Trece años

6

Hermanos de sangre

.

.

"Can you really tell me what life is?
Maybe all the things that you know that are precious to you"
—Iron Maiden.

.

.

No hacía mucho que terminó la batalla de las Doce Casas, la más grande que hubiera visto la historia de la humanidad, dejando una huella imborrable en la vida de todos y cada uno de los involucrados. Milo no fue la excepción puesto que pocas cosas habían dejado semejante huella en su vida como fue aquella memorable Guerra.

Después de que Camus cruzara su templo para volver al suyo pasaron casi cinco horas hasta que dos de los cuatro caballeros de bronce llegaron hasta la octava casa, los recordaba bien fueron Pegaso y Dragón quienes entraron no sin ciertas dudas debido a que dejaron atrás a otro compañero, seguro habrían vuelto a libra de no haberlos detenido. Creyó erróneamente que con derrotarlos a ambos se habría terminado puesto que los consideraba oponentes débiles pero todo cambio cuando Hyoga, el pupilo de Camus, hizo acto de presencia en su templo dejándolos a todos callados, incluso a él.

— ¡Camus lo dejo congelado en libra! —Esas fueron sus palabras al verlo— ¿qué está haciendo aquí?

Si, había sido congelado por su propio maestro un templo más abajo y él cometió el grave error de creer que nadie lo sacaría del ataúd de hielo, su atención se centró en el chico en quien concentró su poder y energías dejando pasar a los otros tres. El desarrollo de la batalla no sería el esperado sino que daría un giro interesante. Desde el inicio el joven cisne se había mostrado muy seguro de sí mismo y de sus creencias sobre los lazos de amistad que compartía con los otros por lo que no dudo en responder concienzudamente a cada una de las palabras que Milo decía así como a sus ataques puesto todos y cada uno de estos fueron hábilmente respondidos por el chico rubio quien no se dejaba intimidar ni retrocedía.

— ¡Pelearé hasta el final! —decía una y otra vez.

Las intensiones del jovencito eran claras e iba a derrotarlos a todos para llegar hasta la sala donde se hallaba el Patriarca, esa idea englobaba sus intensiones y estaba claro que no permitiría que nadie interfiera. Esa determinación era digna de admirarse pero él no lo haría, la persona que Milo era antes de enfrentarlo jamás reconocería el valor de alguien que ostentaba un rango menor por mucho que lo impresionaran sus principios o técnicas de combate; sería imposible que alguien como él fuera digno de admiración por su parte.

—Ya veo así que quieres pelear conmigo, está bien pelearé contigo como lo deseas y con todas mis fuerzas —con esas palabras le dejo en claro que no se haría su voluntad y que pagaría caro el haberlo inmovilizado con un aro congelante.

Así que durante la siguiente hora trato de eliminarlo en varios intentos ensartándole las catorce agujas que forman la constelación de escorpión, creyó que con la aguja escarlata sería suficiente puesto que el chico no aguantaría el recibirlas todas pero para su sorpresa no era así ya que recibió todas y cada una en su cuerpo, que iba perdiendo fuerzas y debilitándose poco a poco, porque no contó con que fuera a ser más listo que él.

Le era imposible aceptar que Hyoga tuviera oportunidad de vencerlo, no a él, no al Milo del que se sentía orgulloso, del niño mimado que se convirtió en uno de los doce caballeros dorados. Jamás le daría esa satisfacción, prefería morir que permitirse semejante humillación.

—Para premiar tu espíritu de lucha te enviaré Antares, la gran estrella localizada en el centro del escorpión justo en el centro de la constelación —decía mordaz luego de recibir un ataque directo del cisne.

—Milo, ¿cómo lanzarás tu ataque en ese estado paralizado? —esta vez el que se burlaba era él.

— ¿Qué dices, cómo es que aun puedes hablar? —Había más que sorpresa en su pregunta pero no contaba con lo que seguía— ¡Qué es esto… mis piernas están congeladas! No puede ser, ¿cómo lo hiciste?

Jamás vio venir su ataque, hasta ese momento había salido invicto de todos y cada uno de sus combates pero después de que Hyoga le congelará las piernas lo mandó al techo del templo de un solo golpe, ciertamente Milo tuvo que reconocer que estaba delante de un oponente digno de tomarse en serio; por primera vez en su vida la balanza de la victoria no estaba de su lado por lo que tendría que pensar en una estrategia para no perder ante el chico quien luchaba incansablemente y era igual de necio que él.

Tal vez sería momento de revelarle aquel pequeño secreto que guardaba.

— ¡Ya deja de pelear Hyoga! ¿No entiendes los sentimientos de Camus?

— ¿Cómo dices, los sentimientos de Camus?

Le vino a la mente el plan de su amigo con el cual seguro Hyoga se quedaría apaciblemente dentro del bloque de hielo sin considerar que lo ayudarían a salir y eso le devolvería las fuerzas, las ganas de vivir y le brindaría otra perspectiva de vida. Por eso el chico luchaba con tanto ahínco porque era probable que todo el plan de Camus saliera al revés.

—Supongo que tendré que decírtelo, ¿por qué Camus recorrió todo el camino hasta libra y te inmovilizó en el hielo? —Milo hizo la pregunta de forma algo mordaz pero invadido por la curiosidad de la respuesta ahora que el combate estaba pausado por estas reflexiones.

Lo que no se esperaba era que Hyoga no sabía que responder, estaba furioso y lleno de vida pero ignoraba la parte esencial de las intensiones de su maestro. Plan que ahora era extraño incluso para Milo puesto que su pupilo no había captado la idea general del mismo y en ese momento consideró que ese plan hubiera sido demasiado abstracto para entenderlo del todo.

Era probable que Camus no se hubiera explicado bien, no era de sorprenderse ya que su amigo no solía ser directo para ciertas cosas y lo que involucrara sentimientos era una de ellas.

—Camus quería saber cual era tu capacidad como caballero y decidió someterte a una dura prueba —empezó a relatar las verdaderas intensiones del caballero acuario una a una esperando que el chico entendiera— por eso no terminó contigo tan pronto, él esperaba que entendieras la magnitud de lo que estabas enfrentando.

— ¿Entonces lo hizo para ayudarme a llegar al séptimo sentido? —pregunto el chico sin dar crédito a las palabras de Milo.

—Así es, pero como no fue así esperaba que volvieras a la vida después de cientos de años. Hyoga, ¡no pudiste alcanzarlo!

Lo siguiente que no se esperaba era la reacción del chico al tener que reconocer su propia incompetencia, este se soltó a llorar desconsoladamente al entender que Camus tenía que cortar el lazo con su madre para ayudarle a crecer como caballero o sería vencido irremediablemente. En ese momento Milo entendió a la perfección el por qué Camus actuó como actuó, Hyoga en el fondo era demasiado débil y sentimental, no era como los otros que cerraron el ciclo del pasado para seguir adelante.

En ese instante estaba más que agradecido con su maestro por haberle cortado el pasado ya que de lo contrario estaría igual que el discípulo de Camus.

—Salvaré tu vida por respeto a Camus —dijo resuelto a dejar al chico con su llanto—. Ahora vete de las doce casas, no, fuera del Santuario.

—Espera… no te metas en lo que no te importa Milo y lo mismo tu Camus. ¡Ahora escúchame Milo!

Hyoga se adueñó de la conversación hablando sin parar sobre ciertos temas que Milo no se esperaba: narró cómo fue que Shiryu lo sacó del ataúd de hielo y como Shun lo calentó con su cosmos para devolverle la vida, por lo cual no solo estaba agradecido con ellos sino con dios por haberle dado otra oportunidad de caminar al lado de sus amigos, de vivir la batalla al lado de ellos y pelear por la diosa Atena.

Milo se negaba a reconocer el valor de sus palabras porque él jamás había visto a sus colegas dorados de esa forma, tan solo a los que consideraba sus amigos pero a los demás no por la falta de convivencia que había entre ellos, sin embargo Hyoga era un caso totalmente opuesto porque tenía fuertemente arraigados los lazos con cada persona que lo rodeaba.

—Es como si fueran hermanos de sangre… —fueron las primeras palabras que le vinieron a la mente— todos ellos tienen los mismos ideales, son congruentes con lo que creen y por lo que pelean.

No solo eso, Hyoga se negaba a romper el lazo con su madre porque de ahí sacaba fuerzas, ella era una parte esencial de su ser y cortar el vinculo era como quitarle sus alas al cisne, a diferencia de él y de Camus que cortaron todo lazo con su pasado. Para Milo fueron muy claras las ideas del cisne y el por qué de su proceder pero para Camus no había sido así, se cerró totalmente a entender al chico y usar esos vínculos a su favor.

— ¡Nunca dejaré de luchar hasta que muera, oíste Camus!

No quedaba más que tratar de rematarlo con Antares, fue un oponente que mereció su admiración pero era momento de terminar con la batalla, así que el último golpe lo dio él justo en el centro del cuerpo de Hyoga, el chico cayó al suelo con un golpe seco y quedo inmóvil delante de los ojos de Milo quien intentó retirarse de ahí no sin antes sentir el cosmos de Hoyga.

—Se niega a morir… ¿por qué sigue peleando?

Las palabras del chico no habían sido un discurso dado porque si, cada frase tenía un sentido que Milo pudo captar en ese momento: ellos peleaban por la verdadera Atena unidos como un todo.

—La verdadera Atena… —corrió hasta el chico y sin pensarlo dos veces le asestó un golpe que detuvo la hemorragia en cuestión de segundos, pudo sentir el latir del corazón del chico y como la vida le volvía a su ser— quería saber que tan lejos llegarías.

Hyoga se puso de pie y con paso lento caminó fuera del octavo templo para alcanzar a sus amigos en la casa de Sagitario.

Milo se quedo pensando muy seriamente en lo que acababa de vivir durante esa hora, ciertamente las palabras del chico, su espíritu de pelea acababan de marcarlo para toda la vida y aprovechó el resto de la pelea para pensar en muchas cosas que no se había detenido a reflexionar.

—Así que la diosa jamás estuvo en el Santuario, fuimos manipulados por el Patriarca. Por ese hombre deshonesto y sus causas —miro al atardecer analizando esa idea cuidadosamente en su cabeza.

Ciertamente Arles jamás los había dejado ver a la diosa y como no estaba permitido el paso por detrás del trono nadie sabía que había detrás de la sala de audiencias, ahora le fue revelado que la diosa jamás estuvo en el Santuario y no solo eso vio la luz respecto a muchas cosas más trascendentes como el hecho de que había perdido una pelea importante con la buena fortuna de seguir vivo.

—De no haber sido por la armadura hubiera muerto primero, su ataque fue certero pese a estar perdiendo la vida. Camus lo subestimaste, el chico está lejos de lo que decías —estaba seguro de que esos dos ya se verían las caras en la onceava casa, ahí ajustarían cuentas.

Por lo pronto no quedaba más que esperar a que pasara el tiempo y lograran llegar hasta la habitación del Patriarca o perdieran la vida en las tres últimas casas.

.

La lluvia seguía cayendo sobre el Santuario teniéndolos a todos a la espera de que la pelea contra Poseidón terminara, Milo tenía muchas reflexiones en la cabeza, era increíble que gracias a Hyoga hubiera abierto los ojos a que no era bueno comportarse como un prepotente ya que siempre hay alguien que puede cerrarte la boca y ponerte los pies en la tierra, por lo que a partir de ese momento decidió cambiar para bien y ser más humilde así como más consciente de las cosas y las personas que lo rodeaban poniendo más énfasis en sus relaciones personales tanto con Mina como con el resto de los caballeros dorados.

Era una pena que Camus no estuviera vivo para ver esos cambios, pero no podía culparlo ya que su amigo estaba destinado a otro propósito: a reafirmar la enseñanza a un discípulo que no necesitaba más lecciones, que había llegado tan lejos como Camus lo proyectó e, incluso, había superado a su maestro en la prueba final.

—Camus, te preocupaste de más porque ese chiquillo no necesitaba más instrucción, siempre fue perfectamente capaz —decía Milo tras el funeral de todos los dorados caídos en batalla—, espero que puedas seguir nuestros pasos desde el cielo. Adiós amigo, mi hermano de sangre.

Todas y cada una de las personas que había conocido ocupaban un lugar importante en su vida, algunas de ellas habían perdido la vida y otras se hallaban lejos pero todos eran importantes para él.

— ¡Miren está dejando de llover! —Aioria hizo el anuncio en voz alta.

— ¡Es cierto!

— ¡Increíble!

— ¡Ganaron la batalla!

Los negros nubarrones comenzaron a disiparse poco a poco para dar paso a la luz del sol que intentaba proyectarse, en ese momento esa luz se veía más intensa y brillante que nunca claro símbolo de la victoria contra el Emperador de los mares.

— ¡Caballeros dorados! —Esa era la voz del anciano maestro de libra— Permanezcan donde están puesto que Atena volverá al Santuario dentro de poco tiempo.

— ¿Y qué pasara después maestro? —Aioria quería obtener una respuesta más exacta pero no la tuvo ya que el maestro Dohko no dijo nada más—, me pregunto porque tenemos que seguir aquí.

—Es probable que esté por comenzar una nueva era en el Santuario —respondió Mu muy seguro de lo que decía.

—Esa es una posibilidad acertada —comentó Shaka— ahora que ya no hay más enemigos ella volverá a poner el orden en este lugar.

— ¡¿Cómo estás tan seguro?!

Milo sonreía sin meterse en la discusión, se sentía tranquilo ahora que todo había terminado y emocionado por lo que estaba por venir de la mano de la diosa; serían nuevos tiempos sin duda.

— ¿Crees que nos esperen tiempos de paz? —preguntó Aldebarán mirando el cielo despejado.

—Es seguro que sí, no hay porque preocuparse. Ahora podremos servir a la diosa tal y como debió ser desde el comienzo —respondió muy seguro de sus palabras a su enorme amigo—, ella pondrá nuevas reglas más justas, no habrá más violencia en el Santuario. Ya verás como las cosas serán mejores.

—Eso espero.

Todos contemplaron el horizonte con grandes esperanzas sobre el futuro que estaban próximos a vivir de la mano de la diosa Atena.

.

.

"And as you look all around at the world in dismay
What do you see, do you think we have learned?"

.

.

FIN

.

.

*Notas: Uff, la pelea contra Hades es larga pero tal vez la use para poner algo más sobre el bicho en esta historia, por lo pronto aquí lo dejamos, espero que les haya gustado y mil gracias por leer. :D