DECLAIMER: Harry Potter y su mundo son propiedad de J.K. Rowling.
RECUERDEN: Las imágenes de TODAS mis historias están en mi perfil. No olviden mirar la de este DraMione.
¡AVISO IMPORTANTE!: Ésta historia está siendo editada. Pretendo corregir errores de ortografía y unas que otras cosillas. La trama no cambiará.
Capítulo VI
El poder de nuestro amor
El alboroto afuera se intensificó, las ordenes de los profesores eran mucho más claras al igual que la propia voz del Director que parecía haber amplificado con un hechizo, los pasos siguieron multiplicándose del mismo modo que los gritos de terror, hasta podía llegar a escuchar uno que otro gemido de dolor que helaba hasta la última célula en mi organismo.
— El día llegó... — Dijo Draco en un susurro mientras depositaba un beso en mi frente; por el tono me pareció que no se lo esperaba — Solo en este momento me alegra que estés aquí, sé que los Mortífagos no se atreverán a tocar esta ala del Castillo, simplemente, porque no les interesa lastimar más a los que ya de por si están aquí — Suspiró — Te prometo que por ti salvaré a todos los estudiantes y profesores que pueda, me batiré en duelo con mi padre si se me presenta la ocasión, pero tu debes prometerme solo una cosa... — Se acercó a mi oído — Que te despertarás, por favor — Con aquella petición unió sus labios con los míos en un suave roce.
Después de aquello escuché sus pasos alejarse y mucho más escándalo afuera.
No podía permitir que el amor más grande de mi vida se enfrentara solo a decenas de Mortífagos, ni mucho menos a su propio padre por defender a Hogwarts. Él iba a arriesgar su vida por mi, para demostrarme que cada cosa que me dijo era cierta sin saber que aquello no era necesario.
¡Yo le creía!
Pero sabía que de igual forma sabiendo aquello lo haría, por eso mismo necesitaba levantarme de esa cama. Necesitaba ir con él para cubrir su espalda y apoyarlo codo a codo. Así es como debe ser, no él allá luchando y yo aquí inútilmente inmóvil.
Sé que puedo moverme, solo tengo que pedírselo a un miembro especifico de mi cuerpo con convicción y verdadero deseo. Tengo que ayudar a Draco, por él tengo que salir de todo este trance.
Intenté despegar mis parpados para liberar mis ojos...
FLASH-BACK
Sujetaba el morral con fuerza tras mi espalda mientras mirada a todas partes con el temor persistente de encontrármelo por allí. Después de una semana de lo ocurrido con el odioso de Draco Malfoy era que me atrevía a deambular sola fuera de mi Sala Común y lo que era peor, desde hacía siete días exactamente no había pisado la Biblioteca ni un solo segundo por miedo a que lo vivido la ultima vez se repitiera.
No me hubiese permitido regresar de no ser porque al día siguiente tenía que entregar un trabajo de Astronomía que, justamente, no había terminado porque el libro que necesitaba estaba allí. Era la segunda vez que dejaba algún deber sin hacer para el último día y todo por el mismo motivo.
— ¡Por Dios Hermione, tranquila! — Traté de darme valor cuando divisé a unos cuantos pasos la puerta de la Biblioteca.
Al entrar busqué con la mirada algún cabello rubio, pero rápidamente noté que no había nadie en aquel lugar. Suspiré sintiéndome más tranquila, como era habitual, aquella sección del Castillo estaba desierta y en esta oportunidad eso me alegró.
Caminé a la mesa que generalmente ocupaba, dejé mi mochila sobre ella y exploré la estantería en busca de aquel libro donde sabía encontraría la información que necesitaba para terminar mi trabajo tras haberlo tomado unos pocos meses atrás como lectura ligera para un fin de semana.
No dudé en apoderarme de él al haberlo encontrado, busqué la página específica en el índice de contenidos mientras caminaba distraída hacia la silla que ocuparía.
De pronto, mis ojos se abrieron de par en par por la sorpresa y el ejemplar que sujetaba de Astronomía cayó de mis manos directo al suelo produciendo un resonante sonido al estamparse con él.
Frente a mi, sentado como si nada en la silla que estaba dispuesta a ocupar estaba Draco Malfoy con su uniforme de Slytherin casi perfecto a no ser por el nudo de la corbata leyendo un libro que ni siquiera leía porque estaba al revés.
Resoplé con fuerza por lo estúpido que podía llegar a ser. Sin decir nada ni mucho menos perder el tiempo mirándole otra vez, tomé mi mochila y recogí el libro del suelo para devolverlo a su lugar a rapidez. Listo todo aquello, comencé a caminar hacia la salida molesta por lo que su sola presencia podía causar en mi. Mordí mi labio inferior con fuerza para que dejara de tiritar y sujeté con mis manos las correas de mi bolso sobre mi espalda para que de esa forma mis dedos dejaran de hacer lo mismo.
— ¡Suéltame! — Le pedí a gritos al sentir como me agarraba de un brazo y me pegaba a un estante logrando lastimarme con los libros, pergaminos y tinteros en mi mochila — ¿¡Acaso no escuchaste?! — Inquirí rabiosa al ver su rostro muy cerca del mio sin expresión.
Comencé a forcejear con él para liberarme, pero no lo conseguía, él tan solo me miraba en silencio mientras mantenía una mano pegada al estante y la otra justo en mi brazo.
— ¡TE HE DICHO QUE ME SUELTES! ¡SUEL... — La ultima parte de mi intervención quedó borrada por sus labios sobre los míos.
Aun sintiendo aquel tacto suave y casi inmóvil, continué forcejeando mientras miraba como unía sus parpados poco a poco y comenzaba a darle vida a un beso que sin darme cuenta en qué momento dejé que me diera. Movió sus labios con suavidad aunque al mismo tiempo con cierta agilidad, los succionó a diestra y siniestra mientras sentía crecer algo dentro de mi que me obligó a cerrar los ojos dejándome invadir completamente por la sensaciones del momento.
Tal vez sin darse cuenta fue debilitando la fuerza de su agarre en mi brazo y al sentir aquello mis manos viajaron a su pecho, dejándome apreciar como su corazón latía en la misma sinfonía que el mio. Su mano derecha se posó en mi cintura, mientras que la otra prefirió ocupar el espacio en mi mejilla.
El sabor a menta había vuelto a mis labios y por allí entraba para recorrer todo mi cuerpo, para sensibilizar hasta el más recóndito lugar dentro de mi. Era tan cálido lo que comenzaba a experimentar, tan sutil y a la vez tan vigoroso que me hacia sentir llena de vida como nunca antes.
Despacio, fui sintiendo mis labios libres. La calidez y la menta seguían allí, pero no como antes.
¿Qué había pasado?
Abrí los ojos y noté como Draco Malfoy me examinaba con cautela mientras acariciaba mi rostro con cariño.
— ¡NO! — Exclamé horrorizada cayendo en la cuenta de lo que había ocurrido entre él y yo — ¡Déjame! — Le pedí al sentir mis mejillas ocupadas por sus manos.
— Pero,...
Mi mano viajó a su cara con fuerza sin siquiera pensarlo dos veces. Al estampar la cachetada en su mejilla aproveché para zafarme de su agarré y salir corriendo a la salida del lugar para finalmente refugiarme en mi Sala Común.
Después de reflexionar sobre lo ocurrido estando en mi habitación comprendí que el único objetivo que me había llevado a la Biblioteca no lo había conseguido, así que tuve que pedirle, casi rogarle, a Ronald que fuera por mi a buscar el libro y me lo trajera sin importar las altas horas que ya eran.
Durante todo aquel día no me atreví a salir de mi cuarto por miedo a volver a sentir aquello que secretamente tanto me había gustado y que estaba segura que si se repetía por tercera vez me volvería adicta para siempre.
FIN DEL FLASH-BACK
Comencé a ver como un fino rayo de luz intentaba entrar con cierta brusquedad en la pequeña abertura entre mis pestaña. Continué separando mis parpados con la mayor intensidad posible, pensando solo en levantarme para ir a ayudar en lo que parecía ser una guerra entre el bien y el mal. Después de unos segundo lo logré por completo, pero parpadeé rápidamente tras sentir la luminosidad lastimar mis ojos hasta tal punto de hacerlos arder y humedecerse. Poco a poco volví a abrirlos y maravillada noté que se habían adaptado a la luz dejándome ver con claridad el lugar en el que me encontraba.
Sí, aquello era un cubículo de la enfermería. Moví mis ojos y solo podía ver las cortinas corridas por la posición en la que me encantaba. Respiré varias veces intentando calmar la euforia que sentía en mi pecho.
Ahora solo debía moverme, junté toda mi energía en hacer aquello...
FLASH-BACK
Hacía más o menos unas dos semanas atrás caminaba por los jardines del Colegio con mi bolso bien sujeto tras mi espalda en donde minutos antes había metido el libro de Historia de la Magia que le pedí a Harry me trajera antes de irse junto a Ronald y sus respectivas novias a disfrutar de aquella tarde de sábado a solas. Me habían pedido que fuera con ellos, pero al igual que las otra veces me negué. No veía nada bien estar tras ellos mientras se mimaban, besaban y quien sabe que más; además, yo prefería estudiar en mi Sala Común, pero hasta ese día no lo soporté más.
Ese sábado me atreví a salir solo porque afuera hacia un gran día, además porque ya no soportaba las preguntas de mis amigos, quienes no entendían el motivo por el cual ya no iba más a la Biblioteca, tanto así que eran ellos quienes me traían los libros que necesitaba. Iba a comer, porque me lo pedían, pero en ningún momento me separaba de ellos, hasta esa tarde.
Todo el asunto de Draco Malfoy me estaba enfermando.
Tenía tanto miedo de encontrarme con él por ahí que en vez de quedarme sentada en un banco o bajo la sombra de un árbol cercano preferí atravesar el jardín hasta adentrarme en las cercanías del Lago del negro. Pasé cerca de varios árboles sin interesarme en ninguno para pasar mi tarde en ellos.
La tranquilidad del lugar se respiraba así que sintiéndome mucho más animada que el principio me adentré un poco más en busca de un árbol que tuviera una buena vista que dé directo al lago. Después de buscar unos segundos más lo encontré. Me acerqué a él a toda velocidad, deseando ya comenzar a leer, pero al examinarlo mejor al estar a pocos metros de distancia me detuve.
Ya estaba ocupado.
Giré deseando tener alas para salir de aquel lugar volando, pero al ver que aquello no era posible, me propuse correr.
— No te vayas... — Susurró el ocupante tras de mi.
Comencé a respirar con fuerza sintiendo los latidos de mi corazón muy acelerados tanto que temí que saliera de mi pecho. Cerré los ojos con fuerza al escuchar unos pasos acercarse con cautela.
Intenté mover mis piernas, pero al parecer, no querían irse. No quería irme.
Colocó una mano en mi hombro y me obligó a girar aun manteniendo los ojos fuertemente cerrados. Temía mirar aquellos ojos grises y derretirme como si fuera un helado frente a él. No quería que eso pasara, no otra vez.
De pronto, sentí algo chocar con suavidad contra mi nariz logrando hacerme cosquillas.
Sorprendida por aquel gesto, separé mis parpados y mis ojos impactaron con los suyos directamente. Volvía a ver en vivo y en directo aquellos ojos que se habían adueñado de mis sueños sea de día o de noche y hasta de mi corazón, aunque aun no quería reconocerlo.
Llevaba puesto su traje de Quidditch, su cabello estaba alborotado y húmedo por el sudor que comprobaba que hacia un tiempo atrás había estado practicando con el equipo de su Casa.
Posó una de sus manos en mi cuello y la otra en mi cintura con sutileza aun acariciando mi nariz con la suya, logrando que todo mi cuerpo temblara al sentir su tacto cariñoso. Volví a cerrar los ojos al reconocer que no podría continuar manteniéndome de pies si seguía mirándome de aquella forma, sin maldad ni frialdad.
El Draco Malfoy frente a mi nunca antes lo había visto y aunque me diera miedo siquiera pensarlo porque todo aquello podía ser un sueño, me gustaba.
Ese Draco Malfoy que rozaba con deleite el puente de mi nariz con la suya me gustaba mucho y quería tenerlo a mi lado todo el tiempo posible o al menos, grabarlo en mi mente y en mi corazón.
Nuestras respiraciones se habían vuelto acompasadas, extrañamente tranquilas aunque aun sentía mi corazón latir con potencia. Su aliento y el mio se mezclaban al estar tan cerca y aquello seguía logrando que me invadieran numerosos temblores producidos por lo que parecía ser una corriente eléctrica generada por su sola cercanía.
Lo que existía entre él y yo, aunque me diera pavor, era tan intimo y único que solo los árboles a nuestro alrededor eran los testigos de aquello.
¿Y si todo era un sueño nada más?
Al hacerme aquella pregunta sentí sus labios posarse sobre los míos haciéndome sentir un cosquilleo comenzar a recorrer mi cuerpo desde allí.
Lo quería, en serio lo quería.
La lentitud fue quedando de lado poco a poco, pero siguió siendo suave y sutil. Mis manos viajaron hasta su cuello y comencé a acariciarle sintiendo mi corazón bombear sangre con frenesí.
No quería que acabara.
Pero al cabo de unos segundos mis labios quedaron libres. Sin abrir los ojos giré mordiendo mi labio inferior con fuerza al sentir una infinita necesidad de volver a saborear los suyos.
Di un paso dispuesta a irme, pero me detuvo volviendo a colocar una mano en mi hombro.
— Mañana a la misma hora y en el mismo lugar — Susurró muy cerca de mi oído.
Después de aquella tarde comenzó aquello que no supe como llamar, pero sabía dentro de mi que era amor; además, ocurrió lo que había pensando en un primer momento, me había vuelto una adicta a sus besos y a él no parecía molestarle.
FIN DEL FLASH-BACK
Mis dedos comenzaron a moverse y automáticamente mi cabeza giró dejando que mis propios ojos comprobaran aquello.
¡Por Dios, lo estaba logrando!
Giré mi cabeza para mirar mi otro miembro superior, el cual intenté mover y sorprendiéndome lo hice con mayor facilidad. Ya podía mover mi cabeza y mis brazos, ahora solo tenía que revivir mis piernas, las que justamente necesitaba para salir de aquí.
Me sostuve con fuerza de la cama para así mismo impulsarme y sentarme en ella. Con cierta dificultad lo hice, intenté mover mis piernas, pero no lo conseguí. No querían reaccionar, no aun y yo necesitaba que lo hicieran ya.
— Por favor, necesito ayudar a Draco... — Susurré mirándolas con los ojos humedecidos como si con aquello pudiese volver a reanimarlas — ¿Puedo hablar? — Inquirí con una sonrisa mientras sentía como varias lágrimas comenzaban a mojar mis mejillas por pura emoción.
Con aquella inyección anímica lo volví a intentar.
Sujeté mis piernas con fuerza y las arrastré por las sabanas blancas de la cama una a una hasta que quedé sentada en el borde dejándolas suspendidas unos pocos centímetros del suelo. Parecían estar dormidas, ni siquiera sentía mis manos sobre ellas, aunque si un cosquilleo extenderse desde la punta de mis pies hasta mis muslos que cada cierto tiempo se intensificaba.
Cerré los ojos concentrado todas mis energías en mis miembros inferiores...
FLASH-BACK
Una mañana de hace poco menos de una semana me miraba en el espejo mientras arreglaba la corbata de mi uniforme mientras mis compañeras se turnaban para darse un baño antes de ir a clases.
Sonreí repentinamente al ver en el espejo el reflejo de una lechuza gris posándose en mi cama, contenta fui hasta ella.
— ¿Qué has traído hoy para mi? — Le sonreí mientras acariciaba con cariño su cabeza.
La familiar ave estiró su pata dejándome tomar la encomienda que su dueño le había asignado. Sintiendo mi corazón latir con fuerza dentro de mi pecho traté de zafar el lazo que la unía a la carta sin hacerle daño, aunque sentía una ansiedad inmensa mezclada con otros sentimientos de felicidad que hacían mis movimientos torpes.
Después de unos momentos logré deshacer el nudo...
Hoy seré yo quien saque la mejor nota en el examen escrito de Transformaciones. Espero que estés preparada para perder ante mi.
PD: Te extrañé mucho ayer.
DM
Llevé la nota a mi pecho sintiendo unas infinitas ganas de gritar de alegría. Tenía poco más de una semana encontrándome con él en el mismo árbol donde me besó por cuarta vez y habían sido los encuentros más maravillosos que nunca antes había experimentado. Al principio tenía miedo porque sentía que lo que hacía estaba mal, es decir, se suponía que aquel era el enemigo, pero al mirarle todos mis temores de esfumaban.
Justamente, ayer no lo había mirado porque tenía programado un entrenamiento de Quidditch desde hacia mucho tiempo atrás a la misma hora en la que nos reuníamos, luego cuando él estuvo libre y yo también, mis motivos inventados no fueron suficientes para que mis amigos me dejaran salir de la Sala Común alegando que hacía tiempo que no nos reuníamos los cinco como antes y aquello era cierto, primero porque ellos querían estar con sus novias a solas y segundo porque yo quería estar con el mio también.
Aunque, pensándolo bien, no se si decirle novio a Draco le gustaría, aun ni siquiera me atrevía a llamarle amor como honestamente quería, solo era Draco y mi amado Draco cuando estaba sola.
Rápidamente tomé un pergamino limpio y una pluma. El ave seguía allí, esperando una respuesta que comencé a plasmar...
No me hagas reír, me preparé mucho para salir mejor que tu. La apuesta sigue en pie y hoy en la tarde tu tendrás que ceder a mis deseos.
PD: Yo también te extrañé mucho.
Te quiere,
HG
Até la carta a la pata del ave con una sonrisa, antes de salir por la ventana siempre abierta para ella la acaricié con suavidad.
Volví a mirarme en el espejo sintiéndome tan contenta que era imposible borrar la sonrisa en mis labios que iluminaba con intensidad mis castaños ojos. Aun me sorprendía lo feliz que podía hacerme solo una de sus cortas notas, pero es que sabía que tras ella estaba un rubio ojos grises escribiéndolas con la misma sonrisa en mis labios.
— ¡Hey!
— ¡Hermione!
— ¿Qué pasa? — Miré a Ginny y a Parvati cerca de mi, la primera bufó con cierto enfado cruzándose de brazos, la segunda me miraba tratando de ocultar su sonrisa.
— Tenemos rato llamándote, ¿A donde te fuiste ésta vez? — Inquirió Parvati sonriéndome finalmente.
— A ninguna parte, ya vayámonos que hay un examen de Transformaciones que tengo que presentar — Dije tomando mi bolso mientras imitaba su gesto.
Las tres salimos juntas a nuestras clases, a Ginny la dejamos en su salón y nosotras seguimos hasta el nuestro, donde Minerva Mcgonagall esperaba en la puerta a sus estudiantes.
— Buenos días, Profesora.
— Buenos días, Señorita Granger — Sonrió la mujer dejándonos pasar.
Fuimos a nuestro lugar, pero antes de tomar asiento sentí que alguien chocaba conmigo. No fue fuerte el golpe, pero tan poco tuvo el que me lo dio la amabilidad necesaria como para pedirme disculpas, más bien se rió y aquella risa yo la conocía.
Rápidamente alcé la vista y frente a mi estaba Draco Malfoy alejándose con unos de sus amigos mientras sonreía. Antes de tomar asiento me miró y me sonrió como solo lo hacia para mi, pero solo duró unos cortos segundos, hasta que volvió a reír y se sentó en un asiento muy cerca del mio, justo en la hilera de al lado.
Suspiré tomando asiento.
Aquel gesto tosco demostraba su necesidad por tenerme cerca y aquello me hizo sonreír.
— Muy bien, no quiero nada sobre las mesas, solo sus plumas — Dijo McGonagall mientras hacia aparecer los pergaminos de los exámenes frente a las mesadas.
Rápidamente hice lo que pidió, antes de concentrarme en el examen miré a un lado porque sentí un peso sobre mi que comenzaba a ser la más hermosa de las costumbres.
Draco Malfoy me miraba serio y yo le devolví el gesto, aquel era el momento que estábamos esperando.
Habíamos apostado que el que saldría mejor de los dos sería el que diría qué hacer aquella tarde, es decir, prácticamente el otro tendría que ceder a sus deseos.
Me serió y rápidamente fijó su atención en el examen al igual que yo...
A las 3:00pm de esa misma tarde me dirigía contenta a nuestro encuentro. Lo vi sentado en el árbol y sin perder tiempo me senté a su lado, me miró con una expresión acongojada que borró mi sonrisa.
— Ganaste, ¿Qué quieres que hagamos? — Inquirió desviando su vista al lago.
Deposité un beso en su mejilla sonoramente obligando con aquello a que me mirara nuevamente.
— Quiero que me beses y estés junto a mi toda la tarde, sin chistar — Agregué al final con una sonrisa. Su expresión cambio a sorpresa — ¿Qué pasa? — Acaricié su mejilla comenzando a preocuparme.
— Pasa que, de haber ganado hubiese escogido hacer lo mismo — Sonrió besándome con ansiedad tras no habernos visto el día anterior.
Seguramente, aquella era la primera apuesta en el mundo donde todos sus integrantes ganaban.
FIN DEL FLASH-BACK
Sujetándome del borde de la cama con fuerza para no caer me puse de pies. Sentí como mis piernas querían ceder ante mi peso, pero respiré profundo tratando de mantenerlas estáticas, al menos.
Al sentir un buen soporte en ellas intenté deslizar primero la derecha y con cierta dificultad lo logré.
Los sonidos que provenían de afuera se habían intensificado en fuerza y horror repentinamente, escuchaba aterrada las maldiciones golpear contra paredes y quien sabe si en algunos cuerpos también, pensar aquello me descontroló, necesitaba correr, ir tras Draco y mis amigos, necesitaba asegurarme de que estuvieran bien.
Moví mi pierna izquierda con brusquedad y perdí el equilibrio cayendo al suelo de forma aparatosa.
— ¡Ay! — Gemí al sentir dolor en la pierna donde recayó todo mi peso.
Volví a levantarme sujetándome con fuerza del borde de la cama he intenté mover una pierna, después la otra con suavidad y calma aun cuando el sonido que provenía de afuera erizaba hasta el más mínimo de los vellos de mi cuerpo.
Poco a poco fui debilitando mi agarre a la cama y mis piernas comenzaron a sostenerse al piso con mayor firmeza a cada corto paso que daba, justo en ese momento noté que llevaba puesta mi pijama de pantalón largo con una franela de tiros color lila y además estaba descalza, pero aquello no me impidió en lo absoluto llegar hasta la puerta de la enfermería y salir asegurándome de las paredes para no caer cuando sentía mis piernas flaquear.
Tal vez era un milagro el hecho de que me sentía perfectamente después de haber pasado 3 días sumergida en mi inconsciencia, aun cuando mis piernas de vez en cuando hacían ademanes para dejar caer todo el peso de mi cuerpo en el piso, podía caminar con firmeza por el pasillo desierto que al parecer no había sufrido aun daño, como el propio Draco había deducido.
Traté de agudizar mi oído para saber que dirección tomar. Se me dificultó aquella labor ya que los gritos y gemidos de dolor provenían de todas partes, aunque me pareció que afuera se estaba llevando la verdadera guerra campal. Obligué a mis piernas caminar con la mayor rapidez posible, crucé por un pasillo sumido en penumbra, luego bajé las escaleras con una única intensión: ayudar a mis amigos y a Draco Malfoy.
Mi corazón me decía que saliera al jardín y justamente eso pretendía hacer.
Al tocar el solido suelo después de haber descendido todos los escalones mis ojos se abrieron por la impresión y mis manos viajaron rápidamente a mi boca para evitar que saliera de ellos un gemido de horror. Sentí una fuerte punzada en el pecho al divisar cerca de mis pies varios cuerpos caídos, entre ellos estudiantes de las diferentes Casas, en su mayoría Gryffindor, quienes tal vez no dudaron en luchar para resguardar aquel Castillo que era como nuestro segundo hogar.
No pude controlar las lágrimas que salían de mis ojos por la rabia, indignación y hasta miedo que sentía. ¿Y si había llegado tarde? ¿Y si seguía caminando y encontraba el cuerpo de algún ser conocido? No podría soportar algo así, pero tampoco me quedaría allí parada sin hacer nada para ayudar a los que aun se mantenían de pie.
Al mirar al frente divisé a un par de Mortífagos luchar contra un cuarteto de estudiantes en medio del hall. Pasé muy cerca de ellos para poder atravesar las puerta principal del Gran Castillo. Cuando coloqué mi primer pies descalzo fuera me paralicé y no justamente por las gotas de lluvia que comenzaron a mojar mi cabello enmarañado. Ciertamente era una valiente Gryffindor, pero aquello era demasiado para cualquier persona. Estudiantes en su mayoría corrían de un lado a otro tratando de refugiarse en los árboles, bancos y cualquier otra muralla de los hechizos que los Mortífagos lanzaban sin clemencia.
— ¿¡HECHIZOS?! ¡Oh, no! — Comencé a meter las manos en los bolsillos de mi pantalón sin delicadeza deseando con toda mi alma que mi varita estuviera allí, pero estaban vacíos.
No me había detenido a pensar en aquello cuando sentí mis piernas firmes y avilés para moverme. Había sido una estupidez de mi parte salir con intención de ayudar a mis seres queridos sin siquiera tomar la herramienta que me brindaría no solo la protección sino el auxilio necesario para lograr mi objetivo. Estaba perdida.
Sintiéndome totalmente indefensa en aquel lugar, busqué con la vista un lugar que me sirviera de refugio para poder ocultarme de los hechizos de los cuales no podría defenderme en ninguna circunstancia sin mi varita, justo en ese momento sentí que alguien me tomaba con rudeza del brazo y me jalaba hacia él mientras yo, sea quien sea intentaba alejarlo de mi con movimientos bruscos...
CONTINUARÁ...
