabía lo decepcionada que estaba su antigua mentora, quien tenía la esperanza de que algún día Hinata le demostrara a su clan que era una digna heredera.

Pudo seguir cumpliendo misiones como una kunoichi normal, pero sabía que ni al Hokage ni a su padre Hiashi les convenía, así que desistió.

Sus amigos, compañeros, maestros e incluso Neji se molestaron con ella… y con Naruto.

Solo Kiba la había perdonado.

Ino era lo más cercano que tenía a una amiga, porque era su "doctora" de confianza, aunque era un poco indiscreta respecto a su vida privada. Pero claro, prefería contárselo a ella que a cualquier persona.

Y pensando en eso, la rubia debía entregarle un pequeño encargo. Se le había olvidado por completo pedírselo; algún día tenía que pasar. Aunque su esposo no tenía idea.

Él no sabía nada sobre ella; salía de casa muy temprano, no sabía lo sola que se sentía, si no fuera por Kiba que por lo general se quedaba con ella.

Ni siquiera sabía el porqué de sus visitas a Ino.

No sabía que lo amaba.

Pero las cosas cambiarían a partir de ese momento. Ni siquiera ella tenía idea del rumbo que iban a tomar.

Después de disfrutar un relajante baño de esponja, decidió utilizar la hermosa pieza de lencería que había tenido en la mañana.

Era demasiado atrevida para su gusto, un sujetador diminuto; transparente al igual que la parte inferior y más íntima.

La misma que, por medio de delicados broches y cintas, sujetaba una malla a medio muslo que seguramente representaba el reto más grande para él.

Solo imaginar a su impaciente esposo intentando quitar cada cinta, le provocaba un estremecimiento, imaginar la expresión hambrienta que tendría.

Seguramente se limitaría a rasgar la hermosa prenda; había visto a ese hombre destrozar tanta ropa que no dudaba al respecto. En cierto modo la asustaba un poco, pero debía admitir que era excitante verlo perder los estribos.

Por eso, y para que se mantuviera alejado mientras terminaban la cena. Había guardado una preciosa yukata lila con florecillas celeste hielo.

Ya era la hora, cuidando de todos los detalles, encendió las velas especiales de un suave aroma a vainilla. Centró las flores sobre la mesa y se dispuso a colocar los alimentos. A pesar de ser muy tarde, Naruto jamás se retrasaba así que no vio inconveniente en tener todo listo.

Definitivamente aquello era arte.

-Ser Hokage es difícil –concluyó Naruto mientras aseguraba la puerta de su oficina. La verdad, aquellos resultaría insoportable sino tuviera a alguien esperándolo en casa con la cena lista.

No es tu esclava.

Lo sabía, pero Hinata era una persona muy amable. Demasiado "consentidora". O tímida, nunca podría negarse a algo que dijera, por más descabellado que esto sonara. Ese había sido el problema.

Jamás discutiría con él.

No le negaría nada, aún cuando quisiera llegar a casa y hacerle el amor toda la noche. Lo dijo antes, algunas cosas eran irrazonables. Pero ella jamás daría su opinión, jamás diría "alto, ya es suficiente".

Aún cuando habían llegado al punto de compartir todo, seguía tratándolo como a un completo extraño.

Ella no confiaba, cosa que lo entristecía de sobremanera. Siempre con la vista en el suelo y un ligero sonrojo, inexplicable, aunque tentador.

Y una voz bajita y apocada como si tuviera miedo de él; una voz que era la más sensual cuando venía entremezclada con gemidos de placer.

Pero muy a pesar de que era solo eso, ella era ardiente y lo excitaba aunque no hiciera nada para provocarlo. Definitivamente "algo" andaba muy mal en él, o muy bien. Pero como se venía repitiendo durante todo ese tiempo, "era hora de frenar las malas manías que habían adoptado sus partes bajas"

Si tan solo hubiera esperado, habría sido Hokage algún día, aunque tuviera la edad de Tsunade. Incuso habría conquistado el corazón de su Sakura-chan. Su impaciencia había sido su debilidad.

Pero ese no era el único error, ellos habían sido demasiado jóvenes, lo son.

Es cierto que Hinata no tenía más opción que casarse con él, pero el matrimonio en papeles y en la cama eran muy diferentes y no tenían que ir juntos.

Se repetía eso una y mil veces pero en cuanto la veía, solo quería abrazarla y sentir su piel, saborear sus labios y tener cada deliciosa curva de su cuerpo que para colmo, estaba seguro que era el más deseable, dulce y suave que el hombre había visto.

O más bien Naruto había sido el único, el primero y se encargaría de ser el último en poseerlo.

¿Estaba mal pensar así?

Se detuvo frente a la entrada principal de la aldea, estaba oscuro y las puertas gigantescas tenían un aspecto desgarbado.

Ni siquiera sabía cómo había llegado allí cuando su departamento quedaba del lado contrario.

Pasaba a menudo, cuando se ponía a pensar en su relación con Hinata, sus pies lo llevaban lo más alejado posible de ella, como un mecanismo que le impidiera hacerle daño.

Una silueta se desdibujo bajo la luz plateada de la luna, a esa hora era extraño que recibiera visitantes.

El individuo se acercó, no huyó o hizo movimientos extraños. Solo caminó camuflando su rostro en la sombra que proyectaba la luna tras él.

Se plantó frente a Naruto y se abalanzó a su pecho.

-¿Sakura-chan? –Preguntó con los ojos como platos, la separó levemente- ¿Qué haces aquí?

Una repentina oleada de felicidad lo sacudió, como si a su corazón le hubieran quitado una gran espada que lo había lastimado hace tiempo.

Se percató que, de haber sido Sasuke quien atravesara esa puerta se habría sentido igual.

Por poco experimentó un ataque de pánico al pensar que el sentimiento que lo unía a la "mujer de su vida" se parecía a lo que sentía por el Uchiha.

Aquello era terrible… aunque si uno lo pensaba mejor, ¿qué tipo de reacción tendría la gente al volver a ver a alguien que había muerto? Obviamente, se parecían pero no eran iguales. Aún así el amor no debería ser comparable a la amistad o inferior a la pasión.

-¡Te amo! –exclamó la peli rosa con lágrimas contenidas- Lamento haberte reclamado por la muerte de Sasuke, lamento haberte abandonado cuando te recuperabas en el hospital.

Pero entiende, yo estaba confundida. Y cuando me enteré que ibas a casarte…

-Espera –susurró Naruto; eso era lo que había estado esperando escuchar. Por supuesto, era importantísimo que ella aprobara su manera de proceder, que no hubiera cumplido su promesa.

-Ahora estoy segura, sé que piensas que podría seguir confundida. Pero no, te lo dije antes de la boda y te lo repetiré nuevamente. Te AMO, no tengo duda.

Me duele más separarme de ti que del mismo Sasuke. Ya no tienes que seguir junto a Hinata. Te he escogido para amarte y demostrar que ya no soy una niña que sigue enamorada de un asesino.

-No digas más –la calló con el dedo índice sobre los labios, y la besó. Pero mientras yacían juntos, frente a la entrada principal lo supo. Ambos eran infelices.

Hinata dejó que una solitaria lagrima bordeara el hermoso contorno de su rostro, seguidamente la secó con el dorso de la mano.

Era tonto entristecerse de sea forma, ella sabía muy bien que a veces el puesto de Hokage absorbía todo el tiempo del potador de dicho título.

¿Pero porque el día de su primer aniversario?

Esperaba que no fuera grave.

Golpearon la puerta con impaciencia; se puso de pie de un salto pensando que podría ser Naruto, aunque casi hubiese amanecido aquella posibilidad la lleno de una alegría tan profunda y sincera. Creía que estallaría de emoción.

-Hola Hinata –saludó Shikamaru con una ligera inclinación de cabeza- Lamento ser inoportuno pero acaba de llegar un mensaje del Kazekage.

La joven se sorprendió un poco, acaso venía a buscar a Naruto.

-El aún no ha regresado –Shikamaru parecía tan sorprendido como ella -¿Qué es lo que dice el mensaje?

Él dudo un poco antes de contestar -Lo envió para decirnos que Sakura había salido de Suna hace cuatro días y que deberíamos preocuparnos si aún no aparece.

Hinata se mordió el labio inferior intentando apocar las intensas ganas de llorar.

Shikamaru entendió perfectamente lo que pasaba por la mente de la pelinegra.

También supuso lo mismo cuando ella le confesó que Naruto no estaba ahí.

Le dedicó una sonrisa triste- Creo que no debemos preocuparnos.

-También pienso eso, hasta luego.

El pestillo de la entrada provocó un pequeño sonido, como si fuera obra de un ladrón.

Naruto entró lentamente, la mesa estaba perfectamente puesta; Hinata jamás se esmeraba de esa forma, debió tomarle toda la tarde. Pero como pudo dejar un desperdicio semejante.

Frunció el ceño ante su falta de memoria.

¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! Como pudo olvidar el aniversario, ella había preparado todo eso para él.

Seguramente Sakura lo recordó y por ello su llegada fue tan "oportuna"

Ya había amanecido y solo tenía tiempo de cambiarse de ropa. Se dirigió a la habitación y encontró a su esposa totalmente recubierta por las sábanas, parecía dormida o eso quiso pensar.

Con todo el cuidado del mundo, guardó silencio para no molestarla.

¿Había estado bien que hubiese compartido su aniversario con otra mujer?

El aire se condesó pesadamente a su alrededor impidiendo que respirara normalmente.

Se sentía ahogada, débil casi en vilo entre la cordura y la inconsciencia.

Apenas acababa de salir de esta última y había revivido con cada detalle el peor día de su vida.

No quería volver a dormirse, pero los músculos debilitados la empujaban a que lo hiciera.

El cansancio mermaba su fuerza, no podía protestar contra las muñecas y los tobillos atados a la burda madera.

La humedad y el gélido ambiente se filtarban hasta taladrarle los huesos. Como si se encontrara varios profundos metros bajo tierra.

Solo estaba agradecida de que , quien fuera que la mantenía enclaustrada se preocupara por que comiera y bebiera lo suficiente.

Su salud, no era importante pero ahora que alguien más dependía de ella, no podía darse por vencida.

No se dio cuenta de su presencia hasta que sintió el contacto helado de su mano que acariciaba lentamente su mejilla bajando por el cuello, rozando levemente la cima de sus pechos.

Como odiaba que hiciera eso.

-Despertaste –gruñó el hombre con una voz ronca y aterradoramente conocida aunque no recordara de que o quién.

Se cubría totalmente con una capa oscura de nubes rojas perteneciente a la extinta organización Akatsuki y una máscara espiral de color ladrillo.

Cualquiera pudo confundirlo con el otro miembro Tobi que una vez tuvo el disgusto de conocer, pero la escencia era distinta.

Su toque se detuvo bruscamente sobre el abdomen que en un par de semanas empezaría aabultarse.

El corazón se le paralizó.

-¿Cuánto tiempo pensabas ocultarlo? –presionó el ñlugar con tanta fuerza que un agudo grito de dolor escapó de su garganta.

¡No! Iba a lastimar al bebé.

Se retorció con desesperación, no permitiría que dañaran algo tan indefenso y hermoso, especial para ella.

El Akatsuki sujetó su cabello para detenerla.

Hablo como si estuviera sonriendo.

-¿Qué le molestaría más a Naruto, perder a su hijo o a su mujer?

*-*-* Fin capi 6 *-*-*

Y bien? ja ja con esto los maté a que sí?

Naruto es un tonto realmente tonto, aunque prefiero ver que opinan ustedes. Gracias por todos sus reviews, quisiera poder responder todos y cada uno de ellos como se lo merecen. Pero no tengo tiempo. Gomenasai.

A partir de aquí el fic ha llegado a la mitad y lo que sigue tardara un par de semanitas, hasta entonces...

Sayo.